Hola ¿Cómo están? Aquí vuelvo con este fic, perdonen por la tardanza, el problema es que he estado con miles de exámenes, pero por suerte ya puedo dedicarles tiempos a mis fics.
Quería agradecerles los comentarios a Lemushki, a one piece por siempre, a Guest, a nico robin pisci, y a Ishurii.
La noche estaba cayendo sobre sus cabezas y el franco tirador y el cocinero seguían buscando al resto de sus nakama, e intentando buscar una manera de salir. Por un segundo Usopp se imagino la mera idea de que quizás, por alguna extraña razón, ellos eran los únicos dos que habían sido encerrados en aquel extraño lugar. Sin embargo, cuando le presentó su inquietud al rubio, él le respondió que Luffy jamás dejaría que les hicieran eso.
Se esta haciendo de noche y no encontramos a nadie – Usopp quien había estado caminando a la par de su nakama, por miedo a perderse, frenó para contemplar el atardecer. Bufó - ¿Qué vamos a hacer? Seguro este laberinto es inmenso –
¿Quién sabe? – Murmuró mientras se colocaba un cigarrillo en la boca y lo prendía
¡Oi, Sanji, no me dejes atrás! – Lloriqueó mientras corría hacía el rubio
Pero se chocó contra su espalda. Por alguna extraña razón, Sanji había dejado de caminar, y se encontraba mirando fijamente hacía un punto amorfo. Usopp intentó adivinar que era lo que el cocinero estaba mirando, pero no logró averiguarlo, y un terror comenzó a subir por su espalda. Sus piernas le comenzaron a temblar e instintivamente se aferró a la espalda de su compañero.
¡Oi, Sanji! ¿Qué… qué es ese sonido…? – Tartamudeó al agudizar sus oídos y percibir lo que el cocinero había percibido antes
Shhh… Silencio Usopp – Murmuró para luego soltar el humo del cigarrillo
Quedaron en silencio por unos momentos intentando descifrar de donde provenían esos sonidos, que por lo que parecían ser, eran pasos. Voltearon hacía diferentes direcciones pero el sol comenzaba a esconderse, y la oscuridad se abría paso por el lado este del laberinto. Las piernas de Usopp comenzaron a azotarse cual terremoto, y su corazón casi se detiene cuando escuchó un Yohohohoho...
- ¿Brook? - Preguntó el cocinero
Pero no hubo respuesta.
- ¡Oi! ¡Brook! ¡No es broma! ¡Aparece de una vez! - Usopp comenzó a enojarse, y a pesar de que su tono de voz era severo, sus piernas revelaban el miedo que sentía ¿Y si ese no era Brook?
Yohohohoho...
- ¡Vamos, Brook! ¡Déjate de juegos y ven aquí! - La paciencia de Sanji se estaba agotando
- Aquí estoy -
Apareció detrás de ellos, como por arte magia. Y tanto el cocinero como el francotirador pegaron un salto del susto. Gritaron y corrieron unos metros, antes de darse cuenta que ese, sí era su nakama. Sanji caminó hacía él, con la cabeza gacha, y cuando estuvo lo suficientemente cerca del esqueleto, retiró su cigarrillo de la boca, y luego de largar el humo en forma de viento, gritó:
- ¡Maldito! ¿Cómo vas a aparecernos así? ¡Idiota! - Levantó el puño para pegarle
- Lo siento - Y volvió a reír con su risa característica luego de que el rubio le dejara un chichón en el cráneo
- Oi... Sanji, esta oscureciendo ¿Qué vamos a hacer si no encontramos a Luffy y a los demás? - Preguntó el narizón mientras su preocupación aumentaba cada vez más - Este lugar ya me esta asustando, y de noche, me imagino que sera peor - Susurró con el dedo indice en alto - Una vez me adentre en las profundidades del laberinto más grande del mundo y... -
- Cállate de una vez - Sanji golpeó su cabeza en el exacto mismo lugar que le había golpeado a Brook - Yo... No puedo rendirme... - Sus otros dos nakamas lo contemplaron serios - Yo... ¡Debo salvar a Robin-chwan y a Nami-swan! ¡A como de lugar! - Exclamó mientras sus ojos se convertían en corazoncillos rosas
- Creo que estos años te afectaron - Dijo indiferente Usopp, par que dos segundos después, otro chichón aparezca en su cabeza - Perdón -
Se había comenzado a frotar la zona golpeada, cuando un aullido se escuchó a lo lejos. El sonido retumbo entre las paredes del laberinto, llegando fuertemente a los oídos de los hombres, quienes quedaron helados ante el hecho.
Cuando Franky se percato de que estaba dentro del laberinto, ya habían pasado dos largas horas de plena confusión. ¿Cómo había llegado ahí? ¿Dónde estaban el resto? Indiferente y sin temor a lo desconocido, caminó por los largos pasillos divididos por enormes ligustrinas y luego de horas de puro silencio, escuchó las primeras voces.
- Maldición, este laberinto me esta volviendo loco -
- ¡Vice Almirante! ¡Al fin lo encontramos! -
¿Vice Almirante? ¿Que hacía un vice almirante en aquel lugar? Pero... ¿Cómo iba a averiguarlo si ni siquiera sabía como había entrado él mismo a ese infierno? Llegó al final de un pasillo dando pequeños y silenciosos pasos, y luego de asomarse cuidadosamente, se sorprendió al divisar a Smoker, vice almirante de la marina. Se encontraba de espaldas a él, dando ordenes de como actuar ante aquella desesperante situación.
- Al menos la marina no esta super perdida - Murmuró para el mismo mientras pensaba en cual sería su siguiente movimiento
Llevaban corriendo unos momentos cuando la oscuridad los alcanzó. Todo aquello era más que raro, estaban dentro de un laberinto y además, no solo estaban ellos, si no que también, la marina se encontraba allí, junto con un vice almirante. Cuando Zoro frenó en seco, Robin volteó a verlo para saber que era lo que sucedía.
- Comienzo a creer que no hay ninguna mujer a quien salvar - Murmuró el espadachín con la gélida mirada puesta en los hermosos ojos de la morocha
- Si, pienso lo mismo - Robin contempló el cielo. En algún momento aquel cielo había sido luminoso y cálido, ahora, era negro y frío. Se frotó los brazos mientras recordaba que se encontraba solo con una camisa - Debemos encontrar al capitán-san y al resto, lo antes posible - Pero a pesar del tono despreocupado, Zoro entendió que lo que intentaba decir, era que la situación era más grave que extraña
- Pero ¿Cómo demonios vamos a encontrar al resto aquí? Es un laberinto - Bufó mientras apoyaba sus brazos en sus tres katanas
- Eso déjamelo a mi - Dijo seria mientras se alejaba unos pasos del peliverde - Oreja Fleur -
Al rededor de 30 orejas se esparcieron por el laberinto, intentando escuchar alguna conversación o alguna voz que le resulte familiar. Abrió los ojos como platos cuando escuchó algo por mera casualidad.
- Esto es malo - Alcanzó a murmurar
- ¿Qué sucede? -
Habían escapado de la amenaza. Habían dejado atras a Ace, si es que era Ace. Sin embargo, algo no andaba bien, y Nami podía notar esto. Luffy estaba des concentrado, corría sin ganas, pensativo, y por un momento temió por la situación psicológica de su capitán. Sabía que había quedado muy herido por la muerte de su hermano hacía dos años en Marineford, y también sabía, que verlo ahora, de una manera tan inesperada, lo había dejado igual de confundido que antes. Después de correr cual animales huyendo de una presa, se dejaron caer en el suelo. Nami apoyó su espalda contra las plantas y cerró los ojos, estaba agitada después de todo lo que había pasado.
- No puedo más... - Murmuró para luego abrir los ojos. Luffy se encontraba de pie, mirado el pasillo por donde había venido - ¿Luffy? - Pero no respondió. Algo en el interior de Nami, la alarmó - Luffy... - Se puso de pie y se acercó a su capitán, intentó leerle la mirada, pero ésta se encontraba bajo la sombra de su tan preciado sombrero - Se esta haciendo de noche y la temperatura ha empezado a bajar, lo mejor será que durmamos -
Lo tomó de la mano y lo condujo en silencio hasta la pared, luego se agachó y lo obligo a sentarse en el frío suelo. No emitió resistencia, ni siquiera un quejido. Y se sintió mal, mal por él, mal por la perdida de su hermano, mal por el mismísimo Ace, mal por no estar allí cuando él la había necesitado.
- Tranquilo ¿Si? - Le quitó el Mugiwara, pero no emitió comentario alguno. Eso sí que era raro - Ven - Le acarició los cabellos suavemente y luego de llegar hasta su nuca, lo tomó de allí y llevó la cabeza del hombre a sus pantorrillas, recostándolo allí - Sabes que estoy siempre ¿Verdad? - No había respuesta
Estuvieron unos momentos así, en silencio. Un silencio abrumador donde los pensamientos de Nami azotaron su mente, perturbando la. Se sentía culpable y se sentía responsable de la condición actual de su capitán, se suponía que ella era su nakama, y tenía que lograr que los ánimos de Luffy vuelvan a la normalidad.
Abrió la boca para decir algo, cuando un aullido los hizo incorporarse a toda prisa. Había sonado muy cerca, y cuando miraron a su derecha, encontraron a un animal similar a un lobo.
- ¿Un perro? - Preguntó el hombre
- ¿Có...? ¿Cómo va a hacer un perro? ¡Idiota! ¿Qué no ves que es diez veces más grande? - Tartamudeó mientras el terror la comenzaba a consumir
El lobo comenzó a correr hacía ellos, severamente. Claramente el animal no había ido en son de paz. Mostró sus dientes mientras alcanzaba una velocidad similar a la de un lince, y cuando estuvo a unos pocos metros de Luffy, evitó su golpe y lo envistió, haciéndolo volar por los aires. ¡Maldición! Se había dejado atacar. No estaba concentrado. Se puso de pie y miró a su navegante quien en sus manos poseía su tesoro, y luego de verle la cara de espanto, comprendió que los lobos no andaban nunca solos. Dos animales más aparecieron por el otro lado, logrando que se alarme. Si no era rápido, Nami... podía resultar herida. Jamás permitiría eso.
- Gear Second - Murmuró y sus piernas funcionaron como bombea doras de su propia sangre, logrando que su cuerpo se tiña de un rosa fuerte y su piel comience a emanar vapor - Gomu Gomu no Jet Bazooka - Estiró sus brazos hacía atrás, y luego de dejar fuera al primer lobo con un golpe seco y directo, apareció cerca de los otros dos - Gomu Gomu no Jet Gatling - Comenzaron a volar puñetazos que dieron en los rostros de los demás animales
Una vez que las cosas esas no emitieron ningún otro movimiento, Luffy contempló la escena mientras su Gear Second se apagaba, volviendo a la normalidad. Mudo, se acercó a su navegante quien sostenía su preciado sombrero con ambas manos.
- ¿Estás bien, Nami? - Le preguntó mientras se paraba frente a ella
- S.. Si - Murmuró desviando la mirada - ¿Qué han sido esas cosas? No parecen Lobos normales - Lo que en realidad estaba intentando hacer era cambiar de tema
- ¿Perros? - Inquirió Luffy
- ¡Que no son perros, idiota! - Gritó y luego de un golpe en la cabeza, le puso el sombrero
- Esta bien, lo siento - Rió y Nami sintió que el viejo Luffy había vuelto
Cuando el morocho dejó de reír, se puso serio, nuevamente. Sumergiendo a ambos en un incomodo ambiente, Nami notó lo cerca que su capitán se encontraba de su cuerpo y luego dar un paso atrás, notó que la ligustrina impedía el retroceso. Lo miró a los ojos, esos ojos oscuros, llenó de ansias de aventuras y emocionantes viajes, y se recordó cual era la razón por la que había embarcado en el Going Merry. Con él, sabía que podía lograr lo que sea, sabía que su sueño, su meta en la vida, se cumpliría. Su corazón dio un vuelco cuando el joven acercó su rostro al de ella ¿Qué...? ¿Qué demonios? Sus labios apenas rozaban los suyos, y cierta impaciencia comenzó a trepar por su nuca. ¿Qué era todo eso?
- ¡Oi, Luffy! ¡Nami! - La voz del reno resonó en todo el lugar - ¿Qué a pasado aquí? -
De un empujón, la mujer separó al morocho de ella, y mientras el rubor comenzaba a incrementar, contempló como los dos médicos que se encontraban en ese momento en el Sunny, se acercaban con paso moderado. Había estado a punto...
- ¡Chopper! - Sonrió Luffy y salió corriendo hacía ellos
Bueno, hasta aquí he llegado hoy. Han estado cerca ¿Eh? Espero que les haya gustado el capitulo, y nos leemos pronto.
¡Adiós!
