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FINAL
Nunca es tarde para descubrir el mundo
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El silencio que se genera es muy pequeño —porque todos están concentrados en lanzar preguntas y exigir más respuestas, en empujar a otros y en acercar micrófonos— en comparación a la paz que Shoyo siente y siente por todo su torrente tan pronto se pone de pie y se encamina a la salida siendo perseguido por una estampida.
Lo siente.
Siente cada uno de sus músculos tensarse pero, a su vez, los siente liberados.
Está pasando.
Finalmente está pasando.
Y aunque está ligeramente tembloroso, sudado, y agitado, también se siente increíble.
"El día que te des cuenta de la capacidad que tienes, ese día serás invencible"
El día que le dijeron eso, con capacidad no pensaba que se refirieran a algo que no tuviera que ver con el voley. Pero era un consejo que englobaba todo lo que él representaba.
Era cuestión de tiempo para que se diera cuenta.
Y ahora que lo sabe siente que el mundo camina a un paso más lento.
—Shoyo, qué acabas de… —Hinata sostiene su teléfono con fuerza. No sabe ni cómo es que se las ha arreglado para evadir todo ese mar de gente y ha conseguido un poco de paz en su camerino.
Natsu, del otro lado, está nerviosa.
Nerviosa y a la vez asustada.
Shoyo sabe que su madre aún no ve las noticias —aunque pocas veces las ha visto— pero es algo que sucederá con los días. Por eso ha recibido la llamada de su hermana, la de ella y la de nadie más —a pesar de que todo su teléfono está saturado con notificaciones de cada red social en la que tiene cuenta—.
Y porque también necesita oírla.
Porque necesita oír a alguien de su familia apoyándolo en este momento.
—Shoyo, siempre estaré de tu lado. Y siempre serás mi hermano —el rematador de los BJ suelta una risita mezclada con un poco de congestión nasal. No es necesario que se lo diga, cuando una persona llora se percibe aún a través del auricular.
—Natsu.
—¿Sí?
—Abraza a mamá por mí, ¿quieres? Y dile que la amo.
Y luego cuelga.
No le pide a ella que le perdone. Porque pedir perdón es cuando ocurre o haces algo malo.
Y lo que hay entre Tobio y él nunca fue incorrecto.
Cuando Natsu cuelga luego del "te amo y siempre te apoyaré", en medio de risas y un poco de llanto, no se derrumba. Se siente más fuerte.
Pero aunque Shoyo quisiera pensar que esas palabras son todas las que necesita para no arrepentirse de lo que ha hecho en el tiempo que lleva ahí encerrado—porque ya no sabe ni cuánto ha permanecido ahí luego de que casi todo el equipo lo escoltara y le diera su protección para sacarlo del ojo del huracán de los reporteros— , en cuanto la puerta del camerino simplemente se abre, toda la concentración de su fortaleza se viene abajo cuando lo ve a él de pie.
Con el cabello humedecido —seguramente porque ha corrido como nunca antes lo ha hecho en su vida—, con la respiración entrecortada, con toda la ropa arrugada, con el aliento reseco, Tobio está ahí.
—V-vine tan rápido como pude y… —Shoyo no lo deja hablar, solo se levanta de la silla, corre a sus brazos y lo besa. Lo besa con tanta fuerza que chocan los dientes y duele un poco.
Y luego ríen.
Ríen porque eso de chocar los dientes será lo único que duela.
A partir de este momento nada más dolerá, se repiten ambos. Nada se tendrá que ocultar. Nadie los va mandar a callar.
Lejos de sentirse una noticia, o de sentirse unos héroes, solo se sienten ellos mismos cuando salen del camerino tomados de la mano.
Se sienten en la cima del mundo.
Pocas veces Tobio se ha sentido empequeñecido pero justo ahora no hay nada de eso. Ninguna cámara, ningún reflector, nada lo hace sentir pequeño si está de la mano de Shoyo, apretándola y siendo fuerte a lado de él.
Caminando a su lado con una fuerza renovada que no se creyó capaz de tener algún día y, de ser este un universo cinematográfico acerca de super héroes, con la capacidad de detener cualquier ataque que venga de frente.
—Decidí contarlo para sentar un precedente positivo —es lo único que sale de sus labios y que queda televisado cuando atraviesan la puerta dejando cada uno de sus miedos atrás.
Y esa nota se repite en cada programa deportivo con el que se topan cada que encienden el televisor días y semanas después.
...dijo Hinata Shoyou, una de las estrellas del voleibol japonés luego de asumir públicamente ser gay. Su confesión ha dejado por el momento de lado la obtención de-...
—Tsk. ¿Que no saben decir otra cosa? —cuando Miwa cambia de canal, Natsu sale de la cocina con el tazón de comida para Mik mientras Kageyama está en el sofá de una pieza abrazando a Shoyo por la espalda, como si no fueran capaces de pasarse al de dos piezas o tan siquiera separarse un poquito.
A pesar de que Miyagi es un pueblito muy chico y conservador, su familia lo tomó absolutamente bien. Natsu, principalmente, no se ha alejado de su hermano ni un minuto y se ha tomado un par de días para pasarlos con él y con el novio de este. Además de que con Miwa, la hermana del armador, parece haber germinado buenas migas.
Con respecto a la familia de Tobio, su madre lo tomó demasiado bien. Aunque su padre...bueno, hace lo que puede. Lo acepta a su manera.
Y aunque solo una semana ha transcurrido luego de la confesión pública —que seguramente va a continuar siendo un tema del cual van a seguir hablando durante un buen rato— Shoyo nunca se había sentido tan libre como lo fue la primera vez que remató el balón gracias a la primer levantada que Tobio le dio.
—Es distinto a la realidad que estaba preparado para asumir —confiesa, y tanto las hermanas de ambos como Tobio lo miran esperando que continúe—. Esperaba que fuera peor.
Desde luego que ha recibido comentarios de todo tipo. Los desaprobatorios, por ejemplo, son los primeros en los que ambos tuvieron que trabajar además de aguantar las notas enteras en horario estelar en cada uno de los canales nacionales, y un par internacionales, hablando a cerca hasta del cereal que comen.
—Hicieron mal su trabajo. No dijeron esta vez cuántas veces van al baño.
Pero no le importa.
—Si les gusta, bien. Sino, también —es lo que siempre dice, y poco de ello le ha afectado realmente.
Todo desde que se ha sentido genuinamente apoyado por una gran cantidad de personas yendo desde su familia, la familia de Tobio, hasta de parte de los jugadores de los equipos de ambos.
A Shoyo no se le olvida la manera en que se sintió respaldado por cada uno de la cuadrilla de titulares de los Black Jackals y de cómo franquearon obstáculos a su lado, permitiéndoles salir del lugar sin ser engullidos por la multitud enloquecida de reporteros.
Miya y Sakusa se veían particularmente entregados a alejar a cuanto reportero se le atravesara. Tiene que agradecerles debidamente, piensa antes de suspirar.
Antes tenían que estar escondiéndose absolutamente todo. Shoyo ni siquiera podía subir una historia a sus redes sin que se crearan rumores pero desde la conferencia de prensa todo eso ha pasado a segundo plano.
Atravesar la duda, el miedo, el insomnio solo eran un par de cosas de las muchas que tuvo que soportar. Que tuvieron que soportar ambos.
¿Esperar las consecuencias profesionales? Sin duda eso era en lo que Shoyo más pensaba pero eso dejó de importar el mismo día que Kageyama sostuvo su mano, durante todo el trayecto a casa dentro del taxi, y le contó lo que había ido a hacer a Argentina.
Tiene que admitirlo, parte de la tranquilidad que ahora posee, a pesar de que todo el asunto es reciente, se debe a él.
A Tobio.
A él y a su inusual pero increíble as bajo la manga.
—Pronto tendrán que añadir a esas notas que te unirás al equipo de Argentina, junto conmigo —Shoyo ríe un poquito, subiendo las piernas al sofá, desechando completamente la idea de apartarse de su lado solo porque la posición le resulta incómoda, mientras siente como éste lo aprieta más y le besa la mejilla desde atrás.
—Y también con Oikawa-san —Tobio frunce el ceño.
—Shoyo, no lo arruines.
—¿Saben qué? Mejor no hagan nada y dedíquense a vender hamburguesas —Miwa sostiene a Mik de las patas delanteras mientras Natsu no puede evitar soltar una carcajada por las posiciones que hace.
—Nadie te preguntó, ne-san.
—Hermanito. Tú empezaste.
—¿Yo empecé qué cosa?
—Sí, bueno, hay que darle un poco de crédito a Tobio-kun por esto —concede Natsu, tan oportuna como siempre, compartiendo una risa con Shoyo, oyendo como el dúo Kageyama prosigue con su riña.
Shoyo tuvo tanto miedo porque no sabía cómo iba a reaccionar el resto de los jugadores, el cuerpo técnico o los dirigentes de los clubes hasta que entendió que esos fantasmas no le pertenecían a él.
Aún así es cierto que el impacto que tuvo al enterarse de que Kageyama, no solo había ido a Argentina con el propósito de confrontar a Oikawa, sino también a arriesgarse —de paso humillarse frente al Gran Rey— y pedir una reunión, con el tiempo ajustado, con el equipo técnico de Bolívar, fue demasiado.
—Te lo dije. Fui a abrir una puerta.
Tobio no solo había ido hasta del otro lado del mundo para superar su pasado y entender mejor acerca de los miedos de Shoyo sino que también fue a asegurar el futuro de ambos de la forma que fuera en el extremo caso de que Adlers y Black Jacklas decidieran terminar sus contratos.
—Quiero que te sientas feliz y te sientas seguro a mi lado. No únicamente a medias —esas habían sido las palabras de Kageyama antes de besarle las manos y retirar un poco las lágrimas acumuladas en su rostro.
Fue tan asombroso y tan de risa que le dijera algo tan importante encima de un taxi y con el chofer oyéndolos a un par de centímetros pero Shoyo no lo esperaría de otra forma porque así de raros e inesperados son ambos.
Nunca planean nada y aún así las cosas les salen de maravilla. Tanto o más que cuando hacen el amor y siempre tienen una anécdota de la cual reírse.
—Hicieron notas de mí en todo el mundo donde decían que no había un precedente de deportistas que se hayan declarado gays. Entonces quise ser yo.
El ayer apenas es un suspiro del que Shoyo recuerda poco pues ahora cada que levanta el teléfono solo recibe mensajes de apoyo e invitaciones de entrevistas exclusivas en las que puede hablar sin tapujos y sin miedo a nada.
En las que no tenga que seguir un orden y tenga que leer respuestas preparadas.
Solo él y su voz, y su sinceridad.
—¿Y tu equipo? ¿Qué tal lo tomaron?
Desde luego uno de los principales miedos era que no los contrataran más por considerarlos "problemáticos", y aunque las palabras de los dirigentes de Bolívar conmovieron a Shoyo a través de un mensaje, no hubo de ser necesario despedirse de nadie.
Ni de los BJ.
Ni de los Adlers.
—Me sentí respaldado por mi equipo y por varios jugadores de equipos contrarios. Cuando empecé a dar notas se hizo masivo —Shoyo hace una pausa, soltando una risa frente a la presentadora, a las cámaras y frente a miles de personas a través de una pantalla—. Desde luego todos quedaron sorprendidos pero los dirigentes del club fueron los primeros en respaldarme. Percibir aquella protección grupal e institucional me permitió tomar más confianza y estabilidad.
Shoyo lo recuerda como si hubiese sucedido hace horas.
Aún puede recordar que el primer abrazo que recibió de ellos fue de parte de Samson. Eso junto a todo su incondicional apoyo.
En la selección todo mejoró.
Y no fueron necesarias las despedidas, solamente los agradecimientos. Los agradecimientos a Bolívar y también a los BJ.
—Entonces ¿seguirás jugando para los Black Jackals?
—Así es.
Nunca se le han dado las entrevistas pero Shoyo las siente—desde que las da— más como parte de una conversación con un amigo que otra cosa.
Quizá porque el mundo siempre ha pensado demasiado las cosas sobre un hombre gustando de otro como algo antinatural pero…
—...Cuando se dieron cuenta que no pasaba nada, se relajaron. ¡Incluso empezaron a hacer chistes! —Shoyo hace una pausa concediendo algo de tiempo para que la risa de los demás se escuche—. Ahí me di cuenta que no era por discriminación, sino por ignorancia.
Silencio.
—Por último, Shoyo-kun…¿eres feliz?
—No sabes cuánto.
Cuando Shoyo recibe saques demoníacos solo hay un pensamiento que se le atraviesa.
Aunque duela, aunque arda, aunque lo desestabilice, se tiene que levantar. En sacudirse la arena, las heridas, los pedazos de sí mismo, y reconstruirse.
Si lo recibes de pecho, o con la cara, o con los brazos, la emoción y la tenacidad es la misma
Levántate, levántate.
Y lo mismo sucede ahora.
Cuando la entrevista termina y Shoyo se levanta, mientras la presentadora y el resto de la audiencia también lo hace, se siente increíble.
Las voces a su lado son todas ruidosas pero son amables. Y todas gritan y aplauden su nombre.
El sonido de las cámaras tampoco cesa pero...Dios, qué increíble se siente poder caminar sin ese peso sobre su espalda.
Qué increíble se siente poder levantar el rostro en lugar de ocultarlo.
Y qué increíble —aunque algo apenado— se siente poder ver el programa finalmente transmitido días después desde la sala del nuevo departamento que comparte ahora con Kageyama, junto al resto del equipo, las hermanas de ambos, y Hoshiumi-san en representación del resto de los Adlers.
—No captaron tu mejor ángulo, Shoyo. ¿Y qué es ese pobre trabajo de iluminación en tu rostro? A mi me hacen eso y quemo el estudio entero.
—Sí, Miya. La cosa aquí es que a ti ya no te quieren invitar a ningún programa porque eres insoportable con los maquillistas —Miya suelta un quejido agudo al comentario de Shion como si se sintiera ofendido más por el hecho de que se tomen el tema del maquillaje con demasiada ignorancia como por reconocer que es demasiado demandante hasta por cómo se le ven las pestañas cada que sale en televisión.
—No olvidemos que también les coquetea —añade Tomas, pasandole el tazón de papitas a Bokuto quien tiene seis bombones en la boca y un vaso de refresco en la otra—. Respira, por favor, Bokuto-kun.
—Deja de ser tan asqueroso.
—¿Lo dices por Miya o por Bokuto? —cuando Sakusa dirige los ojos a Miya, este no sabe en dónde esconder la cara además de que no sabe por qué demonios siente que se le calienta todo cada que sus ojos chocan.
Que sí, no fue nada agradable tener que admitir su derrota frente a Tobio por Shoyo pero desde que sucedió lo de la rueda de prensa se ha sentido particularmente expuesto al ojo juicioso de Kiyomi como si lo devorara vivo.
Sí, esa es su otra forma de decir y explicar que le pone nervioso desde hace semanas y no entiende por qué.
Sakusa no responde pero para Miya es suficiente recibir su mirada para callarse de una vez.
—Wakatoshi dice que le grabemos el programa —aunque cuando Hoshiumi abre la boca solo para mencionar a Ushijima, sin embargo, a Miya le provoca tortícolis pues es como si Sakusa perdiera su centro junto a la concentración de todo lo que sucede a su alrededor (hasta de regañarlo o sentir repulsión por él) cada que lo mencionan.
—La entrevista la terminarán subiendo a Youtube ¿para qué necesita una copia?
—Dice que quiere tenerla como recuerdo.
Y mientras la sala estalla a carcajadas, Shoyo se disculpa con ellos un momento para ir en busca de Tobio —quien últimamente se ha vuelto fan de la cocina y en más de una ocasión comparte tips y recetas con el siempre tronco Ushijima— , sorprenderlo y rodear su espalda desde atrás, abrazándolo. Y ya que sigue siendo jodidamente más alto que él alcanzar a ponerse de puntitas y besarle el hombro por encima de la ropa.
—¿Ya estás listo? —Shoyo entierra el rostro en la espalda de Kageyama, riéndose de los nervios—. Vamos, lo harás bien. Ya ensayaste mucho.
—Sí, pero...Aun no me acostumbro a hablar frente a muchas personas y...
—¿Enserio? ¿Enfrente de mis palomitas? —cuando Miya se aparece en la cocina, sintiéndose ofendido de presenciar demasiada diabetes que no pidió, con el tazón de palomitas que le quitó a Bokuto (y en busca de rellenar su vaso con té) Tobio suelta los utensilios de cocina y se voltea solo para abrazar más a Shoyo y fastidiarlo al armador de los BJ con ganas—. Me das asco. No tu, Shoyo. Me refiero a Tobio.
—Es mi casa, Miya-san puede irse si se siente incómodo —y con incómodo se refiere a que para él siempre estuvo claro que lo que sintió por Shoyo no fue algo momentáneo.
Y aunque está tomando el buen hábito, ahora, de no menospreciar ningún sentimiento que provenga de nadie con respecto a Hinata, aun así no deja de querer sentirse victorioso por tener a Shoyo con él y de no compartirlo con nadie.
—Sigues siendo un maldito santurrón y…
—Shoyo ¿estás listo? Tomas ya preparó todo —la inoportuna presencia de Shion interrumpe adecuadamente que Hinata casi se quiere echar a llorar y agradecerle por haber aparecido.
Al día de hoy sigue considerando que Tobio es un exagerado cuando se trata de Atsumu pero agradece internamente que siempre llegue alguien a interrumpir cada vez que se quieren sacar los ojos.
Ver a Tobio molesto —y un poquitín celoso— sin embargo, le encanta.
—Sí, bueno ¿qué tan difícil puede ser? —permitiéndose ser un poco melindroso es que deja que Miwa, quien solo está ahí de paso pues tiene una cita con su nuevo potencial novio, le acomode el cabello.
—Es solo un en vivo con sus seguidores, no creo que necesite tanto…¡Auch! —la mano de Miwa ataca la mano de Tobio en tanto se acerca al pequeño mini set improvisado instalado en el estudio de su nuevo departamento pretendiendo tocar el bonito cabello de su novio.
—Aleja tus manos. No toques mi obra maestra.
—Solo le estás poniendo un par de pasadores.
—Tu serás muy su novio, hermanito pero durante los próximo veinte años los peinados de Shoyo déjamelos a mí —dice compartiendo una risa con Natsu antes de voltearse a mirar a Shoyo como quien tuerce el cuello para contarte el chisme del año—. Tu puedes salir vestido como se te antoje pero de tu cabello me encargaré siempre yo ¿entendiste?—
—¿Y qué pasa entonces si se va de gira o se va a jugar al extranjero?
—Contrátame. Te haré ver como una estrella de rock si me lo pides —Shoyo ríe mientras asiente.
—Ella tiene razón. Puedes salir desnudo si quieres —apoya Bokuto volviendo con el tazón de palomitas relleno secundado de Miya quien de inmediato se escandaliza por la idea.
—Por favor, no le den ideas. La última idea tonta que le dieron terminó siendo trending topic en twitter.
—Ah, bah, tampoco estuvo tan mal —Atsumu casi suelta un grito desgarrador en cuanto oye a Inunaki, de esos que lo hacen representante de la histeria colectiva de un sitio.
—¿Besarse en medio de un partido no te parece demasiado, Shion-kun?
Cada que Shoyo lo recuerda no puede evitar sonrojarse y reírse. Porque si bien recibieron una llamada de atención ante eso, lo cierto es que, en el momento, al público le fascinó tanto como para que los comentaristas bromearan sobre ello en vivo y los incitaran —en cierta forma— a repetirlo mientras protagonizaban una falsa discusión luego de un punto o remate contrario, terminando en darse un beso rápido que se perdió entre tantos gritos de la fanaticada.
—¿Desde cuándo eres tan pudoroso, Miya? —Hoshiumi, entretenido con colocar el hashtag correcto en instagram mientras prepara la subida de una foto, apenas le presta atención. Mismo efecto que Atsumu tiene sobre su pregunta, volteando a mirar a Sakusa quien está más callado de lo usual.
—Solo culpen a Omi-Omi. Él le pasó ese estúpido video —pero como si no fuera suficiente, algo lo jala a sentarse a lado de él sabiendo que lo que va a recibir es una reprimenda.
—Ven y dímelo a la cara, Miya.
—Shoyo, ya es hora.
Es increíble lo mucho que puede cambiar tu vida en tan pocos meses.
En lo mucho que tiene que suceder y en las muchas sacudidas que te tienen que estremecer previamente antes de la resolución de algo.
Pero aunque muchas cosas cambien, hay otras que se quedan. Y Shoyo quiere preservar cada una de las cosas buenas y dejar en un recuerdo las malas.
Quiere preservar el recuerdo de mirarlos ahí, a todos ellos, siendo los mismos de siempre y que en veinte años puedan volver a reunirse para recordar y reírse incluso si no permanecen juntos jugando para el mismo equipo mucho tiempo.
Pero, sobretodo, quiere que durante esos veinte años, la persona que esté a su lado solamente sea una.
Que sea Tobio.
Y que sea la mano de él la que siempre busque cuando dude o tenga incertidumbre por algo.
Que juntos busquen las respuestas a las preguntas que aún no se hacen pero que seguramente vendrán.
Y que estén juntos para afrontar cualquier cosa.
—Ya está.
—¿Eh, ya? ¿Enserio ya está grabando?
—Que sí, torpe. Mira, saluda.
—¡Ah, Hola! ¡Son demasiados!
Muchos miles de personas viéndolo —sin contar al resto que está a solo una pared de distancia de él en la sala— y Shoyo solo tiene sonrisas para compartir.
Yendo en autobús, estando dentro de un ascensor, sentado en la barra de un bar o simplemente sujetando la correa de su perro en su salida a pasear por las tardes, desde muchos lados, desde muchos lugares, hay gente viéndolo.
Desde adultos mayores que sostienen las manos de sus valientes nietos luego de que papá y mamá los corrieran de sus casas hasta la parejilla de novillos que se esconde debajo de un puente porque son los únicos momentos en que pueden verse.
Desde la cajera del banco hasta la pasante de enfermería.
Desde la esquina solitaria del hijo mayor de un soldado de la milicia hasta la punta sobre la que un alpinista hace una conquista.
Pensar en ello y en la cantidad de gente que, aun desconociendolo, está conectada a él de esa forma, le conmueve.
Pero no está ahí para ponerse a llorar aunque ganas no le faltan.
Lo que sí le falta, si se permite ser franco, es entender el funcionamiento de un en vivo en instagram pues hay demasiadas opciones y Shoyo se entretiene, por unos segundos en un gesto que le hace ver tierno ante los miles de ojos que están pendientes de él ahora, en seleccionar un filtro adecuado robándole la risa a los instablogger más experimentados que lo miran desde el otro lado del mundo sin importarles si van a dormir poco esa noche.
—¡Ah, hay un filtro de Ushijima-senpai! ¡Es genial! —el cual consiste en su corte desfavorable y un par de cejas sobrepuestas haciendo lucir a cualquiera malhumorado.
Las carcajadas de Hoshiumi y compañía llegan hasta el cuarto donde está él, haciendo que se cuelen un poco y, por consiguiente, que la caja de comentarios casi explote en cuanto los fans comienzan a hacer preguntas sobre si los BJ y los Adlers están por ahí.
Cosa que aunque Shoyo quiere ocultar con una mentirita queda como un estúpido cuando Atsumu, desde su cuenta, le manda un corazón y le escribe algo como "Él será muy tu novio pero yo sigo siendo tu armador", haciendo encender, de nuevo, a los seguidores quienes se unen a Miya con la etiqueta de, algo que dice más o menos, #AtsuHinaEsReal.
Etiqueta que rápidamente es desplazada hacia el fondo de los demás mensajes que llegan por el ímpetu del club de su club fans —que Hinata ni siquiera sabía que él y Tobio tenían — al colocar #KageHinaEsCanon, sobrepasando al primero por unos tantos miles de comentarios.
—¡Responde las preguntas, calabaza! —grita Sakusa desde el otro ambiente lo que provoca más alboroto entre los usuarios que alcanzan a oírlo, especialmente a los tantos miles de fanáticos de la pareja que conforman él y Miya.
Kiyoomi hace mueca desagradable al ver la etiqueta #SakuAtsu adornada de un corazón color mostaza y otro color negro segundos después.
—¿Eh? ¿Pero que no yo debería ser el seme? —añade Miya como si no temiera al aura de muerte que desprende Sakusa a su lado.
—¡Shoyo, responde!
—¡Oh, sí! Veamos…¿Qué cómo lo tomaron los demás? —hace una pausa, pensando— Una vez nos encontrábamos todos en las duchas y fue muy divertido ver a algunos chicos cubrirse con demasiado pudor mientras yo estaba por ahí — y durante la siguiente media hora Shoyo suelta un par de anécdotas divertidas, que en su momento fueron demasiado complicadas de sobrellevar, acerca de cómo lo tomaron el resto del equipo—. Aunque ahora todo esto me causa gracia la verdad es que...fue difícil. Porque tenía miedo.
Dicho eso último el aire se torna más serio pero no menos sincero, y durante un par de segundos Shoyo deja de responder y se pierde en pensamientos.
Como si quisiera decir algo.
Como si quisiera añadir un último mensaje antes de terminar con ese día.
—Mucha gente me envía mensajes estos días y me pregunta que se siente decir la verdad. Lo único que puedo decirles es que se siente igual a ser invencible y ser libre.
"Mientras yo esté aquí, serás invencible"
Como van acorde esas palabras justo ahora, piensa.
Y cuando la mirada se pierde en un punto específico y deja de ver a la cámara de su teléfono, Tobio está ahí, observando en silencio como Shoyo, de nuevo, domina cada una de sus batallas porque él es así. Porque es imposible que se rinda incluso en la peor de las situaciones. Porque su naturaleza es, de por sí, indomable. Sintiendo que no encajaban en el mundo, crearon uno propio. Uno cimentado por toda la experiencia recolectada durante años, con pizcas de miedo, de incertidumbre pero también de confianza, y sobretodo, de amor.
De amor propio y de amor hacia los demás.
Porque para Shoyo nada es imposible.
Así como para Tobio, en tanto le devuelve la mirada, es imposible no recibir algo de la luz que está emitiendo este día.
Ahora que saben que tienen el respaldo de mucha gente, se siente increíble.
Y porque es imposible que no se sientan invencibles si miran hacia atrás y recuerdan todo el camino que han recorrido juntos y también de manera individual. Antes de que se toparan con el otro. Camino que no ha sido fácil y por lo mismo es más satisfactorio.
—La gente me pregunta si soy feliz —hace una pausa—. Lo soy. Hoy disfruto de cada cosa que hago y amo —dice con una una sonrisa que refleja su presente—. A veces pensamos demasiado pero sentimos muy poco —suelta bastante aire, volviendo a enfocarse al frente.
A ese hijo que teme ver a sus padres a la cara.
A ese joven profesor que teme decirle a su futura esposa que solo está con ella por imposición y no por amor.
A ese muchacho, que esconde su particular talento de colocándose en puntas, que cada mañana arrea la tierra para un sembradío.
A los que viven a medias, a los que callan sus voces, a los que sueñan en grande pero en silencio les apagan los sueños.
—El mundo nunca se va a mover como queremos y la codicia seguirá envenenando a las almas. Las barreras de odio no se detendrán pronto pero...todo ese rechazo tiene que pasar.
Si cayeran los paradigmas.
Si la discriminación y el rechazo dejara de aniquilar sueños, ¿el mundo progresaría más a prisa?
—Pero no se trata del mundo ¿saben? Se trata de uno. De ti. De mi. De la persona a la que amamos y de las personas que nos aman.
Los demás que les quepan las dudas.
Que sigan con cerebros y corazones de máquinas porque él ya no. Hace tiempo que Shoyo ya no se siente esclavizado, que ya no siente que su vida está reglamentada por el orden o por la segmentación de solo un grupo de hombres que dicen qué está bien y que está mal.
—Durante mucho tiempo estuve bajo la sombra de mí mismo y… Solo me di cuenta que a nadie más le va a interesar mi felicidad si yo mismo no la deseo primero para mí. No podemos controlar la manera en la que el mundo nos ve— calla un momento y ya ni siquiera alcanza a leer con la rapidez con la que se muestran los millones de comentarios mientras habla al mismo tiempo que la pantalla se adorna de corazones de muchos colores y se tapiza con mensajes de apoyo y agradecimiento.
Corazones de un mundo que no le da la espalda.
De una realidad muy distinta a la que estuvo preparado a afrontar.
Las cosas no han sido fáciles, desde luego, pero ha sentido más apoyo del que se hubiese imaginado jamás.
Es un ser humano como el resto de la gente. Y como el resto de la gente quiere seguir amando a quien le plazca, y seguir haciendo las cosas que ama. Además de que Tobio le ha enseñado —y él mismo también solo que lo había olvidado— que tiene la capacidad se abrir puertas y de comprar paredes enteras si así lo desea.
Porque los que critican creen que solo ellos son libres mientras esclavizan a los demás pero Shoyo hace rato que ha dejado eso atrás pues no solo tiene el poder de abrir puertas, de crearse oportunidades o de hacer que hablen de él por mérito deportivo.
Así como él, así como Tobio, así como cada una de las personas viendo —en un par de horas— su en vivo grabado y subido a las demás redes hasta llegar a cadena nacional, también tiene la capacidad de crear felicidad.
Y de hacer la vida tan libre y hermosa como él quiera.
—Un profesor hace un tiempo me dijo que cada momento de mi vida es volleyball. Y quiero creer eso. Que a donde quiera que vaya puedo hacer volleyball.
Sea en el sitio que sea, sea con el equipo que sea, su sed de dominar cualquier obstáculo a pesar de las adversidades no ha cambiado. Puede que el camino que haya tomado, junto a algunas de sus decisiones, se hayan transgiversado pero ya no más. No desde que Shoyo sabe que tiene el apoyo de tantos pero sobretodo la convicción firme en sí mismo.
Desde que decidió ser feliz a costa de todo y de todos.
—La felicidad está en cada uno de nosotros, no en los demás. Tampoco quiero vivir mi vida siendo quien no soy, ni hacer un deporte en el que no me acepten solo porque quiero ser feliz —hace una pausa alargando la mano y perdiendo la concentración en alguien a quien ve dentro del cuarto—. Yo solo quiero ser feliz en mi mundo, y mi mundo ahora lo tengo en mis manos.
Cuando la mano de Kageyama se cuela por dentro de la imagen el mundo —y todo el internet— vuelve a estallar, tanto o más que antes pero no les importa.
Ya no les importa.
La década ha terminado de todas formas, y ellos han estado juntos casi desde el inicio de esta.
Han sucedido cosas emocionantes y otras veces cosas muy lamentables pero todo sucedió demasiado rápido como para hacerles entender que nada nunca es eterno. Y que el tiempo que les reste estando juntos en japón, en sus equipos actuales, deben atesorarlo del mismo modo que se atesorarían estando lejos.
Quien sabe, el tiempo se estira de muchas formas pero mientras vivan el presente van a esperar que el futuro llegue como tenga que llegar.
—Bueno, ¿no estuvo mal, verdad? —cuando el en vivo termina, Shoyo rápidamente se pone de pie y va a abrazar a Tobio, quien antes se ha asegurado de colocar el pestillo de la habitación para no recibir a ninguno de los metiches que tienen por invitados en la sala, escondiendo el rostro sobre la remera que huele tanto a él.
—Estuviste excelente. Solo dijiste las palabras correctas.
Las palabras correctas.
Shoyo no se siente que así haya sido porque su intención no fue sentar un testimonio que sirviera como una receta. Como una especie de pasos a seguir en imitación.
Aún así, prefiere conservar la sensación de que a partir de su historia, los demás que lo vieron hace unos minutos, las millones de visitas que tuvo, puedan ser capaces de vivir las propias.
Que ese niño de la oxidada bicicleta pueda regresar a casa y aceptar el abrazo del padre estricto, quien comienza a entender, que aunque parezca un paso flojo, es demasiado para él.
Tanto así como el quiso eso para sí mismo.
—Entonces —la nariz de Kageyama sobre su cabello, oliendo como si fuera un niño pequeño— mientras estemos juntos, seremos invencibles, ¿no es así?
—Ya lo somos, Shoyo.
Suponiendo que ahora la historia de alguien más comenzará a partir de la de ellos es que Shoyo se permite sonreír sobre su pecho mientras lo abraza todavía más, escuchando como empiezan a golpear la puerta de la habitación con demasiada insistencia al mismo tiempo que oyen como gritan, se alborotan y se ríen del otro lado.
Quien sabe, puede que no suceda nada tampoco pero sabe se necesita empezar a romper ese silencio para que la gente pueda elegir ser feliz.
Inhalando el aire profundamente, como si empezara a sentir fuego en cada célula de su cuerpo, toma de las mejillas a Tobio y lo besa.
—Te amo.
—Y yo te amo a ti.
No es demasiado tarde para descubrir el mundo, ni demasiado pronto para explorar estrellas.
La razón para pisar la tierra es solo una: Ser feliz.
Y nunca será demasiado tarde para amar a alguien.
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Notas:
El final del manga -que aún no sucede- me vino a terminar de matar y aunque es solo coincidencia de que este sea el final de Honne, SE SIENTE HORRIBLE :''''v
Sí, lo siento para quien pensé que sería más largo pero creo que ya abarqué completamente lo que quería abarcar en la historia y pues...sí, Honne ha llegado a su final. Una historia que comenzó siendo planeada como un Oneshot, luego pasó a ser un ThreeShot y durante muchos años se quedó así hasta que este año decidí volverla un shortfic y pues...se siente extraño porque no soy de escribir shortfics pero con este fic, especialmente con estos dos, siento una conexión muy bonita y especial.
Y acabar un fic siempre se siente agridulce pero estoy feliz. Feliz de que los sentimientos de Kageyama y Hinata les hayan llegado y que puedan tener su final feliz c:
Y no queda más que agradecerles por haberlos acompañado en todo su viaje de dudas, incertidumbre, miedo y sobre todo amor. Y agradecer a la bella Steff (St Yukiona) por siempre estar detrás de mí y presionarme para continuar esta historia jajaja porque sinceramente no lo hubiese decidido por iniciativa propia.
Hace poco recibí un par de mensajes privados donde me preguntaban si la historia es basada en alguna experiencia propia o conocida. La verdad es que siempre tuve la idea de hacer algo así. Con el tiempo me puse a leer demasiados blogs a cerca de cómo se vive la homosexualidad en el mundo deportivo, y el caso particular de un jugador Argentino se me atravesó (esto semanas después de que decidiera continuar Honne). Su nombre es Facundo Imhoff, un jugador de voley masculino de argentina que salió públicamente a decir que era gay en el 2019.
Solo eso creo que pude haber tomado como referencia pero de ahí en fuera no creo que esté basado en nada más. Salvo en experiencias que han vivido un par de amigos muy allegados míos. Mismos que leen Honne (Hola, hdps )
De proyectos a futuro pues...Lo confirmado es una historia aparte del Miya y Sakusa del universo de Honne, y algún especial que quiero hacer sobre Tooru. Ah, además que creo que retomaré Wendigo porque creo que es justo jajajaja (Shortfic Kagehina sobre criaturas mágicas) Esperen noticias prontas en mis redes sociales c:
Y nada más.
Gracias por llegar hasta aquí c:
Y si me siguen en FB las espero el jueves para hacer la llorasion y la morisión colectiva cuando comiencen a salir los spoilers del capítulo final del manga ;-;
Besos.
Rooss-out.
