¡Hola! Aquí les dejo este nuevo capítulo como prometí :D

En vista de que nadie (creo) supo lo que decía el mensaje, pues se quedarán con la duda hasta el final :P después de este capitulo no se si me quieran golpear o besar o se pregunten ¿que pasó? pero bueno, todo es parte de la historia, solo disfrútenla y ya :P


Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, pertenecen a Hiro Mashima. Yo solo los uso para satisfacer mi imaginación. Disfruten.


Capítulo 9: Luciérnagas...


-Lugar desconocido- 26 de Marzo – año x793 / Bosque.

Ambos habían vagado por el bosque siguiendo el camino que los llevaría de regreso a Magnolia. El día anterior, cuando los corrieron del hostal, él estaba ardiendo en fiebre pero hizo acopio de todas las fuerzas que tenía y se obligó a ir caminando hasta que ya no pudo más. Se recostó en el tronco de un árbol respirando agitadamente y sudando por la fiebre, no se dio cuenta del momento en que se durmió pero en la mañana despertó cubierto por algo extraño.

Abrió los ojos con pesadez adaptándose a la luz del amanecer que se asomaba por el horizonte e hizo a un lado la cosa que estaba sobre él sin prestarle demasiada atención mientras se estiraba con algo de dificultad debido a lo duro del piso de tierra del camino donde había dormido. Las heridas le molestaban menos que el día anterior pero había dos puntos en su cuerpo que le dolían como si le estuvieran haciendo las heridas en ese momento.

Puso su mano en su hombro derecho y su costado izquierdo y maldijo por lo bajo a los hombres que les hicieron eso. – Si no fuera por Juvia… - no terminó la oración cuando se percató que la peliazul no estaba. Con la vista empezó a buscar por el lugar pero no la veía, estaba a punto de internarse en el bosque que se extendía a uno de los costados del camino cuando vio unos arbustos que se movían, en ese momento se puso en una guardia que bajó al momento de ver la figura de la maga de agua salir entre el verde del lugar.

- Gray-san – se sorprendió al verlo levantado - ¿Gray-san se encuentra mejor? – preguntó guardando unas cosas en su bolsita de viaje. El peliazul asintió y la maga sonrió.

- ¿Dónde estabas? – preguntó un poco molesto y un poco aliviado a la vez.

- Juvia pensó que Gray-san necesitaba comer un poco y Juvia fue a buscar algo en el bosque – sonrió y le tendió una manzana roja que sacó de su bolsita.

Gray la aceptó pero no pudo evitar no notar el estado de los dedos de la peliazul, tenía las yemas rojas y algunos cortes en los dedos que se marcaban rojos pero sin muestras de haber sangrado. Desayunaron en silencio, no tenían mucho de qué hablar en ese momento y los escasos comentarios de la peliazul se referían solo a su salud.

Mientras desayunaban, si eso se podía llamar desayuno, Gray fijó su atención en lo que se había quitado cuando se levantó y fue que notó que era una especie de red entretejida de hojas, supuso que su función sería la de una colcha y luego, de forma sutil volteó a ver los dedos de la peliazul cayendo en cuenta la razón del por qué los tenia así, "la hizo para mí", se preguntó cuánto habría dormido ella en la noche e inconscientemente alzó la vista al rostro de la peliazul encontrándola dormida contra un tronco pero pudo notar que tenía unas pequeñas ojeras.

La dejó dormir un momento más hasta que el sol empezó a calentar, fue entonces que la despertó y siguieron caminando, se sentía culpable por despertarla cuando era probable que ella hubiese pasado gran parte de la noche en vela cuidándolo.

Así pasaron el resto del día, caminando en silencio que era roto de vez en cuando por algún comentario superfluo o alguna queja de dolor. Cuando la fiebre le regresó a Gray ya estaba atardeciendo y tenía hambre, el alquimista no dudaba que la peliazul estuviera en el mismo estado famélico que él. La peliazul lo sentó en una roca que había junto al camino y le empezó a quitar las vendas.

La mayoría de las heridas ya estaban cerradas y habían empezado a cicatrizar pero los dos puntos que le habían estado doliendo a Gray durante todo el día estaban casi tan frescos como el día que se los hicieron, la diferencia era que estaba supurando, empezaban a oler mal y el líquido de la supuración era una mezcla de sangre aguada y otra sustancia un tanto amarillenta, las vendas se habían pegado a la costra superficial de la herida y en el momento en que le retiraron la venda se quedó pegada en ella dejando la herida nuevamente en carne viva.

Juvia miró la herida preocupada y luego lo volteó a ver a él con el mismo gesto de preocupación. Gray sabía que era lo que la maga estaba pensando, que esas heridas eran la causa de su fiebre. La maga invoco un poco de agua y empezó a limpiar las heridas con delicadeza antes de volver a vendarlas.

- Juvia cree que deberíamos descansar – miró al alquimista mientras ponía un pedazo de venda mojada en la frente de él.

- No, ya casi llegamos – señaló un punto en la nada pero que emitía una tenue luz – esa es Magnolia – hablaba empezando a jadear – Juvia, ayúdame – le tendió la mano para que ella lo ayudara a incorporarse y empezaron a caminar en silencio otra vez.

Magnolia. 26 de Marzo – año x793 / Bosque.

La hora de la luciérnaga no existía, eso lo sabía todo el mundo, bueno, ese mundo. Para ellos, la hora de la luciérnaga era la media noche. El mensaje estaba cifrado, solo había que darle una mirada rápida para entender que no podías entender nada con solo mirarlo. Leerlo era un arte, mientras más lo usabas más fácil era entenderle, no era tan difícil una vez que sabias cómo hacerlo.

Su amiga lo había inventado cuando se dio cuenta de que interceptaban los mensajes que se mandaban, protegerlos a ellos era prioridad aunque estaba segura que ellos eran más peligrosos que aquellos que querían dañarlos, sin importar como fuera, ellos eran sus hijos y su misión era cuidarlos.

- Glamour lyz – susurró despacio mientras juntaba las manos antes de entrar esa noche al bosque. Un grupo de luciérnagas con luz amarilla se formó frente a ella al separar las manos y sonrió. Las luciérnagas volaron sobre ella y se formaron en una media luna cubriéndola por delante, como si fuera un escudo que proyectaba su avance.

Llegó al punto indicado, un claro. El mensaje, además de ser casi imposible de leer para el ojo inexperto, estaba en clave. Una cosa era leer lo que decía y otra muy diferente saber lo que decía, a quien iba dirigido, quien lo escribía, que magia usar para presentarse, la hora y el lugar. Ella se quedó en la orilla del claro y solo las luciérnagas avanzaron, la experiencia le decía que no debía confiar en nada hasta estar segura de que no había peligro.

Desde otro punto de la orilla del claro salieron unas luciérnagas con una luz roja que se encontraron con las amarillas, danzaron un momento y luego se lanzaron las unas contra las otras estrellando sus pequeños cuerpos y explotando con un ligero tin bañando el claro con luz.

Ella entró al claro despacio y titubeante, con los nervios a flor de piel, con la ansiedad corriéndole liquida por las venas. Él entró al claro, alto, seguro, sonriente, con las manos en los bolsillos de su pantalón y con la bufanda en su cuello. Se vieron unos instantes, reconociéndose, estudiándose y, en un instante, la luz mezclada de las luciérnagas se separó, se fue con la persona que las había invocado y se tornó en lo que parecía ser una barra larga antes de que ambos se lanzaran en contra de la otra persona en un ataque rápido.

- Nombre – susurró ella entre los dientes deteniendo el golpe de la barra con la suya.

- Natsu Dragneel – respondió poniendo su peso sobre la barra de luz – nombre.

- Lucy Heartfilia de Dragneel – lo miró desafiante un momento mientras sentía como el peso de él desaparecía de ella y la barra era lanzada el cielo estallando el silencio mientras formaba nuevamente un aura de luz. Ella lo imitó y las luces se mezclaron nuevamente.

Se volvieron a mirar por un instante, él se acercó a ella y la abrazó sin pedirle permiso, estrechándola contra su cuerpo y besándole la frente. Ella respondió el abrazo con necesidad mientras le besaba el pecho.

- Perdón por tardar – habló él mientras la separaba para verla a los ojos. Ella negó con los ojos llenos de lágrimas.

- Algo salió mal – Natsu le puso las manos en las mejillas acariciándoselas con los pulgares – pensé que iba a llegar antes de que nos conociéramos en Hargeon pero no fue así, André me hirió un costado antes de que terminara de recitar la fecha, él dio otra y me aventó – subió sus manos para ponerlas sobre las del pelirrosa – llegué un año antes de que mi mamá muriera – empezó a llorar y Natsu la abrazó como si temiera perderla.

- ya… ya… - la consolaba mientras le acariciaba la cabeza despacio.

- No pude traerte antes, no tenía el poder, ni la energía y ella no…

- Está bien, no te pongas así – la apretó contra su pecho – ya estoy aquí, contigo, eso es lo importante, nada me va a separar de ti ahora que estamos juntos – la separó de su pecho y la miró a los ojos – nada… - y se acercó lentamente a los labios de ella dándole un beso tímido al inicio que luego fue cobrando intensidad a medida que ella lo respondía.

La tendió en el suelo despacio contemplando lo sonrojada que estaba, él sonrió por eso tendiéndose junto a ella y abrazándola despacio contra su pecho – ¿recuerdas nuestra primera noche? – le preguntó con una sonrisa traviesa mientras una de las manos de ella trazaba círculos en su pecho por sobre su ropa. La pregunta la hizo sonrojarse y desvió la mirada repentinamente – tomaré eso como un sí – sonrió despacio y atrajo el rostro de Lucy hacia el suyo mientras pasaba su pulgar en el labio inferior de ella, cuando la tuvo a suficiente distancia le dio un pequeño beso en los labios y otro en la nariz.

- Fue en este lugar – lo miró a los ojos sonrojada y con una pequeña sonrisa – habíamos regresado de una misión y nos quedamos a pasar la noche aquí.

- No estaba Happy – sonrió – se había colado en una misión con Wendy y Charlie – juntó su mano con la de ella y entrelazó los dedos viéndola a los ojos.

- Y ahora tampoco está – susurró sonrojada acercando sus labios a los de Natsu.

- Está dormido – susurró antes de besarla.

Despacio, entre el beso, Natsu se acomodó sobre Lucy, le acariciaba una mejilla mientras la empezaba a desnudar con la otra mano. Lucy hacia lo mismo, entre las caricias suaves le empezaba a quitar la ropa. Solo rompían el beso para respirar, para susurrarse Te amo y para besar alguna otra parte del cuerpo de su compañero.

- Despacio – susurró Lucy entre jadeos cuando Natsu se terminó de acomodar entre las piernas de ella. El pelirrosa asintió sabiendo a lo que se refería y empezó a fundirse entre ella de forma lenta mientas la besaba en el cuello y los hombros. Lucy apretó los dientes y tensó las piernas mientras su cuerpo intentaba hacer que el invasor saliera.

Cuando estuvo completamente dentro de ella se quedaron quietos, agitados, viéndose a los ojos y con una ligera sonrisa. Lucy asintió a la pregunta que veía en los ojos de Natsu y él empezó a moverse despacio dentro de ella. Al inició, el dolor entre las piernas de Lucy la hacían apretar los dientes pero poco a poco fue desapareciendo y los gemidos empezaron a fluir, al principio suaves, acompañados de caricias al cabello y pecho del pelirrosa, después más fuertes, más grutales, más salvajes por parte de ambos, los besos eran apasionados, sucios. Las uñas de Lucy se enterraban en el suelo, en los hombros del pelirrosa, en su espalda y sus dientes dejaban pequeñas marcas en el cuello de él.

- Mío… mío… - susurraba entre jadeos cada vez que lo mordía.

- Solo tuyo – respondía él con una voz ronca y llena de placer mientras entraba en ella más profundo y más fuerte – solo tuyo.

La luz del encantamiento se extinguió después de que ellos terminaran de desnudarse pero no les importó, las estrellas daban la suficiente luz que ellos necesitaban con sus ojos adaptados a la oscuridad del momento.

Terminaron cansados y agitados, Lucy descansaba desnuda sobre el pecho de Natsu mientras él le acariciaba la espalda y le besaba la frente – Está por amanecer – habló el pelirrosa después de un rato de silencio y caricias mientras veía el cielo que se empezaba a tornar de un color claro a la lejanía.

- No me importa, no quiero que termine la noche – se apretó contra él en claro signo de posesividad. El pelirrosa solo rió por eso y le beso la frente.

- Cásate conmigo – dijo divertido mientras la pegaba más a él.

- ¿Qué se siente estar casado con alguien que no soy yo? – le preguntó con curiosidad mientras se sentaba sobre él cubriendo su hombría entre sus piernas. - ¿Qué se siente hacerle el amor a alguien que no sea yo? – sonrió con malicia mientras se movía sobre él provocándolo para que entre en ella.

El pelirrosa sonrió mientras la tomaba por las caderas y la penetraba despacio haciendo que ella cerrara los ojos por el placer – nada – jadeó él conteniéndose de moverse mientras soltaba una de sus manos y se golpeaba la sien derecha con un dedo – todo lo que era y todo lo que soy está aquí – se movió un poco dentro de ella – y nada es comparable a estar contigo. El Natsu de esta época sintió mi influencia cuando aparecí en este mundo, cuando se casó lo hizo con dudas – la tomo de la cintura y la tumbo despacio sobre el suelo quedando él sobre ella – y solo la ha tomado una vez, en su noche de bodas, para cumplirle – sonrió y se empezó a mover con brusquedad mientras ella se aferraba a él entre gemidos de placer – no te preocupes mi amor – la besó con pasión – yo no la considero mi esposa.


Hasta la próxima semana :D

pd. quiero reviews o no habrá capitulo la semana que viene XD