Bienvenidos a la KTWeek con su humilde anfitriona. Algún día les contaré el desmadre que ha sido para mi escribir estos prompts, pero por ahora me pasaré a lo importante. La historia.
Declaimer: Haikyuu no me pertenece, es de Furudate, quien ha creado y dado vida a estos personajes hermosos. Yo hago esto sin fines de lucro porque nadie en su sano juicio me pagaría gg.
Todos estos fics se los dedico a LorMurkami , por no dejarme olvidar esta semana, soportarme en días buenos y malos y dar unos consejos buenísimos. Les recomiendo que la busquen en Facebook como Kulorami.
Y finalmente mil gracias a _Syesta por las increíbles correcciones que me ha hecho. Ella lidia con mi dislexia para que ustedes no sufran con ello. Además, fue quien me motivó totalmente a escribir esta trama.
Gracias a ellas aquí estoy, publicando de nuevo.
Sin más, disfruten su lectura 🌙
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Moon
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...•••...
Tsukishima llevó preguntándose en las últimas semanas si esto solo le sucedía a él. Al principio pensó que era un chiste, una mala broma. Pero ahora, poco más de un mes después, está convencido de que hay un ser supremo que tiene el mezquino gusto de reírse de su vida y las cosas tan... estúpidas por las que tiene que pasar.
La universidad iba a ser punto y aparte, decían. Ahí la gente se dedicaba a estudiar, labrarse un futuro y llenarse de herramientas para sobrevivir en un mundo cada vez más competitivo. Al rubio le gustaba su carrera, sus clases, la independencia y madurez de las que tuvo que hacerse al llegar a Tokio para vivir lejos de su hogar. Sin embargo, nada lo preparó para que desde su primer semestre una niña que apenas y conocía se declarara su admiradora secreta, que de secreta no tenía ni una letra.
Uno puede vivir con eso, ¿no? Que a todos en algún momento les pasa y solo es una de tantas experiencias que un joven normal puede atravesar. Pues no. Para Tsukishima Kei, chiste privado del universo, no lo es. Su acosadora resultó ser eso, una verdadera acosadora que se aprendió su horario de principio a fin, sus tiempos en la cafetería y hasta su lugar predilecto para sentarse en la biblioteca a estudiar. Notó su gusto por las fresas, los patrones de dinosaurios que varias de sus prendas tenían y su aversión a los pepinillos o las cosas encurtidas.
Kei jamás aceptó ninguno de sus obsequios, porque algo le decía (su sentido de auto preservación tal vez) que hacerlo sería como darle alas a que algo entre ellos podría llegar a suceder. No importaba cuantas fresas tuviera el bento, o si los boletos para la exposición que tendría lugar ese fin de semana en el museo ya se hubieran agotado. Tsukishima siempre se consideró a sí mismo una persona inteligente e intentó actuar acorde a ello.
No importaba si sus compañeros de clase intentaban convencerlo de darle una oportunidad, o si dentro del equipo B en la universidad se burlaban de él por "temerle al amor". Ni siquiera le importaba si el rumor se había esparcido a niveles insospechados, como para llegar a los oídos de los más grandes y de pronto el equipo A (los seniors y representantes oficiales) lo conocieran como un rompecorazones, en lugar de por sus bloqueos que estaban cada vez más cerca de hacerlo pasar al equipo representativo.
Honestamente, no le importaba. El solo quería sobrevivir a su primer semestre en una universidad dentro de la jungla de asfalto que era Tokio, comer su postre favorito de vez en cuando y leer tranquilamente sin la constante mirada de una chica (a quien no conocía de nada) taladrándole la nuca.
Al menos los entrenamientos eran un lugar seguro, a salvo de cualquier persona ajena al equipo de voleibol. Un descanso de esa presencia que le parecía cada vez más incómoda y difícil de ignorar. ¿Cuánto había pasado ya? ¿Más de un mes? Jamás imaginó que tendría que llevar un registro de semejante... situación.
Tras dar un bloqueo que dejó a uno de sus compañeros del equipo B con la mano adolorida, se volvió a formar en espera de su turno, perdiéndose de forma inevitable en sus pensamientos porque la idea de volver a rechazar a su acosadora de frente, pero esta vez con cero amabilidad en la voz, era cada vez más tentadora.
Tal vez por eso no escuchó su nombre con tono de advertencia a tiempo, o tal vez por eso volteó sin prestar verdadera atención a lo que sucedía a su alrededor.
Todo lo que el rubio supo es que antes de parpadear una pelota de vóley apareció en su campo de visión, justo desde el lado donde el equipo A estaba teniendo una serie de ejercicios de remate, y después de hacerlo... bueno, ya no estaba muy seguro. Escuchó algo crujir contra su rostro y no había que ser un genio para entender que sus lentes se habían roto un momento antes de caer al suelo, después del golpe que le atezó directo en la cara. Vaya logro, en la liga universitaria un buen remate solía ir al menos a una velocidad de 80 kilómetros por hora y Kei la detuvo sin caer hacia atrás.
O al menos eso pensó hasta que su cadera sintió el golpe contra el duro suelo.
Le costaba abrir los ojos, respirar. Le preocupaba que su nariz se hubiera roto porque dolía como si lo hubiera hecho. Ni siquiera sabía a qué maldito gorila del equipo A maldecir por su pésima puntería. Porque joder, para pasar de la cancha A a la B en un remate que se supone iba dirigido, había que estar más miope que él.
Tragó saliva y se quedó recostado en el suelo, pronto una de las managers llegó y le avisaron al entrenador que la enfermería estaba preparándose para recibir al rubio. Kei estaba deseando desmayarse, pero al mismo tiempo quería fingir que estaba bien porque... su dignidad, maldita sea.
Un par de manos le ayudaron a levantarse, otras le pusieron un paño en la nariz para detener la sangre y solo entonces tuvo sentido el hecho de que no pudiera respirar más que por la boca. Sin embargo, aunque el dolor se negaba a mermar, finamente pudo recobrar la capacidad de razonar, y entonces logró abrir los ojos aun si el simple acto le costó.
Vio que junto a él estaban dos jugadores del equipo A. Kuroo era fácil de reconocer, y el otro era el setter, alguien más bajo que él pero con una fuerza en las piernas y los brazos impresionante. Uno de los pocos seniors que se habían molestado en hablar con él desde que ingresó al equipo un mes atrás, cuando Kuroo prácticamente lo arrastró a hacer la prueba de ingreso tras enterarse de que estaban en la misma universidad.
Otros de esos raros y nada graciosos chistes que la vida le venía haciendo.
Entre ambos lo llevaron al edificio de medicina, el mismo que por suerte no estaba a más de 100 metros del auditorio. Ahora entendía lo estratégica de la posición. Cada paso le costó, pero fue difícil pensar en ello cuando tenía a Kuroo al lado, disculpándose como si la vida se le fuera en ello. Su voz le estaba dando un dolor de cabeza inmenso, pero al mismo tiempo le calmaba de una forma que ni siquiera sabría comenzar a describir. No le gustaba en lo absoluto.
No fue capaz de contestarle o pedirle que se callara. Además de la nariz, la boca le dolía de sobremanera. Ni siquiera sabía cómo estaba haciendo para respirar, o cómo es que no había vomitado ya por el sabor de la sangre inundando su paladar. Un gemido de dolor escapó de sus labios cuando lo dejaron sobe la camilla blanca, donde manchó las inmaculadas sábanas blancas con el carmesí de sus fluidos.
¿Realmente estaba sangrando tanto? Intentó controlar sus pensamientos, no entrar en pánico. Y, por algún extraño milagro (que el rubio le atribuyó a su propia fortaleza mental), logró recordar su clase de anatomía de la semana pasada, donde el profesor Nobu les enseñó de una forma bastante estúpida que la cabeza sangraba de forma exagerada. Rememorar el experimento no tenía sentido y al menos el pánico inicial ya había pasado.
No tenía la nariz rota, solo se había llevado un golpe que seguramente le dejaría un buen moretón. La sangre dejó de fluir fuera de su cuerpo minutos después y con ello logró tomar una píldora que prometía quitar su dolor con el efecto secundario de darle sueño. Kei se habría tomado dos o tres con gusto. Se sentía tan cansado que solo quería dormir, aunque no en la enfermería donde su admiradora podría irrumpir en cualquier momento.
Al verle más estable, aunque aún con dolor al intentar hablar, el setter se fue a dar un informe al entrenador. Kuroo por otro lado se quedó ahí, casi parecía que sus pies estaban plantados al lugar junto a la camilla. Y además, le daba una mirada de arrepentimiento y culpabilidad.
'¿A quién mataste, gato tonto?' Habría preguntado, pero no quería arriesgarse a sentir dolor innecesario. Solo le miró curioso, dándose cuenta de lo cerca que estaba porque podía reconocer sus facciones sin necesidad de sus lentes.
—Te comprare lentes nuevos, Tsukki —susurró, y Kei se sintió estúpido por haberse dado cuenta hasta ahora.
Cerró los ojos un minuto y rememoró, aguantando el dolor de cabeza, todo lo que sucedió después de que el balón impactó contra su cara. Esta vez no le importó la punzada que le atravesó el labio, tenía que preguntar:
— ¿Fuiste tú?
—De verdad lo siento Tsukki, ¡te juro que no fue mi intención! Fue un mal movimiento, no giré la muñeca porque planeaba un remate recto pero... mierda. Mira, no tengo palabras suficientes para disculparme, sabes que jamás te haría daño. ¿Lo sabes, verdad? —si hubiera podido, Kei habría levantado una ceja en el gesto más escéptico que fuera capaz de hacer.
—No me mires así Tsukki, sabes que no sería capaz... ¡Te lo compensaré! ¡Te juro que lo haré! Lo que quieras pídemelo; tengo contactos en la universidad, casi en cada carrera. Muchos me conocen y en mis primeros años estuve en el consejo estudiantil. Me deben favores. Si hay algo que quieras...
—Deja de hablar Kuroo-san —pidió el rubio que ya había escuchado suficiente, y aunque podría dejar que se humillara solo un poco más, la cabeza no dejaba de martillearle.
No aceptó ni se negó a la oferta del mayor, simplemente la dejó al aire. Lo único que si quería eran unos lentes nuevos. No podía llamar a su madre y contarle del accidente sin matarla de la preocupación, así que tendría que omitirlo y no pedirle un nuevo par de anteojos deportivos. Pero tampoco quería mencionarle el tema a Kuroo.
Si hubiera sido cualquier otro senpai posiblemente no lo habría dudado, pero Kuroo ya era demasiado considerado con él. Si no fuera por el golpe que le llevó hasta la enfermería, se sentiría casi como una molestia para el mayor. Además ahora por fin el ex capitán de Nekoma finalmente le debía algo a él, en lugar de ser el rubio quien frecuentemente se encontraba con la vida hecha un poco más sencilla gracias a alguna intervención de Tetsurou. Quería disfrutar la sensación un poco más y luego ya vería que hacer. De todos modos, la doctora justamente le decía sobre los días de descanso que tenía que tomar y el medicamento para el dolor, los mareos, o algún otro síntoma por el que debería ir al hospital a atenderse con su seguro médico universitario.
Tras todo lo sucedido tanto la doctora como su entrenador, que llegó poco después, le dejaron ir con la promesa de no desviarse en su camino a casa (Kei resistió las ganas de rodar los ojos, porque no era como si quisiera ir a divertirse en esas condiciones), y la certeza de que Kuroo lo acompañaría todo el trayecto, después de haberlo jurado por la vida de su gato. Eran poco más de las nueve de la noche, los estudiantes del horario vespertino iban saliendo de su última clase y el campus comenzaba a vaciarse.
El camino fue silencioso, tranquilo, un poco de paz que el rubio agradeció y que al menos duró hasta que ambos estuvieron parados frente a la puerta de su departamento compartido. La situación no era nueva, a pesar de que no se cruzaban mucho, el rubio se dio cuenta de que poco a poco Kuroo se había colado en varios momentos de su semana. Pero no quiso pensar en ello.
Tsukishima estaba por despedirse, entrar a dormir y quedar en coma al menos hasta el mediodía, cuando la voz de Kuroo interrumpió su magnífico plan.
— ¿Y qué le vas a decir?
— ¿A quién? —había confusión pura en el hinchado rostro del rubio.
— ¿A Haruna? Ya sabes, tu amiga que siempre llega contigo a los entrenamientos.
Tsukishima no se tomó la molestia de preguntar si ese era el nuevo rumor, porque hasta donde él sabía él era perseguido, no acompañado.
— ¿Así es como se llama? —Kuroo soltó una carcajada, entre incrédulo y tal vez... ¿aliviado?
Tsukishima habría dicho algo para molestarlo por esa risa tan característica suya, pero en serio le dolía la boca y quería dormir así que se esforzó en terminar con la conversación.
—Que me fui a los golpes con alguien, así tal vez se asuste y me deje en paz. Buenas noches Ku...
—Puedes decirle que ya sales con alguien. Al menos es lo que les funciona a las chicas cuando un hombre no quiere entender —sugirió sin pensarlo, después de todo solo era su deseo de ayudar hablando por él—. O al menos eso he escuchado.
Kei suspiró. Realmente no tenía cabeza para pensar en eso ahora mismo. De hecho, por suerte aún tenía cabeza después de semejante golpe.
—Buenas noches Kuroo-san.
—Descansa Tsukki.
Y la puerta del departamento se cerró con un suave clic.
...•••...
Por primera vez en el semestre Tsukishima faltó a las primeras clases del día, y aunque tenía justificadas también las de media tarde, terminó presentándose en el aula gracias a ese patético sentido de responsabilidad que su madre y el club de vóley le habían inculcado.
Las miradas no tardaron en posarse sobre su piel que comenzaba a tomar un color violáceo, iniciando una serie de murmullos que el rubio no se molestó en acallar. Los dos compañeros más cercanos que tenía le preguntaron qué había pasado y el rubio prometió contarles luego porque la clase estaba por comenzar y él seguía con dolor de cabeza... y de cara.
Al final, por suerte o falta de ella, quien se acercó justo cuando el profesor salía del salón fue Haruna. Kei aún no decidía si comenzar a llamarla así o continuar con el mote de 'la acosadora'. Tal vez era momento de describirlo. Total, su semana no podía empeorar ¿o sí?
La chica tenía lágrimas en los ojos y le miraba con una preocupación que al rubio le erizó la piel. A Tsukishima no le gustó en absoluto esa sensación. Había lástima en esa mirada y nada podía revolverle más el estómago que el hecho de que alguien sintiera patética y genuina lástima por él. Ni siquiera el gato idiota que le dejó la cara morada le miró de esa manera.
— ¿Q-qué te pasó, Tsuki-chan? ¿Te duele? ¿Yo puedo...?
Kei no la dejó terminar, su tono reflejaba lo mismo que sus ojos.
—Me metí en una pelea. Nada que sea de tu incumbencia, Haruna.
Lentamente la chica abrió sus ojos por la sorpresa y entonces Kei se preguntó si aquel realmente era su nombre o se había equivocado gracias a alguna broma por parte de Kuroo. Quién sabe, tal vez eso la heriría y le metería algo de necesario sentido común a la cabeza. Sin embargo, un segundo después el rubio se dio cuenta de que debió haber acertado, porque Haruna comenzó a sonreír cada vez más ampliamente.
El pánico lo invadió, alterándose poco a poco por la idea de que ahora sí que jamás lograría sacársela de encima. Y es que el pánico es un consejero malísimo, y Tsukishima Kei lo aprendió en el segundo siguiente.
—De todos modos, mi novio llegó a ayudarme. Esto fue lo único que me pasó.
...•••...
Kei no era propenso a mentir. Incluso cuando molestaba a alguien lo hacía a base de sarcasmo, más una honestidad pura y dura que solía incomodar a las personas. Las mentiras requerían mucho esfuerzo. Recordar todo lo que se dijo y posiblemente ganas de mantener una conversación para convencer a la otra persona de lo que se decía. Simple y sencillamente demasiado.
Y ahora ahí estaba, yendo a la biblioteca tan rápido como sus largas piernas le permitían atravesar el campus mientras su última clase del día tenía lugar en un salón que dejaba a sus espaldas. Sin importarle si le harían válido el justificante o no para esa última asignatura. Le daba igual, ahora mismo en su mente solo había un nombre y una oración.
Kuroo Tetsurou me debe un favor.
Cuando Tsukishima entró a la biblioteca pensó que sería sencillo encontrarlo, su cabello despeinado era difícil de pasar por alto. Aun así, le tomó al menos quince minutos de muy valioso tiempo dar con su paradero y se molestó consigo mismo por sentir un alivio inmenso al verlo rodeado de libros, casi enterrado entre ellos, en uno de los corredores al fondo.
—Kuroo-san —lo llamó con voz firme, un poco ronca.
Pensó que tendría que repetir su nombre hasta obtener su atención, el mayor parecía tan absorto en sus libros que el rubio inevitablemente se sorprendió porque, de hecho, Kuroo volteó en seguida. Sus ojos se abrieron amplios y la mirada de preocupación fue inevitable. Pero por más que Tsukishima se esforzó en encontrar lástima o algo que le hiciera desistir de la tontería que planeaba cometer, solo vio su reflejo en esos ojos con sombra felina. Ya no tenía sus anteojos deportivos, pero fuera del gimnasio seguía usando los normales, que de hecho se le ajustaban mejor y le permitían ver detalles como aquel.
—Mierda Tsukki, te ves terrible. ¿Qué haces aquí? Pensé que te habían dado el día de hoy y el lunes te iban a revisar de nuevo.
Kei suspiró, pero se dignó a contestar.
—Estudio medicina, Kuroo-san. Perder tantas clases no es un lujo que me pueda dar —espetó como si ahora mismo no estuviera faltando a una materia.
—Cierto, cierto. Pero... —Tetsurou casi se levantó y estiró para poder acariciar el moretón que el rubio tenía en el rostro, como si no supiera que posiblemente recibiría un golpe en la mano como respuesta. Por suerte se contuvo.
— ¿Te duele? Sé que no quieres que me siga disculpando pero en serio Tsukki, déjame compensártelo, yo...
—Por eso estoy aquí. Necesito un favor... un enorme favor —Kei estaba realmente agradecido de que hubiera sido el mayor quien sacara el tema, porque él no habría tenido ni idea de cómo traerlo a colación.
Incluso ahora, no se sentía con el valor para pedir lo que necesitaba.
— Lo que sea, Tsukki.
Kei tragó saliva y un segundo después tomó aire. Kuroo se sentía cada vez más curioso al respecto. Con Tsukishima nunca sabía que esperarse, y se decía a si mismo que era la expectativa lo que le aceleraba el corazón.
—A Haruna le dije que yo... estaba saliendo contigo —escupió las palabras y no puedo evitar sentir como al morado en su rostro se le sumaba el rojo que le inundaba las pálidas mejillas.
Silencio.
Ninguno de los dos parpadeó. Solo se miraban fijamente. Kuroo esperaba por la risa del rubio para que le dijera que era una broma, y Kei por cualquier reacción que le ayudara a dejar de sentirse un perdedor.
El tiempo avanzó y Tsukishima perdió el juego de no parpadear. Kuroo tragó saliva, comenzando a pensar que tal vez no era ningún chiste. Pero entonces cuando lo comprendió una risa tranquila salió de sus labios.
Kei frunció el ceño y se cruzó de brazos. Se arrepintió de las últimas dos horas de su vida, luego de los últimos dos días y finalmente de los últimos dos meses. Tal vez debió quedarse en Miyagi, ir a la universidad en Sendai y estudiar algo como arqueología. Cualquier cosa sonaba mejor que Tokio ahora mismo.
—Lo que me estás pidiendo es que sea tu novio.
No era una pregunta, aunque su tono fue bastante neutro.
—Solo que finjas serlo —aclaró el rubio aún a la defensiva, sin saber por qué todavía no había dado la media vuelta para salir de ahí. No había forma de que nada de eso pudiera funcionar, pero era una medida desesperada, consecuencia de su golpe en la cara y el cansancio por lidiar con una niña que simplemente no entendía las negativas.
Kuroo levantó una ceja, pidiendo un poco más de esas explicaciones que cualquier novio falso merecía, y su sonrisa de gato de Cheshire nunca abandonó sus labios. Kei suspiró exasperado pero cedió a lo que, adivinó, era lo que el mayor solicitaba.
—Seguí el estúpido consejo que me diste y le dije a Haruna que salgo con alguien. Pero ella al parecer ha estado detrás de mí más tiempo del que yo pensaba. Se negó a creerlo porque dice que entonces lo habría notado. Le dije que no lo notó porque era con uno de mis compañeros de vóley y que por eso nos veíamos en las prácticas donde ella no puede entrar, me preguntó un nombre y con tal de hacer que me dejara en paz... dije el tuyo.
—Me siento halagado Tsukki.
El aludido puso los ojos en blanco.
—Mira, todo esto es tu culpa. Y prometiste compensarlo. Si no vas a cumplirlo, bien. Me mudaré de ciudad o algo, ¿o sabes qué? También podrías usar eso que se supone que tienes ahí adentro en la cabeza y asesorarme para poner una orden de restricción. ¿O no estás a nada de ser abogado?
—Oh vamos, Tsukki. No seas una princesa dramática. Hice una promesa y planeo cumplirla. Es solo que me tomaste por sorpresa, eso es todo. Realmente no me esperaba nada así pero... sí, ¿por qué no? Así pago mi deuda contigo y finalmente serás libre de esa chica —sus palabras fueron ganando confianza conforme las decía. Terminó asintiendo. Ya se había levantado de entre el montón de libros de leyes, acercándose peligrosamente al rubio quien en ese momento se arrepintió totalmente de... pues, todo—. Además, entrar a esta universidad conlleva dos exámenes y una entrevista que no son sencillos de pasar. No podemos dejar que todo eso se vaya a la basura ¿no crees?
—No te hagas el gracioso, Kuroo-san.
—No lo sé, Kei. Como novio mío, me interesa mucho que te quedes cerca.
—No hay necesidad de que finjas ahora, no hay nadie cerca. Así que déjate de juegos —Tsukishima estaba por rodar los ojos y alejarse de esa amenazadora cercanía, además de estar por darle un buen golpe en la mano porque los largos dedos de su novio falso le acababan de acunar el mentón con una suavidad que se le antojó casi imposible.
— ¿Seguro? —preguntó el mayor con una voz que Kei jamás le había escuchado.
Kuroo aprovechó ese efímero momento de duda en el rubio para girarle el rostro y hacerlo ver en dirección hacia donde la conocida acosadora de su kohai los espiaba, intentando pasar desapercibida entre varios estantes. Tsukishima se quedó congelado por la sorpresa de verla ahí y fue el momento en el que Kuroo aprovechó para besar con una ternura infinita el moretón sobre la nariz y los pómulos del menor. Había deseado hacerlo desde que éste se plantó frente a él momentos atrás, quitando su atención de los libros gracias a ese porte insolente. El mismo que no había perdido desde que lo conoció en aquel partido amistoso cuando iban en preparatoria.
Kei se recuperó de la impresión y giró el rostro, frunciendo el ceño en reacción a las acciones que Tetsurou había realizado.
—No me gustan las muestras de afecto en público —con ambas manos en los hombros de Kuroo, lo empujó hasta volver a poner una distancia prudente entre sus cuerpos. Pero las mariposas (o enjambre de abejas asesinas, que era como Kei cariñosamente las apodó), no desaparecieron.
—Sera difícil convencerla sin abrazos, ni besos, ni nada de esas cosas que hacen las parejas, Tsukki.
—Supongo que tomará su tiempo, pero al final tendrá que creerlo —espetó el rubio sin dar su brazo a torcer.
Kuroo asintió y sonrió, luego se inclinó a recoger los libros que pensaba sacar de la biblioteca y tranquilamente se dispuso a escoltar a Tsukishima a su casa. El rubio debía descansar adecuadamente, independientemente de si eran novios falsos, o si esa acosadora lo creía o no.
No dejó de sonreír en ningún momento. Las negativas de Kei solo eran un enorme recordatorio de por qué ese rubio lo volvía loco.
...•••...
Y así, comenzó una relación que tomó por sorpresa a algunos pero confirmó las sospechas de otros. Esto último fue inesperado para Tsukishima, incrédulo de que alguien (sobre todo sus compañeros de vóley) pudiera pensar que realmente existía algo entre Kuroo y él.
Eran amigos y ya ¿no? Ahora falsos novios. Se conocían de la preparatoria y sus caminos se habían cruzado una y otra vez, pero no era como si alguno de ellos hubiera planeado que aquello pasara. Además que aunque Tetsurou era un dolor en el trasero (tal vez tendría que dejar de usar esa expresión ahora que fingían salir porque podría mal interpretarse), en realidad le agradaba al menos un poco. O en otras palabras: era el que le desagradaba menos.
Hablar con él a veces era interesante, y aunque Kei no era mucho de conversaciones largas o interacción social, al menos con Kuroo no era tan incómodo o aburrido como con el resto de sus compañeros. Tal vez se debía a que el mayor estudiaba leyes y la labia era parte de su día a día, pero éste podía llevar una conversación agradable y tornarla en algo interesante donde, incluso había días, en que tenían que continuar por mensajes. Tsukishima nunca admitiría que hubo dos ocasiones en que le llamó solo para llegar a la conclusión de un tema, y si Kuroo la decía, él lo negaría todo.
Haruna por otro lado estuvo muy escéptica al inicio. Continuó con su rutina de acosadora y al menos los primeros días no hubo cambio alguno. Aún intentaba darle regalos a Kei, invitarlo al cine, e insistir en que estaban pre destinados y que no había necesidad de fingir con alguien más. Por suerte aquello comenzó a arreglarse con la presencia de Kuroo en su vida, misma que se volvió más constante con el paso de los días.
Con frecuencia se encontraba a Tetsurou cerca del edificio de medicina, en la biblioteca, y a veces para ir a comer. Las bromas sobre lo delgado que estaba no tardaron en aparecer, pero solían ir acompañadas de un pastel de fresa como postre, por lo que Kei se las perdonaba tras mirarlo mal. Si a eso le sumaba que también llegaban a entrenar juntos y solían irse de la misma manera, el tiempo que Kuroo comenzó a pasar con él fue mucho. Pero, ¿por qué Tsukishima no lo sentía así?
Ni siquiera tuvieron que pasar veintiún días para que el rubio se acostumbrara a tener un gato maullando bajo su ventana. De forma hipotética y literal.
Porque resultó que al gato de Kuroo le gustaba salir a pasear en las noches como el rebelde sin causa que era. Kei una vez lo encontró afuera de su balcón, y al reconocerlo (porque Kuroo ya se lo había presentado como su bendición) el rubio lo acarició y el gato se dejó tocar. Desde entonces eran frecuentes las noches en que la mascota de su novio falso se paseaba por las afueras de su departamento.
Fue cerca de la cuarta semana, cuando Haruna finalmente había dejado de seguirlo a la biblioteca y el comedor de la universidad. Pero entre clases su insistencia continuaba (especialmente con el tema de que nunca los había visto besarse o hacer algo que no fuera sostener sus manos), ante lo cual Tsukishima se preguntaba si llegaría a extrañar aquello que ahora mismo tenía con Kuroo. Se obligó a decirse que no, y la pequeña brecha de sentimientos que se había abierto en su pecho fue fuertemente sellada.
Los minutos continuaron pasando. Se convirtieron en días, noches, semanas, y en algún punto, inició el otoño. Luego empezó noviembre y el cumpleaños de Kuroo llegó. Lo festejaron juntos y Tetsurou se atrevió a hacerle la promesa de que el próximo año para el cumpleaños del rubio también lo estarían. Kei pensó que como amigos... y nunca antes un pastel de fresa le supo tan amargo.
Fue al final del semestre que Haruna finalmente dejó de acosarlo, no sin darle antes un increíblemente dramático ultimátum sobre que no lo creería realmente hasta verlos besarse, y que aun así, cuando terminaran ella estaría ahí para curar su corazón. Kei le dijo que él podía curarse solo, y aunque quiso decirle que tal vez debía tomar terapia, lo omitió solo para que la chica no pensara que tenía (aunque fuera el más mínimo) interés en ella.
Después de todo en una semana comenzaban las vacaciones y Tsukishima solo quería sobrevivir a los exámenes finales. Podía decir que iba bien, era un buen estudiante, pero de mala gana debía añadir que sus calificaciones fueron mejores de las que esperó porque, como regalo adelantado de navidad, Kuroo le consiguió las tarjetas de estudio de estudiantes de grados superiores y el rubio casi quiso besarlo por lo malditamente genial del detalle. Sin embargo, ese pensamiento lo asustó y apenas logró agradecerle, a pesar de que Kuroo muy posiblemente hubiera leído todo en su cara porque después de eso estuvo especialmente pegajoso.
Kei no tenía idea de cómo corresponder a aquello, si era honesto. Él había esperado que para navidad su relación con Kuroo hubiera vuelto a ser como la del inicio. Pero ahora se daba cuenta de lo increíblemente estúpido que era ese pensamiento. Una vez más se negó a darle vueltas al asunto, y se dijo que posiblemente no tendría que lidiar con ello en un futuro. Fue así como en un parpadeo llegó el último día de clases, donde recibió la calificación que le faltaba firmar y las vacaciones comenzaron.
Lo había logrado. Sobrevivió a su primer semestre en una universidad lejos de casa, a su acosadora y a una relación falsa. Todo sin recaer en la ansiedad y manteniendo su peso, su cabello y saliendo casi totalmente ileso. Además, al final Kuroo si le había comprado unos anteojos deportivos nuevos con su graduación correspondiente para cada ojo, pues resultaba que el maldito gato embustero convenció a la enfermera de dejarle revisar su registro médico para saber qué tan ciego estaba y poder mandarlos a hacer.
En su momento Tsukishima se molestó por semejante violación a su privacidad, pero de alguna u otra forma el de cabello negro se las arregló para que el rubio lo dejara pasar. Kei realmente odiaba eso. Especialmente porque sabía que nadie más que Tetsurou podría lograr aquello.
Y ahí estaban, casi tres meses después, a las afueras de la cafetería tras la última comida que tendrían juntos por al menos las dos semanas que les esperaban de vacaciones, mismas en las que Sendai seria el paradero del menor. Las despedidas no eran el fuerte de ninguno, pero en el fondo ambos sabían que esas dos semanas eran en parte agua muy importante en la falsa relación que habían llevado hasta entonces.
Kei pensaba vagamente que a Haruna aún no la habían convencido, pues la chica de hecho estaba sentada con su grupo de amigas no muy lejos de donde ellos acababan de comer. Sin embargo, dudó. No sabía si se quería convencer a sí mismo o a Kuroo, por lo que al final prefirió callar.
Kuroo aceptaba sus silencios de una forma natural, sabiendo sin haber preguntado antes, las veces que el rubio se debatía consigo mismo, o la frecuencia en que se sumergía en sus pensamientos. A veces cuando era demasiado el tiempo y Kei parecía no volver a la realidad, era que intervenía con bromas y algo del sarcasmo que tanto caracterizaba al menor. Le ayudaba a plantearlo en palabras y guiarlo desde ahí, hasta que Tsukki volvía a ser el de antes, un poco más insolente pero cada vez más honesto.
—Estoy pensando en lo mucho que te voy a extrañar. ¿Ahora quién te recordará que debes dormir?
Tsukishima apretó los labios y suspiró.
—No empieces.
—Tú también me vas a extrañar princesa. Y a mi gato. No olvides mandarme mensajes.
—Posiblemente si lo olvide.
—Oh vamos Kei, si no puedes vivir sin mí.
— ¿Lo averiguamos?
Kuroo se rio y Tsukishima tuvo que morder la parte interna de su mejilla para no sonreír, aun si en sus labios había una suave y casi imperceptible curva que lo delataba.
—Sé que no nos veremos hasta el próximo año —comenzó, haciéndolo sonar como si fuera una eternidad en lugar de solo dos semanas—, pero quiero mi regalo de navidad. Yo ya te di el tuyo.
Tsukishima frunció el ceño, confundido. Se había olvidado totalmente de comprarle algo como regalo y agradecimiento por lo que Kuroo había hecho por él, y seguramente eso se reflejó en la manera en que sus mejillas se colorearon de un tenue rosa. Avergonzado por algo que antes hubiera considerado tan patético.
—Yo no...
Pero fue como la vez que el balón le golpeó. Antes de parpadear las manos del mayor ya le sostenían el rostro, como si fuera la cosa más delicada y cualquier movimiento brusco pudiera dañarlo. Después de hacerlo la cercanía entre ambos fue sofocante. Compartían el mismo aire y el aliento mentolado de Kuroo que golpeaba contra sus labios.
Tsukishima no hizo nada para evitarlo. Se encontró a sí mismo deseándolo después de las miles de bromas que Kuroo le hizo sobre besarlo a lo largo de los meses. Cerró los ojos y entreabrió los labios, sin darse cuenta que él también acortaba la distancia, aunque mucho más lento que el mayor.
Kuroo sonrió un momento antes de que sus labios se encontraran, y pensó 'por fin'.
El beso fue suave, lento. Un roce superficial y sin lengua que les aceleró el pulso a ambos. Sus labios finalmente se conocieron y, encantados con la suavidad del otro par, se dedicaron a recorrerse lento, curiosos, y hambrientos de esa nueva sensación tan agradable. Tsukishima tenía las manos en los hombros del Kuroo, pero no tenía idea de si para empujarlo lejos o mantenerlo cerca.
A lo lejos una joven salió llorando por la otra puerta de la cafetería, y no se quedó a ver como la pareja que antes fingía, tenía un momento tan autentico y real que hasta los más curiosos respetaron la privacidad del gesto y apartaron la mirada.
Inevitablemente el beso terminó y ambos se quedaron mirando al otro sin saber si lo que veían en el rostro contrario eran sus emociones, o un reflejo de las propias. El momento acabó y Tsukishima retrocedió un paso, tomó sus cosas y sin ser capaz de decir nada, se fue de ahí con un gesto de mano como única despedida.
...•••...
MoonMoon
Ayer
Me han dicho que Haruna ahora me odia.
Lo logramos.
-11:35 a.m
¿Entonces?
-11:51 a.m
Supongo que es todo.
Gracias por tu ayuda. Queda olvidado lo de Octubre.
-12:07 p.m.
¿Todo?
-12:08 p.m.
Hoy
Todo.
-01:58 a.m.
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Tsukishima se dijo a sí mismo que se iba a casa a descansar, a recuperar las horas de sueño que el semestre no le había permitido dormir, a ver a su familia, y volver con energía renovada para nuevas materias y retos. Y, así poder entrar finalmente al equipo principal de vóley en la universidad. Pero nada de eso estaba resultando.
Había ojeras bajo sus ojos, miraba el celular con insistencia y se preguntaba si había sido un error todo eso. No lo de la relación falsa, sino el último mensaje que le mandó a Tetsurou y el cual éste no contestó. Kei no lo culpaba. Él tampoco lo hubiera hecho. Después de todo, antes de comenzar esa tontería de relación falsa, no hablaban más que cuando Kuroo se cruzaba con él en el campus y en los entrenamientos.
Una vez durante una de las tantas comidas que tuvieron juntos, Kei le preguntó por qué si se conocían desde antes Tetsurou no intentó acercarse a él con cualquier excusa, y que de hecho solo aparecía para ayudarle ya fuera encontrando un edificio o dejándole su lugar en la biblioteca cuando ésta estaba a rebosar de estudiantes desesperados. Recordaba que Kuroo le dijo con esa tonta sonrisita que siempre tenía en los labios sobre cómo le daba su espacio para que supiera andar solo por la universidad antes de acostumbrarlo a su constante presencia. Tsukishima le dijo que era un tonto y el tema se diluyó entre la conversación que siguió.
Y la cosa no cambió el resto de las vacaciones. Se desearon feliz año nuevo como un senpai lo haría con un kohai y viceversa, pero lo que sea que hubiera existido entre ambos residía guardado en caja fuerte, con al menos cinco candados encima y la incertidumbre ocultándolo de la vista de ambos. Ellos habían cambiado junto con la estación del año, porque aún había hojas secas del otoño cuando Tsukishima se fue, pero el día en que este volvió a Tokio todo estaba cubierto de nieve, helado y solitario. Sin huellas por las cuales guiarse.
Y Kei, mientras desempacaba, se negaba a dejarse afectar por la ruptura falsa de su relación de mentiras. Aun si se sentía más cansado que cuando se fue y la universidad ahora se le hacía más grande que nunca y llena de gente desconocida. Inevitablemente miró las píldoras para la ansiedad en su mesita de noche, pero juntó toda la fortaleza mental que tenía y se dijo que no, que aún no. Que era fuerte y que si iba a recaer en eso no iba a ser por un corazón roto que le había afectado más de lo que había esperado, sino por el semestre lleno de desafíos. Además...
Quería hablar con Kuroo primero. De frente.
Estaba por saltarse la cena y acostarse a leer aun si sabía que debía dormir temprano porque al día siguiente su primera clase sería a las siete de la mañana, cuando la puerta del departamento sonó por un golpeteo insistente e irregular. Kei gruñó y pensó en fingir que no había nadie. Después de todo, su compañero de departamento no llegaría hasta el día siguiente, como a media tarde, porque malditos suertudos de filosofía y su horario vespertino. Sin embargo, la persona en la puerta insistió e insistió, haciendo que Tsukishima se levantara solo para decirle que podía irse a molestar a otro departamento porque él tenía que desvelarse en paz.
Abrió la puerta de mal humor, con su mejor mirada de pocos amigos en el rostro y una mala palabra en la punta de la lengua. Pero se quedó congelado en su lugar cuando, frente a él, como sacado de una de las películas más cliché del cine, encontró a Kuroo con su eterno cabello despeinado, esas sonrisa de medio lado en sus labios y una bolsa de Carls Jr en la mano. Tsukishima no sabía por qué, pero estaba seguro de que adentro además de la comida, habría una malteada de fresa con su nombre.
— ¿Qué haces aquí?
—Supuse que ya habrías llegado, y vine a ver cómo te ha ido viviendo sin mí.
Tsukishima le frunció el ceño, como siempre. Y se odió por caer tan fácilmente en esa provocación.
—Pues sobreviví.
—Sé que sí, eres fuerte.
—Y tú un idiota.
Kuroo le extendió la bolsa de comida, dándole una mirada que casi parecía arrepentida.
—Sé que sí, pero esto quería hablarlo contigo en persona. Hacerlo bien, ya sabes, para que no haya malentendidos y eso.
Ahora sí, un gesto de confusión total se hizo con las facciones de Tsukishima. Kuroo sonrió por lo malditamente adorable que era y lo mucho que eso le gustaba. No podía evitarlo.
No había contestado el mensaje de Kei porque le estaba dando tiempo, y se estaba dando tiempo. La relación de mentira solo desencadenó los sentimientos que en su momento albergó por el rubio, y que a pesar de pensar que ya los había enterrado, habían renacido cuando sus caminos se volvieron a cruzar en la universidad. Sin embargo, sabía sobre la ansiedad de Kei y se hacía una idea de las posibles consecuencias que la inestabilidad emocional podría traerle. Por eso, a pesar de que no pudo hacerlo de la manera convencional y ya estaban en algo que podría tornarse muy complicado, intentó hacer todo de la forma más sana posible.
Y aunque le dolió y fue difícil, esas semanas de vacaciones sin saber el uno del otro les ayudaron a ambos a entender que, aun si tenían sentimientos que podían ser recíprocos, podían vivir sin el otro. El punto clave aquí era que, al menos por parte de Tetsurou, aún quería al rubio malhumorado en su día a día.
—No sé de qué malentendidos hablas —tras haberlo dudado casi un minuto Tsukishima aceptó la bolsa de comida, abrazándola contra su pecho.
Involuntariamente buscaba algo a que aferrarse, inseguro de como acabaría aquella conversación.
— ¿Malentendidos en qué?
—En que te quiero, Kei. De verdad. Sin favores de por medio o niñas extrañas persiguiéndote a todos lados. Te quiero desde hace más tiempo del que podría admitir sin asustarte, y tener esa relación falsa contigo solo me hizo darme cuenta de que realmente me hace feliz estar contigo. Y me hace feliz intentar hacerte feliz.
— ¿Estás de...?
—No, no estoy jugando. Me conoces, tengo mi mirada seria en la cara —se señaló y Tsukishima resopló, pero en el fondo sabía que era verdad.
El tiempo en esos momentos era irreal. Pasaba en un parpadeo pero se sentía como una eternidad, aun si realmente seguía transcurriendo como siempre.
Finalmente, una pequeña sonrisa traicionó al rubio, quién por más que intentó contenerla no logró evitar que se posara en sus labios. Y negó tranquilamente, pensando en lo horrible que era la manera en la que Kuroo le aceleraba el corazón, pero que posiblemente solo él podría causarle aquello.
—No me harás decirlo.
—Tal vez aún no, pero te prometo que algún día lograré que me lo grites —apostó alto—. Lo que definitivamente si puedo hacer ahora es besarte.
Y lo hizo porque Tsukishima lo permitió. Unió sus labios en un beso que no tenía nada que envidiarle al último que se dieron, antes de la tormenta. Ahora la calma había llegado nuevamente y, mientras sus bocas se movían a un compás que solo ellos dos conocían, Kei entendió que otra de esas cosas que solo Kuroo podía lograr era cumplir promesas.
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shine
Si, volver a escribir se siente bien. Sigo en un ligero estado de shock porque no puedo creer que lo hice, y que no quiero dejar de hacerlo.
Espero les haya gustado la temática, a mi me gustó escribirla. Y tengo un montón de cosas que decir pero por ahora les dejo en paz, mañana vengo con el día dos y luego a ver qué pasa.
Ah si, casi se me olvida: si a alguien, alguna noble alma que guste ayudarme, se le ocurre un buen titulo para este One shot, soy toda oídos.
Sin mas, nos leemos 💜
Con amor, Lala 🌙
