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Si fuese más seguro el suelo, no estaríamos en un bote
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El tiempo a su lado fue tan perfecto que sintió que no estaría mal pensar que su mundo se redujera a las cuatro paredes de su habitación sin tener intenciones de salir.
Todo en brazos de Kageyama fluía como debía ser.
Pero entonces la realidad era más pesada. Cada que atravesaba la puerta del departamento donde se estaba quedando en Brasil un peso más se sumaba a Hinata. Como piedras envueltas en bolsas de tela atadas a sus tobillos para luego ser arrojado al mar.
Shoyo, desde luego, daría una lucha embravecida hacia arriba sin sopesar, en una primera instancia, la posibilidad de hundirse. Daría patadas y brazadas furiosas en contra de las corrientes marinas y, aun cuando se sintiera un poco seguro en la superficie, seguiría nadando en contra de las olas. Eso, claro, si tan solo no existiera un peso muerto queriéndolo tragarlo hasta el fondo del mar.
Uno que, por más que nades, por más que des lucha, por más que saques tu mejor arsenal, no se va a ir a menos que sacrifiques un minuto de oxígeno y te concentres en desatar esas piedras. Pero es arriesgado. Un mal cálculo y vas a terminar sin aire, y tú y tus esperanzas se van a hundir.
También está la otra opción de ignorar el peso y seguir nadando hacia arriba...pero eventualmente el peso te va a sumergir.
Shoyo tiene miedo.
Miedo de sacrificar tan poco para obtener algo grande. Pero es que ese "tan poco" es tan improbable que termine bien con la sensación desesperada que naturalmente cualquier persona sentiría en una situación así.
No es un miedo a lo que no es capaz de hacer, es un miedo a lo que sabe que es capaz de hacer y que sabe traerá consecuencias que no le van a gustar ni un poco.
—¿Qué pasa?
—¿Eh?
—Estás distraído.
Le gustaría que en lugar de quedarse callado, sin saber qué decir, mejor hubiese pensado un poco mejor las cosas ante los acontecimientos de ayer y evitar, aunque fuera un poco, el dejarse llevar.
Cuando Tobio hizo esa pregunta a mitad del sexo Shoyo creyó que lo había subestimado. Que había subestimado su capacidad de percibir ciertas cosas y de leer ciertos gestos delatores. En parte así fue, aquella respuesta se sumó a la serie de respuestas vergonzosas que no le gustaría volver a repetir porque el pene de Kageyama se sentía tan bien dentro suyo que difícilmente hubiese podido responder otra cosa.
Pero la pregunta que hace ahora es distinta.
También es del tipo de pregunta que es lanzada con la intención de obtener una respuesta en específico. Tobio no está esperando que le diga que se distrajo por el sonido de los autos o porque hubiese recordado un buen chiste. Está preguntando porque ya leyó su semblante y porque es evidente que aquí, en China o devuelta en Brasil ese gesto significa que algo le está preocupando.
—Estoy bien —alcanza a responder antes de ofrecerle un poco de la bebida del cine que no se ha terminado. Ese gesto infalible para evadir algo rápidamente—. Es solo que estaba pensando que me gustaría estar en el nacimiento del hijo de Heitor —Hinata asume que Kageyama no es tan tonto y que para este momento ya sabe reconocer a Heitor de entre su grupo enlistados de amigos en Brasil—. Va a ser un niño. ¿Sí te dije?
—Creo que lo mencionaste —Shoyo ríe con el genuino pensamiento acerca de que Tobio sigue siendo tan despistado como antes hasta que de nuevo lo vuelve escuchar hablar—. ¿Por eso estás así?
Ah, maldita sea.
¿Desde cuándo es tan insistente con algo?
—Sí —responde fácilmente—. Seguro será tan bonito y bronceado como Heitor y tendrá ojos enormes como Nice y...—Y el auto sabotaje de pronto ya no le sienta nada bien. Ha sido algo inconsciente pero en lugar de concentrarse en las cosas buenas y en esa forma tan extraña de la naturaleza de procear vida, se concentra en la imagen universal de lo que es una familia.
Una familia normal.
Un padre.
Una madre.
Uno o dos hijos.
Y un perro.
Las manos se le entumen de pronto y ésta vez no puede poner de excusa algo tonto. Tobio está a su lado, y aunque sigue siendo algo bruto y lento para darse cuenta de lo que sucede a su alrededor, con Shoyo no es así. Y para cuando lanza, de nuevo, otra pregunta, Shoyo quiere dar arcadas para devolver el hot-dog y las palomitas que acaba de tragar.
—¡Shoyo!
Las sonrisas radiantes de Heitor y Nice se instalan en su mente el día de su boda.
Tan increíbles personas.
Tan amables.
Tan...normales.
Y, sin embargo, sus felicitaciones para ellos fueron lo más sinceras posibles.
Les deseaba infinita felicidad. Les deseaba que envejecieran juntos y tuvieran muchos nietos y muchos perritos o gatitos. En algún punto él deseó eso para sí mismo también. Al menos la parte de las mascotas.
Pero sí que también deseaba poder envejecer con alguien a su lado pero en las incontables veces que pensó en eso nunca pensó en una mujer. Cuando tuvo la capacidad de darse cuenta de que las cosas con Tobio serían más serias y complicadas, el primer ataque de pánico vino a él en una noche acalorada en su primer verano en Brasil.
Shoyo recuerda esa noche.
Y recuerda como, al siguiente día, Pedro tuvo que marcar a Lucio para avisar que estaba ardiendo en fiebre.
Así, sudoroso y febril, Shoyo sostuvo la mano de Pedro y le confesó su más poderoso secreto.
—¿Me vas a decir que no te gusta la Lambada? —Shoyo rió débil aquella vez y luego se echó a llorar no sin antes decir: Me gusta un chico.
Shoyo lloró esa noche y la siguiente.
Lloró tanto que Pedro creyó que no era solo la fiebre lo que lo tenía así sino al revés. Era porque estaba completamente desecho al darse cuenta de algo que debió pensar hace muchos años que terminó enfermó.
Y al tercer día rompió con Kageyama. Por primera vez.
Ese fue el primer instante en el que el miedo superó al amor.
Algo así como cuando sintió frustración durante el Campamento de los de primer año de diversas escuelas impartido por el entrenador Washijou. Esa angustia de no saber qué hacer ni reconocer en donde demonios estaba parado. Algo tan básico como recibir y sacar, algo que debió aprender desde antes de intentar siquiera volar, le había causado demasiados problemas en ese entonces.
Lo mismo sucedía ahora. O algo así.
Antes de pensar en salir con Tobio, antes de aceptar que le quería de una manera distinta a como se quiere a los amigos o a la familia, antes de todo eso debió pensar mejor las cosas. Debió mirar a su alrededor. De haberlo hecho se hubiese percatado de que el mundo es un poco injusto, y que una relación de dos chicos nunca sería bien vista. Y de todo lo que repercutiría si continuaban con eso.
Tobio no se detendría, desde luego.
Él seguiría creciendo y creciendo porque su naturaleza es la de superar cualquier obstáculo sin concentrarse en nada más.
Un bruto como él no encontraría nada de malo en que ambos continuasen saliendo.
Y cuando Shoyo le mandó aquél mensaje, porque no tuvo las agallas de marcarle, diciéndole que terminaban, se sintió un maldito. No es que Kageyama fuera un bruto. Es que seguía siendo tan inocente como para ver la malicia del mundo.
Como para ver malicia en el sabor de quererse.
Y Shoyo, solo un poco mayor que él, se sentía un poco más delante de él en ciertos aspectos de la vida. Ese viaje no solo le estaba abriendo las puertas en cuanto el Vóley sino también le estaba cerrando otras.
—¿En serio Oikawa-san está en Brasil? —la curiosidad de Yamaguchi salta antes que la de Hitoka apenas Shoyo se une a la video llamada luciendo un poco más alegre que en días pasados. Unos cinco días más han pasado y no ha sabido nada de Kageyama. En un principio le dolió el pensar el poco interés recibido de su parte. Es decir, ni siquiera respondió su maldito mensaje pero Shoyo creyó que necesitaría tiempo para asimilarlo. Y él también necesitaba darse un respiro.
—Sí, nos encontramos hace unos días —responde forzando una sonrisa mientras se termina de secar el cabello luego de la ducha que acaba de darse.
—Vimos su foto en Instagram —declara Yachi apartando sus ojos de su teléfono para luego mostrarlo frente a la webcam como para rectificar aún más ese hecho. Shoyo tuerce una mueca que más bien parece de incomodidad por algo que pasa fugazmente por su cabeza. Algo que se reserva antes de seguir escuchando a su amiga—. Todo mundo está hablando de eso.
—¡Ya tiene muchos likes! —añade Yamaguchi, emocionado—. Ahí va otro —dice dando dos toquecitos a la foto, liberando un corazón fugaz provocando las risas de Yachi y un poco las de Shoyo, avergonzado.
—No creo que sea para tanto...
—Oye, Hinata ¿Qué dice Kageyama de todo esto? —la vergüenza y la risa nerviosa se desvanecen cuando la inesperada pregunta de Yachi hace que hasta Tadashi guarde silencio.
Desde luego son amigos pero Shoyo no ha sido capaz de decirle a nadie, salvo a Pedro y eso porque esa noche estaba demasiado mareado y con la mente aturdida como para darse cuenta de lo que había hecho, sobre su ruptura con Kageyama.
Que más que una ruptura había sido una reacción impulsiva debido a todo en lo que Shoyo estaba pensando esa noche.
Algo de lo que se arrepiente un poquito pero de lo que también es consciente de lo que seguramente iba a terminar ocurriendo en un futuro.
No por Tobio sino por él.
Lo cual lo hace sentirse más miserable que antes.
—¿Decir? —Apartándose un poco de la cámara va y coge su termo de la mesita que tiene a un lado de la cama y vuelve—. ¿Qué tendría que decir él de la foto?
—Son novios ¿no? —a Shoyo ese último trago le sabe amargo una vez que pasa a través de su garganta—. Digo, no es que recuerde que Kageyama fuese una persona celosa es solo que pensé que...
—Oh, ahora que mencionan a Kageyama ¿Supieron lo que hizo?
Dios.
¿Pero qué carajos?
¡¿Desde cuándo Tobio es así de impulsivo?!
Que sí, lo es en otras cosas y no es como que le extrañara que tomara decisiones influenciadas por el calor del momento después de todo Shoyo también las tomaba, es decir ¡ahí estaba terminando con él por mensaje! ¡Ni siquiera por llamada!
Pero ese no era el punto ahora. Shoyo quedó demasiado intranquilo luego de la respuesta de Tadashi a su bombardeo de preguntas histérico a cerca de: ¿Y ahora qué hizo Tobio?
Dios, un día de esto va a matarlo. Va a hacer que se le reviente el hígado.
¡Justo como lo está haciendo ahora llenándose de estrés porque Tobio no le contesta ninguna de sus llamadas!
—¡Me desvío! —grita histérico viendo como Pedro lo mira con cara de no entender que carajos pasa. Apenas hace unos días Shoyo estaba con el rostro cubierto de lágrimas largas y gordas y ahora está de vuelta con esa cara de querer matar a la persona que le está desviando todas las llamadas—. ¡Me desvío a mí! ¡¿Qué no sabe quién soy?! ¡Soy su jodido ex!
—¿Y...eso es bueno? —Pedro se gana un grito exasperado de parte del más bajito, aturdiéndolo también a él—. Quizá solo está enfadado contigo, Shoyo. No es muy bonito que tu novio te termine por mensaje y...
—¿Enfadado? ¡No, qué va! ¡Enfadado estoy yo con él por ser tan idiota!
"—¿Supiste lo de Kageyama?
—¿Qué cosa...?
—Sus compañeros encontraron una notita tendida en su cama diciendo que se iba a Brasil por unos días"
¡Jodido idiota!
Y jodido idiota también él que con apenas la primera vibración de su teléfono ya está redactando una respuesta al jodido mensaje que Kageyama, luego de casi semana y media de ignorarlo, le ha enviado siendo tan preciso y seco como lo es siempre.
Sí, Shoyo es igualito a él.
Y por eso es que cuando el timbre del departamento suena y Pedro es quien sale a recibir, pues Shoyo está teniendo una crisis en el baño sobre qué hacer ahora, este sale disparado hacia el ambiente de tres piezas y lo ve a él, tan serio y menso como siempre se ve en territorio desconocido.
Shoyo, incluso, hizo una lista mental durante su paso por el aseo, incluso la enumeró de acuerdo al nivel de intensidad de las reacciones e insulto que estaba a dispuesto a darle una vez que lo tuviera frente a él.
Pero apenas lo ve, con esa gorra con la leyenda Hollywood impresa, esa camiseta blanca sin gracia y esos bermudas azules, sosteniendo con una mano su maleta, toda pretensión sobre sí mismo a cerca de llenarlo de insultos y golpes sobre su irresponsabilidad se esfuma igual que cada una de las cosas que le dijo por mensaje y así mismo como los miedos que noche con noche lo han abrumado tras su ruptura. O incluso desde mucho antes.
A Shoyo no le importa si Pedro no se aparta a tiempo y se lo lleva a arrastro en su carrera antes de tomar impulso y lanzarse a brazos de Tobio.
No le importa si los mal ve.
No le importa absolutamente nada.
Solo se aferra a él sintiéndose cálido y completo cuando Tobio, con un poco de dificultad, lo sostiene con la misma intensidad que él.
—E-Estás pesado...—Hinata no responde, solo se aferra más a él, llegando al extremo de subir sus piernas y rodear su cintura con ellas como si fuese un koala.
Que sí, está un poco más bronceado y su musculatura se ha modificado un poquito por lo que cree que le debe estar costando algo a Tobio sostenerlo pero no le importa. No le importa si Tobio es un debilucho y terminan cayendo sobre el piso del recibido –en el cual siguen- y al armador le termina doliendo la cadera.
Él tiene la culpa.
Él tiene la culpa en primer lugar por derrumbar cada una de las murallas que ilusamente Shoyo quiere construir alrededor suyo para que él no lo alcance.
Él tiene la culpa por haber viajado hasta Brasil solo para verlo porque seguramente le ha sentado horriblemente mal ver la fotografía de Shoyo y Oikawa sonriendo días después de que fuera el mismo Hinata quien terminara con él por medio de un absurdo mensaje.
—¿Por qué estás aquí...? —pregunta Shoyo, quedito, abrazándose más intenso a su cuello.
—Porque mi novio le anda sonriendo a otros que no son yo.
—Exnovio —Kageyama suelta un suspiro que refleja sus pocos ánimos de discutir pero aun así no lo suelta, solo le da caricias en la espalda y a los desnudos brazos que se asoman por la playera azul.
—¿Me vas a dejar pasar o...? —solo hasta que Tobio suelta la pregunta es que Hinata le da paso a la vergüenza y a los nervios. Como puede baja las piernas y se suelta de a poco de él, volteando a mirar a Pedro quien luce un poco incómodo.
Una punzada automática se le instala a Shoyo detrás de la nuca. No es rechazo ni mucho menos pero Shoyo poco o nada sabe distinguir eso. Solo siente que ha cometido un error al asumir que lo que para él es algo normal –como lo es abrazar a Tobio cada que puede- para los demás también es así.
—A-ah, Pedro...Él es...
—Kageyama Tobio. Soy el novio de Shoyo —distinto al escenario desastroso que espera, Kageyama se planta firme delante de su amigo brasileño e incluso le extiende la mano. Gesto que abruma un poco a Pedro en un principio pero que al final acepta cordialmente.
—Sé quién eres. Shoyo no deja de hablar de ti ni cuando estamos cenando —dice Pedro amainando el ambiente con una sonrisa, sonrisa que comparte débilmente Kageyama.
Y, de los tres, Shoyo es quien ahora se siente desconectado de esa realidad. Realidad que hubiese esperado sería otra. Una donde él terminase llorando y echando a Tobio, o donde estuviese suplicándole a Pedro que no dijese nada a nadie.
Pero no, ahí está, casi una hora después Pedro teniendo una conversación de lo más fluida y hasta amena con Kageyama.
Incluso a él le sorprende la manera en la que Tobio no parece incómodo con las preguntas de su amigo. Es más, parece que hasta se agradan.
—No sabía que también jugaras Vóley —Tobio le lanza una miradita discreta a Hinata quien finge estar concentrado en su asado—. Ni tampoco que hubiesen ido a la misma preparatoria.
—Juego vóley de sala; y sí, fuimos compañeros durante los últimos tres años.
—Y novios —Shoyo se estremece por lo directo que es Pedro pero Kageyama lo toma de lo más normal.
—Sí, también eso.
Luego de la cena Shoyo no sabe en qué pared enterrar la cabeza. Hace unas horas estaba realmente feliz de verlo nuevamente que ni siquiera le había importado la posibilidad de que Tobio rechazara su abrazo pero ahora, mientras escucha como abre su maleta y saca algunas cosas y prendas, no sabe si entrar a la habitación o no.
No es la primera vez que van a dormir juntos. Lo han hecho infinidad de veces pero sí es la primera vez que lo van a hacer fuera de casa sin olvidar el detalle de que, oficialmente, son ex ahora. O al menos en la cabecita de Hinata lo son.
—¿Te vas a quedar todo el rato ahí parado?
—¿Por qué no reservaste en un hotel? —Shoyo lanza la pregunta y se siente pequeño e idiota de pronto. Como si volviese a la secundaria.
—Por la misma razón que me diste la dirección de tu departamento cuando te mandé ese mensaje —Shoyo aprieta con fuerza, sobre su cuerpo, la toalla que estaba por ofrecerle a Tobio para que tomase un baño. Sí, bueno, él también tiene parte de culpa en eso pero es que sus dedos se movieron por sí solos cuando el teléfono vibró. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho el mensaje ya había sido recibido. Solo restó esperar a que Tobio diera correctamente con la dirección—. Aunque no pensé, ni por un momento, la posibilidad de ir a un hotel —cuando Hinata alza los ojos Kageyama ya está en frente de él, cerrando la puerta de la habitación de Shoyo, y apoyando su mano en la superficie de esta, llenándolo con su olor.
Shoyo entrecierra los ojos un poco, sintiéndose embriagado de pronto por este.
—¿Por qué...?
—Porque esperaba dormir contigo y abrazarte toda la noche.
Luego de eso no recuerda bien quien fue el primero en besar al otro.
Quien fue el primero en comenzar a quitarse las prendas.
O quien de los dos fue el más nervioso o tembloroso durante la noche.
Después de todo nunca habían llegado más allá de los roces y las caricias. Después de todo esa sería su primera vez.
—¿E-Estás seguro que así se hace? —Shoyo recuerda el sonrojado y sudoroso rostro de Kageyama sobre el suyo. Recuerda cada uno de los gestos que hizo y de cómo todo su cuerpo tembló al mismo tiempo que el de él cuando se abrió paso, por primera vez, en su interior.
Recuerda lo mucho que dolió.
Recuerda lo mucho que el armador le besó las mejillas y se bebió hasta la última de sus lágrimas como si de esa forma toda la tristeza y ansiedad de días pasados pudiese desaparecer de él.
Qué importaba si las tragaba él y ahora fuese Tobio quien cargara con todas esas emociones. Daba igual siempre y cuando Shoyo dejase de atormentarse por ello. Por cosas que el propio Kageyama aún desconocía.
Esa primera vez fue horrorosa. Y dolió montones. Pero fue tan especial y tan torpe como debió ser.
Tan ellos desde el momento en el que placer se vertió por todo su cuerpo y también la alegría.
—Voltéate —Shoyo obedece y Kageyama no deja de besarlo incluso en la espalda. En cada peca que Shoyo desconoce que tiene pero que Tobio se está grabando en lo más profundo de su memoria—. Tsk, maldición —Shoyo guía la mirada hacia adelante, ahí donde el brazo de Kageyama se extiende hasta alcanzar la pantalla de su teléfono, picándola insistentemente para que la señal vuelva y el video se reanude, y solo hasta que se da cuenta de lo tontos que son es que suelta una risa cantarina que rebota en cada una de las paredes de su habitación.
Sí, definitivamente es una desastrosa primera vez como para estar siguiendo –o pretendiendo seguir- un video guía de Kamasutra en el teléfono de Kageyama.
Ríe tan fuerte que Kageyama lo voltea y se graba como su pecho sube y baja y como sus dos soles brillan con mucha intensidad. Como dos meteoritos ardiendo, a punto de traspasar la atmósfera y precipitarse en la tierra, haciéndola temblar.
A él lo hace temblar.
Sus ojos y esa risa que en lugar de disminuir, aumenta. Riendo con ganas como si ignorara lo que están haciendo.
Ignorando que tiene menos de la mitad del miembro de Tobio dentro.
Ignorando el dolor.
Ignorando las dudas y miedos.
Ignorando que están del otro lado del mundo oyendo las olas del mar a lo lejos y el canto cómplice y romántico de la brisa que se cuela a través de la ventana.
Kageyama no lo resiste más y se inclina para besarlo, terminando de meter todo su miembro de golpe.
Lo besa tanto que la saliva pronto escurre de sus bocas y los gemidos se escuchan un poco más alto. Un beso tan hambriento pero con la misma sensación de sentirse devoto y tierno. Con el cuidado y la paciencia que debe ser.
Mismas emociones que los acompañan cuando terminan exhaustos y Shoyo se pregunta si han sido demasiado escandalosos como para que Pedro los haya escuchado.
—Se ve que es buena persona —dice Tobio refiriéndose al brasileño, liberando la cintura de Shoyo solo para tomar su mano y entrelazar sus dedos, llevándola a sus labios para besarla—. No se ve que te quiera saltar encima a cada rato —Hinata suelta una risita arrimándose más a él, sintiendo el bulto de Kageyama debajo de las sábanas.
—¿Por eso viniste? ¿Por la fotografía que subí con el Gran Rey? —Hinata recibe como respuesta un fuerte abrazo que hace que sus pieles de nuevo vuelvan a presionarse, logrando que se le escape un gemido delicioso—. Tobio...
—Vine porque mi novio rompió conmigo por un jodido mensaje de texto y sí, también por lo de Oikawa-san —ante la declaración, Shoyo pierde un poco de la luz radiante que lo caracteriza y Kageyama vuelve a sentir un tirón en el pecho aunque en menor magnitud al que sintió cuando leyó el mensaje de Hinata terminándolo hace unos días—. Vine a que me expliques, cara a cara, lo que pasa.
Ahora es Kageyama quien no recuerda bien lo que siguió a esa conversación.
Quizá porque ahora, volviendo al presente, está más preocupado por el desmayo de Hinata durante su salida al cine.
—¿Qué le pasó a tu cabello?
—Me lo corté, ¿te gusta?
Ese pensamiento llega sin razón y sin contexto a él como una memoria aleatoria pero igual sumamente importante. Aunque todas sus memorias con Shoyo lo son.
Quizá el hecho de que le esté acariciando el cabello justo ahora, mientras lo mira entre inconsciente y dormido tendido en su cama, ha hecho que su memoria lo asocie con esa vez. Esa vez, semanas antes de romper y de su visita a Brasil, cuando Shoyo le mostró su nuevo corte de cabello a través de una video llamada.
Claro que en aquél entonces Hinata lucía radiante y bronceado. Y se veía tan sonriente y saludable como siempre.
No como ahora.
Que está incluso hasta pálido considerando que su tono de piel es ya, de por sí, un poco más oscura que la de él o la de cualquier otro japonés promedio.
—¿T-Tobio...? —cuando Hinata vuelve en sí, Kageyama también lo hace, acercándose un poco para colocar su mano en su frente y sus mejillas, comprobando que la fiebre no le haya vuelto—. ¿D-donde...?
—En mi departamento —Shoyo termina de abrir bien los ojos solo para enfocar mejor las cosas delineadas por las luces artificiales de la habitación de Tobio, instalando la mirada en la ventana al final percatándose que ya es de noche.
—No...Es muy tarde —como puede se sienta aunque lo hace tan rápido que la cabeza le duele y se siente mareado—. No debiste traerme aquí. Sabes que debo ir hasta Tokio mañana y...
—¿No debí? —Kageyama coloca una mano sobre sus piernas como si esta fuese suficiente barrera para evitar que se termine de levantar apropiadamente—. Te desmayaste, Shoyo. Casi te tuve que arrastrar por el elevador —Hinata traga grueso pero pasa de su exagerado relato apartando su mano para, ahora sí, sentarse al borde de la cama—. ¿Por qué no me dijiste que te sentías enfermo?
—¿Y mi ropa? —evadiendo una vez más Kageyama solo suelta una cantidad grande de aire a modo de molestia.
—Vomitada —el nuevo rematador de los BJ parece recordar un poco de lo sucedido y de mucho antes de que eso sucediera. Lo que causó, primeramente, que se pusiera así—. La puse en la lavadora pero no estará seca hasta mañana así que...
—¿Puedes enviármela luego? —cuando Hinata se pone de pie, seguro que de no va a marearse, le toma un par de segundos a Kageyama reaccionar dándole alcance ya en la sala. La visita de hoy ha sido demasiado express como para que Hinata haya traigo algo más que una pequeña mochila pero aun así a Tobio le sorprende la rapidez con la que se ha levantado y ya ha atravesado medio departamento—. ¿Me prestas un abrigo? —la mano de Shoyo es atrapada apenas se voltea hacia él. Sus pantalones, gracias a Dios, están intactos. Lo único que corrió con una suerte desastrosa fue su sudadera y su camisa pues ahora tiene una de Tobio la cual es demasiado grande para él y lo demasiado ligera como para salir con ella al exterior siendo tan de noche y no resentir el frío—. ¿Qué...?
—Quédate —no es una sugerencia aunque tampoco es una orden como tal, y en ningún momento Kageyama sintió que Shoyo se negaría pero, desde luego, algo está diferente en él desde que regresó de Brasil.
Algo como para que él rompa el agarre de su mano y mire hacia otro lado.
—Sabes que no puedo. Debo estar en Tokio mañana. Tengo partido.
—Y sabes que en tren son como dos horas —Shoyo se estremece por la cercanía y por la insistencia—. ¿Has estado comiendo bien? En el último partido te veías muy saludable pero...— pero de eso ya han pasado unas cuatro semanas aproximadamente y Shoyo sigue dándose sus escapadas desde Osaka hasta Sendai –o desde sea que se encuentren los BJ durante sus entrenamientos o donde sean sus partidos- solo para verlo. Es algo así como le gusta ser masoquista—. ¿Por qué no me estás mirando a los ojos? —ante la acusación, Hinata eleva los ojos aunque casi con discreción. Maldición, está siendo demasiado obvio y Tobio demasiado histérico e insistente—. Dices que tienes un partido pero ¿vas a jugar así? —Hinata tuerce una sonrisa irónica.
—Solo fue algo que me sentó mal. Y la fiebre ya ni se siente así que...
La inoportuna llamada de quien-sea rompe, aunque fuera mínimamente, la discusión. Shoyo se disculpa un momento para atender la llamada no sin antes mostrarse ligeramente inquieto por ver el nombre del contacto.
Nombre que no se le revela a Tobio hasta que la llamada termina y él deja de buscar en qué ocupar su atención mientras va y viene en el interior de la cocina.
—¿Terminaste? —Shoyo solo asiente pero ahora luce mucho más sombrío que hace unos minutos. Kageyama decide no concentrarse en eso y simplemente lo hace en hablar. No quiere dejarlo ir así—. Escucha, estaba pensando ¿Por qué no mejor te quedas a dormir y mañana temprano yo mismo te llevo a la estación? Tu partido es hasta la tarde seguramente y...
—Era Miya-san —a Kageyama, ese nombre, le detiene de seguir hablando—. Él va a llevarme de regreso. Después de todo vamos al mismo sitio.
Miya.
Miya.
Kageyama no sabe en qué concentrarse ahora.
Si en la cuestión de que Miya va a llevarlo a Tokio, de que está ahí en Sendai haciendo quien sabe qué, o de que haya llamado a Shoyo a esa hora de la noche como si fuera algo cotidiano entre los dos. Siente las manos calientes de pronto así que no sabe cómo es que logra contenerse y no iniciar una verdadera discusión.
Una que solo asumiría él como una y en la que se basaría solo en sus celos.
No.
Shoyo no está haciendo nada malo.
Pero Miya es otro cuento.
—No sabía que él estuviera en Sendai —abre la duda mirándolo, inconscientemente, un poco más serio que de costumbre. No sabe si Hinata percibe algo a través de sus ojos o de su tono de voz pero no está pensando en eso ahora. Su mente está llena de Miya Atsumu.
—Vino a ver a unos amigos —responde Shoyo como por compromiso y también, desde luego, porque sí que se ha percatado del cambio de ánimo, de voz, de todo en Tobio—. Estaba de paso y recordó que vine a verte así que...
—¿Él sabe de lo nuestro?
Lo nuestro, dice.
Pasan unos segundos, que casi completan el minuto, antes de que Hinata pueda responder.
—No —Kageyama busca algún ápice de mentira en su voz o en sus ojos, pero estos más que transmitirse nerviosismo le transmiten ansiedad y un par de emociones negativas que no logra identificar con el poco tiempo que Shoyo le proporciona antes de volver a hablar—. Y espero que sea lo mismo de tu lado —¿Tobio se lo ha imaginado o eso último ha sonado casi como una amenaza? Reaccionando instintivamente frunce el ceño.
—¿De qué hablas?
—De que espero que no se te vaya a salir que tú y yo estamos saliendo.
—¿Y eso qué tendría de malo?
Hinata no responde pero lejos a la que el propio Hinata tendría tras la respuesta de Kageyama, algo así como miedo, lo único que reflejan sus ojos es dureza. Una cruda aceptación o una cruda realidad de lo que pasaría si Kageyama, un día, decidiera abrir la boca. Una realidad que Hinata ha estado sopesando durante mucho tiempo en secreto.
No algo así como una ruptura por medio de un mensaje de texto.
Ya no es un niño.
Las decisiones que tome ahora, y en el futuro, van a ser tomadas rígidamente. Incluso si eso le destruye el corazón.
El teléfono de Hinata suena de nuevo pero esta vez es solo un mensaje.
—Miya-san está abajo. Ya me voy —pero aún si está dispuesto a irse así nada más, como si pareciera que se va dramáticamente de su vida para no volver, Kageyama lo detiene tomándolo de la mano con una suavidad que asusta tanto o más de lo que le estremece a Hinata sentir ese débil agarre como si estuviese listo para suplicar algo.
A Hinata se le va el aliento cuando sus soles chocan con las lunas de Tobio y, de nuevo, esa sensación de sentirse miserable se le instala en el pecho.
¿Por qué?
¿Por qué le mira así?
Con infinito amor pero también con infinito miedo y preocupación.
Se supone que de los dos es Shoyo quien está soportando ese increíble peso en todo su lado de la balanza.
¿Por qué ahora Tobio luce como si ya se hubiese dado cuenta de algo?
Preferiría que fuera diferente.
Que en lugar de ojos amorosos y tristes le estuviese montando una escena de celos o le estuviese gritando. Pero no es así. Kageyama ya no es el mismo chiquillo impulsivo de hace cuatro años. Y aunque su esencia sigue siendo la misma, desde un principio, desde el primer día en que comenzaron a salir prometió dar la paciencia que el amor exige, así como Shoyo la dio tanto tiempo cuando él estuvo abajo o incluso de rodillas ante la vida.
El teléfono vuelve a sonar pero ésta vez sí es una llamada. Una llamada que ocasiona que Kageyama apriete, solo un poquito más, la muñeca de Shoyo.
Es Miya. Miya insistiendo.
—Tobio...
—Solo...Solo llámame cuando hayas llegado ¿sí? No importa que tan tarde sea, solo...
Kageyama no mide el peso de sus palabras pero Hinata sí. Eso y el peso de la culpa que lo está carcomiendo en vida. Por eso lo único que hace es terminar esa distancia entre los dos y corre a besarlo atrapando sus mejillas con sus manos, fundiéndose en él, sintiéndose en las nubes cuando Tobio le responde al abrazarlo con fuerza, elevándolo tantito del piso.
Pero dura tan poco.
Y la sensación hormiguea en los labios de ambos cuando se separan, se rozan las narices, se embriagan de sus alientos hasta que Shoyo lo suelta y atraviesa esa puerta.
Kageyama se conduce por todo el departamento y no hay lugar que no huela a él. A Hinata.
Después de todo durante toda la mañana, antes de salir, estuvieron ahí. Dándole rienda suelta a ese amor que tanto se tienen. Mientras más lo piensa, Kageyama siente que la sensación que tienen cuando están juntos es temporal o de fantasía pues son inmensamente felices a puertas cerradas pero cuando Shoyo tiene que irse...algo cambia.
"—De que espero que no se te vaya a salir que tú y yo estamos saliendo."
Él respondió que: ¿qué tendría de malo?
¿Es eso lo que le había molestado?
La sensación de sentir que algo está mal no lo abandona ni un segundo y mucho menos sabiendo que Shoyo y Miya están ahora solos dentro de un espacio tan reducido como lo es el auto del armador de los BJ.
No.
Está sugestionándose.
Lo del partido solo fue obra de Miya, seguramente, para desconcentrarlo.
No tendría por qué juzgarlo en primer lugar...pero aunque lo intente no puede. Nunca ha sido una persona que se deja guiar por los presentimientos que siente pero lo que ahora está sintiendo es insoportable. Tanto así que cuando han pasado alrededor de veinte minutos desde que Shoyo dejó su hogar, se siente angustiado. Como si hubiese sido un error el dejarlo ir así nada más.
—¿Shoyo? —cuando su nombre de contacto aparece en la pantalla de su teléfono, la ansiedad de Tobio incrementa. Apenas da el primer timbre y ya está desbloqueándolo para contestar rápidamente—. ¿Shoyo? ¿Qué pasa? ¿Estás con...?
—Se duerme fácilmente ¿no es así? —todo en Kageyama se enfría solo para dar paso a una poderosa oleada de calor en cuanto reconoce la voz de Miya del otro lado—. Ya estamos en la autopista pero tan pronto tocó el asiento del auto cayó rendido —Miya hace una pausa y Kageyama sabe que va a seguir con ese tonito irritante—. ¿Qué hiciste para dejar tan exhausto a mi rematador, Tobio-kun?
—¿Por qué contestaste su teléfono? —Kageyama se traga toda esa ira que siente aun cuando escucha la risita cantarina de Miya del otro lado.
—Ah, Shoyo-kun me dio su contraseña hace tiempo. Y tenemos conectado su teléfono para escuchar música. Ya sabes, Shoyo-kun es muy...
—Para ya con eso, Miya-san —ese tono cordial bañado en molestia sorprende a Miya pero no por eso hace que sus intenciones sean menos puntuales que antes.
—¿Que pare con qué?
—El restregarme lo cercano que eres a él —expresa, y aunque segundos después se arrepiente de ser tan idiota como para dejarse llevar por sus celos, ya está hecho.
Lo único que recibe del otro lado es el sonido del silencio, de los autos que seguramente pasan en la vía contraria a la de ellos y, por supuesto, esa risita irritante de Atsumu.
—¿Restregarte? ¿Pero qué clase de idea te has hecho de mí ahora, Tobio-kun? —Kageyama aprieta con más fuerza las manos, volviéndolas puños, asimilando que aunque Miya no lo puede ver está seguro que debe imaginarse los gestos y la reacción que está teniendo el armador de los Adlers en estos momentos.
—Me di cuenta durante el partido.
—¿El partido que fue hace como un mes? Wow —Miya ríe pero a él no le causa ni puta gracia.
—No viniste a ver a nadie a Sendai, ¿no es así? —Solo alguien tan ingenuo como Shoyo habría podido creerle algo así porque, desde luego, él no lo ve con los ojos con los que Tobio sí lo hace— .Viniste a llevarlo contigo de regreso —el silencio de Miya le da la respuesta pues es obvio que por muy descarado que sea, cuando es serio no añade chistes ni comentarios aleatorios.
—Deberías darme un poco de crédito, ¿sabes? Cada que Shoyo está conmigo detener su llanto es fácil. Sé consolar a las personas cuando lo nece...
—¡No necesita que lo consueles! —para este momento a Kageyama no le importa si despierta a vecinos o si la maldita llamada está en un volumen lo suficientemente alto como para sobresaltar a Shoyo—. ¡Yo estoy para eso!
—¿Enserio? Porque lo primero que hizo fue echarse a llorar tan pronto se subió al auto.
Llorar, dice.
Llorar luego de que se besaron como si no quisieran soltarse. Como si Shoyo no quisiese atravesar esa puerta y solo deseara, muy profundamente, quedarse ahí. En su pequeño mundo donde no existe nada ni nadie quien los juzgue.
Kageyama nunca fue fanático de los videojuegos ni de los cómics pero justo ahora como desea tener una súper habilidad para poder transportarse ahí y romperle la nariz a Miya. Poder ser él quien le aclare, cara a cara, un par de cosas y luego sostener a Shoyo, su bello durmiente, y rescatarlo.
Pero siempre lo supo.
Kageyama siempre supo que en el mundo de los adultos las cosas tendrían a complicarse más.
Este ya no es el adecuado e ideal mundo de los sueños.
—Pásamelo —su garganta raspa y sus ojos arden pero aun así sabe que nada puede hacer. No es como que pueda salir corriendo a estas horas de la noche y alcanzar a Miya Atsumu por la autopista. Aunque ganas no le faltan.
—Te dije que está durmiendo —Kageyama aprieta con más odio su propio teléfono.
—Entonces deja su maldito teléfono en paz y llévalo a casa sano y salvo —el sonido de un tráiler se cuela por el auricular y aunque supone que Miya ha guardado silencio por eso, también está la posibilidad de estar pensando qué responder—. Te lo advierto, Miya-san, si le haces algo a Shoyo voy a...
—Sigo siendo tu senpai, Tobio-kun. No necesitas amenazarme. Además, si Shoyo-kun quiere seguir siendo mi amigo y recurrir a mí para desahogarse yo no puedo...
—Y yo soy la pareja de Shoyo. Así que deja de acercarte a él —esta vez Miya no se contiene ni por más autos ruidosos que pasen a lado del suyo.
—Me sorprende lo iluso que eres, Tobio —dice sin añadir el sufijo, como si hablara realmente desde la profundidad de su ser—. ¿Te crees que soy la única persona detrás de él?
—¿De qué hablas?
—Hablo de ese senpai tuyo. El "Gran Rey" ¿Así le dice Shoyo, no? ¿Por qué no le preguntas a él qué pasó cuando estuvo en Brasil?
.
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Continuará.
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Notas: Así como los primeros de Honne estuvieron inspirados en algunas piezas musicales, esta segunda parte está inspirada en una canción en específica pero revelaré su nombre casi final de la historia.
Y pues creo que es todo.
Gracias por votar y comentar Honne. Por seguir apoyando tanto la historia. Me alegra muchísimo leer que les parece.
Bueno aDIOOOOSSSSS!
Rooss-out.
