DISCLAIMER: Los personajes de Orgullo y Prejuicio pertenecen a Jane Austen y sus herederos. Este pequeño One-Shot sí es de mi invención.
NOTA IMPORTANTE: Ya está arreglado el formato, que la primera vez dio problemas. ¡Muchas gracias a todos los que me avisaron del problema!
Darcy llevaba demasiado tiempo trabajando, escribiendo cartas para atender sus negocios. Es noche cerrada, hace tiempo que terminó la cena, y desea terminar sus asuntos antes del día siguiente, puesto que los Bingley llegarán para quedarse como invitados, y exigirán gran parte de su atención. Por otra parte, está sumamente cansado, y quiere irse a dormir.
De repente, escucha unos suaves golpes que llaman a la puerta. Extrañado, alza la voz para decir:
-Adelante.
La puerta se abre lentamente, dejando paso a su esposa, Elizabeth, con una bandeja de té. Agradeciendo la puntual distracción, ve como su esposa entra y deposita la bandeja, con mucho cuidado, en la mesita auxiliar del despacho.
-He pensado que un té te sentaría bien, después de tanto trabajo-, dice con una sonrisa dulce. Darcy se endereza, frotándose el cuello con cansancio. Con decisión, se acerca a él, para acariciarle la mejilla con cariño. Darcy, agradecido de la caricia, inclina un poco la cara hacia su mano, y cogiéndosela le da un pequeño beso en los nudillos.
- ¿Te queda mucho trabajo? -, le pregunta ella observando la pila de cartas recién escritas, que esperan a que mañana los criados las lleven al correo.
-Bastante…estos meses de cosecha siempre son extenuantes. Hay que organizar tantas cosas, que además se juntan con el resto de negocios de Londres… En otro momento, haría las cosas con más calma, pero mañana vienen los Bingley, y le prometí a Charles que iríamos juntos a cazar – contesta, un poco agobiado.
Su mujer lo mira con gran compasión, puesto que sabe por experiencia lo que es, y sabe que, por desgracia, no puede ayudarle, salvo llevándole una taza de té. Con impotencia, mira como se pasa una mano por el cuello dolorido, y de repente sabe cómo puede ayudarle.
-Fitzwilliam, ¿me permites hacer algo completamente inapropiado?
Curioso, y un poco preocupado, Darcy asiente.
Elizabeth le deshace el nudo del pañuelo, y Darcy, confundido y pensando que lo que quiere es tener sexo, le coge las manos con las suyas, mientras le dice:
-No, Elizabeth, estoy demasiado ocupado.
-No es lo que piensas – le dice, mirándole con el ceño fruncido.
Ante esta contestación, y confiando en su esposa, Darcy se relaja, y deja que Elizabeth, después de colgarse su pañuelo en su propio cuello para apartarlo, le desabroche los primeros botones de la camisa y el chaleco, y, echándolos un poco para atrás, le deje al descubierto el cuello.
Elizabeth se arremanga su propia camisa y, con cuidado, apoya las manos sobre su cuello, empezando a masajearlo. Darcy, sorprendido, se deja hacer, mientras nota cómo toda la tensión empieza a desaparecer bajo las manos de su esposa, permitiéndole relajarse por primera vez en toda la noche.
Al cabo de un rato, Elizabeth termina, y, sin decir nada, le vuelve a abrochar la camisa y el chaleco, y le pone el pañuelo otra vez en su sitio. Una vez hecho esto, se inclina junto a él, apoyándose en la silla, y, acariciándole la mejilla, le pregunta con una sonrisa:
- ¿Te encuentras mejor?
-Sí…te lo agradezco, Elizabeth, - le dice, sonriendo con placer y calma mientras le acaricia suavemente uno de los brazos desnudos.
-Me alegro… ahora, tómate el té que la Sra Reynolds ha preparado, y cuando termines de arreglar tus asuntos, ven a dormir. Te esperaré despierta en la salita – responde, yendo a por la prometida taza de té y poniéndosela delante.
Sonriendo por el descaro de su mujer, y enternecido por su preocupación por él, se dispone a hacerle caso, mientras ve cómo ella sale del despacho y cierra la puerta sin hacer ruido.
Tras terminar de escribir las cartas necesarias, Darcy se dirige a sus aposentos. Es tarde, y lo único que rompe el silencio de Pemberley es el ruido de sus botas sobre la piedra. Entra a la salita que precede a la habitación principal, y allí ve a Elizabeth, leyendo a la luz del fuego. Cuando esta lo oye entrar, levanta la mirada y, cerrando el libro, se levanta y se dirige hacia él.
- ¿Ya has terminado con todo? – le pregunta en voz baja.
-Sí, ya está todo organizado para los próximos días. Así, ambos podremos ser buenos anfitriones para nuestros invitados.
-Entonces, vamos a dormir, ya es muy tarde.
Ambos entran en su alcoba, y Elizabeth lo acompaña hasta su lado de la cama.
-He mandado a tu ayuda de cámara a dormir, así que te ayudaré yo a desvestirte.
Conmovido por el amor y la preocupación de Elizabeth (puesto que ella sabe que Darcy no necesita ayuda alguna para desvestirse), Darcy se deja hacer, permitiendo que Elizabeth le vaya quitando, prenda a prenda, todo su traje, disfrutando de los toques ocasionales de sus dedos fríos sobre su cuerpo. Contento, piensa que, aunque no sea esta la noche, por lo tardío de la hora y el cansancio acumulado, deberá devolverle a Elizabeth toda esa amabilidad, y demostrarle que él también la ama con locura.
Cuando termina, Elizabeth le alcanza su camisón para que se lo ponga, mientras ella va a su lado de la cama, y se cambia de ropa rápidamente. Cuando ambos entran a la cama, ella le apoya la mano en su brazo, indicándole que se acerque a ella. Sonriendo, recuesta su cabeza sobre la almohada, justo al lado de su esposa, pasándole una mano por la cintura.
-Buenas noches, Fitzwilliam- dice ella, y Darcy nota cómo el pecho de su mujer vibra al pronunciar las palabras.
Sintiendo cómo todo su cuerpo se relaja, Fitzwilliam no puede evitar pensar que, en ese mismo momento, todo es perfecto. Cerrando los ojos, dice:
-Buenas noches, Elizabeth.
Nota: Es el primer fic que subo a la página, espero que os haya gustado. Se agradecen las reviews.
