La tercera entrega, y última, de ésto(?) Espero lo disfruten. Nos leemos abajito en las notas finales.
Dedicado al 200% a St. Yukiona. Gracias por este viaje de revoluciones tan cools(?) que hemos tenido desde el día en que nos dijimos "Hola" -que pinche gay- . Eres una persona tan encantadora! ¡Hasta que el destino hizo algo bien!
Recomendación musical: Particles de Olafur Arnalds ft. Nanna Bryndís Hilmarsdóttir. Soy una cursi, perdonen(?). Link en mi perfil.
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—Honne—
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3 | Aquí estoy, flotando en un mar naranja.
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—¿Recuerdas esa vez?
—¿Qué vez?
—La primera vez que nos peleamos.
Las primeras veces siempre estaban lejos de suceder pero cuando sucedían resultaban ser relatos fantásticos de los cuales reírse ahora.
Sin embargo esa fue la primera vez que llegaron al punto de los golpes.
Kageyama, luego de la insistencia de Yachi en atender esas heridas que habían sido más que menores, miró a Hinata como quien mira al origen de un mal día y también el origen de la tristeza. En ese instante le hubiese gustado sentir arrogancia. Soltarte un par de golpes más y escupir palabras hirientes. Quizá de ese modo se habría acabado la interacción del dúo raro y él se hubiese evitado futuros ataques al corazón cada vez que viera a su compañero reír o incluso llorar.
Habría sido adecuado que todo acabara ahí y que nunca más se hubiesen hablado.
Se habría ahorrado dolor.
Se habría ahorrado emociones.
Se habría ahorrado sentir amor.
Amor, ¿eh? , que palabra tan más pequeña pero tan influyente.
Sí, todo hubiese acabado ahí, pero no contaba con que no hiciera nada de todas esas cosas que se propuso al avanzar la convivencia con Hinata.
Podía gritarle a diario e incluso golpearle de manera en que desatara las risas del resto del Karasuno pero eso solo hacía que su pecho se inflara de diversión y de alegría. La primera vez que se pelearon de manera oficial todas esas ganas de volver a permanecer solo, volvieron. Era como una maldición que las personas con las que tenía una relación salieran, en algún punto de la desesperación, afectadas.
No lo controlaba ni tampoco lo hacía adrede pero esos hábitos, que hasta el día de hoy tenía mientras se encuentran en su habitación a oscuras, cubiertos con una sábana y teniendo a Hinata entre sus piernas, no cambiarían tan rápido.
Recordar esos días, la manera en que ambos se había excedido al punto de herirse físicamente, también era otro de sus fantasmas. Y que Hinata trajera el tema a colación ahora que se encontraban en un ambiente íntimo –que no iba más allá del solo estar abrazados mientras afuera llovía- le desconcertaba un poco.
—¿Kageyama?
El armador se estremece un poco pero quiere atribuirlo a que ha sido por el trueno que ha sucedido al relámpago que iluminó la habitación hace un rato.
Su madre no está en casa pues ha tenido que viajar a ver a su abuela enferma. Su padre mucho menos; le han extendido el contrato laboral con un jugoso mejor sueldo como recompensa. A Tobio ya no le molesta más la ausencia de alguno de ellos, no desde que ha comenzado a salir con Shouyou, desde hace poco más de un año. Cosas como el primer beso o la primera discusión como pareja son experiencias que Kageyama ha tenido que lidiar debido a sus emociones pero incluso las discusiones ya no duelen tanto.
Ni la soledad pues Hinata es algo así como la luz de emergencia que se mantiene encendida cada que la energía eléctrica se corta y deja todo en oscuridad.
A pesar de que una luz de emergencia solo tiene cierta capacidad para iluminar por un par de horas más, Hinata parece ser interminable. Y le agrada saber que su luz no va a extinguirse pronto ni mucho menos la calidez que hay en ese ridículo diminuto cuerpo. Ese que ha apretado un poco más debido a la resonancia del trueno.
—Perdón. ¿Qué decías? —Shouyou frunce los labios y Tobio se relame los suyos ante la imagen tierna y sugerente.
—No estás poniéndome atención —espeta el más bajito haciendo un puchero. Kageyama solo lo abraza más, acercando su nariz a la nuca expuesta del bloqueador central, aspirando con fuerza—. ¡O-Oye! —chilla Hinata, estremeciéndose.
—Estoy poniéndote atención —justifica el más alto, repitiendo la acción.
Hinata solo se queda quieto, cerrando los ojos con fuerza y dejando que toda la sangre se le acumule en las mejillas volviéndolas acaloradas y rojas.
Pero no se aparta.
Ni siquiera cuando Tobio acomoda mejor sus manos sobre su estómago, dándole pequeñas caricias a ese vientre plano que Shouyou considera no tiene nada de gracia; pero a Kageyama le gusta hacer eso cada vez que se siente nervioso. Es su manera de pedirle que no se vaya.
—¿Estás bien, Kageyama? —pregunta el de cabello naranja encogiéndose más dentro de las piernas de Tobio. No se pueden ver los rostros debido a la posición en la que se encuentra pero de ser posible a Hinata le complacería ver toda esa tempestad feroz, que se ve a través de la ventana en donde está apoyada la espalda del armador, para luego bajar la mirada y toparse con la fragilidad de Kageyama.
—Esa vez… —comienza a decir éste último—…te golpeé demasiado fuerte ¿verdad?
Shouyou suelta una risa pequeña.
—No fueron los golpes exactamente los que me dolieron ¿sabes?
Kageyama entrecierra los ojos y hay algo en ellos que siente que se va a desbordar, pero en ellos también se refleja ese gesto infantil de Hinata de tomar su brazo, extenderlo y hacer lo mismo con el suyo, uniendo sus manos al final. Las sombras de las gotas adheridas en la ventana a sus espaldas se proyecta por encima de la piel clara de sus brazos y es como si estuviesen siendo tocados por una inexistente frialdad melancólica.
—Fueron tus palabras —lo oye decir y Kageyama solo se muerde el labio y, aún con su mano entrelazada con la de Shouyou, vuelve a colocar -ésta vez ambas- sobre su estómago, abrazándolo con desmedida fuerza. Cierra sus piernas y aprisionar las de Hinata; y de esa forma piensa que lo que sea que entre por la puerta de su habitación no podrá hacerles daño jamás.
—Lo lamento —suelta quedamente, aferrado al más pequeño, sobresaltándolo.
—¿Eh?
—Nunca dije lo siento esa vez —silencio. Hinata no quiere decir nada aún—. Yo… aún no sé cómo disculparme correctamente, y a pesar que eso sucedió hace tiempo yo en verdad no quería lastimarte aquella vez. Tú estabas en lo cierto y yo solo estaba reteniéndote —hay un quejido y ahora es cuando Shouyou quiere comenzar a intervenir—. A veces pienso que lo único que te retiene soy yo pero... estoy tan prendado a ti que…me asusta.
—¿Y es malo eso? —Kageyama gime y detiene su mirada estrepitosa antes de volverse un mar de llanto incontrolable—. El no saber decir lo siento, me refiero.
—Supongo —murmura bajito y se sobresalta segundos después al ver, y sentir, como Shouyou se levanta, escapando de sus brazos—. ¿Hinata?
—¿Por qué te ocupas en ver tus defectos y no tus virtudes, Kageyama? —el armador baja la mirada un poco—. A mi no me gustaría que fueras de otra manera de la que ya eres ahora.
Ahí esta la imagen que Hinata tanto había estado buscando pero que no le gusta para nada ahora que la ve completa.
La tempestad está golpeando a Tobio en forma de estrepitosas gotas de lluvia golpeando el cristal. Y Tobio esta cabizbajo e indefenso buscando en el suelo algo de lo que aferrarse para no verse patético y llorar frente a Hinata.
A pesar de encontrarse en su último año de preparatoria y de estar juntos como una pareja ahora, hay fantasmas que lo siguen persiguiendo.
Hinata suspira, viéndolo y serenándose también. Se lo prometió una vez: "Tener la paciencia que el amor exige" "Callar cuando deba callar; hablar cuando deba hablar"
—Ponte de pie, Kageyama —le pide a pesar de que solo se ha acercado a él y ha tomados sus manos, obligándolo a hacerlo aunque se hubiese negado—. Dame tus manos —Kageyama no obedece, solo se deja mover —. Pon una mano aquí, en mi cintura —y es en ese punto en el que la melancolía se deshace y lo embriaga, a parte del aroma dulzón de Shouyou, una profunda vergüenza.
—¿Q-qué? ¿Qué haces?
—¿Enseñándote a bailar? —responde el más bajito sabiendo que ni él mismo puede asegurar su respuesta—. Ahora dame tu otra mano —le toma la izquierda entrelazándola con la derecha—. Estas temblando, Kageyama. No es para tanto.
—Es el frío, imbécil —refuta, repitiendo un par de veces más debido a que Hinata no para de reír—. ¿Sabes hacer algo como ésto? —Hinata alza la mirada tras trastabillar un poco ante un primer movimiento de adelante y hacia atrás. Kageyama suspira, resignado, cediendo a tomarle con firmeza de la mano y la cintura, estremeciendo a su pareja—. Te voy a enseñar como es que se hace.
—¿Sabes bailar?
—Mamá insistió muchas veces en el pasado —dos toques en el piso y un número inexistente dio comienzo al igual que una melodía.
No tenía forma, ni ritmo, ni una secuencia clara, pero ¿qué de eso no se tratan las virtudes?
—Mmm, yo te he insistido muchas veces en que no necesitas cambiar —repone Shouyou después de una vuelta de la que casi pierde el equilibrio y cae. Kageyama, afortunadamente, le sostuvo antes de que diera de lleno en el piso—. Y parece que solo me ignoras.
—No lo hago —contesta reanudando una cadencia de pasos que no tienen ningún sentido pero que crean una atmósfera maravillosa e íntima no intencionada.
La lluvia sigue cayendo con fuerza y de nuevo parece que, debido a la luz que proyecta la luna, les hace llegar las sombras de las gotas en sus pálidas pieles como si fuera un pequeño patrón oscuro. Es interesante la manera en que, a pesar de no ser el color azafranado del atardecer que siempre ilumina aún más a Shouyou, lo azul y pálido de la noche también le siente bien.
El atardecer siempre representa a Shouyou mientras que noche pálida lo representa a él, y le causa curiosidad la manera en que ambos se adecuan al otro de manera inexplicable, como ahora que Hinata no sabe qué hacer con sus dos pies izquierdos pero que Kageyama, asombrosamente, se muestra demasiado habilidoso en eso.
Sonríe en secreto aprovechando que Hinata nuevamente se ha sonrojado y trastabillado como un potro recién nacido.
Cuando Shouyou debe brillar, Kageyama se adecua a ese brillo. Cuando Tobio debe hacerlo, Hinata también está ahí, aprendiendo cosas que no sabía de él, como que sabe bailar y le está dejando en ridículo justo ahora.
—Dios, esto es tan vergonzoso —expresa Hinata, avergonzado hasta la médula mientras intenta, inútilmente, seguirle los pasos a Tobio—. No se supone que debía ser así.
—¿Así como?
—Se supone que yo soy quien te saca de tu terrible lapsus brutus —Kageyama frunce el ceño para luego reír con discreción, tomarle la nariz y apretarsela de manera juguetona—. No hagas eso —berrea el más bajito, e inconscientemente ambos se han detenido, y Kageyama ahora le sostiene las mejillas con una fragilidad que raya en lo maravilloso.
—¿Y si hago esto… —Hinata contiene la respiración—, estará bien, Shouyou?
Hinata quiere morir.
No, enserio, no le importaría hacerlo siempre y cuando fuera de amor y de vergüenza. Más vergüenza que amor. Solo de esa manera es que se permitiría hacerlo, ah, y en manos de Tobio. De nadie más.
Si es por la torpeza del momento o porque el armador es, de por sí, indiscutiblemente idiota, no le importa. Kageyama suele hacerle caso, siempre, a sus impulsos primero y aunque aquello le ha ocasionado problemas en el pasado, ahora no va a regañarlo o darle una charla motivacional para que deje de besarlo. Por hoy está bien mandar a la razón muy lejos de su mente para sumergirse en el instinto que los orilla a caer en la cama de quien fuera menor solo por unos meses.
Hinata está sonrojado y respirando como quien está a punto de tener su primera vez.
Pero a pesar de que esa no es la primera vez se siente como si nunca se hubiesen visto antes a los ojos.
No de la manera en que parecen estar hechizados. Embelesados por mirar al otro y descubrir los misterios, miedos y razones de vida a través de ellos.
Kageyama sabe dónde tocar pero siempre se sorprende de las expresiones que hace Hinata cuando tiene encima el lívido. Ahora no sabe que es lo que más se destaca, si su respiración entrecortada, el deseo que tiene inyectado en sus ojos o ese amor incondicional que le tiene en cada uno de sus delicados movimientos al acariciarle el cabello, teniendo los brazos anclados a su cuello.
Ese sugerente espacio que lo llama a darle besos y lamer esa piel dulzona y tierna.
Hinata gime, arqueando la espalda mientras Tobio lo sostiene y le levanta con erotismo para así permitirse beber más de la fragancia que Shouyou despide. Lo coloca a ahorcadas sobre él y le muerde la oreja. La lame y también la atrapa entre sus labios para luego estirar esa tierna y elástica piel.
—Ka…—suelta un gemido ahogado cuando advierte las manos del de cabello negro sujetar el borde de su camisa—. Kageyama…Tu madre…Tu madre no está —le suelta como una amenaza mal elaborada. Con el deseo ensombrecido en sus ojos y con los sentidos estremecidos.
—Ya sé que no está, idiota —repone Tobio volviendo a perderse en su blanquecino cuello, haciéndolo gritar—. No estaría haciendo esto si estuviera.
Hinata aprieta los dientes y entierra las uñas en los hombros del contrario ahora que está sentado sobre él sintiendo un doble placer: el de sentir la lengua húmeda de Tobio en su cuello y el de sentir las palpitaciones de su miembro rozándole el suyo de manera descarada. De ésta manera es que una oleada de placer le azota terriblemente, prolongándole por un par de segundos más que se le hacen tortuosos y deliciosos.
Esa manera incondicional en la que se ven luego de que el primer orgasmo les ha estremecido, provocan que Tobio abrace el pequeño, pero atlético cuerpo, de su pareja con fuerza. La tarea de Hinata por recuperar el aliento se vuelve un sonido melodioso para el armador quien apenas logra recuperar un ritmo regular también. Sus miembros están al aire, dispuestos a llegar a más; y sus fluidos están sobre sus camisas y sobre parte de sus pieles.
La mano de Tobio, esa que había usado segundos atrás para juntar ambos miembros y alcanzar el primer clímax de la noche al masajearlos, ahora está en la mejilla de Shouyou.
No hay vergüenza como en las primeras veces en las que Hinata parecía romperse debajo de su cuerpo diciendo: "un poco más lento" o "un poco más rápido"
Han pasado tantas cosas juntos.
Han vivido y superado problemas que un noviazgo normal tendrían en poco más de dos años, y sin embargo está ahí, abrazándose, con los calzoncillos abajo y con la risa contagiosa de Kageyama por notar que Shouyou aún conserva esos que tienen gráficos de cuervos infantiles. La risa pronto se apodera también de Hinata sin importarles que están desnudos de la cintura para abajo, que acaban de manchar las sábanas de Tobio, y que ahora deben inventar una buena excusa para cuando la madre de éste cuestione sobre misteriosas manchas blancas.
—Tu madre va a matarte —dice Hinata entre risas, aún sobre él y con los brazos enroscados al cuello del armador.
—No he terminado contigo —la risa se corta y es sustituida por una tierna, y a la vez sugerente, sonrisa, a la que le sucede un par de besos pequeños en todo su rostro. Kageyama solo cierra los ojos y siente, incluso, como sus pestañas tiemblan ante la atención que recibe de los propios labios del de cabello naranja, lo que termina por obligarlo por romper ese momento y enterrar su rostro en el pecho de Hinata, por encima de su polera, aspirando con desmedida fuerza su aroma—. No te vayas nunca. —confiesa con voz rota.
Hinata engrandece los ojos y, además de percatarse de que la lluvia ha parado, se percata de que Tobio no ha cambiado, ni quiere que cambie jamás.
Aunque le gustaría que tuviese un poco más de fortaleza a la hora de creer en sus propias virtudes y en lo grandioso que es.
La gente se lo repite seguido: Que es un excelente jugador. Que es un genio sin precedentes. Que será un gran representante del país del Sol Naciente. Pero realmente a Tobio le gustaría ser reconocido por otras cosas que solamente por su talento atlético, tal como suele oír cuando hablan de Shouyou. Que es tan brillante como un Sol. Que es tan valiente como un Dios. Que es tan sentimental como una niña. Esa clase de cosas es de las que carece pero que tampoco le importan mucho a Hinata.
Porque cuando está con él Kageyama puede volverse tan frágil y llorón que nadie creería que fuera el prospecto más grande de Miyagi una vez que inicien sus niveles superiores en universidad. Y eso es algo que Shouyou, que en un principio no quería compartir con nadie, ahora le gustaría ver a cada segundo del día. Siendo en el colegio o en las actividades del club, de regreso a casa o bajo un árbol mientras se besan, de salida a algún sitio o debajo de la última farola en la que tienen que despedirse para ir cada quien a su casa.
Verse encima o debajo de él con el cuerpo perlado en sudor no le importaría si él obtiene la respuesta de Tobio a través de esos ojos que tanto le encantan.
—No me voy a ir a ninguna parte, Kageyama —susurra con una cadencia que tranquiliza al más grande aun cuando siente esos pequeños y cortos brazos envolverle. Como si fuera un oso grandulón—. Siempre y cuando no me sueltes nunca —bromea a lo que Tobio le mira de frente con la convicción en los ojos.
—No voy a dejarte ir entonces. Jamás. Nunca —Hinata sonríe. Más que verlo con lágrimas o con la fragilidad que algunos días, como el de hoy, le asaltan, ama verlo con la firmeza que la vida le pide a cualquier ser humano. Porque eso es Tobio, un humano que siente y que también puede cometer errores para luego repararlos—. Y si intentas escapar, te amarraré para que no te vayas—el de cabello naranja deja salir una risa.
—Mooh, Kageyama, eso suena muy cruel —suelta finalmente alargando la primera risa para romper a carcajadas una vez que Tobio lo ha empujado de espaldas a la cama, quedando Hinata debajo de él—. Pero no hará falta ¿sabes? No planeo irme de tu lado pronto.
—Nunca —insiste el más grande, besándole la nariz fría con cariño.
—Nunca —repite Shouyou, volviendo a reír y atraerlo del cuello para volver a besarlo y así terminar lo que esa noche iniciaron.
A pesar de que el silencio se cierna sobre ellos y uno de los dos piense que el transcurso de los días es como "perder el tiempo", el otro estará ahí para decirle "Buenas noches" y colorear su cara.
Chocando, como dos colores diferentes que se devoran.
Pero por mientras, ahí estaba el más grande, dejándose llevar…
"…por un mar naranja."
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Fin
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A favor de la campaña "Con voz y voto". Porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es como manosearme la teta y salir corriendo.
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No me manoseen ;-;
Notas:
Sinceramente no sé qué escribir de notas finales. Todo ésto deberían ser onomatopeyas sin sentido(?) Pero bueno, acá lo tienen. Siento si me demoré pero es que necesitaba cachetadazos de la señora inspiración para poder abrir el Word y sentarme a escribir. Lo lamento por eso. Y bueno, espero que al menos les haya parecido entretenido(?) xDD
La parte del "baile" se me figuró cuando, vagando por la internet, vi un fa de ellos dos, literalmente, bailando. Tomados de la mano y todo ese rollo cursi. Así que decidí anexarlo. Ahora, la parte del mini morreo, en mi mente yo me había plateado la idea fuertemente de "fueran más allá" que solo tocarse, pero entonces vi que no sirvo para eso xDD Digo, no es que no me salga el lemon homosexual, lo he escrito para otros fandoms pero con éstos dos, al menos en estas escenas a las que fui dándoles forma, sentía que no quedaba. Aún así metí un poco de morreo 7u7r . Espero eso repare mi error(?) -le pegan con una tabla-
Quizá más adelante escriba otro KageHina con ese lemon que he dejado en lime esta vez. Aunque ha sido cortito.
Casi todo el three-shot trató de Kageyama superando sus fantasmas, demonios, inseguridad, llámese como sea, y de como Shouyou influyó en él pero en como también cambió a lado de Tobio.
En fin, espero que haya quedado claro que del capítulo 2 al 3 ya llevaban tiempo "saliendo". Un año y cacho para ser precisos.
Y es todo, ¿tomatazos?
Muchísimas gracias a los que le dieron review, follow y comentaron :) Son bellas personitas. En verdad. Y agradecimiento especial a St. Yukiona por estos días tan divertidos conversando. Siento que gané una amiga jaskdjahsdjaskdj -letras sin sentido-. Pasen a leer sus historias. ¡Todas están buenísimas! ¡Soy su fan #1!
Bye!
Rooss-out!
