Advertencias: Posible OoC en los personajes.
Lenguaje obsceno.
Parejas: Connie Springer / Mikasa Ackerman.
Géneros: Romance
Clasificación: K
Disclaimer: Todos sus personajes a Hajime Isayama.
Summary: Cuatro ocasiones en las que Mikasa recibe margaritas y una en la que no — ¿Sabes? A mi también me gustan las margaritas
N/A: Al final del capítulo.
Margaritas para ti
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—La tierra es insultada y ofrece sus flores como respuesta.
[ Rabindranath Tagore ]
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La primera vez que Mikasa recibió una margarita, fue antes de la graduación como reclutas; ya todos habían tomado la decisión o por lo menos ella ya la había tomado. —Proteger a su familia cueste lo que cueste, incluso si eso significaba buscar la propia muerte a manos de monstruos gigantescos—, enlistarse a la tropa de exploración no le había tomado mucho tiempo.
Mikasa sabía que sea cual sea la elección que hayan tomado para elegir una rama militar a los superiores no les importaría mucho.
Así que cuando vio el frasquito al pie de su cama con una solitaria y corta margarita que apenas podía sobresalir de su encierro de cristal, Mikasa no supuso que era algún tipo de regalo por parte de sus superiores. Ella había admirado el pequeño regalo con la ingenuidad enmarcada en sus opacos ojos.
No entendió el porqué de aquello pero el pensamiento no duró mucho en su cabeza antes de encogerse de hombros y dejarlo en la ventana.
— A mamá le gustaban mucho las margaritas…
La segunda vez que Mikasa recibió margaritas fue poco después del intento de secuestro a Eren por parte de nada más y nada menos que dos de sus compañeros más allegados: Reiner y Berthold.
Fue una pelea extenuante. Ya no era sólo combatir titanes sin conciencia alguna, ni siquiera pelear contra un titan que tuviera las mismas características que Eren, si no con dos de los peores enemigos que en ese entonces representaban para la humanidad.
Muchos soldados habían perecido en el campo de batalla, otros salieron heridos, tal como el caso de ella.
"por más terca que seas tendrás que descansar un par de días, estoy segura que con reposo todo saldrá bien."
Le había dicho esa mujer llamada Hanji, lo que a Mikasa no le dijo es que serían días lentos y aburridos sin mencionar la creciente preocupación por el estado en el que se encontraba Eren. Armin le mencionó sobre algunos experimentos que estaban discutiendo el jefe de escuadrón Levi y la segunda al mando Zoe sobre el cómo utilizar el titán de ataque.
A Mikasa no le pareció nada atractiva la idea de que su única familia fuera una rata de laboratorio pero poco o nada podía hacer en su situación actual. Ser ayudada ahora para hacer simples tareas como el desplazarse de un sitio a otro, vestirse o ir al baño tampoco era algo que mantuvieran el ánimo arriba y las horas encierro postrada en una cama eran solitarias.
Las visitas de Armin eran un constante consuelo en la soledad de aquella habitación y la extrovertida aparición de Sasha también alegraban sus mañanas cuando llegaba alegremente con su desayuno —más de una vez Mikasa terminó compartiendo su ración con la pelirroja ante la insistente mirada de cachorro abandonado que ponía una vez que ella terminaba suyo —pero en general ver transcurrir el tiempo era sofocante, pensó que haber permanecido inconsciente sería más fácil y con ese pensamiento ella se rendía al aburrimiento y cansancio mental mientras cerraba los ojos y caía dormida.
Al menos así transcurrieron varios días hasta que en una ocasión fue diferente.
Despertó cuando los rayos del sol vespertino se iban escondiendo a través de los espesos bosques, respiró hondamente y se tomó varios segundos para adaptarse al ambiente antes de enderezar su cuerpo en el colchón; fue entonces cuando las vio.
En una botella de largo pico, dos margaritas ondeaban junto a las cortinas ante la suave brisa de la tarde, el tronco de aquellas flores eran más largo y ambas sobresalían libremente de la botella, el viento ya le había robado varios pétalos a una de ellas pero Mikasa se propuso a cerrar la ventanas para evitar la mutilación de aquellas plantas.
Solo cuando la ventana se selló fue que Mikasa admiro en silencio la botella, con precaución, tomo el objeto de cristal antes de sentarse en la cama, ladeó la botella de un lado a otro para ver si no había alguna especie de nota pero lo único que logró fue que otro par de pétalos se soltaran de la floresilla. Mikasa detuvo su infructuosa búsqueda y decidió admirar lo que quedaban de las margaritas; las olisqueo con pasipornia inhalando su perfume.
Olían al campo, el aroma le trajo un vago recuerdo de su hogar, Mikasa solía cortar muchas flores para su madre cuando era niña y aquellas margaritas era una de las tantas que ella le ofrecía a su progenitora.
Suspiro suavemente mientras bajaba la botella a su regazo a la par de una suave pero evidente sonrisa.
El momento terminó con varios golpes en la puerta antes de que se abriera y diera paso a la silueta de su amigo rubio y en sus manos, una charola de lo que sería su cena.
— Que bueno que ya estas despierta ¿tienes hambre? — cuestionó con amabilidad al tiempo que se acercaba y depositaba la bandeja de comida en la pequeña mesa de noche mientras hablaba sobre lo muy ocupado que habían estado todos durante el día.
— Gracias — le dijo a Armin y para su sorpresa, él no parecía saber el porqué.
La sonrisa de Mikasa, se desvaneció.
—...ella siempre sonreía cuando le regalábamos margaritas, incluso nos premiaba por hacerlo…
La tercera vez que Mikasa recibió margaritas fue después de volver del ataque liberio.
Muchos habían celebrado el éxito que obtuvo la misión después del súbito ataque de Eren contra el pueblo de Marley pero para ella no había nada que celebrar, había perdido no sólo a una amiga sino una parte más de su confianza en la familia.
Lo que ella había hecho contra gente inocente no podía ser perdonado, pero así eran las guerras, siempre había víctimas y ella había dejado de ser una hace mucho tiempo. Los motivos de Eren ya no eran claros, ahora no solo eran enemigos de Marley sino también del mundo entero y eso la entristeció. Había añorado fervientemente un futuro brillante donde pudiese ver más allá de aquel mar, uno donde gente nueva pudiese hacer las paces con su raza sin discriminarlos y fue doloroso ver la cruda verdad alejada de esa fantasía. Entonces, Eren apareció pero ya no representaba ninguna tranquilidad para ella y el resto de sus amigos; ahora solo quedaba remordimiento, ira y rencor.
Eren se estaba convirtiendo en un enemigo para su familia y lamentablemente, ella no podía cruzar esa barrera, no ahora que ya había visto el mundo en que nació.
Ahora todos desconfiaban de él.
Connie había reclamado la acción de Eren ante la muerte de Sasha y ella trató de defenderlo pero no había nada que defender, no entendía el motivo de aquella reacción, de alguna forma todos estaban ahí para sentir el peligro inminente que se acercaba. Armin dio una solución, ella se negó, Jean no dijo nada al respecto y Connie se hundió cada vez en la sombra opaca que le devolvía el reflejo de la ventana.
Nadie sabía qué hacer, y ella tampoco.
¿Por qué? ¿por qué no puede haber otra forma?
Mikasa no quería una guerra contra otra nación, ella no deseaba matar, estaba siendo empujada a hacerlo.
Ya no era igual, nada sería igual ni ahora y supuso que nunca.
Aquella noche, durmió sola viendo el fantasma de Sasha merodear en la esquina de sus ojos, un constante recordatorio de lo que estaban haciendo, entender que aquello no solo hacía sufrir a gente desconocida, sino también a las personas mas importantes en su vida no le trajo ninguna paz.
Ella no estaba disfrutando de la guerra, la odiaba.
Sintió sus ojos empañarse, Mikasa pensó que no sería bueno si a estas alturas quisiera arrepentirse, ella no podía detenerse y trató de convencerse de eso, que no había un retroceso de las decisiones que ya se tomaron.
Eso intentaba cuando escucho que la llamaban al otro lado de la puerta, se trago el sollozo que había intentado salir de su garganta y se enjuago las lágrimas que no había llorado antes de recomponerse completamente y gritar una respuesta.
Pero nadie entró, sino que siguieron un par de toques insistentes sobre la madera, ella volvió a gritar pero nadie entró. Ella frunció las cejas molesta decidida a encarar a quien tanto insistía al otro lado.
— le dije que podía... — pero no había nadie, solo la tenue luz de las lámparas y el silencio del pasillo, ella puso un pie afuera de la habitación con la intención de salir cuando escuchó el crujir del papel bajo su zapato.
una envoltura de color café fue lo que encontró.
Mikasa se agacho para tomar el papel cuando se dio cuenta que era un racimo de flores, no más de cinco margaritas ocupaban espacio entre la envoltura cafesosa y Mikasa volvió a fruncir el seño, volteando a todas partes para encontrar al responsable que las habia abandonado al pie de su puerta.
Volvió su vista a las flores que sostenía, reparando en un detalle que no había visto; entre aquellas margaritas había una pequeña tarjeta en color ocre, no había un nombre ni nada más que una frase pidiendo disculpas.
Mikasa apretó los labios repentinamente molesta.
— Como si esto me comprara — y las tiró al suelo.
—...mi papá solía regalarle rosas cuando ella se enfadaba con él pero nosotros no teníamos ni un centavo para hacer lo mismo asi que le dábamos las flores que crecían en el patio.
La cuarta vez que Mikasa había recibido margaritas, fue años después de que el mundo estuviera al filo de desaparecer a manos de Eren y su ejercito de titanes.
Las naciones vecinas los habían catalogado como héroes pero ninguno se sentía como uno particularmente. Mikasa había perdido más de lo que obtuvo y cómo ella, había muchos erdianos de paradis que estaban en la misma situación, una gran cantidad de su raza habían perdido sus hogares, sus bienes y sobre todo, una familia.
Los Erdianos culparon a Marley, el resto del mundo, los culpo a ellos.
Mikasa había dejado de hacerlo, si por alguna razón decidía meditar más en eso los "hubiera" no la dejarían en paz y terminaría lamentándose por algo que no debía.
Eren había decidido su propio futuro y ella también lo hizo.
Era difícil regresar a la normalidad, si es que se podía tomar así, afrontar que las cosas eran distintas le tomó tiempo, incluso si pasaban años, no se borraba la muerte y la pérdida, solo hacía que fuera más amena.
Armin le había dicho que iba a costar mucho pero que no quedaban opciones; o seguían adelante o se quedaban atascados. Las dos opciones eran igual de buenas que malas.
Pero ella también lo haría, seguiría adelante porque Eren lo hizo también.
Era el aniversario de Nikolo. Se había casado y felizmente estaba esperando a su primogénito. La familia de Sasha habían decidió abogar por él y a la que era su esposa —una señorita de pueblo muy coqueta— y la invitación llegó a ella tan pronto como el sol.
"No es nada malo celebrar que aún estamos vivos" eso fue lo que vio escrito en su propia carta, ella, no lo contradijo.
La comida iba y venía, todo de la mano de Nikolo, ella pensaría que era injusto que el festejado tuviese que atender a los invitados pero el rubio parecía contento con eso y ¿quien era ella para negarle ese deseo? Exacto, nadie.
Se sentó en una de las mesas junto a Armin, a lo lejos escucho los violines y el toque de algunas guitarras ¿o eran flautas? Mikasa no podía distinguirlo entre el ruido de la gente y los vítores de felicidad hacia la alegre pareja. Armin se había parado para darle las enhorabuena y ella iba a seguir el mismo ejemplo cuando sintió un leve tirón de sus faldas.
Mikasa volteó de inmediato chocando con la imagen de una niña pelirroja y llena de pecas en el rostro, ella le sonreía alegremente mientras sostenía una canasta llena de galletas que, seguramente, estaba repartiendo entre los invitados.
— Hola — saludó la pequeña con entusiasmo — ¿tú eres Mikasa?
Mikasa parpadeo confundida mientras asentía despacio. La pecosa le extendió la canasta hasta que Mikasa la tomó indecisa, la niña le sonrió una última vez antes de echar andar fuera de su vista. La pelinegra se quedó parada sin saber que hacer con la canasta llena de galletas y justo cuando estaba apunto de seguirla las puertas se abrieron con un estruendo y un joven moreno de cabellos negros entró apresurado con un gran arreglo florarl de margaritas ante las miradas de los invitados.
— ¡¿Está aquí Mikasa Ackerman?! — vociferó el moreno, Mikasa se encogió sin saber si levantar la mano o hacerse la sorda, no había reparado en el sentimiento de vergüenza que la azotó hasta que la señalaron y el moreno caminó hacia ella tropezando con sus pies debido a las flores que le impedían ver por dónde andaba.
— Para usted — le dijo depositando las flores entre sus manos. Ella tuvo que hacer malabares entre la canasta y las flores y por poco se tropieza si no hubiese sido por la mesa que le sirvió de apoyo evitando así una inminente caida.
Suspiro viendo hacia el joven quien ya se disponía a irse pero Mikasa no dejó que escapara sin antes preguntarle quien las había mandado. El joven simplemente se encogió de hombros con aspecto exasperado — Yo no se señora, a mi sólo me pagaron por entregarlas.
Y la dejó plantada en medio de las miradas ajenas de docenas de invitados.
—...yo no me considero un fanático de las flores, pero estas en especial me gustan…
— ¿Sabías que Sasha te traicionó por un pedazo de pan? — le dijo una vez, varios meses después de la fiesta en casa de los Braus.
Él la miró con una falsa mueca de sorpresa pero volvió su mirada amielada a la lápida gris opaca de su amiga y hermana.
— No lo sabía, pero lo supuse — Mikasa vio como él se paraba del pasto donde estaba sentado para encararla. Era una tarde fría de invierno así que llevaba una gabardina que le cubría hasta las rodillas y un gorro de lana color verde.
— ¿Un arreglo de flores que mide casi un metro no te parece muy ostentoso?— cuestionó pero él sólo se encogió de hombros con una sonrisa pegada a los labios.
— Lo recibiste, al igual que todo lo demás.
— Estuve apunto de tirar unas por la ventana.
Él se sonrojo.
— Me había enojado contigo y tú conmigo, era normal — le dijo y ella dejó aflorar una sonrisa en sus labios.
— ¿Era tu forma de disculparte?— ella arqueo una ceja divertida.
— Algo así — dijo tras una risa nerviosa. Un viento frío corrió entre los árboles desnudos y casi le arranca la bufanda azul que se había puesto esa mañana, ella bajó su mirada hacia sus manos enguantadas.
— ¿Me regalas margaritas porque te gustan?
Ella ya lo había imaginado, no, ella había visto el futuro. Cuando Armin partiera sólo habría dos personas que le quedarían, había estado pensando desde hace mucho, se estaba mentalizando para eso, lo inexorable. Mikasa habia perdido mucho en la guerra, y pronto perdería más; ella al menos quería saber sí quedaba algo que proteger.
Hubo un silencio antes de que Connie se acercara a ella, tan sólo un par de pasos.
— No — respondió con seguridad — te regalo margaritas por qué tú me gustas.
Y es verdad, a ella todavía le quedaban cosas por las cuales luchar.
Connie la miró seriamente antes de tomarla suavemente por los hombros; la textura de sus manos era diferente encima de su suéter pero Mikasa podía sentir el ardor a través de la tela.
— Mikasa — le llamó — yo…
— Lo se — Mikasa no dejó de mirarlo — yo también.
De entre todas las respuestas, estaba segura que Connie no esperaba esa y lo sabía por la cara de ingenuidad mezclada con sorpresa, ella trato de no sentirse ofendida por eso.
Ella se alejó del agarré de Springer metiendo sus manos en los bolsillos de su suéter. El silencio lo había envuelto y con cada segundo que pasaba, más tenso se volvía el ambiente.
— Mi casa no está tan lejos de aquí — le mencionó dándose la vuelta hacia la salida del cementerio — ¿por qué no vienes a cenar?
Connie se quedó admirando en silencio la espalda de la pelinegras, ella no lo miró de nuevo y supuso que no lo haría hasta que el decidiera aceptar o no su invitación pero ella no espero la respuesta cuando comenzó a caminar hacia la salida y él se quedó pasmado hasta que se vio a sí mismo corriendo tras ella.
Sólo cuando él llegó a su lado fue que Mikasa lo volvió a mirar sonriente
— ¿Sabes algo? A mi también me gustan las margaritas
Lloro por dentro.
El Connie x Mikasa es, sin duda, la ship que me sale más natural. Admito que si estuve batallando porque no sabía cómo llevar las cosas, si algo se notó de Springer es que después del time skip el muchacho a cambiado. Yo soy más de llevar esta pareja con alegría, risas y algo de comedia pero la idea ya estaba hecha en mi cabeza, solo me faltaban palabras para escribirla.Espero que les haya gustado.
—Zeth
