Advertencias del capítulo: Ligero lemon. Time skip de cuatro años. Donde Hinata tiene 22 y Kageyama 21. Spoilers del manga actual (Adlers vs Black Jackals)

A partir de aquí empieza la perspectiva de Hinata.


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| IV |

Dímelo a los ojos

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La primera vez que lo hicieron fue horroroso. Y dolió montones.

Shoyo recuerda cada detalle de ese momento. Y si tuviera la mente menos pesada y caliente como ahora le gustaría pensar que aquello fue parecido a una receta de cocina mal ejecutada, con un resultado fatal.

Como si antes de batir los huevos, según el recetario, en un recipiente hubiesen encendido el sartén y el aceite hubiese salpicado hasta terminar quemándolos, dejándolos con varios nubarrones oscuros sobre la piel.

Bueno, algo de eso sí que no había cambiado pues justo ahora Shoyo no deja de mirar todo ese bonito arsenal de chupetones de diferentes tamaños y colores que hay desde su cuello hasta la parte superior de su pecho.

—Toda una pintura renacentista ¿no crees? —Shoyo cierra los ojos, cansado, dejando reposar su cuerpo sobre el pecho de Tobio una vez que ve y siente las manos frías de su artista inmiscuirse por debajo de la sábana que mantiene oculta su desnudez, a su vez que también siente como le reparte más besos en el cuello como si fueran nuevas pinceladas húmedas de un tonos rosáceo—. Qué pervertido —lo oye decir sintiendo como va subiendo las manos hasta su pecho y toca, sin ningún pudor, sus endurecidos pezones para luego lanzar una mirada insinuante al frente, conectándose con los ardientes soles de Shoyo a través del reflejo del espejo frente al que están de pie.

Ambos están desnudos, desde luego, pero Shoyo es un poco más pudoroso que él durante las mañanas aunque eso es totalmente irónico.

Como si durante toda la noche no hubiese sido un vertiginoso animal encima de él, balanceándose sobre sus piernas, apresurando las embestidas y pidiendo más cada que a Tobio se le ocurría torturarlo disminuyendo la velocidad.

—Pues parece que no soy el único.

Al armador se le atora un gemido en la garganta al sentir la pequeña pero energética mano de Shoyo en su miembro.

Shoyo gime bajito y delicioso mientras que Tobio vuelve a repartir besos húmedos como si no pudiera detenerse en saborear su piel y de sentirse nuevamente duro allá abajo mientras lo oye suspirar por él.

¿Cuándo fue que se volvieron tan descarados?

Sí, bueno, lo de Shoyo puede justificarse por sus años viviendo en Brasil y toda la diversidad de gestos y nuevas costumbres a las que estuvo sometido durante ese tiempo tanto así que, actualmente, dar besos en las mejillas se ha hecho algo natural en él.

Pero ¿Y Kageyama?

Es que tendrían que verlo. A él y a su forma precisa de tocarlo y, más que nada, saber exactamente dónde tocar.

—Estoy cansado.

—La mentira más grande que jamás escuché —Shoyo suelta una risita que muere en la boca de su amante cuando este lo toma de los hombros, lo voltea y le estampa los labios en un beso hambriento mientras siente como desliza las manos por su trasero y toda su mente se llena de él.

Sí, está mintiendo.

Como también estaría mintiendo si dijera que esa faceta de Kageyama siendo presumido y hasta territorial no le gustara.

Desde luego no se lo dice pero es un secreto placentero que prefiere reservarse para sí mismo. El de ser solo él quien tenga el poder de dominarlo y de dibujar tantos gestos excitantes en su rostro y que ninguna otra persona ha tenido la oportunidad de ver.

Que sí, adora todo lo educado y amoroso que es desde que comenzaron a salir antes de él partir a Brasil pero esa faceta de Kageyama siendo tan intenso, no solo en la cancha, sino también en la cama, es algo que le volvió loco la primera vez que lo hicieron aunque haya terminado realmente mal.

Shoyo es amante de la pasión de sus ojos medianoche cuando lo ve jugar pero también de la pasión desenfrenada que libera cuando están juntos en un ambiente más íntimo. En un universo que solo es de ellos.

Y es que por eso se encargó, durante todo el partido, de calentarlo. De iniciar un incendio en él cada que Atsumu o cualquier otro le sonreía de una forma que, se suponía, solo tendría que hacerlo estando con él.

"Sí, Kageyama, no eres el único rarito y pretencioso que se calienta con casi nada". Se repitió Hinata durante el descanso del primer set luego de haber realizado el primer ataque rápido con Miya en toda su cara.

No había sido con esa intención, sinceramente, pero su corazón comenzó a palpitar con fuerza luego de chocar miradas con él.

Como si hubiese despertado a una bestia.

—¿A qué hora tienes que regresar?

—¿Regresar? No debí irme en primer lugar, Tobio —Kageyama suelta una risita terminando de besarlo, apoyando su frente en la de él mientras le acomoda un poco esos mechones que sobresalen por ahí y que se han adherido a su piel por el sudor—. Miya-san debe de estar hecho un loco. Seguramente me saturó el buzón de tantas llamadas.

—La próxima vez que le sonrías a así a él, enserio me vas a conocer —la advertencia sale de la garganta de Kageyama camuflada de un poco de ironía pero la verdad es que ni él mismo es capaz de percatarse de eso. De que en verdad lo dijo enserio.

Shoyo, por su parte, no le toma demasiada importancia al comentario.

No tiene ni idea de qué hora es ni de cuántos mensajes deben de estar saturando su bandeja de notificaciones pero si él no tiene idea, mucho menos Tobio, y mucho menos ahora que ha fruncido tantito los labios al oír el nombre de Miya Atsumu salir de ellos.

Ninguno de los dos sabe nada, de hecho.

Luego del partido contra los Adler's, de celebrar su debut con los Black Jackals saliendo con la victoria del mismo, de saludar a sus senpais, de repartir sonrisas, autógrafos y un par de cortas entrevistas, su primer parada fueron los baños exclusivos de los vestidores. No porque necesitara ir con urgencia o necesitara un poco de agua en el rostro para refrescarse, más bien porque necesitaba de ese otro calor con desesperación.

Así, completamente sudorosos y con el vestigio de la adrenalina aun palpitando en cada poro, tan pronto Shoyo terminó de asegurarse de que no hubiese nadie más en los cubículos, y de revisar que el último mensaje se hubiese enviado correctamente a cierto armador, Kageyama apareció como un huracán arrastrándolo hasta los lavabos, elevándolo y sentándolo ahí, no sin antes asegurarse de colocar el pestillo de la puerta tras cerrarla.

Shoyo aún puede sentir lo salado en sus labios debido al sudor. Es decir, no había pasado ni media hora tras finalizar el partido y ahí estaban, reduciendo la distancia y aumentando el calor a través de un beso fogoso y tan necesitado por ambos.

Era la primera vez en dos años que Shoyo pisaba tierras japonesas pero no en la que aterrizaba sus labios sobre los de Tobio. Y, aún así, no dejaba de suspirar y gemir como si hubiese pasado una década entera.

La primera vez que se besaron, en comparación a esa, no se parecía en nada pero Hinata seguía sintiendo las piernas como gelatina cada que Kageyama, ahora con su maldito metro ochenta y ocho, gemía dentro de su cavidad mientras sus manos comenzaban a recorrer su cuerpo por encima de la molesta tela.

Recorriendo músculos ya conocidos y recorridos con anterioridad pero también unos nuevos que seguramente Shoyo se había encargado de crear aumentando su entrenamiento en el último año.

Dios, es que debían estar dementes como para hacer ese tipo de cosas ahí.

—E-Espera...Va-Vas muy rápido...

—Siempre te ha gustado rápido.

Oh, por Dios.

Casi lo olvidaba. Ese pensamiento que se le atravesó al escuchar a Kageyama decir eso pensando que en serio tenía que enseñarle a mejorar en el uso de las analogías y en qué ambiente usar una.

Y luego de eso ambos ya tenían los shorts a media rodilla. Shoyo lidiando con la sensación electrizante de sentir el pene de Tobio deslizarse y friccionar entre sus piernas, simulando embestidas, como si le estuviese advirtiendo lo que le esperaría una vez que dejaran el gimnasio a hurtadillas y se subieran al primer taxi que vieran hasta llegar a algún hotel.

Costaba creerse que estaban haciendo eso en un lugar tan público.

Costaba creerse, todavía más, que el resto de los asistentes al partido solo los vieran como viejos rivales.

Costaba creerse que no pudieran soportar un maldito minutos más lejos del otro.

—N-no manches el uniforme... —esa había sido la última súplica que Shoyo pudo hacer luego de venirse intensamente en la mano de su amante, sintiendo como la semilla del contrario terminaba por salpicar las baldosas del baño.

Sí, al menos habían tenido la decencia de no llegar a más ahí pero el morbo de que alguien los descubriera no abandonó el cuerpo de ninguno de los dos ni disminuyó el calor que se manifestó en las mejillas de Shoyo, tras verse sudoroso y con la respiración errática en el reflejo del espejo, hasta que salieron de ahí, repartiéndose pequeños besitos juguetones durante el camino.

—¿Estás pensando en algo sucio verdad?

—¿Q-Qué...? ¡Ah!

¿Está de broma?

¿Cómo es capaz de leer su mente o al menos tener un indicio de lo que está pensando?

En el pasado Shoyo no dejaba de presumir lo bueno que él era para leer a Kageyama. Al menos durante su último año en el que comenzaron a salir oficialmente.

Kageyama creía que era una especie de brujo pero mentiría si dijera ahora que los aciertos que Hinata tuvo con él no lo ayudaron a sobrellevar el peso de sí mismo a la hora de tener esporádicos pensamientos pesimistas.

Y es que Shoyo fue tan necesario en su vida como el agua o el aire para vivir.

Por ello el día que decidió ir a Brasil tuvo que tragarse el pesar de sentir que ya nada sería igual.

Y no lo fue...Tuvieron tantas peleas como siempre pero la distancia, en lugar de separarlos, los unió más. O al menos eso es lo que Shoyo siempre solía decir durante las video llamadas en medio de su monólogo cursi en dos idiomas.

—Tienes la cara roja.

—¡Es obvio! ¡Tengo tu pene dentro de mí y apenas puedo pensar en-...! ¡A-Ah, Dios, sí! ¡Justo ahí, Tobio! —al azabache se le escapa una risita, inclinándose para besarlo antes de volver a apartarse, colocando sus manos en las piernas abiertas del más bajito, marcando fuertemente un ritmo cadencioso así mismo como las líneas de sus músculos a medida que aumenta la velocidad de las embestidas y la cama se sacude.

—¿En qué...pensabas? —Shoyo, completamente mareado, apenas y puede distinguir lo que dice—. ¿Pensabas...en lo que hicimos en el baño del...gimnasio? —tras escucharlo el nuevo rematador de los BJ siente como algo crece dentro de él.

—¡A-Ah! ¡Tobio! ¡Más! ¡Lléname más!

No sabe si son sus paredes internas o es el miembro de Tobio, o ambos, lo que crece. Solo cierra los ojos, muerde los labios y sacude las manos aferrándose a la tela de la cama, arqueando la espalda hermosamente como si presumiera de esa poderosa flexibilidad con la que cuenta.

No se lo dirá pero pensar en el desastre que hicieron en el baño y que Tobio lo traiga a colación, como si compartieran el pensamiento, lo hace venirse sintiendo como el ritmo aumenta tanto hasta repuntar en su interior, llenándolo por completo.

La vibración que siente en todo su cuerpo no es comparada con la rapidez de sus remates. Dios...Siente como todo arde durante los siguientes segundos para luego disminuir un poco y luego repuntar, de nuevo, con intensidad. Todo hasta que la venida de Tobio se detiene y Shoyo se permite abrir la boca para respirar un poco de vida.

—¿Estás bien? —la pregunta, acompañada de un sonoro beso en su mejilla, es lo último que escucha Shoyo antes de sentir como Tobio sale de él y los residuos comienzan a deslizarse fríos por sus muslos—. Shoyo...

—Si no tuviera... —traga saliva con dificultad, aun viendo lucecitas con la mirada puesta en el techo, intentando recuperar la respiración—. Si no tuviera la resistencia que tengo ahora...estoy seguro que me romperías.

Una nueva risita cómplice los acompaña junto al cansancio que, finalmente, comienza a presentarse en ambos.

—Y porque sé que la tienes es que no te quiero dejar descansar —Shoyo lo mira casi con horror hasta que Kageyama levanta las sabanas –ahora manchadas con sus fluidos cabe decir- y los cubre a ambos—. Pero también estoy cansado así que tú ganas esta vez, supongo.

Hinata pone una mueca entre molesta y chistosa ante un recuerdo fugaz que se le atraviesa al oír esa frase tan característica de él pero que rápidamente desaparece para pasar al besuqueo suave y a las caricias lentas que son costumbre en ellos luego de hacer el amor de forma desenfrenada.

Y es que luego de tanto tiempo quieren probar todo lo que no han podido del otro.

A Hinata le encanta eso.

Como Kageyama besa desde su frente hasta sus pestañas y termina por perderse en la piel de su cuello repartiendo besitos. La sensación es demasiado estimulante a su vez que es una especie de ritual para reponer energías pues rápidamente el cansancio comienza a disiparse y los músculos dejan de doler un poco. Como si fuera una especie de analgésico.

—Siempre haces eso.

—¿El qué?

—El poner tu mano sobre mi pecho —Hinata no responde de inmediato pues ahora está demasiado cómodo recibiendo mimos de Kageyama en su cabello como para ponerse a pensar cuándo fue que le comenzó a gustar el trazar círculos imaginarios con su dedo sobre el pecho del armador.

Aún tiene fresco el recuerdo de Tobio durante el último año de preparatoria. Siempre con la camiseta completamente húmeda luego de cada entrenamiento poniendo como excusa que no tenía sentido cambiársela si el mismo viento la iba a secar en un par de minutos de todas formas.

A Hinata siempre le gustó mirarlo a hurtadillas alzándosela mientras se oreaba un poco.

—Hey, tú ¿En dónde estás poniendo las manos? —Shoyo habla ésta vez, apoyando la barbilla en su pecho, mirándolo con ojos acusadores pero con una pizca de la misma perversión que hay en los de Tobio.

—Se movieron solas.

Un gemido se le escapa al más bajito cuando siente sus dos mejillas inferiores ser apretadas por esas grandes manos.

Y es que nadie contó eso.

O quizá nadie lo mencionó.

Pero durante los siguientes dos años en Karasuno, luego de que los de tercero se graduaran, Kageyama adoptó varias manías extrañas. O quizá siempre fue un pervertido reservado.

Una de ellas, la principal, tocar su trasero cada que la oportunidad se presentaba.

Manía que se volvió una actividad descarada cada vez que estaban juntos en la intimidad o lejos de las miradas de todos. Además de muchas manías más en lo últimos años. Enserio ¿cuándo fue que se volvieron tan abiertos uno con el otro?

Pensamientos así de reflexivos son un poco inusuales tenerlos estando así, desnudos con las sabanas y las piernas entrelazadas, pero qué más da. Ninguno de los dos vino al mundo con un instructivo.

Han tropezados tantas veces, y seguramente les esperan aún más obstáculos por superar pues a medida que los años se suman y se manifiestan en ellos, los sueños se vuelven más complicados pero Hinata no quiere pensar en eso ahora.

Solo quiere permanecer así abrazado a él como si Tobio fuera una boya en medio del océano dispuesto a ser lo único a lo cual aferrarse para no hundirse.

Kageyama no lo sabe pero volver a Japón ha sido un salto bastante abrumador. No...Incluso antes de eso. El decidir irse a vivir a un país lejano fue un salto a ciegas del que dudó muchas veces dar. Ahora, con todo lo que ha vivido, lo que ha visto, lo que ha aprendido en Brasil, acerca de cómo sobrellevar una relación entre dos hombres le ha generado nuevas dudas a Shoyo.

Pero es la primera vez que se ven en mucho tiempo. No quiere arruinar el momento ni llenarlo de inquietudes que seguramente podrían influenciar a Tobio ahora que su objetivo apunta a nuevos horizontes.

Son amantes. Novios cariñosos dentro de la cama y dentro de una habitación que huele a ellos pero una vez que atraviesen la puerta tienen que vivir apariencias. Al menos en lo que a esa relación respecta.

—Buenos días.

—Buenos.

Ahí están de nuevo, mirándose con amor frente al espejo luego de dormir por horas. Kageyama atrás, pasando los brazos por encima del vientre del más pequeño, dejando un besito en su mejilla para luego encaminarse al cuarto del baño y hacer sus necesidades aunque dejando la puerta completamente abierta.

Como si estar desnudos frente al otro, luego de tantos años, no representara siempre que su deseo sexual se disparara.

—¿Revisaste tus mensajes? —pregunta Kageyama antes de abrir su maleta deportiva y sacar una toalla y el kit de limpieza que siempre carga consigo.

—Sí, y no quiero ni pensar en lo que van a decirme cuando me vean llegar un día después y tarde al entrenamiento —respondiendo un par de mensajes de manera aleatoria, ignorando olímpicamente el chat grupal que tiene con Miya, Bokuto y Sakusa, –que está más lleno de stickers y memes que de mensajes textuales- Hinata se pone de pie de la cama para coger su respectivo bolso, sacar sus cosas y encaminarse al cuarto de baño, mismo en donde Kageyama ya se está lavando los dientes.

—¿Tienes algo que hacer mañana? —la pregunta lo toma por sorpresa, pasando a su lado, mientras coloca la toalla cerca de la regadera que aún se encuentra empañada luego del baño que ha tomado Tobio antes que él.

—¿Entrenar te dice algo? —no recibe una respuesta inmediata pues lo ve perder la cabeza dentro del lavabo, soltando un poco de dentífrico para luego enjuagarse la boca.

—¿Qué no tienen un día de descanso? —a Hinata toda esa situación se le hace increíble, tanto que quiere reír.

—¿Estás insinuando que tú, el idiota obsesionado con vóley número 2, quiere usar su día descanso para salir conmigo? —para este momento Hinata no evita soltar una carcajada limpia.

—¿Por qué está conversación se basa en preguntas? —Hinata sonríe, dándole la espalda para adentrarse a la regadera, abrirla un poco y verificar su temperatura—. ¿Entonces estás libre o no?

—Sí, bueno, no creo que le haga mucha gracia a mi equipo y a mi entrenador que me tome el día de mañana si ya me tomé medio día hoy y... ¡Oye! —el rematador pega un saltito cuando siente la mano pesada de su pareja apretarlo contra su pecho, apegando su espalda ahí ¿En qué momento volvió a meterse a la regadera?—. ¿Qué haces? Tú ya te duchaste, ahora es mi turno.

—Creo que no me duché bien —Hinata rueda los ojos, divertido, cerrando un poco la llave para disminuir un poco la presión del agua y que no le pegue tan de golpe en los ojos a ambos—. Te estoy invitando a salir. ¿No quieres que...? ¡Hey! —ahora es Kageyama quien cierra la boca tan pronto Hinata vuelve a abrir la llave, recibiendo con fuerza la presión del agua de forma intencional.

—Creí que habías dicho que no te duchaste bien —riendo, no ejerce ningún tipo de fuerza cuando siente como su novio lleva su cuerpo hasta la pared fría de la regadera y le besa los labios con una lentitud tortuosa—. Oye...Enserio se me hace tarde... —y aunque la idea de tener sexo en la regadera es una de las fantasías que les falta por cumplir, la conciencia le pesa más.

—Entonces solo di que sí.

Una cita, dice.

Un cita... ¿A dónde? O sea... ¿En público? Cuando Shoyo es consciente de que el qué dirán tiene más peso en su corazón que las ganas por ser súper meloso con él, se retrae un poco.

—¿Qué pasa? —Ah, maldición. De seguro ahora está haciendo una cara rara.

—Nada...Solo...—carraspea haciendo tiempo para buscar una excusa—. Solo me duelen las caderas un poco.

—¿Te lastimé? Déjame ver.

Ah, Dios, ¿por qué tiene ganas de llorar ahora que lo ve siendo dulce? No se suponía que regresar a Japón y estar de nuevo con él representara algo malo. Entonces ¿por qué le está dando tantas vueltas a una simple cita y al comportamiento de Tobio? Ese tipo de pensamientos no los tenía cuando tenía quince.

¿Qué es lo que le pasa?

—Estoy bien, Tobio.

—¿Enserio?

Que sí.

Enserio que sí.

Solo es él pensando de más, en cosas que no tendría que pensar ahora.

—Sí —responde esperando que el esfuerzo que está haciendo por sonreír, como Tobio siempre ha dicho que le gusta, tenga resultado—. Está bien. Saldré contigo —añade de más para que eso sea suficiente lo cual parece conseguir pues recibe una sonrisa de vuelta junto a un besito en la nariz—. Ahora ¿me dejas ducharme?

—Antes tengo que decirte algo.

—¿Algo?

—Sé que es tarde pero... felicidades —la mano de Shoyo, que viajaba de nuevo a la llave para volver a abrirla, se detiene—. Felicidades por tu debut y por tu primera victoria de muchas más.

¿No se había comprometido a no dejar que ninguna de sus emociones, por esa noche, se apoderaran de él al punto de querer llorar?

¿Qué es esto?

¿Le está devolviendo el favor por haberle dicho que era increíble hace años?

Hinata no sentía que necesitara de esas palabras pues ambos eran tan contrastantes que nunca se sintió como una competencia aunque diera la impresión que sí. Cuando Shoyo decidió partir a un país extranjero no sintió que fuera una ventaja sino una oportunidad.

O quizá no lo quiso ver así.

Quizá dentro de él sí esperaba sentir, tan siquiera un poco, ir a la delantera.

No es que pensara que Kageyama siempre tuvo el camino más fácil por nacer bendecido con tales habilidades monstruosas pero esperaba ese día con ansías.

Esperaba el día en ser capaz de apoderarse de la cancha, de atraer la vista de todos y de demostrarle a él y al mundo entero que también podía llegar al mismo escenario por sus propios medios.

Esperaba el día en el que él también lo elogiara.

—¿Shoyo...? —Tobio vuelve a recibir el chorro de agua salir a presión en cuanto Hinata vuelve a abrir la llave—. ¡Hey! ¡¿Qué ha-...?! —los reclamos mueren cuando sabe que las gotas que se deslizan por las mejillas de Shoyo no son debido al agua de la regadera—. ¿Qué...? ¿Ahora eres tú el que llora? ¿Y ahora qué dije?

—Ah, cállate —Hinata lo golpea en los hombros aunque no con la suficiente fuerza para que aquello pase a ser considerado una agresión real. Lo ha hecho porque no sabe dónde meter la maldita cabeza para no verlo.

Kageyama lo toma de los hombros, lo voltea y lo abraza, hundiendo su nariz en su cuello, embriagándose un poquito del aroma que aún posee antes de que el agua lo desaparezca. Aún al día de hoy, cuando han transcurrido varios años, se sigue sintiendo como si fueran unos chiquillos. Y él específicamente sigue siendo realmente malo al lidiar con eso de dar palabras de aliento.

Shoyo es naturalmente, porque es como el mismo Sol, quien se ocupa de animarlo siempre cuando está en medio de una crisis existencial.

No recuerda –y si las hay no recuerda que hayan sido muchas- las ocasiones en las que fuera al revés. En las que Hinata se desviara de sus objetivos y tuviera tendencias depresivas.

O quizá él ha tomado demasiadas cosas de Shoyo que lo ha drenado.

Quizá ha estado ignorando ponerle la atención que se merece porque siempre pensó que el optimismo y la motivación en Shoyo eran dos fuentes inagotables así mismo como su sonrisa y esa luz cegadora que siempre brotaba de él, incapaz de sentirse entristecido porque él mismo era su propia fuente de coraje.

Ahora que lo sostiene y siente un ligero temblor en sus hombros a razón del llanto que, evidentemente, quiere reprimir con fuerza, se siente como si ahora los papeles se hubiesen invertido.

Ahora él es quien lo sostiene porque no sabe qué hacer.

Y por primera vez siente que está enfrentando algo de lo que tiene cero experiencias.

El consuelo.

—O-Oye...Si dije algo malo puedo...

—Idiota...—lo oye con la voz congestionada mientras el agua sigue golpeándolos. La escena extrae de sus más importantes memorias esa ocasión en la que él se sentía ligeramente perdido aquella vez en su habitación hace mucho tiempo.

Oyendo la tempestad golpeando por la ventana y él sintiéndose poca cosa.

En esa ocasión fue Hinata quien terminó motivándolo. Esa y muchas veces lo hizo.

Pero que lo abrace ahora sin saber qué hacer no es debido a que sienta que le está devolviendo el favor.

Lo hace porque simplemente quiere que se apoye en él.

Y porque de verdad lo ama.

Darse cuenta de esto, apenas ahora, le hace pensar que ha sido un idiota en sentir celos y en pretender tener una conversión con él, si esta situación no se hubiese dado en primer lugar, a cerca de porqué le parecía que coqueteaba con Miya Atsumu en toda su cara.

Sí, definitivamente ahora no puede ni quiere mencionar eso.

—Emm... ¿No tenías prisa por ducharte? —y eso, definitivamente, ha sido lo peor que se le ha ocurrido decir pero Shoyo parece no prestarle demasiada atención pues hasta lo oye reír.

—Ah, eres tan malo en esto de dar consuelo —el comentario, lejos de ofenderlo, le hace ver que en realidad aquello no es una mentira—. Estoy llorando porque te extrañé y sé que tú también me extrañaste. Además de que finalmente pude barrer el piso contigo en la cancha.

—No barriste el piso conmigo —Hinata hace una mueca divertida aunque Kageyama asegura que hay algo de decaimiento en su rostro que no se desvanece del todo—. Puedo admitir la mitad de eso al menos.

—¿Eh?

—Que también te eché muchísimo de menos.

Ah, ahí está.

Esa sonrisa parecida al mismísimo Sol.

Kageyama no sabe qué hacer cada que Shoyo le sonríe así pero al menos se siente aliviado de que vuelva a ser el mismo hasta para pellizcarle el trasero mientras lo empuja rápidamente fuera de la ducha para finalmente hacer todo su proceso de aseo en la mitad de tiempo que había estimado.

Esa silueta que se bosqueja a través del cristal de la regadera la conoce muy bien.

Pero aun cuando Tobio sale de la ducha y lo deja para asearse tranquilamente, está lejos de sentir esa misma tranquilidad.

—Shoyo —lo llama por inercia antes de salir del cuarto del baño, recibiendo una respuesta tardía.

—¿Sí?

Algo...Algo no está bien.

Es como si Shoyo le hubiese dejado entre ver, por primera vez, partes de sí mismo que incluso él desconocía.

—Nada.

Como si ahora los verdaderos miedos, que siempre ha tenido y que siempre han estado ahí, fueran a emerger de él a partir de ahora.

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Continuará.


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Notas: Aquí está~ El inicio de esta segunda parte.

La verdad es que tengo muchas ideas, muchos headcanon que quiero realizar. Hay demasiado material actualmente pero quiero ir de acuerdo a mis corazonadas (?)

Soy bien sentimentalista, enserio, así que es probable que me proyecte con Shoyo más de lo que lo hice con Tobio pero de eso se trata. Meterme en la piel de cada uno y escarbar un poquito. El camino hacia la felicidad frecuentemente no es todo color rosa. Y ahora es el turno de Kageyama de sostener a nuestro cuervito y de superar nuevos obstáculos. Cabe recalcar que este "What if...?" es después del partido que actualmente está en curso, dando como resultado que el equipo de Hinata ganó, lo cual me encantaría que se hiciera realidad jajaja pero ya veremos que nos tiene deparado Furudate.

¡Nos leemos pronto!

Rooss-out