Resumen:
"—Quiero hacer las cosas bien —un asentimiento y una mirada insistente es lo único que recibe de su parte—. Propongo que seamos exclusivos. Tú y yo."
Secuela de "Sin compromisos" y "Es complicado" [3x5x3] [Rating: NC-17]
Oneshot que participa en la treceava convocatoria de "Gundam Wing en Español" (página de Facebook).
Declaración: "Gundam Wing" pertenece a Estudios Sunrise, yo solo me beneficio de los atractivos personajes y lo shippeables que son.
Advertencia: Sexo explícito entre varones. Si no te gusta el yaoi, por favor no leas; en caso contrario, ¡eres muy bienvenido!
EXCLUSIVOS
Por: Pervertida Yaoista
La oscuridad reina en el aposento y cuando despierta en la cama ajena, sabe que le costará muchísimo dejar de visitar a su compañero de batallas durante las noches siguientes.
La suavidad de la espalda, marcada por arañazos suyos, provoca en él el deseo de acercarse y mimarla, consentirla con la aspereza de sus dedos, con la firmeza de un beso… con el roce furtivo de su lengua perezosa que recorre el borde de la oreja izquierda hasta perderse en el hombro del mismo lado.
Un acto reflejo le obliga a apartarse un poco, porque Wufei literalmente se esconde bajo las cobijas y rumia algo que suena a "aún no escucho la alarma" como justificación para dormir unos minutos más. Pero no quiere darle ni un segundo.
Lo atrae prestamente con las manos desde la cintura, presionándose tras su espalda y enredando las piernas a las suyas para poder entreabrirlas. Puede verle voltear un poco la cabeza y mirarle, ojos semi cerrados, sueño inserto en el cerebro, aunque la piel se le eriza automáticamente cuando le recorre el pecho y el vientre con las palmas calientes.
No hay palabras que puedan salir de la boca de Wufei. A lo más, suspiros pesados que se quiebran cuando las manos de Trowa bajan y se entretienen con sus genitales. La derecha soporta el peso de su cadera, pero no le impide alcanzar el pene flácido, poco cooperativo a esas horas de la cansada madrugada. Un gemido se ahoga en la almohada cuando con la siniestra apresa sus testículos, tan sensibles como lo notó la noche anterior.
Suspira fuerte tras su oreja y se permite solo unos cuantos minutos de eso -caricias lentas y pacientes, aliento cálido y pesado quemándole la piel- antes de aprovechar el incipiente goteo manando del miembro estimulado para acariciarle atrás.
Lo que encuentra es un hinchado nudo de músculos que se fruncen cuando Wufei se aprieta contra él. Lacerante candor que le remece sobre la cama, acomodándose, echando el culo hacia atrás, separando más las piernas.
Trowa tiene que hacer acopio de su autocontrol para no apresurar las cosas y lo prepara en esa posición todo lo que puede, todo lo que él se lo permite. Un "Barton" cargado de voz ronca por la modorra y la lujuria, y una mano que viaja entre las mantas hacia atrás para aferrarse a su muslo, son el aliciente que necesita para avanzar.
No está pensando demasiado cuando busca el bote de lubricante que dejó bajo la almohada la noche anterior para aplicar a su erección y empujar, forzando los límites, para albergarse en el tierno y abrasante interior. Es tan asfixiante como las llamas que respira al hundir la cara en la maraña de cabellos negros, inundándose con su olor, con el salvaje almizcle que se confunde con efluvios de las sábanas ya antes mancilladas.
El vaivén es jodidamente lento, llega a ser exasperante, pero Chang no se queja ni una vez, perdido en la bruma que causa su mayor sueño húmedo hecho realidad. Trowa Barton y su perfecta humanidad, cogiéndolo en su cama, un sexo mañanero que él no buscó pero que está ansioso por hacer parte de su rutina.
Trowa se deleita viendo y escuchando a Wufei por sobre el hombro de éste y determina, sin temor a equivocarse, que todo lo que conocía como erótico ahora conlleva un nuevo significado.
Porque él y esa forma tan libidinosa que tiene de morderse el labio inferior a la vez que sisea cuando lo penetra, es encantadora, y Trowa se acomoda sobre un brazo en la cama para inclinarse y exigirle un beso.
Por supuesto que Wufei responde de inmediato. Alza su cabeza y lleva su mano libre para sujetarse a la cabellera castaña, manteniendo un férreo agarre mientras abre la boca, le lame los labios, le recibe en su interior y gorgorea un sonidito de placer que hace eco en la cavidad contraria.
Trowa, que no se ha atrevido a cerrar los ojos para no perder detalle, acelera el movimiento de caderas abriéndole las piernas en ángulo recto. Wufei aumenta el sonido de su voz y el agarre de sus dedos entre el pelo. La pose de costado es muy placentera y sisea entre respiraciones entrecortadas cuando las arremetidas se vuelven nalgadas en toda regla… es una sensación desesperante cuando le martillea con tanto afán, como queriendo anunciar que le pertenece aún sin serlo.
Con ese indecente pensamiento en mente, Wufei ahoga los siguientes gemidos contra la almohada, apretándose a la tela mientras la urgencia le obliga a desenredarse del cabello de Trowa para tocarse.
Es duro, vibrante, cruel en su rapidez, torturantemente delicioso cuando él frena las embestidas y le da un respiro.
Ladea el rostro para ver por sobre su hombro la expresión de Trowa: está muy excitado. Las pupilas dilatadas, el sudor pegándole las hebras a la piel, sonrojada por el esfuerzo y la agitación; todo le muestra la faceta más oscura y auténtica que hay en él, y eso le calienta mucho más.
—No te atrevas a parar ahora… —advierte con la voz hecha un nudo en la garganta a la vez que retoma la cadencia constante sobre su erección.
Trowa, que le mira aún fascinado, tiene la necesidad de hundir los dientes en el hombro expuesto y gruñe pesado contra él, meneando la cadera hacia adelante y atrás. Le gusta cómo se siente aquel ángulo estrecho, le encanta, pero no es suficiente. Sabe muy bien que sus ganas no estarán saciadas hasta que le folle duro y fuerte.
—De rodillas —sus palabras se ahogan, concentrado en abarcar tanta piel como le sea posible con su lengua y sus labios. Una succión en el cuello y unas embestidas particularmente severas arrancan gemidos lánguidos, la mordida posterior le provoca una sacudida—. Te quiero de rodillas —susurra en su oído mientras inclina su propio peso hacia adelante para cambiar la posición.
Con los músculos ya temblando por la tensión y el placer, Wufei se acomoda como le pide, y alza el culo en el mismo instante en que los dedos de Trowa le sujetan firme de la cadera para meterse más adentro. Puede sentirlo palpitar, febril humedad facilitando la salida y una succión delirante al volverse a meter. Hasta la cama chilla un poco cuando Trowa inicia el vaivén.
"Por lo que más quieras, no pares, Trowa, no pares, no". Es lo que su mente repite una y otra vez, pero Trowa termina escuchando igual cuando su cuerpo no responde a su raciocinio: su boca entreabierta, casi mordiendo la blanda superficie en que se apoya, le traiciona y balbucea la retahíla de palabras.
Acelera el movimiento de su mano en pos de acabar. No lo resiste aunque quiera. Está necesitado y pareciera que Trowa le escucha una vez más, porque éste cuela la mano bajo su vientre para tocarle al son de sus profundas arremetidas, una sucesión de ellas chocando en su próstata.
Con la estimulación al máximo, Wufei no se avergüenza de gemir y pedir con el cuerpo, las caderas echándose hacia atrás, la espalda curveada y la coronilla enterrada en la almohada mientras intenta ver de soslayo hacia Trowa, su mirada penetrante calcinándolo todo con su intensidad.
Se corre entre sus manos enlazadas y la sábana, sin pensamiento, sin razón. Lo único que importa y que Trowa disfruta es cuánto ha satisfecho al chino temperamental que conoce desde su dura adolescencia.
Gime ronco y cansado cuando el orgasmo lo golpea minutos después, llenando su interior hasta que todo resto de semen y energía se agota con un par de estocadas suaves y lentas.
Agitados, con la respiración afectada y sus cuerpos entumecidos por el placer, se dejan caer en la cama de cualquier manera, siempre una parte del cuerpo ajeno rozando el propio. Es una sensación alucinante y de la que Trowa Barton jamás se cansará, puede vivir del sexo toda la vida, siempre y cuando sea con la persona indicada…
Suena la alarma con un estruendo espantoso, corta afiladamente el intimo momento. Chang, ya descansado, apaga el aparato, se incorpora sobre el colchón y se levanta. Trowa piensa que es la arraigada costumbre con la que parece haber sido criado la que le hace actuar así.
Se recuesta de costado en la cama para observar a Wufei: estira el cuerpo, camina sigilosamente hasta el baño, se escucha el agua del estanque corriendo, luego la del lavabo, de vuelta a la habitación y de ahí al armario de dos puertas. Le resulta curioso lo fácil que es perderse en sus movimientos, en la situación tan cotidiana en la que se envuelve sin intención, porque nunca se ha quedado en la cama mientras él hace todo eso.
—Wufei —pronuncia lento, rompiendo el silencio que le es tan cómodo y conocido, apoyado sobre su codo; un sonido afirmativo le indica que está prestando atención—. ¿Qué piensas de esto?
Una mirada negra y afilada, que no tiene intención de ser fatal, se posa en sus ojos verdes con interés—. Define esto.
—A… —de golpe su cerebro hace cortocircuito. ¿A qué viene la necesidad de preguntar? ¿Acaso tiene sentido? Una punzada incómoda le obliga a sentarse y a mantener la mirada en él—. A nosotros.
Y el tiempo se detiene. Trowa no logra entender del todo porqué, pero la forma en que Wufei aprieta por casi un minuto completo la ropa entre sus manos le indica que no se ha esperado ese cuestionamiento, tan fuera de lugar y a la vez tan profundo. Es el minuto más largo que ha experimentado durante la paz.
El tiempo corre con normalidad otra vez cuando Wufei voltea hacia el mueble para sacar del cajón adjunto un par de calcetas y unos boxer, ignorándolo deliberadamente.
—Bueno, no hay mucho que pensar al respecto —se encoge de hombros y termina por tomar una toalla limpia—. Nunca hemos conversado de esto. Creí que estábamos bien así —se gira para enfrentarlo, y Trowa no sabe qué esperar cuando esos ojos (dagas dispuestas a matar de ser necesario) lo examinan—. Creí que a ti te resultaba cómodo.
—¿Por qué crees eso?
—No fue difícil saber lo que hiciste con Maxwell en tu última misión. Te beneficia bastante que ésta sea una relación abierta.
Mierda. Lo sabe.
No es como si realmente Trowa se hubiera esforzado por esconder ese hecho, tampoco Duo.
Wufei aprovecha el silencio que se instala entre ambos para ir directo al baño. Casi cinco minutos perdidos en una conversación sin sentido… aunque no lo sea tanto. Siente que el corazón se le aprieta dentro del pecho, latiendo errático y molesto por la forma en que ha tenido que recordar semejante verdad y evocársela a él. Con el ceño fruncido y los puños cerrados con fuerza, decide que no quiere torturarse con ello… después de todo, él ha decidido seguir con esa relación que empezó de la nada y que, al parecer, va a llegar a lo mismo.
El ahogado golpeteo de la lluvia, proporcionada por la ducha, le permite al chino relajarse… y saca de su ensimismamiento a Trowa.
Es curioso cómo es que trabaja su mente a medida que la adrenalina funde sus capacidades neuronales. Recuerda el momento exacto en que aquel día, semanas atrás, estuvo a cargo de una misión de vigilancia con Maxwell y en donde se dejaron llevar por la atracción y la escandalosa necesidad de liberar sus bajos instintos. Recuerda que charlaron. Recuerda que nombraron a Heero y a Quatre, y por supuesto que recuerda haber dedicado unos breves segundos de sus pensamientos a cierto soldado que desde hacía tiempo le llamaba la atención…. y con el cual ya había follado varias veces sin mediar palabras de por medio.
Sabía entonces, y sabe ahora, que decidió bien al alejar de su cabeza a ese talentoso espadachín porque, de haber sido de otra forma, su corazón estaría arrepentido. Pero como es bien sabido, él no suele arrepentirse de sus decisiones.
Salvo ahora.
Quedarse a solas y con las ideas rondando en su cabeza, en serie, atropellándose unas a otras, dejan a Trowa frustrado. No era precisamente la manera en que deseaba acabar cuando ha preguntado a Wufei qué pensaba de esa relación.
Es claro que jamás tuvieron una relación, no propiamente tal, y ahora es él quien se pregunta el por qué.
No es la primera vez que lo piensa. Desde que le conoció, que ha sentido un irrefrenable antojo por conocerle más. Presta mayor atención en él de lo que puede prestar a sus otros compañeros. Admite que todos tienen cualidades interesantes, y hacen un excelente equipo cuando existe la necesidad de trabajar juntos, pero Wufei Chang es llamativo, atrayente de manera original, cautivante.
Recuerda que de vuelta a la base de Preventers y con el correr de los días, las deliciosas sensaciones y el deseo que había sentido por Maxwell, se vieron opacadas al cruzar miradas con Wufei. Se olvidó por completo de que tuvo sexo con alguien más y sus ojos verdes volvieron a perseguir la figura firme y elegante del chino.
Porque siempre empieza así, con miradas, ya que pocas veces cruzan palabras en público, y solo si es estrictamente necesario.
Pero en la cama es distinto. Sus cuerpos se comunican muchísimo mejor que cualquier frase pueda revelar. Esa boca pequeña, de labios finos, gimiendo es bastante más expresiva; y esos ojos que son capaces de callar a un pelotón revoltoso completo, sublevan sus hormonas a niveles insospechados.
Wufei es inteligente, astuto, orgulloso, audaz y con un enorme sentido de compromiso; su personalidad confrontadora contrasta perfectamente con la sensibilidad que Trowa ha podido afirmar que tiene, siempre en la intimidad que otorgan sus habitaciones dentro del complejo, y está muy seguro de que esa es una de las características que más le gustan.
Le gusta él más allá del sexo. Es su natural forma de comportarse a su lado, es su encantador e inusual ronquido cuando se queda dormido, demasiado confiado en su presencia; es su voz llamándole por su nombre, es su sonrisa cuando lo pilla desprevenido y relajado, es la forma en que le conversa en escuetos párrafos sobre su día después de liberar tensiones juntos; es el silencio pacífico que comparten luego de un orgasmo espectacular.
Trowa reflexiona sobre todo eso y no le cuesta llegar a la conclusión de que Wufei Chang le gusta mucho. De esa manera loca que no da a conocer, de aquella que le hace pensar que no necesita compartir lecho con nadie más para despertar feliz y satisfecho.
Decidido, patea las sábanas para levantarse y arrastrar los pies al baño, donde la ducha ha vuelto a sonar después de una pausa; ahí observa la silueta de Wufei a través de la mampara semitransparente, se está enjuagando el shampoo de la cabeza.
Se acerca y abre la puertecilla. Los oscuros ojos formulan una interrogante que ignora, metiéndose al cubículo para pronto darle un beso a boca cerrada. Observa que la pregunta muta a intriga, pero no lo aparta ni comenta nada. Solo se miran fijamente a los ojos mientras se besan así, suave y lento, a puro labio.
Trowa envuelve sus brazos alrededor de los hombros de Wufei, acariciando su espalda húmeda mientras lo empuja un poquito para, por fin, cerrar la mampara y estar los dos bajo el rocío.
Le gusta sentir que las manos del chino responden y atrapan su cintura, rodeándole y atrayéndolo con firmeza. Le gusta tanto que sonríe sobre sus labios y se permite gemir gustoso, algo que sólo ha hecho estando con él.
—Espera… —lo aparta unos centímetros poniendo las manos a los costados de su cabeza, peinando su pelo largo hacia atrás—. Es momento de que empecemos a hablar —deposita un beso en sus labios y esta vez Wufei no responde, demasiado atento y desconcertado por el cambio—. Quiero hacer las cosas bien —un asentimiento y una mirada insistente es lo único que recibe de su parte, aunque las yemas de los dedos que siente apretarse en la piel de su cadera son mucho más expresivos: denotan ansiedad—. Propongo que seamos exclusivos. Tú y yo.
—Exclusivos —afirma Wufei, aunque en el fondo parece una duda.
—Totalmente —un nuevo beso, pesado, se cuela entre ellos, pero se corta muy rápido.
—¿Por qué? —Trowa vuelve a besarlo, alargándolo un par de segundos más que el anterior.
—Porque quiero —la respuesta medio se ahoga en la boca contraria; el aire falta cuando el agua resbala entre sus rostros—. Creí que te gustaría.
—Sí, pero… —ahora es Wufei quien presiona un beso que dura cinco segundos mientras gira a Trowa para apresarlo contra la pared—, ¿no te gusta coger con Maxwell?
Un jadeo escapa de su boca cuando su sexo semi despierto se roza con otro en iguales condiciones—. Solo pasó una vez —la explicación es innecesaria y el chino lo castiga con una mordida al labio inferior; Trowa responde apretando el abrazo hasta lo imposible—. Y tú me gustas más. Mucho más…
Se atacan a besos y mordidas entonces, la revelación impacientando ambos corazones y encendiendo la llama de nuevo.
Manos inquietas se deslizan por la piel, húmedas y cálidas como la incesante cascada de agua, que parece incentivar las caricias más obscenas. Wufei le atrapa los glúteos con sus dedos y aprieta, suelta, separa, rasca, una y otra vez, logrando que así Trowa gima más agitado contra su boca.
—¿Estás seguro?
—Sí, sí, quiero esto —Trowa se ha hecho con las erecciones de los dos con una mano, los estimula con fiereza—, lo quiero —un gruñido se le escapa cuando Wufei desliza besos por su mandíbula, sus manos abriéndose paso entre sus nalgas—. Lo quiero solo contigo….
Un jadeo ansioso y motivado se ahoga en el cuello de Barton, el que aprieta sus penes juntos en el puño, arriba, abajo, mientras sus labios buscan hacer contacto con su mejilla, su cuello, su hombro, simplemente otorgando el mismo trato que está recibiendo.
Poco después, Trowa se deja voltear en ciento ochenta grados, gruñendo de la más cruda necesidad que le hace sentir la posesividad del chino fijándole a la pared de cerámicas. El helado tacto le estremece, pero la piel cálida y resbaladiza del otro a su espalda, sus piernas siendo separadas un poco y su cadera manipulada por férreas manos para alinearlo, provocan temblores masivos.
Con la respiración contenida y el cuerpo enfebrecido, Wufei le penetra. Ambos sisean entre dientes, la sensación demasiado intensa e inclemente, la cabeza ida en el golpeteo que hacen las pelvis inmediatamente, el tiempo que trascurre deprisa.
—Ah Trowa —jadea contra su hombro, lamiendo las gotas de agua que arrastran su esencia natural, las que los bañan y purifican, las que son testigos pasajeros de un sentimiento que va más allá de la lujuria carnal.
Wufei puede sentirlo, ese sentimiento que le inflama el pecho peligrosamente, amenazando con reventarle el corazón de lo rápido que palpita, que hincha sus pulmones de bienestar. Siempre ha estado ahí, el anhelo prisionero de tenerlo para sí mismo, de poseerle y ser correspondido…
Y ahora lo tiene: entre sus brazos, entre los dedos que buscan satisfacer a un soldado determinado y sagaz, que se retuerce cuando las estocadas se vuelven hábiles en palpar un punto sensible. Él mismo ya no está controlándose, su miembro entrando y saliendo sin freno, el interior apretando, pulsando al ritmo de sus agitados latidos.
Pierden la coordinación cuando las rodillas de Trowa ceden unos centímetros, obligándose a sujetarse ambos de las resbaladizas baldosas de la pared con las manos. No dicen nada cuando sus dedos se buscan entre sí, cuando se entrelazan y aprietan el agarre al correrse casi al mismo tiempo.
Jadeantes, suspiran el nombre del otro y se permiten unos minutos de quietud, manteniendo la postura, la unión indecente y sublime, tan caliente como consoladora, hasta que nada más queda limpiarse, a sabiendas de que los dos llegarán tarde a sus labores… pero estando juntos, disfrutando del sabor -que promete ser dulce- de la exclusividad, les valen mierda todas las reprimendas posteriores que puedan recibir.
FIN
¡Muchas gracias por leer!
