Nanami se estiraba en el porshe el atardecer de un día domingo, disfrutando la calma. Tomoe la observaba hacía rato, cuando jugaba con la serpiente y el parcito, preguntándose qué planeaba ahora esa diosa. Admiraba a esa chiquilla inquisitiva, astuta mas que inteligente, que solía pensarse dos veces algunas cosas y otras veces era tan impulsiva… ahora columpiaba sus piernas mientras tatareaba una canción.
–Tomoe… –Lo llamó. –Ven aquí. –él se acercó silenciosamente, quedando un paso tras ella. En tardes así solía tomar sake con mitake. Incluso con ella en el templo, estas atrdes no tenían mayor avance, así que podía seguir con ese ritual.
–Sí, mi diosa… ¿Desea algo? –no podía evitar la mordacidad al hablarle. La amaba en la misma cantidad que deseaba molestarla. Siempre. Disfrutaba verla enojarse, reírse… provocarla.
–Pues sí… deseo algo. Quiero jugar un juego hoy.
–ohh –le siguió el hilo –¿qué clase de juego desea hoy, mi ama?
–Tocarte. –Respondió tan de inmediato que logró desencasillar la mandíbula de Tomoe. Quiero tocarte. –ante su silencio, tardó en voltearse a mirarlo. Lo vio muy serio, así que le sonrió. –Lo hemos hecho ya un par de veces y ha sido maravilloso, pero… siempre me pierdo en tus caricias. –Por unos segundos , ante sus ojos pasaron todas las imágenes de los de encuentros amorosos apasionados, cosa que hizo los colores subir a su rostro.
–¿To… tocarme? –Tardó aún unos segundos en salir de la sorpresa. Una sonrisa escapó de sus labios. –Es que… se supone que… ¿qué haras si vienen Mizuki o…?
–Les ordené cosas –Ella recuperó su compostura –No quiero asumir la voz de mando, sino que te dejes. Tienen prohibido espiar o acercarse.
–Bueno, ama, usted me puede manosear cuanto quiera. –Contestó descaradamente, sospechoso de esta nueva actitud. Ella bajó la cabeza, y le indicó el lugar a su lado.
–Arrodillate ahí –le dijo –y estira los brazos a los lados. Si te mueves, aunque sea un poco, el juego se acaba.
Él se tragó cualquier respuesta candente que hubiera tenido, y se acomodó en el lugar que ella le dijo, a la orilla del pasillo. Estiró sus brazos, de tal modo que descansaran y no sintiera presión en ellos, pero dejaran pasar lo sólido. Ella entonces pisó fuera, la tierra, y empezó a tactarlo encima de la ropa, sintiendo las costuras por la parte del frente. Movía las manos alrededor, las deslizaba, subía y bajaba por las piernas, los hombros, la entrepierna. Subió al piso de nuevo, y repitió la ruta por detrás, dándose un tiempo de apretar y toquetear las nalgas, acariciar su cola. Subió la su cabeza, tocándole el pelo, la cara, muy cuidadosamente tomó su cabello amarrándolo. Sólo entonces, de pie tras él, tomó las orejas y las empezó a acariciar y masajear.
Cerró los ojos ante el estímulo, se sentía bien. Se le vino a la mete la primera vez que estuvieron íntimamente juntos. Se besaban tras reencontrarse, cuando ella encontró el pin con que habían jurado casarse. El beso era muy profundo, sincero, necesitado. Tanto, que cuando volvieron del espejo de Mikage, y lo vieron ahí, Nanami le pidió "por favor, dile a los demás que nos limpiaremos e iremos a agradecer, que los sirvientes mantengan los invitados con comida, déjenos a solas unos momentos", a lo cual habían vuelto a besarse.
Intensamente, él la había pegado a la pared. No quería romper a Nanami, pero era tanto su deseo… en ese momento no podía saber que también era el de ella, o mas bien pretendía ignorarlo. Ella, en cambio, deseaba que rompiera su ropa y la poseyera como demonio que era, quería gritar y sentirse desgarrada. Él cedió de a poco, y un beso de amor había pasado al manoseo, la recorría rápidamente, levantando sus pocas prendas. Siempre la regañaba por su ropa, pero ese día agradecía sus mínima protección, que le permitía presentir sus formas sin tocarla directamente. La falda era un breve recuerdo en ese enredo de pelos y jadeos. Él acomodó su entrepierna, y presionó, dejándole espacio para que se moviera y desfogara, a ver si calmaba esa ansia que parecía emanar de ella. Temblaba. Olió sus jugos mojando las breves prendas que los separaba, junto con escuchar por vez primera sonidos nuevos desde ella. Pensó en ese momento que con eso se calmaría, evitando tener que entrar o llegar al final… podía escuchar al dios del mar, entre otros, conversando un poco más allá… pero ella estaba hambrienta, y él en su límite. No le importó que los olieran, los escucharan… la energía de la diosa de la tierra liberándose en un orgasmo no iba a pasar desapercibida pero qué importaba…
Había roto con una uña su débil cobertura, detuvo el beso para preguntarle "¿Estás segura?" con la voz ronca, sólo para que ella lo abrazara muy fuerte, con todas sus fuerzas, para decirle "mételo ya" en una voz que le hizo perder todo rastro de cordura…
Volvió al presente abriendo los ojos. su virilidad estaba lista, enhiesta. Cómo evitarlo, cuando unas manos suaves deslizan tu chaqueta, dejándola caer. Ella dejó sólo la capa interior, blanca y casi transparente. Volvió a recorrer los músculos de su espalda una vez mas, dándose luego la vuelta para tocarlo por el frente, desde las mejillas hacia los abdominales, recorriendo el cuello –oh, el cuello- los pezones, las costillas. Nada de eso debía ser nuevo para ella, pensó, sin entender aún el propósito del ejercicio. La miró, sin embargo, con sus ojos vibrantes, y sonrió con ternura y algo de vergüenza. Ella entonces desató su pantalón, dejándolo caer. Miró sus interiores con la cabeza ladeada, tal vez preguntándose cómo sacarlos, pero los dedos se pusieron a recorrer los marcados muslos de Tomoe.
Tomó aire para soportarlo, iba a ser largo. En la primera penetración había perdido completamente el sentido, y lo metió duramente. Luego se arrepentiría, pero en ese momento ella temblaba, susurrando por más, tratando de no gritar ante sus embestidas. Se corrió nuevamente con él dentro, quien aún sentía su latir alrededor, lo sacó y se derramó sobre ella. Lloraron luego, de felicidad, abrazados, en el piso de aquella habitación. Tras un rato, le susurró que los dioses esperaban verlos para irse tranquilos.- "lo sé". -Había respondido.
Descarada.
–Llegó el minuto que no importaba nada, sólo mi Tomoe. Iré a ducharme. Tú cámbiate y límpiate, te disculpas por la demora, pero estábamos cansados. Nadie te dirá nada incorrecto. Diles que estaba descansando, que me bañaré y pasaré a saludarlos, por mientras preparas un banquete y Mizuki debe ser el anfitrión.
No quedaba otra que obedecerla, pensó, mientras un aire frío por sus partes privadas le recordó que estaba en el patio del templo, desnudo, con una niña jugando con sus bolas. Ese día apareció frente a los invitados con un aire de agotamiento que no era del todo mentira, con una Nanami de pelo goteando que a duras penas se sostuvo para despedirse.
Nanami había sido quien le explicó a Mizuki todo, ahora él solía quedarse las noches bebiendo sake, solía sentirlo deambular incluso cuando él y Nanami estaban… bueno… esas veces se revolvía inquieto, pero no lo sentía acercarse. Miró hacia abajo al sentir su mano, su suave manito circular húmeda de arriba abajo. La sensación, sin embargo, le hizo llevar la cabeza hacia atrás y morderse los labios. El contraste entre la tibia brisa y lo cálido de su boca, lo placentero de su lengua, más el ambiente lo tenía casi al límite.
-Nanami… na… ahhh… -Gimió incoherentemente durante el ejercicio de ella. sabía que la regla era no moverse, pero… no podía… era demasiado. No estaba atado pero quería sujetarla, penetrarla… necesitaba alcanzar ya su cúspide. Más encima ella gimió con él dentro, la vibración de su garganta, que intentaba llevarlo más y más allá, lo hizo perder el control. Soltó sus manos de la posición, la tomó del pelo, y la guió bruscamente un par de veces antes de correrse del todo, en una especie de grito y gemido. Sintió por sus dedos, cercanos a la garganta de ella, que tragaba todo. La miró, ella estaba pendiente de sus ojos, de su cara. Terminó de sacar el pene de su boca, y lo saboreó dándole una vuelta mas con la lengua, cual chupeta. –golosa –se rió. –Me tienes en tus manos… ¿Lo sabes?
Completamente derrotado, se desmayó suavemente hacia atrás. Gotitas de sudor corrieron por todo su cuerpo, tembloroso, sensible, que se acomodó al ofrecerle ella sus rodillas para su cabeza. La mano de ella entonces acarició ese pelo tan suave, tan bien cuidado mientras que él la olía y se calmaba.
Lentamente, el atardecer se enfriaba para dar paso a una nueva noche.
Ojalá que les guste. Serán varios capítulos tipo one-shot algunos muy lemon, si me dejan comentarios me harán feliz.
