Esto nació de un poema que escribí hace tiempo, y por más que me decía que ya lo iba a borrar, por algún motivo jamás lo hice. Lo convertí en esto y estoy feliz por ello.
Haikyuu no me pertenece.
Advertencia de intento narrador en segunda persona.
¿Autosabotaje o negociación?
En el fondo lo entiendes, Tsukishima. Que Kuroo llegó cuando más lo necesitabas, cuando te costaba mantenerte entero y cada respiración dolía más que una puñalada en el pecho. El mundo se veía gris y triste ante tus ojos, no existía un futuro y los pensamientos por los que llegaste a terapia eran cada vez más ys recurrentes.
Pero fue así, cuando contra todo pronóstico —y aunque le pediste que se fuera— que él se quedó. Se las arregló para hacerse un hueco entre tus miradas perdidas y pensamientos borrosos, tomó tu mano e incluso te sostuvo cuando así lo necesitaste, sobre todo al inicio cuando ni tú mismo admitías hacerlo; cuando no tenías fuerza en las piernas para mantenerte en pie ni ganas de abrir los ojos por la mañana.
Se quedó a tu lado en los momentos donde más perdido te sentías y todos tus planes se habían marchitando frente a tus ojos como las flores en invierno. El futuro se te antojaba un cuento para niños que con el tiempo más bien se volvía una historia de terror. Cada día era una pesadilla constante, ya fuera con los ojos abiertos o cerrados, incluso si lograbas salir de la cama. Te ahogabas, incapaz de sacar tu cabeza del agua. Pero Kuroo fue esa luz sobre la superficie a la que nadaste con la poca fuerza que te quedaba.
Intentas convencerte a ti mismo, aceptar que él te apoyó para salir adelante no por lástima, esperando que eso finalmente te ayudara a dejar de estar estancado en la idea de que le debes algo. Porque una parte de ti sabe que no se trata de eso; tú intentaste advertirle, alejarlo, cerrar la puerta en su cara. Pero parece que quedan personas obstinada en el mundo, porque él no desistió.
Y más que quedarse, se entrometió; comenzó a presionar y tocar puntos sensibles, sin miedo cuando reaccionaste como la criatura herida y asustada que todos llevamos dentro. Pero lo más importante Kei, es que Kuroo se las arregló para hacerte hablar, capturar tus pensamientos y encaminarlos hacia adelante. Hacia una realidad que necesitabas en esos momentos. Una motivación por el mañana que habías perdido en su totalidad.
Entonces no tiene caso arrepentirse hoy. Sucedió y no hay nada que puedas hacer para cambiar el pasado. Él logró lo que hasta entonces nadie consiguió. Y esa es hoy una de las piezas que te tiene aquí intentando sanar. No dejaste que nadie más te ayudara en ese entonces, pero él se abrió camino y aunque tercamente quieras pensar que no te dio opción, sabes que nunca puso frente a ti nada con lo que no pudieras lidiar.
Ultimamente recuerdas una de esas frases recurrentes en tu mente ahora que el tiempo ha pasado, donde decías que ciertamente habías sobrevivido a los últimos seis meses gracias a él. Al inicio tenías cierta preocupación oculta por haberte vuelto dependiente a su persona, pero un segundo después cuando supiste que querías terminar con él, tus pensamientos se volvieron confusos.
Pasaste tus materias, te graduaste de preparatoria y sobreviviste a la mudanza de Sendai a Tokio, en gran parte gracias a Kuroo. Su mano junto a la tuya y esa sonrisa que dices querer besar y golpear al mismo tiempo. Incluso superaste tu primer corazón roto, aún si a Kuroo jamás le hablaste honestamente de aquel idiota que jugó contigo, y de lo patético que te sentiste tú por habérselo permitido.
Crees que lo que te pesa de ese tema, es que no has sido honesto al respecto. ¿Has pensado en decírselo? No te regañes, es una pregunta válida. Querer entender es algo que todos hacen, que todos necesitan. Aún así, no es que no quieras contarle. Simplemente el tema ha quedado atrás y, aunque te cuesta admitirlo, encontraste a alguien mejor.
Pero el tiempo ha pasado, la terapia te ha ayudado, y entiendes que lo único que podría volver a dejarte en ese estado tan catatónico sería que Kuroo rompiera tu corazón. ¿Por eso prefieres ser tú quien se lo rompa a él?
Ya no necesitas aferrarte a nadie. Sigues siendo el mismo rubio sarcástico, insolente y desinteresado en el exterior, pero por dentro te centraste en ti, en sanar y volverte independiente. Por algún motivo eso se mezcla cada vez más con la sensación de que ya no necesitas a Kuroo.
Te dices una y otra vez de que el ciclo que ambos compartían terminó, que es hora de girar el reloj de arena y seguir adelante. Una nueva etapa. Aceptar que estás hecho para estar solo y que eso no está mal. Porque ya no te importa lo que pueda decir la sociedad al respecto... o tus padres. Pero queda esa pequeña parte de ti que no lo acepta, no lo entiende. Porque Kuroo ha sido bueno y lo único que realmente se ha interpuesto entre ambos es la distancia. Ahora viven en la misma ciudad y es contradictorio como tus dudas han crecido.
Y es un debate interno exhaustivo porque así como te niegas, no lo entiendes y rezas a quien te escuche aunque no crees para que nada de lo que piensas sea verdad. La parte razonable que te has esforzado en dominar te dice que sí, que está bien. Que estarás bien sin él.
Especialmente porque hay dos razones que no dejan de dar vueltas en tu cabeza, trayendo una y otra vez el impulso de terminar con todo.
Tú quieres estar con él. Lo quieres con todo y el temor que eso te causa pero... no puedes obligar a Tetsurou a quererte porque ese mecanismo de autodefensa se niega a creer cada vez que él te lo dice. Y, joder, realmente ahora puedes vivir sin él. Kuroo es listo. No tardará en darse cuenta de que ya no lo necesitas para respirar y querrá irse a donde pueda sentirse útil ¿verdad?
Porque así es la vida, juntando y separando personas gracias a las malditas circunstancias que pone y quita a su antojo... No, te dices. Tú decides. Tú creas tus circunstancias. Y por eso ahora, es tu instinto de autopreservación lo que intenta convencerte de que tal vez terminar es lo mejor.
Sin embargo, el agradecimiento que le tienes es tanto que te aterra. Decirle adiós se te hace tan imposible como necesario. Pero es lo correcto, ¿no?
Ya no lo sabes. Cada vez que piensas en esto acabas más enamorado y te odias por la debilidad que una persona te causa. Nunca logras pasar de la idea de que acabar lo que te salvó no es el camino que debes elegir. Pero al mismo tiempo si fuera el de Kuroo, no te quedaría más que aceptarlo.
Pero se aman. O al menos tú lo amas aun si nunca lo has dicho en voz alta, pero se lo gritas en cada beso que le das. El problema es que a veces piensas que tal vez es el último beso y tu cabeza comienza a doler.
No quieres aferrarte, no quieres pensar cosas que no son. El autoengaño es la forma más dolorosa de morir en vida. Por eso, contra todo, intentas soltarlo antes de que te sea imposible. O antes de que sea él quien se vaya y te deje atrás. Ahora podrías sobrevivir a eso, en el futuro... ¿quién sabe? Sí, sabes que sobrevivirás, y casi sonríes al notar que Kuroo te ha contagiado un poco de ese drama de juego que siempre se carga.
No te vas a morir. No te vas a morir. No te vas a morir... y tal vez nunca acabe.
Cierras los ojos y suspiras profundo. Es el mismo monólogo de siempre. No te quieres ir, ni alejarte. Pero ¿y si él...?
Tomas aire y te repites que si eso pasa, la vida va a continuar. No hay nada que no puedas superar. La idea de terminarlo para demostrarte que puedes también está ahí, pero es patética. No eres masoquista.
Tus pensamientos cambian igual que las estaciones, pero hay una cosa que no. Kuroo sigue ahí, intentando leerte la mente aun si tú intentas que no se note en lo absoluto que, a veces, piensas en terminar con él.
Es difícil. Duele. Es confuso. Una idea atropella a la otra en un torbellino de pensamientos. Quieres gritarle. Preguntarle porque sigue contigo si lo has empujado mil veces al borde. Pero como gato escurridizo se acerca una y otra vez sin lastimarte en el proceso.
Si Tetsurou hubiera hecho algo mal te habrías alejado hace mucho, porque aunque es injusto y todo, no te habrías arriesgado a ser lastimado. Kuroo sabe que se mueve por hielo delgado. Cada acción es un posible error, pero en sus ojos ves que lo disfruta porque al fin una relación le da un desafío al mismo tiempo que la tranquilidad que lleva buscando desde que, de hecho, también le rompieron el corazón antes de conocerte.
Y no se va.
No retrocede.
Toma tu mano.
Te mira a los ojos.
Respira profundo frente a ti porque sabe que imitarás el gesto.
Y la idea de terminar desaparece porque...
Lo amas.
Y por algún extraño motivo...
Te ama.
Vas a entenderlo y aceptarlo con el paso del tiempo, con su presencia constante y el hecho de que, de hecho no te quita independencia alguna porque él cree más que nadie en tu capacidad.
Finalmente vas a dejar de esperar que se vaya y la idea de terminar con él desaparecerá.
Por ahora,
acompasas tu respiración.
...
F I N
También para mi.
