Capítulo 1: Situaciones de coloridas

La enorme mansión estaba en un silencio quieto. El viento movía suavemente las cortinas y las lámparas proyectaban una luz muy tenue. Un chimpancé vestido con un elegante traje abría delicadamente las puertas de un corredor largo. Los niños en cada habitación estaban completamente dormidos. Número 1 estaba dormido recto en su cama, justo en el medio y un pequeño hilillo de baba deslizándose de su boca. Su cuarto trataba de verse ordenado pero los juguetes de aviones estaban mal acomodados y mucha ropa mal doblada. Había rayones en las paredes y una lámpara iluminaba estrellas en el techo.

Número Dos dormía de lado derecho abrazando la almohada que debería ir bajo su cabeza hecho un ovillo y la manta lo cubría por completo. El niño había cubierto de agujeros las paredes, Pogo no se perdía el par de tenedores en el techo, no debieron haberle dado esa ballesta de juguete en navidad, esta se suponía que disparaba flechas de espuma, pero al parecer el pequeño halló la forma de colocarle tenedores y fue capaz de reforzar los elásticos. El gran cesto estaba repleto de juguetes, ropa, papel y cualquier objeto que numero Dos usara para poner en práctica su puntería, aunque muchos objetos aún estaban afuera del cesto. Dos tenía la puntería, eso no significaba que sus bracitos regordetes tuviesen la fuerza de tirar esos pesados libros o abrigos.

Numero 3 abrazaba un enorme peluche con forma de gato para dormir, en su cabeza aún estaban prendidos lazos y pinzas de cabello con brillos. Su cama repleta de peluches y la ropa igualmente en todos lados. Pogo ingresó y le quitó con cuidado los adornos para el pelo, si se le enredaban iba a ser un lío. Las muñecas estaban en pequeños estantes y Tres había intentado hacer un vestido con un mantel pegándole lentejuelas de todos los colores. La tela estaba tiesa con el pegamento y una parte se había adherido a la pared. Era una suerte que el Sr. Hargreeves evitaba las habitaciones de los niños.

Cuatro ... el pequeño dormía del lado equivocado de la cama estando su cabeza donde debían ir sus pies. Había pequeñas cruces dibujadas en las paredes e inclusive alcanzaba a ver ajos en la cabecera. Ya había descubierto donde había llegado los ajos desaparecidos de la cocina. Había algunos dibujos donde se veían varias personas flotando de un color azul y otros donde Cuatro se veía feliz jugando con objetos voladores. En el librero de madera había juguetes y en el baúl había libros. Huellas de manos con pintura en las paredes, inclusive en el techo, como llegaba ahí seguía sin preocuparle a Pogo.

Pogo no hizo ningún ruido y siguió su camino hacia la otra ala para revisar a los otros niños. La habitación de Numero Cinco era demasiado pulcra para un niño de su edad, y el pequeño dormía entre libros quedándose dormido reading. El chimpancé negó con la cabeza en un gesto de desaprobación e ingresó para acomodar los libros en la pequeña mesita, eran libros de educación básica, pero no les quitaba lo pesados. Su cuello le iba a doler si seguía acostándose así. Recortes de reciente estaban pegados en una de las paredes y junto a eso una enorme pizarra verde que tenía unos mal dibujados números. Los juguetes estaban ordenados desde el más pequeño hasta el más grande y por colores. El más grande de ellos era un dinosaurio.

La siguiente habitación tenía dibujos regados por todo el piso. Crayones y crayolas como trampas mortales en un campo minado. Los dibujos también tapizaban las paredes y las manchas de pintura también cubrían muebles. El caballete tenía un dibujo a medio terminar de un enorme pez colorido. Seis dormía plácidamente sin cubrirse, sus sábanas en el piso y la almohada a medio caer. Con cuidado el chimpancé volvió a cubrirlo bien y trató de salir sin pisar ningún color o sería una fea caída.

La última puerta finalmente llegó a su vista. Número Siete dormía al filo de la cama, un pie o una mano siempre estaban colgando afuera. Su habitación era simple y no tan extravagante como la de sus hermanos, aun así, las muñecas también adornaban sus estantes y una pequeña guitarra de juguete sobre su cabecera. En el suelo había algunas discos de vinilo y algunas partituras musicales.

Pogo finalmente terminó de hacer su ronda. Si bien Grace los acostaba y hacía guardar sus cosas, ellos volvían a despertarse y seguir jugando. Es por eso que él se encargaba de revisar que estuviesen durmiendo. Sabía que por el momento los niños aún disfrutaban, pero llegaría el momento en el que el Sr. Hargreeves ordenaría que su crianza fuera más estricta. La razón por la que el dueño de la mansión no intervenía con el entrenamiento de los niños era por que estos aún no podían valerse por sí mismos. Aún así nunca descuidaba su educación, y sus clases eran severas.

El chimpancé dejó el corredor y descendió las escaleras hacia el estudio de su amo para dar fin a sus deberes, sin embargo, el sonido de un llanto fuerte le llamó la atención. Con prisa se dirigió hacia la puerta principal y la abrió.

En medio de la noche, hacía frío y la humedad se respiraba. Sentada en las gradas había una pequeña niña de casi tres años. Su apariencia era realmente peculiar, al menos a lo que se consideraba normal. Ella tenía un color de piel extremadamente pálido y su cabello era completamente rojo. Sus cejas y pestañas también mantenían ese color y sus ojos eran de un violeta claro. Pogo de inmediato supo que esta niña no era ordinaria por lo que se apresuró a abrir la rejilla y socorrer a la niña.

A esas horas no había nadie en las calles, pero aun así la pequeña podía correr peligro. El chimpancé se acercó con cuidado y la calmó como pudo. No había nadie junto a ella, solo una cuerda en su pequeño pie atado al poste. La niña había intentado quitárselo, pero no había podido deshacer el nudo.

Pogo cortó con una navaja la cuerda y cargó con cuidado a la niña.

Pogo: Tranquila ... Shhhhh tranquila - arrulló con calma mientras la llevaba hacia la mansión.

Grace lo recibió sorprendida con una bandeja vacía en sus manos. Ella lo estuvo atenta y se acercó cautelosa.

Pogo: Es una pequeña, debe ser una de los 43. Estaba abandonada afuera y al parecer la ataron para asegurar que no se fuera. Por favor cuida de ella mientras le notifico lo sucedido al amo.

Grace: Está bien, yo me haré cargo de ella. Parece adolorida.

Pogo: Así es, la cuerda debe haberle dañado la piel de su tobillo.

Grace obtuvo unas gasas y alcohol y desinfectó las llagas. Finalmente le puso una pomada para aliviar el dolor y le vendó. Apenas acabó su trabajo el Sr. Hargreeves descendió las escaleras con apenas notoria prisa.

Grace: La pequeña se ha quedado dormida, Regi. Traía esta nota en su bolsillo. - Dijo entregándole una pequeña hoja arrugada.

No puedo seguir haciéndome cargo de esta criatura ... _, ella ni siquiera es mi sangre. Sé que cuando usted vino a mí rechacé su oferta pensando que sería lo correcto criarla nosotros. Pero ahora ... lo único que quiero es olvidar que alguna vez existió. Por favor quédesela y no me busquen nunca.

Sr. Reginald: Uno de los padres la abandonó. Al parecer no pudo con su crianza, vaya eventualidad. Nos haremos cargo de ella como parte de Umbrella Academy a partir de ahora. Número Ocho será su nombre, estaremos viendo cómo se desarrolla y busca son sus habilidades.

Esa noche la habitación en blanco al lado de la de Número Siete se abrió para ser el nuevo espacio de la recién llegada. La niña estaba agotada y las lágrimas ya se uso secado en sus mejillas.

Cuando Grace la dejó sobre la cama y la cubrió con las nuevas mantas, la apariencia de la niña había cambiado por completo pareciendo ser una niña completamente distinta. Su pelo negro carbón y su piel trigueña como la arena. Al parecer no era tan difícil adivinar cuál era la habilidad de la pequeña.

Grace de inmediato se retiró para comunicarle al señor de la casa sobre lo que había observado.

Número Ocho no tardó mucho en adaptarse a su nueva familia. Sus nuevos hermanos y hermanas eran muy gentiles con ella tratando de incluirla en sus actividades tanto como podrían, después de todo ahora si podía jugar en pares.

Todavía eran pequeños pero su educación era bastante avanzada por lo que Ocho tenía que correr el doble para alcanzarlos. También el señor Hargreeves había empezado los preparativos para documentar las habilidades de los pequeños y así ir implementando un entrenamiento.

Número Uno, poseía una fuerza descomunal que muchas veces escapaba de su control. Diversos accidentes se originado por su superfuerza, tanto materiales como físicos hacia sus hermanos. Sin embargo, era uno de los más disciplinados y poseía un talento innato para aprender nuevas cosas. Fue elegido por el Sr. Hargreeves como el líder del equipo por su sensatez y compromiso.

Número Dos, era un opuesto completo a su hermano Uno. Dos contaba con una puntería infalible y era muy competitivo. Desafiaba las reglas con regularidad y no jugaba bien en equipo. Si algún dardo u objeto caía en alguien, si lo había lanzado Dos, nunca era un accidente. Dos, era conflictivo muchas veces y eso no era de agrado para el señor Hargreeves.

Número Tres, poseía una habilidad útil como la de influir en la realidad a través de la sugestión mental. Su poder se activaba a través del «Escuché el rumor» y ella tenía una gran facilidad de controlar su habilidad, como demasiada disposición ala para complacerse a sí misma. El Sr. Hargreeves sabía que debía llevar a cabo una gran disciplina con ella para evitar que hiciese lo que se le antojase.

Número Cuatro, tenía un poder muy grande como la habilidad de convocar muertos y poder comunicarse con ellos. Sabía que los poderes de Cuatro solo han sido explorados por él y tenía que hacer que el chico pudiese controlarlos mucho mejor para que sea útil en batalla. Aún así el niño se negaba a seguir sus órdenes y utilizar su poder en los entrenamientos.

Número Cinco, el niño era un pequeño as de sorpresas. Tenía una ligera madurez mental a comparación de sus hermanos, aún así era muy impulsivo y caprichoso. Su poder también era uno de los más poderosos bajo un control completo, pero Cinco era demasiado inexperto y ansioso para un poder de tal magnitud que no llegaba a comprender. Su habilidad era la manipulación del tiempo y el espacio, dándole la capacidad de viajar por estos. El espacio era mucho más fácil de dominar que el tiempo. Sir Reginald esperaba que la madurez en cinco también desarrollase la paciencia, pero esto no parecía ser así aún.

Número Seis, el sexto niño tenía uno de los poderes menos explorados debido al riesgo que trae activarlos. Su habilidad convocaba monstruos Interdimensionales a través de su piel, pero debido a su escaso control y miedo, Seis no podía afinar su habilidad. El Sr. Hargreeves veía un gran potencial en seis, siendo uno de los niños más esmerados en seguir las órdenes. Aún así notaba el miedo y la renuencia del pequeño.

Número Siete, la decepción más grande dentro de las decepciones de hermanos que tenía. Si bien los demás niños carecían de demasiados rasgos, por lo menos tenían una habilidad. El Sr. Hargreeves excluyó sin miramientos a la niña dentro de sus planes para la Academia Umbrella.

Número Ocho, si bien no había sido adquirida por él. Llegó hasta su casa y él no desaprovechó las oportunidades. La niña poseía el poder de metamorfosis, por lo que era habitual encontrarla cambiando de apariencia con regularidad. Al principio sus poderes se manifestaban accidentalmente y ella no podía cambiar a voluntad. Sin embargo, con el tiempo ganó control y pudo transformar su cuerpo a voluntad. Desde rasgos físicos leves como su color de pelo u ojos a un cambio completo de apariencia llegando a copiar a otras personas. La habilidad de Ocho era demasiado específica y muy útil para misiones, aún así el sabía que las habilidades de Ocho como la de sus hermanos, estaban muy verdes.