Nota: Recuerden que la mayoría de las cosas aquí escritas podrían NO tener relación con el lore cannon de League of Legends (además de que últimamente lo han cambiado bastante xD) Esto NO es fiel al lore (:

Nota 2: Diana y Leona pertenecen a Riot Games, al igual que los lugares nombrados.


Capítulo 2:

El sol seguía bajando conforme pasaban los minutos, Diana se quedó con la vista fija en Leona, analizando qué tipo de reacción podría tener la Elegida luego de conocer su nombre. Para la platinada, era obvio que la peli-roja dejaría de ser amable con ella y comenzaría a tratarla como el resto, "solo es cuestión de tiempo" pensaba, aún sentada en la cama.

"Oh, así que te llamas Diana – comentó con una leve sonrisa – eres bastante resistente ¿sabes?" – preguntó, confundiendo a la rubia.

"¿Qué?" – no entiende a qué se refiere.

"Es que... bueno, paso la mayor parte del tiempo entrenando y no había visto a nadie ganar solo contra cuatro – explicó algo fascinada – tienes un potencial tremendo, no puedo creer que te traten así"

"Pues... - responde, sin saber qué decir – Gracias, supongo"

Leona le sonríe. Como no había pasado mucho tiempo en el pueblo desde que fue a entrenar a la montaña, no entendía el porqué del odio de los demás hacia la joven que tenía enfrente, a simple vista se veía como una persona sencilla, tranquila, y tenía la sensación de que no era muy conversadora, además, ella nunca ponía atención a la lista de los castigados, sentía que no era de mayor importancia el saber por qué castigaban a quién, por lo que le costaba pensar qué pudo haber hecho Diana para que los otros la traten tan mal. Tenía curiosidad y ganas de preguntar, pero sentía que sería un tema de conversación incómodo, además recién la había conocido, preguntarle por qué la odian no ayudaría en nada.

"La enfermera me dijo que te llevara de vuelta con ella si es que al despertar sentías mareos, náuseas, demasiado sueño o si veías borroso – explicó, intentando recordar todas las indicaciones - ¿Cómo te sientes?"

"Me duele mucho la cabeza en la parte de atrás, siento que me voy a desmayar o algo así – explicó, seguía algo aturdida – ni siquiera recuerdo en qué momento me dormí..."

"Estabas retirándote de una pelea con unos bravucones y uno de ellos te rompió una espada de madera en la cabeza – Diana intenta recordar el momento – el golpe te dejó inconsciente" – dijo con seriedad.

"Sinceramente no recuerdo esa parte – contestó, intentando hacer memoria – solo recuerdo que di media vuelta y... de pronto, abrí los ojos y estaba aquí"

"¿Crees que puedas ir a la enfermería?" – algo preocupada

Diana la miró dubitativa, no sabía si era preocupación genuina por parte de Leona o si es que simplemente quería estar sola en su habitación, de cualquier forma, intentó ponerse de pie sin decir nada, pero el movimiento lo hizo demasiado rápido, tuvo un pequeño mareo que la hizo perder el balance y tambalear frente a la Elegida. Leona se puso de pie rápidamente cuando vio a la rubia sujetándose del borde de la ventana, intentando no caer, se acercó rauda para ayudarla, tratando de sujetarla desde el brazo izquierdo.

Diana se quedó unos segundos con los ojos cerrados, intentando que su mente dejase de dar vueltas, como queriendo que el mundo dejara de girar. Cuando los abrió, fijó su vista en lo que había al otro lado de la ventana, el sol anaranjado escondiéndose lentamente a lo lejos, mientras el cielo se oscurecía, dio un suspiro de cansancio, agradecida de que el día se le haya pasado tan rápido, secretamente contenta de que la noche estaba pronta a caer.

La muchacha rubia solía pasar la mayor parte del atardecer y las noches en algún rincón del pueblo, o mejor aun, lejos del mismo. Solía aventurarse un poco en la montaña, acercándose a ciertos barrancos que ya conocía y donde prácticamente siempre podía estar sola, pues nadie iba para allá, era un buen lugar para ella, pues podía ver la salida de la luna, y las grandes rocas que habían justo detrás de aquel barranco la mantenían oculta.

Ella quería ir... estaba comenzando a sentir la urgencia de salir de esta habitación y poder disfrutar de la soledad que se le arrebató durante el día, quería llevar algún libro y ponerse a leer bajo la luz de la luna, si bien no había luna llena, iluminaba lo suficiente para que ella pudiese leer sin problemas.

Leona notó que la muchacha estaba algo... perdida en sus pensamientos, ¿estará sintiéndose mal? Se preguntó, el silencio de la otra no hacía más que preocuparla, pensó que quizás sí se desmayaría de nuevo.

"Si no te sientes bien para ir, puedes recostarte un poco más e ir más tarde" – comentó.

"NO – respondió de inmediato – No... estoy bien, necesito unos segundos nada más, luego me iré y la dejaré tranquila" – agregó, no queriendo quitarle más tiempo.

"Oye, no hables como si me molestara que estés aquí, no eres una molestia" – aclaró, no le gustaba que Diana asumiera lo contrario.

"De todas formas debería irme. Tengo... cosas que hacer en casa" – mintió, era ella quien quería estar sola.

"Entiendo... - dijo Leona, sin creerle nada – te acompañaré – Diana la mira con sorpresa – es un pueblo pequeño, no te preocupes. Además, no me gustaría que te encontraras de nuevo con esos chicos estando sola y sintiendo mareos" – le sonríe brevemente.

La mira con algo de desconcierto – "Está bien..." – contestó con simpleza.

Una de las pequeñas ventajas que tenía el desprecio de los demás hacia Diana, incluyendo instructores y ancianos sabios, era el deseo de ellos por mantenerla alejada de los demás, lo que los llevó a enviar a la muchacha a vivir sola a una pequeña casita de adobe, la vivienda estaba algo alejada del pequeño pueblo. Al momento de conocer que la enviarían a vivir sola, la platinada fingió disgusto y rabia, pretendiendo que no quería alejarse de los otros jóvenes y que era injusto, sin embargo, por dentro rebosaba de alegría al saber que por fin tendría un espacio propio, ya vería ella como mantenerse, tiempo más tarde consiguió un trabajo pequeño en la biblioteca, ordenando libros y llevando el conteo de los mismos.

Nada podía borrar su sonrisa cuando entró a la pequeña casa y los ancianos la dejaron sola, tenía muy pocas cosas al principio, tuvo que fabricarse otras por su cuenta con errores y aciertos, documentando ambos, como siempre lo había hecho, pero éste era su pequeño espacio, y a ella le encantaba que así fuese.

Diana seguía con ambas manos en el marco de la ventana, pensando en qué hacer ahora, quería ir a casa, pero los mareos le asustaban un poco, tal vez la enfermería no era tan mala idea...

"No me siento muy bien..." – explicó, mirando sus manos en la ventana.

"Te llevaré a enfermería" – replicó simple Leona.

La pelirroja tomó del brazo izquierdo a la rubia y la guió hacia la salida, caminaron en silencio sin decir nada, la elegida estaba preocupada. A medida que avanzaban, los pasos de Diana se fueron haciendo más firmes y confiados, el mareo comenzó a desaparecer y luego de unos pasos más, podía mover la cabeza sin sentir que todo daba vueltas al hacerlo. No habían avanzado mucho, la enfermería estaba a unas cuantas casas de donde ellas estaban, a lo lejos se escuchaba el murmullo de quienes aún estaban entrenando y el sonido de los vendedores del mercado de la plaza. Diana se detuvo un momento, Leona la soltó del brazo y se paró frente a ella, la rubia miraba a su alrededor, examinando si es que sus ojos se desenfocaban al levantar la cabeza o si es que aún estaba algo aturdida.

"¿Estás bien? ¿te sientes mejor?" – preguntó la pelirroja.

"Creo que sí... ya no siento mareos al moverme – explicó, aun analizando su alrededor – creo que iré a casa – dijo mirando a Leona – en enfermería no me harán nada más que enviarme a descansar."

"¿Quieres que te acompañe?" – La elegida sabía que Diana no pisaría la enfermería aunque le insistiera.

Diana se tomó unos segundos para decidir; la muchacha quería estar sola, pero sentía que le faltaría el respeto de manera tremenda a la elegida del sol si es que le decía que no, por lo que prefirió evitarse problemas o malos entendidos y accedió a su compañía, de todas formas, serían solo unos minutos hasta su casa.

"Está bien, es por allá" – comenzó a caminar delante de la elegida, caminando hacia la plaza para cruzarla.

Leona la seguía de cerca sin saber de qué hablarle, la otra joven no mostraba mucho interés por querer interactuar, por un lado, eso le agradaba, pues era común que otros jóvenes intentaran hablarle solo por ser la elegida y eso terminaba por aburrirle, no le gustaba recibir atención excesiva, hasta el momento su único amigo de principio a fin había sido Atreus (Pantheon), pero el muchacho no estaba en Rakkor desde hace un tiempo, se la pasaba en la montaña entrenando y extrañaba charlar con alguien. Como Diana demostraba poco interés en hablarle de cosas mundanas ni hacía preguntas acerca del sol o de lo increíble que era, a Leona le picó algo de interés, por fin alguien que no la idolatra solo por el título que va junto a su nombre y nada más, ya ni los ancianos la trataban como a una persona normal.

Diana intentaba caminar con firmeza, estando en medio de la plaza esquivando a otras personas, pudo notar cómo algunos la miraban con cierto desprecio y como otros preferían fijar su atención en quien iba caminando detrás de ella, agradecía el hecho de que nadie estuviese diciéndole cosas desagradables, pues Leona era mucho más llamativa que ella, por lo que los comentarios estaban más que nada centrados en la elegida del sol. Giró levemente la cabeza para ver cómo se lo tomaba la pelirroja, pudo notar una sonrisa leve pero también algo fingida, a Leona no le agradaba demasiado ser el centro de atención, miró nuevamente su camino y sus ojos se cruzaron con los de Yanara, quien trabajaba en el mercado por la tarde junto a su madre, la jovencita se le acercó rauda, pero al notar que Leona venía caminando casi junto a Diana, sus pasos se detuvieron.

"Un día te mataré..." – se pudo leer en los labios de Yanara.

Como si todo ocurriese en cámara lenta, Diana siguió caminando sin quitar sus ojos de los de la muchacha, girando la cabeza cuando ésta comenzó a quedar atrás mientras la rubia avanzaba, tras leer los labios y entender las palabras de Yanara, Diana le guiñó el ojo con una sonrisa casi burlesca, mientras giraba su cabeza nuevamente para ver su camino y seguir de frente. El gesto despertó la rabia en Yanara, pero crear una revuelta con Leona allí solo le jugaría en contra, además los chicos no estaban, no tenía sentido, se tragó su orgullo y continuó trabajando junto a su madre mientras miraba a la elegida del sol, maravillada con su belleza, y entristecida al notar que ésta la miró con seriedad, claramente recordaba con detalle el incidente del entrenamiento.

Cruzaron la plaza y la gente comenzó a quedar atrás, Leona aceleró el paso para caminar junto a Diana, quien la miró de reojo rápidamente y se puso algo nerviosa ante la presencia de la elegida, temía tenerla tan cerca, con todos los rumores y cosas que se decían en su contra, tenía miedo de que la elegida del sol la juzgase igual que lo hacían los demás, pues si era ella quien dijera que la prefiere muerta por traidora, los ancianos seguramente la escucharían, si Leona terminase creyendo en las palabras de la mayoría... entonces... probablemente tendría que huir por su vida...

"Aahh... - suspira – siempre es algo incómodo recibir ese tipo de atención" – comentó con relajo.

Diana no dijo nada, no sabía qué responder para no incomodarla.

Leona notó el silencio incómodo y miró a la muchacha girando levemente su cabeza, la pelirroja caminaba a la derecha de la rubia, quien no quitaba sus ojos del camino, pensando en qué decir o si era mejor no decir nada.

"Um... puedes hablarme si quieres" – comentó simple la elegida.

"No sé qué decir" – respondió.

"Le dije a los bravucones esos que desde mañana entrenarás conmigo, espero que no te moleste que sea tu sparring" – comentó, esperando una reacción.

"Oh, está bien" – dijo de manera simple, ocultando el miedo a ser juzgada al día siguiente por la elegida.

"Hmm... - pensativa - ¿por qué no me dices tu edad?"- preguntó sonriente, intentando mejorar el ambiente.

Diana la miró algo desconcertada... ¿su edad? ¿para qué? Al mirarla por un fragmento de segundos se dio cuenta de que Leona era levemente más alta que ella, tal vez unos 10 centímetros más alta como máximo (Leona mide 168 cm), miró el camino nuevamente y contestó.

"16"

"Ah, por eso eres más pequeña que yo – miró hacia adelante – yo tengo 18"

Diana la mira rápidamente y luego fija la mirada en su casa, ya estaban cerca, unos pasos más y llegarían. Leona no solo era mayor que ella, sino que también era su superior en cuanto a términos de guerra, pues tenía más experiencia y más rango, y eso sin considerar que es la elegida del sol, además, la pelirroja dejó bien en claro que ella sería su compañera de sparring, lo que, considerando el rango de ambas, convertía a la elegida en su instructora más que en su compañera. '¿Cómo es que la elegida del sol será mi sparring? ¿Cómo diablos pasó eso?' se preguntó mentalmente.

Levantó la mirada por casualidad y se dio cuenta de que iban llegando a su casa, era pequeña, pero la rubia estaba feliz de tenerla.

"llegamos" – dijo sin más.

Leona observa la vivienda, percatándose de que no hay luces al interior.

"¿No hay nadie en casa?" – preguntó curiosa, le preocupaba que tuviese algún desmayo por el golpe y que no hubiera nadie para ayudarle.

"No, no hay nadie, vivo sola" – contestó, abriendo el candado de la puerta.

"¿No eres muy joven para vivir sola?" – preguntó, nuevamente llena de curiosidad.

"Pues... no lo sé, puede ser, pero no conozco a mis padres y los ancianos no me quieren cerca de los otros chicos en el internado así que... me enviaron aquí" – explicó, mientras abría la puerta y se metía a su casa, Leona se para frente a la puerta mientras hablan.

"¿Qué? – confundida - ¿por qué harían eso los ancianos contigo?" – Totalmente desconcertada.

"Um... - no sabe muy bien qué decir – Pues... Eso... es... - nerviosa – asunto mío..." – Dijo con la cara algo sonrojada, no quería mencionar los castigos.

"Oh... - avergonzada – Lo siento, no quise incomodarte" – explicó luego, con cara de arrepentimiento.

"No se preocupe, elegida – sonríe levemente – está todo bien"

"No me llames así, tengo un nombre propio" – sonríe, realmente no le agradaba que la llamaran por el título en lugar de su nombre.

"Ay, es verdad... Leona..." – le dice, intentando sonar natural, pero se notaba algo insegura con la idea.

"Es un comienzo – comentó, notando que le costaba trabajo llamarla por su nombre – espero que con los entrenamientos te acostumbres" – agregó luego, alejándose un par de pasos hacia atrás, sin perder de vista a su interlocutora.

Diana no le dice nada, da una breve sonrisa algo nerviosa, aun preguntándose cómo es que desde ahora entrenaría con la elegida del sol, bastó un solo día de entrenamiento para que cambiara todo... seguía sin comprender como diablos es que sucedió todo esto estando inconsciente...

"Nos veremos pronto, Diana" – se despide haciéndole una leve reverencia.

"Adiós..." – comentó con suavidad, incrédula por la situación.

Diana cerró la puerta lentamente mientras Leona se alejaba del lugar. La rubia apoyó su espalda en la puerta, en su mente, resumía una y otra vez lo que recordaba del día, se enfureció al recordar lo que dijo Leona acerca de aquel muchacho golpeándola en la cabeza por la espalda, le daba rabia saber que alguien la atacó a traición y que no pudo hacer nada para defenderse más que caer desmayada, pero también era agradable saber que por única vez, hubo alguien que dio un paso adelante y se decidió a defenderla, ella no estaba consciente en aquel momento, pero lo que nunca había ocurrido, ocurrió por vez primera, eso le hacía sentir un poco más tranquila.

Le gustaba imaginar que Leona estaba básicamente de su lado, sin embargo, también estaba muy temerosa de que todos los rumores sobre ella llegaran a oídos de la elegida y que ésta terminase odiándola también, tal y como lo hace el resto, pensar que la pelirroja podría llegar a ser amiga suya le agradaba, pero le asustaba que luego de un tiempo, sucediera todo lo contrario.

Diana estaba segura de que debía mantener cautela, si antes intentaba ocultarse de los ancianos al salir de noche, ahora tendría que convertirse básicamente en una sombra, absolutamente nadie podía verla, si los rumores llegaban a la elegida del sol, seguramente perdería a la primera amiga que podría haber tenido incluso antes de ser amigas. Desde ahora, la cautela sería su única opción, porque quizás su vida corría peligro si la descubrían y Leona se enteraba, la palabra de la elegida tenía mucho peso en el consenso con los ancianos.

Luego de pensar por unos momentos en lo ocurrido, la muchacha (aun en la oscuridad), dio un profundo suspiro y se decidió a prepararse algo de comer, no sin antes encender un par de velas, la noche ya estaba básicamente encima, el sol ya se había escondido. Buscó algo de pan que tenía guardado en un mueble y puso agua a hervir para tomar algo de té.

Su casa era de dos pisos, aunque algo pequeña, para una sola persona estaba más que bien, en el segundo piso solo estaba su habitación, mientras que la cocina, el comedor y el baño se encontraban en el primero. La muchacha tenía una estantería con varios libros que le parecieron interesantes y algunos escritos propios de las veces que tomó nota de algo que parecía relevante, no siempre podía quedarse con los libros, pero cada vez que no podía, anotaba en algún cuaderno todo lo que consideraba vital. Se le hizo muy común el ir creando diccionarios personalizados con traducciones de manuscritos antiguos, le encantaba saber de historia y qué tenían que contar los antepasados respecto al presente que ellos vivieron.

En otro lado, Leona iba camino a casa con una leve sensación de alegría, no conoció mucho a Diana, pero parecía ser agradable, tal vez un poco fría o distante, o quizás algo tímida, sin embargo, sentía algo de empatía por ella al ver todo lo que ocurrió en el entrenamiento. La pelirroja se consideraba una persona fuerte y siempre sintió que esa fuerza debía usarla para el bien, no para dañar al resto, ella sentía que su camino era el de proteger a los débiles, por eso la llenó de ira el ver que 4 muchachos trataran así a Diana.

Siendo sincera consigo misma, no sabía si es que le había caído bien a la muchacha o no, pues ésta se mostraba algo distante durante todo momento, de vez en cuando una leve sonrisa, pero no sabía si era por cortesía o si era genuina, era complicado de saber, todo el mundo le sonreía solo por ser quien era, a veces le hartaba la falsedad de esas sonrisas o lo forzado que se veía, no quería que fuese siempre igual con cada persona que conocía, quería sentirse humana y no 'la elegida'.

La luchadora estaba algo ansiosa preguntándose si es que vería a la jovencita al día siguiente o no, y también quedó muy intrigada por ese aparente conflicto entre la rubia y los ancianos del pueblo, '¿Qué pudo haber hecho ella para que los ancianos tomaran una decisión así?' Se preguntó la pelirroja, las enfermeras mencionaron que Diana era la muchacha que siempre castigaban... ¿Sería Diana un mal ejemplo para los demás? ¿Realmente tenía tantos castigos como para echarla del internado? Se cuestionó nuevamente, el tema no era algo fácil de abordar, por lo que ir y preguntarle a la rubia o a los mismos ancianos no parecía una buena idea, era intrigante, sin duda alguna, su curiosidad estaba tocada y la pelirroja quería saber, los ancianos siempre fueron buenos con ella y la ayudaron en absolutamente todo, siempre fueron amables, por lo que le costaba mucho trabajo entender la decisión que tomaron con ella... ¿Tan grave fue lo que ocurrió?

Al día siguiente, Diana debía ir temprano a la biblioteca, si bien la mayoría de los Solaris eran guerreros y no solían interesarse por la literatura, la biblioteca que tenían era muy basta, contenía historia de diferentes rincones de Runaterra, usualmente sus libros estaban ligados siempre a la relación que tenía el sol con el resto del mundo, por lo que, a pesar de la amplia cantidad de libros que poseían, la mayoría de sus escritos estaba relacionado a un solo tema.

La rubia siempre estuvo interesada en la lectura, al principio los ancianos estaban contentos con su interés por aprender todo sobre el sol, su historia y cómo es que comenzó el culto Solari, pero, con el correr del tiempo, la pequeña niña comenzó a preguntarse si es que las estrellas o la luna tendrían algún tipo de culto también, comenzó a preguntar por qué es que jamás se mencionaba nada en los escritos, y allí comenzaron los problemas, las preguntas de la muchacha se fueron haciendo más y más constantes y profundas. Al principio la contentaban diciéndole que solo el sol era merecedor de un culto, que la luna y las estrellas no tenían mayor relevancia, pues su luz no era para nada comparable con la del sol, estas respuestas al principio eran suficientes, pero los años pasaron y Diana se intrigaba con las evasivas y repetitivas respuestas que recibía, comenzaron a caerle castigos por desobedecer a sus mayores y buscar información que le dijeron no buscara, desde allí cambió su relación con sus antiguos protectores, ahora la muchacha se cuidaba sola.

Por otro lado, Leona despertaba unos cuantos minutos más tarde de lo que salía el sol, ambos se levantaban casi al unísono, en verano se le hacía un poco molesto, pues sentía que no descansaba lo suficiente,por lo que terminaba tomando siestas por la tarde, pero en invierno le resultaba más cómodo, aunque las noches frías le dificultaban la existencia. Estando actualmente a mediados de primavera, podía decirse que descansaba lo suficiente para despertar de buen humor. Su día comenzó normal, se acercó a tomar desayuno al comedor, se despidió del encargado de la casa y se dirigió a la arena de entrenamientos, sus días en el monte Targon consistían en gran medida en entrenar, meditar y prepararse físicamente durante horas, desde la mañana hasta el atardecer, a Leona no le molestaba en absoluto, para ella esto era totalmente natural, descansaba los días sábados y algunas veces parte de los viernes, aunque esto rara vez ocurría.

Diana estaba en la biblioteca mientras la elegida del sol ya iba camino a entrenar, la rubia tenía trabajo que hacer, debía ordenar varias estanterías de libros, hacer algunos conteos y organizar los pedidos pendientes, si bien los ancianos y sabios del pueblo no tenían mucha confianza en ella, Aurora, la directora de la biblioteca llevaba mucho tiempo conociendo a Diana, con el pasar del tiempo aprendió el respeto que la muchacha mostraba por la organización de todos los documentos del lugar, se preocupaba de que cada estante estuviese siempre limpio para no estropear las hojas, día a día la jovencita se ganó la confianza de la directora y comenzaron a tener una relación de amistad más que de jefatura y subordinada, el trabajo se les hacía muy ameno y, a estas alturas, la jefa ni siquiera le decía a Diana que tenía que hacer, pues ella ya conocía la rutina.

Las horas pasaban y la rubia seguía trabajando en la biblioteca, se preguntaba por breves momentos qué es lo que pasaría en la arena de entrenamiento cuando se presente luego de salir del trabajo, ¿estará Leona allí? ¿Realmente será su sparring? ¿Atreus seguirá cociendo el pan en las montañas? Preguntas que, por el momento, no tienen respuestas.

Leona por su parte, entrenaba como lo hacía normalmente, aunque no tenía muy claro por qué la chica no estaba presente, creyó que tal vez no iría por lo ocurrido el día anterior, le preocupaba pensar que quizás, durante la noche le pasó algo mientras estaba sola en casa... Se tomó un descanso (cosa que rara vez hacía) y comenzó a caminar hacia la casa de la muchacha.

"Mi elegida, ¿dónde va?" - preguntó extrañado un instructor.

"Pues... debo revisar algo un momento, vengo enseguida" - contestó, no quería dar explicaciones.

"¿Regresará pronto?" - preguntó sonriente.

"Sí, no se preocupe instructor, ya vuelvo" - respondió con una sonrisa.

Caminó hacia la plaza central, pues recordaba el camino desde allí, y luego se dirigió a la casa de Diana, realmente le preocupaba, la imaginaba tirada en el suelo, desmayada y sola, sin que nadie supiera qué le había pasado. Acaparó la atención de la gente en la plaza, pero ella solo asentía con la cabeza y sonreía de vuelta, concentrada en lo que le concernía. Al llegar a la casa, se percató de que el candado estaba puesto, por lo que la muchacha había salido '¿Se habrá encontrado con esos chicos nuevamente?', se preguntó algo ofuscada. De manera automática, volvió a la arena de combate y buscó a cualquiera de los bravucones, a quien vio primero fue a Yanara, quien estaba de espaldas a ella mientras entrenaba con Elián.

"Hey, ¿has visto a Diana?" - preguntó seria y seca.

La muchacha volteó confundida ante la pregunta - "¿Qué? No, no la he visto - ríe burlesca - no tengo idea donde pueda estar" - respondió, recordando a la rubia tirada en el suelo el día anterior.

"¿Estás segura de lo que me dices, niña?" - insistió, haciendo que la última palabra sonase algo despectiva.

"Sí, estoy segura - su sonrisa se desvanece - quizás está en la biblioteca, siempre sale de allí por las tardes..." - contestó, enojada y celosa por el interés que tenía la elegida por la hereje.

"Hmm..." - desconfía.

"Vaya a verla usted misma si no me cree, elegida" - agregó la muchacha, mirando los ojos de Leona, intentando ocultar el interés romántico que sentía por ella.

Leona solo asentó con la cabeza, la miró brevemente y se fue, buscando la ruta más corta a la biblioteca. Yanara se quedó unos segundos de pie, un poco entristecida por el trato tan frío de la elegida hacia ella. En el fondo, creía que las cosas cambiarían a penas Leona supiera quién era realmente su nueva amiguita...

Mientras tanto, Diana estaba casi terminando de ordenar una de las estanterías altas de la biblioteca, el mueble medía cerca de 3 metros de alto, por lo que necesitaba de una escalera para llegar a los últimos estantes. La muchacha ya estaba colocando los últimos libros:

"¿Te ayudo a bajar?" - preguntó Leona, algo consternada por verla trepada en la escalera sabiendo de los mareos que había sufrido ayer.

"¡Por el azul del cielo! - espantada, sacudió levemente la escalera - qué susto me diste... aaahh" - recuperando el aire y recordando cómo es que se respira...

"ja ja, lo siento mucho, no te quería asustar - el momento le pareció divertido - pero no sé si sea seguro que estés en las escaleras, te podrías marear y caer mal" - agregó después.

"Ya estoy bien, no te preocupes, solo me duele si me toco la cabeza, pero ya no me dan mareos ni nada así" - explicó, aun respirando con algo de dificultad y el corazón acelerado. Leona en verdad la asustó.

"Tienes la cara roja" - comentó sonriendo la elegida.

"¡Es que casi me matas del susto! - contestó, bajando por fin al suelo. - ¿Qué haces aquí?" - descolocada por su presencia.

"No te vi en el entrenamiento y pensé que quizás te habías desmayado o algo así, ya sabes... por lo del golpe en la cabeza" - respondió.

"Oh... pues... no se preocupe, trabajo aquí medio día y luego voy a los entrenamientos, tal vez debí mencionarlo ayer para no preocuparla" - responde, siempre refiriéndose a ella con respeto.

"Diana... - sonríe levemente - no tienes que tratarme como si fuese de la realeza o una anciana, solo soy mayor que tú por 2 años..." - bromea.

"Lo siento, es la costumbre... - contesta sincera - siempre me han dicho que debo tratarle así..."

"Pues, de primera fuente puedo decirte que... no es necesario. Me agrada más que me traten como a una persona común y corriente, me hace sentir más humana y no como un... casi un fenómeno..."

Diana la mira pensativa, ¿así se siente la elegida del sol con el trato que recibe? Si bien no la tratan mal como a ella, el tratarla excesivamente bien parece tener un efecto similar, sentirse como "el bicho raro".

"¿Te queda mucho trabajo por hacer?" - preguntó Leona.

"No mucho, debo revisar algunas estanterías y, pues... revisar también... una... lista de cosas... que están listadas... o sea... unos... pedidos..." - intentó mentir, quería alargar lo más posible su estadía en la biblioteca.

La elegida se dio cuenta de inmediato que Diana estaba intentando evitar ir al entrenamiento, le parecía lógico luego de lo sucedido ayer, pero quería animarla a ir de todas formas, no quería que se sintiera amedrentada por aquellos jóvenes, de hecho quería que les demostrara lo contrario, pero claro, tampoco quería forzarla, mucho menos luego de aquel golpe, quizás obligarla a entrenar podría traer consecuencias físicas.

"¿Sabes? Puedo acompañarte si quieres y luego vamos juntas al entrenamiento, me vendría bien un descanso"

"Umm... pues... - muy dudosa - la verdad... - Leona la mira esperando alguna respuesta. Diana suspira profundamente - Para ser sincera... ya terminé mi turno... - algo cabizbaja - me gusta quedarme aquí al terminar porque estoy tranquila, no están los tipos que me molestan." - agregó con honestidad.

"Oh, entiendo – dijo en tono comprensivo - Pero vas a estar acompañada ahora, estoy segura de que lo pensarán dos veces antes de querer agredirte si estas conmigo - le sonríe - Odio que abusen de las personas como lo hicieron ayer contigo, si intentan hacerte algo, voy a defenderte"

Antes de que Diana pudiese responder algo, llegó Aurora.

"Elegida, que agradable resulta verla en la biblioteca, ¿busca algún libro en especial?" - preguntó con cortesía.

"La verdad no, vine a ver si encontraba a Diana aquí, me preocupó un poco no verla en el entrenamiento luego del golpe que recibió ayer" - La rubia mira a la elegida con algo de nerviosismo, como queriendo que no entregase más detalles a su jefa.

"¿Qué? ¿Cuál golpe?" - le preguntó directamente a Diana.

"Ah... pffffff... no fue nada, solo... un... ¡ja! ... un detalle en medio de un combate que salió mal" - intentó minimizar la situación.

Leona queda descolocada por la respuesta.

"No digas eso, ese chico te rompió una espada de madera en la cabeza, caíste inconsciente, no minimices así la situación" - Diana suspira sabiendo lo que viene.

"¡¿QUÉ?! - muy preocupada - ¿Por qué no me dijiste nada?"

"Pues.-"

"Te pudiste haber accidentado trabajando en las estanterías si te mareabas o algo, pudiste sufrir algún desmayo o... no lo sé..."

"Pero-"

"Debiste avisarme en la mañana de lo ocurrido, te habría mandado a casa a descansar, no debiste haber trabajado hoy"

"Aurora-"

"Irás a casa a descansar, si los instructores te dicen algo, los mandas conmigo, YO te di el día libre, y mañana también..." - dijo seria.

"Jefa-" - suplicante.

"Y no quiero saber que andas por ahí fugándote de nuevo por la noche, si te llego a ver caminando sola cuando el sol se haya ocultado, yo misma te pongo a dormir."

La mirada que le dio la rubia, le dio entender a Aurora que había hablado demasiado frente a la elegida, quien las miraba a ambas con una leve sonrisa llena de curiosidad. Agregar alguna otra frase intentando remediar lo que ya había dicho solo empeoraría las cosas, pero se conocían tanto Aurora y Diana, que solo con la mirada acordaron que lo mejor era que la muchacha intentase aclarar la situación, mientras la jefa se iba del lugar pretendiendo que no dijo nada malo ni revelador. La acólita se encargaría de esto.

Diana carraspeó la garganta y comenzó a caminar por delante de Leona, quien comenzó a seguirla inmediatamente, la elegida todavía mantenía esa sonrisa curiosa, la rubia giró levemente la cabeza y vio la expresión que la guerrera llevaba, y la guerrera, al notar que Diana estaba evidentemente nerviosa por lo de sus escapadas nocturnas, se acercó a ella quedando a su lado.

Leona se lleva la mano izquierda al mentón, en pose pensante – "Hmm" – murmura.

La acólita no dijo nada, se sentía acusada en silencio y todavía estaba buscando alguna excusa creíble y no descabellada para decir:

"Ok. Le diré que me cuesta dormir... No... es muy poco creíble, si no puedes dormir te acomodas y ya, no sales a caminar por ahí... - se corrigió - Decirle que salgo a leer es estúpido... digo... eso suelo hacer, pero... ¿Quién más en su sano juicio escoge la noche para leer? ¿cómo le explico que veo bastante bien a la luz de la luna sin que suene loco?"

Mientras Diana pensaba rápidamente en algo que decir, se acercaban más y más a la salida de la biblioteca, al cruzar la puerta, decidió que quizás era mejor cambiar el tema y no discutirlo.

"¿T-Te parece buena idea ir a entrenar?" - preguntó nerviosa.

"¿Qué? Claro que no - contestó Leona - Si te llevo tu jefa me matará, es mejor que descanses por ahora"

"¿Debería irme a casa entonces?" - preguntó la rubia.

La luchadora sentía a la muchacha frente a ella bastante incómoda, se le veía acorralada, como queriendo ocultar algo y a la vez disimulando con todo lo que podía, pero Leona era bastante perceptiva, y entre más intentaba disimularlo Diana, más curiosidad le provocaba a la elegida.

"Diana... - dijo con un leve suspiro - ¿por qué... por qué sales en la noche?" - preguntó intrigada.

'Mierda...' - pensó la acólita...

Recién habían salido de la biblioteca, algunas personas pasaban cerca de ellas, generalmente saludaban a la elegida y luego seguían su camino, ella respondía al saludo con una sonrisa e inmediatamente después miraba a Diana a los ojos, esperando atenta una respuesta.

El tono de voz que usó Leona fue bastante sereno, ni una pizca de acusación o reproche, la acólita la miró fijamente por breves segundos, notó por la voz de la elegida que no sonaba molesta ni nada similar.

"Pues... - dijo Diana dudosa - es-"

"¿Sabes? no estas obligada a decírmelo - interrumpió Leona con tono amable - cuéntame solo si quieres hacerlo, no me gustaría hacerte sentir obligada a contarme cosas que no quieres solo porque los maestros y ancianos te han pedido que seas amigable conmigo" - sonríe.

Diana asiente un par de veces y agacha un poco la mirada, pensativa.

"Tal vez... te lo cuente más adelante... si es que... se da la ocasión..." - respondió.

Leona sonrió algo enternecida, la joven frente a ella era introvertida y le costaba decir las cosas, pero la luchadora entendió lo que esa frase quería decir, estaba la puerta abierta para una futura amistad, pero Diana necesitaba tiempo para desarrollar la confianza necesaria. La guerrera estaba agradecida de ello, pues sentía que, de ser así, la amistad se formaría de la manera correcta, con tiempo y experiencias, no con sonrisas forzadas o como una obligación, ella quería una amistad genuina.

Diana se sintió bastante más relajada, era agradable sentir que tenía decisión sobre algo, usualmente solo sigue lo que le dicen que haga, y cada vez que no lo hace, la castigan. Si bien Leona se mostraba bastante comprensiva con ella, la joven seguía sintiendo que debía ser cautelosa y evitar salir tan seguido como antes, quería mantener en secreto todo el tema de la luna, quizás si encontraba algo más concreto podría contarle a la elegida, "o tal vez no..." (se dijo mentalmente). Debía conocerla mejor antes de decidir algo así, por lo que le parecía acertado seguir viéndola, después de todo, si la misma elegida del sol se ponía de su lado y ella descubría algo de importancia, entonces los maestros seguro la escucharían, quizás no a Diana, pero sí a Leona.

Caminaron hasta la casa de Diana en silencio, a ninguna se le hacía incómodo el no decir nada, simplemente parecía ser lo correcto en ese momento.

"No es necesario que vayas mañana si no te sientes preparada" - Dijo Leona sonriente.

"No es que tenga ganas de ir, pero tampoco quiero quedar como una cobarde... así que probablemente iré temprano, aprovechando que no trabajaré" - respondió pensativa.

"Está bien. Si quieres paso por ti, me queda más o menos de camino a la arena"

Diana la mira con algo de curiosidad, ¿por qué es tan amable?, ¿La elegida es así con todo el mundo? ¿o esto es algo aparte? Le llamaba la atención que fuese tan... cordial con ella, incluso si su intención era generar una amistad, parecía ser un poco... ¿excesivo?

La elegida sintió la mirada de intriga de la acólita, quizás estaba siendo demasiado ensimosa con ella, pero la luchadora realmente anhelaba tener una amistad que pudiese sentir real y no algo falso como las que tuvo antes, aunque tal vez estaba exagerando un poco.

"Es... solo una idea... también puedo esperarte allá y vemos qué hacer para comenzar... puedo enseñarte las primeras cosas que me enseñaron..." - algo nerviosa, no quería verse como alguien desesperada por tener una amiga.

"Puedes venir por mí si quieres - contestó algo dudosa - si dices que te queda de camino pues... bien podríamos juntarnos aquí... después de todo solo será mañana, al día siguiente ya debo estar en la biblioteca" - le sonríe. Independiente de sus razones, era agradable que fuese amable.

"Ok, entonces te pasaré a buscar cerca de las... ¿9? ¿está bien a esa hora?"

"Sí, claro"

Se quedaron en silencio un par de segundos, no sabían muy bien qué decirse, era extraño el no tener una forma de despedirse, ser demasiado formal se sentía como algo muy frío y distante, y no se conocían casi nada como para decirse adiós de manera más cercana.

"Gracias, Leona" – Dijo sonriendo sincera y ampliamente, una sonrisa dulce que jamás mostraba.

"De nada..." - respondió, sonriéndole también, y sintiéndose feliz por ver a Diana sonreír.

Como no tenían muy claro como despedirse, la luchadora decidió hacer la misma reverencia de la noche anterior, inclinándose levemente frente a Diana, uno de los maestros se percató de la situación, le causó mucha extrañeza ver a su elegida hacer algo como eso, sobre todo por ser Diana quien estaba en frente. El hombre no se percató, pero al otro lado, la rubia se despedía de la elegida del sol de la misma manera, haciéndole también una reverencia cuando la guerrera terminó la suya. Ambas se demostraban respeto de forma genuina. Diana la respetaba por ser la elegida, y por defenderla cuando nadie más lo hizo, y Leona respetaba a la acólita por ser capaz de luchar contra cuatro personas y no rendirse.

La pelirroja esperó a que la joven cerrara la puerta de su casa para irse, una vez ocurrido eso, volteó y se dirigió a la arena de combate, con una sonrisa en su rostro, sentía que estaba creando una amistad verdadera y eso la alegraba.

"¡Elegida!" - la llamó el maestro.

(Él era un hombre de piel muy morena, se había rapado el cabello hace tiempo y siempre lo mantenía así, su contextura era delgada y medía 183 cm de altura.)

Leona volteó a verlo y lo esperó con una sonrisa.

"Buenas tardes, maestro Addae"

"Buenas tardes, Elegida del sol – cortésme preguntaba, ¿qué hace usted con aquella... muchacha?" - preguntó, intentando ocultar lo mucho que le desagradaba la joven.

Leona lo mira desconcertada, su sonrisa se desvaneció lentamente mientras procesaba el tono de voz y la expresión con la que le hicieron la pregunta.

"¿Hay algún problema?" - preguntó con muchas dudas en su tono de voz, sin entender.

"Pues... si le soy sincero mi elegida... esa niña no es... una buena amistad..." - respondió, con una sonrisa falsa.

La guerrera se quedó parada frente a él en silencio, dudosa de qué decir...

"¿En serio? - preguntó curiosa, el anciano asintió - ¿Cuánto lleva usted siendo amigo de ella como para afirmar algo así?" - preguntó sonriendo algo irónica.

"Pues... - sorprendido – la conozco desde que es pequeña y-"

"Pero eso no lo hace amigo de ella, ¿o sí?"

El maestro se pone serio.

"Elegida, sencillamente le aconsejo que se mantenga lejos de ella, pues ella no es una buena influencia para alguien como usted. Tome mi consejo, yo sé de lo que le hablo."

"Maestro Addae, agradezco su preocupación - sonríe – pero soy lo suficientemente grande como para tomar mis propias decisiones cuando se trata de amistades. Podré decidir por mí misma una vez que la conozca mejor."

"Pero elegida, tiene otras opciones para amistades más puras y leales, ella es la excepción absoluta a todo ello, no puedo permitirle que vea a esa muchacha" – reclamó un poco más exaltado.

"¿Qué tiene de malo que quiera ser su amiga? - preguntó un tanto molesta - La muchacha de la que habla solo ha sido amable conmigo, además le veo mucho futuro como guerrera de Targon, no comprendo en absoluto el por qué de tanta odiosidad hacia ella, ¿sería tan amable de explicarme o darme alguna razón de por qué debo mantenerme alejada de Diana? - preguntó, en un tonto ofuscado.

"La joven de quien acaba de despedirse es, probablemente, la muchacha con más castigos en toda la montaña, sus pares no la toleran, nadie confía en ella, y sus castigos son... por razones tan... preocupantes y... asquerosas para nuestra fe – Leona lo mira desconcertada – ha tenido constantes reprimendas por salir de noche solo para... ver las estrellas... - la elegida lo mira incrédula – Buscar esperanza o guías durante la noche... además de ser sorprendida indagando en libros que se le prohibieron... eso es casi tan grave como la herejía... ¿no lo entiende? ¡Esa chica no nos sirve!"

"Maestro Addae, comprendo su preocupación - Addae suspira aliviado – pero me considero lo suficientemente capaz como para darme cuenta de quién me conviene de amigo y quién no, además, si tanto le preocupa lo alejada de nuestra fe que pueda estar, ¿no le parece que alguien como yo podría encaminarla de mejor manera? - el maestro la mira dudoso – puedo guiarla en combate y en nuestra fe, nadie es capaz de cambiar mi forma de pensar hacia nuestro sol, por eso no debe preocuparse, si puedo ayudarla, lo haré, por eso me acerqué a ella, porque necesitaba de mi ayuda."

Luego de analizar un poco las palabras de Leona y de ver lo enfática que era en sus creencias respecto al sol, el maestro la miró a los ojos y comenzó a sonreír levemente.

"Mi elegida... - sonríe orgulloso – no cabe duda de que usted es la persona idónea para nuestro sol, si usted cree que puede ayudarla, entonces, quizás solo usted pueda hacerlo... - pensativo – solo espero que no esté equivocándose..." - finalizó, con tono preocupado.

"No se preocupe – dice poniéndole una mano en el hombro – Diana es una buena persona, pero no ha tenido la oportunidad de demostrar lo buena que es, solo necesita algo de tiempo, meditación y entrenamiento – le sonríe – se lo digo muy en serio, tiene talento de guerra, la vi hacer cosas que ningún novato haría, la entrenaré bien, después de todo, ella será mi sparring..." – le dio un pequeño golpe en el hombro y se fue a entrenar.

El maestro se quedó unos segundos viendo cómo la elegida del sol se alejaba de él, le preocupaba mucho que Diana metiera ideas en la cabeza de Leona, pero la joven se mostraba tan segura en sus palabras que no podía llevarle la contraria, porque su seguridad era inquebrantable, en el pueblo, nadie dedicaba tantas horas a la meditación al sol como Leona lo hacía, por lo que era evidente que su opinión acerca de los Solari no cambiaría si es que Diana intentaba decirle algo. Dio media vuelta y vio la ventana de la casa de la joven, no había nadie observando allí.

La despreciaba levemente por generar esa pequeña discusión con la elegida, porque sentía que, sin siquiera intentarlo, de alguna forma, ya estaba haciendo que Leona se pusiera en su contra. Sus pensamientos iniciales volvieron a rondar su mente, sintiendo que por más que las intensiones de la elegida fuesen buenas, el dejar que esa amistad fluyese, no era una buena idea. Le daría esta pequeña victoria a Diana por el momento, pero eventualmente, tendría que encontrar la manera de que esa amistad jamás prospere, no podía permitir que Diana ponga en peligro la fe de Leona con sus dudas existenciales sobre las estrellas o la luna, eso no debía ocurrir de ninguna manera...


Nota:

Addae: significa "El sol" o también "La mañana". Origen africano (mixto).

Mihir: significa "el sol". Originario de la India (masculino).

Khenan: El sol naciente. Posiblemente originario de Jamaica (masculino).

Nota 2: me pareció apropiado agregar nombres relacionados al sol y agregar su significado y origen xD