—Solo unas cuantas cosas más y vamos por un helado, una promesa es una promesa.
Salir de compras con mamá siempre es muy divertido, y aunque ya soy algo mayor para acompañarla y luego pasar por un helado, es algo que siempre he disfrutado. Llevábamos horas por diferentes tiendas del callejón Diagon y solo hasta el final de la día nos dirigimos a Florean Foterscue, la mejor heladería del mundo, o al menos de eso creo.
–Un helado grande de chocolate con chispas y fresas explosivas –dije emocionado por por fin tener un poco de mi helado favorito.
–Tienes suerte, James –me dijo el encargado, ya no me sorprendía que las personas supieran mi nombre, teniendo en cuentra quienes eran mis padres –, solo quedaba para uno más by es para ti.
Mi madre pidió su helado y nos dirigimos a una mesa para poder disfrutarlos con calma.
Justo antes de llegar vi que a una linda niña rubia de unos 8 años se le caía su nieve, la cuál era idéntica a la mía y automáticamente se puso a llorar.
No lo pensé mucho y le dí mi preciado helado favorito, al fin y al cabo podía comprar otro de cualquier sabor y me sabría igualmente delicioso, pero esa niña ya no tendría el suyo.
–Gracias, chico lindo –dijo con una leve sonrisa.
–Vaya que lo es– mencionó una voz más grave.
Alcé la vista y vi a un muchacho guapísimo, no mucho menor que yo, así que supuse sería el hermano de la niña. Su cabello rubio platinado, piel pálida y ojos grises, además de una sonrisa perfecta hicieron que me sonroje violentamente.
Me levanté y fui donde mi madre sin ir por otro helado.
–Así que por eso no tenías novia– dijo mi mamá con una sonrisa que no hizo más que aumentar mi sonrojo.
