Recomendación musical: I love you de Billie Eilish


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Ojalá no hubiéramos aprendido a volar

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Cuando conoció a Sakusa Kiyoomi le pareció un tipo de lo más ordinario.

Un chico no tan fibroso como lo era Ushijima pero sí con la complexión atlética de alguien que es entregado a sus entrenamientos como cualquier otro jugador de vóley de su edad. Lo que hacía que saltara a la vista –además de esa mascarilla de tela que casi siempre portaba- era su apariencia.

Negro por aquí, negro por allá.

Ah, y ese temperamento tan horrible.

A Kageyama nunca le interesó el aspecto de la gente sin embargo a simple vista se notaba que era el tipo de persona que te recibiría en el recibidor de su casa y te tendría ahí una hora -si eso fuese lo que durara la conversación contigo- solo por no hacerte pasar a la sala sabiendo la alta posibilidad de que le quites tiempo y ganas de asimilarte.

Además que desde que él estaba con Shoyo, Kageyama parecía haber desarrollado esa habilidad natural de percibir cuando a una persona no le agradas.

Con Sakusa no era el caso pero podías sentir su apatía y sus perras ganas de meterte a una tina si es que estabas sucio y asqueroso antes de acercártele.

No era como Ushijima que parecía estar en un plano eternamente desorientado y desconectado con la vida salvo las veces en que se le ve encendido en la cancha. Sakusa siempre estaba alerta a cualquier indicio de desgaste innecesario que cualquier actividad igual de innecesaria pudiera presentar pero que ese sea un mal hábito no significa que no sea alguien ridículamente meticuloso y entregado con las cosas.

En conclusión no se veía como el tipo de persona con la que alguien tan resplandeciente como Shoyo entablara una conversación y creara una amistad.

Por eso verlo llegar no solo con Miya sino también con él en el mismo auto, que supone es del armador de los BJ, le sorprende un poco. Su semblante sigue siendo el de alguien sólido a cortarte en pedacitos si vas, te le acercas y respiras su aire. Es un tipo de intimidación diferente al mastodonte que es Ushijima pero a Tobio desde siempre pocas cosas le han intimidado.

Una de ellas, que sí lo hace, es Shoyo. Shoyo en grandes rasgos generales.

Shoyo y sus ojos de halcón.

Shoyo y sus ojos como el fuego.

Que sí, el cuervo siempre irá en sus corazones pero la mirada de Shoyo, cuando ardía en determinación, y en ocasiones también en ira, era espeluznante. Kageyama muchas veces se sintió atrapado por ella y por la capacidad tan magnética para hacer mirarlo. No era su estatura, ni siquiera ese curioso color de cabello anaranjado. Eran sus ojos, era él saltando y haciendo mil maromas con tal de que la gente no se olvidase nunca de él.

Volviéndose inolvidable a donde quiera que iba.

Volviéndose tan popular a su modo tanto como para que otros posaran su mirada en él.

Uno de ellos fue Miya.

—"Hablo de ese senpai tuyo. El Gran Rey. ¿Por qué no le preguntas a él qué pasó cuando estuvo en Brasil?"

Pensar en Oikawa Tooru siempre hace que le duela la cabeza así que por el momento aparta ese pensamiento y se concentran en tomar la mano de Shoyo apenas cruza la acera para luego tomar su mochila y colgársela a su brazo. Shoyo apenas siente su mano entre la suya, la aparta un poco, fingiendo tener comezón detrás de la oreja para ocupar la mano en tener que rascarse ahí.

Tobio lo nota pero no comenta nada.

—¿Y ahora qué pasó? —finalmente Kageyama encuentra la oportunidad de volver a tomar su mano cuando las puertas del elevador se cierran y el mundo se reduce un poquito. Shoyo le devuelve el apretón un poco menos tenso—. ¿Es costumbre que Miya-san te traiga o...?

—¿Vas a empezar con lo mismo? —pero Tobio está lejos de sentirse mal por la pregunta. De hecho la connotación que tiene no va más allá de querer saber, ni siquiera tiene un semblante molesto en realidad—. Estaban de paso.

—¿Los dos? —cuestiona el azabache sorteando con una mano la tarjeta digital que es a su vez la llave de su departamento, accediendo con ella apenas la acerca al sensor de la puerta. Shoyo suelta una gran cantidad de aire de los pulmones apenas se siente seguro dentro.

—Bueno, ya, está bien, solo quisieron traerme.

Antes de cuestionar específicamente sobre por qué Sakusa Kiyoomi, Shoyo se deshace de la pesada carga que hay en su espalda y se acerca a darle un beso ansioso. Solo así Kageyama puede olvidar un poco lo que pasa por su mente y se concentra en él. En sus bonitas pestañas y en esa manera tan única en la que algo aletea en su pecho cuando lo tiene cerca.

La sonrisa que él le da, incluso si desconoce todo por lo que Shoyo está pasando, le hace fuerte.

Y lo mismo sucede con el rematador.

¿Por qué no pueden quedarse así para siempre?

A Shoyo le vendría bien comenzar a hablar. Comenzar a sincerar sus miedos reales a cerca de su relación mientras se deja mimar por él pero incluso para eso tiene que pedirle permiso al Shoyo frágil que vive en él.

Conoce a Kageyama, sabe que lo que sea que él diga y decida estará bien para el contrario, es decir, Tobio fue capaz de aceptar que lo terminara hace años por una cosa tan absurda -y por mensaje- pero las cosas son diferentes ahora.

Ya no son aquellos chiquillos que se perdían entre los utensilios de limpieza, balones y repuestos de redes dentro de la bodega del gimnasio. Ya no son ese par de sombras delineadas por la Luna en la habitación de cualquiera de los dos cada que sus padres no estaban en casa.

Han crecido pero con ellos los sueños se han hecho más grandes así mismo como los miedos más siniestros.

Cuando Shoyo toma a Kageyama de las manos y le permite tener todo el acceso del mundo a su cuerpo todos esos pensamientos se sienten un poco más ligeros.

Y cuando sus lunas chocan con sus soles es como si se vieran como la primera vez. Shoyo siendo ese enano escurrido de secundaria, bravo y tenaz, y Tobio siendo más bruto de lo normal pero incapaz de apartar sus ojos de él.

Y luego, cuando levantó sus alas por primera vez y dio ese remate que casi podría haberle arrancado la cara, su ser interior supo que había a encontrado a esa persona especial de la que su abuelo tanto hablaba aunque eso era algo de lo que se daría cuenta años después.

—¿Te molesta que les haya dicho? —Quizá no puedan detener el tiempo así que solo les queda más que afrontar de apoco lo que va sucediendo, como eso que se le escapó a Shoyo decir frente a todo su equipo.

—¿A ti te molestó que le dijera eso a Miya-san? —Shoyo no contesta, solo está concentrado en la frialdad de su cuerpo y en como sus piernas se enredan a las de él donde apenas les cubre su sudadera porque ni siquiera han alcanzado a ser como la gente decente y han terminado haciendo el amor en la alfombra de la sala.

—Mucho —confiesa porque piensa que las imprudencias que comete cada uno se deben resolver de manera individual—. Pero hablé con él. Le pedí que no dijera nada —Tobio no se cree mucho eso. Algo como que Miya sea el tipo de persona que va y acepta las cosas porque sí. Aun así no quiere pensar en él ni en todo lo que le dijo apenas una noche atrás.

—¿Y eso cómo nos deja ahora? —dice el armador refiriéndose al hecho de que ahora casi todo el equipo de los MSBY sabe lo que tienen—. ¿Qué dicen ellos?

—Nada —comenta en un tono apagado, como si lamentara eso—. Solo han pasado días y no hemos tenido tiempo de hablar sobre eso —Kageyama suelta un gemido cuando Shoyo se aferra más a él, escondiendo la cabeza en la curvatura de su cuello. Aunque están sobre la alfombra y tienen sus cabezas descansando sobre un par de almohadones del sofá, el piso sigue estando duro—. Y tampoco es que quiera hablar de eso.

—¿Entonces de qué quieres hablar?

—¿Qué más le dijiste a Miya-san?

Ahí está de nuevo Miya colándose a la conversación.

—¿Te digo la verdad? —el más bajito asiente—. Le dije que te dejara en paz. Que dejara de meterse entre tú y yo —Shoyo ríe bajito.

—¿Sí sabes que a él le gusta Sakusa-san, no? —Tobio lo mira con ojos inseguros y desconfiados—. Te está provocando solo para molestarte.

"¿Entonces por qué mencionó a Oikawa?"

Tobio no sabe que Hinata ha oído su conversación completa con Atsumu, y no sabe que por dentro Shoyo está temeroso de que llegue hasta ese punto. El punto en el que haga esa pregunta y él tenga que responder a ella. Por eso está buscando alguna manera de desviar su atención usando su ya conocido temperamento para ello.

Mientras Hinata piensa sobre eso Tobio no puede dejar de pensar en Oikawa Tooru, y en una realidad alterna en la que haya sucedo algo más en Brasil estando él, esos días, con Shoyo. No es que recién esa posibilidad esté emergiendo de su cabeza. De hecho siempre estuvo. Siempre ha estado. Por eso cuando vio aquella imagen de ellos dos en las playas de Brasil lo único que pensó fue en ir sin importarle las consecuencias.

Que Miya haya dicho tal cosa no supone que solo haya sido para provocarlo como Shoyo está diciendo.

Aun así confía en él.

Pero decir que no está inquieto sería mentir.

—¿Qué es lo que no me estás diciendo? —pero en lugar de preguntar directamente camufla sus intenciones, y Shoyo solo puede pensar en tomar un camino distinto a la respuesta que él espera. Quizá porque lo de Tooru no es importante o porque él quiere que no lo sea.

—Creí que ya lo sabrías.

—De los dos, Shoyo, tú eres quien ha adquirido más experiencia a lo largo de los últimos años —toma sus manos, esas que tienen un par de cicatrices que reflejan guerra, coraje, frustración pero también respeto, y besa sus nudillos—. Hace mucho que me superaste.

—No creo que eso sea del todo cierto.

Hay un miedo mayor al sentir que fracasas.

El sentir que no lo intentas.

Shoyo de verdad se está esforzando por superar eso por sí mismo sin tener que enfrentar a Kageyama como es debido. Sabe que no es el primer homosexual de la tierra pero su situación actual es un poco más complicada que la del resto comenzando porque ambos están adquiriendo más fama en tan poco tiempo. Sin olvidar mencionar que ambos están en lo mejor de sus vidas como profesionales en el deporte que tanto aman.

Una noticia de ese tipo no es como decir que un futbolista tuvo una aventura y ahora la chica con la que se acostó está embarazada. Que sí, es escandaloso también pero al menos más allá de irresponsable no lo van a tachar.

En cambio ellos...Ellos van a ser juzgados de todas las formas posibles.

La pregunta aquí es ¿ambos están listos para eso? Shoyo, quien ha venido desde abajo, puede que esté un poco más acostumbrado a recibir comentarios desalentadores pero una cosa es que te juzguen por tu apariencia diciendo que no eres apto para algo y otra muy distinta es que te juzguen por amar a alguien.

Sumergirse en el mundo de los adultos nunca fue tan problemático como ahora.

Así como se sumerge en el vóley una vez que está completamente enfocado en eso también lo hace en los foros en los que lee, cada noche mientras ve a Kageyama dormir, viendo uno o dos testimonios de la gente que es como él.

No es fácil asumir que te gusta un hombre siento que tú también lo eres.

Y tampoco es fácil decir un Ya basta cuando llegas a un punto fulminante del que crees que no vas a salir ileso. Shoyo no ha llegado a eso pero piensa que para eso no falta mucho.

Incluso ha tenido que medicarse un poco en las noches, al menos en lo que respecta a pastillas para dormir junto a ese botecito que cuida celosamente que Tobio no note con la prescripción de ansiedad.

"Ya va a pasar, ya va a pasar" Se repite cada noche en la que siente que no hay lugar más seguro que en los brazos de él. Se repite tanto como cuando quiso volverse loco la primera vez que falló en la arena al jugar: "No seas impaciente, no seas impaciente"

La impotencia que viene de jugar en un terreno que no es sólido sacudió su confianza en algún momento pero también le dio una estabilidad increíble a la hora de jugar. ¿Entonces por qué siente ahora que está caminando sobre una cuerda muy delgada y en cualquier momento va a caer? Que está caminando solo, además.

Las noches son tormentosas.

Cada que el cuerpo de Shoyo se sacude y despierta llorando y agitado, Kageyama no sabe qué hacer.

—¡Shoyo! ¡Shoyo, cálmate! ¡Es solo una pesadilla!

Una de las miles que tiene ahora cada vez con más frecuencia.

Y ya no es solo Kageyama quien se da cuenta.

En una ocasión Tomas tuvo que sostenerlo para que no cayera de bruces luego de finalizar un partido. Bokuto, en otra, también le prestó su espalda, con todo el equipo atrás siguiéndole los talones, mientras corría hacia sala de emergencias de un hospital.

Pasan los días, las semanas y Shoyo es noticia ya en un par de columnas en el periódico local y algunas nacionales. Y en redes es gradualmente cuestionado por la gente que abusa de conocer a alguien solo por lo que asume sucede o simplemente por el morbo.

Shoyo ya está más pálido de lo normal pero aún así sigue brillando y callando las bocas de cuanto persona dice algo de él a cerca de su desempeño en cada partido.

Sigue escalando profesionalmente pero su vida personal está por los suelos al igual que su salud.

Shoyo, luego de dos meses y un poco más entiende un poco el por qué Tomas ha rechazado algunas entrevistas. No sabe precisamente el hecho del por qué pero sí que entiende la sensación de no querer hablar ni dar explicaciones a nadie por todo lo que uno pasa.

Cuando se supone deben preguntarle sobre algo referente a su desempeño todos se desvían a querer saber sobre su vida privada.

Que qué es lo que le sucede.

Que si ha estado tomando algo que le esté afectando a su metabolismo.

Que si se está alimentando bien.

Que si está metido en algo turbio como las drogas.

Asume, asumen, asumen.

Shoyo repite siempre lo mismo en cada entrevista que tiene que dar o en las pocas que acepta ahora.

Y Tobio comienza a perder la razón.

Empieza a tener los mismos síntomas de él como si fueran siameses, gemelos, padres embarazados o almas gemelas.

Empieza a resentir la misma presión que él porque también comienza a ser cuestionado por todas las veces que los paparazzis los han visto juntos de compras, saliendo solo por un helado, o tomándose ligeramente la mano. Comienza a recibir comentarios de gente malintencionada, y aunque él pareciera más reacio a aceptar las opiniones de la gente, la realidad es que también es un ser humano.

Hoshiumi lo abofetea varias veces cuando se desvanece de la nada en los vestidores luego de un partido mientras que Ushijima, guiado por los gritos del más bajito, entra y lo sostiene.

Lo más grave y reciente sucede semanas después, televisado y narrado desde la perspectiva de un tercero.

Kageyama tiene un accidente y el resto del equipo solo corre, lo rodea y entre dos lo levantan mientras las cámaras enfocan su expresión de dolor pura mientras se sostiene el brazo como si se lo hubiese dislocado en esa última salvada chocando violentamente con uno de los postes que tensan la red.

Y Shoyo tiene un ataque de ansiedad mucho más severo mientras lo ve a través de la pantalla de la Tableta de Inunaki.

¿Qué está pasando? Es la pregunta que todos se hacen al verlos tan desenfocados, cometiendo errores técnicos, o por verlos vomitando lo que comen apenas terminan de ingerir.

—No vas a ir a verlo ésta vez —es la sentencia que da Sakusa apenas ve las intenciones de Hinata por ponerse de pie como un resorte de la cama de la habitación de su hotel, ahora en Nagasaki, junto con la otra intensión que él ya sabe leer perfectamente.

Hinata parece lucir entero pero ni siquiera recuerda que se ha desmayado en medio de gritos desesperados y que ha sido abofeteado por el mismo Sakusa para que se controle antes de salir corriendo y hacer que lo atropellen en la calle. Cuando vuelve a abrir los ojos ya no se siente tan mareado pero la sensación de desolación refulge con fuerza de nuevo.

Dos meses han pasado y aunque Shoyo parece haber mejorado un poco de semblante, siempre hay algo que se ensombrece cuando algo le sucede a Kageyama. Como si se culpara de todo lo que le pasa. Y ese algo lo termina deshaciendo de nuevo.

—¡Pero...!

—Ya dije que no vas a ir. Él está en Tokio ahora ¿Qué vas a hacer? ¿Rentar un auto y manejar como un demente por más de 10 horas?

—¡Puedo ir en tren o en avión! —la mirada de Sakusa se ensombrece más y pareciera que en lugar de ser uno de los más jóvenes es el mayor de todos—. ¡Por favor, solo...!

—¿Y qué le vas a decir al entrenador? —confronta Miya echando los brazos hacia atrás, en la superficie del colchón de la cama de Shoyo—. "Oiga, fíjese que mi novio acaba de tener un accidente y necesito ir a verlo, de regreso le traigo un souvenir"

—¿Eso se puede? —pregunta Bokuto, más que para aligerar el ambiente lo hace porque está genuinamente interesado en lo último, como si nada a su alrededor le afectase.

—¿Por qué no lo llamas? —sugiere Tomas a su lado, ofreciéndole un vaso con agua que Shoyo rechaza impulsivamente—. No creo que haya sido nada grave. Si hubiese sido una lesión severa no se habría podido ni poner de pie —Ah, sí, porque también se le pasó mencionar que al parecer se lastimó la pierna derecha. Dios, eso tampoco le reconforta.

Él solo quiere convertirse en el cuervo con alas que alguna vez dijo ser y volar hasta él para asegurarse de que está bien.

—No vas a solucionar nada si vas, Shoyo-kun —se suma, de nuevo, Miya a las voces que intentan hacerle entrar en razón—. Lo que sí va a pasar si vas es que los medios te tengan aún más en la mira. ¿No es eso lo que quieres evitar?

¿Qué importa?

Shoyo solo siente que el corazón se le va a salir si sigue viendo a la corresponsal, que gracias a que Inunaki ha bajado el volumen de la tableta apenas y se oye, aún cubriendo el accidente de Kageyama como si fuese la Reina Isabel tras pescar un resfriado.

Y como no.

Tobio es ya un seleccionado nacional para jugar los próximos juegos Olímpicos. Además de que está próximo a conseguir un contrato en el extranjero para seguir batiendo sus alas por otros cielos. Es algo así como uno de los jugadores dentro del top que sale en cada revista deportiva que ve en los puestos. ¡Incluso ha sido ya ha sido la portada de varias!

Aunque Miya tiene razón. Si él va y las cámaras lo ven va a sumar más preocupaciones a Tobio una vez que salga de ahí. Pero ¿entonces qué? ¿Solo va a quedarse ahí a esperar como una esposa espera a su amor de toda la vida a que regrese en el muelle en altamar? ¿Esperar a que alguien del equipo de Tobio le llame? ¡Ni siquiera está seguro si Tobio les ha dicho algo a ellos como él lo hizo con los suyos!

Está perdiendo la cabeza además que siente como se le parte en dos al pensar en muchas cosas ahora.

Varias semanas han pasado desde su confesión frente a los Black Jackals, y aunque le han demostrado de miles de maneras que nada cambia su manera de verlo, Shoyo siente un abismo entre él y ellos. Un abismo que incrementa cada que le hacen ver lo riesgoso que puede ser demostrar excesiva preocupación por alguien que a los ojos del mundo solo es un jugador más de una selección.

Pero últimamente Shoyo ha querido explotar.

Está cansado de tener que rechazar la mano de Tobio cada que él intenta tomarla en un lugar público.

Está cansado de solo verlo a través de video llamadas que no expresan lo mucho que lo necesita y lo mucho que quiere verlo.

Pero así mismo está esa vocecilla que lo atormenta diciéndole que no debe ser ansioso. Que repite incansablemente "Ya va a pasar"

No.

Nada va a pasar si no pone un hasta aquí. Sea de la forma que sea.

Así que haciendo oídos sordos de cada una de las sugerencias que hacen sus senpai, huyendo de sus responsabilidades y de avisar si quiera que va a perderse por un par de días, va a verlo. Está arriesgando más de lo que cree pero no más que el amor que siente. Tobio hizo exactamente lo mismo hace años ¿no? Cuando fue a verlo a Brasil.

Cuando fue a consolarlo y a compartir un poco de su calor con él aunque no está seguro si lo que va a hacer él ahora sea una buena forma de pagarle todo el amor que le ha dado.

Pero hace días que ya no duerme como debe.

Que ya no come como debe.

Que vive la vida solo porque el resto le dice que debe hacerlo y le dice cómo debe hacerlo.

Así que cuando llega a emergencias en el hospital donde está el armador de los Adlers, espera a que el horario de visitas termine. Espera a que los pasillos se vayan vaciando y espera a que su corazón deje de latir tanto para que pueda armarse un poco de valor.

Cuando entra el aroma a alcohol y a hospital le hace más real la sensación de sentir que todo eso está sucediendo por un motivo muy específico.

La caída de Tobio es debido a su distracción. Distracción en tanto piensa en él y en tanto resiente lo mismo que él.

El tiempo y el mundo está siendo muy injusto con ellos pero Shoyo no puede esperar a que las cosas se agraven más. Por eso ha ido a verlo con la mitad del deseo por acariciar su cabello mientras duerme y la otra mitad sabiendo que esa va a ser la última vez que lo va a hacer.

Está cansado. Cansado de tener una doble vida, de mentir, de tener un desgaste de energía mental muy grande y de estar ocasionando lo mismo también a Tobio.

Un día se le van a acabar las excusas y van a incrementar las lesiones, y no quiere tener que lidiar con el peso de la culpa de saber que los sueños de Kageyama y los suyos propios van a estancarse por esto.

—¿Sho...Shoyo...? —Por eso, cuando Kageyama abre un poco los ojos, luego de haber sido casi drogado con analgésicos para lidiar con el dolor, y ve a Hinata de pie a un lado de su cama, cree que es un fantasma. O cree que es un hermoso sueño. Uno del que no le gustaría despertar—. ¿Có-Cómo...?

—¿Sabías que los cuervos son algo así como el símbolo del futuro, Tobio? —el armador de los Adlers pestañea, confundido. Pestañea mucho para darse cuenta que no está soñando y que Shoyo está ahí compartiendo algo más que una anécdota y el bonito azul de la noche que baña todo su cuerpo—. Algo así como los mensajeros de las buenas o malas noticias. Depende de con qué ojos los mires.

—¿Eh? —el de cabello naranja baja el rostro solo un momento.

—¿Sabes por qué son de color negro? —sin detenerse a esperar una respuesta Shoyo continúa—. Porque uno de ellos falló en una tarea que se le encomendó. Y todo ese bonito plumaje blanco terminó de mancharse de negro como castigo. Y ahora yo estoy cubierto de negro, Tobio.

¿A dónde quiere llegar con todo eso?

Kageyama quiere estirar su brazo y tomar su mano y de paso sacudirlo para que deje de decir cosas extrañas pero la mirada de Shoyo está opaca.

—Te duele ¿verdad? —Tobio se concentra en su mirada pero si hay un doble sentido en esa pregunta no la distingue.

—¿El brazo...?

—No, todo esto. Tu y yo... —pero el azabache no lo deja terminar. Ya sabe a dónde está encaminando esa conversación y no quiere tenerla. Como puede mueve su brazo sano y le toma con fuerza la muñeca.

—Esta lesión no es tu culpa. No es de nadie. Es solo...

—Tu sabes que es por esto —Shoyo vuelve a bajar la mirada y Kageyama está comenzando a hacer un conteo de cuantas veces lo hace—. El cuerpo te lo está diciendo y ahora yo también lo hago —le da un apretón más fuerte pero Shoyo no hace ningún gesto de dolor—. Yo estoy mal y tú también lo estás. Tu cabeza está pendiente de otras cosas y yo solo he venido a solucionarlo por los dos—en esta ocasión Kageyama sí que aprieta de más y un quejido se escapa de los labios del rematador.

—Ni se te ocurra.

—No vas a poder poner el máximo de energía en los partidos si sigues así —Shoyo da una mirada rápida al cuerpo de Tobio, examinando el daño, como si de esa forma consiguiera más valor para seguir hablando—. ¿No quieres tener una familia, Tobio? ¿No quieres darle nietos a tus padres? ¿No quieres salir y...ser como todos los demás?

—¿Tú sí? ¿Tú quieres todo eso?

—No importa lo que yo quiera ahora. Te lo estoy preguntando a ti.

—Dios, solo...Solo cállate, Shoyo —una pesada tensión envuelve la voz de Tobio, una que deja de ser amable y comprensiva dándole paso a la desesperación y al enojo—. No te pedí que vinieras a decirme todo esto.

—Ya sé. Vine porque quise. Y también vine para liberarte de la carga que ahora yo he puesto en ti.

No es verdad.

No es verdad que todas esas pesadillas sobre él se están volviendo realidad.

Hace apenas unos meses Tobio estaba sopesando esa misma realidad pensando que podrían continuar tal y como ya se encontraban. Pero parece que, desde luego, Shoyo va siempre un paso delante de él. Viendo cosas que él demora en percatarse demasiado. Viviendo la vida a tragos cortos con el temor de que el veneno se propague con más rapidez y lo vuelva portador de una enfermedad con alta taza de contagio.

Y lo que le está diciendo es que no quiero contagiarlo a él. No quiere arrastrarlo incluso si eso significa que él sí se hunda.

¿Desde cuándo...?

¿Desde cuándo Shoyo se volvió así?

¿A dónde se fueron sus inagotables ganas de siempre enfrentar las cosas de frente y no rendirse jamás?

Había hecho tanto por él pero...si lo piensa, ¿De qué forma Tobio le ha pagado? No es que su relación se basara en dar para recibir algo a cambio. No están juntos por esa razón pero ¿en qué momento uno comenzó a acumular más cosas que el otro? Aunque no puede decir que él la ha pasado de maravilla estos últimos meses.

Las críticas y las malas intenciones son algo que él conoce bien pero creyó que ya había pasado por eso.

Pero una cosa es afrontarlas cuando tienes quince y otra cuando tienes veintidós.

El mundo real es muy cruel.

Le gustaría volver a tener esa edad. Y que Shoyo esté mirándolo con una intención más inocente y divertida. Que esté parado a un lado y le diga que todo es una broma y que solo está diciendo esas cosas para hacerlo reír.

Que no le esté besando los labios, ahora, mientras llora y suelta ese te amo de esa forma.

—Esta vez no te lo diré por un mensaje —y, sin embargo, esa no es la sonrisa que quiere recibir. Esa que le está rompiendo viendo como él se esfuerza por mantenerla mientras las lágrimas bajan por su mejilla y él no puede alcanzarlo porque la maldita férula lo está deteniendo—. Estoy terminando contigo.

Desearía que nunca hubiesen aprendido a volar.

Que Shoyo nunca se hubiese ido a otro país jamás.

No. ¿Qué demonios está pensando?

Ya no sabe ni lo que piensa. La tristeza es muy grande tanto como para impedir que ésta salga de la misma forma en la que la de Shoyo está bañando sus mejillas.

Se han visto llorar muchas veces pero esta ocasión es demoledora.

No.

No puede dejarlo ir.

No después de que el más bajito le da un último beso y pretende alejarse así como así. Tobio no sabe a qué más recurrir que al antiguo método de cuando tenían quince años. Cuando era un idiota pero también cuando sus verdaderos sentimientos abandonaban su cuerpo en forma de gritos y de exaltación.

—¡No! ¡¿Por qué estás haciendo esto...?! —Shoyo no termina de ser más rápido que él, alejándose lo suficiente pues Kageyama pronto vuelve a atrapar sus labios en un beso realmente furioso. Uno que apenas puede seguir el ritmo y la respiración. Cuando se separan ahí está de nuevo gritándole—. ¡¿Por qué ahora que sabes que no puedo seguirte?! —grita refiriéndose a su estado. A que no puede abandonar esa maldita cama tan fácilmente.

—¡Exactamente por eso! —Hinata le sostiene los hombros como creando una barrera entre Tobio y lo siguiente que quiera intentar aunque difícilmente podría volver a lograrlo pues se nota que el hombro le duele horrores aún—. ¡Porque sé que si estuvieras sano saldrías corriendo a buscarme y...! Y yo cedería una vez en cuanto me abrazaras.

—Shoyo...Por favor...

—Lo siento.

—¡Dijiste que siempre estarías conmigo!

Esas palabras se le clavan como un puñal así como a Tobio cuando la respuesta que recibe de Hinata es solo una caricia en la mejilla y una sonrisa incompleta. Un sonrisa rota.

—Estás llorando... —Shoyo asiente.

Definitivamente hay algo mal en ese cuadro. ¿Sonreír y llorar? "Llorar no va contigo", quiere decir pero de su garganta no sale nada más. De la única que sí lo hace es la del más bajito, algo así como una risa muy apagada y completamente triste.

—No es nada...Es solo que recordé que...

—¿Recordaste que no tiene nada de malo que me quieras?

Que le diga que sí.

Que le diga que nada tiene que cambiar.

Que le diga un te amo sin todo lo demás.

En vela, con los rojos, corriendo en lugar de caminar...Tobio pasa los pulgares por sus mejillas.

—¿Sabes? Cuando me di cuenta de que te amaba no me fijé en que fueras un hombre. Me gustaste por ser tú.

—La gente no va a entender eso, Tobio. La gente va a juzgar, va a verlo como algo incorrecto. Como algo antinatural.

— ¿Para ti es así?

Tobio se desmorona a medida que el silencio comienza a ocupar la habitación una vez que Shoyo se va y le deja esa pregunta sin responder.

No hay gritos.

No hay reclamos.

Solo se siente como si ambos quisieran morir.

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Continuará.


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

No me manoseen ;-;


Notas:

Antes de que empiecen a creer que este fic va a acabar mal, les aseguro que no. Luego hasta van a morir de diabetes (?) Pero como dije al inicio, en el aviso que dejé de la continuación de Honne, estoy concentrándome mucho en este tema que aun hoy día mucha gente sigue creyendo que es tabú. La relación entre dos chicos. Y cuando esta se complica aún más en un mundo tan competitivo y machista como el deportivo.

Quiero plasmar cada una de las emociones de Shoyo y las de Kageyama. Que es indudable que se aman pero a veces el mundo, la sociedad, los rumores, los dominan. Y es lo que ha sucedido en este capítulo. Pero no sufran, les aseguro que serán felices.

En fin, espero que les esté gustando y se lleven un pedacito de Shoyo y Tobio en sus corazones.

Les aseguro que serán recompensados.

Nos vemos en la próxima actualización.

Rooss-out.