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Un viaje de 1000 millas comienza con un solo paso
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—¡¿Tienes un hermano gay?!
A Inunaki casi se le desencaja la mandíbula mientras el resto del equipo apenas y demuestra la sorpresa necesaria para no sentir que la cabeza les explota pero, de todos ellos, Shoyo apenas y está recuperándose de la confesión de Tomas para ahora recibir de golpe lo dicho por Oliver Barnes.
Que sí, debe ser el único de su equipo en estar expresando completamente una cara de idiota pues, al parecer, lo de Tomas —antes que lo de Oliver— el resto del equipo ya lo sabía. Lo intuye por la poca sorpresa en sus rostros y por la calma con la que lo reciben.
—Llevo seis meses saliendo con un chico —y Tomas dice aquello tan en paz y tan sonriente que a Shoyo le duele el pecho. No por él, por supuesto. Está demasiado conmovido y feliz por su compañero que incluso siente que tiene ganas de abrazarlo y llorar. Lo que le duele en sí es no haberse dado cuenta antes.
Lo que le duele es no haber tenido el valor para tomar su situación de la forma en la que él lo hizo con la suya.
Lo que le duele es no poder evitar comparar su confesión —y su propia reacción— aquella noche en la pizzería con la de Tomas.
Shoyo llorando, teniendo tanto miedo, y luego Tomas, siendo abrazado por el resto del equipo.
No es que lo envidie.
De hecho no puede sino agradecer por la atención y la preocupación que cada uno ha tenido con él.
—Por eso lo de las entrevistas… —musita como si fuera un conjuro que debe ser un secreto mientras ve a Tomas, solo un poco, entristecerse.
Aun así es una tristeza que también la acompaña una sonrisa tenue. No hace falta que Shoyo pregunte más. Él lo entiende mejor que nadie. Durante los últimos meses ha probado las porciones amargas de la vida como si fuera un helado amargo.
Un helado sabor pesadilla.
La manera en la que Tomas evadía muchas de éstas entrevistas desde el inicio no era por otra cosa que por únicamente mantener su privacidad alejada de los chismes. Y porque, desde luego, intuía que las preguntas que le harían solo estarían encaminadas a saber sobre él y sobre ese rumor que se había esparcido como agua.
—Te tardaste demasiado en darte cuenta, calabaza —cuando Kiyoomi habla la mesa ya está un poco en silencio a excepción del lado donde está Oliver sentado —Meian ha faltado esta vez a la reunió—, a su vez mostrando una foto de él y su hermano menor a Bokuto y a Inunaki como si fueran viejas cotorras de modo que los únicos que atienden seriamente son Tomas, Atsumu y él.
—¿Ya lo sabía, Sakusa-san? —Sakusa apenas se esfuerza en mirar a Shoyo pues lo tiene a lado. En medio de él y Miya quien, de nuevo, está, por no decir asquerosamente, muy callado.
—Lo supo antes que todos —evidencia Tomas, sonriente. Y aunque Sakusa no añade nada más queda implícitamente entendido que ser el más callado del equipo no significa que no los observe adecuadamente lo que también deja implícitamente asegurado que aunque no lo demuestre, se preocupa, a su manera, por ellos—. Lo descubrió por su cuenta. Luego de un tiempo se lo dije a los demás —Shoyo frunce el entrecejo intentando recordar cuándo sucedió eso—. Tu no estabas, Shoyo.
—¿Eh?
—Te enterarías si no nos abandonaras cada fin de semana —esta vez es Inunaki el del reproche pero a Shoyo, y al resto, le sabe más como a un comentario divertido que realmente a un reclamo serio.
Shoyo, desde luego, se disculpa pero solo en la parte de que ha parecido más el ser un fantasma que por otra cosa. Ya no quiere disculparse por evidenciar que desde siempre ha faltado a las reuniones del equipo por estar con Kageyama. Y se siente increíble poder decirlo con la convicción deseada y con una sonrisa en la cara.
—¿El entrenador sabe? —intenta saber como parte de evaluar el terreno y el futuro que le espera a través de la experiencia de Tomas, quien parece un poco más acostumbrado a esto. En el sentido que parece saberlo sobrellevar solo un poco mejor que él aunque Shoyo piensa que el camino ha sido igual de difícil y oscuro que el suyo.
—Por supuesto que no. Solo lo sabemos los titulares a excepción del capitán.
Shoyo dirige sus ojos a Barnes —pues anteriormente no se les unía con demasiada frecuencia a las salidas— como si buscara un indicio falso de su parte pero su sonrisa es genuina.
Incluso da la sensación de que sonríe hasta con los ojos, y Shoyo siente que toda esa conversación estuvo demasiado retrasada aunque luego de unos segundos piensa que todo está predispuesto a suceder de una forma y en un orden distinto a los deseos de cada persona. A los deseos de él mismo.
Las cosas siempre caen por su propio peso en el momento en el que están listas para caer, no cuando uno lo pide.
Y mientras Barnes le sonríe, le cuenta su experiencia y habla de su hermano tantas maravillas, diciendo lo orgulloso que se siente de él por afrontar sus miedos, Shoyo se llena de más energía a medida que camina por la acera acompañado de su propia —y renovada— fortaleza.
Todo lo que obtenido de ellos y de las personas que ha conocido, todo el aprendizaje y el sacrificio, al final es recompensado.
Todo en ellos e incluso todo el dolor en él es sincero.
Pero es una sinceridad que ya no asusta.
Palabras y hechos tan sinceros como la condición tan honesta de Shoyo por sonreír con toda la verdad escrita en el rostro cuando se despide de todos. Nadie lo detuvo cuando dio media vuelta y se encaminó en silencio hacia el lobby con el claro pensamiento de ir a encontrarse con él.
Es decir, para todos fue demasiado claro a dónde se dirigiría tan pronto se sintiera libre.
En especialmente lo fue para Atsumu.
Demasiado había soportado Shoyo como para añadir más segundos al tiempo esperando por ver a Kageyama y confrontarlo a la cara.
Miya no puede decir que realmente aquello se sienta como una derrota pero por mucho que quisiera o hubiese intentado algo con él —con Shoyo—, no habría obtenido nada. Hay demasiados vacíos en Atsumu como para pretender llenarlos con una persona que ya se complementa con otra.
Porque sí, negar que Tobio y Shoyo no se pertenecen desde hace mucho es como querer tapar el Sol con un dedo o pedir que no amanezca.
Así mismo son demasiados los segundos que él espera afuera del vestíbulo, escondido en una de las columnas como si fuera un ente aficionado al cigarrillo, viendo finalmente como Shoyo toma un taxi y parte hacia su destino. Hacia la persona que más desea ver.
Atsumu se siente —solo un poco— cobarde de su parte no disculparse por el golpe a Tobio pero se siente un poco más cobarde el no ser capaz de poner en orden sus sentimientos sin autocompadecerse.
Lo único que pudo hacer es desearle felicidad, y enviar ese texto. Apagar la colilla y atravesar las tenues luces de la recepción en busca de su propio sosiego y en busca de su propia historia.
"En la cancha y fuera de ella tienes más aliados que enemigos, Shoyo. Nunca olvides eso"
Obtener esas palabras de un obstinado y callado Atsumu le supieron demasiado bien incluso en la despedida, incluso a través de esas simples palabras enviadas por un mensaje.
Cuando Shoyo las recibe también se encuentra mirando cada una de las fotografías que tiene con Tobio en la galería de su teléfono. Pero nunca será suficiente, para lo primero ni para lo segundo.
En lugar de añorarlo solamente por una imagen estática quiere verlo.
Quiere verlo más que a nada ni nadie.
Quiere verlo y decirle a la cara que él también —en ocasiones— tiene fantasmas que nublan sus deseos. Que es un humano y tiene miedos pero que también es uno de los que finalmente los reconoce y quiere afrontarlos de lleno.
El tiempo que trascurre hacia Tokio es un suspiro. Es como agua que se escurre entre sus dedos.
Pero no está solo.
Tiene el apoyo de mucha gente detrás suyo aun si no están físicamente a lado de él en este momento. Tantas manos hechas de viento dispuestas a quitarle de encima esa mochila llena de pesadumbre que por años ha cargado consigo.
Ya no se siente mareado leyendo todas las revistas donde sale Tobio como si buscara su propia sanidad. Ahora, de hecho, le causa risa. Pero no tanto como la cara de pasmado que tiene Kageyama, luego de terminar de ajustarle la correa al pequeño pug que tiene consigo la mañana siguiente, al mirarlo cuando lo ve en el parque cerca de su departamento.
Mirar a la persona que, desde hace unos segundos, siente que lo observa.
Y ese es él. Es Shoyo.
De pie sobre una —aún— delgada capa de nieve.
Hay un sinfín de opciones por las que Shoyo podría decantarse a reaccionar.
Como primero ir hasta él y reclamarle sobre por qué no le ha dicho que se ha conseguido un bonito perrito, en caso de que sea suyo claramente. O acerca de por qué no están corriendo —tan pronto se han visto— el uno hacia el otro como una de escenas en los créditos de una comedia romántica.
¿Qué pensaría Tobio si le dijera que tiene una pequeña colección de mercancía oficial de los Adlers, más específicamente de él, que poco a poco crece con cada impulsivo instinto de compra que tiene cuando lo ve?
Mientras Shoyo piensa en todo eso, se sacude un poco la nieve como si fuera arena. Y su paseo por la melancolía se da tan rápido que lo recuerda todo.
La arena, así como la nieve, no tiene que ser restrictiva de ningún modo pues si saltas de manera adecuada estar en el aire se siente como una victoria.
No es cosa de patear una u otra. Es cosa de impulsarte previo al salto.
Sí, tiene muchas cosas que decirle, muchas cosas qué aclararle y un par más qué confesarle pero Shoyo sigue siendo el mismo chico de mente simple y corazón de oro que se deja llevar por las emociones que lo envuelven. Y la única que siente ahora es una mezcla de emoción y ansiedad por abrazarlo.
Cuando se dan cuenta la nieve ya ha borrado sus huellas y solo pueden pensar en que sus voces están lo suficientemente adoloridas por gritar el nombre del otro tan pronto los devora el amor y se tocan.
Corriendo hacia el otro, incluso si uno está del lado opuesto a los carriles para peatones que dividen un área del parte de otra. No importa.
Antes de que darse cuenta—de nuevo— la nieve ya se había derretido, y Shoyo está sosteniendo la cabeza de Kageyama con demasiada fuerza y devoción mientras también le rodea el cuello. Y Tobio siente el peso del mundo desvanecerse en cuestión de nada.
Porque justamente es eso.
Nada se compara a este momento.
Nada comparado con lo que siente por él. Por esa persona que lo abraza con fuerza y repite —en medio de gemidos entrecortados debido al llanto— cuánto lo siente y lo mucho que lo ama.
Antes de darse cuenta los abrigos escarchados de blanco están en el suelo junto al resto de sus ropas mientras se tambalean por el piso del recibidor del departamento de Tobio. Sintiendo entre sus pies un intruso de cuatro patas menear el rabo, golpeándoles un poquito, como si fuera receptor de una felicidad que no comprende pero que siente.
En cuanto al frío, ese se va desvaneciendo por el calor natural de sus cuerpo cuando se tocan habiéndose retirado toda la ropa. Debatiéndose únicamente si seguir en la sala o en la recámara.
Esa es la única disyuntiva.
Hay demasiada prisa pero demasiada excitación por sostener al otro. Repitiéndose cuanto se han extrañado, prometiéndose no una eternidad pero sí una vida juntos a partir de ahora.
—No viniste con un hacha —a Shoyo se le atora una risa en medio del sonido que hace su boca cuando Tobio le roba otro beso y de paso el aliento.
—¿Preferías que sí?
—Te lo dije antes...Mis brazos siempre van a recibirte.
Como un hogar conocido.
Como un lugar al cual volver.
A Shoyo le asalta la necesidad de llorar un poco pero Kageyama prefiere verlo con las mejillas encendidas y escuchar el rápido golpeteo de su corazón que se extiende por todo su cuerpo.
Asalta y recorre cada una de los rincones de su piel como si estuviera haciendo reconocimiento de su presencia, de saber que de verdad está ahí, por medio de su calor y de su olor a shampoo.
Y todas aquellas zonas que antes no eran erógenas en Hinata ahora lo son el doble. Desde las mejillas hasta la punta de su barbilla, hasta la longitud de su cuello, como si succionara la tripa de su garganta.
Shoyo deja salir, además de gemidos y peticiones caprichosas, palabras de amor y promesas. Sostienen sus manos dándose cuenta que la nostalgia no se ha ido o quizá nunca se fue del todo.
Amándose hasta el cansancio o hasta que uno de los resopla con dificultad pero aún sin soltarse ni dejar de peinar los cabellos humedecidos del otro debido al sudor cuando sus cuerpos finalmente atraviesan la fase del sueño luego de toda una noche completamente apasionada escrita en cada una de las sábanas.
—Me gusta verte dormir porque es como si no sucediera nada además de eso.
De hecho se siente como soñar.
Y luego de eso despertar del sueño se siente tan increíble como incierto. Pero es una incertidumbre que no duele.
Cuando Shoyo abre los ojos de a poco, Tobio está ahí. Ahí junto a la esquina de la felicidad rebosando de sus ojos y sus pestañas con la esquina de la satisfacción de decidir por sí mismo —finalmente— lo que quiere y con quien quiere estar.
Y es que la felicidad siempre estuvo al alcance aun si parecía estar tan lejos.
—Soñé que estabas aquí, y recuerdo claramente haberte dicho que te amaba, pidiéndote que no te fueras —entrelazando sus manos por encima de la almohada, con las piernas cruzadas y la sábana mal colocada, uno frente al otro con las respiraciones acompasadas.
—Yo también lo soñé.
Shoyo soñó tanto que dolía.
Soñó tanto con eso que terminó cumpliendo la advertencia de alejarse creyendo que sería algo bueno para los dos cuando lo que ocasionó fue lo contrario.
Kageyama siempre tuvo razón.
¿Por qué creyó que podría controlar la forma en la que el mundo lo veía?
Ese no es su problema.
Cuando los ojos de Tobio atrapan los suyos, antes de darse cuenta, ya se están besando de nuevo. Se recorren con las manos las líneas imperfectas que los conforman y que son tan esenciales para la vida del otro.
Recorren sus rostros, recorren cicatrices orgullosas, recorren palabras susurradas al viento y al oído del otro porque aún hay cosas que quieren conservar para ellos solamente en la intimidad. En el abrazo fuerte que se dan. En cada uno de los aleteos que dan las pestañas de Shoyo desprendiendo un poco de lágrimas como si fuera una lluvia transparente que refresca el alma.
Es una nostálgica reminiscencia del pasado que vuelve pero esta vez no deja una sensación desolada o incorrecta. Porque nada de lo que sienten es incorrecto.
Y es ahí cuando se dan cuenta que la vida ha sido maravillosa desde el comienzo. Y que no es culpa de alguno de ellos que el mundo no lo entienda.
—Me enamoré de ti no porque fueras un hombre. Fue porque se trataba de ti.
Cuando Kageyama suelta esas palabras de nuevo —a pesar de que tampoco estaría mal traer consigo el tema de su separación y de cómo siempre intentó ser su apoyo constante— Shoyo siente que la felicidad no le cabe en el pecho. Además que siente que hay tantas cosas que quiere decirle pero que a la vez no puede porque su corazón está concentrado en el hombre que tiene enfrente y de amarlo cada vez más.
Despeinado y con los restos de medianoche en los ojos.
Kageyama no está ahí condenando los hechos, ni el pasado, ni sus errores ni sus indecisiones. No está ahí para reprocharle nada, solo está ahí para volver a tomar su mano y llenarla de besos. Para ser ese hombre digno de él.
El "Deberías estar amando a alguien" se repite en la cabeza de Hinata acompañado de la melodía de la canción que Tomas le mostró hace unos días como si fuera una realidad que siempre estuvo oculta y de la que nunca debió huir cuando la tuvo en frente.
—No mientas. Te enamoraste de mi bronceado —Tobio concede una risita dentro de su garganta como un gruñido entibiando su corazón mientras le abraza por la espalda y le besa la cima del hombro desnudo.
Ahí donde inician las constelaciones de sus lunares y donde la piel se vuelve un poco más oscura debido a ese bronceado que lo enloquece.
Donde comienza su renovada felicidad porque lo cierto es que la vida de ambos siempre estuvo llena del otro siempre.
Cuando amanece un poco más, sin embargo, Shoyo es más o menos el primero en decir lo siento nuevamente. Y aunque Tobio repite que no tiene nada de qué sentirse culpable, es más la forma en la que Shoyo libera parte de su estrés y de toda su pasada abnegación.
Pero no es un lo siento cargado de miedos o de amarguras, más bien es un lo siento para sí mismo. Como si Kageyama fuera su espejo y ahí, sabiendo que un reflejo no va a juzgarte, se perdona a sí mismo.
Y Tobio lo oye atentamente sin interrumpirle.
Shoyo deja salir todas las emociones y todo lo que tiene que decir de forma apresurada o de la forma que quiera pero solo porque se siente muy similar a la bebida que tiene entre las manos.
Y así, desde la A a la Z y hasta que la taza de café caliente deja de estarlo, la voz de Shoyo se va entibiando junto con ella.
—Por lo que sé tienes más cosas en común con Oikawa-san que conmigo.
Cuando Shoyo oye todo su relato sobre Argentina y la forma irresponsable con la que se fue por un par de días —además de su encuentro resumido con Oikawa Tooru— solo está en silencio.
Tobio le cuenta absolutamente todo. Lo que le disgustó y lo que no, de todo aquello de lo que se enteró pero, de nuevo, no hay reproches. No son necesarios.
Así que cuando Tobio dice aquello, Shoyo acerca su mano a su mejilla, la pellizca y luego la acaricia mientras mueve los pies en el aire porque aunque es significativamente más grande que su yo del pasado, cada que se sienta en las sillas de bar del desayunador de Tobio, hay cierta distancia entre estos y el suelo.
—Sé tan caprichoso como quieras ser. Eso me dijiste hace tiempo, Tobio —el azabache lo mira, entre atento y confundido—. Mi capricho eres tú. Lo has sido siempre, incluso mucho antes de que me gustaras. Me encapriché demasiado contigo y con ganarte —concediéndose una pausa suelta una risita—. Aunque eso ya lo hice.
—¿Todavía me amas? —hay un prolongado silencio luego de eso.
No porque Shoyo esté sopesando una realidad en la que no sea así, sino porque hace tiempo que no veía esa expresión en él.
Hace que se remonte a sus años en la preparatoria.
Ligeramente ofendido gira en dirección hacia él, donde chocan sus rodillas por el reducido espacio entre ellas sobre las sillas tipo bar, sosteniendo sus mejillas como si estuviese a punto de regañar a un niño.
—¿Es una broma? —manos a cada lado de la mejilla—. Vienes y me das toda una lección de vida durante los últimos meses y ahora estás preguntándome esto. De paso diciéndome que estaría mejor con Oikawa-san —habla tan aprisa que tiene que detenerse a tomar aire pero sin dejar de sostener sus mejillas—. ¿Sabes algo? No me voy fijando en la gente solo porque se parece a mí. Además…¡Me siento ofendido! ¡No me ocupé de tu maldita inestabilidad y de todos esos traumas del pasado para dejarle el camino libre a alguien más, Kageyama! ¡Vete enterando de una vez!
Pero Tobio está lejos de sentirse poca cosa. Incluso antes de oír a Hinata decir todo esto, su pregunta ha sido con otra intención. Intención que ya no recuerda porque justo ahora siente que puede morir de felicidad luego de oírlo.
Deslizando sus manos por su cintura—ahora que Shoyo está ocupado sosteniendo sus mejillas— lo levanta de su asiento para colocarlo encima de sus muslos, sentandolo ahí mientras oye la histeria alborotada de Hinata cuando lo hace.
A esa altura Shoyo tiene una perspectiva intensa de sus ojos medianoche además de que su cabeza está por encima de la de él.
—¿Entonces? —pero antes de que lo oiga quejarse o de que Shoyo diga otra cosa, Kageyama lo mira hacia arriba con ojos deseosos, empañados de nostalgia, amor y un poco de esa magia que ocurre cuando sus voces se vuelven bajas y sus narices rozan.
Shoyo suspira antes de contestar sujetando con una renovada firmeza sus mejillas.
—Tu lo dijiste hace tiempo, ¿no? No es vivir sino es contigo, y ese es mi punto final —nariz con nariz, frente con frente, una mirada atravesando la otra. Tobio siente que no puede amar más a ese hombre que tiene enfrente más de lo que ya lo hace, y lo mismo pasa con Hinata.
Aun así, lo hacen.
Se aman todavía un poco más. Más allá de lo permitido.
Cuando Tobio lo sostiene con firmeza, cuando sube sus manos por su espalda hasta llegar a sus hombros, Shoyo se siente un poco más cerca del cielo pues su comentario se oye y se vive como una declaración.
Una renacida declaración.
Kageyama también ha tenido demasiado tiempo para reflexionar sobre sí mismo y ver sus defectos. Tanto los nuevos como los viejos. Y aunque hay unos que son tan tercos como él, hay otros que poco a poco van cediendo.
No hace falta que Shoyo le diga que lo ama —aunque oírlo lo adora secretamente— porque confía en él...Aun así tienen una conversación donde se sinceran todo y no omiten ningún detalle. Van desde las excursiones realizadas al Cristo Redentor en Brasil hasta la esquina del local donde preparan el mejor asado favorito de Shoyo, donde también se halla la incertidumbre y terminan en la esquina donde empieza la estadía de Oikawa Tooru, de nuevo. Luego el relato se traslada a kilómetros de distancia de Brasil, iniciando con su primer partido oficial enfrentándose para luego terminar escondiéndose entre casilleros y cubículos silenciosos dándose besos húmedos y explotando en el clímax donde la sensibilidad es expuesta y los miedos también. Todo un viaje de experiencias que los dirige ahí.
A este final.
A este momento.
Donde ahora están recostados sobre el sofá donde Mik —el bonito pug de la hermana de Tobio que está de visita con su tío humano— también se encuentra moviendo el rabo. Donde ambos elevan sus recuerdos a la par de sus manos como parte de un juego silencioso.
A pesar de que ambos son jugadores profesionales las manos de Tobio siempre serán más grandes pero esa diferencia es la que hace que las de Shoyo encajen sobre las de él.
Igual que sus labios.
Igual que las palabras.
—Hace tiempo le dije a Oikawa-san algo —Tobio solo lo afirma más hacia él, abrazándolo por la espalda—. Le dije que aunque el futuro contigo era incierto, lo único en lo que me enfocaba era en lo felices que éramos.
Las palabras de Oikawa Tooru se repiten en la mente de Tobio no como una advertencia o como un castigo, sino como una realidad. Una realidad que debió ser demasiado aplastante para ambos aún sin percatarse de ella.
Tobio quiere ser esa persona que ya no asume las cosas.
Quiere ser la persona que en vez de hacer eso, pregunta. Quiere ser ese hombre —y dejar de ser ese niño porque evidentemente ya no lo es— que Shoyo necesita para apoyarse; así mismo como quiere volverse en alguien de quien esté orgulloso también.
Por Shoyo y por él.
Nunca antes habían amado tanto y de esa manera por lo que están aprendiendo y equivocándose en el proceso pero por ello también quieren completar y reforzar la balanza.
—¿Qué te hizo ir a Argentina?
—¿Qué te hizo a ti cambiar de opinión?
Incluso estando en la bañera Shoyo no deja nada en el vacío.
Es el segundo día de ese fin de semana largo y está demás decir que no se han separado ni un poco salvo para sacar a Mik a dar una vuelta quien, asombrosamente, se ha encariñado con Shoyo de inmediato llenándolo de babas y ronroneos cada que lo ve asomarse por la cocina usando solo una de las camisas anchas de Tobio.
—Ha destrozado un par de mis camisas desde que Miwa lo dejó a mi cuidado —Miwa, la hermana mayor de Kageyama, a quien por cierto Shoyo adora y viceversa—. Ya quiero regresárselo —antes de añadir algo más con una fingida actitud irritada, Mik ya está colocando sus patas delanteras sobre los muslos de Shoyo, quien está agachado para estar a su altura, olfateando, jaloneando la camisa y dandole un par de besos húmedos que Shoyo corresponde porque ama a los perros—. ¿Ves?
Luego de jugar con él un rato es que terminan en la bañera y mientras Tobio acaricia su cabello, el recuerdo de Mik y sus babas se asoma por las rendijas de sus pensamientos, haciéndolo reír interrumpiendo lo que sea que Kageyama estuviese por añadir luego de su pregunta anterior.
—Shoyo.
—¿Que qué me hizo cambiar de opinión? —repite prolongando cada letra como si fuera importante. Y lo es—. Supongo que tenías razón. No hay nada de malo con quererte. Querer a alguien no es un crimen —hace una pausa, dejando el cobijo de los brazos de Tobio, quedando frente a él, envuelto en sus brazos de frente y por una capa de espuma—. Me di cuenta que no puedo pasarme toda la vida tratando de entender el mundo y su rechazo si ellos no nos entienden a nosotros. No quiero ser infeliz, y no quiero que tu también lo seas.
—Podemos hacer que esto funcione.
—Ya funcionamos, Tobio.
Y mientras más habla, Tobio se convence más de la fortaleza real que viene después de las caídas dolorosas. De la capacidad que tiene el ser humano en ser su propia inspiración y su propio héroe a la vez que ser su propio destructor.
Mientras más mira a Shoyo lo ve más radiante y decidido que nunca.
—Esa vez dijiste que la gente iba a juzgarnos —abrazándolo fuertemente ahora en la cama, ajenos al ruido de la ciudad, al respirar de Mik bajo las faldas de la cama, a lo que sea que el mundo esté murmurando a esa hora, con la cabeza enterrada en los mechones rizados de Shoyo oliendo a su colonia—, pero no es con ellos con quien quiero pasar el resto de mi vida. No es a ellos a quien voy a ver a la cara cada que amanezca. No es a ellos a quien les debo una explicación de ser necesaria. Es a nosotros. A ti y a mí.
—¿Cuándo te volviste tan maduro?
—Cuando tú te volviste un poco más increíble de lo que ya eras —Shoyo sonríe contra su pecho y libera una risa baja, una que aunque hubiesen más personas dentro de la habitación solo Tobio podría oír—. No quiero esconderme —la risa se corta pero no es miedo lo que sienten ahora, es solo un poco de incertidumbre.
El problema nunca ha sido quererse ni expresarlo pero a partir de ahora se supone que deben decidir.
—Ni yo —confiesa Shoyo dejando un beso cerca de su mentón antes de apartarse y enfrentar el tema con un poco más de seriedad—. Pero tampoco quiero causar problemas a los chicos. Y asumo que tu tampoco a tu equipo —Kageyama asiente—. Tenemos que pensar en algo.
—Mientras pueda tomar tu mano las veces que quiera sin preocuparme si te sientes incómodo, lo demás no me importa —Eso es. Eso es lo único que debería ser importante ahora. El tomar su mano—. Entonces ¿qué quieres hacer?
Sin embargo cuando Tobio hace esa pregunta hay demasiadas cosas, todavía, en las cuales pensar.
Las siguientes semanas son cruciales tanto para el ámbito deportivo como para su vida personal. Para nadie de la cuadrilla de titulares de los Black Jackals es sorpresa —a excepción un poco de Meian quizá— lo que Shoyo tiene que decirles tan pronto regresa de Tokio.
Es un secreto que mantienen a voces solamente ellos pues el resto del equipo sigue sin saber. Lo mismo sucede cuando Kageyama, de la forma más insólita y formal posible, les confirma sobre su relación con Shoyo a los suyos.
De ambos flancos reciben todo tipo de miradas.
Pero ninguno de los dos se siente desprotegido realmente pues las experiencias y los comentarios recibidos no fueron precisamente malos del todo. Desde luego que aquello causó un impacto tremendo cuando llegó a oído de más gente pero no por ello ninguno de los dos actuó diferente a lo que solían ser.
—¿De qué te ríes? —Shoyo aparta la mirada de su teléfono devolviendo a Kageyama una mirada tan divertida como incrédula.
—¿Sabes que me han estado llegando mensajes de muchas personas pidiéndome consejos? —Kageyama poco puede mirarlo correctamente porque Miwa, de inmediato, le devuelve la cabeza a su sitio. Shoyo suelta una risita.
—Quédate quieto o te voy a desgraciar el cabello.
—O clavarme la tijera en la garganta —Miwa le da un golpecito en el hombro—. Auch.
De las pocas veces en la que son capaces de encontrarse con la hermana de Kageyama desde que oficialmente se presentaron a ella como pareja —cosa que parecía ridículo puesto que ella les había descubierto hace mucho tiempo— y mucho más insólito el poder disfrutar de la experiencia de verla cortar el cabello de su hermano insistiendo en que ese corte que carga ahora le hace ver idiota.
Las pocas clientas que hay a esa hora los miran curiosos pero rápidamente pierden el interés. Otras más, las más amigables, les sonríen a los hermanos Kageyama y a Shoyo por igual.
—¿Qué me decías? —retoma la conversación Tobio mirando a Shoyo solamente por el reflejo del espejo. Shoyo camina hasta él, abandonando el sofá y a Mik, llegando hasta él para mostrarle los mensajes en su celular—. ¿Qué es esto?
—¿Buenas noticias? —Miwa se arrima por encima de la cabeza de su hermano para mirar, ganándose un bufido y una queja de parte de él pero que poco le importa estarlo aplastando con su peso.
—¿Te están pidiendo consejos sobre tu relación con mi bobo hermano? —Shoyo asiente sorprendido del mismo modo que ella aunque con una sonrisa más amplia y nerviosa—. ¿Qué eres ahora? ¿El nuevo mesías de la comunidad LGBT?
—Pero no hemos dicho nada a los medios —aclara Shoyo compartiendo una mirada con Tobio quien luce, de pronto, un poco más serio—. De hecho no pensábamos hacerlo.
—¿Y por qué no? —la pregunta de Miwa toma por sorpresa a Shoyo aunque no debería porque es una posibilidad que han estado evaluando ambos desde hace semanas.
—Oye, deja de molestarlo —la voz de Tobio se abre paso entre los dos.
—Sí, bueno, no es nuevo esto de las parejas del mismo sexo —añade Miwa como diciéndole implícitamente a su hermano que su comentario no le importa—. No son la primera pareja gay del mundo ¿saben? Y estoy segura que tampoco son la primera en el mundo deportivo.
—Pero sí lo seríamos al hacerlo público y…
—¿Se lo imaginan?
—Miwa —el azabache vuelve a meterse, esta vez alzando un poco más la voz. No sabe si Shoyo está ya lo suficientemente acostumbrado a abordar el tema de una forma tan pública como lo está siendo su hermana justo ahora dentro de la estética pero lo único que le pasa por la mente es que su hermana está hablando de más—. ¿Podrías dejarnos este tema a nosotros dos?
—¿Qué? Shoyo no luce enfadado ¿verdad? —Hinata asiente aunque parece pensativo. No está precisamente molesto ni preocupado, realmente es como si estuviera reflexionando las palabras de Miwa—. Además no lo dije con mala intención. Saben que los apoyaré siempre pero solo pensé que… —suelta un suspiro—. No sé, podría ser un precedente positivo.
De hecho ya lo es, piensa Shoyo para sí mismo mientras vuelve a su asiento y juega un poco con Mik aunque sus pensamientos están en la Luna.
Ya lo es, piensa de nuevo.
El precedente positivo.
Comenzó a serlo desde antes y ha comenzado a manifestarse del modo en el que varias personas a su alrededor, seguidores e incluso jugadores de otros equipos, le han mandado mensajes privados, no solo de apoyo por los recientes rumores que ni él ni Kageyama se han detenido a desmentir, sino también ese otro tipo de mensajes en los que revelan que están pasando por una situación similar.
Mensajes que le hacen pensar que no está solo ni mucho menos será el último en atravesar por algo así.
La sensación que siente por cada una de las personas que le escribe es similar.
No quieren esconderse más.
Así como él no quiere seguir cosechando mentiras o verdades a medias o tener que cuidar sus comentarios en lo que espera que llegue una solución o una respuesta sensata del cielo.
Si bien ahora no oculta su relación con Tobio, siguen siendo tema de especulación en los medios y de forma pública. ¿Qué va a pasar cuando lo pregunten directamente y no puedan evadir responder?
—Tobio.
—¿Sí?
Miwa y Mik de visita de nuevo en el departamento del azabache, y mientras Tobio está terminando de servir la ración de comida del perro, Shoyo sorprende incluso al adorable Mik cuando sale de la habitación con los ojos brillosos y con demasiada determinación.
—Ya sé lo que quiero hacer.
Pero decirlo es más fácil que hacerlo. Y aunque no se está retractando a él y a Tobio le toma semanas en sopesar cada uno de los escenarios fatalistas comenzando, desde luego, de que pueda tratarse del fin de su carrera deportiva.
O al menos el fin de sus contratos.
—Creo que te estás adelantando a los hechos, Shoyo —de vuelta a los camerinos, semanas después, luego de un partido caluroso y de llevarse la victoria, la mano de Inunaki sobre su hombro, luego de informarles sobre la decisión que ha tomado —aunque más que obligación se siente demasiado bien ser honesto con ellos desde que ya no oculta su relación—, hace que la sensación sea menos pesada—. Eres demasiado valioso para el equipo y todos los chicos te adoran. Además pienso que el entrenador va a apoyarte.
Pero el problema no es él, piensa.
El problema es la gente que está por encima de él.
Patrocinadores, directivos, todo el equipo técnico. Por mucho que Samson estuviera de acuerdo tanto él y Kageyama tienen muchísimo qué perder respecto a sus carreras.
—¿Y qué piensa el torpe de Tobio de todo esto que nos has dicho? —A Miya la idea no le fascina. Basta ver su rostro contrariado y hasta preocupado—. ¿Él está dispuesto a afrontar las consecuencias de su propio equipo si este le llega a dar la espalda?
—Lo está —Shoyo no demora en responder, seguro de él y también de sí mismo—. Y yo también lo estoy.
"¿A qué fuiste a Argentina?
A abrir una puerta."
Kageyama fue poco conciso con ese comentario pero sí fue demasiado firme y seguro de sí cuando tomó sus manos y las besó mientras las apretaba con fuerza. Como si él tuviera un as bajo la manga.
Shoyo tendría que haber preguntado sobre ello.
Pero la cosa es que confía tanto en él que cuando el micrófono que le corresponde sobre la mesa en aquella rueda de prensa, —otras muchas semanas después—con todo el equipo titular de los Black Jackals, aguarda a amplificar lo que salga de su boca ve toda su vida pasar delante de sus ojos.
No se está muriendo ni mucho menos pero nunca pensó que así se sentiría abrir una dichosa puerta.
La pregunta ha sido directa y precisa, y es todo lo que advirtió que sucedería tan pronto lo vieran aparecer junto al resto de sus compañeros y todo sus actos heroicos en la cancha fueran desplazados para dar paso a la rueda imperial de la que se alimenta el mundo y las personas siempre.
El chisme.
Las manos le sudan, la garganta le sabe seca, incluso puede sentir un ligero temblor en los ojos cuando se supone que han hecho eso y dado entrevistas durante mucho tiempo como para sentir ese tipo de nervios de principiante.
—¿Son ciertos los rumores de que mantiene una relación sentimental con el armador de los Schweiden Adlers?
Samson, Meian, Oliver, Tomas, Sakusa, o incluso Miya —sobretodo Miya— van a interceder. Y va a ser demasiado tarde para cuando él quiera retomar la palabra y hablar.
Va a ser demasiado tarde, se repite.
Esto no es como una película de ciencia ficción, piensa.
No es como una de las tantas cintas cinematográficas de Marvel…¡Él no es como ese tal Tony Stark pasándose olímpicamente las órdenes de ser mesurado y seguir al pie de la letra una de las tantas respuestas que tiene escritas en una de las tarjetitas que le dan como apoyo en la última escena.
No es como que pueda solo decantarse por hacerlo "a lo ironman" y ya está y...
"Podrías sentar un precedente positivo"
"Tú abriste las oportunidades, no las oportunidades se abrieron a ti. No olvides quien logró todo eso"
"¿A qué fuiste a Argentina?
A abrir una puerta."
—La verdad es que… —cámaras enfocándolo, micrófonos acechándolo, ojos puestos en él—"Sí, bueno...Que sea a lo iroman"— ríe internamente antes de decir—. Sí. Kageyama y yo somos pareja.
Dios, a Tobio le va a encantar esto.
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Continuará.
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Notese que el nombre del capítulo es el mismo que el del capitulo de esta semana del manga (?)
¡Ya solo queda un capítulo! Sí, bueno, lo del final lo tenía planeado desde hace muuuucho jajaja Solo que no sabía cómo abordar el tema y viendo de nuevo Iroman se me ocurrió(?) Además que platicando con la bella Steff igual me devolvió la idea y la reforzó con todo nuestro hype que siempre nos acompaña.
Igual no planeaba prolongar mucho la separación de Tobio y Hinata. Creo que ya cada uno ha tenido su propio tiempo para reflexionar además de que en este capítulo principalmente me quise enfocar en su unión y en lo conscientes que son de lo que va a implicar decirle al mundo sobre su relación. Y aunque puede que la escena final haya sido un impulso de Shoyo precisamente, es algo que ya habían conservado desde hace mucho.
Como dije, solo queda un capítulo según lo planeado, que espero así sea para finalmente dar paso a la historia de Sakusa y Atsumu que vengo planeando también desde hace rato. Será como una especie de spin-off de Honne. Posiblemente quizá también escriba un poco sobre Tooru siguiendo la línea del tiempo de Honne, aun está en veremos esto último.
Pronto daré más avisos sobre esto, primero necesito terminar la historia principal jajaja
¡Espero hayan disfrutado el capítulo!
Lamento la demora, el trabajo luego me exige demasiado y luego me pierdo.
¡Besos!
