Haikyuu no me pertenece, el amor de Noe por hacerle este fic, sí.
Storgé
Akaashi no sabe cuánto tiempo ha dedicado a mirarle, pero siempre ha cuidado ser discreto y no delatarse.
No sabe hace cuánto tiempo se ha enamorado de él, pero es imposible negarlo a estas alturas. Por cosas de la vida continuaron en contacto tras la época de preparatoria y Keiji sabe que no quiere que eso acabe nunca.
Enamorarse de de Kenma se dio de una manera tan natural, tan imperceptible. Con tiempo, con gestos, sin forzar absolutamente nada. Al inicio pensó que era una amistad diferente a la que tenía con Bokuto, una que le agradaba mucho por la tranquilidad que le brindaba; sin embargo, conforme se encontró a si mismo mirando sus labios o queriendo tomar su mano tuvo que admitir la verdad.
Desde entonces sus sentimientos por el de Nekoma no habían hecho más que crecer. Quería protegerlo, pasar tiempo con él y compartir más de esas interesantes charlas que a veces continuaban por teléfono porque era tarde y ambos debían volver a sus respectivas casas. También, a veces se atrevía a admitir que quería invitarlo más veces a pasar la noche, como ahora que le veía jugar en su PSP con una cara de concentración que le cortaba el aliento.
Akaashi fingía leer, pero lo cierto es que sus ojos se desviaban cada dos o tres renglones hacia Kenma, y admiraba el brillo de determinación en su mirada o la forma en que mordía sus labios cada vez que su oponente era un poco difícil.
Quería besarlo. No una o dos veces, quería besarlo mañana y noche, como saludo y como despedida, o a veces hasta sin razón. Involuntariamente relamió su labio inferior y suspiró, volvió a intentar centrarse en el libro para cambiar el camino que sus pensamiento habían comenzado a tomar.
Eran solo amigos. Lo último que quería era arriesgarse a cambiar algo en la perfecta relación que tenían.
Kenma por otro lado no era ajeno a las miradas de su amigo, pero aunque normalmente le molestaba que alguien pusiera tanta atención en él como Keiji, cuando se trataba de este lo último que podía hacer era incomodarse. Él no se había molestado en ponerle un nombre a sus sentimientos, el simple hecho de ya experimentar una agradable presión en su pecho cuando lo veía era suficiente para saber que había algo ahi; algo que no existía con nadie más. Ni siquiera con Hinata y la alegría que le brindaba con su amistad.
Así que ahí estaba. No era de dar pasos ni movimientos, o intentar algo para salir de su zona de confort. Pero después de leer un poco sabia que lo que había entre ellos era una especie de amor storgé; algo que comenzó como fraternal, pero que se fue cultivando con el tiempo aún si ambos no sabían el lazo que estaban creando, y que a estas alturas se sentía como algo comprometido y duradero.
Después de perder dos batallas prefirió dejar la humillación y centrarse en quien acaparaba su atención con solo su presencia. Dejó el juego de lado y con movimientos como de un gatito tímido que tienta el terreno, fue a acurrucarse con él.
Akaashi se sorprendió un poco, pues sabía que Kenma nunca buscaba contacto físico aún si siempre soportaba el que ellos a veces tenían. No se quejó en lo absoluto y lo rodeó con un brazo, dejándole acurrucarse en la cama junto a él.
— ¿Que finges leer?
Las mejillas de Akaashi se tornaron ligeramente rosas, pero no negó nada.
—Es la novela de un programa chino que Oikawa hace ver a Bokuto. Esta interesante, aunque avanza un poco lento...—le explicó antes de cerrar el libro y dejarlo en la mesita de noche.
Una vez con las manos libres volvió a abrazar a Kenma, dando suaves caricias en su espalda. La familiaridad entre ellos era tanta que, si alguien que no los conocía llegara a verlos, podría decir que estaban juntos desde que eran unos adolescentes.
Kenma cerró los ojos y se dejó hacer. Se sentía tan seguro, como en casa.
— Keiji, quiero preguntarte algo.
—Dime, Kozume.
— ¿Crees que somos leales entre nosotros?
—¿Por que la pregunta?— Akaashi mentiría si dijera que eso no le extraño. ¿Leales? Nunca lo había pensado.
—Yo pregunté primero. Contestame.
—Bueno, creo que lo somos. En este tiempo nunca nos hemos traicionado, y dudo que llegue a pasar— murmuró después de unos segundos en silencio. Luego reanudó las caricias que detuvo por meditar su respuesta—.
—Yo a veces creo que no lo somos.
Listo, lo dijo. Podría afrontar lo que viniera ahora que finalmente lo había sacado.
— ¿Por qué no, Kozume? Si he hecho algo...
—Es lo que no has hecho.— le interrumpió en seguida. Akaashi le miro confundido y Kenma volvió a presionar. Ya había comenzado con ello, así que lo adecuado seris continuar a ver hasta donde llegaba.— Por ejemplo,¿que es lo que realmente pasaba por tu mente mientras fingìas leer la misma página del libro por al menos 15 minutos.?
Akaashi quería gritarlo, decírselo; quería hacerlo, pero no sabía que tan adecuado sería. Aún así tomó aire y valor...
—Que me gustaría besarte— lo hizo.
Kenma no supo si esperaba esa respuesta o no, pero le aceleró el corazón de forma casi dolorosa. Guardó silencio un segundo, pero se presionó un poco contra Akaasji para que no pensara que ignoraba lo que dijo. Solo necesitaba un poco de tiempo para procesarlo.
—También quiero hacerlo, he olvidado desde cuando. —admitió, levantando el rostro hacia él con una pequeña timidez.
Realmente nunca sería bueno dando el primer paso, pero ahora lo había hecho por Akaashi, y eso fue suficiente para desatar lo todo.
Alaashi se removió solo lo suficiente para quedar recostado frente a él. Y mirándolo a los ojos acarició una mejillas con la punta de sus dedos, sonriendole como en ocaciones solo le sonreía a él. A veces Kenma le correspondía, como ahora que sus labios se curvan en una pequeña sonrisa por lo cómodo que se sentía a pesar de todo.
— Hoy es...— intentó advertirle.
—Lo sé, no me importa el día.— no iba a rogar más por ese beso. Akaashi debía tomarlo o dejarlo.
Y lo tomo.
Después de eso solo tomó un pequeño impulso para unir sus labios en una suave caricia que les aceleró el pulso de golpe. Duró unos segundos, pero se repitió una, y otra, y otra vez. Se repitió hasta que ambos les dolieron los labios por tanto besar.
Pararon cuando se sintió correcto, y se quedaron mirando a los ojos como una pareja de años, en lugar de solo minutos. Si estaban destinados o no, solo el tiempo lo diría.
—Feliz San Valentin.
—Calla. Hoy es un día como cualquier otro.
—Lo es.
Philia
Muchos, con frecuencia, se preguntaban como es que seguían juntos. Desde que se besaron por la emoción en medio de un partido oficial contra Corea, algo intenso había comenzado entre ellos.
Sin embargo, la fe de que durará recidió solo en unos cuantos allegados. Cualquier otra persona (hubo quienes incluso apostaron) estaba segura de que esa relación no duraría más que unas cuantas semanas.
Y vaya que se equivocaron. Oikawa y Bokuto iban por su cuarto aniversario de relación en el día más romántico de todos: San Valentin.
Ambos sabían que esos pocos años eran solo el comienzo. A pesar de la poca fe que muchos les tuvieron al inicio de la relación, lo cierto era que ambos se habían demostrado algo que nunca antes habían tenido con alguien mas: solidaridad y empatía.
Oikawa se adaptó de una forma que sorprendió a todos al humor de Bokuto; aprendió a leerlo incluso antes de que algún episodio depresivo llegara. Le ánimo y estuvo para él cada vez que eso fue necesario. Por primera vez dejó de lado cualquier sentimiento negativo que pudiera tener al no ser el centro de atención o perder la mirada de alguien, y se centró en hacer brillar a Bokuto en cada oportunidad que tenía.
Bokuto por otro lado, pudo hacerlo lo que nadie había logrado: que Oikawa sintiera ser el centro de su universo. Ambos se dieron aquello que nunca encontraron con alguien más, sin quitarse ni tomar de más, de una manera tan sana que sonaba imposible.
Era un amor puro, lleno de risas, bromas y un montón de fogosos abrazos y gritos de "¡Boku-chan!" y "¡Tooru, mi universo!" A cada momento.
Los regalos entre ellos nunca faltaban. Ambos tenían una memoria especialmente buena para todo tipo de fechas, y por supuesto que ninguno olvidaría jamás un aniversario. Especialmente cuando todo se llenaba de corazones, dulces y mucho amor en el aire.
Sin embargo, ese día no salían a cenar, ni se daban los pomposos regalos que en ocaciones compraban para el otro. No había tarjetas ni nada que aludiera al día de los enamorados porque antes que eso era su aniversario, y con el tiempo habían encontrado la manera perfecta para celebrarlo.
Oikawa yacía acurrucado entre los fuertes brazos de Bokuto, y desvergonzadamente tenía una pierna sobre él. Era un novio posesivo, aunque por suerte no celoso ya que Bokuto jamás le había dado motivo. Nunca pensó que por tanto tiempo podría sentirse como el centro de atención de alguien, y no pensar que ya le había aburrido o que su infantil actitud ya le habría cansado. Bokuto siempre le miraba con la misma adoración que ahora, y no podía evitar sentirse muy amado.
— ¿Es hora de pensar en nuestros regalos, Boku-chan?— preguntó ahora que la película terminó.
Bokuto pausó por un momento las caricias que le hacía en la parte baja de la espalda y asintió, pero no se enderezó ni lo soltó, solo beso su frente y bajo la mirada para darle toda su adoración a través de la forma en que lo veía.
— ¿Puedes empezar Tooru bonito?
—¡Claro que si Boku-chan! Este año me diste muchos regalos— sintió como su novio lo estrechaba entre sus brazos y continuó— nuestro viaje a Grecia fue uno de mis favoritos, y el concierto al que fuimos en junio. Siento que este año te luciste.
》Pero, creo que el mejor regalo que me diste este año fue todo el amor propio que me hiciste sentir por mi. Y la confianza para presentar esa solicitud... además de que nunca dudaste que sería aceptado.
—¡Te lo dije!— rió feliz por aquello, tan orgulloso por que a Oikawa lo hubieran aceptado como entrenador adjunto de la selección nacional sub 17, teniendo él tan solo 25. Era difícil contener lo feliz que aún se sentía por él, sobre todo porque la temporada empezaría en Marzo y sabía que a partir de ahí el camino de Oikawa como entrenador y jugador no haría más que catapultarse y subir.
Kotaro no se sorprendería si su novio un día terminaba siendo su entrenador en unos juegos olímpicos.
—Se que lo hiciste... y aún si tu insistencia me molestó un poco al inicio, realmente agradezco toda la confianza que me tuviste y que me hiciste sentir. Eso fue lo mejor que pudiste haber hecho por mi este año.
—Siempre, mi brillante universo.— Oikawa sonrió por lo cursi y tierno que todo se había puesto, y se apretó más contra él— Tu turno.
—Bueno, la suscripción anual y toda la proteína fue increíble, porque sentí el apoyo a los cambios físicos que el entrenador me pidió hacer para mejorar mi juego. También que hiciste oficial mi club de fans, y ahora en cada partido hay al menos una grada llena que ha ido ahí por mi, gracias a ti. ¡Y toda la comida que hemos compartido este año!— exclamó feliz de solo acordarse los manjares que había probado con, y sobre, Oikawa. Se le hizo agua la boca.— ¡Ah! ¡Y el Nintendo Switch que siempre quise! Aún digo que deberíamos decidir quién hace el desayuno con una carrera en Mario Kart.
Oikawa rió melodiosamente, y Bokuto se puso un poco serio, luego continuó.
—Creo que el regalo más especial que me hiciste este año fue que... después de tres años de tratamiento finalmente pude dejar las pastillas para la ansiedad y depresión que traía conmigo cuando me conociste. —Oikawa estaba por interrumpirlo, pero el búho se apuró— Sé que es mi mérito y todo eso, pero también sé que mi tratamiento habría tardado mucho más si no hubiera contado con tu apoyo y confianza. Incluso cuando sentía recaer en esas emociones que me hacían daño...
Oikawa unió sus labios en un suave beso, sabiendo que ese era un tema aún complicado, pero que en efecto las cosas iban mejor que nunca. Había entendido lo que hizo por él, y no pudo evitarse sentirse una mejor persona aún si fue algo que no hizo con motivos egoístas. Fue solo por un amor que no terminaba de entender, pero que no había mermado ni un poco desde que comenzó.
—Fue un buen año.
— ¿Oya? ¡Totalmente!
—Este que viene será aún mejor, ¿verdad Boku-chan?— preguntó en un suave ronroneo meloso, besando lentamente las mejillas y labios de su novio, aún si la enorme sonrisa en sus labios se lo complicaba.
—Tal vez nos comprometamos.
— ¿Que? ¿Cuando?
—No lo se. Tengo que planearlo, debe ser perfecto porque es contigo.
—¡No puedes decir eso y no darme más detalles Boku-chan!
Ágape
Kuroo realmente se había esforzado por darle a Kei un día de San Valentin inolvidable. Lo llevó a su museo favorito, le compró su postre favorito y le fue llenando de cursis detalles, cada uno más dulce que el anterior.
Tsukishima lo juzgó y se burló cada que su novio le daba algo nuevo, pero terminó aceptando todos y guardandolos con cuidado para llevarlos a casa. El día finalmente acababa, y aunque la verdad habían tenido una cita que en el fondo disfrutó bastante, también sabía por qué Kuroo se había esforzado tanto...
— ¿Seguro que no quieres ir Moonshine? Tengo la reservación y se que te encanta la comida de ahí...
—Estoy cansado.
—Bien, entonces ponte el casco.—No insistió más— Iremos a mi departamento.
Fue un viaje tranquilo. El aire de invierno seguía siendo frío, pero la adrenalina y la sensación del viento entre el cabello y contra su piel (aún a pesar del casco) hacían que ir tras Kuroo en su motocicleta fuera una de sus actividades favoritas. Realmente lo iba a extrañar.
Cuando llegaron a la casa, Kuroo le ayudó a bajar, y tal vez le tocó más de lo necesario y se apegó a él un poco más de lo que acostumbraba mientras entraban. Kei le dio un suave golpe y Kuroo río.
—No puedes culparme, aún no te vas y ya te estoy extrañando.
—Aún estoy aquí, y por todo lo que me llevaste a hacer hoy, parece que me estas aprovechando— se quejó antes de dejarse caer totalmente exhausto en el sillón. Si quería tener energía para tener sexo con él antes de dormir, debía descansar un poco ahora; no por nada le llamaba 'bestia en celo' cuando quería molestarlo.
—Es que, será nuestro último San Valentin juntos...
—Al menos por un tiempo. Lo sé.
—En Tokio.
Kei estaba por suspirar y decirle que realmente no quería pensar en eso ahora, pero captó la ultima oración y supo que había más detrás de eso.
—¿Qué?.
—Bueno, quería decírtelo durante el postre de nuestra muy romántica cena. Pero ya que alguien no quiso ir, mejor decírtelo ahora que no tengo tu pene en mi boca y puedo hablar. Además aún no te hago nada y puedes pensar con claridad.
—Gato pervertido. No me cambies el tema.
Kuroo sonrió travieso, y una de sus manos comenzó a deslizarse por las piernas de Tsukishima.
—¿Recuerdas cuando prometí seguirte hasta el fin del mundo la primera vez que llegué a Sendai por ti, después de nuestra discusión por teléfono?— Kei asintió. Aquello había sido hace mucho, pero el rubio aún podía recordar todas las promesas que se hicieron después de entender como una pelea tan fuerte no debía separarlos— se que piensas que eran palabras del momento, y que no debo cumplir cosas así. Que las dije solo porque apenas llevábamos seis meses y no te quería perder. Bueno, aún no quiero perderte.
—Y no lo harás, tonto.
—Lo sé. Se que podemos hacer que esto funcione el tiempo que dure tu internado en Estados Unidos. Eso no lo he dudado ni un segundo pero Kei, lo cierto es que te seguiré hasta el fin del mundo. Quitarte esta oportunidad y hacer que te quedes no es una opción, pero comenzar contigo allá me pareció una buena... idea...— ahora que el rubio no decía nada, finalmente dudó un poco de lo que acababa de decir. No porque no quisiera hacerlo, sino porque jamas se imaginó que tal vez Tsukishima no querría.
Kei por su parte se tomó unos minutos. Por dentro quería sonreír, quería abrazarlo, quería hacer algo que demostrara lo estúpidamente feliz que estaba en esos momentos.
—Sabes... me molesta que no importa cuanto tiempo pasemos juntos, nunca voy a poder darte un tonto regalo de San Valentin tan bueno como este — se cruzó de brazos y le miro fingiendo estar enojado.
Kuroo sonrió y un hoyuelo se marcó en su mejilla. Tsukishima no pudo pensar en otra cosa que no fuera lo mucho que había llegado a amar a su novio, aún si rara vez se lo decía.
—Mañana me cuentas los detalles. Hoy realmente no puedo con más sorpresas.— pidió, aún estaba mareado por tantas emociones, y se sentia un poco patético porque no importaba cuantas veces Kuroo lo hiciera sentir así de bien, su corazón seguían sin acostumbrarse a la forma en que solo Tetsuso podía hacerlo latir.
—¿Me estas diciendo que me calle y que te bese?
— ¿4 años te tomó aprender a leer entre líneas? ¿En serio? Patéti...
Pero su burla fue interrumpida por los labios de quien robó su corazón hace tanto, y quien a pesar de los cambios, la madurez y el tiempo, seguía haciéndolo día con día; beso con beso.
Kei le rodeó el cuello y, al morder su labio inferior con gentileza, notó como activaba ese instinto en el mayor que, sin duda alguna, le dejaría sin poder caminar o sentarse dignamente al día siguiente.
Lo peor de todo (o tal vez lo mejor), era que no había faceta de él que no amara.
F I N
