Buenas, mi gente linda :D Después de literalmente AÑOS les traigo la continuación y el final de esta historia. Ya conté en el primer capítulo lo que sucedió y por qué no la continué (vayan a verlo, así comprenden). Así que, sin más, de los dejo. Espero que les guste.


Luego de una jornada agotadora, estaba lista para su siguiente asignatura. Se trataba de una clase teórica, de esas que tanto le gustaban. Había olvidado la última vez que había estado en una, la cual fue en la universidad a la que había asistido y se había graduado en ciencias médicas. Por ello, estaba muy emocionada de poder presenciarla. Una vez allí, escuchó al profesor atentamente, tomó nota e hizo muchas preguntas. Le era imposible ocultar la emoción que le generaba haber empezado lo que ella consideraba una segunda carrera. De esta manera, el día transcurrió sin contratiempos, aunque muy agotador. Ya no compartía habitación con quien había logrado liberarla de las cadenas que la apresaban, lo cual lamentaba, pero sabía que tenía que ser de esa manera. Además, eso no impedía que se viesen durante el día y hasta pudiesen compartir algunas noches juntos, aunque no ocurriese tan seguido desde hacía tiempo. Estaba habituándose a su nueva vida, una que hacía que su corazón saltase de satisfacción. Además, no pensaba defraudarlo, ni a él ni a su comandante. Les demostraría que ella estaba allí por una razón más allá de la ayuda que había recibido, la cual agradecía infinitamente. A su vez, eso hacía que tuviese que esforzarse el doble, ya que lo último que deseaba es que la llamaran inútil o aprovechada, o que pensaran que ella tenía algún tipo de beneficio. Por ello, no había tiempo para dudar.

De esta forma, sucedieron los días y las semanas. A medida que avanzaba, notaba lo duro que se estaba volviendo aquello. Así, fue capaz de dominar el equipo de maniobras con bastante facilidad, a pesar de los golpes y las caídas irremediables de un principio. También, pudo vencer en la lucha cuerpo a cuerpo, pues notó que en verdad poseía mucha fuerza y resistencia, las que se veían potenciadas con el correr del tiempo. Pronto, se vio con un arma de fuego en su mano, practicando su puntería contra un muñeco de paja y cuero a varios metros de distancia, algo que no había podido hacer nunca antes. Asimismo, llegó a practicar contra titanes ficticios hechos de madera, los cuales pudo derribar cortando su nuca con ambas cuchillas, luego de algunos intentos. Finalmente, su estadía en el cuerpo de entrenamiento estaba llegando a su momento culmine. Ella había permanecido con sus compañeros todo ese período, con los que había generado ciertos lazos y había compartido una bella estadía allí a pesar de las condiciones y lo estricto del entrenamiento. De ellos se llevaría los mejores recuerdos, puesto que todos debían tomar una decisión entre los tres caminos que podían llegar a tomar dentro del ejército. Las opciones eran: para los mejores promedios, la Policía Militar. Para los demás, las Tropas Estacionarias o la aclamada Legión de Reconocimiento. Ella ya lo tenía decidido desde el primer momento en que piso aquel lugar, no había otra cosa en su mente a esa altura. Luego de la ceremonia, ya estaría lista para portar las alas de la libertad en su espalda.

Mientras estaba de pie frente al escenario, esperando a que Erwin Smith saliese a darles la bienvenida a los nuevos reclutas, a lo lejos, pudo divisar la figura de Levi. Allí estaba, junto con otros soldados más que parecían ser sus camaradas. En seguida, él también la vio, por lo que le dedicó una mueca cómplice, apenas perceptible para ella. Esto hizo que Hange riera para sí, la presencia de ese hombre hacía que de alguna manera se sintiera un poco más tranquila. En unos pocos minutos, el evento tan esperado comenzó, dando lugar a un discurso muy honesto y a la vez un poco desalentador para algunos de los indecisos que permanecían a su lado. Al terminar, el comandante les dio vía libre de decidir a todos los presentes, por lo que hubo algunas bajas. Sin embargo esto, lejos de amedrentar a la joven, la hizo estar todavía un poco más segura de lo que deseaba para su vida. A lo último, ese hombre sonrió de forma apacible, felicitó a los que habían quedado y les pidió a éstos que entregasen sus corazones a la Legión. Con el puño sobre éste, ella y los demás, muy decididos, acataron esa orden. Ya no había marcha atrás. Sintiendo que su alma vibraba por la emoción, aunque también por el medio que le había generado adentrarse en ese mundo brutal, no pudo evitar acercarse a quien le debía estar viviendo todo eso al terminar la ceremonia. No obstante, al recordar que había otras personas allí que quizás podrían sospechar de la relación entre los dos, perjudicándolo a él, se detuvo a medio camino. Inesperadamente, antes de marcharse, pudo oír una voz llamándola.

-Hange –lo escuchó decir, haciendo que voltease a verlo.

-¿Me viste? ¿Estás orgulloso de mí? ¡Dime que sí! –atinó a responder, ya siendo incapaz de ocultar su agitación.

Al verla de esa manera, siendo la misma que había conocido, con la mirada encendida y el semblante seguro, no pudo evitar asentir ante aquello. En sus adentros, él pensaba que quizás el discurso de Erwin podía llegar a afectarle al punto de que desease desistir de unirse a la Legión pero no fue así. Había transcurrido mucho tiempo dentro de la milicia como para saber que a una gran parte de los reclutas les sucedía. Aunque la idea de que ella se arriesgase de esa manera no le agradase para nada, había comprendido su gran interés y la apoyaba en lo que sea que decidiera. A decir verdad, no paraba de sorprenderle las capacidades que poseía la flamante soldado. A pesar de que en ese momento hubiese querido actuar de una manera más íntima con ella, únicamente pudo apoyar su mano sobre el hombro de la joven, haciéndole saber que aquello que le había preguntado tenía una respuesta afirmativa. Esto, no hizo más que potenciar lo que ella sentía, lo cual hizo que sus pupilas brillasen todavía un poco más. Sin embargo, ninguno de los dos pudieron advertir que alguien los estaba observando a la lejanía. Aquel era el mismo comandante, a quien le intrigaba bastante esa situación. En verdad, desde hacía mucho venía pensando en ello. No obstante, ese hombre decidió callar y no entrometerse, por lo menos por el momento.

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Luego de una semana muy lluviosa, el sol había salido por fin, iluminando toda la naturaleza a su paso. Aquella era una mañana muy especial, pues sería la primera vez que Hange salía de esos muros para adentrarse de lleno en el mundo exterior. Por ello, no había podido pegar un ojo durante toda la noche, había dado vueltas en su cama mientras su cabeza divagaba en todas las cosas que vería allí afuera. Incluso, en medio de su insomnio, había empezado a escribir en una bitácora, la cual traía consigo pegada a su corazón. En ella pensaba relatar todo aquello que vería. No podía con la ansiedad, mientras esperaba que enlistasen a los caballos sus piernas se sacudían y no podía mantenerse quieta en un sitio. Sus manos estaban temblorosas, todo su ser estaba agitado y no había nada que pudiera hacer para calmarse por el momento. Al haberla visto en ese estado desde que habían salido de la base militar, una de sus compañeras, con la cual se habían vuelto muy cercanas, no pudo evitar que esto llamase su atención. Se trataba de una chica de corto cabello pelirrojo, casi de la misma altura que la joven y personalidad hiperactiva. Debido a esto, justo antes de montar a los animales, la abrazó por el cuello sin cuidado, riendo de forma estridente justo en la oreja de una sobresaltada Hange.

-Ya cálmate, que me vas a terminar poniendo nerviosa también –le dijo, sin soltarla aun a pesar de los esfuerzos de la otra.

-¡Basta, Nadja! ¿Cómo puedes estar así de tranquila? ¿Cuál es tu secreto?

-Hange, querida. Vamos a matar a todos esos seres horribles juntas, somos las mejores de nuestro pelotón. ¿Aún tienes dudas?

Luego de oírla y de que por fin la liberase, la de cabello castaño se acomodó los lentes y bufó por lo bajo. La efusividad de esa chica solo era comparable a la suya propia. Bien sabía que por ello se habían llevado tan bien. Luego de darle la razón, se dispuso a subir a su caballo, un imponente corcel de color marrón. Éste también se había vuelto su querido compañero de entrenamiento. Seguidamente, al avanzar hacia las filas junto con los demás, las jóvenes continuaron con su conversación.

-¿Cuánto más nos van a hacer esperar? –se quejó la pelirroja, ladeando su cabeza.

De pronto, un chico de tez morena y cabello oscuro las miró algo intrigado. De esta forma, se acercó a ambas con su caballo hasta quedar a su misma altura, con una suave sonrisa en su rostro. Al parecer, era un conocido de Nadja. La otra joven nunca lo había visto.

-¿Listas para la acción? –les dijo él, extendiendo su mano en el aire en un gesto de triunfo.

-No quieras parecer genial en frente de nosotras, John. Te presento a Hange, mi amiga de la que tanto te hablé.

Al escuchar aquello, la joven no pudo más que sonreír. Estaba agradecida de haber podido tener una compañera como ella durante un contexto tan complicado como ese. La pelirroja siempre hacía que sus días fuesen más alegres con sus ocurrencias. En seguida, extendió su mano hacia el chico, el cual él correspondió con un firme apretón contra la suya.

-¡Gusto en conocerte, John!

-Lo mismo digo, Hange.

En seguida, oyeron la voz de uno de los superiores dándoles indicaciones a otros de sus compañeros, los cuales se encontraban al frente. Cada grupo de cuatro personas iba a tener a un capitán designado, por lo que debían prestar atención a lo que fueran a decirles, ya que esta sería la primera misión de la mayoría de ellos. Rápidamente, en la mente de Hange apareció la imagen de Levi. En verdad le hubiese encantado estar con él en un momento como aquel, mas sabía que él ya poseía un grupo de élite ya formado y en el que no había lugar para ella aun. De todas maneras, eso le parecía bien, puesto que si quería progresar debía arreglárselas ella sola, al igual que todos los otros. Además, tenía a su compañera, en quien confiaba mucho a esa altura. Como bien había hecho, ellas dos fueron las que tuvieron las más altas calificaciones dentro de su grupo. Así, al llegar el turno de ellas dos, John y otro muchacho más, vieron a una mujer rubia y alta de cabello corto pararse en frente, por lo que todos los presentes se prepararon en posición. Mientras ella se presentaba muy decidida como Nanaba, los ojos de la joven de lentes comenzaron a buscar al capitán instintivamente. Fue un alivio poder divisarlo aunque sea a lo lejos, sabía que él debía estar presente. Se lo había prometido la noche anterior, antes de dormir juntos tomados de las manos, encomendándose al destino.

-Soldado Zöe, no puedes distraerte. Serás comida de titán si lo haces –le llamó la atención la mujer, haciendo que Hange sintiese un poco de vergüenza- ¡Listos, en posición!

-¡Sí! –asintieron todos los presentes, al unísono.

Unos segundos más tarde, las compuertas fueron abiertas, dando paso a un fuerte viento que logró enarbolar los cabellos castaños de la soldado. Allí, lograba verse una luz muy blanca, la cual le indicaba que del otro lado se encontraría con la libertad. Con la mente hecha un lío y su corazón galopante, decidió moverse detrás de su líder, acompañada por aquellos chicos quienes se dispusieron a hacer lo mismo. Sin dudas, aquello cambiaría su vida por completo. En el momento en que el animal comenzó a marchar, esa luminiscencia se hizo todavía un poco más cegadora, reflejándose en sus lentes, siéndole imposible ver más allá. Sin embargo, al atravesar el portón a firme galope, por fin pudo ser capaz de observar a su alrededor. Así, pudo ver el cielo azul, las escasas nubes y los árboles repletos de hojas verdes, más verdes de lo que había visto jamás. Estaba fuera de los muros, por fin. Había dejado atrás esa jaula de cemento, para encontrarse con una espesa llanura que parecía no tener fin. Pronto, la ansiedad por estar en presencia de alguno de esos seres se hizo presente, por lo que debía mantenerse alerta. En la cercanía, pudo ver cómo Nanaba extendía su brazo y así, lanzaba una bengala de color verde al cielo. Aquello era una señal, significaba que cada grupo iba a separarse para la exploración. Ellos se dirigieron a la derecha, mientras algunos grupos hacían lo mismo, otros iban hacia la izquierda y los demás se encomendaban hacia el frente. Por su parte, Hange apretó las riendas entre sus dedos, con la mirada fija hacia adelante, centrada en su objetivo.

Se podía sentir la tensión en el aire mientras avanzaban a trote. De esta forma, recorrieron la espesura del bosque durante algunos metros, los cuales parecían interminables, sin que nada ocurriese. Así continuaron hasta que, de pronto, el ruido de unas estruendosas pisadas se hizo presente. La líder del grupo, de repente, se detuvo. Frente a ellos, se alzaba un titán de unos 10 metros, quien estaba quieto mirándolos de manera inexpresiva. Lo único que atinó a hacer Hange, fue tragar saliva, mientras una sensación fría le recorría la espina dorsal. Irremediablemente, el miedo la paralizó.

-¡Ya saben lo que tienen que hacer! –gritó Nanaba, mientras desenfundaba sus cuchillas y lanzaba sus pistones, incrustándolos en el tronco de un árbol inmenso y elevándose, dejando atrás a su caballo.

La voz de la persona al mando, hizo que Hange volviese al mundo real. No podía dejarse vencer, no en el instante en que había logrado parte de lo que se había propuesto, que era poder explorar más allá de las murallas. Los había visto, esos seres eran reales y estaban allí, por lo que debía combatirlos. Mientras su compañera Nadja lanzaba una bengala de color rojo al cielo con su pistola, avisando a los demás que habían divisado un titán, ella y los otros escalaron hacia los árboles. Al tener una vista panorámica sobre lo que estaba ocurriendo, notaron que ese no era el único ser enorme que había en el lugar. Por su parte, Nanaba pudo acabar con él con bastante facilidad, mientras lo peor estaba por venir. Detrás de ella, cinco titanes más hicieron su aparición. Sumado a esto, uno de ellos parecía no tener movimientos normales sino mucho más veloces. Estaban en una encrucijada. Pronto, Hange supo que tendría que enfrentarse a ellos, la única opción factible era luchar por la supervivencia. Sin esperar más, la joven de cabello castaño enganchó sus cuchillas en el mango y se preparó. A medida que se acercaban las amenazas, sus latidos se aceleraban un poco más. Cuando consideró que era el momento, presionó el botón y los alambres de acero despegaron. Rápidamente, uno de ellos se enganchó en el cuello de un titán de tres metros y, gracias al impulso, fue capaz de cortar su nuca de manera instantánea. Luego, volvió a subir a otro de los enormes troncos otra vez. Aquella fue su primera pequeña victoria.

Allí mismo, pudo observar a su líder enfrentarse al excéntrico con todas sus fuerzas. Había perdido de vista a sus otros compañeros, sin embargo, no podía detenerse a pensar en ello pues tenía que pensar en su propia vida. Al notar que ella sola no podía combatirlo, por más que lo intentase debido a los manotazos veloces de ese ser y a lo exhaustivo que había sido lograr exterminar a los otros, decidió asistirla. A pesar de las quejas de ella, quien temía por la vida de una novata Hange, la joven se lanzó a la batalla sin medir las consecuencias. En el primer intento falló y casi cae muy cerca de la boca del titán, mas al probar otra vez viajando desde donde había venido hacia el otro lado, todo salió como esperaba. Así, dio un giro en el aire con su equipo de maniobras y, sosteniendo firmemente ambas cuchillas, logró atravesar la gruesa piel de la nuca de ese ser monstruoso y acabar con su existencia de una buena vez. Cuando éste cayó, haciendo un gran estruendo que retumbó en todo el bosque, Hange, quien permaneció de pie sobre una rama ancha por fin se dio cuenta de aquello que acababa de hacer. Mientras la sangre que había salpicado su rostro y su capa de color verde se evaporaba, no pudo más que esbozar una sonrisa, aún sin dejar de temblar debido al miedo y la ansiedad que le había provocado la situación. Pero, inesperadamente, algo sucedió. La de ojos cafés no notó que detrás de ella, un enorme rostro se alzaba, amenazante.

En el mismo momento en que pudo voltear, vio que una mano enorme se acercaba irremediablemente hacia ella. De nuevo, el miedo logró que se paralizase. Creyó que moriría, no había escapatoria. No obstante, el sonido del alambre de acero al tensarse hizo que su atención se centrara en ello. Pronto, esos dedos fueron cortados y arrancados en un segundo, haciendo que la sangre del titán lograse manchar su ropa otra vez. En seguida, el brillo de las cuchillas en el aire se reflejó delante de ella, acabando con la vida del ente que la amenazaba en apenas unos instantes. Cuando por fin pudo ver quién era el soldado que había logrado aquellos impresionantes movimientos circulares increíblemente rápidos, se quedó anonadada. Era Levi. De esta forma, él continuó con los demás, los cuales en seguida se multiplicaron y llegaron a abarcar casi todo el territorio. Ante la mirada atónita de Hange, vio como ese hombre acababa con cada uno de ellos, girando en el aire con una velocidad inhumana, como si no le costase en lo absoluto enfrentarse a esos seres. Él era maravilloso, no creyó que otro soldado pudiese hacer algo como aquello que acababa de ver. En pocos minutos, pudo observar a todos y cada uno de ellos abatidos en el suelo, mientras su carne iba desapareciendo entre el vapor que emanaban. Finalmente, él se detuvo, y volvió hacia el árbol en donde su compañera estaba.

-¡Levi! ¡Maté a dos titanes! –gritó, saltando de emoción mientras agitaba sus brazos en el aire. Pronto, un dejo de tristeza se apoderó de ella, por más que quisiera destacarse en realidad su prioridad era estudiarlos. Para ello, debían estar vivos- Maté… a dos titanes –repitió, acongojada esta vez.

Sin poder evitarlo, cayó sobre sus rodillas mientras se llevaba ambas manos a la cabeza y negaba, en un gesto desesperado. Al ver aquello, los nervios del capitán se crisparon. No podía creer que ella estuviese triste por haber exterminado a esos que tanto daño le habían causado a todos. Ya siendo incapaz de mantener la calma, se acercó hasta ella y le dedicó una mirada de desaprobación.

-¡Mira a tu alrededor, cuatro ojos!

Así, haciendo caso a las palabras de su compañero, echó un vistazo al campo de batalla. Varios de los soldados estaban caídos, muchos conocidos de ella, el piso era un reguero de sangre y partes del cuerpo de seres humanos. Era una masacre horrible. En seguida, no pudo evitar desesperarse, ya que pensó en Nadja y en John, a quienes no había visto desde que habían aparecido los titanes. Por ello, exasperada, se lanzó hacia el suelo para ir en su búsqueda. A paso errante, recorrió el bosque, mientras esquivaba los cadáveres que yacían en el suelo, sintiendo náuseas por lo terrible de los sucesos. En el instante en que logró divisar el cabello pelirrojo de la chica, sintió su respiración detenerse. Ella estaba ahí, tirada en el suelo. Le faltaba parte del brazo, la pierna y el rostro. Al arrodillarse frente a su amiga, Hange pudo ver que ya no respiraba sin siquiera tener que revisarle el pulso. Estaba muerta. Por presenciar algo así, las manos de la joven empezaron a temblar de forma irremediable. A su lado, también pudo ver a John, tendido. A él le faltaba la mitad de su cuerpo. La mirada inerte del cuerpo parecía observarla, de una manera espantosa. Sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a resbalar por su rostro, copiosas. Los sollozos se hicieron insostenibles, rápidamente se vio llorando a los gritos, mientras sostenía temblorosa la mano del cadáver de su amiga, apretándola entre la suya, absolutamente devastada. Aquello no podía ser cierto, no podía estar pasando.

-Hange –le susurró Levi, pudo oír la preocupación en su tono de voz.

Rápidamente, sus brazos la rodearon por la espalda, aún en el suelo. Así, se aferró a ella mientras la dejaba desahogarse. Él sabía muy bien lo que se sentía estar en el lugar de la joven, la comprendía como nadie. Por ello, decidió callar y limitarse a mantenerse allí. La sintió temblar entre sus brazos, sin dejar de sollozar, lo cual llegaba a dolerle casi tanto como a ella. Él sabía que tendría que pasar por algo así, esa era una de las razones por las cuales no apoyaba la idea de que se convirtiese en soldado. De todas maneras, en esos momentos, no podía decir que no estuviese hecha para ello. En su primer exploración había sido capaz de aniquilar a dos titanes, un número muy superior a lo normal. Sin embargo, ese no era momento de recalcárselo. Habiendo terminado la exploración, lo único que les restaba era regresar. De esta manera, luego de varias horas de vagar por el bosque, por fin lograron divisar otra vez las compuertas. Por largo rato, cabalgaron hasta llegar a los muros otra vez. Hubo muchas bajas, tal como siempre sucedía, por lo que el semblante de los soldados era muy sombrío. Tanto de los nuevos reclutas como de los veteranos, ya que era imposible acostumbrarse a ver morir semejante cantidad de compañeros. También, el número de heridos era alto, por lo que algunos debían ser trasladados en carretas tiradas por caballos. Ya nada era igual, ni para Hange ni para los demás.

Fue extraño regresar al recinto sin oír la risa estridente de su amiga, ni sus chistes malos, ni sus abrazos algo toscos. En lo profundo de su ser le dolía su pérdida, le parecía increíble que las cosas pudiesen cambiar de un momento a otro, como si nada. En su cabeza, la idea de que el mundo continuase su curso, a pesar de las muertes, del dolor y de las pérdidas le sonaba absurdo. Durante todo ese tiempo, Levi no se había ido de su lado, había permanecido junto a ella en silencio, acompañándola. Aunque no fuera capaz de decírselo aún, le agradecía profundamente por ello. Al momento de ingresar al recinto, sintió la mano del capitán apoyándose sobre su hombro nuevamente, lo que la hizo voltear a verlo. Él le dedicó una mirada de preocupación, en verdad parecía no querer separarse de ella en esas condiciones. Sin embargo, justo en el instante en que él había decidido marcharse para no incomodarla, ella lo detuvo.

-No quiero dormir sola hoy –dijo ella, en un hilo de voz. Luego, desvió la mirada hacia el suelo, tratando de ocultar sus ojos llorosos. En verdad, no tenía intenciones de regresar a la habitación en donde descansaban las mujeres de su pelotón, puesto que allí todo le recordaría a su amiga.

Al notar su expresión, Levi no pudo más que asentir. A decir verdad, él tampoco pensaba dejarla transcurrir un momento así por su cuenta si ella lo necesitaba. Por más que estuviese prohibido aquello y les fuera cada vez más difícil ocultarse, no podría abandonarla así. De esta forma, le dio unas indicaciones en voz baja y le pidió que lo esperara en cierto lugar cuando oscureciese, para no ser vistos. En el momento en que la noche cayó, así lo hizo ella. Sigilosamente, caminó por los pasillos del antiguo edificio de los altos mandos, un poco temerosa. A través de la tenue luz de las velas de los pasillos, llegó hasta la puerta que le había indicado el soldado, en donde se detuvo. Luego, tocó tres veces y esperó. Tal como le había dicho, él abrió la puerta y ella ingresó de inmediato. Al echar un vistazo, notó que él tenía puesta una camiseta de color claro y unos pantalones negros, ya no estaba utilizando su uniforme. Aparentemente, su cabello negro estaba húmedo, por lo que inducía que acababa de tomar un baño. Exhausta ya, Hange se limitó a suspirar, para luego dirigirse hacia la cama del capitán y dejarse caer allí.

-¿Te duchaste? –le preguntó él, repentinamente.

-Sí, señor obsesión con la limpieza. ¿Sino qué? ¿No me ibas a dejar entrar?

Ante ello, el capitán se limitó a sonreír levemente, mientras se acercaba a Hange y se sentaba a su lado. Al mirarla, pudo notar lo hinchados que se encontraban sus ojos bajo los lentes. A pesar de que ella quisiese hacer bromas y comportarse como siempre, en verdad no podía ocultar su consternación. Él lo sabía, no obstante, no deseaba ahondar en el tema si no salía de ella expresárselo. Respetaba que quisiese llevar el duelo a su manera. Por su parte, la soldado le dedicó una mirada pacífica y repleta de cansancio, tanto físico como moral. Debido a ello, ambos pensaron que lo mejor era descansar y tratar de olvidar para poder seguir adelante al día siguiente. Pronto, el capitán se acostó de lado, cubriéndose con las sábanas e invitándola a que se uniese a él en un cálido abrazo. Luego de reír suavemente, ella así lo hizo, quedando de espaldas a él. De esta forma, sintió como la arropaba y besaba su mejilla desde atrás, para luego pasar su brazo por la cintura de Hange y acercarla un poco más. Así, dejando que su cabeza descansara sobre el hombro de la joven, él cerró sus ojos. Después, la estrechó aún más contra él, dejando que sus cuerpos se pegaran. Ella, por su parte, lo agradeció. Se sentía realmente segura en sus brazos. De todas maneras, no contaban con que alguien había estado allí justo cuando Levi había abierto la puerta para dejarla pasar. Ese era Erwin, otra vez, quien había podido confirmar sus sospechas.

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El tiempo pareció volar. Antes de que pudiese darse cuenta, habían pasado casi seis meses, en los cuales Hange había demostrado ser completamente capaz. Dentro de la milicia, había podido exponer sus conocimientos a base de dedicación y trabajo físico. A pesar de no tener el permiso aún de estudiar a esos seres que tanta intriga le generaban, sabía muy bien que todavía no debía rendirse, puesto que quizás en algún momento sería capaz de convencer a aquellos superiores que parecían absolutamente reacios ante la sola idea de ello. Después de muchas misiones, en las cuales había salido de los muros y había logrado volver entera, a penas con unos rasguños, el dolor de perder a sus compañeros una y otra vez siempre estaba ahí. Al principio pensó que quizás no tenía la fortaleza mental como para soportar algo así, sin embargo, con el correr de las semanas había sido capaz de desarrollar cierta tolerancia y endurecer su piel. No sabía bien cómo, quizás generando algunos mecanismos de defensa, pero se había vuelto muy fuerte. Ya no lloraba tan seguido, puesto que no necesitaba hacerlo. Aunque no supiera si se trataba de algo positivo, le agradaba no mostrarse así de débil frente a nadie. Era algo que tenía que transitar para alcanzar todo aquello que se había propuesto. De esta forma, iba rumbo a la oficina de Erwin, quien había requerido verla por un asunto muy urgente. Aun no tenía idea de qué podía llegar a tratarse, mas hizo lo que se le había pedido. Atravesó el corredor y luego de dar unos pasos más, se encontró por fin frente a su superior, quien se encontraba firmando algunos documentos importantes, sentado frente a su escritorio. Al verla, le dedicó una mirada apacible y dejó descansar la pluma a un lado.

-Pasa, Hange Zöe. Toma asiento –la invitó, a lo que ella hizo lo que se le requería. Luego, el comandante decidió continuar- Debido a tu gran desempeño, he decidido que estás para algo más que para ser una simple soldado raso. Demostraste ser absolutamente capaz, yo sabía que no me había equivocado al aceptarte en la Legión. Te nombraré líder de escuadrón.

El hecho de oír esas palabras por parte de aquel hombre a quien respetaba muchísimo, hizo que saltase de alegría. Aun un poco incrédula, le agradeció infinitamente y le prometió entregarse de lleno a su tarea. Bien sabía que esto le agregaba mucha más responsabilidad, puesto que tenía que elegir a quienes formarían parte de su escuadrón y liderarlos. Con eso en mente, él le comentó que al anochecer habría una ceremonia para el traspaso de una posición a otra, en la que se honraría a ella y otros soldados más que habían logrado ascender. A ella debía asistir de forma obligatoria, allí conocería a personas importantes de la milicia y era menester que tuviese esa reunión. Ella, muy emocionada, consintió y luego, de despedirse, se marchó del recinto a paso firme. De camino a recoger sus cosas de la habitación de las mujeres en las que se encontraba todavía, una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Por fin había podido demostrar el por qué estaba allí en un principio. En seguida, quiso contarle la noticia a Levi, quien seguramente estaría contento por sus logros, como lo había estado antes en cada misión en las que había probado avances. Sin embargo, pronto recordó que él estaría atareado con su propio escuadrón, por lo que decidió que cuando terminase la condecoración se escabulliría en su habitación por sorpresa para poder contarle y, a su vez, festejar juntos su flamante nuevo puesto. Aquello le pareció un gran plan.

Al caer la noche, se encontraba lista para partir. En su nueva habitación, la cual contenía un escritorio propio, el que podría utilizar para sus experimentos, había logrado acomodar todas sus cosas. Ataviada en su uniforme nuevo, decidió dejar los libros a un lado para acomodarlos más tarde, y abandonar el lugar para así poder llegar a tiempo. Bajo el cielo oscuro un tanto nublado, atravesó el edificio y logró llegar al salón en donde se celebraría su acenso. Una vez allí, fue recibida con una sonrisa por el muchacho de la administración, quien le indicó que pasase hacia donde los demás se encontraban. Allí, pudo volver a ver a Erwin, junto con varios señores de uniforme. Sin más, se acercó a ellos rápidamente, sintiéndose segura de sí misma y lista para entablar una conversación. De esta forma, rió y argumentó con esos hombres, tratando de mantener las formas mientras bebía algo de vino. No tardó mucho en relajarse y sentirse cómoda delante de todos ellos, quienes parecían disfrutar de sus comentarios y su experiencia médica y científica, lo cual fue un alivio. A decir verdad, luego de estar presa durante ese tiempo, había aprendido la lección acerca de cómo comportarse. Había entendido cuándo debía callarse y con quién podría discutir ciertos temas y con quién no. El hecho de ser política se había vuelto su nuevo lema en la vida. Luego de largo rato, había decidido ir por otra copa al verla vacía, por lo que se acercó a una larga mesa para poder servirse. Inesperadamente, un joven la detuvo. Éste se le hizo muy conocido.

-Moblit, ¿verdad? –le habló, antes de que él pudiera articular una palabra. Se lo veía bastante nervioso.

-No creí que recordaras mi nombre.

-Claro que sí, tengo muy buena memoria.

-Quería pedirte disculpas, lo que hice no tiene ninguna justificación. Me avergüenza, en verdad.

En seguida, Hange se sintió intrigada. No tenía ninguna clase de rencor contra él, puesto que, si bien no hizo nada por frenar la situación, tampoco la había dañado. Entendía que quizás podría haber cometido un error al estar influenciado por esos otros dos, por lo que decidió no pensar más en cosas que habían sucedido en el pasado. Además, por la expresión en el rostro del chico, podía ver que en verdad estaba arrepentido. Luego de reflexionar por unos segundos, se le había ocurrido una idea muy buena.

-Ya sé qué puedes hacer para que te perdone. ¡Sé mi asistente! Necesito soldados para mi escuadrón, quiero que seas el primero.

-Bueno, supongo que no puedo negarme –respondió por fin, aun un poco confundido debido a lo repentino del asunto.

Inmediatamente después, oyeron el llamado del anfitrión, quien les pedía a los nuevos líderes que se acercasen al escenario para recibir el reconocimiento. Por ello, le dedicó una sonrisa a su nuevo compañero, para saludarlo y dirigirse hacia donde había sido requerida. Allí, lo recibió orgullosa, pensando en todo lo que podría lograr con su nuevo estatus, mientras ponía su puño sobre su corazón en señal de respeto hacia su comandante y los demás. El tiempo pasó volando y pronto tendría que regresar, por lo que emprendió su camino por el mismo lugar por donde había venido. A medida que avanzaba, su cabeza comenzaba a divagar acerca de muchas cosas, eso sumado a la cantidad de alcohol que había ingerido, la cual era bastante alta para lo que ella acostumbraba. De todas maneras, eso no importaba, era una noche de celebración. No podía esperar para encontrarse con el capitán, a quien había querido ver desde que se había enterado de la buena noticia. Por ello, aun un poco mareada, se dispuso a ingresar en el recinto. Tan dispersa estaba, que no había notado que alguien la seguía. Pronto, tres hombres la increparon, deteniéndose justo delante de ella. A la luz de las velas de la entrada, apenas podía distinguir sus rostros. Sin embargo, al observar más detenidamente, pudo reconocer claramente a dos de ellos. En seguida, su cuerpo se paralizó. Se trataba de aquellos quienes la habían apresado en primer lugar. Lo afilado de sus sonrisas, le causó escozor, esos tipos aún tenían ganas de seguir importunándola.

-¿No se cansan de ser una molestia? Déjenme en paz, que tengo que pasar –les dijo, tratando de mantener la calma, mientras intentaba esquivarlos con la intención de seguir su camino.

Contrario a lo que esperaba, lejos de rendirse, esos hombres se acercaron aún más a ella. Esto hizo que una intranquila Hange diese unos pasos hacia atrás de manera instintiva. En el estado en que se encontraba, totalmente desarmada y algo alcoholizada, le sería imposible enfrentarse con todos. Por esta razón, lo único que atinó a hacer fue voltearse con la intención de salir corriendo de allí de una vez por todas. Sin embargo, se vio atrapada por las manos de uno de ellos, las cuales la tomaron por las muñecas fuertemente. Ante la desesperación que esto le había provocado, quiso gritar, mas un cuchillo en el cuello hizo que callase. El maldito que la había golpeado dentro de la celda la estaba amenazando con éste, mientras le colocaba una mano sobre la boca. En seguida pudo notar una mirada muy extraña provenir de ese malvado soldado.

-Esta vez no vas a escapar. Será mejor que no grites si no quieres que te atraviese la garganta.

Pronto, el nuevo secuaz de aquel tipo insensible y molesto, uno al cual no había visto nunca, la tomó de las piernas con la intención de alzarla. Mientras así lo hacía, los dos la llevaron hacia adentro del recinto, al mismo tiempo que el otro miraba a su alrededor para chequear que no estaba siendo visto por nadie. Como pudo, ella comenzó a retorcerse, en un intento en vano por soltarse, sintiendo como su respiración se agitaba y la desesperación se apoderaba de su mente. Se vio arrojada al suelo sin ningún cuidado, en un espacio oscuro en el cual no se veía ni un alma. Estaba completamente sola, en la oscuridad de la noche, a merced de unos psicópatas que parecían odiarla sin una razón válida. Temía por su vida y su integridad. En seguida, vio por el rabillo del ojo el brillo del cuchillo que aún sostenía el que parecía ser el líder de ellos, acercarse peligrosamente a su rostro. Después, sintió el frío del metal contra la piel de su cuello, lo cual la alarmó todavía más. Antes de que pudiese emitir algún sonido, quien la sostenía por las manos le cubrió la boca otra vez. Sin que nada pudiese hacer por evitarlo, él siguió bajando hasta toparse con su camisa. En un movimiento veloz, logró cortarla por completo, dejándola totalmente expuesta. Tal fue el susto de Hange, que atinó a lanzar una feroz patada, la cual dio de lleno en el estómago de aquel que estaba tratando de dañarla, haciéndolo inclinarse debido al dolor.

-¡Maldita zorra! Voy a tener que enseñarte una lección.

De esta forma, sin mediar más palabras, le asestó un golpe en el rostro, haciendo sangrar el labio inferior de Hange irremediablemente. El dolor fue punzante tal como lo recordaba, sin embargo, no era tan aterrador comparado con lo que estaba a punto de ocurrir.

-¡Sostenle las piernas, inútil! –le gritó al que no la dejaba escapar aún.

De esta manera, sintió como el otro malvado la tomaba por los tobillos y le abría las piernas aun estando tendida en el suelo. De pronto, el contacto helado de los dedos del líder de los bandidos contra su piel hizo que sus ojos se abriesen debido a la sorpresa. Ni siquiera pudo gritar en el momento en que lo sintió tocarla de manera lasciva, ya que fue absolutamente desagradable. El asco y el miedo de no poder hacer nada en esa posición se apoderaron de ella, quien no le veía salida al asunto por más que la buscase. Por ello, opuso resistencia con las fuerzas que le quedaban, sin embargo fue en vano, ya que eran demasiados contra ella. Pronto, sus ojos se llenaron de lágrimas, mientras su cuerpo empezó a temblar de rabia y repulsión al estar siendo abusada de esa manera tan vil. Nuevamente, el frío material cortante se pegó a su ropa, cortando esta vez su pantalón claro en la zona de la entrepierna. Antes de que pudiera siquiera reaccionar, una desgarradora sensación le tensó los músculos hasta paralizarla. Ese tipo había comenzado a violarla de manera brutal, sin que nada pudiese hacer por evitarlo. No era capaz de verlo, pero sentía como en cada estocada la lastimaba por dentro al punto de hacerla sangrar. Sumado a esto, el hecho de sentir la respiración de ese hombre muy cerca de su rostro le resultaba tan repulsivo que sentía que iba a desfallecer.

-Apúrate, que luego seguimos nosotros –oyó decir a ese que la mantenía presa, ya no pudiendo ser ya capaz de contener su llanto.

Justo en el momento en que había abandonado sus fuerzas completamente, esperando que aquella horrible tortura terminase, un ruido sordo hizo eco en todo el lugar. En seguida, oyó al hombre que permanecía en la puerta vigilando que nadie viniera gritar para luego caer al suelo. Esto provocó que el tipo que estaba encima de ella se irguiera, así como también el que la sostenía. En cuestión de segundos, el ruido de cuchillazos se hizo presente en el ambiente. Al ingresar un pequeño halo de luz por la puerta que permanecía abierta, pudo ser capaz de ver como alguien le cortaba la garganta al que no la había dejado escapar. Después, esa persona se ensañó con quien había estado violándola hacía unos momentos, por lo que comenzó a apuñalarlo sin piedad, una y otra vez, sin poder ni querer detenerse. Cuando la imagen se hizo nítida para Hange, pudo notar que el que había perpetrado todo eso era Levi. Desde el suelo, vio la mirada inyectada en sangre de éste, mientras continuaba clavando esa navaja en la carne de quien yacía ya inerte. La furia que había invadido a su compañero parecía incontrolable, estaba siendo presa de un profundo ataque de ira. Por ello, como pudo, se incorporó y se arrastró hasta donde él estaba. Con dificultad, lo abrazó por detrás, tomándolo por los hombros, queriendo detenerlo por fin.

-Déjalo, Levi. Ya está muerto… por favor, para –sollozó, mientras sus dedos se aferraban a la camisa manchada del capitán.

Al escuchar la voz quebrada de Hange, eso lo hizo volver al mundo real. Tan cegado por la furia estaba que no había podido ver el enorme charco de sangre que se había formado debajo de ese ser inmundo y que también había llegado a empapar su ropa y sus manos, debido a que las profundas cuchilladas habían llegado a hacer añicos sus órganos. Había asesinado a los tres, no obstante, no estaba tranquilo. No había podido estar allí para ella antes de que eso sucediera, no fue capaz de evitarlo. El hecho de presenciar esa escena horrible, cómo ese tipo estaba haciéndole tanto daño a la joven, le había dolido casi tanto como a ella. De todas maneras, agradeció haber salido de su habitación para buscarla, algo en su interior le dijo que tenía que hacerlo. Quizás, si no llegaba, algo aun peor podría haberle sucedido. Sin esperar más, arrojó el objeto punzante a un lado y se volteó para abrazarla de manera desesperada. Quiso disculparse, mas las palabras no salían de su boca. El olor de la sangre era intenso, la escena en sí era espantosa, por lo que decidió que lo mejor era que se marchasen de allí. De esta forma, Levi la tomó entre sus brazos y la llevó junto con él. Ella, por su parte, se aferró a su cuello, dejando que su cabeza descansara sobre el pecho del capitán, agotada. Sin poder moverse todavía, dejó que él la cargase durante todo el trayecto. Como fuera, pero todo aquello había terminado por fin. Sabía muy bien que estaba a salvo con él.

:::

-Oye, Hange. ¿Puedes bajar esa caja? –dijo, refiriéndose a una de ellas que estaba en un estante en la parte de arriba de la pared.

En seguida, ella dejó unos papeles sobre el escritorio y volteó a verlo. Se encontraban en la biblioteca del recinto militar, en donde el comandante les había enviado a buscar algunos documentos y ordenar los demás. Ya habían pasado unas cuantas semanas desde el ataque que ella había recibido, por lo que había podido recuperarse bastante. Por lo menos, físicamente. Él también había ayudado a que eso ocurriese, debido al apoyo incondicional que le había propiciado. Al observar aquello que Levi le pedía, no pudo evitar que se le escapase una carcajada. A decir verdad, hacía mucho que no reía. Por más que quisiera, el hecho de que él fuese tan pequeño que no llegaba hasta ese estante le resultó muy gracioso. Pronto, se vio echándose a reír sin remedio, muy a pesar de su compañero.

-Deja de reírte y hazlo, cuatro ojos de mierda.

-Bien, bien. Ya voy –le respondió, caminando hacia donde Levi estaba, mientras recuperaba un poco el aire.

De esta forma, tomó la afamada caja y la bajó hasta el piso. Luego, se agachó y comenzó a hurgar en ella, encontrándose con unos cuantos libros de texto aparentemente olvidados. De repente, uno de estos le llamó mucho la atención, por lo que lo tomó en seguida. Por su parte, el capitán la miró algo curioso debido a que ella tenía facilidad para dispersarse, mas no pensaba reclamarle aun.

-Mira lo que encontré –dijo, enseñándole la tapa de aquel controversial libro. En el título podía leerse en letras mayúsculas la palabra kamasutra y un dibujo de una pareja muy acaramelada.

-No sé qué dice ahí.

-¿Nunca escuchaste hablar de esto?

Al ver el clima extraño que se había generado entre los dos, Hange se perdió en sus pensamientos. En verdad estaba bromeando, pero algo de lo que le había dicho el soldado y el tono que había utilizado habían llamado su atención. De pronto, se le vino a la mente algo que no creía que fuera posible.

-Levi… ¿no sabes leer?

-No todos recibimos una educación formal como tú –suspiró, con algo de hastío. Temía que esto generase un interés en Hange. Bien sabía que ella era una persona sumamente insistente cuando algo se le metía en la cabeza y estaba al corriente la que se le venía.

-Te enseñaré. No quiero excusas, el hombre más fuerte de la humanidad no puede no saber algo tan esencial.

-No me jodas.

-¡No aceptaré un no como respuesta!

A decir verdad, jamás se lo había dicho porque sabía que esto era precisamente lo que iba a ocurrir. Si había algo que, además de los titanes, a ella le apasionaba era enseñar. Sin embargo, a esa altura de su vida, Levi creía estar muy viejo para algo así. En su infancia no había podido asistir a la escuela como otros niños, por ello no había podido acceder siquiera a algunos conocimientos básicos. Aquello no era algo que lo enorgulleciera, pero no había nada que pudiera hacer contra eso. De todas maneras, al ver los ojos vibrantes y expresivos de Hange observarlo expectante, supo que ella realmente tenía ganas de que aprendiese y que sus intenciones eran buenas. Como también sabía que lo decía muy en serio, creyó que no podría zafarse de la situación. Muy a su pesar, debía darle una respuesta.

-Bien. Pero quiero algo a cambio.

Rápidamente, la tomó del brazo y logró hacer que se levantase de una manera no muy amable. En seguida, ella se vio contra los estantes, atrapada por los labios del capitán quien la besó con avidez. Al separarse un poco de él, notó su mirada afilada sobre ella, lo que la hizo ruborizarse a penas.

-Quiero que hagamos lo que dice ese libro mientras me enseñas –continuó él.

-Entonces sí sabes lo que dice ahí.

-Vi el dibujo en la portada, cuatro ojos. No soy idiota, sé por qué agarraste justamente ese.

En el instante en que lo sintió tomarla por la cintura de manera firme, no pudo evitar dar un respingo y colocar ambas manos sobre el pecho del soldado. En ese sitio cualquiera podía ingresar y corrían el riesgo de ser vistos. Eso no sería bueno para ninguno de los dos. Sin embargo, por más que hubiera querido separarse de él, el roce de su boca contra su cuello hizo que ahogase sus palabras. Luego, se vio aprisionada por el cuerpo del capitán contra aquellos libros, mientras él acariciaba su espalda por encima de la camisa de color amarillo de la joven. Ya no pudo detenerlo, tampoco quiso que lo hiciera. Simplemente, presionó la tela entre sus dedos, mientras cerraba sus ojos y reprimía un jadeo.

-¿Qué estás esperando? Léelo, vamos –le pidió, aunque sonó más como una súplica. Podía notar sus ganas en el tono de voz que él había utilizado.

-Así… no funciona esto –le refutó, aunque vacilando, debido a que se sentía de la misma manera.

Rápidamente, el roce de los dedos del capitán sobre su entrepierna, aun por encima de su pantalón, hizo que gimiese sin remedio. La electrizante sensación había logrado elevar la temperatura de su cuerpo de manera irremediable, siendo incapaz de ponerle un freno a pesar de las circunstancias. No obstante, en seguida oyeron el sonido de unos pasos acercarse a la biblioteca, por lo que tuvieron que separarse de forma veloz, si no querían ser descubiertos. Sorpresivamente, en el umbral de la puerta ambos pudieron ver la figura de su comandante alzarse frente a ellos, impávido. Estuvieron a unos segundos de ser descubiertos, por lo que el corazón de Hange comenzó a galopar irremediablemente mientras trataba de ordenar una frase en su cabeza, queriendo eludir el momento. Por su parte, el hombre rubio, lejos de inmutarse, decidió mantener la calma a pesar de que había notado lo que estaba pasando allí. No había que ser un genio para darse cuenta de algo así. Debido a ello, luego de un breve silencio, decidió hablar.

-Levi, necesito que vengas a mi oficina urgentemente –le dijo, para después voltear y marcharse por donde había venido. Algo preocupado, el capitán le dedicó una fugaz mirada a Hange y fue tras su superior.

Con parsimonia, ingresó a la habitación detrás de ese hombre alto. Así, esperó a que él tomase asiento, e hizo lo mismo, justo en frente. Sabía muy bien lo que sucedería a continuación, muy a su pesar.

-¿Qué relación tienes con esa mujer? –le preguntó Erwin, directamente. Al notar el silencio de quien estaba frente a él, decidió indagar un poco más- Quiero que entiendas que te lo estoy preguntando como tu amigo, no como tu comandante.

Ya viéndose acorralado, siendo una persona de pocas palabras así como también de poco tacto, decidió que debía darle una respuesta. Bien sabía que aquello que él le decía era cierto, ellos además de soldados eran muy cercanos. Habían compartido mucho juntos y, a pesar de ser un superior, Erwin lo consideraba como igual. Luego de suspirar, Levi lo miró en forma seria. Ya no podía seguir ocultando lo que era obvio, mucho menos a un hombre tan perspicaz.

-No podría decirte exactamente qué tipo de relación tengo con Hange. Pero sí, es lo que estás pensando. Ella me importa.

-Sabes que eso no está permitido bajo ningún término.

-¿Quién te crees que soy? Es obvio que estoy al tanto de eso.

Era sabido que Erwin no era una persona particularmente estricta. Él confiaba mucho en sus subordinados y les permitía tomar sus propias decisiones. Así también, debía guiarlos por el camino del bien para que fuesen eficientes, eso era un hecho. Los soldados de la Legión no se podían permitir tener ningún tipo de distracciones. Él mismo había debido renunciar a alguien muy significativa en su vida para poder dedicarse de lleno a su carrera militar. Sin embargo, a su vez, no podía negar que antes de aceptar a esa joven en el ejército sospechaba de ellos dos y aun así no hizo nada por evitarlo. Aceptaba su error. Por ello, debía tomar alguna medida antes de que fuese tarde. Debía elegir entre intervenir o no.

-También sabes que podemos morir en cualquier momento… ¿crees que vale la pena ese sufrimiento? –inquirió Erwin.

-No lo sé… pero no puedo evitarlo. Ella es lo único que me mantiene de pie últimamente. Si me pides que me aleje no sé si seré capaz de hacerlo.

-No quiero obligarte a nada. Dejaré que decidas que es lo mejor para ti, lo mismo con Hange. Solo, sean más cuidadosos de ahora en adelante.

Reconocía aquello que le decía el comandante, mas estaba siendo lo más honesto que podía al confesarle sus sentimientos hacia la líder de escuadrón así sin más. No podía decir que no hubiese pensando lo mismo una y otra vez, tratando de debatirse entre lo que sentía y lo que era lo correcto. Sin embargo, la sola idea de alejarse de esa mujer de vibrantes ojos castaños le dolía en lo más profundo. Las cosas fluyeron de esa manera entre los dos, sin que ninguno lo presionara y sin que nada pudieran hacer por evitarlo. Era consciente de que de él dependía un gran número de personas y que tenía que cumplir con su responsabilidad, mas a su vez, seguía siendo un humano como cualquier otro, con defectos, virtudes y anhelos. Por ello, agradecía infinitamente que Erwin fuera capaz de comprenderlo, por más que no estuviese de acuerdo con lo que estaba haciendo. Además de ser un excelente líder, era también su mejor confidente.

:::

Poco a poco, el trabajo de una líder le iba resultando cada vez más cómodo. Tal como había pensado, había descubierto su verdadera vocación. Debido a ello, obtenía muy buenos resultados, los cuales eran reconocidos por sus superiores, siendo eso lo que le daba aún más satisfacción. A su lado, tenía hombres y mujeres fuertes y decididos que confiaban mucho en ella a pesar de las circunstancias. A su vez, a veces recibía algunas críticas por sus métodos, ya que Hange no se caracterizaba por ser una persona ortodoxa, sino todo lo contrario. Solía actuar por impulso, sin pensar, para luego darse cuenta del peligro al que se exponía y a quienes arrastraba en sus desvaríos. Era consciente de que a veces realmente perdía los estribos, cada vez más seguido, algo que comenzaba a preocuparle, mas no podía evitar ser una persona apasionada. Por más que le repitiesen una y otra vez la palabra "loca", ella confiaba estar en lo correcto. Aun así, por momentos sentía perder la razón de alguna forma, puesto que todo lo que había tenido que vivir la había afectado. No era capaz de reconocerlo exactamente, pero sabía que debía canalizar el dolor de alguna manera aunque subconsciente. Eso le preocupaba, mas no había mucho que pudiese hacer. No pensaba abandonar sus sueños. Además, no había cura para un espíritu aventurero.

Durante las expediciones y los entrenamientos, había logrado estrechar lazos con Moblit, en quien descubrió a una persona sumamente leal y honesta. Si bien había tenido prejuicios contra él por lo que había sucedido cuando se habían conocido, le demostró que había podido cambiar. Ese joven rápidamente se había convertido en su ancla, su personalidad tranquila y su capacidad analítica había hecho que se decidiera por elegirlo como mano derecha sin dudarlo. Por más que no quisiera aceptarlo, necesitaba de alguien que la frenase algunas veces, si no quería poner en peligro a todos y a sí misma. Aunque rara vez lo escuchaba, sus consejos conseguían darle otro punto de vista menos riesgoso de cada situación. Así también se había vuelto muy cercana a Erwin, con quien tuvo la confianza suficiente incluso para poder llamarlo por su nombre. La confidencia que había depositado en ella fue tal, que terminaron siendo buenos amigos. Sin embargo, lo único negativo que encontraba en todo eso era que, con todas las tareas que le eran asignadas sumado a toda aquella responsabilidad, hacían que no pudiera estar en contacto como hubiera deseado con quien hizo que todo eso fuese posible. A pesar de que había conseguido volverse una buena compañera de todo el escuadrón del capitán, con la intención de poder estar más cerca de él, lo hacía pero no de la forma que hubiese querido. Durante el día debían esconderse, no les quedaba otra opción ya que no todos sus superiores eran como el rubio, lo cual se hacía tedioso y molesto. Aunque pudiesen compartir la misma cama todas las noches, por lo que estaba muy agradecida, el hecho de tener que mantener en secreto todo lo que sentía era agotador.

-Levi –lo llamó, acercándose a él de manera sigilosa aunque un tanto torpe. Él simplemente volteó- Recuerda que hoy tienes lección de literatura.

-¿Ahora te comportas como si fueras mi madre?

-¡No te vas a escapar! Venimos muy bien, aprendiste muy rápido.

Durante algunas semanas estuvo cumpliendo con lo que había prometido. Aunque él se hubiese mostrado reacio al principio, había decidido cooperar después de mucha insistencia por parte de ella. A decir verdad, él le había puesto mucho empeño a la tarea, por lo que Hange se sentía muy orgullosa y satisfecha. Como siempre lo había sabido, él podía parecer duro pero en el fondo se preocupaba mucho por sus allegados. Se sentía muy emocionada al saber que él lo hacía más que nada para verla feliz. A pesar de su expresión de disconformidad, bien sabía que solo lo hacía para mantener esa fachada seria que lo caracterizaba. Ella más que nadie había llegado a conocerlo. Luego de sonreírle y de guiñarle un ojo de manera divertida, se marchó por donde había venido. Tenía trabajo que hacer con algunas muestras que había podido conseguir y no había tiempo que perder. Levi, por su parte, debía asistir a una reunión junto con sus subordinados. Sin embargo, el solo hecho de pensar en que pasarían un momento juntos más tarde, hacía que todo aquello se tornase más leve. Ante la mirada algo intrigada de su asistente Moblit, la líder de escuadrón echó una leve risilla mientras ladeaba su cabeza, para luego centrarse en su trabajo nuevamente.

Ya en su habitación, sumamente agotada, estaba agradecida de que por fin el día hubiera terminado. De esta manera, se dispuso a despojarse de su uniforme, el cual estaba cubierto de tierra y polvo por todo el traqueteo que había tenido que pasar durante su guardia. En seguida, fue capaz de oír el sonido el agua correr en el baño, lo cual le llamó curiosamente la atención. A decir verdad, estaba segura de quien se trataría, por lo que rió mientras se quitaba la última prenda que cubría su cuerpo. Al atravesar la puerta, la cual estaba entreabierta, se encontró con que Levi estaba dentro de la bañera, sosteniendo un libro en su mano mientras apoyaba su mentón sobre la otra. A su lado, descansaba una botella de whiskey y dos vasos, uno vacío junto con el otro que aun contenía algo de líquido. Mientras se soltaba el cabello, verla allí dentro llamó la atención de ese hombre, por lo que la observó de arriba abajo sin ningún tipo de reparo. Seguidamente, con un ademán, la invitó a unirse a él en aquella bañera. Ella, manteniendo una expresión pícara en su rostro, decidió acercarse un poco más.

-Veo que estuviste practicando sin mí –le dijo, mientras se adentraba en el agua tibia. La sensación cálida contra su piel era sumamente agradable.

-Eso podría interpretarse de varias maneras. Digamos que sí.

Sin poder evitarlo, rió ante lo soez de aquel comentario. A decir verdad, hacía varios días que no habían podido tener ese tipo de intimidad, por lo que sabía exactamente a qué se refería él con aquello. En seguida, ella se sumergió dentro del agua, dándole la espalda. Luego, sintió como él la rodeaba con un brazo por el cuello para atraerla un poco más contra su cuerpo. Ese mismo sostenía el libro, por lo que ella se lo quitó rápidamente, mientras terminaba de acomodarse descansando su espalda contra él. Se trataba de varios relatos de poesía, con el cual habían estado estudiando hacía unas lecciones atrás. En el momento en que lo vio tomar el vaso y beber un sorbo de aquella alcohólica bebida, decidió hablar.

-Quiero que me leas este párrafo –señaló, con su dedo índice- Si puedes, las lecciones estarán terminadas.

Después, él apoyó su cabeza sobre el hombro de la joven para poder ver más de cerca y se detuvo por unos momentos. Parpadeó un par de veces y, luego, se dispuso a responder.

-"Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo."

Anonadada ante la fluidez de su lectura, Hange dio un salto, haciendo que varias gotas salpicasen al libro e incluso al vaso que aún tenía Levi en sus manos. Aquello la sorprendió completamente.

-¡¿Cómo pudiste aprender a leer así de bien en tan poco tiempo?!

-Qué tosca eres. Como te dije, estuve practicando sin ti.

Ya más calmada, al oír esa confesión, volvió a sonreír. A veces él podía llegar a ser sumamente impredecible. Por ello, no pudo más que voltearse para luego depositar un suave beso sobre su mejilla. Rápidamente, se acomodó un poco más sobre el cuerpo de ese hombre, en un gesto casi infantil, dejando que su cabello castaño se pegase contra la piel del soldado. Luego, cerró sus ojos por unos instantes, dejando que el sonido del chapoteo relajase su mente un poco más. Al abrirlos otra vez, una duda invadió su mente.

-Oye, Levi… no sé nada de tu pasado. Yo te hablé del mío pero nunca se me ocurrió preguntarte.

-¿Qué quieres saber?

-Todo. Quisiera que me cuentes acerca de tu familia, tus amigos, tu vida antes del ejército.

Realmente, no le gustaba hablar de su vida anterior, ni sus recuerdos, en verdad prefería guardárselo para sí mismo. Quizás porque eso le hacía recordar algunas experiencias muy traumáticas, pero no le hacía ninguna gracia contar ese tipo de cosas a los cuatro vientos. Sin embargo, con ella todo era diferente. Se encontraban en un momento muy íntimo, por lo que se sentía capaz de indagar un poco en ello esta vez. Pronto, tomó la botella y sirvió algo de bebida dentro del vaso que aún no había sido utilizado y se lo ofreció. Luego de un pesado suspiro, se decidió.

-No conocí a mi padre, mi madre murió cuando era muy pequeño. Tuve que arreglármelas solo desde una edad muy temprana, con todo lo que eso implica. También tuve unos amigos muy buenos, éramos como hermanos… ellos ya no están.

A pesar de que él no dio más detalles que esos, aquello era suficiente. No quería presionarlo, tampoco obligarlo a remover cosas del pasado que quizás aún le dolían. Si no había sanado todavía, prefería quedarse con la duda antes que presionarlo. Seguidamente, ella dejó el libro a un lado y tomó el recipiente que él le invitaba.

-Lo siento mucho, Levi. Ni siquiera puedo imaginarme lo que has tenido que sufrir.

-Ahora estás tú, cuatro ojos –le respondió, para luego dejar que su cabeza descansase sobre el hombro de la joven otra vez.

En seguida, las mejillas de Hange tomaron un leve color rosado. Definitivamente no esperaba escuchar algo tan tierno provenir de ese hombre tan rudo. Se había quedado sin habla, como le solía suceder solamente con él, por lo que agradecía estar de espaldas en esos momentos. A decir verdad, por más que fuese efusiva, debía aceptar que tampoco era buena expresando sus sentimientos. No obstante, mientras jugaba tímidamente con sus manos sobre el agua, sintió los dedos del capitán acariciar su mejilla y haciendo una leve presión, como queriendo que voltease a verlo. Así lo hizo, encontrándose con sus ojos grises muy cerca de los suyos. Nunca lo había visto de esa manera, su expresión era tranquila, muy calmada.

-Eres hermosa.

Sin poder evitarlo, la soldado comenzó a reír de manera sonora y poco delicada, volviendo a salpicar nuevamente a un indignado Levi. A veces le hacía perder los estribos, mas en verdad comprendía que así era ella y no iba a cambiar jamás. Hange, por su parte, estaba realmente confundida, él parecía hablar en serio.

-¿Qué es lo gracioso, idiota? –le cuestionó, sin ocultar ya su disgusto.

-Es que no creí que te gustara mentirle a las mujeres –respondió Hange, ya habiendo recuperado un poco el aire, mientras daba un largo sorbo al whiskey. Éste resbaló por su garganta, creando una sensación muy caliente, a decir verdad aún no se acostumbraba del todo a beberlo.

-¿Mentir? ¿Crees que miento? Mírame.

Aun un poco incrédula, se incorporó y se acomodó sobre la bañera sin mucho cuidado, apoyando las rodillas al costado del cuerpo del soldado, quedando cara a cara con él. Así, se dejó caer sobre las piernas del capitán, mientras pasaba ambos brazos por encima de sus anchos hombros, abrazándolo. Sin dejar de mirarla a los ojos, Levi procedió a quitarle sus lentes para luego dejarlos a un lado. A pesar de eso, a esa corta distancia, ella era capaz de verlo claramente. De nuevo, no pudo evitar que su cara ardiera, algo avergonzada por haber oído esas palabras. Se reprendió mentalmente por estar actuando tan retraída, incluso aniñada ese día, ella no solía ser de esa forma. Él era capaz de lograr cosas que nadie antes había podido.

-Nunca nadie me había llamado así –se sinceró, desviando la mirada.

-Eso no lo hace menos verdadero.

En verdad, Levi jamás había visto una expresión tan dulce en el rostro de la joven. Ella solía ser muy histriónica casi todo el tiempo, aunque tenía sus momentos serios y solía enojarse a menudo. Sin embargo, que se quedase callada y usase ese tono tan bajo para hablar era algo que no veía todos los días. Detrás de esa imagen que ella quería mostrarle al mundo, él había logrado ver algo más. Sus palabras eran reales, jamás se había sentido de esa manera por alguien en el pasado. Sin poder evitarlo, la besó, dulcemente esta vez. Mientras estrechaba un poco más el torso tibio de Hange contra el suyo, dejó que su cuerpo actuase por su cuenta. El ruido del agua hacía que el sonido rebotase contra los azulejos de las paredes, lo cual amortiguaba cualquier otro sonido que podría cruzar de sus labios. Luego, con sus manos, Levi recorrió cada centímetro de la espalda de la soldado, descendiendo por ella, notando lo suave que se había vuelto su piel sumergida. Ella gimió, encontrándose presa del momento, no pudiendo hacer más que dejarlo continuar. Por un instante, el capitán se detuvo únicamente para poder observarla otra vez, mientras se adentraba en ella de manera suave, no pudiendo evitar que su excitación creciese un poco más en el proceso. La sintió aferrarse a su espalda, después la vio curvar un poco sus labios y suspirar, con los ojos entrecerrados. Sin más, el libro que yacía al borde de la bañera, cayó al suelo.

:::

La mañana no podía haber comenzado peor. Hacía algunos días que el comandante le había permitido capturar a algunos titanes, luego de mucho insistir y de prácticamente hacerlo de todas formas por más respuestas negativas que hubiese podido darle. Sin embargo, al ser la trampa apenas un prototipo, uno de esos seres se las había ingeniado para zafarse y había logrado arrancarle un brazo a un joven que estaba ayudando a sostenerlo desde una punta de la red. Por ello, habían decidido deshacerse de ese en particular, a pesar de los gritos y las quejas sonoras de la líder de escuadrón. Sumado a esto, una tormenta parecía avecinarse, por lo que el viento y la humedad les dificultaban la visión y hacía aún peor aquella arriesgada tarea. Eran un total de diez soldados, sumando al herido, tratando de contener a tres de esas bestias, una de tres metros, otra de cinco y la última de siete. La red parecía no poder soportarlo mucho más y, mientras Hange tomaba notas, el miedo invadía a todos los presentes. Había logrado cortar parte de su piel y su carne, la cual era liviana, estaba hirviendo y se evaporaba en cuestión de segundos, antes de que pudiese siquiera analizarla. A su vez, las manos de la soldado estaban rojas debido a las ampollas que le habían producido las quemaduras. Sin embargo, no pensaba rendirse, puesto que no estaba en condiciones de vacilar ni tampoco podía dejar que nadie muriese ni salieran más personas heridas por culpa de sus experimentos. No obstante, de pronto, un mareo la hizo trastabillar, lo cual no pasó desapercibido para su asistente. Debido a esto, se llevó una mano a la frente de forma instintiva.

-¡Líder de escuadrón! ¿Está usted bien? –se inquietó un alarmado Moblit.

Sin embargo, en el momento en que cesó de darles indicaciones a los presentes, sin poder responderle a su asistente, se echó a correr en dirección contraria a ellos, mientras se tomaba el abdomen con un brazo. Por ello, aquel joven se decidió a seguirla. Al encontrarla por fin, la vio vomitando justo al lado de un aljibe, para después desplomarse sobre sus rodillas. Esto terminó por preocuparlo, temía que algo le estuviese pasando y ella no se lo dijera para que la dejase trabajar de todas maneras. Temeroso, se acercó un poco más a su líder, apoyando una mano sobre su espalda.

-No puede seguir aquí así. Yo me encargo, por favor, tómese el día libre.

-¿Estás loco, Moblit? ¡De ninguna manera! –lo increpó, pasándose el dorso de la mano por los labios y poniéndose de pie, aunque con algo de dificultad- Debe ser algo que comí, estoy bien.

-No se esfuerce así.

-¡Dije que estoy bien! Tenemos mucho trabajo hoy, estamos probando una trampa nueva, si llega a fallar en mi ausencia no me lo perdonaré. Volvamos.

Sin poder contradecirla, puesto que aparentemente no estaba de muy buen humor, el joven se limitó a asentir y volver por donde había venido. Hange, por su parte, se detuvo por un momento antes de emprender su regreso. A decir verdad había sentido algo de náuseas durante todas las mañanas hacía un buen tiempo. También, se sentía algo pesada, cansada, más de lo que había estado nunca. Pronto, cayó en cuenta de que había estado tan ocupada que ni siquiera se había detenido a pensar en ello. Mientras limpiaba sus lentes con algo de nerviosismo, una leve cortina de lluvia comenzó a caer del cielo, empapando su pelo y su uniforme. Eso dificultaba las cosas todavía un poco más, no obstante, aquello había pasado a segundo plano. Ella más que nadie debía saberlo, era médica después de todo. Además, por más que quisiera, no podía recordar cuándo había sido la última vez que le había llegado su período. Sin que nada pudiese hacer por evitarlo, siempre fue consciente de que algo así podría suceder. Por más que nunca hubiera querido divagar en algo así, era una posibilidad. La probabilidad era muy alta, de hecho. De repente, un vacío en su pecho se hizo presente. Sintió que su sangre se congelaba y que su cuerpo no era capaz de moverse en lo absoluto. Debía hablar con Levi urgentemente. Sin embargo, por el momento, el deber no podía esperar. Por lo menos para ella, una científica.

Al terminar el día, todos aquellos titanes tuvieron que ser sacrificados puesto que, como Hange temía, la trampa falló. Con mucho esfuerzo, pudo sobrellevar su carga y terminar con todo aquello sin ninguna baja más. A pesar de que su cabeza aún se encontraba hecha un lío, se esforzó por blanquear su mente por un rato y volcarse de lleno a sus quehaceres. De esta manera, anotó todo lo que pudo, tomando apuntes puntillosamente de aquello que había podido presenciar y así se dio por terminada esa investigación. Luego de horas cruciales, por fin pudo despedirse de todos sus colaboradores y, algo inquieta todavía, se lanzó a la búsqueda de su compañero. No sabía bien qué iba a decirle ni cómo pero sabía que a quien debía ver en esos momentos era a Levi. Por esto, decidió ir con sus amigos, el escuadrón de operaciones especiales, el cual lideraba quien no salía de su mente, para poder averiguar su paradero. Sin embargo, él no estaba allí, por lo menos a simple vista.

-Buenas tardes, Hange. ¿Qué haces aquí? –preguntó una intrigada Petra, quien se encontraba ordenando papeles en un escritorio, junto a Auruo, que se encargaba de barrer el piso.

-¿Han visto a Levi? –le cuestionó, obviando el saludo, visiblemente alterada. Esto llamó la atención de los dos.

-Creo que tenía una reunión con Erwin y otros comandantes, no nos contó mucho –respondió la rubia.

-¡¿Cómo que no saben?!

-Ey, ey. Cálmate, Hange. Ya aparecerá –trató de apaciguarla Auruo, apoyándose en su escoba en un intento por parecer despreocupado.

En seguida, la líder de escuadrón se acercó hacia él y lo tomó por el cuello de la camisa. Esto hizo que al hombre se le cortase la respiración, bastante asustado por el repentino cambio de actitud de esa joven, quien lo miraba amenazante a través de sus anteojos. A decir verdad, ninguno de los dos entendía nada todavía.

-¡Hange, vas a matarlo!

Al notar la preocupación en la voz de la otra joven, logró volver a la realidad otra vez. Pudiendo ver por fin los ojos en blanco de aquel soldado, decidió soltarlo de golpe, haciendo que cayese irremediablemente al suelo. Estaba arrepentida, muchas veces tenía esa clase de ataques de rabia cuando estaba nerviosa, pero se le pasaban al segundo. Ya más calmada, se disculpó y se marchó sin más. Así, ante la mirada extrañada de los presentes, Hange se perdió de vista. De esta forma, estuvo deambulando largo rato por los pasillos del establecimiento en donde solían reunirse los altos mandos. Caminó y caminó, pero él seguía sin aparecer. Esa situación la estaba desesperando, pues su ser estaba alterado y cualquier cosa la irritaba en ese momento. Estaba perdida, no sabía qué hacer con ella misma en esa situación. Necesitaba charlar con él, ya que tampoco podía hacerlo con nadie más. El hecho de tener que ocultarse ya la estaba sacando de las casillas, estaba siendo demasiado difícil sostener algo así a lo largo del tiempo. Aquello era problemático e inesperado y de ninguna manera podía sola. En el instante en que había perdido todas las esperanzas de encontrarlo en lo que iba del día, pudo observar una figura a lo lejos dirigirse exactamente hacia donde ella estaba. Eso la tranquilizó un poco, allí estaba por fin el capitán.

-Ven aquí, necesito hablar contigo ya –espetó, tomándolo de la mano y llevándolo de un tirón.

A pesar de las protestas de éste, se las arregló para arrastrarlo hacia afuera. Cuando llegaron y lo soltó, él acomodó su chaqueta con una mano mientras chasqueaba su lengua en una mueca de suma irritación. Por allí no pasaba nadie a esa hora, ya que la jornada había llegado a su fin, lo cual era conveniente. En unos segundos, lo que había sido una pequeña llovizna se fue tornando una lluvia torrencial, la cual se derramaba copiosa sobre los dos al estar a la intemperie.

-¿Qué mierda te pasa, cuatro ojos? Está lloviendo, estás sucia, quisiera saber por qué me trajiste-

-Estoy embarazada –lo interrumpió, de forma repentina.

Aquello lo dejó completamente perplejo. Eso era lo último que esperaba oír en un momento como ese, ni siquiera se había detenido a pensar como una posibilidad de que algo así ocurriese de esa manera tan imprevista. Debido a todo lo que estaba sucediendo en su mente en esos instantes, no pudo más que dar unos pasos para luego desplomarse en el asiento más cercano que encontró, un poco más cerca de ella. Aunque por fuera mantuviera un semblante serio, por dentro los nervios comenzaron a invadirlo al punto que sentía su corazón vibrar. Pronto, pensó en él como un padre, siendo que no había tenido uno. ¿Aquello podría funcionar? No estaba del todo seguro de estar capacitado para ello. En su vida, había podido hacer cualquier cosa, pero nunca pensó en que algo como eso le ocurriría a una persona como él. También, pensó en el destino, el cual siempre terminaba poniéndole desafíos sorprendentes. Sin embargo, lejos del pánico de un principio, la idea no sonaba del todo mal en su cabeza. Luego de unos segundos que para la joven parecieron una tortura, con ambos brazos la atrajo hacia él y dejó que su cabeza descansase justo en el vientre de Hange. Esa era una reacción que definitivamente ella no esperaba. Inmóvil, lo miró desde arriba y se encontró con su lacio cabello negro contra su abdomen. En verdad, la soldado no comprendía del todo lo que estaba pasando por la mente de ese hombre.

-¿Esto te hace feliz? –le cuestionó, algo titubeante. Al no obtener respuesta, la desesperación aumentó un poco más en su ser- Dime algo, por favor.

-Sí.

A pesar de todo, oír aquello la tranquilizó a sobremanera. No tenía idea de cómo podría reaccionar él en un primer momento, pero aun así en el fondo estaba segura de que Levi no la abandonaría. Lo que no esperaba, era que la noticia lo emocionase a tal punto. No habían tenido tiempo de charlarlo, por lo que creía que tener hijos no estaba para nada en los planes del capitán. Pero su abrazo era tan cálido, sentido, cargado de un sentimiento que era capaz de llegarle a Hange hasta lo más profundo. Aun así, por más que eso lograse calmar un poco su ansiedad, algo en todo ese asunto no parecía estar del todo bien. Sin más, solo suspiró y dejó que su mano descansase sobre la cabeza de aquel a quien amaba. Por fin aceptó que quizás, todo ocurre por una razón.

:::

Un instante antes de dirigirse hacia la puerta, ya que estaba lista para partir rumbo hacia una nueva misión, notó su reflejo en el vidrio de la ventana. Al estar abierta, la luz natural hacía que su figura apareciese ahí de manera bastante nítida. No supo por qué, pero se detuvo a mirarse. Así, sus ojos viajaron por su rostro y fueron descendiendo parsimoniosamente. No supo bien en qué momento había dejado de reconocerse en el espejo. Sus pechos, debido a las vendas que tuvo que ponerse a su alrededor para sostenerlos, le dolían a sobremanera. Aun así, el problema no solo era la sensibilidad sino el tamaño, lo cual le dificultaban bastante su vida diaria. Pronto, se detuvo justo en su bajo vientre, en donde fue capaz de observar lo abultado que se había vuelto con el correr de las semanas. Allí, una vida latía en su interior. Instintivamente, con sus dedos, acarició toda esa zona. A pesar de que aún no se le notaba tanto, estaba allí y ella era muy consciente de eso. Sumado a los cambios que se hacían presentes en su cuerpo, su mente también estaba experimentando cosas nuevas. Muchos sentimientos encontrados se hacían presentes. Sumado a esto, a medida que el tiempo transcurría, una preocupación crecía al igual que ese ser. De todas maneras, ya no podía detenerse más, puesto que corría el reloj y debía estar presente a horario antes de partir. "¿Qué rayos estoy haciendo?" se preguntó, para después cerrar sus ojos y marcharse de allí para no continuar divagando. No obstante, justo antes de abandonar el lugar, se vio increpada por Levi sorpresivamente. Esperaba encontrarlo a las afueras de los muros.

-No irás.

La mirada seria del soldado sobre ella le indicaba que no estaba jugando. Inmediatamente, esto le molestó muchísimo. No tenía derecho a decir algo así, nadie podía decidir por ella. A pesar de que no había tenido nunca una pelea seria con él, no pensaba pasar por alto aquello que le estaba diciendo esta vez. Sin ocultar su desagrado, frunció el ceño y se decidió a responderle.

-¿Qué dijiste?

-No vas a ir. Te lo prohíbo.

-No puedes estar hablando en serio. No tienes ningún derecho a decirme lo que debo o no hacer. ¡Suéltame ahora mismo!

Contrariamente, él cerró un poco más el agarre. Aquello terminó por sacar de sus casillas a Hange, quien no podía tolerar algo así de ningún modo. Ida, en un movimiento veloz, se soltó y lo tomó del borde de la camisa por el cuello, a lo que el capitán no se inmutó. Simplemente, continuó observándola de manera seria. Al parecer, se mantenía firme en sus convicciones aún.

-Piensa en nuestro hijo –dijo él, en voz baja, ya sin ese tono autoritario que había utilizado anteriormente. Sin embargo, eso no sirvió para calmarla.

-¡No me convertí en un envase de repente, Levi! Soy una persona, soy una mujer y una soldado. Nada de eso cambió.

Habiendo observado el fuego en la mirada de la joven, él por fin entendió. Supo que por más que quisiera, no podría detenerla. Estaba muy preocupado por ella, no podía ocultarlo, tampoco podía dejarla cometer un delirio en su estado. Él la amaba, aunque no fuese capaz de decírselo. Así mismo, adoraba aun sin conocer a su descendencia, la cual se estaba formando día a día en el vientre de Hange. El capitán no había tenido realmente una figura paterna, por lo que jamás se había visto como alguien capaz hasta ese momento. Al enterarse de la noticia, algo en su corazón hizo que un deseo dormido cobrase vida. Quizás así podría dar todo ese cariño que él no había podido recibir a un niño que fuese de su sangre. De repente, se sentía preparado, más de lo que había estado nunca. De todas maneras, en el fondo sabía que ella estaba en lo cierto. La única que podía decidir sobre su cuerpo y su propia existencia, era la joven. Aunque le doliese verla arriesgarse de esa forma, debía aceptar y respetar sus elecciones. Ella era adulta, después de todo. Sin poder ya argumentar nada más, lo único que atinó a hacer fue desviar la mirada, aun estando inmóvil. Debido a esto, ella por fin lo soltó, más suavemente esta vez. De esta forma, simplemente siguió con su camino, dejándolo atrás. En su mente, en esos momentos, no cabía otra cosa que continuar con su deber. Luego de un buen tiempo, las compuertas se abrieron tal como tantas veces anteriores y todos los miembros de la Legión salieron cabalgando hacia la libertad.

Así, la batalla contra los titanes comenzó y el peligro los acechó, tal como siempre había sucedido. Los gritos, los lamentos, la sangre y la pólvora se hicieron presentes en el ambiente. De esta forma, el sonido de las cuchillas y los equipos de maniobras se multiplicaron por cientos. Así también, el ruido de huesos romperse, de carne siendo arrancada y, finalmente, de cuerpos cayendo hacia el suelo hicieron su aparición. A pesar de que hubiesen podido exterminar algunos y escapar de otros, las bajas continuaban siendo muy altas, lo cual era moneda corriente en la Legión. Los soldados más experimentados trataban de proteger dentro de sus posibilidades a los novatos, mientras eran los que lograban acabar con la mayor parte de esos seres enormes. Sin embargo, podían llegar a cometer un error o quedarse sin insumos, sus equipos podían romperse y había otras infinitas posibilidades de que algo funcionase de una manera inadecuada, por lo que nadie tenía la seguridad de seguir con vida al final del día. Aquello constituía el miedo real de Levi, quien esa mañana había estado particularmente intranquilo. Sabía que Hange estaba con su propio escuadrón, por lo que no podía estar cerca de ella tampoco. Toda la situación era un caos y en verdad tenía un mal presentimiento. De todas maneras, tenía que continuar, por lo que encomendarse al destino era la mejor opción. Así, apretó el mango de su arma en su mano, mientras se mantenía firme y le daba indicaciones a aquellos que tenía a cargo. Todos sus problemas eran urgentes en ese momento de tensión, ya que frente a él se alzaban demasiadas amenazas.

Por su parte, la líder de escuadrón se encontraba volando directo hacia el frente, a la máxima velocidad que podía alcanzar su equipo de maniobras. Detrás, la seguían las personas que formaban parte de su grupo. Dentro de ellos, estaba su preocupado asistente, quien durante el último tiempo había notado un cambio en ella. Moblit era consciente de que algo sucedía, mas no podía hacérselo saber, puesto que notaba que su superior no tenía intenciones de comunicarle qué era aquello. Por más que hubiesen estrechado lazos al punto de llegar a ser amigos, bien sabía cuál era su lugar a final de cuentas. No obstante, eso no evitaba que la siguiese muy de cerca, así podría estar ahí para lo que lo necesitara. Aunque se le dificultara la tarea, puesto que ella se movía bastante más veloz que los demás, no podía dejarla sola. Hasta el momento, no habían divisado a ningún titán, mas no podían relajarse. A pesar de que en la mente de Hange había demasiadas cosas en las que tenía que pensar, se mantenía firme aún. Su cuerpo le pesaba más de la cuenta, su energía tampoco estaba al cien por ciento, pero aun así seguiría. Le molestaba ese hecho, ya que por más que no quisiese aceptar que su estado le dificultaba bastante su labor de soldado, así era. De pronto, al haber estado tan perdida en sus pensamientos, justo delante de ella vio como era devorada una de sus subordinadas, sin que nada pudiese hacer por evitarlo. Sus gritos le calaron los huesos, estaba demasiado cerca. Debido a la impotencia que le generó estoy a lo responsable que se había sentido por ello, decidió lanzarse sola ella misma a acabar con ese maldito de una buena vez. Pero, repentinamente, una puntada en su bajo vientre se hizo presente, adormeciendo sus extremidades por completo en un segundo. Por ello, no pudo evitar perder un poco de altura.

-¡Líder de escuadrón! –gritó Moblit, dirigiéndose hacia ella con una cuchilla en cada mano, listo para atacar.

Al escuchar la voz de su asistente, volvió a mirar hacia el frente, aunque el dolor no cesaba y había hecho que se tomase del abdomen con una mano irremediablemente. Tal fue su descuido, que no pudo esquivar un manotazo enorme que se dirigía hacia ella. A pesar de sus esfuerzos, el joven no alcanzó a llegar, por lo que no pudo evitar que la líder de escuadrón fuese golpeada de lleno al costado de su cuerpo, volando lejos de allí. De manera irremediable, chocó contra un gran árbol con una violencia tal que rebotó fuertemente. Finalmente, cayó al vacío, inconsciente debido al impacto. Desesperado, Moblit tomó impulso y llegó a tomarla en sus brazos para poder así evitar que golpease contra el suelo o fuese tomada por ese enorme monstruo y terminase devorada al igual que su compañera. Con ayuda del equipo de maniobras, logró subir con ella a cuestas a una rama muy alejada del peligro, en la cual la recostó con sumo cuidado. Al verla otra vez, notó que aún no reaccionaba, por lo que la sacudió levemente, en un intento vano por lograr que despertase. Debido a esto, decidió lanzar una bengala de color rojizo al aire, en un intento por pedir ayuda a los demás grupos de exploración. Luego de unos segundos, varias personas aparecieron a su alrededor. Entre ellas, se encontraba el capitán, quien había logrado identificar que de dónde provenía la señal era del lugar en donde Hange debía encontrarse. De esta forma, se abrió paso entre los demás, encontrándose a la mujer a quien amaba tendida allí. Irremediablemente, sintió como si su corazón se hubiese detenido por un segundo.

-Capitán Levi –le habló Moblit, se podía notar el miedo en su voz y, a su vez, su expresión denotaba algo de confusión- Ella… está sangrando.

Rápidamente, la mirada de Levi se encontró con que por las piernas de la soldado resbalaba ese líquido rojizo de forma copiosa, empapando irreparablemente sus ropas claras. Aquello no podía indicar nada bueno. Con desespero, le tomó la muñeca para comprobar si ella tenía pulso, lo cual fue un alivio que la respuesta fuese afirmativa. Sin embargo, ver la sangre ahí era una señal muy mala. Temía lo peor.

-¿Hange estaba…?

-Llévensela ya, necesita atención médica –lo interrumpió, evitando así que su asistente siguiese hablando y comprometiéndola más bajo la mirada de los presentes. Luego, lo miró seriamente- ¡Tú, mocoso!

-¡Sí!

De esta forma, él la tomó cuidadosamente entre sus brazos otra vez y se marchó lo más rápido que pudo. A pesar de su consternación, Levi trató de ocultar sus sentimientos por el momento, con la intención de evitar más sospechas por parte de su escuadrón. El hecho de ocultarse se estaba haciendo insostenible, sabía que ella se sentía de la misma manera. Además, todo parecía haberse complicado aún más con esa noticia. Bien sabía lo que había ocurrido, por más que quisiese negarlo. Todos sus miedos parecían haberse materializado. Su alma se partía, sin embargo, debía mantenerse entero. Se lo debía a Hange.

:::

Una fuerte contracción en su bajo vientre la hizo despertar repentinamente, por lo que se incorporó como resorte. Al hacerlo, con la respiración agitada, el movimiento hizo que su espalda le doliese de manera aguda. Su cabeza se sentía pesada, golpeada, incluso un poco mareada. Además, aun no sabía dónde se encontraba. Notó que no podía ver con claridad, por lo que su mano en seguida buscó sus anteojos por todo el lugar. Se dio cuenta que había estado dormida no sabía durante cuánto tiempo y lo último que recordaba era haber estado en el campo de batalla fuera de los muros. Su vientre. Pronto cayó en cuenta de lo que había ocurrido. Se sintió vacía, melancólica. Algo ya no estaba ahí. Había perdido su embarazo. Sin embargo, por mucho que esos sentimientos se hubiesen hecho presentes, sin que nada pudiese hacer por evitarlo, un gran alivio la invadió. Al poder colocarse los lentes otra vez, parpadeó por unos segundos y notó que alguien se encontraba al lado de la cama sobre la que yacía, sobre una silla. Ese era Levi, como siempre, quien estaba con piernas y brazos cruzados. En seguida, él la miró. Podía notar una gran tristeza en su rostro. Aquello, hizo que desviase la mirada hacia el otro lado de la habitación. No creía ser capaz de enfrentarlo en ese momento.

-Lo hiciste a propósito, ¿verdad? –la increpó, haciendo que ella pudiese notar su voz algo quebrada. Esto hizo que Hange volviese a verlo- Tú jamás quisiste a ese niño.

-¿Cómo te atreves a decirme esto?

-Acéptalo, nunca lo deseaste.

Esas palabras la hirieron. No podía creer que justamente él le hablase de esa manera. Jamás la había mirado de esa forma, le dolía en lo profundo de su corazón. Sin poder evitarlo, sus ojos se llenaron de lágrimas.

-¡No! ¡Nunca quise ser madre, nunca estuvo en mis planes! –le gritó, ida. Sin poder evitarlo, el llanto se apoderó de su ser- Pero si era contigo yo… yo… no puedes pensar que sería capaz de algo así…

Él se mantuvo en silencio, escuchando los sollozos de aquella persona a la que amaba hacer eco en la habitación, los cuales le provocaron escalofríos. Había estado pensando tanto en su parte en esa historia mientras ella dormía que no había meditado sobre los sentimientos de Hange. Se sintió culpable por haberla abordado de esa manera tan fría en un momento así. Sin embargo, de sus labios no cruzó ni una palabra.

-Vete –murmuró ella, mirando hacia abajo y pudiendo ver cómo caían sus lágrimas sobre la manta que la cubría. Al notar que él seguía inmóvil, insistió- ¡Vete!

-No me iré.

-¡Entonces me voy yo!

A pesar del dolor que le generó siquiera mover sus piernas por encima del colchón, no pensaba desistir. El sufrimiento en su alma era mayor. Debido a esto, apretó sus ojos y se incorporó, trastabillando un poco en el proceso. Por su parte, esto alarmó a Levi ya que sabía que la joven seguía convaleciente, haciendo que se pusiera de pie también. Ella, sin dudarlo más, limpió sus ojos con el dorso de su mano con rabia y le pasó por al lado sin siquiera dedicarle una mirada. Estaba recuperándose aún, por lo que cada paso que daba provocaba una punzada horrible en sus entrañas, lo cual le recordaba una y otra vez lo que acababa de ocurrir. Algo errante, trataba de caminar lo más rápido posible, sin embargo, muy a su pesar pudo oír claramente los pasos de él atrás de sí. Pronto, sintió como la tomaba de la muñeca en un intento por detenerla. No obstante, ya no tuvo ganas de luchar, no podía más. Ni mental, ni tampoco físicamente. Por ello, se detuvo aún sin mirarlo, intentando con todas sus fuerzas no quebrarse otra vez.

-Detente, Hange. Lo siento, no quise decirte esas cosas. Sé que estás sufriendo también, fui egoísta. Podemos tener otro en un futuro…

-No. No podemos –murmuró, todavía con la vista hacia el frente- Levi… no podemos seguir juntos.

Al oír esto, él por fin la soltó. No pudo responder, tampoco hacer ningún movimiento. Simplemente miró hacia el suelo. En ese momento, al voltear, ella se encontró con el rostro acongojado de Levi. Por ello, decidió continuar, aún sin dejar de llorar.

-Me cansé de esconderme y me cansé de este mundo, el cual está condenado. Mira lo que sucedió. ¿Piensas que podemos tener un hijo en este contexto? No sería justo para nadie y lo sabes.

Bien sabía el capitán que aquello era cierto. Por más que no quisiera, realmente ella estaba en lo correcto. Había peleado por los dos durante mucho tiempo, pero aquello simplemente no fue suficiente. La vida era injusta, el camino que había elegido era ese y no había nada que pudiera haber hecho por cambiarlo. Lo intentó pero falló irremediablemente. Al arriesgarse todo el tiempo, no podía darse el lujo de formar una familia, sin saber si el día de mañana iba a poder abrir los ojos otra vez. Tal era su amor y su deseo por ello que su mente se había nublado por completo. Era verdad, él la amaba. La amaba como no creía haber podido amar a una persona.

-Hange, yo… -le habló, sin poder terminar esa frase. Se maldijo internamente por ser tan malo expresando sus sentimientos.

-Te amo, Levi. Eso nunca cambiará. Espero que en otra vida podamos estar juntos como queremos.

-Quiero que me prometas que pase lo que pase no vas a alejarte de mí. No lo soportaría.

-Te lo prometo.

Aunque no lo escuchase de sus labios, realmente no lo necesitaba. Sus ojos no mentían, su amor era correspondido. A pesar del llanto que aún no cesaba, se permitió sonreírle, tal como solía hacerlo incluso en los peores momentos. De esta forma, se dejó abrazar por él por última vez, dejándose llevar por el calor que le transmitía Levi cada vez que lo hacía. A decir verdad, lo extrañaría muchísimo. Desde ese instante, deberían acostumbrarse a estar en presencia de otro pero de manera distinta. Tenían que continuar, sus compañeros y el mundo los necesitaba. Ese mismo que seguiría girando de la misma manera a pesar de que tuviesen que renunciar a lo que más querían. Había mucha gente que dependía de ellos, cargaban con un poder que conllevaba una gran responsabilidad. Debían anteponer su juramento antes que su amor, por más sufrimiento que esto les generase. De esta manera, juntos, iban a enfrentar un nuevo comienzo.

Fin


Es muy triste, lo sé, pero quería que esto fuera una introducción de lo que es su relación al comienzo del manga y como sigue hasta la actualidad. Espero que se haya entendido. Estos dos capítulos al ser largos equivalen a unos cuatro o cinco normales, por lo que me pareció mejor hacerlos así. Háganme saber si les gustó, espero sus reviews. ¡Nos leemos en otra ocasión! :D