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1 | Shoyo y Tobio descubren los fanfics.
Luego de haber hecho pública su relación han sentido como si volvieran a tener quince.
Y uno sabe que a los quince, con las hormonas alborotadas y el calor en sus cuerpos a tope, lo único que querían era besarse y manosearse cada que tuvieran oportunidad.
Bueno, ahora es igual.
—Shoyo, aquí no...
—Cállate y bájate los pantalones.
Y de paso, que se los baje a él.
A Tobio inmediatamente se le consume el cerebro cuando Shoyo desliza sus pantalones hacia abajo y de paso arrastra su bóxer dejándolo expuesto, pero lo que definitivamente le hace ponerse duro de inmediato es la perfecta redondez de su trasero cuando se empina hacia adelante y empieza ese juego macabro de menearse delante de él.
No lo puede creer.
Enserio que no lo puede creer.
No es que el sexo entre ellos sea algo malo.
Malo son los días de abstinencia que Shoyo toma como castigo cada vez que le deja marcas por todo el cuello a pesar de que le pide que no lo haga. Y que Tobio, en su osadía y terquedad, deja aún así porque en serio está orgulloso del sonrojo que cubre las mejillas de su pareja cada que tiene que dar una entrevista y el cardenal se asoma por ahí como si fuera un bonito collar de manchitas cafés. Ah, y porque le pone muchísimo verlo sonrojado y sudoroso dar esas entrevistas luego de un partido.
De hecho, Tobio es un enfermo.
Porque cada que Shoyo sale en una entrevista y se muerde el labio, se manosea. ¡La última vez que se había masturbado había sido durante el tiempo en que Hinata estuvo en Brasil! ¡Ni siquiera cuando estuvieron a punto de separarse realmente hizo algo como eso!
—N-no hagas tanto...ruido... —pero bueno, ahí está él ahora siendo incapaz de colocarle bien la mano sobre la boca a Shoyo porque este le tortura lamiendole hasta los dedos.
—Dame más... —gime y pide con esa vocecita encantadora.
Ay, Dios.
—Baja la voz entonces...Ah... —¡¿Ese movimiento de ahora qué ha sido?! ¡¿Cuándo lo aprendió?! ¡Porque se sintió jodidamente genial! Tobio tiene que soltar la boca de Hinata y pasar a colocar su frente sobre la espalda sudorosa, esa que está haciendo un arco increíble ahora, del más bajito, para apoyarse en algo y reprimir sus gemidos.
—Tobio, dame más...
Hacerlo en los baños de los gimnasios se está haciendo una costumbre horrible pero no les importa.
Con tantas marcas de sus dientes en la piel del otro y las marcas rojizas que Tobio deja en las mejillas redondas de Shoyo cada que lo azota...Dios. En verdad parece como si estuvieran en celo.
Tobio piensa que quien ha malcriado demasiado a Shoyo dejando que se desvele hasta altas horas de la noche con la cabeza metida en su teléfono, siempre con la justificante de que está haciendo labor de campo para ese nuevo libro del que le han sugerido escribir, es él.
Que sí, salir en entrevistas y dar su testimonio de vida ha servido de mucho para que otras personas, no solo jugadores profesionales, hayan alzado la voz. Pero ahora Shoyo es algo así como una imagen importante en la comunidad por lo que su manager personal, sí, el maldito tiene uno, le ha sugerido sentar su historia en papel y letras.
—¿Sabes cómo se llama nuestro fandom? KageHina. ¿Y sabes qué más? Hay historias donde yo soy el embarazado. ¡Embarazado! ¿Te lo puedes creer? Tu y yo con un mini nosotros corriendo por toda la casa.
—Suena como a una película de terror.
—¿Verdad?
La primera vez que se lo dijo se lo tomó a juego hasta que, claro, luego de tanta insistencia terminó leyendo un par de párrafos de una de las historias que Shoyo había encontrado en esa plataforma naranja.
Fue su culpa, definitivamente. No solo porque siempre tuviera ganas de tener sexo con Shoyo apenas lo veía atravesar la puerta de su departamento. También es su culpa por sentirse ligeramente excitado al leer esas cosas.
—¿Y si lo intentamos? —diría Shoyo esa misma noche luego de unas buenas horas de sexo ordinario y con sus redondas y firmes mejillas inferiores sobresaliendo de la sábana blanca.
—¿Eh?
Y luego de eso siempre terminarían teniendo sexo demasiado temático por primera vez. Incluso Tobio se sentiría manipulado demasiado bien hasta verse convencido de acceder a un juego de roles.
—¡Eso duele!
—¡Tu querías que te mordiera, idiota!
Dios, y esto solo era el principio.
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2 | Deshonrando a los ancestros.
—La historia de hoy es acerca de hacerlo en un santuario sintoísta.
Lo sabía.
¡Sabía que esa insistencia en ir a rendir sus buenos deseos al templo, nada más porque sí, no se debía solamente a respetar una tradición!
Es decir, sí, Shoyo siempre estaba quejándose —cada que podía— sobre aquél incidente hace años. Y Tobio, de alguna manera, siempre resultaba chantajeado al ver su carita malhumorada sobre el recuerdo de la primera vez que le invitó al templo durante la preparatoria y él simplemente le había dicho que no.
Bueno, aunque en realidad siempre que Shoyo hacía esas caras era poco el autocontrol que podía ejercer.
No obstante tampoco le costaba nada complacerlo en lo que le pidiera siempre y cuando estuviera dentro del rango de la decencia y no se le ocurriera una locura. Por ello es que no sospechó nada cuando le dijo a cerca de ir a un santuario cercano como cualquier otro japonés promedio.
Incluso verlo en su yukata se le hizo hasta tierno. Claro que en cuanto llegasen a casa estaba dispuesto a despedazarlo de ser posible aun con la consecuencia de que Shoyo se enojase y que al final tuviese que comprarle otro.
No le importaba.
Pero una cosa era esperar a llegar a su paraíso personal y otro muy diferente era tener a Shoyo apoyándose con ambas manos sobre una de las paredes exteriores de una de las salas ya en desuso —pero que aún forman parte—y cercana a la sala principal del templo con medio Yukata enrollado hasta la cintura y con él entre las piernas, recibiendolo gloriosamente.
¡¿En qué demonios está pensando?!
¡¿Por qué pensó que esto era una buena idea en primer lugar?!
Pero también es su culpa, Dios Bendito. De Tobio.
Debió parar a Shoyo o mandar a cortar el servicio de internet, o esconderle su teléfono durante las noches para evitar que siguiera leyendo cosas sobre ellos dentro de la fantasía de sus fans.
—¡Mmhn! ¡Ahí! ¡Ju-Justo ahí! —cuando Shoyo grita y gime alto, Tobio se escandaliza colocando rápidamente ambas manos en su boca, llevando al máximo la curvatura de su espalda hacia atrás como si fuera un pez fuera del agua pegando tremendo salto.
Ah, Dios. La línea marcada de su columna se ve tan sensual que...¡No!
—¿Oíste eso?
La calentura se les baja de golpe y en cambio sienten que todo se enfría cuando oyen voces aproximarse. Shoyo está a punto de decir algo pero Tobio lo calla, esta vez sí colocando sus manos correctamente. Como puede —y porque puede, claro— arrastra a Shoyo hasta el otro extremo de donde se encuentran justo donde la hierba crece más alto y donde hay nada de luz. Después de todo están en el exterior y eligieron hacer sus cochinadas en la sala más al fondo y a la que poca gente se ve que tiene acceso.
Las demás salas del santuario están decoradas para la ocasión pero esa en especial parece que la han tomado de almacén desde hace años. Solo a un par de tontos y calientes como ellos se les iba a ocurrir hacer algo así y en plena temporada alta de visitantes pero desde que le dijeron al mundo a cerca de ellos parece que hubieran vuelto a la época en la que nada les importaba, cuando eran más jóvenes.
—Los 20 son los nuevos 15, ¿sabes? ¡Ah! —a Shoyo se le atora el comentario sarcástico cuando Tobio vuelve a adentrarse en él como una bestia. No sabe si es porque quiere que se calle o porque de verdad le excitó demasiado el hecho de ser descubiertos hace un rato—. ¡Oye! E-Espera...
—A ti se te ocurrió esto del santuario —Shoyo se lleva ambas manos a la boca queriendo reprimir sus gemidos pero si por él fuera dejaría salir gritos—. Y yo...Ah. Yo te dije que era...demasiado...Ah.
—Ti-Tienes razón —se está burlando. Se le ve en la cara sonrojada y en esa mueca cínica que hace mientras se lame los labios y levanta las piernas, apretándolo para que no se salga—. De-Deberíamos parar.
Tobio sabe que es mentira.
Lo supo desde el momento en el que Shoyo se le insinuó y descubrió que debajo de esa tela no llevaba ropa interior.
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3 | Cosas de Kageyamas.
A donde sea que vayan siempre les hacen preguntas.
Y a donde sea que vayan, últimamente, Shoyo siempre quiere tener sexo.
Tobio piensa que es demasiado. Una vez es increíble, dos aceptable, pero más de tres veces al día es...Dios, su espalda ya la está comenzando a pasar realmente mal. Y dice espalda porque últimamente a Shoyo le encanta subirse encima de sus piernas y montarlo lo cual le encanta obviamente pero que tenga la resistencia de un profesional debido a los entrenamientos no significa que su energía sea inagotable.
A menos que seas Shoyo justamente.
¿Pero con qué cara va a pedirle que pare si una vez que se le insinúa él también forma parte de ello hasta el final?
—¿Te quieres quedar quieto, por amor a Jesucristo?
El regaño de Miwa ni siquiera le afecta en lo más mínimo a diferencia de que ella enserio está a punto de perder la cabeza porque él, justamente, ya perdió la suya.
Siempre es un problema hacer que Tobio se concentre o muestre interés en algo que no sea específicamente Voley o Shoyo pero últimamente parecía un poco más cómodo durante las sesiones de fotos a las que era asignado como parte de alguna campaña publicitaria de los Adlers pero hoy —justamente hoy— luce abatido.
—Luces como si el enano te hubiese exprimido hasta dejarte seco.
Tobio no contesta y Miwa pone una cara de espanto cuando interpreta eso a su modo.
—¿Es enserio? —Tobio no asiente pero hace algo similar al puchero que hacía cuando eran niños y se sentía reprendido por haber hecho algo que le habían dicho que no hiciera. Miwa se quiere morir de la risa ahí mismo pero conserva el profesionalismo por el que fue contratada para la sesión de esa tarde—. Honestamente, Tobio, ¿qué esperabas que sucediera ahora que viven juntos?
No lo va a volver a hacer, se repite.
No va a volver a dejarse llevar ni manipular por Shoyo ni una vez más.
Ni siquiera le ha contado a su hermana —y no es como que quiera ni vaya a hacerlo— sobre lo de las historias en esa plataforma y la vez del santuario.
—¿Y Shoyo dónde está? —aunque cuando evade la pregunta Miwa sabe que no lo hace a propósito. Lo hace porque enserio está demasiado embelesado de su novio como para estar un par de minutos lejos de él.
De hecho, de no ser porque en la sesión de fotos también aparecerá Shoyo, cualquiera aseguraría que Tobio no hubiese aceptado en primer lugar.
—¿Te estás quieto, Tobio? Lo están terminando de maquillar. Dios, parecen dos animales en celo que recién descubrieron para qué sirve lo que les cuelga entre sus piernas y el hoyo que tienen en el...
—¡Hinata Shoyo-san entra al set!
Ah, se ve tan bonito.
Enserio se ve espectacular.
Enserio se ve tan...
—Eres un enfermo —dice Miwa a su lado y él no tiene cómo negarlo pues justo ahora tiene una erección que no se le baja, escondida debajo de la revista que su hermana le ha estampado en la entrepierna sin ninguna consideración.
No puede ser.
—Qué casualidad, ¿No crees, Tobio? La historia que leí ayer era acerca de tu y yo como modelos y un set —¡¿Cómo diablos se percató de ello?! ¡¿Y en qué momento Hinata se acercó tan rápido?! ¡¿Y Miwa a donde se fue?! —. Nos quedan quince minutos antes de que inicie la sesión. Eso fue lo que me dijo el productor y...¡Uy! —Shoyo ni siquiera alcanza a terminar la oración cuando Tobio lo arrastra hacia afuera del set con la excusa idiota de que necesitan unos minutos de concentración.
Unos minutos que sutilmente van a conseguir yendo al baño.
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4 | Shoyo, Tobio, Suze y el omegaverse.
—¿Crees que a los perros les duela?
Tobio lo ve con pánico.
Y enserio está comenzando a tener miedo de cada salida que tiene con Shoyo porque al final parece que todo se torna muy raro cada que hace esos comentarios aleatorios.
Que sí, Shoyo desde siempre ha venido a él de manera inesperada y siempre hace cosas que salen fuera de su entendimiento y del entendimiento de todos en realidad. Pero por la forma en la que lo mira, como si midiera el terreno con esos bonitos ojos, hace que Tobio se enfríe en lugar de calentarse.
Se supone que han salido juntos a correr y pasear a su nueva mascota —Shoyo odia que le llame así—, la novia de Mik: Suze.
Que recontra sí, Kageyama no es muy fan de los animales pero con Mik se lleva bastante bien por lo que Shoyo, en su afán de regalarle su primer hijo de cuatro patas para que le haga compañía cada que él tenga que irse por un par de días por trabajo, le ha conseguido a Suze, una bonita pug. Shoyo la adora y Suze a él, y por consiguiente Tobio tiene que adorar las cosas que Shoyo ama, porque, vamos, ama a Shoyo incluso cuando se aloca un poquito.
—En las historias que leí la semana pasada dicen que los alfas inclusos pueden anudar en sus omegas. Anudar ¿Oíste? Algo parecido a lo que sucede con los perros y...
—De acuerdo, para ya. Me estás asustando —pero en lugar de ofenderse o de sentirse mal por incomodarlo, Shoyo pegaría tremendas carcajadas en medio del parque—. Oye...
—También leí que hacen nidos.
—¡Shoyo!
—Venga ya. ¿Por qué te sonrojas? ¿No fuiste tú el que me mordió la primera noche que lo intentamos?
Siguiendo su conversación en medio de un parque, sentados bajo un árbol, lo único que faltaría en la escena sería besarse, porque su revoltosa bendición ya está haciendo lo suyo revolcándose en el pasto, para conmemorar o enmarcar la imagen en un cuadro.
Pero no, Shoyo piensa que es un buen momento para hablar sobre un universo ficticio tanto como si estuvieran hablando sobre una nueva receta de comida que quiere intentar con él.
—Me excité, es todo —silencio—. A todo esto...¿qué demonios es un nido? —¿Enserio no se da cuenta? ¿No se da cuenta que son tal para cual? Incluso en el voley siempre sucede. Siempre se ve atraído por Hinata ante una jugada, la presión ejercida de sus poderosos ojos o la capacidad increíble que ahora tiene por hacer de señuelo.
Ahora es igual.
No se da cuenta.
¡Enserio no se da cuenta!
—Ajá, con que sí estás interesado.
—Solo es curiosidad.
Eso no es curiosidad.
Curiosidad es querer saber a cerca de los diferentes tipos de comidas para perro, sobre sus ventajas y desventajas —aunque eso más bien es necesidad. Una condición como padres de un cachorro— pero ¿lo de ahora qué es?
Cuando Shoyo le da finalmente una explicación resumida de lo que es un nido y de lo que es un ciclo de calor, se siente abochornado. Tanto como para hacer que Shoyo se burle diciendo que así se vería un alfa en medio de su RUT.
—Estás más frenético de lo normal —Tobio le da una nalgada—. ¡Ay! —y de paso deja su mano ahí solo para apretar y abrir más esas bonitas mejillas de carne suave y a la vez firme facilitando más la entrada de su miembro.
¿En qué momento...? Ah, ni siquiera lo recuerda.
Con Shoyo es así.
Hace una hora y fracción estaban en el parque paseando a Suze y ahora están en la cama. Él recostado con la espalda apoyada en el cabezal y Shoyo sobre sus muslos haciendo flexiones como todo un contorsionista. En esa posición que, según él leyendo una historia, era una de las más adecuadas y probadas durante el celo.
—Se me ocurre una posición mejor —¿Se consideraría un fetichista si le sigue la corriente? A estas alturas realmente no le importa ya pero lo que sí tiene que admitir es lo bueno que le ha dejado esa curiosidad de Shoyo el día que se le ocurrió usar el internet por más tiempo.
—¡E-Espera! ¡¿Qué hac-...! ¡Ah! —Shoyo tiene que sostenerse como puede y de donde puede cuando Tobio cambia de posición de manera brusca. ¡Ni siquiera es como la gente decente como para salir de él y cambiar la posición pues lo único que hace es girarlo, dejando su espalda contra su pecho y con la entera disposición de su boca hambrienta sobre la piel sensible de su hombro y cuello, todo eso sin abandonar su entrada—. ¡Espera! ¡Estás llegando muy...Ah, profundo de esta forma!
—Tu empezaste esto.
Ajustando las manos en sus muslos para abrirlo de piernas y presumir esa flexibilidad de la que tanto hablan en todos lados, es que acomoda mejor su miembro de tal forma que la sola imagen le sabe y se le antoja obscena.
Ah, le encantaría tener un espejo justo ahora instalado frente a la cama.
Ah, enserio va a comprar un espejo e instalarlo frente la cama todo para poder observar mejor a un Shoyo abierto de piernas como si se fuera a partir en dos y él arremetiendo con mayor libertad y control, aunque de lo último no le queda casi nada.
—¡T-Tobio! ¡Estás yendo muy...Ah! —a Shoyo ni siquiera le da tiempo de pensar y articular algo pues la voz, además de las piernas que comienzan a hormiguearle, se le muere en la garganta.
Su cabello está húmedo pero no más que su entrada seguramente, pero apenas y puede resistir el ritmo por lo que termina de dar bocanadas profundas pero cortas cerca del rostro de Kageyama cuando deja caer su cabeza contra la suya similar a cuando una mujer puja cuando está dando a luz.
Así de cortas y dolorosas.
¡¿Pero qué le pasa?! ¡Lo va a matar!
Ah, pero se siente increíble. Tanto que ve o se imagina que ve lucecitas y un hormigueo sube y baja, de acuerdo al compás que marcan las embestidas de Tobio, sobre su vientre.
Su labio es un desastre, su pecho es un desastre, toda la cama es un desastre y, sin embargo, tampoco le va a pedir que pare. No le va a pedir ni siquiera que pare con el jugueteo que ahora tiene con sus pezones ni la forma en la que lleva al límite su cuerpo en acomodarlo y acercarlo para que su boca ahora sea quien atienda uno de sus botones de carne.
En su lugar, le pide más. Le pide más y encoge los dedos de los pies cuando la lengua de Tobio, tibia y fría a la vez, rasposa y suave también, húmeda y caliente por diez, lame, chupa y muerde.
Lo va a dejar calvo, eso sí, porque le fascina tanto que no mide la fuerza con la que le tira del cabello y lo aprieta pero pareciera que aquello en lugar de dolerle, a Tobio le excita.
—¿Tanto o más a la idea de si pudieras embarazarme?...¡Ah, Espera te digo...! ¡Tobio! —Shoyo no le teme a la muerte definitivamente. De hecho todo a lo que pudo temerle hace tiempo quedó en el pasado. A lo único que teme ahora es a que su cuerpo duela horrores mañana y a las posibles secuelas.
—Deja de excitarme entonces.
¿Excitarlo? ¡Si no lo ha dicho para...! Okey, puede que sí pero ¿desde cuándo Kageyama tiene la vitalidad y la fuerza en su caderas como un toro? ¡Solo ha metido de nuevo su miembro, ha dado una embestida y ha sentido como si se le reiniciara la vida!
—¡Te hiciste más grande justo ahora...! ¡Ah, espera, me estás partiendo!
De rodillas y con la cara humedecida de saliva, sudor y lágrimas, Tobio termina por embestirlo una vez más inaugurando una nueva ronda de ahí a que amanezca.
Y, cuando lo hace, cuando Shoyo abre los ojos y agradece poder ver la luz de un nuevo día, Tobio está recostado a su lado —aunque definitivamente con mejor semblante que él— leyendo algo con genuina concentración en la tableta. Shoyo apenas mueve el meñique y siente que se descompone pero su cara de satisfacción no está de acuerdo del todo al dolor que siente su cuerpo.
La cara de satisfacción por ver a su novio así, completamente desnudo, solo con la sábana blanca cubriendo lo necesario y dejando que aprecie su pecho marcado, Shoyo se pierden entre las líneas de su abdomen como en lo sexy que se ve con esos lentes de lectura que solo usa ocasionalmente.
Dios. Es tan guapo que podría perdonarle todo lo de ayer y quedarse callado hasta que este se de cuenta de que lo está viendo y comiencen a besarse como dos enamorados que...
—Shoyo.
—¿Sí?
Es solo hasta que Tobio voltea la tableta y revela que está dentro de su cuenta en aquella plataforma de historias raras que se da cuenta del peligro que representa haberla dejado abierta y a manos de un niño enorme y curioso como lo es Kageyama.
—Acabo de leer sobre el bondage.
Dios, no.
Definitivamente no va a mostrarle más historias a Tobio jamás.
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5 | Aunque duela en Roma haz como los romanos.
—Vi el partido de Oikawa-san, ¡Fue increíble ese último remate!
—Gracias, chibi.
Decirle Shoyo a Hinata ya no se siente como antes. De hecho, se siente peor referirse a él por su nombre sabiendo que no es el único que lo hace.
Que sí, hay un montón de personas que seguramente lo llaman por su nombre en lugar de su apellido pero cuando él lo hizo, a pesar de que durante un tiempo se sentía antinatural para él —Y no por el hecho de que fuera incómoda llamar a alguien por su nombre pues desde siempre ha estado acostumbrado— la primera vez que lo hizo se sintió...único.
Pero ese privilegio ya no se siente como uno.
No desde que Shoyo regresó a Japón y sucedieron esa serie de eventos que desencadenaron el presente que ahora hoy tiene en frente.
Shoyo, un poco menos bronceado de a como lo recuerda, está sonriendo. Sonriendo como nunca antes y posee un brillo encantador en los ojos que es difícil no sentir que se le acelera el corazón un poco aunque luego de un par de segundos la sensación se esfuma gradualmente.
Después de todo sí fue una realidad el haberse sentido deslumbrado por él durante un tiempo pero ya saben lo que dicen: Nada dura cien años.
Ni las oportunidades. Ni la felicidad. Pero justo ahora Tooru se siente en paz consigo mismo siendo capaz de poder verlo a través de una pantalla. Incluso si él no es el origen de su felicidad.
—¿Y? ¿Qué tal la vida de casado? —con enjundia, o quizá con la aparente necesidad de concentrarse en desviar sus ojos de él hacia el tazón de papitas que tiene a un lado, toma una fritura y se la lleva a la boca.
La reacción que obtiene, sin embargo, hace que sienta la necesidad de hacer una mueca. Pero no la hace.
Pocas veces va a poder apreciar a Shoyo sonrojado sin pensar que en realidad es por fiebre. Su sonrojo de ahora es distinto. De hecho, está seguro que las pocas veces que lo ha estado han sido por alguien más. Alguien más que definitivamente no es él.
El Shoyo sonrojado de ahora es por estar disfrutando su vida a lado de Tobio mientras él mira a través de un cristal.
—"Bah, Tooru, pensé que ya lo habías superado" —se dice a sí mismo dejando de lado el pesimismo, aunque sea por ese rato, volviendo a la pantalla con una mueca llena de picardía.
Ama a Shoyo, sí. Pero más se ama a él mismo. O eso cree.
—No...umm ... .No estamos casados —lo ve sonrojarse y carraspear un poquito. Tan lindo, piensa. Como una calabaza en plena época de cosecha.
—Qué bueno. Ya sabes que el lado izquierdo de mi cama siempre estará disponible y caliente para ti —bromea solo para verse interrumpido por su persona menos favorita en ese momento aunque tampoco es que lo odie.
Aprecia a Tobio de una manera muy extraña, debe confesar, pero definitivamente no lo odia. Solo que a veces le saca de quicio como ahora que, a pesar de que nadie lo llamó, ahí está, metiendo su nariz —en este caso su rostro completo— en la conversación y en la pantalla.
—No lo necesitamos, gracias.
—La invitación no era para ti, Tobio-chan. Pero si te van los tríos entonces no me importaría calentarlos un poco y-...
—¡Tobio, ve a la cocina ahora!
Le hubiese gustado que se quedara por más tiempo en la pantalla, enserio que sí. Solo para seguirlo fastidiando y coquetear con Shoyo en frente de él y verlo enfadarse. Aunque, bueno, tampoco se queja de volver a tener unos minutos de conversación con el más bajito antes de tener que colgar. En Argentina ya es bastante tarde a diferencia de las doce horas adelantadas que tiene Japón.
—El año que viene Tobio se irá a Italia.
Lo dice como si fuera un funeral. O quizá solo es él quien quiere verlo así, un poco deprimido. Quizá solo es Tooru quien espera ese tipo de reacción viniendo de él como si estuviera acostumbrado a verlo infeliz.
Pero no es así.
La realidad es que hay demasiada paz y seguridad en el rostro de Shoyo como para pensar preferir verlo deprimido.
De nuevo se siente mal por pensar así. Pensar que si él no es el motivo de esa felicidad que ahora Shoyo irradia, incluso al decir que pronto él y Tobio se separarán, entonces nadie más puede serlo.
Es un poco retorcido si se lo plantea pero bueno, así es él.
—Pasta y Tobio, tremendo.
—Y yo me iré a Brasil.
El semblante de Tooru cambia de pronto. Casi nada es capaz de tomarlo por sorpresa pero con Shoyo siempre tiene que estar a la expectativa.
Soltar esas palabras le han estremecido más que la noticia de que Kageyama se va a Italia. ¿Están buscando separarse ahora que le dijeron al mundo entero acerca de ellos y de la relación que llevan?
Pero distinto a lo que espera de Shoyo, él solo está sonriendo.
Ah, no lo soporta.
No soporta sentirse miserable por algo que debería hacerlo feliz. Y con feliz no se refiere a ver a sus dos kohais separarse y pensar que existiría una mínima posibilidad entre él y Hinata. Puede que sea un poco insoportable y hasta cizañoso pero nunca desearía infelicidad para ellos.
Tooru quiere tanto a Hinata —¿Quien no podría quererlo en realidad?— que si permite ser sincero, o algún día le llegan a preguntar sobre él en el futuro, diría justamente que los apoya —así como a su relación— como el resto del mundo también lo hace.
Entonces ¿por qué se siente así?
—Si no te conociera diría que al que amas es a mi y vienes persiguiéndome, chibi —En su lugar, bromea. Bromea porque no sabe qué decirle con respecto a eso. Él, quien es el más espontáneo para dar respuestas igual de espontáneas ante lo que sea.
Y Shoyo solo se ríe. Solo se ríe prometiendo que ahora que estarán en el mismo continente pueden ser capaz de visitarse seguido y jugar voley cuando quieran.
Porque Shoyo es así de libre, así de espontáneo, así de inocente. Así de fiel. Una persona no rencorosa en lo absoluto aunque Tooru puede sentirse un poco ofendido ante el hecho de que Shoyo sea así de normal y amable con él luego de que él prácticamente intentó manipularlo a su modo hace tiempo.
Pero él es así, se repite.
Así de feliz.
Por él mismo y por Kageyama. Porque ambos son la fortaleza del otro pero nunca más la debilidad.
—Ya debo irme, Oikawa-san. Huele a quemado así que seguramente Tobio hizo un desastre de nuevo —Tooru concede una cabeceo cínico y una sonrisa divertida por ello.
—Shoyo.
—¿Sí?
—Espero que seas feliz. De verdad.
—Y yo también espero que Oikawa-san lo sea.
Y así como llega, se va.
Tan corto como un suspiro.
Tan corto como el tiempo que le toma consumir su cigarrillo e inundar toda la habitación con olor a tabaco, sexo y frustración.
Iwaizumi, a su lado, duerme como un bebé. Como un bebé grande, gruñón y desnudo. Y él solo se queda ahí, dándole la última calada al cigarrillo antes de apagarlo en el cenicero que tiene en el buró de al lado.
—Ni Judas fue tan traicionero —murmura acercándose a su cabello, soplando un poquito para provocar que Hajime frunza el entrecejo, gruña y vire todo el cuerpo al otro lado de la cama.
Tooru se ríe.
Y no sabe por qué.
Muchas cosas han cambiado y van a cambiar a partir de ahora pero no cree que algo realmente vaya a sorprenderle del modo en el que vive ahora. Sintiendo algo a medias por ese hombre que está dormido en su cama, que lo ama y siempre lo ha amado mientras él ama a otro.
Pocas cosas le toman por sorpresa a Oikawa Tooru.
Y una de ellas, sin embargo, es la que obtiene ahora que toma su teléfono y descubre que hay una notificación nueva que hace unas horas, hace unas vidas, hace unas decepciones amorosas, no estaba ahí.
Quizá no debió estar ahí en primer lugar.
Miya Atsumu, lee entre labios mientras vuelve a encender un nuevo cigarrillo, le da un beso frívolo a Iwaizumi cerca del oído y acepta la solicitud antes de irse con paradero desconocido.
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6 | Si estamos juntos en el futuro.
—¿Aún conservas tu uniforme de la preparatoria, Omi-Omi?
—Ni siquiera lo pienses.
Desde la primera vez que decidieron probar un poco de la vida cursi y estable de la que siempre presumían —a donde quiera que iban— Kageyama y Hinata, Sakusa estuvo preparado para todo.
Es decir, salir con Atsumu debería ser una experiencia similar a la advertencia de peligro que vienen en los detergentes a cerca de mantener el producto en un área alejada de los niños. Ya está en ti si decides hacer una estupidez e ingerir el producto sabiendo que es algo que va a destrozarte por dentro.
Y no es que él —Sakusa— fuera un niño pero Atsumu sí era un peligro.
Aquí.
Allá.
Donde fuera y con quien fuera.
Por ello la primera vez que decidió intentar algo con él debió arrepentirse medio segundo después. Debió esperar que un día, en un futuro en el que ni su vida ni la de él representaran ya un potencial peligro emocional para el otro, Atsumu volvería a ser el chico idiota que siempre fue.
Y con idiota se refiere a un idiota con ideas idiotas, como la de ahora, años después de una turbulenta vida llena de espinas y cicatrices.
"¡Pero hey! ¡Las risas no faltaron, eh, Omi-Omi!" , diría Atsumu meses después del último gran escándalo antes de aceptar dar el paso y aceptar estar juntos. Ah, claro, y aceptar quererse, que era lo primordial.
—¡Pero ni siquiera he dicho nada! —pero volviendo al tema, escucharle decir eso no hace falta en realidad. Sakusa lo sabe mejor que nadie mientras cuenta mentalmente hasta dos. Porque un conteo más extenso es agotador e inútil si se trata de Atsumu.
Lo conoce mejor que su zapato.
A él no va a poder ocultarle nada jamás.
—No necesitas decir nada para entender lo que piensas, maldito enfermo.
Pero tiene un punto ahí, piensa Miya.
Incluso debería sentirse hasta ofendido pero no por la respuesta fría y segura de su amorcito gruñón, como le dice solo para fastidiarlo. No por el hecho de que Sakusa piense lo peor de él apenas ha dicho lo anterior ¡Sino porque realmente le descubrió pensando en eso!
¡Es increíble! ¡Su Omi-Omi en serio es increíble!
¡Lo sabe todo!
—Oh, vamos, solo pontelo —por eso, cuando consigue el uniforme y continúa insistiendo ya de manera desvergonzada sus intenciones, Miya se siente capaz de pedirle cualquier cosa por muy absurda que le parezca sin necesidad de ocultarle nada.
—Eres un puerco.
—Sí, lo soy. Ahora póntelo, mi vida.
Porque su Omi-Omi es increíble y lo es más cuando se viste de colegiala.
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7 | Siempre: "Hinata".
Cuando su padre se enteró de lo suyo con Hinata, estuvo a punto de botarlo de su casa.
Su padre siempre lo supo. Y aún así lo mandó a terapia porque, según él, ningún hijo suyo sería la deshonra de su familia.
Tobio era bueno en casi todo excepto en algunas materias y, al parecer y según su padre, en seguir adecuadamente el rumbo de la vida. Pero si de algo puede estar seguro es que ser distraído y hasta inocente es lo que le valió a la hora de fijarse únicamente en Hinata.
Él, que nunca le interesó algo más allá del Voley, inexperto en sentir interés por alguien además de sí mismo, obtuvo algo de esa luz que Hinata irradió ese día en el que le remató toda su ira, su coraje, su frustración, su pasión y sus ganas, en toda la cara.
—Tu padre dijo que te gustan los hombres.
—No me gustan los hombres. Solo me gusta Hinata.
¿Si Hinata fuera mujer, lo amaría?
Seguramente sí.
Seguramente porque en su inocencia e inexperiencia no fue solo su físico por el cual lo miró. De hecho pocas veces sintió que el género realmente representara o marcara la diferencia entre los sueños o las aspiraciones que una persona podría llegar a tener.
El género, para él, no era una condicionante o un impedimento para nada.
Y Hinata se le figuró como alguien...parecido a él pero no por su género, sino por lo que veía a través suyo reflejado en él.
A veces se parecía tan poco. A veces demasiado. Y a veces daba la sensación de que ni siquiera se parecían en nada. En aquél entonces a Tobio no le atemorizaban los por qué a diferencia de cuando se hiciera un adulto.
En aquel entonces solo miraba a Shoyo en secreto por el único placer de verlo.
Una criatura tan contrastante una vez que se paraba a su lado fuera para enfrentarlo o para elogiarlo a su modo. Una criatura que siempre tuvo fe y nunca tuvo miedo hasta el día en el que la sociedad le obligó a esconderse y tuvo que esconder sus alas.
Por ello, la primera vez que fue a terapia no supo qué responder a la típica pregunta del "¿Qué ves aquí?" durante la sesión con imágenes en pequeñas cartulinas.
No veo una mujer.
No veo a un hombre.
De hecho, no veo nada con lógica.
Respondería ocasionalmente para luego entretenerse en las costuras sobresalientes del sofá donde estuviese sentado mientras se escuchaba toda una charla de falsa motivación y repleta de paradigmas. Pero siendo como era en ese entonces nunca le importó ni una de esas cosas.
En la escuela, cuando era mucho más joven y su abuelo mucho más sano, siempre solían decirle que era raro. Raro por no hacer lo que los demás hacían. Raro por no tener el último juego de la temporada ni la última consola para videojuegos en el mercado.
Raro por ser bueno en deportes pero malo en el colegio.
Raro por ser siempre tan serio y no fingir la alegría que muchos se esforzaban en mantener.
Raro por no poder responder el "Qué ves aquí?" de las fichas con manchas irregulares sin pies ni cabeza.
Una flor.
El día.
La noche.
Un cuervo.
Una pelota de vóley.
El gimnasio vacío con él y Shoyo discutiendo, riendo, jugando, siendo ellos mismos.
Raro por pensar en él.
—¿Puedo contarle sobre un problema? —esa sería la primera y última vez que Tobio asistiría con la doctora. La primera y la última vez que tomara la iniciativa de hablar con alguien a cerca de sí mismo o de un tema particular. O simplemente por hablar. Tiene que ser la última, se dijo él durante toda la sesión. Tiene que serlo y ella tiene que rendirse porque nada va a cambiar, pensó también—Hinata se irá a Brasil pronto.
—¿Hinata? —ella preguntaría.
—La persona que me gusta —y él respondería, seguro.
Y en dos segundos su teléfono vibraría, él lo desbloquearía —ignorando estar en medio de una sesión y con la mirada de la mujer encima suyo— y abriría el mensaje de texto del chat de Hinata.
"¡Mira! ¡Lo encontré mientras salía a correr! ¡Dicen que son de buena suerte!", diría la leyenda debajo de la imagen recién enviada. Y él sonreiría internamente viendo la selfie de Shoyo con un gatito negro apretado cerca de su mejilla.
—Dijimos que nada de celulares en la sesión, Tob-...
La primera vez que su padre lo envió a terapia no supo qué responderle a la psicóloga.
Si la tuviera enfrente ahora...
—Hinata.
—¿Ah?
—Veo a Hinata.
Respondería: "Hinata", ayer, hoy y siempre.
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.
No me manoseen ;-;
Ahora sí, este es el final de Honne uwu.
Muchas gracias por acompañarme en esta corta historia llena de sentimientos ¿Las risas no faltaron? Espero que no c: Muchas gracias por darle una oportunidad a la historia y por acompañar a Shoyo y a Tobio en todo esto. ¡Ellos se los agradecen eternamente!
Espero sigan apoyando a los siguientes en la fila: Atsumu y Kiyoomi. Quien sabe, quizá Shoyo y Tobio vuelvan a aparecer en esa historia (?)
Pero ¿Cuál historia, Rooss?
Se enterarán en la siguiente entrada c:
