Dedicatoria: A St. Yukiona. No la conozco mucho (pero me gustaría, en verdad) salvo por algunas palabras que hemos cruzados por su fic "Las mil plumas del cuervo" (en serio, si no lo han leído, se los recomiendo muchísimo) pero no hace falta para reconocer que es una adorable chica que ama tanto a este par de idiotas vírgenes como yo. Es lindo encontrar a personas que compartan lo mismo que uno (?) y porque su fic es todo lo que he estado buscando en un KageHina. Y porque sugirió hacer una segunda parte de ésto y pues lo hice(?) *sí, y por que el manga me lo restregó en la cara. Me sentí en navidad*
Y, por cierto, igual recomiendo (también de ella) "El circo de las rarezas" (Gracias también por la mención ahí!). Finalmente un fic donde está El Pequeño Gigante, señor. Y pinta increíble.
Recomendación musical: As we lose sight of the place we once longed for de A Cerulean State. Se las recomiendo porque soy toda una cursi llorona(?) Escribí todo el capítulo escuchándola así que quizá encuentren más significado a la hora de leer. Link en mi perfil.
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—Honne—
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2 | El día que decidimos volver a empezar.
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En el absurdo mundo de los sueños Kageyama sí se lo puede decir.
En el complicado mundo de los adultos, no.
En el primero Kageyama siempre puede verlo a su lado. Tan resplandeciente como un árbol de navidad en noche buena. La luz de Hinata parece nunca extinguirse solo adaptarse a las estaciones. Cuando debe brillar, brilla. Cuando debe aminorar sus destellos, los aminora. Cuando debe provocar que la llama de su orgullo arda, arde. En algún momento Tobio lo encontró como un igual. Siempre a la par en todo. En cada paso. En cada carrera. Siempre a su lado; y por mucho tiempo creyó que era él mismo quien provocaba eso.
Que en realidad estaba pensando tanto en él como para permitirse dejar de lado su reluciente capa y corona, y así reducir su prodigiosa habilidad de aprender cosas nuevas a ritmos apresurados solo para poder estar a su lado como una persona ordinaria.
Inconsciente o no Tobio comenzó a cambiar por alguien a quien aparentemente no soportaba.
Los gritos cesaron pronto pero eso era algo que tenía que suceder tras ingresar a la preparatoria. Tenía que ceder a todos sus malos hábitos y dar el doble de esfuerzo para no volver a repetir errores.
Pero entonces apareció él como si fuera un tremendo golpe en bicicleta.
Inesperado.
Rápido.
Y con fuerza. Muchísima fuerza.
Y aquella carga, esa que sentía cuando muchos pares de ojos se asentaban sobre él, se dividió en dos. Hinata era, inclusive, más impreciso de lo que Kageyama era, así que se le hacía normal que la atención preferida siempre fuera con él, no con el prodigio que todo lo hacía estupendamente bien. Porque la naturaleza del ser humano es así. No se aplauden tantos los grandes logros pero si se hace un increíble alboroto cuando alguien comete un error. Y Hinata cometía muchos. Y toda la atención estaba en él, pero no le importaba.
Hinata siempre era más que él.
Más bajito.
Más inexperto.
Más energético.
Más brabucón.
Más rabioso.
Todo lo que Hinata veía como un menos, Kageyama, en silencio, lo veía como un más.
Virtudes que no tenía. Características de un adolescente ordinario que tampoco sentía.
Hinata era el ejemplo de lo 'qué no se debía hacer' pero a la vez de lo que 'quería llegar a ser'.
Una persona confiable cuidando la espalda de otros. Alguien quien con su sola presencia pudiera infundir valor al resto. Por eso no le era importante reducir su talento para poder reñir de lo que fuera con él. Hasta de por qué el cielo era azul o por qué él había recibido su tazón de ramen* antes que Tobio. Sobre por qué tenía una hermana menor y él no. O sobre por qué sus zapatillas de vóley eran de una edición más reciente que las de él.
De lo que fuera con tal de que no se fuera temprano y lo dejara solo.
Pero estaba equivocado.
Tobio no era quien retenía todas esas hambrientas ganas de comerse al mundo.
Era Hinata.
Era el esfuerzo superando al talento por primera vez.
Y ahora, que ya se encontraban despidiéndose de todos en la sala del club para irse, tenía un poco de miedo de enfrentarse al silencio.
Era distinto aparentar un poco de seriedad al estar con el equipo completo mientras que estando a solas con él lo era un tanto más. Éste silencio nunca le pareció algo que no pudiera soportar puesto que no era una de sus virtudes el ser demasiado platicador y no era como que con Hinata tuviese cosas de que hablar salvo del vóley, pero en ese momento se sentía asfixiar. El sonido de las ruedas de la bici del menor, sobre esa delgada capa de nieve sobre el andador, no era suficiente como para fingir que todo estaba bien.
Y Hinata lo sabía pues al detenerse para probar lo distraído que iba su compañero, éste chocó contra un poste de luz que no había si quiera notado. Kageyama maldijo por lo bajo, sobándose la nariz ahora enrojecida. Volteando a ver al de cabello naranja con toda la intención de darle bronca por no haberle precavido, y entonces la fragilidad se acumuló de nuevo en sus ojos. Hinata lo veía de tal manera que parecía estar maquilando la respuesta a una ecuación muy difícil de algún examen de cálculo.
Concentrado. Completamente prendado a él. Con intensidad.
—¿Q-qué…? —Carraspea Tobio confundido mientras continúa tomándose el puente de la nariz con cierta molestia—. ¿Qué tanto me miras?
—Tienes la nariz roja —el más alto bufa—. Y estás distraído.
—Ya me di cuenta —suelta de manera escueta y se reprende en segundos.
¿Es que nunca podrá responderle a las personas de una manera en la que no suene malhumorado? Lo mira de reojo, viéndolo ahora entretenido en buscar algo en su bolso. Agradece eso pues le habría sabido mal ver una mueca de enfado en su rostro. Suspira y el vaho* que se acumula cerca de su boca debido al frío le parece interesante.
En cómo se desvanece y nada más pasa.
En ocasiones le gustaría que sus palabras no dolieran tanto. Que no golpearan tanto a la gente y, por supuesto, tampoco a él mismo.
Cierra los ojos rememorando el mundo de los sueños. En ese mundo seguramente sería más sencillo lidiar con esas cosas. No sería para nada difícil acercarse a Hinata y tomar su mano con la confianza de que él no se desvanecerá. Podría acercarse y también tocar sus redondas mejillas, esas que ahora están arreboladas producto quizá de la larga caminata que han hecho de la escuela a la calle donde siempre deben separarse para tomar el camino a casa.
Porque se hicieron esa promesa sin palabras dichas. Algo inconsciente.
Ese gesto de siempre esperar al otro al final de cada práctica y caminar juntos mientras Hinata termina de devorar de una mordida lo que restaba de su bollo de curry. Kageyama siempre lo veía en silencio luego de escuchar alguna palabrota vociferada por el número 10 del Karasuno en respuesta a algo que él hubiese dicho para provocarlo. Porque así eran cuando estaban juntos. Era tan natural poder rozar sus sudaderas y tocar sus pieles.
Tan natural el criticar algo que no gustaba del otro para después iniciar una riña infantil que, finalmente, terminaba en risas nobles y sinceras.
Kageyama nunca había podido ser realmente él con nadie más, ni siquiera con sus padres.
Por lo que el mundo de los adultos le era muy complicado. Complicado porque no podía decir en un ciento por ciento las cosas que debía callar, porque habían cosas que no estaban en sus planes sentir alguna vez, como esa necesidad de sentir a Shouyou cerca aunque fuera en silencio pues su presencia le hacía bien.
—Yo… —cuando comienzan a acercarse a la calle en la que deben separarse (a una cuadra más), se detiene de nuevo—. Yo no te di las gracias por lo de hace rato —suelta Kageyama con dificultad. El mundo de los adultos le asusta pues no sabe que es lo que vendrá después de pedir disculpas.
Hinata detiene su caminar percatándose de que él ya ha llegado a la colina de esa última calle y que Kageyama se ha detenido un poco antes de también hacerlo. Es irónico, piensa. Esa escena en la que él parece estár en la cima mientras Tobio lo mira para arriba.
—Kageyama —lo llama luego de un silencio que el más alto agradece haya roto. Alza la mirada, temeroso—. Eso de ser "Rey" y toda la cosa, ¿en verdad es importante para ti? —el azabache guía su mirada hacia la izquierda, justo donde se asoma la frondosidad de varios árboles. Pronto Hinata sigue sus pasos de manera inconsciente cuando lo ve sentarse en una de las frías bancas de ese solitario parque.
—No es la palabra en sí lo que me molesta —comienza a decir—. Es el significado que hay detrás de ella.
—Entonces ¿por qué no le das otro significado? —cuestiona con simpleza.
Porque no es tan simple, piensa Tobio.
De nada sirve que él piense en que sus acciones ya sean dignas de un benévolo Rey si nadie más las ve igual. Él no es benévolo y tampoco quiere fingir actitudes que no se le dan.
—No es sencillo —suelta, cabizbajo—. No cuenta si yo le doy otro significado. Se trata de…
—Se trata de que los demás te lo digan ¿no? —Kageyama se queda mirando fijo hacia la nieve que ya ha comenzado a acumularse en los zapatos deportivos del más bajito—. En verdad te afectó ¿verdad? —el armador chasquea los dientes.
¿Cómo es que se le da tan fácil a Hinata preguntarle de manera precisa sin sentirse avergonzado? ¿Qué es? ¿Una colegiala enamorada? Un eco sonoro hace eco a través de sus oídos.
—Dime algo que no sep…—calla, recordando la respuesta de Hinata tras sus palabras dichas durante la práctica con Date. Se sonroja—. No, mejor no me digas nada. Me da escalofrío luego de que dices algo inteligente —Shouyou le replica, vociferando como solo él sabe hacerlo. Eso le calma un poco a Tobio; que no deja de ser él incluso cuando están teniendo una conversación así.
—Ouh, ¿Kageyama-kun está avergonzado?
—Cállate.
Kageyama lo mira con recelo. Parece ser que Hinata es un experto en cambiar de ambientes pues ahora no hace más que burlarse.
—¿Lo estás?
—Cla-claro que no.
Y lo peor es que Kageyama no puede no sentirse él mismo cuando está a su lado. Haciendo cosas –como sonrojarse- que no está habituado a hacer con nadie más si no es con él. Siempre es con Hinata con quien descubre partes de su ser que no sabía que tenía, y le asusta un poco. En especial ese 'doki doki' que no puede controlar cuando algo hace el más pequeño que lo estremece. Como sonreírle. Como decirle a la cara sin tapujos lo que está bien o lo que está mal. Lo que el propio Hinata siente cuando se enfada o cuando se siente alegre.
Como lo está haciendo ahora.
—¡En verdad estás avergonzado! —lo oye chillar casi como si hubiese descubierto la respuesta a todos sus problemas.
—¡Que te calles de una vez! —se queja poniéndose de pie de la banca, tomando a Hinata de los hombros con la intención de sacudirlo pero el de cabello naranja no hace otra cosa que continuar riendo.
Y es cuando Kageyama pierde.
No sabe qué hacer cuando el ríe de tal manera en que le provoca cosquillas por todo el cuerpo. Lo sacude tanto que Hinata suelta la bici y ambos caen entorpecidos a la nieve.
Y el bloqueador no cesa sus risas hasta que siente la mano de Tobio apretar su hombro. No con rudeza pero con la suficiente fuerza para entender que el ambiente ha cambiado. Cuando alza la mirada, Kageyama tiene la suya cabizbaja pero muy cerca de él ahora que se encuentran en el suelo.
—Voy a intentarlo.
—¿Eh? —expresa Shouyou, confundido.
—El decir cosas que no sabes.
—Oye, deja de robarte mis frases geniales. Mi cerebro trabajó duro para pensar en algo "guay" que decirte.
—Eres… —antes de que continuará, Hinata le puso una mano en la boca riéndose tras unos segundos sintiendo cosquillas ante los movimientos de los labios de su compañero. Y duraron como un par de segundos más con ese juego infantil. El armador fingiendo hablar solo para provocar que el menor se partiera de risa debido a cosquillas en las palmas de sus manos.
—Vamos, Kageyama. Estás arruinando el momento —dice el pequeño gigante de Karasuno entre risas. Apartando las manos de la boca del contrario.
—¿El momento?
—Sí. Ya sabes. El ambiente. Debes aprender a leer el ambiente—explica y de pronto silencio. Nadie dice nada. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que están ahí como para que los copos de nieve hayan empezado a caer? Hinata se pone serio de repente—. ¿Sabes? Hace unas horas, en el gimnasio, hiciste una cara muy rara.
—¿Una cara rara?
—Ajá, como si…—Kageyama engrandece los ojos, perdido en sus propias manos pero sintiendo una más pequeña acomodarse en su mejilla. Cuando dispara la mirada hacia arriba Hinata lo está viendo. Observando. Leyendo su alma. Acariciando algo más que la piel de su mejilla—. Como si estuvieses a punto de llorar.
—E-Eso no es…—intenta contradecir.
—Es cierto.
—¡Que no lo es! ¡Si hubiese sido verdad alguien más lo habría notado y…!
—Nadie más lo hizo —hay una extraña fluctuación en el cuerpo de ambos.
Kageyama quiere apartarse pero a la vez no quiere hacerlo.
¿Se podría lamentar una vez que llegara a casa luego de las palabras que Hinata estaba a punto de decirle? No sabría si tendría el valor de volver a su cama ni para despertarse mañana a primera hora como si esa noche no hubiese pasado. Pero Hinata estaba ahí, con él, hilando un regaño que seguramente su madre le daría tras llegar a casa tan tarde, pero no parecía importarle. Hinata estaba con él, cubierto de nieve, tocándole la mejilla a pesar del frío.
—¿L-lo ves?
—Eso es porque… —el armador le mira y ahora los papeles parecen haberse invertido.
Hinata está sonrojado, o quizá lo está imaginando.
—¿Ah? —suelta bruscamente queriendo retomar el ambiente de falsa hostilidad con el que siempre se encuentran. Como si fueran dos niños pequeños riñendo. Pero esta vez no es efectivo. La atmósfera es totalmente distinta, y los sentimientos de ambos no van a pasar por alto la oportunidad de decirse muchas cosas.
—¡Es porque nadie te mira de la manera en la que yo si lo hago, Bakayama!
Hinata es,
un formidable aliado,
un preciado compañero,
un irremplazable amigo,
un…
¿Por qué es tan complicado el mundo de los adultos? ¿Por qué no puede ir y dejar todo atrás, acercarse a él y decirle que él también lo ha observado durante mucho tiempo? ¿Por qué no puede corresponder de inmediato y acariciarle la mejilla de vuelta? ¿Por qué los gritos son más fáciles de sacar pero no los verdaderos sentimientos?
¿Por qué es tan difícil ser ellos dos?
—Ya ha comenzado a nevar —es lo único que dice, y Hinata se siente patético al creer que alguien tan cabezota como Kageyama podría haber entendido el mensaje oculto de sus palabras. Y ahora es él quien quiere llorar—. Hinata…
—Ya sé que ha comenzado a nevar, maldición —repone, afectado.
Kageyama se azora queriendo alcanzar su mejilla para alzar su rostro y poder ver qué es lo que está mal pero el de cabello naranja se lo impide.
—Estás rojo.
—¡También lo sé, imbécil! ¡E-es porque tengo frío y requiero de calor y-…!
—Oh, ¿entonces si te abrazo dejarás de tener frío?
¿Qué había dicho?
Kageyama había pasado la mayor parte de su niñez rodeado de hombres. Siendo hijo único y matriculado siempre en todos los clubes deportivos varoniles en los que pudiera estar, Kageyama entendió, desde muy pequeño, que algo como un abrazo entre dos hombres no era muy común salvo que existiera una profunda confianza entre amigos…o existiera un sentimiento más allá de la amistad.
Él había recibido abrazos de hombres pero no significaban nada además de ser un gesto de compañerismo o porque en alguno de sus cumpleaños alguien lo hizo. Pero nunca sintió la necesidad de ser él quien debiera darlos. Es decir ¿para qué? No habían ganado un partido –de hecho había sucedido todo lo contrario contra Date- , tampoco habían avanzado a una final, ni siquiera le habían ganado de nuevo a Aoba Johsai como para aceptar rodear hombros ajenos en señal de alegría victoriosa.
Estaban solo ellos dos por lo que era poco probable que sucediera algo extraordinario como para que de él naciera abrazar a Hinata.
Pero lo estaba haciendo.
Estaba abrazándolo.
Ahí, en silencio, con la nieve fantasmagórica y con aire a melancólicos recuerdos.
—¿Ya no sientes frío?
De nuevo.
Como si se tratara de una habilidad que solo las emociones desencadenan, Shouyou puede oír los pensamientos de Kageyama como si fueran suyos. Como si en verdad le estuviese hablando. Es algo que solo ellos comparten y por primera vez le está revolviendo el estómago al darse cuenta de lo cercanos que son como para tener tal confianza.
Hinata se aturde. Siente la nariz caliente a pesar de que observa como un copo de nieve toca la superficie, disolviéndose.
Se siente embriagado por el aroma de la ropa de Kageyama ¿O es que su olor característico siempre ha sido bosque y lavanda?
Nunca lo había notado como tampoco había notado que sentir tan cerca a al armador le produce cosquilleos en todos lados.
—A-ah…hum, Kageyama —le palma con la mano derecha la espalda—. N-no tienes por qué hacer esto —confiesa, nervioso.
—Está bien. También tengo frío —lo oye murmurar.
—¿Enserio?
—Mmnn —emite en afirmación y de pronto calla. Ha sido más bien un gemido lastimero lo que ha alcanzado a percibir Hinata de él, y cuando está por preguntarle si se encuentra bien, Tobio se le adelanta aferrándose más ese diminuto cuerpo—. No quiero volver a esos días.
—¿Eh?
—No quiero —su pequeña cintura es rodeada con fuerza y Hinata sabe que esa voz ronca y alicaída no es propia de él—. No quiero volver a quedarme solo.
—Pe-pero no estás solo, idiota —dice el menor con dificultad debido al abrazo ejercido—. No estás solo, todo están…—le vuelve a apretar con fuerza.
—No me refiero a todos.
—¿En? ¿Entonces a qué?
—Es por ti.
—¿Por mí?
Ese absurdo mundo en el que ambos están es el mundo real.
Y Kageyama sabe que no puede intentar ser quien verdaderamente desea en un mundo de sueños, donde el Shouyou de ahí solo reacciona porque Kageyama así lo sueña. Por eso el mundo de los adultos es tan complicado, porque uno nunca sabe cómo saldrán las cosas. Kageyama ya no sabe si se mantiene despierto o se mantiene soñando para pretender que todo es felicidad.
Si Hinata supiera lo que significa para él en el mundo de los sueños que tanto visita. Si supiera lo mucho que lo piensa. Si supiera lo mucho que lo admira. Si supiera lo mucho que le pega su ausencia cuando no lo tiene cerca.
Hinata puede saber todo eso si tan solo Tobio se atreve a decirle.
—No quiero que tú me abandones —confiesa finalmente. Y es como si una pesada carga, la misma que es una reluciente capa, fuera retirada por un momento de su espalda para así descansar—. Si tú me abandonas, yo…
—No voy a abandonarte —Kageyama engrandece los ojos sintiendo las manos nobles y pequeñas de Hinata apartar y tomar su cara con firmeza. Como si un niño estuviera haciendo reconocimiento facial a un adulto. A un adulto llorón como él—. Te lo dije ¿no? , voy a estar en el mismo escenario que tú.
Kageyama frunce el ceño. Debió imaginarlo. Que Hinata incluso más despistado que él.
—¡No me refiero a eso, maldita sea! —Shouyou entrecierra los ojos ante el grito pero sin separarse del todo.
—¡¿Entonces a qué te refieres?! ¡Ah, y no me grites, Bakayama!
—¡Hablas de aprender a leer el ambiente y tú eres un desastre en ello!
—¿Ambiente? ¡¿Cuál ambie-…?!
No entenderá si no se lo dice o, en este caso, si no lo hace.
Porque ambos son así. Algo así como un par de idiotas a los que la vida les sabe distinto cada segundo del día. A los que no les da miedo intentar cosas nuevas siempre y cuando estén juntos para afrontarlas…como el sabor de un primer beso.
Finalmente puede verlo, en lo absurdo de ese mundo de adultos, finalmente puede sentir que su palpitar y el de Hinata se sincronizan a pesar de que ambos van a ritmos apresurados. Puede tomar su mano, esa que está en vuelta en un guante de lana, con fuerza. Puede acariciar su mejilla enrojecida por todo ese tiempo que han estado expuestos al frío. Puede sentir su respiración rozar con su nariz, provocando cosquillas.
Puede llenarse de mil dudas pero también de mil respuestas cuando le siente corresponder de la misma manera en que Tobio lo hace.
Hambrientos y llenos de emociones que inflan sus pechos hasta el punto de querer explotar y sentir que el aire se les acaba. Hasta que eso ocurre no dejan de besarse de manera torpe, como solo ellos podrían hacerlo en medio de una fría noche.
Hasta que el último copo se disuelve en el suelo y se desvanece volviéndose agua es que ambos se apartan para decir absolutamente nada. Completamente sonrojados pero sintiéndose liberados.
Sí, es real.
Es mundo de adultos al que tanto le temen pero en el que están a la par.
—Sabes ¿Kageyama? —pronuncia Shouyou luego de recuperar el aliento y tras haberse quedado mirando por un largo tiempo entre ellos. Sus manos siguen entrelazadas como un fuerte lazo que no quieren romper con nada—. No hace falta que seas perfecto. Para mí estás bien cómo eres ahora.
—¿Malhumorado y terco? —Hinata ríe y es cuando Tobio también se permite hacerlo un poco.
—No es eso —susurra acercándose a él. Es tan ridículamente pequeño pero al mayor no le molesta recibirlo en su pecho. Cerca del energético corazón que le late con fuerza. Ese que está lleno a veces de malos sentimientos pero que es indiscutiblemente sincero—. No quiero un Kageyama perfecto. Solo quiero a un Kageyama con el cual pueda reír y hacer tonterías —Tobio suelta una pequeña risa astuta ocultándola dentro de los revoltosos cabellos de Hinata antes de recibir sus últimas palabras de esa noche—. Un Kageyama al que le guste estar conmigo.
El armador solo hunde el rostro en su cabello luego de eso. Y lo abraza con vehemente fuerza.
Kageyama quiere quedarse en ese mundo a pesar de lo complicado que es pues teniendo a Hinata a su lado las cosas siempre pueden resultar de distinta forma. Y cualquier dolor se hace menos, pero nunca ese sentimiento que ahora le llena el pecho y le hace querer hasta llorar.
—¿Estás llorando, Kageyama-kun?
—Cá-cállate.
—¿Fui demasiado cursi?
—¡Cállate!
—¡Oh por dios, estás avergonzado!
El Sol está saliendo a pesar de que aún no es media noche.
El Sol lo está mirando, riendo y burlándose de él pero por primera vez no detesta o evita que lo cieguen sus rayos.
El Sol lo está mirando.
Hinata lo está mirando.
Observando.
Tomando.
Acariciando.
Amando.
Atesorando.
El Sol estará saliendo para ambos a partir de ahora. Desde éste momento en el que ambos decidieron que era un buen día para…
"…volver a empezar"
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A favor de la campaña "Con voz y voto". Porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es como manosearme la teta y salir corriendo.
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No me manoseen ;-;
-Información que importa (?)-
Ramen: es un plato de fideos de origen asiático que se prepara mezclando diversos ingredientes, habiendo muchas variedades.
Vaho: Aliento que despiden por la boca las personas expuestas a climas fríos.
Notas:
Hice una segunda parte :v Sí, lo hice. Y quizá haya tercera por lo que no dejaré la descripción como "Complete", porque quizá -es lo más probable- se me ocurra algo más. El manga está tan bueno como para no comentarlo y no dejar salir todos mis pensamientos cursis sobre Kageyama y Hinata (?) , y sobre ese tema del "Rey" que sigue dando pautas a momentos entre ellos.
Y sí, me encanta siempre la manera en que Hinata le dice las cosas a Kageyama. Así, sin rodeos. Y que además le "corone" de vuelta con un nuevo significado. Tan distinto al que lo ha atormentado tantos años. Eso, mis niños, es amor(?) Yo lo sé, Furudate no me engaña. Solo quiere intentar tapar el Sol con un dedo(?) -sí, uso exagerado de "(?), sorry por eso-
Y pues ya, tuve la necesidad de escribir pura cursilería. Espero no les haya empalagado tanto, en verdad.
Gracias de nuevo a las personitas que comentaron el capítulo pasado -que seguramente no esperaban que fuera a continuar ésto jaja-
Nos leemos pronto en la tercera parte(?). Yaaas.
Rooss-out!
