Cap. 3
5 años después…
-3…2…1 aunque no estés lista iré por ti- Esme empezó a buscar debajo de los sillones, en las habitaciones, sabía perfectamente donde se ocultaba pero no quería quitarle la diversión a la niña. La pequeña estaba oculta en el armario de la habitación de Jasper, el joven y Alice fingían no saber que ella se ocultaba ahí, pero aparte del olor característico, la sutil risa de la pequeña la delataba.
Leían una revista sin ponerle real atención, la puerta del armario fue abierta con cuidado y la niña camino lentamente para no hacer ruido y bajar las escaleras –sosteniéndose del barandal como le enseño su papá- corrió a la cocina, su padre leía el periodo. Edward preparaba la cena, Carl sintió como la niña trepaba por sus piernas para poder ocultarse detrás del periódico. Ayudo al infante y vio de reojo como Esme entraba a la cocina fingiendo no saber dónde estaba su hija.
-parece que nuestra pequeña se hizo invisible.-la sutil risa volvió a escucharse.-bueno, tendré que acabarme el postre yo sola, Helado de chocolate con muchas chispas de colores…
-¡NO, NO, MIO, MIO!-la niña grito quitando el periódico de su vista, Esme sonrió y alzo a su hija en brazos mientras le hacia cosquillas y esta se destornillaba en risas.
-con que ahí te escondías mi pequeña
-NO MAS… JAJAJA NO MAS….-las lágrimas empezaron a formarse en sus ojos, la mujer sentó a la pequeña en la barra de la cocina. Esos ojos achocolatados la veían con amor y ternura.
-¿ya tienes hambre Dani?-la niñas asintió con la cabeza. Edward sonrió y llamo a todos, no habían mucha comida pues nadie se la acabaría realmente, tenían que fingir para Daniela, la cual si comía. Les haba constado mucho aprender a cocinas pero con el tiempo les fue más fácil.
Los integrantes de la familia bajaron las escaleras y se sentaron en la mesa. Agradecieron los alimentos y empezaron a comer.
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-…-la niña se quedó mirando la puerta que daba al patio trasero, la noche era sutilmente iluminada por la luna.
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-Daniela tienes que comer o no abra postre-Carls hablo fuerte y claro, pero con una mirada benevolente.
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La pequeña dejo escapar un grito y dio un santo para bajar de la silla.
-¡Dan!-la niña corrió hasta la puerta y con sus dos manos toco el vidrio
-¡ir!-grito viendo a su familia, Carls y los demás se levantaron, no había ningún olor fuera de lo normal, no escuchaban nada aparte de canto de los grillos. Aun así Daniela estaba inquieta, insistía que algo estaba allá afuera, que la llamaba pidiendo ayuda.
-es él-susurro Alice siendo escuchada solamente por los vampiros, salieron de la casa para dirigirse al bosque.
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La niña era cuidada con Emmet, si algo quería atacarlos su corpulento cuerpo recibiría el ataque. La pequeña les fue guiando, se habían alejado 200 metros, ahora podían escuchar un ligero llanto. Llegaron hasta lo que parecía un claro y sentado en un árbol estaba un niño de cabellera negra. Su ropa estaba desgastada, y se veía desnutrido.
Dan corrió hasta el niño y se detuvo a un pocos centímetros, como no queriendo espantarlo.
-hola… soy dan… ¿tú me llamabas vedad?-el niño levanto la mirada lentamente, sus ojos estas rojos de tanto llorar, todos los vampiros pudieron percibir el olor a sangre seca, señal de que el infante estaba herido.-no te preocupes, mis papi puede curarte-le extendió su mano completamente abierta y una sonrisa se formó en su rostro. El pequeño la miro dudando, como temiendo que fuera un engaño. Giro con miedo su rostro para ver a los adultos, Esme sintió morir al ver esos ojos llenos de dolor y angustia.
Edward maldijo al bastardo padre del niño, podía leer claramente los pensamientos del niño y todos eran acerca de que su padre lo golpeaba y que lo había abandonado puesto que su madre había muerto no hacía mucho.
La familia se miró entre ellos
Esme se acercó con cuidado, no quería asustar al pequeño. El niño empezó a temblar, cerro sus ojos y sintió como la mano de la mujer acariciaba su cabeza.
-Todo estará bien, ahora estas a salvo-el infante se dejó abrazar y lloro sin parar.
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-¡VAMOS SEV!-el grito del infante fue claramente escuchado por toda la familia. En su espalda cargaba una mochila negra con un dibujo de marcas de garras en blanco.
Ella habían pasado 2 meses, la familia pidió rápidamente la custodia total el niño, no había más familia que el padre. Se hicieron las investigaciones necesarias y cuando llegaron al recinto de Tobías Snape vieron que esta estaba completamente intoxicado a causa del alcohol y las drogas. Se le juzgo y se le declaró culpable por maltrato infantil y abandono del menor.
Se dio un mes de espera para buscar parientes del menor, se encontró a la abuela paterna, pero esta había declarado que no quería nada que ver con el borracho de su hijo, ni mucho menos con un matrimonio que nunca apoyo.
Se firmaron papeles para que nunca exigiera la custodia y en poco tiempo, Severus Tobias Snape pasó a ser Severus Carlisle Cullen. Los niños se habían entendido rápidamente para alegría de la familia. El pequeño había dejado mostrar sus habilidades mágicas cuando ambos infantes jugaban encima de un árbol y la rama de Daniela se rompía. Daniela se sorprendió cuando quedó suspendida a centímetros del suelo, el pequeño aterrado se disculpó pensado que ahora sería golpeado por mostrar algo como eso, Esme y Carlisle le aseguraron que no estaban enfadados y que él era un niño especial que debía aprender a usar sus dones cuando cumpliera la edad necesaria.
Desde entonces ambos niños prometieron guardar el secreto de ese "don" y eran más unidos que antes.
-ya estoy, Carls tiene mi mochila…-dijo el niño, ahora no tenía ninguna herida visible, todavía tomaba medicamentos, y tenía un plan de alimentos. No se acostumbraba a decir papá o mamá, pero eso a los adultos no les molestaba.
El nombrado llego con la mochila verde y la imagen de una serpiente con una sonrisa en el rostro. Se la coloco en la espalda, Esme apareció y les sonrió. Abrió la puerta y ambos niños se apresuraron para subir a la camioneta. Ese sería el primer día de escuela de Severus y los pequeños estaban emocionados.
-bien niños pónganse los cinturones, ¿emocionado Sev?-pregunto la mujer mientras encendía el auto y empezaba su camino al colegio.
-Sí, ¡Dan ya me conto todo lo que debo saber, y estuve practicando mi letra! ¡Rose me ayudo y también a leer!-Esme sonrió, Rose se había encariñado mucho con ambos niños, los ayudaba con sus estudios y los cuidaba como toda madre lo haría, sabía que no debía sobrepasar sus cuidado pues ella debía tener el papel de hermano mayor, pero cuando escucho el cómo fue tratado Severus su instinto materno despertó más fuerte.
Daniela no parecía molesta por eso, ella no entendía del todo, solo sabía que su ahora nuevo hermano había tenido un padre que lo lastimaba pero que ahora estaría con ellos y jamás volvería a ser lastimado. Además tenían muchos hermanos, estaba bien compartir, al menos eso fue lo que Edward le enseñaba, que debía compartir sus cosas pues ahora eran dos, y eso estaba bien. Le gustaba tener un hermanito con quien compartir y tener pijamadas.
La niña sonrió, estaba emocionada, Sev le dijo que en su antigua escuela no tenía amigos, que lo molestaban y se burlaban de él. Pero ella le prometido que no sería así, pero si en dado caso alguien se atrevía a decirle algo ofensivo ella le defendería, después de todo para eso son los hermanos, para cuidarse y apoyarse.
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Al llegar a la escuela, el niño abrió la boca, ese lugar era más grande que su otra escuela, hasta el patio de juegos era más grande. Esme tomo la mano de los dos niños y se dirigieron a la oficina de la directora. La mujer les dejo entrar, y les saludo, le ofreció un dulce a cada uno de los niños y estos agradecieron el gesto.
-es un placer por fin conocerle señor Cullen, su madre nos ha contado mucho de usted.-Sev asintió, sabiendo que madre era hacia Esme… porque su mamá estaba muerta. Giro su rostro viendo a la ventana, no quería llorar en la escuela. Sintió que la mano de su ahora nueva madre le acariciaba la espalda.
-es un niño muy inteligente y muy bien portado, estoy segura de que no causara problemas ¿verdad Sev?- el niño le observo y pudo observar honestidad en sus palabras, miro a su hermana la cual le sonría y con una sonrisa le contesto a la profesora un fuerte SI.
La directora Foster sonrió y les pidió que le acompañaran, los guio hasta el salón donde ambos niños estarán juntos para su alegría.
-Profesora Luber-la joven maestra se sorprendió, la clase aun no empezaba, el timbre seria escuchado en 3 minutos más. Salió del salón y pudo ver a la mujer con ambos niños sujetados a sus manos. Rápidamente reconoció a la señora Cullen y a su hija.
-ya conoce a la Señora Cullen y a su hija-la mujer asintió con la cabeza-quisiera presentarle a nuevo integrante de la familia y quien ahora también será su estudiante, el joven Severus Cullen.
-Un placer-contesto el niño cortésmente, la profesora regreso el gesto y se sorprendió pues no conocía a ningún niño que fuera así de bien portado.
-Es un gusto pequeño, espero podamos llevarnos bien-el infante sonrió y regreso alado de su madre.
-bien los dejo para que puedan empezar, cualquier cosa ya saben que estoy a sus servicio-se despidió la directora dejando a ambas mujeres y a los niños en el pasillo.
-Quiero que se porten bien y obedezcan a la maestra ¿de acuerdo?-pregunto la madre, ambos niños cantaron un sonoro SI y acompañaron a la maestra.
El timbre sonó y los restantes niños se acomodaron en su lugar, Daniela tomo su lugar y Severus se quedó alado de la maestra, los niños lo miraron de pies a cabeza, haciendo que el pelinegro empezara a ponerse nerviosos.
-Muy bien alumnos, hoy tendremos un nuevo compañero, sean todos amables y denle una calurosa bienvenida, él es Severus Cullen, el hermano de su compañera Daniela. Puedes tomar asiento Sev
El niño obedeció y afortunadamente las mesas eran para dos niños así que pudo sentarse alado de su hermana.
La clase prosiguió sin ningún problema, los niños se divertían mientras aprendían a leer, escribir y contar.
