Hola ¿Cómo están? Luego de una semana de actualizar fics y fics (Si tengo muchos... es un tanto agotador, pero me encanta) Llegue al capítulo dos de éste nuevo fic que subí hace ya uno días.
Quería agradecerles el primer apoyo que me bindaron Sungmi-chan B y MasterKamina, sus comentario en verdad me alegraron la mañana. Bueno, les dejó aquí el próximo capítulo de ésta historia.
Cuando abrió los ojos, no encontró nada más que una pared de arboledas. Verde a su derecha, verde a su izquierda, verde al frente y... un extraño pasillo hacía la nada, detrás de él. ¿Qué estaba pasando? Recordaba al viejo que le había contado la leyenda a él y a sus nakamas, pero... ¿Ahora? ¿Dónde se encontraba? ¿Acaso estaba en el laberinto? Luffy se puso de pie ¿Por qué estaba ahí tirado como si nada? Se desperezó y estiro sus brazos hacía arriba para poder saber cuál era el límite del laberinto ¿Qué? Sus brazos no habían podido tocar el final de la altura.
Con cara de nada contempló el infinito pasillo que se extendía frente a él. No quedaba otra que seguir por ahí, no había salida, y dudaba que hubiese una entrada, pero ahora lo importante era, encontrarse con sus nakamas. Caminó con las manos colocadas sobre su nuca, logrando así una pose vaga y desinteresada ¿Dónde demonios se encontraba? Aquel pasillo era largo y aburrido, tan aburrido que hasta le dieron ganas de correr. Y así lo hizo. Corrió y corrió pero no encontraba ninguna curva, ningún final ¿Dónde estaba?
Por otro lado Zoro, uno de los nakamas más leales al capitán se encontraba de pie mirando la pared, estaba tan cerca que casi podría haberse tragado alguna rama sin que nadie lo empujara hacía delante. Miró a su derecha y luego a su izquierda. Eso era un círculo, un perfecto círculo hecho de ramas y arbustos. Tomó su Shusui e intentó cortar la arboleda en busca de la salida, pero no. Sorprendido quedó en silencio, ni su espada había sido capaz de cortar aquellos arbustos. ¿Cómo se suponía que saldría de allí? Se sentó en el suelo, esperando que de alguna manera, el destino lo saque de aquel lugar, y fue entonces cuando escuchó una respiración. Se puso de pie, cada vez, estaba más cerca ¿De dónde venía? De entre las ramas, una figura apreció.
¿Robin? – Preguntó al verla de pie frente a él ¿Cómo había atravesado las ramas? - ¿Qué haces aquí? - Era patético, él no había podido cortar ni una maldita rama y ahora ella, se aparecía así, atravesando los arbustos como si nada
Solo camino – Dijo sin siquiera mirarlo – Pero tú, pareces frustrado espadachín-san – Inspeccionó la pared de arbustos buscando una salida, pero al ver que no encontraba ningún camino, volteó hacía donde vino
¡No estoy frustrado! – Exclamó mientras un leve rubor surgía en sus mejillas
De acuerdo – Le sonrió posando esos hermosos ojos claros en los del peliverde – Pero si pareces perdido –
¡Claro que no! – Gritó aún más fuerte desviando su mirada – Solo estaba viendo si se podía… romper este estúpido lugar –
Me imagino – Rio mientras contemplaba el cielo
Por cierto, mujer ¿Dónde estamos? – Pareciera como si estuviéramos en un laberinto – Dentro del laberinto, pero… ¿Cuándo es que ingresamos? – Se auto preguntó – Esto es muy extraño -
Zoro la contempló fijo. Si… la curiosidad sí que mataba. Habían estado festejando como los "elegidos" que eran, de hecho lo único que recordaba era la competencia que había tenido con algunos aldeanos, sobre quien bebía alcohol más rápido. Pero… después de aquello, no recordaba más nada. La pregunta de Robin lo perturbó unos momentos ¿Cuándo habían ingresado allí dentro? Al ver que la morocha no quitaba la mirada del cielo, miró el mismo punto, curioso, intentando entender.
Cuando Nami abrió los ojos se encontró a ella tirada boca abajo en el suelo. ¿Dónde se encontraba? Se puso de pie, soltando una pequeña mueca de dolor. El golpe o el impacto había sido doloroso ¿Pero qué impacto? ¿Había caído, o simplemente se había apoyado por su cuenta? Bueno, por su cuenta no. No recordaba haberse apostado entre unos arbustitos. Se enderezó y contempló su ubicación ¿Dónde demonios se encontraba? Fijo su mirada al camino que se abría delante de sus narices. Un largo camino.
Pero ¿Qué…? –
Escuchó una voz gritando cual demente, cosa que l atemorizó. El sonido se acercaba cada mes a ella, hasta el punto de pensar que la cosa o la persona, éste a su lado. Volteó engañada por su propia sentido del audio, pero al no encontrar nada, decidió enfocar toda la verdad en un solo sentido, la vista. Entornó sus ojos y fue entonces cuando una figura negra se vio en el horizonte. Cada segundo que ésta sombra se acercaba, más se distinguía ¿Qué era eso? ¡Una persona! Parecía una persona, con un…
¿Luffy? – Murmuró mientras daba un paso al frente intentando ver si es que ese era su tan preciado Mugiwara
¡Nami! – Se escuchó un grito a lo lejos - ¿Eres tú? –
La mujer sonrió, era agradable ver a alguien conocido en semejante lugar, después de todo, era un lugar desconocido que ya la estaba asustando. Y ver a Luffy con aquella sonrisa la relajaba. La pequeña y dulce sonrisa se le fue borrando cuando pudo distinguir la velocidad del joven, parecía correr a 40 kilómetros por hora, una barbaridad para un ser humano… aunque… Luffy no fuese nada parecido a un ser humano. ¡Luffy! ¡Debía bajar la velocidad o…! Cuando la pelirroja quiso reaccionar, ya había sido tarde. El pequeño morocho la había envestido con todas fuerzas y la había arrastrado hasta la columna de arboledas, aplastándola contra ésta.
¡Luffy! – Exclamó cuando el morocho se separó unos centímetros de ella - ¿Eres idiota? ¿Por qué no paraste? – Paró un segundo para respirar y fue entonces cuando se percató de que el rostro del morocho se encontraba a unos centímetros suyo - … - No supo que decir, de repente todo el odio que había sentido cuando una rama se incrustó en su espalda, se había esfumado, transformándose así, en pura vergüenza y ganas de salir corriendo - ¿Por qué…? –
¡Nami! ¡Lo siento! – Agotado recostó su rostro contra el hombro de la mujer - No te vi – Sonrió
¡Claro que sí! ¡Idiota! – Lo empujó lejos de él, logrando que caiga al suelo
Está bien… Lo siento – Murmuró al ponerse de pie, mientras se frotaba su dolorido trasero
¿Cómo que lo sientes si lo has hecho apropósito? – Bufó
¿Apropósito? ¡No he podido frenar! – Gritó aún más fuerte el morocho
Claro que podrías haber frenado, incluso me vistes antes que yo a ti – Lo incriminó picándole la barriga con un dedo
La discusión siguió mientras ambos se echaban la culpa mutuamente, decidiendo quien tenía razón y quién no. Nada había cambiado, a pesar de todo, seguían siendo los mismos de hace dos años. De un momento a otro, Nami notó con su rabo del ojo que una persona se había parado a contemplarlo ¿Qué estaba pasando? Ambos dejaron los gritos para luego y confundidos, miraron a la persona que los fulminaba. ¡Qué! Ese hombre… ese tipo debía estar muerto… ¿Cómo era posible? Sus cabellos negros se movían a la par del viento, sus ojos oscuros estaban posados en su capitán fríamente, y sus pecas que decoraban el rostro delataban su identidad. Abruptamente, Nami miró a Luffy, esperando su reacción.
A… Ace… - Murmuró Luffy
Bueno, hasta aquí he llegado hoy. Espero que les haya gustado y perdonen por la tardanza, me gustaría leer sus comentarios con las opiniones de éste capítulo que ha surgido en mi mente de la nada. Nos leemos pronto.
