Bueno gente, un saludo y una disculpa por el tiempo trascurrido. Para los que pregunten por la conti de tierra de traidores estoy trabajando en ello. Estoy sin internet en mi casa y en quarentena eterna como todo argentino. Esperemos retomar y presentar otros trabajos que tengo guardados.

Saludos y este el final de este fic.

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EPILOGO: EL AUGE DEL IMPERIO.

El emperador había terminado su vigésima reunión en 5 meses con los consejeros de su nación. Tres horas de discusiones, propuestas y principios de acuerdos. Daimyo, el antiguo señor del fuego ahora era conocido como el emperador Akihito. Los antiguos 5 países del fuego, el rayo, la roca, el hierro y el viento habían sido unidos bajo el dominio de los ejércitos armados del Shogun Mifune. También se adhirieron todos los países pequeños que no tenían aldeas ninjas con gran potencial. Mifune y sus samurái intentaron que siempre los conflictos armados se redujeran al mínimo. Los ninjas eran sellados para la pérdida de su chakra o invitados a mudarse al antiguo país del agua que los cobijaría como país del Remolino.

Hubo conflictos por mucho tiempo. Algunas regiones se revelaron al control del nuevo imperio y con el ejército real esparcido por los 5 países, muchas regiones aisladas tuvieron varios intentos de revolución. Cabecillas locales, pueblos rebeldes o grandes familias con dinero suficiente para tener tropas mercenarias a su servicio específico.
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Mifune decidió contactar con los Uzumaki del remolino para acordar contratos pagados enviándolos a terminar con esos levantamientos. También comenzaron a comerciar con el país del remolino con armas, oro y ciertos productos básicos de alimentos. Uzushiogakure se había trasformado en un país independiente con su propia fuerza armada y economía estable. Los samurái habían sostenido su amistad con el clan Uzumaki y nada parecía poder alterar esa estabilidad conseguida.

10 años habían pasado desde que el imperio fue establecido. Unos 12 o 13 años desde que las ultimas aldeas Shinobi se unieron bajo una sola bandera y fundaron el país del remolino. 12 años estaba por cumplir en pocas semanas el hijo mayor del emperador Akihito. El príncipe que heredaría el poder investido en su padre cuando, algunos años después, el actual líder expirara.

El emperador actual se avejentaba, sus tierras y riquezas aumentaron exponencialmente en los años pasados. Los impuestos y las grandes obras de construcción que se erigían en la capital del antiguo país del fuego, aumentaron la magnificencia del nuevo estado de dominio. Mientras tanto, Mifune comandaba las fuerzas armadas desde el centro de sus dominios en la zona de país del hierro. Había muchos gastos por el establecimiento de esta nueva nación. Mifune encontró en los Uzumaki, la manera de reducir sustancialmente los costos de mantener al ejército imperial constantemente en movimiento. Ciertamente era innumerable ese ejército cuando estaban reunidos. Eran miles, eran una fuerza devastadora. Pero mover esa fuerza de un lado al otro por tan solo pequeños reductos de resistencia, no era para nada rentable.

El consejo del emperador estaba dividido en dos bandos. El primero apoyaba las secretas ambiciones del líder para invadir el antiguo país del agua y poner bajo su yugo a la última aldea ninja del mundo. Sería una campaña larga y desgastante ciertamente. Pero el premio era contar con la destrucción de la última fuerza que efectivamente podía oponerse al dominio de Akihito. El emperador temía, les temía a esos hombres y mujeres con poderes extraordinarios que bien podían colarse en la capital del imperio y asesinarlo a él, conjuntamente con su familia. Es cierto que temía, pero más aún deseaba apropiarse de ese prospero país donde el comercio florecía y la estabilidad no parecía tener oposición alguna.

La otra facción dentro del extenso consejo imperial, estaban más de acuerdo con el Shogun. El general Mifune había prometido paz con el clan Uzumaki. Una vieja deuda de sus antepasados Samurái que el ilustre Shogun pensaba respetar con todo su honor. Además, los Shinobi habían sido sus aliados en la pasada guerra contra Akatsuki. Y bien sabía el guerrero de lo que eran capaces los ninja cuando la situación lo ameritaba. Mifune en los primeros años estuvo preocupado por la oposición de las aldeas Shinobi. Pero la conquista y pacificación de los países fue más rápida y limpia de lo esperado ya que no tuvo que enfrentarse a casi ninguna resistencia.

Konoha desapareció en dos fases diferentes. En apenas un par de semanas la mitad de la población ninja se había trasladado al país del remolino y la otra parte le siguió apenas un mes después encabezados por el Hokage. En el país de Rayo encontraron completamente abandonada la aldea de la nube. También sucedió lo mismo en la lluvia, y el país del viento ya había tenido su exilio en primera instancia cuando aun Mifune no dirigía al ejército del feudal. El samurái podía adivinar que al "emperador", no le hizo en gracia para nada una guerra sin víctimas Shinobi.

En primer lugar, su determinación de aliarse a los Samurái fue para contar con la fuerza para liquidar a los rebeldes Shinobi. Los samurái eran confiables por el Bushido, siempre peleaban de frente y jamás usaban tácticas de subterfugio. Pero los ninjas, estaban en cambio preparados para sacrificar sus vidas con tal de dar un golpe suicida contra sus enemigos. Bien podían enviar a un par de hombres sigilosos para entrar en la capital del antiguo país del fuego, y así acabar con el emperador.

El tiempo sin embargo, nunca le dio la excusa al líder que obligara a Mifune para atacar a los Uzumaki. El emperador quiso usar los servicios de ninjas renegados, pero por más dinero que utilizó para contactarlos, todos los criminales parecían haber desaparecido del mundo conocido. Después pensó que tal vez Uzushiogakure podía estar cobijándolos para formar un gran ejército y declararles la guerra, pero Mifune apareció con varios tratados de comercio en las manos y jamás se supo de ninjas en tierras del emperador. Los Uzumaki no salían de su país, no al menos hasta que Mifune les pagó para detener las rebeliones aisladas.

¿Cómo cambiar las cosas? ¿Cómo obligar al Shogun para que actúe contra sus aliados ninjas? Por honor Mifune nunca los atacaría. Tampoco estaba entre los samurái la forma Shinobi de golpear en la oscuridad. Además, por más espías civiles que el emperador enviara a Uzushiogakure para generar un motivo de discordia, nunca lograba más que perder dinero inútilmente.

10 años de establecido el imperio del sol naciente. El emperador Akihito veía desde su trono, rodeado de sus consejeros como su esposa y concubinas paseaban por los jardines del palacio felices y distraídas. Había tenido algunos hijos e hijas en los años posteriores a ser coronado. Pero el mayor de ellos, el muchacho que su madre nombró como Hirokashi, era quien años después gobernaría por sobre todo ser viviente en las tierras del señor. Precisamente se acercaba el cumpleaños de ese joven. El emperador distrajo su mente de los problemas en todo su reino para observarlo cuidadosamente. Detrás del caminar de ese joven, iba a todo lugar su guardián. Un samurái que Mifune puso precisamente para cuidar del joven príncipe. Ese guerrero se veía bastante viejo para una batalla, pero el Shogun aseguraba que no había nadie que pudiera proteger al joven heredero como el maduro guerrero que había estado junto al niño desde que dio sus primeros pasos hace años.

Había otra razón para fuera su guardián a sol y sombras. Ese guerrero estaba designado como el sensei del niño que tenía como fin entrenarlo para una saludable constitución. Tenía como misión cuidar del joven y enseñarle sobre los asuntos del reino que heredaría. No teniendo el emperador tiempo para oficiar de padre, ese guerrero de cabellos cenicientos le protegía e instruía para una mejor educación.

Hirokashi, o Hiro como comúnmente le nombraban sus allegados, tenía un batallón de sirvientes e instructores que lo adiestraban, alimentaban, bañaban, y vestían las 24 horas del día. Su madre, una mujer aun joven y muy bella todavía, ya no tenía los favores continuos de su señor esposo. Teniendo ahora como nueva misión cuidar de su único hijo para criarlo de la mejor manera. Sorana era la esposa del emperador y la más influyente por ser la madre del primogénito. Su hijo había heredado su cabello oscuro como la noche sin luna, y los ojos azules correspondientes en parecido al padre de la emperatriz, ya que el emperador actual tenía ojos color café. Así que se podía pensar que el niño tenía los ojos como su abuelo materno.

El emperador caminaba por su salón del trono, cubierto de adornos lujosos en oro y marfil. Mármol, plata y joyas hacían el lugar esplendorosamente trabajado. Digno de un dios más que de un emperador. Akihito miraba con seriedad al jardín, y podía ver a su esposa sentada bajo los árboles acompañadas de sirvientas y otras concubinas con sus niños. En el centro del jardín, el guardián del príncipe practicaba en duelo con espadas de bambú para entrenar al joven. Ese guerrero no se veía muy saludable, pero se movía como un joven cuando la ocasión lo requería.

-majestad…-susurró a su oído un consejero- el cumpleaños de su hijo está muy cercano. ¿Debemos iniciar los preparativos para las festividades?

-Por supuesto…-señaló el emperador arrastrado su largo kimono color oro y preciosamente trabajado- será una gran celebración para conmemorar los 10 años del imperio.

-Así se hará mi señor…-se inclinó el súbdito, logrando que los 5 sirvientes detrás de él lo imitaran- abriremos los jardines de palacio para los invitados. ¿Debemos solicitar al general Mifune más de sus guerreros para la protección del joven príncipe?

-para nada…-dijo girando sobre sus talones y alejándose hacia el interior del edificio- nadie se atrevería a poner un pie en mi palacio para atacar a mi hijo. Comiencen los preparativos. –el emperador sonrió levemente, una buena idea estaba formándose sobre lo que debía hacer.

Mientras los consejeros y sirvientes se alejaban del emperador para realizar las tareas. En el jardín del lugar, el guardián del príncipe instruía al joven en el manejo de la espada. El muchacho atacaba con mucho ímpetu, era temerario y muy valiente. El experimentado samurái no demostraba nada de sus verdaderas habilidades pero claramente podía comparar a su joven estudiante con un ninja nivel Gennin. Le dio algunas instrucciones técnicas y rato después le propinó algunos impactos sin fuerza en los brazos ante los movimientos equivocados del príncipe. Pero el joven, lejos de ser un presumido, trataba de aprender todo lo posible de su maestro.

El aspecto de su eterno acompañante era de un hombre de 60 años con cabellos revoltosos y espinados color blanco, largo hasta la cintura. Ojos azules, con una sonrisa oculta en un bigote y barba finos con el mismo tono pálido. Era un hombre muy amable, respetuoso y fuerte. Al joven príncipe le gustaba mucho conversar con su guardián, incluso con la esposa del hombre que vivía dentro de los muros del palacio así como todos los sirvientes.

-Naruto-sensei…- dijo el joven heredero que estaba bastante agotado por el ejercicio- usted es muy fuerte para ser tan….maduro. –señaló algo avergonzado rascando levemente su nuca.

-y usted es muy joven aun majestad…-respondió sonriendo el viejo- para ser tan hábil con la espada.

Ambos detuvieron el entrenamiento cuando la emperatriz envió por su hijo para recomendarle que detuviera su práctica. El sol estaba decayendo y era una buena hora para que el príncipe tomara un baño. 3 horas de entusiasta práctica parecían más que suficiente. El viejo guerrero realizó una reverencia leve, correspondida con una sonrisa de su joven protegido y se comenzó a retirar a su vivienda en las zonas más allá del palacio. Siempre dentro de los muros protectores. Sin embargo, el muchacho no le gustaba separarse por mucho tiempo del guerrero, le agradaban sus historias de batallas pasadas y cuentos fantásticos sobre monstruos y ninjas. Pero su madre le llamaba, y el viejo merecía algún descanso de su constante vigilia sobre el heredero.

-Naruto-sensei…-le dijo el joven y el guerrero se detuvo para escucharlo- dele mis saludos a su esposa. Seguramente la veré pronto en la hora de la cena.

-la salud de su padre es lo primero majestad…-respondió amable el viejo cargando las espadas de bambú- mi señora esposa es su médico personal, y me temo que últimamente está teniendo demasiado trabajo lamentablemente.

-¿usted cree que Sakura-sama pueda curar al emperador? –Preguntó el niño algo triste

-lo que tiene su padre, viene con la edad majestad…-indicó el guerrero- pero mi esposa dice siempre que no hay peor lucha que la que nunca se intenta. –Apuntó con una sonrisa- Los soldados del trono cuidaran de usted durante el resto del día joven señor. No tenga cuidado que estará bien.

Dichas estas palabras, el viejo guerrero se retiró del lugar mientras su joven estudiante obedecía a su madre y encaminaba sus pasos a los baños para refrescarse apropiadamente para la hora de la cena. El cumpleaños del heredero se acercaba y para Naruto Uzumaki, el viejo guerrero oculto en apariencia por sellos Uzumaki, también se acercaba la hora de terminar su misión.

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La fiesta de cumpleaños era un acontecimiento inmenso en envergadura. Venían desde todas partes del imperio obsequios y embajadores para pasar 3 días de festividades en el palacio interminable del monarca Akihito. Los jardines estaban adornados de flores, mesas y comodidades donde la comida nunca faltaba y el sake se contaba por barriles en lugar de simples botellas. Había atracciones de malabaristas y lanzadores de fuego. Había mucha alegría y las mujeres podían pasear por los salones del palacio sin tener que esquivar a todas las tropas que regularmente bloqueaban los accesos a extraños.

El emperador no salía del salón del trono. Allí tenía su mesa y sus mujeres lo rodeaban. Allí los artistas y las atracciones se presentaban ante el para divertirlo. Los bufones, los investigadores que traían historias misteriosas y lejanas. Contadores de cuentos, narradores de fabulas. Akihito sin embargo, estaba sosteniendo una máscara de felicidad que trataba de ocultar su nerviosismo sobre las decisiones tomadas especialmente para la fiesta.

Había tenido cuidado de no advertir a nadie de su alrededor sobre sus planes. Tenía más de 65 años, no podía dilatar más sus ambiciones de conquistar todas las tierras conocidas. No podía desperdiciar la genial idea que había cruzado por su mente días anteriores a la fiesta. Se sentía mal, su salud solo era estabilizada por los tratamientos con hierbas que su grupo de médicos personales usaban a diario. Por eso tenía que tomar una radical decisión, no podía dilatar más el conflicto contra el país del remolino. Tenía que dividir a Mifune de los ninja y liquidar a los inestables Shinobi antes que suceda lo que ocurrió hace más de una década con los señores feudales de cada país.

Con la inmensa cantidad de personas recorriendo los territorios de palacios, Akihito había evitado que su guardia pudiera poner los ojos sobre el grupo de asesinos contratados para causar conmoción. La fachada era un ataque simulado contra su propio hijo. Pero idea era asesinar al viejo guardián tomándolo con las defensas bajas y así lograr que Mifune se vea obligado a actuar por la pérdida de su amigo el samurái.

8 hombres habían entrado por diferentes puertas de la fiesta con esta misión. 8 hombres que tenían datos precisos de donde atacar y en qué momento. El emperador y sus guardianes personales estarían demasiado lejos para "ayudar". Solo quedaría el viejo Samurái quien no estaría con su armadura por ser una fiesta. 8 asesinos contra un solo viejo. Tenía que morir y el joven príncipe tenía que ver cómo era asesinado su sensei. De esa manera incluso si la guerra no se desatara durante el reinado de Akihito, su heredero Hirokashi cobraría venganza cuando le llegara su turno de gobernar.

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En la zona trasera del gran palacio, el samurái Naruto Namikase alistaba sus prendas en el cuarto de su vivienda para la gran festividad. Estaba algo intranquilo, sus instintos sonaban como alarmas cada vez que miraba a los ojos del emperador. Algo le decía que el viejo líder no había cesado nunca de pensar en la destrucción de los ninja. No importando la época de paz, no importando que los Uzumaki no atravesaran los límites de su país. El emperador quería acabar con ellos al costo que fuera.

"Naruto Namikase" o mejor dicho Naruto Uzumaki, había ocultado tras un sello de su clan la apariencia del hombre joven de treinta y tantos que aún era. Un poco de sangre de Jirayja y tomar su imagen con algunas diferencias para hacerse pasar por un samurái y así acercarse al emperador. Le había tomado 1 año recuperarse de sus heridas de la batalla por las que casi entrega su vida en el valle del fin. El resto del tiempo se infiltró en el país del hierro hasta lograr que Mifune lo designara para escolta del joven príncipe heredero. A Naruto no le interesaba si era con el príncipe o con el emperador. Pero estar cerca de cualquiera de ellos lo pondría a mano de actuar si acaso su familia estuviera en algún peligro.

Aun recordaba Naruto, las palabras de Kurama ese día hace como 12 años. El zorro de nueve colas había sabido ver la inmunda alma del Daymio. Había dicho que no se detendría, que los Uzumaki no podrían vivir en paz por culpa de ese hombre. Kyuubi había acertado de tiempo completo. El emperador Akihito nunca pudo disimular su atracción por dominar a los ninjas y exterminarlos de una vez por todas. Mifune y el honor se interpusieron, pero el Shogun no podía estar en todos lados ni vivir para siempre. Tal vez el próximo Shogun no fuera tan honorable o el emperador encontrara otra manera de desatar una guerra.

Para evitar esto, Naruto Uzumaki no regresó a la tierra donde su familia habitaba aunque ese era su deseo. Entregó 12 años más de su vida por las personas que había intentado, con sus defectos y virtudes, siempre proteger. Una misión ninja muy larga se podría decir, pero la última de su vida sin lugar a dudas. Naruto observaba mientras se vestía con su kimono negro para la fiesta, como su esposa alistaba todo para acompañarlo. Sakura Namikase como era conocida, había elegido utilizar un poco de la sangre de su querida maestra Tsunade. Adquirió la apariencia de una mujer de 50 pero con detalles que la alejaban de ser identificada de alguna manera con la antigua Hokage. Ojos verdes, su propio color. Cabello rosado su característico. El resto la hacía muy semejante al recuerdo que Naruto tenía de Tsunade. Si se fijaba bien, ambos jóvenes habían adoptado muchas de las particularidades de sus antiguos maestros Sannin. Naruto se había caracterizado por ser impredecible en su vida, pero tenía que admitir que lo que ocurrió hace 12 años en el valle del fin, lo había dejado totalmente sorprendido a él mismo.

-Naruto…-dijo Sakura mirándolo de soslayo- ¿Cuantos tiempo más estaremos en este lugar?

-no lo sé Sakura-chan…-admitió el hombre terminando de vestirse- el niño está por cumplir 10 años. Aun es joven y la verdad no tengo idea de cómo va a reaccionar el viejo emperador. Lo veo en sus ojos…-admitió preocupado- Mifune no logrará detener la tormenta por siempre.

-sabes que te apoyaré siempre…-sonrió apenas ella- pero no me gusta mucho verme al espejo de esta forma. –Bromeó levemente- casi ni recuerdo como soy en realidad. Ha pasado mucho tiempo.

-lo siento Sakura-chan…-se acercó el Uzumaki y abrazó a su mujer por la espalda poniendo el mentón en el hombro de la fémina- no había planeado nada de todo esto. Mi tiempo, mi vida se terminaba una vez que reuniera la aldea del remolino y derrotara a Madara. Todo esto nunca lo pensé. Y ya no tengo a mis maestros conmigo.

-pero me tienes a mi…-se giró la mujer abrazándolo del cuello y besándolo- yo siempre voy a estar contigo. Adonde vayas, y el tiempo que sea necesario.

El peliblanco sonrió abrazando a su esposa por la cintura y pegando su frente a la de ella se quedaron mimándose tiernamente. Aun no podía creer que después todo lo que le había hecho sufrir a Sakura, ella le hubiese salvado la vida casi milagrosamente. Aunque a decir verdad, sola no hubiera podido. De no contar con la asistencia de 9 compañeros Biju, Naruto hubiera muerto.

-iremos a la fiesta amor…-dijo la mujer suavemente mientras intercambiaban besos- dime que debo hacer con el viejo. ¿Acaso tendremos que matarlo para que deje de perseguir a los ninja?

-sinceramente espero que no…-admitió Naruto algo triste- no quiero más sangre derramada por mi culpa. El principe necesita un padre aun, es muy joven para que le den tamaña responsabilidad de sentarse en el trono.

-entonces vamos de una vez…-sonrió ella tomándolo del brazo y llevándolo fuera del cuarto- me niego a llegar tarde cuando habrá tantas cosas para ver en esta fiesta. Dejemos los problemas por hoy y disfrutemos del cumpleaños de su majestad.

-Hai…mi señora…-sonrió el rubio apenas- gracias al cielo que tú al menos te acuerdas de mí.

-nunca me olvidaría de un cabezota como tu Naruto…-respondió contenta la mujer- ahora vamos de una vez que no quiero llegar tarde.

-tengo que estar con el niño, cuidándolo.

-entonces yo estaré siempre contigo…cuidándote….-dijo Sakura haciéndolo sonreír.

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La fiesta casi terminó en tragedia. Había muchísima cantidad de gente en los jardines de palacio. Había puestos de juegos, espectáculos y mucha comida dispuesta por mesas que adornaban el lugar. Adonde fuera el niño, estaba Naruto. El guardián parecía estar muy relajado, tanto que llevaba del brazo a su esposa y ambos en pareja seguían muy de cerca al joven príncipe que estaba feliz y maravillado con todos los espectáculos que habían preparado para su cumpleaños.

Se sentaron frente a un teatro de marionetas, vieron la historia divertida del dragón que no podía volar. Luego una historia trágica de una pareja de enamorados que recién después de ir al cielo, pudieron encontrarse para estar unidos. Naruto no perdía de vista al joven heredero sentado una banca por delante. Mientras Sakura estaba aferrada a su brazo y ambos disfrutaban este momento para estar juntos como si fueran una pareja con su pequeño hijo yendo por un festival cualquiera.

El hombre observó con atención un leve suspiro de su esposa. Sabía lo que ella pensaba antes incluso que se atreviera a pensarlo. Sakura estaba muy feliz de estar en pareja con Naruto, pero también estaba triste porque envueltos en esos disfraces, no podían tener hijos para no comprometer la misión. Sakura quería ser madre, tenía como 30 años y hacía mucho tiempo que deseaba ser mamá. Pero jamás se había quejado, había guardado silencio tal vez entendiendo la profunda necesidad de Naruto para terminar su misión de poner a salvo a todos los Uzumaki.

-serán hermosos…-susurró levemente el hombre al oído de la pelirosa

-¿El qué Naruto? –Preguntó ella desprevenida.

-Nuestros hijos…-respondió el sorprendiéndola y haciendo ella lo mirara con algo de vergüenza.

-Naruto…

-Se lo piensas Sakura-chan…-sonrió el apenas- lo siento por involucrarte en esto. Lo siento por herir tus sentimientos y hacerte creer que no te quería. Pero si hubieras quedado embarazada, no podrías haberme atacado ni aun sabiendo que Madara controlaba mi cuerpo. El niño te hubiera bloqueado. ¿Comprendes? Pero no significa que no quiero tener hijos contigo. Solo dame algo más de tiempo.

-Por supuesto…-negó ella con un gesto como restándole importancia al tema- me haces parecer desesperada por atraparte como si dudara de todo. Además…-bromeó ella con gestito travieso- ¿Qué mujer aceptaría acostarse con un viejo como tú con ese aspecto?

-no te creas…-respondió él, para molestarla. –el otro día las cocineras del palacio me miraban de una manera que…

-¿Qué has dicho? –Le pellizcó el brazo haciéndolo gruñir- supongo querido esposo, que esas viejas mañas tuyas habrán quedado en el olvido.

-au...au…-se quejaba él, mientras ella forzaba la sonrisa y le pellizcaba más fuerte- me haces daño Sakura-chan. Que si mujer, me porto bien… lo juro ttebayo.

El niño no había escuchado ni la mitad de la conversación. Pero sentado por delante de la pareja había girado el cuello y los veía reñir cariñosamente con una sonrisa. Le causaba mucha gracia verlos pelear como niños. Eran una pareja muy unida y extrañamente Hirokashi los identificaba como si fueran sus parientes. "Tía" Sakura era la médico personal de la familia y siempre cuidaba de todos con esmero. Cuando alguien estaba enfermo, esa mujer parecía hacer magia con las manos para aliviarlos. Mientras que Naruto Namikase, era su sensei y también un gran amigo. Con su maestro el joven príncipe hablaba de asuntos que deberían ser conversación con el padre. Pero el emperador nunca estaba disponible para ocupar ese lugar. Por eso Naruto siempre accedía a responder las dudas del joven aunque por supuesto lo hacían en secreto. Después de todo, se vería muy extraña esa familiaridad entre un príncipe y su súbdito.

-Algo anda mal…-dijo Naruto de pronto poniéndose serio.

-¿Algo? –Preguntó Sakura distraída y enseguida comenzó a notar lo mismo- esos 3 hombres…-susurró a su marido mirando a su derecha, un grupo alejado de la zona del teatro al aire libre.

-Y no son los únicos…-respondió Naruto- 2….no son 5 más que están rondando el lugar en donde estamos.

-8 invitados con chakra…-señaló la pelirosa- ¿Cómo pasaron los controles de las puertas principales? ¿Cómo lo evitaron?

-¿Los evitaron? –Interrogó Naruto apenas- ¿o alguien los dejó entrar?

Los hombres a los lados de las bancas se movieron rápidamente y lanzaron una serie de dardos impregnados con veneno. Sakura a la derecha y Naruto a su izquierda golpearon con sus dedos en la banca donde estaban sentados logrando partir la madera perfectamente sin deformar el lugar donde estaban, y formaron un pequeño rectángulo que se elevó como escudo e interceptó los dardos dirigidos hacia ellos. Naruto se movió con increíble rapidez antes que las maderas cedieran ante la gravedad, mientras Sakura se puso de pie y apoyándose sobre la banca inferior con la rodilla, abrazaba al niño por la espalda y se quedaba protegiéndolo del ataque.

La gente apenas notaba lo que estaba sucediendo en medio del lugar. Los de las marionetas detrás del puesto seguían con su historia sobre la lluvia y la tierra mientras Naruto anulaba uno tras otro a todos los enemigos golpeándolos rápida y brutalmente. Sakura protegió al niño del único de los atacantes que se pudo acercar lo suficiente y confiado el renegado que la mujer se veía débil, recibió un derechazo al rostro que lo mandó a estrellarse contra el muro divisorio del patio, ubicado a 40 metros de las bancas. Todo fue demasiado rápido, pero 7 cayeron ante el viejo samurái con solo su fuerza física. El octavo encontró la muerte en el puño de la kunoichi medico. Había atentado contra el joven príncipe. Había intentado matar al heredero al trono.

15 minutos después, sin mucha gente hubiera notado el ataque. Naruto había trasladado al joven príncipe hacia su propia vivienda. Sakura se quedó con el cuidándolo, mientras que clones de Naruto disfrazados como guardias rastrearon toda la zona del palacio en busca de más enemigos que interceptar. Finalmente, notando que el único ataque venidero había sido ese que fue detenido. Naruto deshizo sus copias y llevando los cuerpos de los asesinos los presentó en el puesto de guardia en una de las puertas. El capitán del escuadrón se sorprendió mucho, y peor aún sintió su cabeza peligrar cuando Naruto le anunció que habían intentado matar al príncipe.

Pero el guardián del heredero, finalmente les aseguró a los soldados que no delatarían el traspié de dejarlos pasar por las puertas con las armas Shinobi que traía. El capitán agradeció, y dejando algunos de sus hombres para custodia del portal, ayudó a trasladar los cuerpos a la parte trasera del palacio donde el cuartel de reservas militares estaba encallado.

La fiesta trascurrió sin contratiempos conocidos. Evitaron decirle a los invitados lo que había pasado y los soldados se encargaron de dejarles en claro a los que habían visto el atentado, que callarse era una buena forma de no quedar comprometido con el ataque al príncipe heredero. Por supuesto todos guardaron silencio.

La noche llegó y la fiesta había concluido exitosamente. Naruto le recomendó al niño que no tuvieran miedo y cenara junto a sus padres en el salón del trono sin decir una palabra de lo ocurrido. El joven lo intentó de verdad, pero su madre la emperatriz lo conocía demasiado como para que el pudiera engañarla. Después de todo, su madre si compartía todo su tiempo con el hijo.

Cuando la cena de cierre y la fiesta hubo terminado, todos se retiraron y Naruto se quedó haciendo guardia toda la noche cerca de la habitación del príncipe. No se fiaba que ese hubiera sido el único intento de asesinos por liquidar a Hirokashi. La emperatriz esa misma noche, se dirigía a sus aposentos cuando vio al anciano guerrero parado junto a la puerta del cuarto de su hijo. La mujer había tenido intuición acertada en que algo raro estaba pasando.

-Naruto-san…-dijo suavemente y con la familiaridad que el tiempo le daba a la relación- ¿Por qué mi hijo estaba tan callado y nervioso en la cena?

-mi señora…-reverenció el hombre- me temo que no puedo decirle. Se preocuparía inútilmente majestad.

-sobre mi hijo no recae preocupación inútil…-anunció ella con cierto reproche- debería haber visto a un niño muy feliz por haber disfrutado de su cumpleaños. Y sin embargo he visto a un joven inseguro y preocupado. Hiro dirigía muchas veces la mirada adonde usted estaba parado, como si necesitara comprobar que no lo había abandonado. Es el momento que su madre se entere sobre lo que aqueja la mente del heredero. ¿No le parece Naruto-san?

Como siempre Sorana entregaba las órdenes como si pidiera un favor. Era una mujer tan delicada y gentil que muchos habrían pensado que ser emperatriz sería un rol que nunca podría cumplir. Pero muy por el contrario esa delicadeza al hablar, esa gentileza para ordenar sin que sus palabras parezcas efectivamente una orden infundada, hacía que todas las personas la amaran y obedecieran ciegamente. ¿Quién podría negarse a tan encantador pedido cuando era hecho con el corazón? Naruto sabía que la reina le había dado una orden, pero sus palabras fueron tan bien posicionadas que hasta pareció un simple pedido a un buen amigo.

-mi señora…-agachó la cabeza apenas el guerrero- 8 hombres intentaron asesinar a su hijo esta noche.

La emperatriz se cubrió los labios con su mano delicadamente, denotando gran sorpresa. Enseguida realizó un gesto silencioso para que el guardián de su hijo continuara el relato.

-8 hombres contra un niño…-señaló Naruto apenas- no me parece algo lógico. Además, el primer ataque fue contra mi esposa y a quien le habla. Ellos sabían que yo era el guardián de su majestad el príncipe y me atacaron primero. El niño nunca estuvo en riesgo, pero los rebeldes lograron penetrar las vigilancias del palacio con armas prohibidas. Les hice confesar mi señora….-susurró más bajo para que ni las paredes del pasillo pudieran escuchar.

La mujer puso levemente una mano en el hombro del guerrero y cuando este levantó la vista para mirarla, ella le sonrió para asegurarle que esas palabras solo estarían encerradas entre los que ahora estaban en la conversación. La emperatriz no era una mujer tonta, comenzaba a comprender las intenciones ocultas detrás de las palabras en el guardián de su hijo.

-si señora…-asintió el hombre ante la muda orden de continuar- ellos dijeron que recibieron informes detallados sobre mí. Su objetivo no era el príncipe como puede suponerse, sino Naruto Namikase. Ellos tenían que matarme, y las armas que pasaron los controles de los portales en realidad fueron entregadas a las manos de los rebeldes aquí dentro del palacio. Lamento decirle mi señora –hizo un silencio que puso nerviosa a la reina- pero alguien aquí dentro, quiere iniciar una guerra.

-¿una guerra? –Preguntó la mujer severamente- ¿Qué dijeron esos hombres?

-su paga fue en moneda de oro con la marca del imperio. –Indicó Naruto- las armas fueron del tipo ninja. Cuchillos tipo Kunai y espadas cortas de tipo Tanto al estilo Shinobi. Trataron de asesinarme a mí y hacer creer a todos que habían ido por el príncipe. Eso desataría una guerra con los ninjas, a los que su majestad el emperador….siempre ha querido….eliminar.

Naruto no dijo más, la reina lo comprendía perfectamente. Todos podían ver desde hacía años las ambiciones del viejo líder. ¿Pero arriesgar la vida de su propio hijo para lograr sus metas? ¿Y qué pasaba si el niño hubiera sido secuestrado por los rebeldes? ¿Y si lo hubieran matado por accidente? ¿Su propio hijo fue arriesgado por una tonta guerra? La emperatriz observó al guerrero de ojos azules. Su mirada era firme, dispuesta a recibir una orden. Eran ojos de un maduro guerrero cuya determinación por proteger al niño lo superaba todo. La reina lo podía ver todos los días. Naruto estaba siempre detrás de Hiro y cuidaba cada detalle para mantenerlo a salvo. Pero además, Naruto oficiaba de padre también. Le enseñaba, le entrenaba para que tuviera un físico formado, le hacía reír, le hacía feliz. Naruto no solo cumplía con su labor como cualquier súbdito, sino lo hacía de corazón por el pequeño.

-¿sabe algo Naruto-san? –El hombre la miró intensamente para saber que quería decir la reina- usted siempre tiene toda mi confianza para proteger a mi hijo. Durante años lo he observado, y resuelvo pensar que usted quiere sinceramente la salud del príncipe. Que lo defenderá de todo mal, que lo ayudara siempre. Y a diferencia de otros samurái….hará todo lo que sea necesario para cumplir su misión.

-¿mi señora? –Preguntó sorprendido Naruto

-usted no lo sabe, pero mi abuelo fue ninja en la aldea de la hoja. –sonrió la mujer de suaves rasgos hermosos- mi familia dejó la profesión pero mi abuelo nunca dejó de contarme sobre su pasado. Aprendí a conocer a los Shinobi y ahora le digo sin temor a ofenderlo, que usted se parece mucho más a un Shinobi, que a un Samurái. Usted está dispuesto a hacer cualquier cosa, lo que sea necesario, lo que tenga que hacer, para salvaguardar la vida de mi hijo.

Naruto solo guardó silencio, no sabía que decir y solo restaba esperar que la emperatriz no se disgustara o lo denunciara por esas creencias. Después de todo, los Shinobi eran tratados como enemigos en toda la capital del imperio.

-no hablaremos más de este tema Naruto-san…-sonrió la reina- pero sepa que tiene todo mi apoyo, para hacer lo que tenga que hacer y así mantener la vida de mi hijo a salvo. Una guerra contra los ninjas, pondrá en peligro al heredero. Mi señor marido no parece comprenderlo, pero yo estoy muy consciente de ello. Se lo repito….haga lo que tenga que hacer.

La emperatriz recibió el saludo de reverencia de parte del guerrero. Luego se fue caminando por el pasillo lentamente. Arrastrando su bella figura envuelta en un kimono rojo de flores doradas. La emperatriz era nieta de un Shinobi. De alguna manera había podido ver a través de la máscara de Naruto. No sospechaba quien era, pero si sus intenciones. De cualquier manera, como toda madre que se precie de tal, eligió la vida de su amado hijo ante cualquier otra desgracia del mundo. Le dio autorización a Naruto para actuar. Aunque él no la necesitaba, se sintió un poco más aliviado se saber que esa mujer, la emperatriz del imperio, cuidaría del heredero con el mismo esmero que el guardián había sabido hacerlo hasta la actualidad. Naruto supo que su tiempo de misión había terminado, tenía que volver a actuar, tenía que terminar con las ambiciones de guerra en el emperador.

Y solo conocía una manera….solo una.

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Por los bosques verdes de pasturas suaves, Naruto Uzumaki conducía un carruaje tirado por dos caballos que transitaban por los senderos estrechos del lugar. Árboles y naturaleza por ambos lados, el sol en el este recién asomando, la brisa fresca de la mañana y un tibio candor que anunciaba la temperatura ideal del día por nacer. Sentado en el frente de la diligencia Naruto tiraba levemente de las riendas y los animales obedecían presurosos. Su compañera Sakura se descolgó de la puerta y con facilidad pasó de un salto a sentarse junto al conductor.

Ambos había desecho los sellos que los había ocultado por años en la ciudad principal del imperio. Ahora Naruto se veía como en verdad había sido siempre. Cabello color dorado rebelde y apenas más largo que en su juventud. Físico formado perfectamente y ropa común. Un jean color gris, una camiseta verde y la capa roja de los Sennin completando su atuendo. Sakura exhibía una blusa color cereza y la falda larga hasta las rodillas. Su cabello rosado ahora era menos claro que cuando estaba encubierta y no era tan largo. Lo tenía solamente hasta los hombros a diferencia del disfraz, que portaba dos coletas alargadas como solía tener Tsunade.

Estaban en viaje hacia el país del remolino. Habían pasado 4 meses desde la fiesta del cumpleaños 12 del príncipe. En esos 4 meses el emperador se "resintió" de su enfermedad y los doctores personales comandados por Sakura Namikase, no encontraron manera de salvar a su majestad. Finalmente el emperador falleció, dejando a su hijo Hirokashi como heredero de su trono y apoyado tanto por el Shogun Mifune como por la emperatriz Sorana, el niño aprendería sus funciones reales para poner dominar por sobre todas sus tierras. Era joven aun, pero a diferencia de su fallecido padre, Hirokashi no tenía metas de conquista y guerra. Era un joven de gran corazón, amable, atento y sobre todo leal a su palabra empeñada. Le había prometido a su viejo maestro Naruto, que gobernaría para ayudar a las personas y no para esclavizarlas. Hirokashi Uzumaki, sería el nuevo emperador del imperio.

Naruto recordaba las últimas semanas junto al príncipe, le hubiera gustado llevárselo hacia la aldea del remolino. Sin dudas nunca le faltaría nada al nuevo emperador, pero estar lejos de su familia, ósea estar lejos de los Uzumaki, sería algo difícil de sobrellevar para Hirokashi.

-espero que el niño este bien…-dijo de repente Naruto sin apartar la vista del camino

-es tu hijo Naruto…-señaló Sakura sonriendo apenas- por supuesto que estará bien. Los Uzumaki estarán para ayudarlo si alguien pretende hacerle daño. El anciano samurái "Naruto Namikase", ya había cumplido la misión de criarlo y enseñarle sobre el honor. Ahora nosotros tenemos que descansar.

Naruto miró a su "esposa", realmente no se habían casado. Ya que ambos tenían identidades falsas con las cuales ingresaron al círculo íntimo del imperio. Ahora volverían a ser Sakura Haruno y Naruto Uzumaki. Ella había sido su compañera desde niños, su mejor amiga y su primer amor. Luego, por mucho tiempo Naruto decidió hacerle daño, aunque esos sentimientos fueran más origen del resentimiento de Madara. Y finalmente terminaron donde empezaron, amigos y compañeros. Aunque además, hacía muchos años que dormían juntos y a toda regla se podía decir que eran pareja.

Sakura se afirmó en el brazo de Naruto y mirando al bosque tranquilamente su mente sobrevolaba en el tiempo. 12 años en el tiempo donde por poco perdió todo lo que quería en la vida. Miró al bosque y no se arrepentía de haber ido a esa batalla, no se arrepentía de haber terminado el sello de los 10 trigramas y tampoco se arrepentía de haberlo usado contra Madara. Aunque a decir verdad, tuvo mucha suerte de no morir enfrentando a todo el poder acumulado de los seis caminos. Tuvo además la fortuna de escapar al Izanagi que borraría de su mente a Naruto.

Algunas vez Naruto le preguntó sobre eso. Le interrogó con un simple, "¿Cómo lo hiciste?" "¿Cómo lograste escapar del Izanagi?" era obvio que un simple sello en su pecho para evitar los Genjutsu no sería suficiente. Pero Sakura Haruno, incluso antes de salir hacia la batalla donde junto a Sasuke y sus Edos lucharon contra Madara, había usado el sello de los 10 trigramas en su propio cuerpo. Recordaba que se quitó la ropa en su cuarto luego de un baño y extendió los pergaminos activándolos. La escritura sagrada le rodeó y las letras fueron formando un camino de hormiga por toda su piel. Desde los pies serpenteando por las piernas hasta rodear sus caderas y seguir hacia arriba. Finalmente a la altura del cuello terminaba el arte de sellado a formarse. Sakura había pensado en ese tiempo, que Naruto se había vuelto el malo. Si eso era cierto, el Uzumaki siempre había gustado de usar técnicas de corto alcance. El Rasengan era un Ninjutsu penetrante al igual que la cuchilla del viento vibrante. Si Naruto intentaba matarla, lo haría usando su velocidad y a corta distancia. Entonces ella lo apresaría con su fuerza y los sellos harían el trabajo. Por supuesto Sakura también llevaba los pergaminos, nunca se sabía cómo podía utilizarlos para atrapar a su rival.

-tenemos algunos días más de viaje Sakura-chan…-dijo Naruto sacándola de sus pensamientos- por fortuna la reina nos dio este carruaje para poder viajar y llevar nuestras cosas.

-podríamos haber viajado dando saltos y acampando en el bosque…-respondió ella apenas- sería más rápido que rodear por caminos.

-cierto, pero si alguien nos ve usando técnicas ninja…-le recordó Naruto y luego guardó silencio.

Era cierto, en el reino no estaba permitido usar artes ninja. Solo en país del remolino se podía hacer con tranquilidad. Era por eso que cualquiera que tuviera esas técnicas debía trasladarse o arriesgarse a ser arrestado por las tropas del ejército real. Así se había acabado con los criminales, así se terminaron las revoluciones de pocos. El nuevo emperador no tendría oposición para regir.

Sakura apoyó su rostro de lado en el hombro de su pareja, mirando al camino recordó que habían pasado hace dos días por territorios cercanos al antiguo valle del fin. De ese lugar ya no quedaban ni escombros. Las estatuas habían sido destruidas y por la violenta batalla solo la naturaleza dominaba en la zona. Le tomó casi esos 12 años al lugar volver a ser verde. Había sido un desastre tiempo atrás. La mujer suspiró y recordar ese lugar era rememorar la última vez que pudo ver a los Biju. Esa vez donde el milagro se mesclaba con la amistad más allá de todo limite.

Flash back:

Los 9 Biju se mantenían alrededor de Naruto viéndolo tirado en el suelo. Ninguno podía moverse, el dolor los conmovía de una manera que nada había podido. Cada uno se veía a sí mismo y a sus hermanos. Todos muy pequeños cuando el Sabio Rikudou los había creado. Todos recordaban que solo esa vez vieron al Kyuubi llorar. Justo como sucedía ahora.

-¡NARUTO! ¡NARUTO POR FAVOR NO TE MUERAS!

La kunoichi médico cruzó el círculo de las criaturas y se abalanzó sobre el cuerpo del rubio rápidamente. Lo dio vuelta con lentitud y cuidado, para notar la enorme herida en el hombro derecho. La sangre brotaba copiosamente del pecho también, como si varias puñaladas lo hubieran atravesado desde el frente hacia la espalda. Naruto tenía ambas heridas, las propias y las de Madara. Después de todo, solo había un cuerpo para lo que fueron dos mitades.

-No te vas a morir…-advirtió nerviosa la chica- Tu no me vas a dejar sola.

-NIÑA…-gruñó el Sachibi confundido- ¿POR QUE NO TE DAMOS MIEDO? ¿ACASO PUEDES RECORDARNOS?

-ENTONCES EL JUTSU HA FALLADO…-complementó el Rokubi confundido.

-NO HA FALLADO….-intercedió el Kyuubi- EL MUNDO, SALVO ESCASAS PERSONAS, HA OLVIDADO A LOS SEIS CAMINOS.

-SU CUERPO ESTABA BRILLANDO…-declaró la gata Nibi- CUANDO EL SELLO NOS RODEABA PARA PROTEGERNOS, TAMBIEN LO HACIA SU CUERPO. ELLA TIENE EL SELLO EN SU CUERPO.

-lo tenía…-respondió Sakura inconsciente- ahora ya no está, desapareció al igual que en los pergaminos que use contra Madara. Aun así, me acuerdo de todo.

Las criaturas sintieron mucho pesar, Sakura intentaba estabilizar a Naruto pero el cansancio y la falta de chakra en ella era notoria. Su cuerpo no tenía heridas así que no iba a morirse, pero curar a Naruto con esa falta de poder. Incluso teniendo mucho chakra era imposible volver a llenar una vasija vacía.

-NIÑA…-Le amonestó el Hachibi- LOS JINCHURIKI MUEREN CUANDO SU BIJU SALE. NARUTO TENIA AL MÁS GRANDE DE LOS 9. NO TIENE SALVACION.

-¡eso no cierto! – gritó soltando lagrimas Sakura- ¡Killer Bee está vivo! ¡Logré estabilizarlo! ¡Si él pudo sobrevivir entonces Naruto….!

-¿BEE ESTA VIVO? –Se sorprendió las 8 colas- ¿ENTONCES SI….SE PUEDE SALVARLO?

-SUS HERIDAS SON GRAVES…-admitió el Ichibi serio- EL PECHO ESTA PERFORADO POR TECNICAS DE VIENTO. TAMBIEN EL HOMBRO ES UN DESASTRE. HA PERDIDO MUCHA SANGRE Y NO TIENE CHAKRA. EL SABIA QUE ERA SU FINAL, POR ESO PIDIO NUESTRO PODER PARA REALIZAR SU ULTIMA TECNICA.

Todos guardaron silencio, Sakura seguía llorando y trataba de cerrar la herida del hombro luego que atendió la más cercana al corazón. Ella estaba débil pero seguía intentándolo. Trataba de salvarlo y las criaturas querían que tuviera éxito. Solo Nibi podía ver que la muerte de Naruto era casi un hecho. Su estrecha relación con las energías de los espíritus en muerte le daba esa predicción.

-MALDITA SEA…-gruñó Kyuubi de pronto acercándose un poco más a Naruto- HACHIBI….SELLAME EN EL.

-¡¿ACASO ENLOQUECISTE KURAMA?! –Gritó molesto el Sambi- ¿SABES LO QUE PASARA SI EL MUERE CONTIGO EN SU INTERIOR? ¡YA NO PODRAS VOLVER A ESTE MUNDO! ¡NADIE NOS RECUERDA AHORA! ¡NADIE VA A INVOCARTE!

-CIERRA LA BOCA…-le dijo grave el nueve colas- HACHIBI….HERMANO NO TENEMOS TIEMPO.

-¡KURAMA, NO LO HAGAS! –estalló también el Rokubi- SABEMOS LO QUE SIENTES. PERO NO PUEDES ARRIESGAR ASI TÚ EXISTENCIA POR…

-¡NO PUEDEN SABER LO QUE SIENTO! –Respondió el zorro bramando furioso- ¡USTEDES NO VIVIERON DENTRO DE NUESTRO PADRE DURANTE AÑOS! ¡NO TIENEN MEMORIA DE LA PRIMERA VEZ, CUANDO JUNTOS ERAMOS JUUBI! ¡NO SABEN LO QUE NARUTO SINTIO! ¡NO SABER LO QUE HA SUFRIDO! ¡NO SABEN CUANTO ME HA PROTEGIDO A PESAR DE YO SER EL CAUSANTE DE CASI TODOS SUS MALES!

-HERMANO NO PUEDO HACERLO…-dijo Hachibi soltando un tentáculo para tocar el rostro del zorro que lo apartó brusco con una cola- NO PUEDO….TU ERES…..QUIEN DEBE CUIDAR DE TODOS NOSOTROS.

-DESDE AHORA TU CUIDARAS DEL RESTO DE NUESTROS HERMANOS. –resaltó el Kyuubi mientras Sakura seguía curando a Naruto por que Kyuubi le daba chakra a través de una cola- NO PIENSO MORIR, SOLO REGRESARE AL INTERIOR DE NARUTO PARA CUBRIR ESE VACIO QUE MI CHAKRA LE HA DEJADO. LE AYUDARE A SANAR, Y CUANDO LE TOQUE MORIR DE VIEJO, VOLVERE A SER LIBRE.

-Y VOLVERAS CON NOSOTROS….-dijo Nibi con preocupación, casi como un pedido.

-VOLVERE CON USTEDES SI….-sonrió el zorro- ya todos son grandes, ya no son cachorritos. Hachibi que es el mayor y los cuidara en mi ausencia. –finalizó en voz baja y grave- PERO NO ME PIDAN QUE ABANDONE A LO UNICO QUE QUEDA DEL HUMANO QUE MAS NOS HA QUERIDO. NO ME PIDAN QUE ABANDONE A NARUTO.

Lo siguiente fue extraño y casi místico. Sakura lo recordará por el resto de su vida. Hachibi realizó los sellos que había aprendido de las muchas veces que fue sellado en la vasija sagrada de Rikudou. Kyuubi no presentó resistencia al sello y fue absorbido por el cuerpo de Naruto lenta pero seguramente. El resto de los Biju le daban chakra a Sakura para estabilizar la trasferencia y para que ella misma no muriera en proceso de curar hasta quedarse sin poder. Las heridas de Naruto comenzaban a cerrarse rápidamente y un aura roja le rodeaba suavemente. Sobre el final del sellado, el corazón de Naruto se detuvo por algunos segundos, pero Rokubi dio chakra tipo rayo para que Sakura reanimara de un golpe al pecho de Naruto. El resto de la trasferencia fue dura pero efectiva. Casi una hora después, Sakura cayó extenuada junto al inconsciente Naruto. Ambos estaban al límite, lo habían gastado todo. Kyuubi había vuelto al interior de su contenedor y esta vez ya no saldría hasta la muerte del rubio Uzumaki.

Los Biju se fueron algunas horas después cuando Sakura despertó nuevamente. Por mucho tiempo hablaron entre ellos aun cuando la chica los escuchaba. La mayoría no podía entender el riesgo que Kurama había tomado para salvar a un humano. Justamente el Kyuubi, que los despreciaba de una manera salvaje. Pero Nibi, siempre la gata de dos colas azules, solía encontrar respuestas hasta del silencio.

-hace muchas décadas que Kurama guardaba un terrible rencor. –dijo a suavemente a sus hermanos- pero un día cualquiera, conoció a un hombre especial. Uno que no le temía y que lo enfrentaba sin dudar. Uno que era capaz de todo por su familia. Ramaniki Uzumaki.

Fin del flash back:

Naruto conducía el carruaje en silencio. En realidad estaba hablando muy animadamente, pero todo pasaba en su propia mente. Su compañero más fiel resguardado en el interior del cuerpo le hacía preguntas y Naruto contestaba. Sakura sabía que Naruto estaba hablando con Kurama. Ella no pretendía molestar esos íntimos momentos, nunca olvidaría que le debía todo a esa criatura de chakra tipo fuego. Sakura jamás olvidaría que debía a Kurama de las nueve colas la vida de su pareja. Usualmente se preguntaba qué habría pasado con los otros Biju, nunca hubo noticias en el imperio del sol naciente sobre "monstruos de tamaño impresionante". Nadie recordaba a los Biju y por lo tanto verlos seria compararlos con demonios gigantes o monstruos del mar. Hacerlos mito, o simples habladurías de ancianos.

-quiero que le digas, gracias…. –susurró Sakura al oído de Naruto.

-¿Cómo dices amor?

-que quiero que le digas a Kurama de mi parte, muchas gracias. –Sonrió ella apenas- gracias por estos años junto a ti.

Naruto sonrió apenas, no hacía falta decirle eso al Kyuubi por que todo lo escuchaba desde su interior. Seguramente no lo admitiría el zorro orgulloso, pero con el tiempo también había aprendido a apreciar a Sakura. Tanto como lo hacía con Naruto.

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Casi una semana después, Naruto Uzumaki desembarcaba en el puerto de Uzushiogakure junto a su pareja Sakura y ambos descargaban sus cosas en los sellos de contención. En ese país las técnicas ninjas eran legales siempre y cuando no causaran disturbios. Lo primero que sorprendió a Naruto fue que no había equipos ninja con órdenes de sellar a los recientes visitantes. No era vitalmente necesario en su caso, porque ya tenía la sangre del clan desde el nacimiento, pero aun así le sorprendió que a Sakura no se le hubiese obligado al sello.

Algunas horas después, pasando los simples controles que comprobaron sus orígenes Shinobi, Sakura y Naruto caminaron tranquilamente por la entrada a la primera ciudad del país. El mapa para los visitantes mostraba que todas las estructuras de la villa se habían formado con una atractiva forma circular. Las 5 aldeas Shinobi estaban dispuestas en los 5 extremos, dejando el centro como comunicación de todos los barrios. Cada sector tenía sus particularidades especiales que le hacían recordar a sus habitantes los antiguos hogares de todos. Por las zonas de colinas y montañas en la isla, estaban encalladas las ciudadelas de antiguos habitantes de Iwa y Kumo. La anterior gente de Konoha estaba en la zona de frondoso bosque, y Kiri se hallaba más cercana al mar. La zona de más playas, arena y terreno despejado tenía a la antigua Suna. Luego en el centro se conectabas todas las ciudadelas estando el hospital principal del país, las escuelas, los servicios técnicos, la biblioteca, los cuarteles militares y el estadio donde se realizaban las competencias amistosas de destrezas Shinobi.

Todo el lugar estaba conformado con la forma de un remolino visto desde las alturas. La gente con poca relación al mundo Shinobi estaba más en la zona de puerto o cerca de los templos donde habían erigido todas las estructuras sagradas que antiguamente descansaban en la aldea del demonio o de Amegake. Todo el país estaba gobernado por dos autoridades separadas. El primero era un concilio de los anteriores Kage. Kakashi por Konoha, A por Kumo, Mei por Kiri y Gaara por Suna. Años después, Iwa fue incorporada al concilio en gobierno, representada por Kurotsuchy.

La parte civil era atendida por un ministerio donde lideraba la sacerdotisa Shion. Ella era líder espiritual y con sus consejeros expertos en la rama administrativa reclutados de las aldeas unidas, organizaba las cosechas, administraban la minería y ofrecían acuerdos de comercio para beneficiar la economía de todo el país. La idea general fue armar un país que no dependiera de las misiones ninja para subsistir. Eso le quitaría presión al concilio militar que solo debía entrenarse para sostener un nivel que permitiera tener una fuerza de seguridad con artes Shinobi, solo para garantizar la estabilidad de país.

Luego los contratos con el imperio del sol naciente, generaron que hubieran misiones ninja de alto rendimiento económico. Fueron conexiones importantes a través de Mifune, fueron lazos formados con los Samurái que mantuvieron a raya las intenciones de guerra que rondaron al emperador. Con los dos países pacificados, con la estabilidad y la economía permitieron que todos los Shinobi o Kunoichi pudieran retirarse sin ningún percance del servicio activo. La mayoría eligió ese camino, ya que tenían mucha angustia en el corazón por las pérdidas de la guerra. Otras personas simplemente tenían hijos que cuidar, preferían trabajar en cualquier cuestión comercial que salir de la isla en busca de una misión que pudiera matarlos.

La situación se fue acomodando de la mejor manera. Shion era el emblema del pueblo, su diplomacia, su belleza, su poder para ver el futuro mejor que nadie, le dieron el respeto necesario para encabezar la rama civil de la villa en general. Sin embargo, su hija de apenas 15 años parecía que iba a tener más poder e influencia de su madre. Miroku Uzumaki había crecido formidablemente, su cuerpo era fino y su belleza ya podía rivalizar con mujeres mucho más maduras. Tenía dulzura en sus ojos, aunque la vida dura le había hecho crecer mucho en poco tiempo. Usualmente su madre se preguntaba por qué la niña solía guardar silencios muy largos cuando miraba hacia el mar. Era como si aislara a si misma por alguna razón de su tristeza. Shion intentaba animarla en esas épocas, pero su hija nunca le dijo la razón de esa seriedad. Miroku solía acompañar a su madre cuando la sacerdotisa viajaba hacia las tierras del imperio en busca de cerrar acuerdos comerciales. Eran extrañas las ocasiones donde Miroku se mostraba feliz o animada cuando estaba lejos de Uzushiogakure. Su madre siempre pensó que su hija se había enamorado de la tierra adonde se mudaron. Pero lo cierto era, que Miroku jamás olvido a su padre desde que lo vio por última vez hace 12 años.

Casi no recordaba su rostro, pero si la voz de su padre podía recordarla como un sueño. La futura líder espiritual era muy amada por los habitantes de la villa. Pero su corazón tenía un gran agujero por la pérdida recordada de su padre. Naruto Uzumaki le hacía falta a la joven, le hacía falta de una manera que ni siquiera podía entender.

En el templo que recibía a los viajantes que desembarcaban en el puerto. Shion estaba con varios de sus consejeros y guardias rearmando los acuerdos comerciales. Ese templo era como la entrada principal a la ciudad de Uzu. Allí había guardia regular de ninjas y allí eran recibidos los viajantes para averiguar sus intenciones de comercio a simplemente el origen de sus clanes. Era mucho más fácil administrar la nueva llegada de Shinobi refugiados o simples personas que tal vez querían rencontrarse con sus familiares. Shion estuvo atendiendo en el salón principal del templo la llegada de varios consejeros con noticias sobre el imperio del sol naciente. El hijo del fallecido emperador había sido coronado y junto al Shogun Mifune, se auguraba paz por muchos años con los vecinos de Uzushiogakure. El ambiente era relajado para Shion que ahora se podía ocupar de su pueblo sin tener que estar vigilando las intenciones del vecino.

En esos momentos, varias personas llegaron luego de desembarcar pocas horas antes en el puerto. Tres escribanos con grandes libros anotaban los datos personales de los recién llegados y recibían las ofrendas a la sacerdotisa de los más pudientes. Designaban un terreno específico para los Shinobi de tal o cual aldea y hasta le otorgaban una vivienda si la visita en cuestión, era de una familia muy pobre. Luego de varias horas esperando su turno, Naruto y Sakura fueron presentados ante la sacerdotisa Shion.

Sakura tuvo un resquemor interno que apenas podía disimular. Shion era excepcionalmente hermosa y desde la primera vez que vieron hace muchos años, había estado tras Naruto. La pelirosa comenzó a sentirse algo incomoda cuando la sacerdotisa se acercó a ellos parándose de su cómodo asiento con forma de trono. A cada paso que daba Shion, Sakura se afirmaba más y más al brazo de Naruto. Como si el rubio se le fuera a escapar apenas viera de cerca a esa mujer. Sería realmente difícil vivir en Uzushiogakure con tantas hermosas mujeres que alguna vez estuvieron relacionadas con Naruto.

-me acuerdo de ti…-dijo la sacerdotisa sorprendiendo a ambos- Sakura… ¿verdad?

La pelirosa miró sorprendida a la mujer frente a ella. Shion no parecía interesada en Naruto más que en cualquier otra persona. El rubio ni se movía y Sakura estaba en blanco, sin responder.

-Sakura…ninja de Konoha…-volvió a intentar forzar la mente Shion con algo de temor a cometer un error- tú y tus compañeros me salvaron del demonio que había sellado mi madre hace años. ¿Correcto?

-Hai…-dijo apenas la rosa entendiendo por que la sacerdotisa la recordaba- ¿Cómo le va Shion-sama?

-no tan bien como a ti por lo que veo…-sonrió apenas la mujer de blondos cabellos largos- vienes muy bien acompañada. ¿Y este guapo caballero es…?

-hola… –sonrió el hombre apenas- mi nombre es Naruto Uzumaki. Venimos con intenciones de vivir en Uzushiogakure.

-ya veo…-respondió la mujer a lo que los escribanos anotaban todo- supongo entonces que por Sakura-san…su destino será la zona de Konoha. ¿Correcto?

Shion les observaba suavemente pero de manera fija. Tal como cuando alguien les está estudiando detenidamente. Eso los ponía incomodos pero al mismo tiempo era algo esperado. Después de todo, Shion debía recibir a muchísima gente por día y no todos venían con buenas intenciones. La sacerdotisa sin embargo, distrajo su mirada de la pareja frente a ella, cuando de una puerta lateral observó llegar a su hija.

-Miroku-chan…-sonrió la mujer- acércate para que conozcas a una antigua amiga de tu madre.

La joven caminó hacia su madre con gracia y elegancia. Tenía un kimono blanco como la nieve idéntico al de su progenitora y sus cabellos lacios y dorados resaltaban espolvoreándose al caminar. Tenía una leve sonrisa amable, pero ese gesto quedó congelado cuando pudo ver de cerca al hombre de la supuesta pareja de visitantes que su madre quería presentarles.

-mucho gusto…-exclamó algo aturdida la joven- Miroku es mi nombre.

-igualmente Miroku-san…-respondió amable Sakura- soy Sakura Haruno y este es mi…

-prometido…-resaltó el hombre tapando lo que la pelirosa no supo definir- Naruto Uzumaki.

Shion observaba con sorpresa como la siempre vivaz y conversadora Miroku se había quedado completamente helada ante ese hombre. Era muy apuesto sin lugar a dudas, pero con más o menos 30 años y además presentando a su prometida, Miroku no podía precisamente interesarse en un sujeto como él. Sin embargo, como si pudiera leer el pensamiento de la joven, su madre decidió darle una oportunidad de cruzar palabras con el hombre que tanto la había impactado. Era lo menos que podía hacer si se trataba de su primer interés romántico.

-Sakura-san…-dijo suavemente Shion tomando del codo a la pelirosa- porque no me acompañas a tomar el té, mientras organizamos todo para trasladarlos a la zona de Konoha. ¿Me harías el honor?

La pelirosa le siguió el juego porque había entendido perfectamente la turbación de la niña y la necesidad de Naruto para estar a solas con ella. Así que se dejó guiar a otra sala aledaña donde se sentaron a charlar del pasado y esperaron a por la taza de té que los asistentes de Shion corrieron a buscar apenas la escucharon ofrecerlo. Mientras tanto, en el salón principal, Miroku había quedado con la cabeza baja al costado de Naruto que le sonreía esperando respuestas. Había sido terriblemente obvio el movimiento de las mujeres, pero a Naruto no le importaba porque había conseguido obtener algo que deseaba, estar a solas con su hija mayor.

-qué bonito collar tienes Miroku-chan…-sonreía Naruto divertido observando la pieza de chakra solido que hace años le había regalado a su niña- y eres una joven muy hermosa, lo cual no es sorprendente considerando a tu madre.

Algunos de los guardias se habían quedado más cerca para proteger a la niña que estaba sola en el centro del salón con ese extranjero. Pero sin levantar la cabeza, Miroku tomó de la mano tímidamente a Naruto, para luego guiarlo con suavidad por un pasillo lateral. Ante el intento de los guardias por seguirla, ella hizo un gesto de "apártense" con la mano y se fue acompañada por el hombre directamente a la sala del comedor donde estarían solos. Cuando llegaron a ese lugar solitario. Miroku al fin se dio la vuelta y aun si poder mirarlo a los ojos de la emoción, sostuvo la mano apretándola levemente para decir:

-Naruto Uzumaki…-susurró apenas- dígame algo que necesito escuchar….por favor dígamelo.

El rubio sonrió algo triste, podía sentir hasta en su piel lo que su hija lo había necesitado y extrañado. Pero a pesar de los años de sufrimiento, ahora se presentaba una oportunidad para ambos que en otras épocas hubiera sido imposible. Ahora podrían estar juntos.

-mi bebé ha crecido tanto…-dijo tratando de no lagrimear Naruto.

Eso fue todo, Miroku no necesito más para saltar a los brazos del hombre y romper en llanto desesperada. Entre sus lágrimas repetía el "Oto-san" que Naruto había deseado escuchar por muchos años. "volvió a mi Oto-san" "usted ha vuelto a mi"

-por fin ha vuelto a mi Oto-san….-gemía abrazaba con terrible necesidad la niña- ¡nunca más! ¡Nunca más se alejara de mí! ¡Le voy a declarar la guerra al mundo si me lo quitan de nuevo!

-Ja Ja Ja… -reía Naruto feliz como nunca- una señorita tan bonita no debe hablar de esa forma…-se burló ante el puchero de su hija.

-nunca más ¿me está oyendo? –Repitió Miroku abrazándose al pecho de su padre con fiereza- ¿Por qué no volvió antes conmigo? ¿Acaso ya no me quiere Oto-san? –reclamó haciendo berrinche.

Naruto le acarició el cabello feliz y la hizo suspirar del gusto. Ella continuaba abrazada a su padre cuando el hombre comenzó a relatar todo lo que le había pasado en esos años y las razones de por qué no pudo regresar a la aldea del remolino. También le dijo que la felicitaba por que gracias a ella y a muchos que estaban trabajando tan bien, la aldea del remolino respiraba una paz única para todos los ninja.

-aunque debo pedirte algo Miroku-chan…-señaló el rubio luego de algunos minutos de mimos y palabras, justo cuando se sentaron lado a lado en unas sillas del lugar- tú tienes el control de los sellos Uzumaki que existen en la mayoría de los ninjas en esta aldea. Quiero que lo deshagas.

-¿Pero usted no usó ese sello para hermanar a todos los ninja? –Preguntó Miroku ante el pedido- ¿Por qué luego de darme el control me pide esto?

-porque estos años me hicieron ver las cosas desde otro ángulo. –Respondió Naruto serio- es injusto que controlemos las emociones de todos tan solo para que no se peleen. Es un sello de paz, pero no podemos controlar el destino de todos de esa manera. Ellos deben ser libres, o estaríamos recreando las viejas ambiciones de un loco que quería lanzar un Genjutsu desde la luna.

La niña le sonrió a su padre como si nada de lo que el dijera la pudiera sacar de esa embotante felicidad por tenerlo. Esa felicidad que se extendería en el tiempo porque Naruto ahora viviría muy cerca de ella. Puede que su madre no lo recordara, pero Miroku tenía el privilegio de hacerlo y eso era suficiente. Aunque, hablando del tema del sello, la niña no sabía cómo explicarle a su padre que no podía cumplir su pedido. Le era imposible actualmente hacer lo que Naruto le estaba pidiendo.

-Oto-san ha llegado un poco tarde…-sonrió divertida- temo que no puedo liberar a la gente del sello Uzumaki.

-¿Pero porque no? –Interrogó confundido Naruto- ya te explique que no podemos atar a las personas para siempre a…

-no puedo hacerlo ahora…-interrumpió la joven- porque cuando tenía 10 años liberé los sellos para siempre.

-¿Co…mo? –Susurró Naruto sorprendido

-se nota que soy su hija…-dijo con suficiencia la niña y le acaricio el dorso de la mano sobre la mesa- me pareció como una especie de "celda", esto de controlar así a las personas. –Naruto comenzó a sonreír de orgullo por su hija- después de todo, a mí no hubiera gustado para nada que algún tonto me hubiera obligado a olvidarlo Oto-san.

Ambos rieron con felicidad renovada en sus corazones. Sinceramente Naruto jamás hubiera esperado que su hija de tan solo 15 años pudiera descifrar lo que a él le llevo más de 30, y Madara jamás consiguió. Saber qué paz real, era la única forma de conseguirla efectivamente. Que una ilusión de paz, era el peor enemigo de la verdadera libertad. Miroku, por una experiencia personal muy íntima, había razonado todo lo que muchas personas nunca pudieron. Pero como bien dijeron alguna vez Tsunade y Jirayja, "las nuevas generaciones superan a las anteriores". Esto le hizo sentir un poco a mal a Naruto a decir verdad. Después de todo, él había usado el Izanagi para cambiar muchas mentes, para torcer muchas vidas. La gente, los amigos, los compañeros ya no lo recordaban. El olvido era el costo que estaba pagando por haber tomado decisiones que no eran suyas.

Los sistemas caen, los imperios surgen y alguna vez se van a terminar. La era Shinobi se fue apagando guerra tras guerra y Naruto solo estuvo para evitar un exterminio sangriento de todo su mundo. Había obrado bien en muchas cosas, pero se había equivocado en otras tantas y eso era la vida después de todo. Era un humano, actuando como un humano. Un papel que le sentaba perfecto.

-dígame algo Oto-san….-chilló celosa Miroku, lo que hacía sonreír más a Naruto- ¿Qué es eso que tiene una prometida? ¿Eh?

-ah…bueno…-respondió con gotita en la cara- como explicártelo…etto…-la niña se enojaba más y más por los celos- digamos que entregue los primeros 16 años de mi vida a Konoha, luego los 4 siguientes a mis antepasados Uzumaki. Y sinceramente iba a morir, ya no me quedaban más años para entregar.

-¿y entonces? –indicó Miroku intrigada

-Sakura-chan me dio vida…-señaló serio Naruto- me devolvió a este mundo cuando yo ya partía lejos de ti. Así que supongo, ella se ha ganado el resto de mi vida.

-Oka-san no te recuerda…-dijo la niña apenas- solo yo, nadie en toda la aldea te tiene en su memoria. Realmente no fue un sueño lo que paso hace años ¿verdad?

-me sorprende que puedas recordarlo…-apuntó Naruto- apenas tenías 3 años.

-ese sueño me ha acompañado hasta mucho tiempo después. –Sonrió ella- mi deseo de no olvidarlo me ha mantenido ese sueño, hasta que pude comprenderlo todo Oto-san.

Se abrazaron tiernamente, no tenían mucho más para decirse por el momento por que los sentimientos los desbordaban. Naruto había recuperado a su hija mayor, y pronto viviendo en la aldea, podría conocer a cada niño o niña que tuvo en sus viajes para unir a los ninjas. Los conocería, los amaría, les enseñaría a quererlo aunque nadie lo recordara. Recuperaría a los viejos amigos, viviría en paz. Era su momento de retirarse del mundo ninja. Tal vez alguna que otra pelea con el estúpido de Sasuke si es que su esposa Karin lo permitía. Pero ya no habría más capítulos en la historia del ninja Naruto Uzumaki.

Tenía todo el resto de su vida para disfrutar a su familia. Y luego, cuando el momento llegara para él, le daría libertad a su mejor amigo que yacía dormido en el interior de su cuerpo. Kurama le había dado un regalo único en la historia. Le había dado la oportunidad de ver cristalizados sus sueños.

Y así comenzó su nueva vida Naruto Uzumaki del remolino. Así se casó y tuvo hijos con la mujer que lo había salvado y vuelto a enamorar con el tiempo. Disfrutó de sus otros retoños y retirado de la actividad pudo disfrutar de las pequeñas cosas que siempre quiso tener. Una familia, un amor, una mañana paseando con Miroku o visitando a sus otros hijos, y por supuesto varios tazones del más popular puesto de comidas en toda la aldea del remolino. El inagotable, infaltable, y siempre lleno de clientes Ichiraku ramen.

Poca cosa pedía aquel que tanto había sacrificado. Así lo entendió el Kyuubi ese fatídico día que decidió volver a ser prisionero dentro de Naruto. Poca cosa eran 30, 40 o 50 años. Casi nada para el eterno Kurama. Seguramente sus hermanos lo están esperando, habitando ellos en el lomo de la gigantesca tortuga que navega sin rumbo fijo por los mares. Sus hermanos lo esperan para algún día volverse a encontrar. Porque Kurama de las nueve colas y su odio antiquísimo alimentado en tiempos antiguos por Madara, también tuvo el lado opuesto de la amistad y el amor gracias a Naruto. Y como bien saben amigos lectores, todo ser vivo tiene dos lados en sí mismo. Todos tienen, todos tenemos una….

CONTRACARA.