Nota 1: Bueno, hace años que no subo nada nuevo y venía pensando esto hace tiempo... este capítulo lleva escrito como un año, pero estaba muy insegura sobre subirlo o no. Sinceramente no sé si a alguien vaya a gustarle xD pero espero que sí. El primer capítulo de un fanfic de Diana y Leona. Saludos :3
Nota 2: Ignoré casi por completo el Lore oficial, TEN ESTO EN MENTE SIEMPRE, lo digo en grande porque seguramente muchas cosas a futuro no van a cuadrar PARA NADA con el lore existente de ahora, veré la forma de acomodar algunas cosas a futuro, pero reitero, NO ESTÁ BASADO EN EL LORE OFICIAL.
Nota 3: esto tiene pensado ser yuri/lésbico, por lo que, si éste tipo de contenido no te gusta, ya estás avisado de lo que te vas a encontrar más adelante, será decisión tuya seguir leyendo algo que no te agrada, luego no se queje (:
Disclaimer: Leona y Diana son personajes pertenecientes a Riot Games, no son míos.
Capítulo 1:
Este era el primer entrenamiento formal de Diana en la montaña, si bien sabía que el momento de luchar llegaría tarde o temprano, siempre prefirió pasar tiempo en la biblioteca leyendo tranquila.
Estar luchando bajo el sol ardiente de Targon no le llamaba la atención, además, tenía un pequeño trabajo allí con el que subsistía a pesar de su corta edad.
Fue siempre una chica reservada, prefería los libros en vez de hablar con sus pares, su aspecto físico en el Monte Targon era algo llamativo para los otros jóvenes, esto usualmente le traía problemas, pues Diana tenía el cabello rubio ceniza, su piel era más bien pálida, casi de porcelana y sus ojos celestes llamaban bastante la atención entre tantos ojos color miel, marrones, chocolate o algunos ojos pardos. Casi todos los demás eran morenos y de cabello anaranjado, pelirrojo o variaciones de castaños, había cabelleras rubias, pero siempre ligadas al dorado o rojizo, como un constante recordatorio de su lazo hacia el sol. Sin embargo, la joven era físicamente muy distinta, esto le valió cierto grado de repudio entre sus pares, pues su apariencia no reflejaba para nada que ella era una Solari, su piel parecía no haber sido tocada jamás por el sol, por mucho que lo intentó cuando era más pequeña.
Ni ella sabía quiénes fueron sus padres, pero se sospechaba que quizás de ellos heredó esos rasgos.
Lo único que ella sabía, es que, cuando era solo un infante, los maestros Solari la encontraron envuelta en mantas dentro de un canasto, alrededor de ella estaban quienes seguramente eran sus padres, al parecer fueron atacados o asaltados, pues faltaban pertenencias importantes, desde documentos, hasta dinero y comida, la bebé fue abandonada allí, a su suerte, a los pies de Targon. Cuando los maestros escucharon el llanto de una bebé haciendo eco en la montaña, comenzaron a buscarla hasta que la encontraron, la manta tenía bordado el nombre "Diana".
Pocos se daban el tiempo de conocerla o de hablarle, constantes reprimendas por preguntar demasiado a los maestros por libros que tengan información de la luna y otros astros, la fueron llevando cada vez más seguido a castigos que ella no comprendía. Consideraba irracional que un par de preguntas por mera curiosidad le valgan ser castigada a veces por horas. Cuando dejó de preguntar y decidió indagar por su cuenta libro por libro, comenzó a ser vigilada de vez en cuando para asegurarse de que 'no se entrometa en lo que no le corresponde', demás está decir que este tipo de reacciones solo le provocaban más curiosidad…
De forma natural siempre se interesó más por la luna que por el sol, a sus 15 años y ya teniendo varios libros leídos repetidas veces, investigaba por su cuenta. Al cumplir los 16 se vio obligada a comenzar a entrenar con los demás jóvenes del pueblo, había llegado a la edad límite y no podía seguir escapando de ello. De ser por ella no lo haría, conocía algunas técnicas que leyó a lo largo del tiempo, pero jamás se vio obligada a usar ninguna, y cada vez que otros jóvenes la molestaban y hostigaban, sentía que no sacaría nada con intentar defenderse estando sola contr personas, sería inútil, y probablemente peor para ella.
Por un lado, intentaba ver de forma positiva este comienzo, quizás aprendería a defenderse de mejor manera y dejarían de molestarla de una buena vez, o tal vez se ganaría su respeto y la dejen de hostigar luego de unas cuantas sesiones y un progreso notorio, pero por el lado negativo, estaba el hecho de que los mismos chicos que la molestaban, entrenarían con ella, jóvenes que llevaban d años más que ella practicando combate… La cosa se veía complicada… Pero era una obligación de la que no podía escapar.
Su primer entrenamiento fue un domingo, día sagrado para los seguidores del sol, la rubia se sentía sola entre tanto joven entusiasmado por entrenar, miraba para todas partes y ninguna mirada que recibía parecía ser de agrado. Constantemente se la trataba de traidora y hereje, por la simple razón de mirar la luna por las noches, la infinita lista de castigos que Diana poseía superaba a varios de los peores alumnos que hoy asistían a entrenar. Siempre se daba a conocer a quienes castigaban y por qué motivos de forma pública, tal vez como otra medida de castigo, la de someter a dicho joven a sentir vergüenza de sus actos, pero ella sentía que era injusto, a su corta edad, su terquedad era impresionante y jamás cesó en sus intentos por conseguir más información o seguir viendo la luna (lo cual la llevaba a ser castigada otra vez…)
Se rumoreaba que quizás Leona estaría presente en los entrenamientos desde hoy en adelante, nada era seguro, la joven ascendió a 'Elegida del Sol' hace no mucho, fue entrenada en la cima de la montaña durante bastante tiempo, y era muy respetada tanto por ancianos como por estudiantes. Diana admiraba silenciosamente a la guerrera elegida del sol, si bien podría pensarse que luego de ser reconocida como la representante de su dios, el astro más grande y sagrado para los Solari, Leona se transformaría quizás en una persona arrogante o engreída, la joven era todo lo contrario, nunca dejó de ser humilde ni de ayudar a los demás, después de todo, fue ese sentido de misericordia y perdón lo que le valió ser elegida por el dios solar.
La platinada estaba bastante asustada por la idea de que Leona estuviese en el entrenamiento, le preocupaba que quizás, la pelirroja se enterase por boca de los otros jóvenes de los castigos que se le imponían y que la juzgase por ser tratada como traidora. Claro, Diana sabía que la elegida era buena persona, pero tal vez al escuchar tantos rumores viniendo de diferentes individuos, éstos la convencerían de que la rubia no era una buena influencia y que hasta debía de ser ejecutada, cosa que los otros chicos constantemente le decían a Diana.
No paso mucho tiempo en la arena desde que había llegado, cuando ya los otros chicos comenzaron a molestarla, todos llevaban como armadura una especie de falda con lazos de cuero y metal en las puntas, una pechera de hierro delgado, pero bastante duro y algo pesado, protectores para las muñecas, unas botas con canilleras metálicas y un casco de un color algo cobrizo y metálico. Los chicos vieron a la joven parada sin saber qué hacer y mirando a todos lados, no dudaron en acercarse para molestarla y divertirse un poco, sentían más confianza de la que se tenían normalmente, Diana estaba en su territorio, los chicos llevaban mucho más tiempo que ella en entrenamientos, si bien no eran los mejores de su clase, tampoco eran de los peores, sabían defenderse y atacar decentemente, sabiendo que la joven era básicamente un ratón de biblioteca metida en un campo de lucha, querían divertirse antes de que comenzara el entrenamiento.
Ekain era un joven de estatura un poco superior al promedio, moreno y de cabello oscuro, era astuto y hábil en el combate, sin ser de los mejores seguía siendo un rival difícil incluso para los más avanzados. Era uno de los que constantemente molestaba a Diana y no se avergonzaba al respecto, para él, la chica tenía un grave problema y es que era imperdonable tener tantos castigos y por una razón tan mediocre como la de buscar a la luna, ¿qué clase de Solari hace semejante estupidez? En sus palabras, la joven era una vergüenza para el pueblo, y si por él fuera, la desterraría de Rakkor, o mejor aún, la ejecutaría para asegurarse de que jamás pueda divulgar siquiera acerca de la existencia de la luna como ente de poder.
"Vaya… así que por fin te encontramos aquí..." - dijo el joven, ansioso de tener a Diana en combate.
Diana lo ignora, la joven sabía que iban a molestarla y quizás golpearla estando en la arena de combate, por lo que al menos haría que valiera la pena haciendo enojar a Ekain.
"Creo que te ignoran Eka" - comentó Yanara, amiga del muchacho.
Yanara era una joven de piel morena, de ojos castaños muy oscuro y cabello negro. Era levemente más pequeña que Diana en estatura, unos escaso centímetros. (Yanara: 153 cm)
"A ver, a ver traidora, ¿realmente crees que puedes simplemente ignorarnos como si no estuviéramos aquí? Tienes claro que vamos a estar aquí por años ¿verdad?" - preguntó Ekain, intentando hacer enojar a Diana.
"No me interesa" - respondió a secas, sin siquiera mirarlo.
Se acerca a Diana mosqueado.
"Mírame cuando te hablo, hereje" - demandó, tomando a Diana fuertemente por el mentón con su mano derecha.
La rubia lo mira algo confundida, luego se quita el agarre de encima con su brazo izquierdo. El muchacho sonríe.
"Hmm, ¿sabes qué? Desde hoy serás nuestra compañera de entrenamientos." - exclamó Yanara.
"Wow, eso suena excelente" - añadió Elián, antes de ir por las espadas de madera.
Elián era un joven pelirrojo, su cabello era corto y algo rapado a los costados, sus ojos eran de un color ámbar bastante bonito. Era un poco más bajo que Ekain. (168 cm y 173 cm)
Diana miró a Elián preocupada, claramente tendría que pelear y jamás lo había hecho de manera seria como ahora, leyó un par de cosas antes de ir, pero en cuanto a práctica, no tenía casi nada, practicar sola con golpes al aire no era lo mismo, por lo que estaba algo asustada. Tal vez si fues no le preocuparía tanto, pero ahora estaría 1 contra 4, clara desventaja, más aún cuando sus oponentes tienen más experiencia que ella.
"¿asustada, traidora?" - Preguntó Suvan, el otro chico que siempre estaba con Ekain.
Suvan tiene cabellera marrón, moreno y de ojos castaños con toques rojizos, muy hábil y de estatura promedio para su edad. (Tiene 17 años, mide 169 cm)
Diana lo mira despectivamente y no responde, aprendió que ignorarlos les molestaba más que cualquier respuesta.
"Mejor ponte cómoda y prepárate, porque desde hoy, tu vida será bastante más compleja de lo que ya es, hereje." - dijo Ekain.
"Odiarás haber mirado la noche alguna vez, traidora..." - comentó Suvan, con odio en su voz.
Diana los miró a los tres sin ninguna expresión en su rostro.
"Lo único que odio es tener que tolerar la existencia de ustedes respirando junto a mí." - respondió Diana, sonando aún más despectiva que los muchachos.
Cuando Ekain se acercó a ella con rabia para golpearla, Elián apareció con las espadas de madera, una en su funda, y otras 4 en brazos. Los muchachos tomaron las espadas casi todos a la vez y lanzaron la restante a los pies de la joven acólita, ella los miró con expresión confundida, al principio, creyó que no le darían una espada a ella pero, al menos en combate eran 'algo' honorables y no la dejaron totalmente desarmada.
Ekain dio una rápida mirada hacia los instructores, y luego de confirmar que estaban distraídos, levantó un poco la cabeza mirando a Diana, insinuándole que levantara la espada de una vez.
"Si no lo haces, escogerás estar desarmada contra nosotros" - comentó Elián.
Diana dudó al principio, pero levantó la espada rápidamente luego de pensarlo mejor. Tan rápido como la levantó, Ekain lanzó un golpe al costado izquierdo de Diana, a la altura de la cintura, la chica bloqueó tan rápido como pudo y con bastante inexperiencia, pero bloqueó el golpe de todas formas.
"Oh, bien, esto será más divertido de lo que pensé" - dijo Ekain.
Diana dio un suspiro rápido, sabiendo que le costaría bastante resistir todos los golpes luego del primero.
La joven estaba rodeada, el resto de los aprendices que no eran parte de esta pelea no prestaron mucha atención al principio, luego, poco a poco fueron acercándose y a celebrar cada estocada que Diana recibía, los instructores no prestaban mucha atención, combates no pactados y de práctica eran pan de todos los días en las arenas de entrenamiento, lo extraño para ellos era que no ocurriese ninguno.
Suvan estaba detrás de Diana, quien sostenía la espada sólo con la mano derecha, pues sentía que giraría más rápido el cuerpo si sostenía la espada solo con una mano, de frente tenía a Ekain, a Elián por la izquierda y Yanara por la derecha. Respiró profundamente e intentó quitarse la tensión del cuerpo, queriendo concentrarse.
Los miraba a todos rápidamente sin bajar la guardia, Yanara intentó golpearle la pierna derecha, pero Diana la levantó. Por el frente, Ekain lanzó otro golpe al estómago, pero la joven lo bloqueó como pudo con la espada, la vibración del choque hizo que le doliera la mano, pero no bajó la guardia. Por la espalda, Suvan le lanzó un golpe certero a la columna, la rubia volteó a verlo y Elián la golpeó por el costado derecho, mientras que Ekain la golpeó por la espalda luego de que ella volteara. Diana estaba enojándose, y los jóvenes podían notarlo.
"Ay…¿Estás molesta?" - preguntó Ekain burlesco.
Diana no respondió, pero volteó a mirarlo con odio en sus ojos, el joven la miraba al principio con una sonrisa maliciosa, la sonrisa se le borró cuando le pareció ver una especie de brillo en sus ojos, en ese momento, Yanara golpeó a Diana en la pierna derecha, haciendo que se desestabilizara y bajara la rodilla derecha al suelo, quedando con su pierna izquierda flectada por delante de ella, desde allí, la rubia miró a la jovencita con rabia, Yanara intentó golpear a Diana en la cara con su espada, pero la joven bloqueó el golpe, y con la misma pierna golpeada, pateó el pie de la chica, quien cayó al suelo de espaldas. Los muchachos se molestaron y se pusieron más serios con sus ataques.
Suvan la golpeó fuerte en las costillas, mientras que Ekain intentó golpear su rodilla izquierda, Yanara se ponía de pie y Diana bloqueó el golpe de Ekain, pero no el de Suvan ni menos el de Elián, que la golpeó en el estómago desde el costado. De aquí en adelante eran uno o dos golpes esquivados y tres o cuatro golpes recibidos, con algo de suerte hacían que la acólita quedara con una rodilla en el suelo, pero no podían hacerla caer completamente.
Suvan le dio una fuerte estocada a Diana en la parte tracera de su rodilla, la joven dio un quejido de dolor y bajó la rodilla, pero se paró rápidamente. Enfurecida, atacó al joven velozmente, el muchacho apenas se cubría del inesperado ataque, hasta que Diana lo desarmó con una patada zurda directa a la espada de madera, y con la otra pierna pateó uno de los pies del chico y lo hizo caer. Rápidamente, Ekain se metió a defender a su amigo y golpeó a la rubia por la espalda, y nuevamente, la chica volteó hacia él con furia en sus ojos, tanto así que el joven hasta temió por su vida, la joven comenzó a atacar con velocidad otra vez, el muchacho se cubría de los ataques sonriente, mientras Diana lo miraba fijamente a los ojos, sin prestar atención a nada más que la mirada de su contrincante, hasta que un par de espadazos los dejó a ambos forcejeando frente a frente, mientras él sonreía desafiante, la acólita no dejaba de mirarlo, ignorando las punzadas y golpes de los otros jóvenes, lo que descolocaba un poco a Ekain, ¿cómo es que simplemente los ignora?
La rubia se separó del forcejeo dando un paso hacia la izquierda, girando sobre su cuerpo, haciendo que Ekain pasara de largo mientras forcejaba, hizo girar la espada por encima de su rival con su mano derecha, y cuando este pasó por su costado precipitadamente, bajó la espada con fuerza para golpearlo en la nuca. Luego de esto, Diana quedó con los 4 frente a ella y los miró a todos uno por uno.
"Esto se acabó" - dijo sin más, dándose por ganadora y quitándose el casco para retirarse, dejándolos allí, detrás de ella luego de que diera media vuelta.
Ekain no podía creer que la traidora lo haya dejado en el suelo, por lo que fue silenciosamente hacia ella, y sabiendo que se quitaba el casco, la golpeó en la cabeza con la espada de madera, rompiéndola en el acto. Diana cayó al suelo de inmediato, mareada, confundida y muy adolorida, no entendía qué pasaba, estaba totalmente aturdida por el golpe, lo único que distinguió fue algo dorado frente a ella, pero veía tan borroso que no sabía qué era, sus ojos se cerraron lentamente, quedando inconsciente.
El muchacho estaba totalmente enfurecido al sentirse derrotado por la joven, luego de golpearla en la cabeza por la espalda, había retrocedido un par de pasos dando media vuelta, pero su furia y odio hacia ella eran tan grandes que volteó hacia ella para intentar golpearla con los puños.
Antes de que Ekain pudiese agacharse a darle de golpes a Diana, Leona dio un paso delante de la joven, y previendo el ataque, decidió detenerlo con una patada en el pecho, Ekain cayó nuevamente, se quedó sentado en el suelo dándose cuenta de quién lo había golpeado.
Desde lejos, la guerrera quedó boquiabierta luego de ver toda la escena, vio el pequeño combate con rabia y a la vez fascinación, le llamó bastante la atención la resistencia y velocidad de la rubia en combate. Sin embargo, al acercarse, la llenó de ira el ver que, luego de retirarse y quitarse el casco en señal de que ya no quería seguir combatiendo, la atacara aquel muchacho por la espalda, intentó evitar el ataque, pero la chica ya había recibido el golpe y estaba en el suelo. Leona estaba muy enojada por la cobardía del atacante, quien además quiso atacarla nuevamente, mientras la joven estaba desmayada.
"¿QUÉ CREEN QUE HACEN?" - preguntó enojada.
"Elegida..." - fue lo único que pudo articular Ekain.
"¿En verdad se creen superiores atacando cuatro a una sola chica?" - preguntó demandante la Solari.
"Ella se lo buscó" - respondió Yanara.
"Esta tipa es una traidora, una hereje, pasa más tiempo castigada que alabando al sol, debería ser sacrificada en nombre de nuestro Dios en lugar de estar entrenándose con verdaderos Solari." - respondió Ekain, mirando con asco a Diana. Se ponía de pie mientras hablaba.
"¿Alguno de ustedes sabe quién soy?" - preguntó Leona con seriedad y con el ceño fruncido.
"Eres la elegida del Sol" - contestó Elián.
"Exacto, y fui elegida por el sol luego de un acto de misericordia, no por atacar a un digno rival por la espalda" - totalmente seria.
"¿Digno rival? - preguntó Suvan sorprendido – Ella no es rival digno de nadie" - agregó molesto Ekain.
"¿Y tú crees ser un digno oponente? Ni siquiera fuiste capaz de pelear uno a uno con ella, ¿realmente crees que eres digno de siquiera levantar una espada de madera?"
"¡Soy un Solari de verdad! Esta tipa es una traidora, no merece estar aquí" – contestó Suvan.
"¡¿Qué sabes tú de ser Solari?!" - exclamó Leona.
"Pues… nací en Targon, creo que sé lo que conlleva" - contestó el joven enojado.
"¿Cuál es tu nombre, hijo de Targon?" - preguntó nuevamente, asegurándose de que nadie se acercase a Diana.
"Suvan" - contestó simple y serio.
"Escucha Suvan, haber nacido aquí no te hace un Solari. No somos solo muerte y guerra, no somos simples guerreros nacidos para luchar. Un Solari verdadero es más que una máquina de matar. - El muchacho la mira en silencio – Tú no sabes lo que significa ni lo que conlleva, no te llenes la boca hablando de lo que no sabes…"
"… No… yo nací para luchar y defender Targon de cualquiera que la ataque, y ELLA NO ES MAS QUE UNA COBARDE Y TRAIDORA-" interrumpido.
"¡No eres más que un chiquillo ignorante!, ni siquiera fuiste capaz de desafiarla a ella a un combate justo de uno a uno… No tienes las agallas para luchar contra ella cara a cara, la tratas de cobarde y traidora, cuando en realidad eres tú quien se escuda en un grupo de idiotas para golpearla…" - lo encaró, Suvan se quedó mudo.
"Ella se defendió en un cuatro contra uno y aun así estaba en pie – encaró al grupo completo de jóvenes – y adivinen quiénes cayeron – dijo, mirando fijamente a Ekain – No fuiste capaz de luchar contra ella y además la golpeaste en la cabeza por la espalda… No eres un guerrero, no eres un luchador, eres un simple cobarde - Ekain la mira con algo de desprecio – Y no me mires así a menos que estés dispuesto a luchar contra mí." - argumentó.
"Desde mañana ella entrena conmigo… - Ekain rezonga enojado – Si no te gusta, toma tu espada y pelea conmigo." - Dijo con seriedad, poniéndose en posición de combate.
Fue un momento claramente incómodo para los muchachos, pero Leona sentía que había hecho lo correcto, quién sabe qué hubiese ocurrido si ella no llegaba y la seguían golpeando mientras estuviese en el suelo, ni siquiera sabía si es que la chica podría levantarse en uno o dos días de la cama, el golpe recibido en la cabeza fue bastante fuerte, la espada se rompió al momento del golpe y la joven cayó de inmediato, la peli-roja no tenía la certeza de que la muchacha estuviese del todo bien, estaba inconsciente en este momento.
En silencio y sin decirle nada más a nadie, dio media vuelta hacia la joven y se acercó a su rostro, sus ojos estaban cerrados y su cabello revuelto, tapándole la cara. Intentó despertarla dándole pequeños golpes en el rostro, pero no había ningún tipo de respuesta. Tomó el brazo derecho de la joven, intentando levantarla, pero era complicado, era como levantar un muerto, entonces, decidió voltearla boca arriba y pasar sus brazos por debajo de la chica, un brazo bajo sus piernas y el otro bajo su cuello, cargándola, acomodó un poco el agarre para que no se le vaya a resbalar y su brazo derecho terminó bajo la espalda de Diana, dándole más seguridad a Leona de que ésta no se caería al suelo ni resbalaría.
Comenzó a caminar casi sin rumbo, su principal idea era alejarse del campo de entrenamiento, no le dio importancia alguna a los entrenadores, pues éstos no ayudaron nunca a la joven, ¿por qué ir a dar explicaciones?
Luego de alejarse del grupo, casi sin pensarlo caminó hacia su habitación, lo correcto habría sido llevarla a enfermería o algo así, pero algo le hacía sentir que no harían mucho por la rubia allí. Aún desconocía el nombre de la chica, se veía dormida y pacífica, inofensiva. Le costaba creer que se le tuviese tan mal catalogada como le indicaban los muchachos que la molestaban y la golpeaban, y por otro lado, se le veía un gran futuro como luchadora, si bien Leona no era una experta ni conocía los dotes de todos los jóvenes del lugar, en su tiempo entrenando nunca vio a alguien luchar contra otros 4 y no caer ni una sola vez, al menos no a un novato, tenía talento innato con la espada, no la vio luchar con un escudo pero, al menos de manera ofensiva, parecía ir bastante bien para su total inexperiencia.
Pasó caminando frente a un pequeño edificio de adobe. En un principio no quería ir a la enfermería, pero ya pasando por allí, y viendo que la joven seguía inconsciente, decidió que lo mejor era que la viese alguien que supiera algo de medicina, quizás no llevarla sería lo peor, prefirió prevenir.
"¿Elegida?" - preguntó una de las enfermeras.
"Sí…Necesito que la revisen – dijo con cara preocupada – le dieron un golpe fuerte en la cabeza y no ha despertado desde entonces"
"¿Esa no es la chica que siempre está castigada? - preguntó otra enfermera - ¿Qué hace usted con ella?"
"Estuve presente en el entrenamiento de hoy, había 4 chicos golpeándola y uno de ellos la atacó por la espalda cuando ella ya había ganado el combate – respondió – era una contra 4 y pudo vencerlos… creo que necesitamos más Solaris así… sus castigos se pueden enmendar, el talento de guerra es innato."
Las enfermeras no quisieron entrar en discusiones de guerra con la elegida del sol, parecía la joven indicada para hablar de ello y se notaba que sentía que sabía perfectamente lo que decía.
Tendieron a Diana en una camilla en una sala pequeña, la guerrera apoyó su espalda en la pared junto a la puerta, esperando que las enfermeras terminaran de revisar a la rubia. A decir verdad, ninguna de las enfermeras se exaltó ni nada luego de examinarla, por lo que no parecía ser nada de gravedad.
"Creo que estará bien, de todas formas, si puedes traerla de vuelta cuando despierte sería lo mejor. Si es posible, me gustaría que la vigilaras o que le digas a alguien cercano a ella que esté atento o atenta por si siente mareos luego de despertar, si llegase a ver borroso o muchas nauseas – Leona escucha atenta – por otra parte, si después de despertar lo único que quiere es dormir o siente demasiado sueño o cansancio, también debemos examinarla. Si nada de eso pasa, es probable que esté bien."
"Entendido" - contestó la peli-roja.
"Pero insisto, apenas despierte o esté mejor, tráela de vuelta. Pregúntale si recuerda algo, pregunta su nombre, si te escucha y te ve bien, son cosas importantes"
"De acuerdo… - respondió pensativa - ¿q-qué hago con ella ahora?"
"Llevarla... ¿a su casa?" - preguntó, haciendo que la respuesta sonase obvia.
"Oh, de acuerdo" - respondió.
Volvió a tomarla en brazos para llevársela, la guerrera esperaba que las enfermeras ofrecieran dejarla allí para tenerla en observación o algo así, pero eso no pasó, se despidió de las enfermeras y se fue con Diana.
El sol comenzaba a descender, Leona estaba contenta por sentir que hizo lo correcto al defender a la chica y evitar que la siguiesen golpeando, le alegraba saber que cuidaba de alguien que lo necesitaba. Como no sabía dónde vivía la chica y llevarla en brazos todo el tiempo ya comenzaba a cansarla, optó por la que fue su primera opción, llevarla a su habitación, era el único lugar donde nadie entraba, solo ella, por lo que no habrían mayores cuestionamientos de por qué o para qué; ella quería que la muchacha descansara y le parecía justo, además, quería quitarse de una vez la armadura, adoraba usarla, pero se volvía pesada con el correr de las horas y el calor corporal aumentaba demasiado, a veces sentía que estaba hirviendo en ella.
Al llegar a su casa, caminó hacia su habitación e inmediatamente dejó a la chica recostada sobre su cama, luego fue por algo de ropa cómoda para quitarse la armadura.
La rubia estaba aún dormida o inconsciente, Leona no lo tenía claro del todo. Aun así, le dio la espalda a la hora de cambiarse la ropa. Comenzó por la parte inferior de la armadura, quitándose los protectores de las botas, canilleras y rodilleras, al sacarse todos los objetos metálicos, se quedó solo con unas calzas bastante ajustadas, se las quitó también y se puso un pantalón un poco más holgado que tenía sobre su cama, era de color café claro, casi beige. Diana seguía dormida, su cara miraba hacia la ventana de la habitación, mientras que la elegida estaba por el lado contrario al que la rubia enfrentaba.
Leona seguía a lo suyo, se quitó la pechera, los protectores en los hombros y los guantes, se quedó con una camiseta púrpura ajustada al cuerpo, la prenda resaltaba su fuerza física y una silueta escultural, sin embargo, la muchacha en este momento solo quería sentir algo de 'libertad'.
Luego de quitarse todo lo de arriba, volteó brevemente a ver si es que la otra muchacha había despertado, Diana seguía inmóvil. La morena se relajó e inmediatamente comenzó a estirarse, en breves ocasiones sus huesos incluso crujían un poco, a pesar del pequeño dolor que a veces provocaba, el relajo era inmediato.
La joven caminó hacia su ropero, buscando alguna camisa suelta o algo menos ajustado de lo que tenía puesto, se quedó con una camisa blanca algo grande para su físico, pero era perfecta para el momento.
Mientras se abotonaba la camisa (aun dándole la espalda a Diana), ésta comenzó a despertar al tener la luz anaranjada del sol en la cara. Abrió los ojos con dificultad y con la visión borrosa, dio unos cuantos quejidos al despertar, algunos por el dolor en la cabeza, otros por el dolor en los ojos.
Leona escuchó los quejidos y se acercó a la chica mientras terminaba de abotonarse la camisa hasta el pecho, dejando un pequeño cuello en V.
Diana se cubrió de la luz solar con su mano izquierda (estaba recostada sobre su lado derecho), miró la habitación y la desconoció de inmediato, enseguida se preguntó dónde estaba, pero de manera muy serena continuó analizando el lugar. Luego miró hacia los pies de la cama al ver movimiento, alzó la mirada y se encontró con la melena y los ojos de Leona, quien la miraba con preocupación y a la vez con algo de alivio.
"¿Estás bien?" - Preguntó Leona.
Se sentó en la cama de golpe - "¿Dónde estoy?" - preguntó confundida, un leve mareo la hizo caer recostada nuevamente.
"En mi habitación, no te apresures, te golpearon fuerte en la cabeza, la enferma dijo que debía vigilarte" - contestó, sentándose en la cama junto a Diana, pero sin acercarse demasiado.
"¿Por qué tú?" - preguntó estupefacta, pestañeando muy lentamente por el mareo.
"Porque yo te llevé a la enfermería – respondió seria – Te vi peleando contra esos 4 chicos, pero no pude evitar que te golpeara por la espalda uno de ellos, lo siento" - explicó luego.
Diana lleva la mirada hacia los ojos de Leona, preguntándose por qué se disculpaba, por qué quiso defenderla, por qué decidió llevarla a la enfermería, y, por último, por qué la llevó a su habitación.
Leona entendió la mirada de análisis, pero no sabía muy bien qué responder, se notaba que varias preguntas rondaban a la muchacha y ella no sabía que decir. Ella solo actuó en defensa de quien creyó que lo necesitaba, no tenía mayor explicación, protegió a quien vio vulnerable y nada más.
Se miraron en silencio por ese lapso de tiempo en el que Diana se preguntaba por qué y Leona se mantenía callada.
La rubia no se percató de quién estaba frente a ella hasta este momento, porque recién ahora pudo ver los ojos de la peli-roja, su color variante entre ámbar, naranja y miel, que entre más los veía más parecían arder con vida propia. Era imposible que no fuese la elegida del sol, NADIE en Targon tiene los ojos así.
"¿E-elegida?" - preguntó algo temerosa y con nerviosismo. Se sentó en la cama inmediatamente.
Suspira - "Pues… sí… - algo incómoda – pero, por favor, solo llámame Leona" - sonrió, aun algo incómoda.
"Elegida… lamento quitarle su tiempo… yo-" - la interrumpe Leona.
"Por favor, llámame Leona, no quiero que todo el mundo me trate como si fuese una princesa" - comentó sincera y sonriente.
A Diana le costaba trabajo digerir la idea de llamar a la elegida del sol por su nombre de pila, se le inculcó y se le recalcó muchas veces la importancia que tenía la muchacha en el pueblo, que debía dirigirse hacia ella siempre con respeto, tenía la idea tan clavada en la mente que le costaba concebir la sola idea de llamarla por su nombre. El respeto y la admiración que Leona despertaba en ella tampoco ayudaban a la tarea…
"Leona..." - dijo en voz baja, sin mirarla.
"Eso es – contestó - ¿Cuál es tu nombre? - preguntó intrigada – pasé contigo gran parte del día, pero estabas inconsciente, y nadie me dijo tu nombre"
"Apuesto que no… - contestó con sarcasmo, sabiendo cómo la trataban los demás - … Diana … - respondió, mirándola fijamente, esperando alguna reacción negativa. - Mi nombre es Diana".
Nota sobre los nombres:
Ekain: significa "la parte alta del sol". Origen Vasco (masculino).
Yanara: significa "hija del sol". Origen mapuche (femenino).
Elián: significa "hombre brillante" Origen bíblico, derivado de Helio (masculino).
Suvan: significa "El sol" Origen indio (la India). (mixto).
Nota Final: Pues nada, este ha sido el primer capítulo, espero no haber aburrido a nadie porque igual quedó relativamente largo xD me pareció buena idea lo de los nombres, al menos a mí me hizo mucho sentido, no sé cuando suba el segundo capítulo, podría decirse que ya está listo (de hecho ya voy por el 3) pero quiero afinar bien los detalles antes de subirlo, con este pasé como 5 horas refinandolo y espero que no se me haya pasado ningún detalle. Ojalá les agrade c:
Greetings Summoners (recuerdo que así me despedía cuando los invocadores seguían existiendo XDXD)
