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[ basado en Danse Macabre y en Once Upon a December ]
"C'est la mort"
"Zig et zig et zag, la mort continue
De racler sans fin son aigre instrument.
Un voile est tombé! La danseuse est nue!
Son danseur la serre amoureusement".
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Bubbles era, indudablemente, la princesa más preciosa que alguna vez haya pisado la tierra.
Tenía el cabello rubio, tan brillante como la misma luz del Sol. Sus ojos, azules como el cielo, deslumbraban hasta en los ambientes más oscuros. Su piel era blanca y suave, con algunos lunares que ayudaban a las personas a entender que no era simplemente una muñeca de porcelana magnífica y frágil que con cualquier movimiento brusco podría romperse en pedazos. La princesa era la menor de tres hermanas, también bellas pero que no alcanzaban aquél porte angelical de la rubia, que con cada sonrisa movía el universo.
Incluso la habían llamado la reencarnación de un ser divino, la personificación de la misma belleza, lo más similar a la tan aclamada diosa, Afrodita, que haya podido habitar aquellos planos terrenales.
Lamentablemente, nadie es perfecto en ésta vida y hay males de los que no todos logramos escapar. La joven estaba enferma desde que era pequeña, siendo a sus diecisiete años una fortuna que siga viva. A su padre se le había dicho que la causa de su malestar era el mismísimo diablo, que quería poseer aquella belleza que la princesa siempre había irradiado y que, para ello, la consumiría poco a poco hasta que no quede nada de su hermoso ser. Pero, para la sorpresa del reino, ella conservaba su aspecto perfectamente a pesar de estar acercándose rápidamente a la hora de su muerte.
Bubbles, la bella.
Esa noche había sido una distinta en el palacio. Había un baile real al que se le concedió, sorprendentemente, la entrada a la muchacha. Le pareció extraño, ya que había vivido toda su vida aislada debido a la probabilidad de que su enfermedad se propague, y más siendo que estos últimos días, aunque ahora se sentía perfectamente, había estado en pésimas condiciones. Tras recibir la noticia de sus sirvientes, la jovencita no dudó dos segundos en comenzar a prepararse entusiasmada para aquél evento, usando el vestido azul tan precioso que siempre había querido estrenar pero no había tenido oportunidad.
Aquella prenda era digna de una reina. Realzaba toda la belleza que la rubia poseía, contrastando el azul de su vestido con el amarillo de su cabello, pero combinándose con sus hermosos ojos. Tenía una falda inmensa y larga, que estaba adornada junto al corset con detalles blancos y flores de de tela celestes. Era magnífico, no se merecía menos.
Ya peinada y retocada, la joven ingresó al salón tras ser presentada por los sirvientes, acompañada por los aplausos de los invitados. Luego de que ella realizara una reverencia, los presentes volvieron a lo que estaban haciendo: bailar y disfrutar del festejo. Era una noche magnífica. Los candelabros iluminaban la habitación que se alegraba con la felicidad que emanaban las personas allí, inundadas por el espíritu de la festividad. Era algo irreal para ella, solamente se había imaginado aquél escenario en sus sueños.
Se sentía completamente cómoda y a gusto, mientras danzaba con los invitados y consumía aquellos alimentos y bebidas que se le ofrecian. Su propósito era disfrutar aquellos placeres de la vida mientras tenga oportunidad. Y, vaya, ¡era maravilloso!
Ya, luego de un tiempo, algo le llamó la atención y un sentimiento de incomodidad se centró en su pecho. Desde que había ingresado al salón no había visto a nadie de su familia, ni a sus hermanas ni a sus padres. Era completamente extraño, siendo que ellos eran las máximas figuras en aquél palacio. ¿Por qué no se encontrarían allí?
Trató de buscarlos con la mirada, mientras se adentraba en el tumulto de gente levantando un poco su vestido para que estos no lo pisaran, y disculpándose con otros tras rechazar ofertas de baile. Pronto, la inundó la desesperación, ¿dónde estaba su familia?
Pero cualquier pensamiento que hubiera tenido en mente se esfumó en cuanto lo vió. A él.
Aquella figura masculina le miraba fijamente con unos ojos de un azul tan oscuro e imponente como el del cielo cuando oscurece y no tiene estrellas, al ser opacos. Era completamente pálido, a diferencia de ella cuyas mejillas estaban teñidas de rosa. Su traje era negro, diferenciándose totalmente de los colores que emanaban los de los otros invitados. Y, no lo iba a negar, era atractivo; a pesar de que era mucho más alto y sumamente flaco, sus rasgos eran finos y transmitía cierta tranquilidad en su rostro que resultaba pacífica. Era hipnotizante.
Sus miradas se enfrentaron por un tiempo, hasta que este le sonrió y se retiró entre los invitados. Toda aquella preocupación por el paradero de su familia fue reemplazado por su curiosidad y una simple pregunta, ¿quién era aquél joven tan atrayente? Bubbles estaba segura de algo, lo averiguaría. Buscó entre la gente algún traje negro y, cuando por fin lo pudo divisar, lo empezó a seguir. Él reía y se ocultaba cada vez más, convirtiendo la situación en un juego del que la joven no estaba completamente consciente. Ella quería saber quién es y, por sobre todo, por qué sentía que ya lo había visto antes.
Finalmente, aquellas "escondidas" finalizaron en un punto en el que la joven se encontraba frente a la puerta qué daba hacía el jardín, sin rastro del hombre que había perseguido minutos atrás. Un sonido la hechizó, un violín que entonaba la más preciosa melodía que había escuchado en toda su existencia. Sin ninguna duda, salió del salón transformando su objetivo en saber de dónde provenía aquella maravillosa música que le estaba haciendo temblar hasta los huesos debido a su magnificencia.
El jardín era su lugar favorito en todo el palacio. Allí podía estar en compañía de los animales, dibujando o leyendo sus libros favoritos donde las más hermosas historias de amor eran narradas. aquellas que, a pesar de que ocupaban la mayor parte de sus sueños, no creía poder llegar a vivir. La muerte le acechaba de cerca y ella, por mucho que le entristecía, le estaba esperando pacientemente, dispuesta a disfrutar lo más que pueda de los momentos que Dios le concedía la dicha de vivir.
La luna alumbraba completamente el lugar, no había necesidad de velas, todo se lograba visualizar con claridad. Los árboles, los arbustos, las flores tan bellas como ella. Todo se veía perfectamente. Caminó por varios senderos con dirección a aquella fuente de sonido. Poco a poco se fue adentrando y cada vez la melodía se entonaba con más fuerza. Su corazón latía con rapidez y mentiría si dijera que sus ojos no se llenaron de lágrimas debido a la emoción y la piel de gallina que aquella melancólica canción le provocaba.
Pronto, Bubbles pudo encontrar aquello que estaba buscando.
Al violín, y a él.
El subió se encontraba justo en el centro del jardín, donde la luz lunar alumbraba con más fuerza y una hermosa fuente se situaba a sus espaldas, en el centro de un círculo rodeado de árboles y varias flores. Él la miró, le brindó una sonrisa que expresaba confianza y calidez. La joven, un poco temerosa e insegura, ingresó poco a poco en aquel lugar, observando como el varón danzaba mientras tocaba esa melodía hipnotizante. Ella se sentó en el borde de la fuente, con cuidado de no ensuciar su magnífico vestido, mientras seguía mirando al intérprete.
La melodía terminó y ella, mientras secaba las lágrimas de su rostro, aplaudió a aquél músico desconocido que le llamaba realmente la atención. Este, tras hacer una reverencia ante los halagos de la rubia, con una sonrisa dejó el violín junto a su arco en el borde de la fuente y, respetuosamente, se inclinó y extendió la mano hacia ella sin palabra alguna.
Le estaba invitando a danzar.
Bubbles tomó la mano del muchacho tímidamente y se levantó con lentitud, dandole permiso a qué él posicione una de sus manos en su cadera y la apegue suavemente a su cuerpo que, para su sorpresa, emitía calor a pesar del frío de sus manos.
A pesar de que la música del salón estaba lejos de donde ellos estaban, Bubbles podía escucharla con claridad en sus oídos. Poco a poco, bajo la guía de su acompañante cuyo nombre no sabía, comenzó a moverse. Era un baile mágico que ella estaba segura de que solamente lo había presenciado en su imaginación tras leer esos cuentos de hadas que siempre le habían fascinado. No hacían falta las palabras, ellos se complementaban magníficamente, brillando incluso más que la luna en esa noche. La música comenzó a animarse así como también su danza, ya que se encontraban totalmente en sintonía y confianza. Ya no había miedo. Ella ya no necesitaba saber quién era ese joven tan misterioso. No había tiempo.
Giraban, reían, sonreían, sus movimientos eran completamente sincronizados, casi como si ese baile hubiera sido practicado arduamente con anterioridad. Al principio, Bubbles se sintió intimidada ya que ella jamás en su vida había bailado con un hombre que no haya sido su padre, pero pronto las dudas se disiparon dejando en su lugar nada más que felicidad.
¡Era el paraíso! Finalmente la vida le estaba recompensando. Dios había escuchado sus plegarias y le había entregado aquella dicha. Un amor tan puro y hermoso, mucho más bello de lo que ella había pensado. Era calidez. Supuso que así debía sentirse estar cerca del Sol. Su corazón latía con más fuerza que antes. Él era lo único que necesitaba. Se imaginó en todos los hijos, las aventuras que iban a tener, ¡su casamiento! Ella con un precioso vestido blanco, besándolo y jurando que sería suya por toda la eternidad, siendo complacida con las suaves melodías de su violín todas las noches.
Era magnífico, un sueño.
Se sorprendió cuando la música finalizó, había estado tan sumida en sus pensamientos que no se dió cuenta que comenzaba a amanecer. Supuso que habían estado un tiempo largo así. Se miraban fijamente, ojos celestes y azules, día y noche, brillo y oscuridad. Era un contraste perfecto.
Las frías manos del muchacho acomodaron los rubios cabellos rebeldes que se acomodaban en su rostro. Le acariciaba aquella sonrojada mejilla con una sonrisa. Bubbles estaba embelesada, embriagada por su propia felicidad y aquel sentimiento de plenitud que no terminaba de comprender. El varón acunó el rostro de la princesa entre sus manos, sin dejar de brindarle suaves caricias y de mirarla. Bubbles pudo notar un pequeño brillo en sus ojos azules.
Poco a poco, se fue acercando, rozando sus narices.
¿Acaso esto era real? ¡Tendría su primer beso!
Magnífico, increíble, un sueño, un cuento de hadas.
No había palabra que definiera lo que Bubbles estaba sintiendo en ese momento.
¡Qué alegría! ¡Qué dicha!
Finalmente, la besó. Suave y lentamente, mientras la princesa acariciaba su rostro. Fue eterno. Un beso lleno de amor, la joven se sentía como si estuviera en el cielo y que la persona cuyos labios estaba probando era nada más ni nada menos que un ángel que Dios le había mandado, en recompensa a su inmensa tristeza. La muerte no la iba a vencer pensó.
Pero, de repente todo se volvió frío.
La noche, el jardín, su beso, él.
Imágenes fugaces recorrieron su mente, recuerdos de aquella noche en los que los invitados se convirtieron en nada más no nada menos que esqueletos vestidos con elegantes ropas, que danzaban al compás de las más alegres canciones. Cerró los ojos con fuerza. Pronto, cualquier sentimiento que le había generado cualquier tipo de calidez se había esfumado, dejándola en un vacío que no lograba explicar. Incluso podía asegurar que su corazón había dejado de latir.
Finalmente, se separaron con lentitud, ya que a pesar de las cosas que sucedían en ella no había tenido la fuerza de romper con aquello que todavía le estaba dando algo. Cuando abrió los ojos, extrañada y asustada, lo primero que vio fueron los ojos zafiro de su acompañante mirándole con una tristeza inexplicable, así como la luz del Sol reflejando una parte de su rostro que se había convertido en puro hueso.
— Lo siento, Bubbles – pronunció.
Las lágrimas cayeron del rostro de la joven.
Finalmente, la había alcanzado.
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"Mais psit! tout à coup on quitte la ronde,
On se pousse, on fuit, le coq a chanté
Oh! La belle nuit pour le pauvre monde!
Et vive la mort et l'égalité".
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Bueno, bueno, bueno. Cositas a aclarar:
No es la primera vez que hago un fic en ésta época (?) Espero que haya funcionado, realmente llevo queriendo escribir está historia desde hace mucho.
Las canciones en las que me inspiré son Danse Macabre (habla, si no entendí mal, sobre la muerte que toca el violín en un momento del año y hace danzar a los muertos sobre la tierra hasta el amanecer, los textos del final y el principio son de eso) y Once Upon a December, porque me inspiré en un animatic muy conocido que tenía ésta canción versión piano, y que retrataban a la muerte de ésta manera; aunque sí, es diez veces más trágico. He llorado viéndolo.
Sobre la enfermedad de Bubbles, por lo que yo investigué sería tuberculosis, pero no la terminé de especificar porque tenía miedo de equivocarme y aparte me gustó cómo quedó así. Lo pongo en caso de que les surja la duda.
Also, hay una versión que se dice que "el paraíso" en realidad, cuando morimos, es nuestro recuerdo más feliz. Cuando estamos muertos vivimos en él todo el tiempo. Me basé en esa idea así como Gerard Way lo hizo con The Black Parade (?)
Me encantaría saber sus interpretaciones de la historia, lo que sintieron, el significado que le dieron a todo el texto o a una parte en específico. Es curioso ver los diferentes puntos de vista y me encantaría saber los de ustedes :D
En fin, ahora quería comentarles algo... serio. Ponele. Estos días he andado muy... para atrás, por así decirlo. No ando con ganas de nada, ni de escribir, al menos no en la plataforma; ya que realmente no me siento cómoda, siempre fui muy insegura con respecto a lo que escribo pero ahora es como que... no siento que valga la pena, supongo. No tengo ganas de seguir, je. Así que estoy pensando en retirarme de Fanfiction. En caso de que lo haga, me pareció un buen fic para la despedida, ya que no solamente fue algo en lo que yo me desafié sino que estoy satisfecha en como quedó. Todavía no está nada definido, puede ser que suba algún fic después de esto, quién sabe, pero en caso de que siga ese camino quiero decirles esto:
Gracias totales, por todo.
Espero que les haya gustado, de todo corazón.
Cheers.
