¡Hola!
Capitulo nuevo! Gracias a los que comentaron! :D
Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, pertenecen a Hiro Mashima. Yo solo los uso para satisfacer mi imaginación. Disfruten.
Capítulo 14: Otra vez.
Lugar desconocido. 5 de abril – x800 / Pueblo a la orilla de la carretera.
Estaba regresando de una misión en solitario, desde hacía demasiados años salía solo a las misiones, desde hace muchos años se sentía prácticamente solo en el gremio.
Tenía casi 30 y estaba soltero. Había estirado y era más alto, su mandíbula se definió más y sus músculos llamaban la atención de las mujeres que pasaban; aún seguía teniendo ese complejo de stripper que le decía Natsu pero en menor medida, en esos momentos solo se quitaba la camisa.
Lo que más le sorprendía era que se parecía a su padre cuando él tenía su misma edad, la única diferencia era que a esa edad, su padre ya era su padre y él, él no estaba seguro si llegaría a serlo.
Últimamente pensaba mucho en él, recordaba lo felices que eran antes de que Deliora atacara su pueblo y lo que daría por volver a sentirse como ese niño.
Estaba distraído, recordando cosas que últimamente invadían su mente, cuando un par de niños chocó contra él deteniéndolo y sacándolo de sus meditaciones.
- Disculpe señor – le dijo la niña rubia e inmediatamente volteó a ver al niño peliazul que se notaba era menor que ella – vamos Azur… date prisa que van a cerrar.
El niño asintió y ambos se fueron corriendo hacia una tienda cercana. Niños. Alguna vez pensó en tener uno, en formar una familia pero era pasado.
- Azur-chan, Selene-chan… espérenme – Una mujer llamó a los niños y esa voz lo paralizó.
Volteó a ver el lugar donde provenía, no podía estar equivocado, esa voz, tenía que ser de ella. Algo se removió en su pecho pero no sabía qué era. Su mente se preparó para encontrarse con ella extrayendo su recuerdo para poder distinguirla entre la multitud y lo que encontró le congeló el mundo por irónico que pareciera.
- Azur-chan – escuchó que decía una mujer alta, de pelo azul suelto en cascada, de ojos grandes e inocentes, con un rostro más maduro, más mujer, pero con ese mismo aire de inocencia y de fragilidad que antaño él había visto – Selene-chan – pasó junto a él y no lo reconoció, ni siquiera lo miró, estaba fija en los niños que acaban de tropezar con él y que corrían a la tienda.
Quería ir con ella, tomarla de los hombros y besarla; mirarla a los ojos y preguntarle el porqué de su abandono, el porqué de los secretos. Quería decirle que le había hecho mucha falta, quería decirle que la odiaba por haberlo abandonado y dejado con todo eso que sentía dentro. Quería reclamarle y hacerla tan infeliz como él lo había sido, hacerle sentir lo mismo y a la vez quería estrecharla entre sus brazos y hacerle el amor, quería no dejarla ir, besarla hasta que se olvidaran de que necesitaban respirar.
Quería todo eso pero no se movía. Estaba estático en su lugar, viéndola con dos niños que no eran de él, sonriendo frente a la familia que él alguna vez soñó tener con ella. Su sangre hirvió, la furia lo invadió y se sintió como un tonto porque inconscientemente la había estado esperando; rechazando todas esas oportunidades que tuvo frente a él por ella, por la esperanza de su regreso y que en ese momento sabía que no llegaría. Al verla ahí, feliz, con hijos, supo que ella sí había aprovechado la oportunidad que él tantas veces se negó.
Que estúpido e iluso había sido.
Se dio la vuelta para irse de ahí, no podía soportar estar en ese lugar, no podía soportar verla a ella. Avanzó unos metros y se detuvo. Podría irse, hacerlo y jamás volver a pasar por ahí, podría hacerlo, nada se lo impedía, solo tenía que seguir caminando y se alejaría, no la volvería a ver pero si lo hacía entonces se quedaría sin las respuestas a las preguntas que se había hecho.
Se quedó parado, estaba pensándolo y de repente sintió la presión de una mano pequeña y suave sobre su puño cerrado. Era cálida, tierna, muy familiar y tan extraña que abrumaba. Volteó a ver quién lo tocaba y encontró al niño de hace un momento.
- ¿Usted también es mago como mi mamá? – preguntó con un aire infantil, soñador y emocionado al ver la banda en su brazo que lo acreditaba como mago del reino. Contempló al niño, tenía los ojos de ella y le dolió tanto que se sorprendió por eso.
Asintió con la cabeza como respuesta porque las palabras se le perdieron en la garganta, el niño era pequeño, no pasaría de los 5 años, 6 años a lo mucho. No sabía que más hacer, ni que decir ni nada, el niño lo veía con emoción, como si él fuera su persona favorita en su vida, como si lo acabara de encontrar después de mucho tiempo buscándolo.
- ¿Me lleva con mi mamá? – le preguntó con ese aire inocente de niño pequeño mientras lo halaba para que avanzara. Volvió a asentir pero realmente no sabía si quería verla de nuevo, de cerca, no sabía qué hacer, qué decir, cómo actuar.
Deshizo el puño y le tomó la mano al niño, se preguntó si estaría bien eso y entonces, en menos de un minuto, estaba él parado frente a ella con el niño sujeto a su mano mientras llamaba la atención de su madre que llamaba a la niña rubia.
Ella giró la cabeza para ver al niño con una sonrisa que desapareció al verlo y se quedó callada, casi podría jurar que lo miraba con miedo, con vergüenza, con temor. – Gracias por traerme a mi hijo – le dijo esquivando la mirada – Gray-san.
Y todo el mundo despareció. Ella sabía que era él y aun así había preferido ignorarlo a hablar con él. Nuevamente se sentía estúpido.
- Mamá, ¿conoces a este señor? – la voz del niño rompió la pausa. Juvia miró al niño confusa, como si no entendiera lo que acababa de preguntarle.
- Ve a jugar con Selene-chan un momento – le dijo al niño que asintió con emoción dejándolos solos y en un silencio sepulcral.
Él se dio la vuelta, le dio la espalda y empezó a andar. No necesitaba eso.
- Juvia le pide perdón, Gray-sama – la escuchó decir, le volvió a decir "sama" – Juvia lamenta no haber confiado en usted.
Seguía de espaldas y pudo escuchar que su voz se quebraba mientras él hacia esfuerzos sobrenaturales para mantenerse sobrio pero le estaban costando el alma.
- ¿Por qué? – salió de sus labios apretados, le pareció más un siseo que una frase, aun así fue lo suficientemente clara y fuerte para que ella la escuchara.
- Porque Juvia temía que Gray-sama la rechazara si se enteraba de todo, por eso Juvia huyó.
Entonces se giró, si había algo que no soportaba era el llanto de una mujer, en especial el de una mujer que había amado.
Y la abrazó.
Y ella lo abrazó como si su vida dependiera de ese abrazo, llorando en su pecho como si no hubiese llorado en todos esos años. Luego se soltaron y se quedaron en silencio hasta que los niños regresaron.
- Por favor, Gray-sama – pidió ella y él supo que se refería a que quería darle las respuestas a las preguntas que no había hecho. Podía haber dicho que no e irse, pero otra vez el niño tomó su mano y él no pudo negarse.
Magnolia. 5 de abril – x800 / Gremio de Fairy Tail.
Los gemelos estaban tocando la flauta mientras la hija de Mirajane bailaba de una forma extraña pero divertida, los demás estaban aplaudiéndoles mientras comentaban que si no servían para magos entonces tenían un gran futuro como concertistas callejeros. Rió por eso.
Ella aun no sabía dónde habían aprendido a tocar la flauta y eso le asustaba un poco pero Gajeel la convenció de que los dejara hacerlo ya que nadie se molestaba, sin embargo no podía evitar preocuparse por eso, eran niños pequeños, tenían 6 años y al igual que la hija de Mirajane, eran un prodigio en la magia y otros artes que no sabían cómo habían adquirido.
Terminaron de tocar y se pusieron a jugar los tres, corriendo de un lado a otro, subiendo y bajando las escaleras, las mesas, las sillas, cualquier cosa que fuera escalable era escalada, incluso Elfman era escaldo por ellos tres.
El gremio se sentía vacío, desde hacía muchos años se sentía así. Natsu se había ido con Lucy a vivir su idilio amoroso dejando a una Lisanna desconsolada que se fue de ahí poco tiempo después. Solo Happy quedaba de esa familia efímera que habían formado pero él no volvió a ser el mismo. Tampoco Mirajane. Juvia se había ido también dejando a un Gray más taciturno.
Y nada había vuelto a ser igual aunque a simple vista pareciera que nada había cambiado.
Los llamó para darles de comer y ellos fueron corriendo hasta sentarse en la mesa, dejaron sus flautas a un lado de su plato y no pudo evitar sentir, como tantas veces antes, que había visto esos instrumentos en otro lado.
"Música" y "Melody", los nombres de sus hijos tallados sobre las flautas de metal negro. Tomó las flautas y las guardó, ellos no dijeron nada, solo se miraron mutuamente y siguieron comiendo.
Lugar desconocido. 5 de abril – x800 / Casa de Juvia.
La casa de Juvia le parecía sencilla desde afuera pero al momento de entrar notó que estaba bien amueblada. Ella le ofreció una taza de té y le indicó que se sentara en uno de los muebles de la sala. Él lo hizo notando que había juguetes regados en una esquina y muchos porta retratos con fotos por la casa: de ella y el niño que tenía sus ojos, esas eran las que más había pero también encontró una foto de Natsu y Lucy junto con la niña que andaba con ellos en esos momentos, se preguntó si ella era la hija de ellos y no de Juvia como había pensado al principio, después se molestó porque ellos habían desencadenado todo lo que había pasado.
Ella regresó un momento después con las tazas de té y se sentó en una silla frente a él dándole una y tomando una para ella; la vio tomar un sorbo de su té sin decir nada, luego ella bajó la mirada quedándose callada y sumida en sus memorias, como buscando la mejor forma de comenzar. Después de un rato habló.
Crocus. 5 de abril – x800 / Palacio Real.
Los calabozos siempre le parecían demasiado fríos y el olor de la humedad le lastimaba la nariz. No le gustaba estar ahí, no le gustaba su trabajo y no le gustaba saber la razón por la cual la habían mandado a ese lugar a buscar a los prisioneros.
Llegó a la celda de ella y la vio hecha un ovillo en una de las esquinas de piedra fría de la celda, estaba callada y con la cabeza entre las rodillas, no se movía y por un momento llegó a pensar que había muerto hasta que ella levantó la cabeza.
No le gustaba como se veía; estaba más delgada y muy demacrada, sus ojos chocolate se habían tornado opacos y sus cabellos, antes rubios, habían tomado un color ceniciento, su piel estaba marcada por las incontables torturas y parecía de papel.
- ¿Hoy toca? – preguntó con una voz suave y llena de resignación. Ella solo asintió mientras era escrutada por los ojos de aquella mujer.
Abrió la celda mientras ella se levantaba, el collar negro en su cuello delataba su condición de maga prisionera. Caminó despacio arrastrando sus pies descalzos como si cargara el peso del mundo sobre sus hombros. No pudo más que sentir lastima por ella.
Abrió la otra celda y lo encontró a él sentado en la tabla que servía de cama, con la cabeza gacha y los brazos apoyados sobre las piernas en una pose de total abandono. Él no dijo nada, solo se levantó y se dirigió a la puerta a esperar a que le abrieran la celda.
Sus ojos no se veían por lo largo de su cabello rosa, aun así se podía ver el collar negro, similar al de su compañera. Cuando se abrió la puerta él salió despacio, igual arrastraba los pies, también estaba descalzo, y se paró junto a la prisionera, se tomaron de las manos y ella empezó a temblar pero no dijeron nada, avanzaron despacio por el camino que habían recorrido el último año.
No soportaba verlos así pero parecía que el que la mandaba a hacer eso sabía que le desagradaba y por eso lo hacía.
Lugar desconocido. 5 de abril – x800 / Casa de Juvia.
No sabía que pensar, no sabía si creerle o no, podría ser una mentira para protegerse pero si fuera así no lo habría invitado a su casa. ¿Creerle o no creerle? Le dolía la cabeza. Era surreal, casi imposible pero tan posible que no lo creía.
- ¿Estás diciendo que la verdadera razón por la que viajaron al pasado era porque estaban huyendo del futuro y que nada salió como estaba planeado? ¿Qué Lisanna fue una víctima más del error de cálculo que tenían y sin embargo siguieron? ¿Es que están locos? Todo eso es tan enfermo y tú te prestaste para eso, estas igual de enferma que ellos. No pretendas que te crea Juvia, no lo hago ni lo haré.
Pero Juvia solo miraba al piso.
- No solo fue eso – dijo después de que hubiese un momento de silencio – ellos me contaron todo lo que ocurre en el futuro, Juvia lo hizo también porque no quería que Gray-sama muriera.
Mentiras.
- Porque Juvia aun ama a Gray-sama
Ella tenía que estarle mintiendo, no podía decir que lo amaba si tenía un hijo de otro hombre.
- Me amas tanto que tienen un hijo con otro hombre, seguramente me amabas bastante que te entregaste al primero que te…
- ¡No le digas así a mi mamá! – le habló el niño viéndolo seriamente – glamour aeris – susurró el niño con enojo y una corriente de aire entró por la habitación elevándolo y sujetándolo como si fueran cadenas invisibles. Intentó congelar el agarre pero no podía.
- ¿Qué es esto? – Estaba molesto
- Magia del futuro – le constó Juvia en de forma simple – Gray-sama, aún hay cosas que tiene que saber, necesita escuchar a Juvia y luego podrá irse si quiere, Juvia no lo detendrá.
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