Estoy en mi último año de Hogwarts y hay un chico que me gusta, pero hay algo que no está del todo bien con él. No, no es que ambos seamos chicos. El gran problema es que es un Gryffindor y aunque es un Sangre Pura mis padres nunca lo aceptarían por no ser tan buen partido para mí.
Incluso algunos de sus compañeros de casa lo insultan e intimidan por varias razones, pero en especial por ser un tanto regordete y muy torpe para la mayoría de las cosas. Pero todo eso a mí no me importa.
Reconozco que no es el más guapo de todo el colegio, pero es la persona más linda de todas. Aunque no siempre podemos reunirnos en la biblioteca para estudiar o hacer otras cosas para que sus compañeros no lo molesten por juntarse con "una sucia serpiente" como yo, hemos logrado mantener una amistad a escondidas por los últimos tres años.
Como todos los viernes, la última clase del día era pociones y como casi cada clase, Neville hizo estallar su caldero. No sólo Snape le bajó puntos a su casa y le dijo de todo, sino que sus propios compañeros se metieron con él.
Ver su car a de consternación al finalizar la clase y que haya salido corriendo apenas esta terminó fue la gota que derramó el vaso para mí, ya no podía seguir dejando que lo trataran así.
Encaré a sus compañeros y les dije de todo, pero no satisfecho aún fui a buscarlo para hablar con él. Lo encontré en los invernaderos, su lugar favorito.
Estaba llorando. Solo me acerqué a él y lo abracé, dejé que se desahogara. Me dijo que ya no soportaba la vida en Hogwarts, que se quería morir, que no valía la pena y un montón de estupideces. No dudé en detener toda ese vomito de tonterías para decirle lo mucho que me importaba a mí.
Después de que se tranquilizara lo acompañe a su sala común para que nadie se metiera con él en el camino, desgraciadamente no podía defenderlo de lo que pasara en la torre de Gryffindor, pero de ahora en adelante tendrían que contenerse o conocerían a un Draco Malfoy enojado y estoy seguro de que nadie quiere verme así.
