POV Albus:

Esta pelea ya la habíamos tenido mil veces antes. Él me pregunta por qué no puede presentarme como su pareja. Yo le digo que todavía no estoy listo para tener esa conversación con mis padres. Él me dice que ya pasaron meses; me dice que ya pasó casi un año. Se enoja, me hace un berrinche. Me disculpo, le digo que lo quiero. Nos besamos un rato. Y después olvidamos el tema, hasta que vuelve a suceder. Pero hoy lo noto especialmente molesto. Tiene una mirada que no estoy seguro de haber visto antes, y camina con una decisión que veo pocas veces.

Yo lo sigo, pero me rebasa por algunos metros. Lo llamo (sin mucha insistencia, porque no quiero llamar la atención), pero me ignora. Por fin, distingo a Rose en un pasillo. Ella está platicando con algunas amigas suyas. Él se acerca por detrás, la llama tocándole el hombro. Y lo que sigue sucede demasiado rápido: ella se voltea y, en cuanto lo hace, él le toma la cara y se la acerca a la fuerza; la besa; ella logra zafarse, desorbitada, y lo abofetea lo suficientemente fuerte como para hacerlo tropezar. Silencio.

Scorpius se lleva la mano a la cara. Retrocede. No lo veo, pero puedo imaginarme sus ojos a punto de romper en llanto. Sale corriendo, dirigiéndose al campo de Quidditch.

Entonces Rose me ve. Se me acerca, y me confronta.

- ¿Y ahora qué le hiciste, imbécil? – Me dice, también notablemente alterada.

- ¡Nada! ¡No hice absolutamente nada! – contesto.

- Y probablemente, ese es justamente tu problema… - Me dice, antes de salir por la misma puerta que salió Scorpius.

Me quedo estático, inmóvil. En este momento, no creo tener la fuerza para moverme. Supongo que entiendo sus intenciones. Entiendo que quería molestarme. Pero ahora solo estoy pensando en lo mal que resultó para él, y en que yo lo orillé a eso.

Me acerco a un muro, y me dejo caer, la cara hundida entre las rodillas. Percibo a dos personas acercarse. Se sientan cada una a cada lado de mí.

- ¿Estás bien? – Dice James.

- Vimos lo que pasó. – Se une Lily.

Supongo que ambos andaban por ahí. Pueblo chico, infierno grande. No digo nada. Nunca se los he dicho, pero supongo (no, lo sé) que lo infieren. Creo que todo el colegio lo infiere. Creo que nuestros padres lo infieren. Entonces, sí, solo son mis estúpidas inseguridades.

- No había necesidad de complicar tanto las cosas. Estábamos tan bien antes de… de todo esto. – Digo, levantando la cabeza un momento. Yo también estoy llorando un poco.

- No me hagas mucho caso, pero creo que tú estás decidiendo hacerlo complicado. – Me dice James. Lily solo me pone una mano encima de la espalda.

Los tres nos quedamos en silencio un rato. No sé cuánto tiempo nos quedamos así. Diez minutos, una hora; no habría podido distinguirlo. Hasta que Rose y Scorpius vuelven a entrar, juntos. Ninguno de los dos voltea. Caminan hasta las escaleras. Scorpius se nota considerablemente más calmado.

- No tienes que acompañarme todo el camino. Puedo seguir solo desde aquí. – Dice él.

- ¿Estás seguro? – Responde Rose.

- Sí… Gracias. De verdad necesitaba eso. – Scorpius sonríe tímidamente.

- Lo sé. Deberías sacarlo más seguido – le contesta Rose. Entonces ella lo abraza. Un abrazo muy cercano: le rodea el cuello con los brazos, su cabeza descansa sobre su hombro. Le susurra algo en el oído. Lo despide con un beso en la mejilla.

Scorpius sonríe, y se va. Yo, desde mi lugar, veo incrédulo esta última escena. Por primera vez, noto una reciprocidad plausible, y siento un dolor en el pecho. Entonces Rose voltea, y yo aparto la vista. Se me acerca.

- Eres un imbécil, Albus Potter. Un completo imbécil. No te mereces a ese chico, ¿lo sabías? – me dice, viéndome desde arriba.

- Ya lo sé. – Digo, sin verla directamente.

Me libero del abrazo de mi hermana, y me levanto. No quiero escuchar un sermón ahora, y mucho menos de ella.

Me dirijo a mi habitación. Sé que ahí encontraré a Scorpius. Sé que no hablaremos sobre esto. Sé que, cuando llegue, él se estará haciendo el dormido. Sé que hoy no buscará colarse en mi cama. Supongo que está bien, que me lo merezco. Mañana vamos a pretender que esto no pasó, y todo estará bien.

POV Scorpius:

Siempre es lo mismo con él. Pero yo siempre he sido paciente, porque, de eso se trata, ¿no? De dar, y dar, y dar, aún si nunca recibes nada a cambio. De pretender que estas bien con las decisiones del otro, porque es lo que un buen novio, lo que un buen amigo, hace. De esperar. De seguir bromeando sobre los hijos que tendré con su prima. Pero una cosa es pretender en público, y otra muy diferente es seguir haciéndolo entre nosotros. Al principio era divertido. Pero, después de casi un año, se ha vuelto agotador. Porque tener una relación no es solo besuquearse esporádicamente. Yo solo recalco que no tenemos dirección, y él lo minimiza. No consigo hacer que le importe. Y hoy me siento especialmente harto. Solo salgo de la sala común y camino a cualquier lado. Quiero estar solo.

Entonces, distingo a Rose, y mi lado racional se apaga por completo. No pienso. Simplemente me acerco. La beso. La beso, como debí haberlo hecho desde hace un año. Entonces, siento el golpe. No lo veo venir, pero supongo que debía esperarlo. Siento el ardor en mi mejilla, y lo siento enfriarse con una lágrima. Veo a sus amigas reírse por lo bajo. Siento mi propia frustración aflorar. Me voy, antes de ponerme peor.

Voy directo a las gradas del campo de Quidditch. Ya está anocheciendo, y sé que no habrá nadie. Ahí, me siento justo en lo más alto. Hundo la cara entre las rodillas, y lloro, ya sin retenciones. Oigo acercarse a alguien corriendo. Pero no es Albus.

- ¡Scorpius, qué bueno que te encuentro! – dice Rose, sentándose junto a mí. – Yo… Yo quería disculparme. No quise abofetearte. Me agarraste desprevenida, es todo. -.

- No. Perdóname tú a mí. No debí besarte – Digo, levantando por fin la cabeza.

- No, no debiste… - Dice ella.

- Pero estaba molesto. No debí actuar con la cabeza caliente. Lo siento – digo, más tranquilo, pero con las lágrimas aún resbalando.

- ¿Lo mismo de siempre? – dice, suspirando.

- Sí. Siempre es lo mismo de siempre. Siempre va a ser lo mismo de siempre, ¿no? –

- No lo sé, Scorpius, ¿lo será? – me pregunta, arqueando una ceja, pero con los ojos llenos de compasión.

- Esto nunca fue una buena idea. Yo podía seguir viviendo perfectamente bien como estaba… -

- ¿Sufriendo en silencio? – me dice.

- Pero por motivos más tolerables, Rose. Tuve que dejar que esto se complicara más de lo que puedo manejarlo. Creo que los dos estaríamos mejor – digo. Vuelvo a llorar.

- Tal vez – me dice ella. – O tal vez ustedes simplemente hubieran seguido incómodos negando su reciprocidad. Al menos hasta que Albus consiguiera novia. Él se hubiera convencido de estar enamorado, y tú hubieras pasado tu vida pretendiendo estar bien con eso. Tú tal vez hubieras ido tras de Lily, solo para poder seguir estando cerca de él, aunque no estoy segura de que eso hubiera funcionado. Al final, igual te hubieras casado con quien sea que tu papá te hubiera sugerido, solo para complacerlo. Hubieras sido el padrino de bodas de Albus, y el padrino de sus hijos… -

- Parece que lo trazaste mejor de lo que yo lo hubiera hecho… - respondo.

- Y un día, cuando ambos estuvieran viejos, se darían cuenta de que esa no es la vida que querían. Que dejaron que sus verdaderos sentimientos se les escaparan de las manos, y pasarían profundamente arrepentidos el resto de sus vidas. – concluye.

- ¿Tú crees? – pregunto, sin poder evitar enternecerme.

- No me consta, pero estoy casi segura. Ambos necesitaban esto. Necesitaban poder tenerse de esta forma, Scorpius. Pero… -

-Pero…-

- Pero eso no resta que Albus sea un imbécil. Yo sé que no lo está haciendo más fácil. Y no me parece bien que siempre seas tú el que tenga que ceder. – me dice ella.

- Sí, pero, ¿Qué más puedo hacer? Ya lo conoces. Solo tengo miedo de arruinar todo lo que ya tenemos. Yo quería esto tan desesperadamente. - digo, empezando a calmarme, por fin. Desahogarme con Rose me está ayudando.

- Tienes que empezar a imponer tus reglas, Scorpius. Yo sé que Albus cederá, porque yo sé lo mucho que te quiere. Pero no te puedes pasar la vida esperando que él tome acciones. Cuando ambos superen eso, sé que alcanzarán… Tranquilidad, estabilidad, firmeza. -

- Gracias por tus consejos, Rose. De verdad, desde el principio. Gracias por ser mi amiga – le digo, sonriéndole.

- Para eso estoy. Sabes que cuentas con mi apoyo. – Ella se pone de pie, y me tiende una mano, ayudándome a levantarme – Ahora, vamos. Ya sé que no querrás hablar con Albus, pero no te puedes quedar aquí para siempre. Te acompaño hasta la entrada de tu sala común, si quieres.

- Gracias – suelto, mientras le tomo la mano, y nos dirigimos de regreso.

Cuando entramos al castillo, lo primero que hago es notar a Albus. Se ve calmado, pero pensativo. Decido que es mejor pasarlo de largo por ahora. Pero también decido que tengo que parar con mi juego, y hacer las cosas por mí mismo.

- No tienes que acompañarme todo el camino. Puedo seguir solo desde aquí. – le digo a Rose, justo en el borde de las escaleras.

- ¿Estás seguro? – me responde ella.

- Sí… Gracias. De verdad necesitaba eso. – Le sonrío con una gratitud sincera.

- Lo sé. Deberías sacarlo más seguido – contesta. Entonces ella me abraza. Es un abrazo cercano, pero no desconocido. Es la clase de abrazos que siempre me da cuando me pongo a llorarle sobre Albus, esos cargados de un aire maternal cuya intención siempre es tranquilizar.

-Creo que él está viendo para acá- Me susurra en el oído. Me da un beso en la mejilla y sé que, por hoy, me está siguiendo el juego, para ayudarme.

Le sonrío cómplice, porque sé lo que ese beso significó, y me voy, sin siquiera voltear. Me dirijo a la sala común. Probablemente tendría que tomar el primer paso y tratar de hablar con Albus sobre esto. Pero hoy no tengo fuerzas. Llegaré a la habitación, me meteré a la cama, y haré un esfuerzo para quedarme dormido. Tal vez mañana se me ocurrirá una forma de sacar el tema a colación. O tal vez no, y simplemente pretendamos que esto no pasó, como siempre. Como siempre.