Hola ¿Cómo están? Lamento haber tardado tanto en actualizar la mayoría de mis fics, el problema ha sido que tuve dos exámenes muy importantes y luego me he ido de vacaciones a un lugar donde no hay internet. (Si leen algun otro fic, seguramente ya saben la razón) Pero bueno... más allá de eso quería agradecerles todo su apoyo que me dan siempre, y particularmente a OP Luffy D, a mizu, a Kazy Tailea, a Monkey D. Ivy, y a Missclover.

Bueno, aquí se los dejo:

Los tres llevaban media noche dando vueltas, quien sabía si en circulos, y no habían encontrado nada más que callejones sin salida. Se preguntaban que habían sido esos aullidos, pero no habían encontrado evidencia de nada ¿Qué había sido eso? Tanto Usopp como Brook caminaban pegados al cocinero, tenían miedo de lo que pudieran encontrarse.

¿Do... Dónde están los demás? - Preguntó Usopp mientras daba pasos con sus inquietas piernas

¿Quién sabe? - Sanji suspiró frustrado, estaba cansado. De todos los Mugiwara tenía que cruzarse con ellos dos... Maldita sea, si tan solo hubiesen sido Robin-Chan y Nami-San, pensó.

Pero claro que el destino era egoísta, de los ocho hombres tenían que ser los más asustadisos... Al menos, pensó que era afortunado por no tener que estar con el estúpido de Zoro y su maldita orientación. Miró el cielo oscuro y dedujó, por la falta de luminosidad, que faltarían unas cuantas horas para el amanecer. Suspiró. Con esa oscuridad jamás podrían encontrar el centro, quizás... Nami-Chwan estaba a unos metros de ellos y devido a la ceguera no la podía encontrar. Afinó su oído y claramente escucho:

Sanji, por favor, ven a buscarme...

Esa voz... ¡Nami-Swan! Los ojos del rubio cambiaron totalmente y pasaron de ser dos bolas negras a ser dos corazónes rosados. Si no había escuchado mal... La voz de Nami-Swan, su Nami-Swan le estaba pidiendo que vaya hacía ella, pero su voz... parecía deseosa, un gemido de pasión absoluta. Se la imagino tapada con una fina sábana de seda que solo cubría sus partes más intimas. ¡Por fin! ¡Por fin ella...!

¡Allí voy, Nami-Swan! - Salió corriendo hacía las profundidades del laberinto sin percatarse que dejaba atrás a dos de sus nakama

¿Qué le pasó a Sanji-san? - Preguntó el esqueleto mientras que con un dedo se rascaba el afro

¿Nami? Yo no he escuchado nada... - Añadió Usopp confundido - Bueno... Tú sabes como esta luego de pasar dos años con los okama... -

Si... - Brook bajó la mirada - Pero... Usopp-San... - El mentiroso lo miró esperando que dijera algo inteligente - Nos quedamos solos -

¡Ahhh, maldición! ¡Sanji! -

Salieron corriendo tras el rubio, intentando seguir el poco rastro hacía donde él se diriguía ¿Por qué le tenía que pasar eso a ellos? Corrieron y corrieron gritando su nombre hasta las profundidades de la mismísima oscuridad.

Cuando Nami abrazó a Chopper luego de que éste interrumpa ese incómodo momento, se sintió aliviada. No estaba arrepentida, por supuesto que no. Pero no habría estado lista para enfrentar ese hecho en ese momento, seguramente Luffy estaba consumido tras la apirición de su hermano fallecido en ese lugar, y quizás... o mejor dicho, lo más probable es que allá sido causa del extraño comportamiento del morocho. Se adelantó junto con el reno unos cuantos pasos adelante mientras intentaba alejarse lo más posible de su querido capitán, y mientras le preguntaba a Chopper si podría cargarla, ya que estaba cansada por todos los acontecimientos, detrás iban dos de los capitanes que dos años antes habían sido famosísimos supernovas. Law caminaba a la par de Luffy, y por un momento recordó la vergonzosa situación en la que habían encontrado al capitán y a su navegante, desvió la mirada hacía el morocho quien caminaba ingenuamente, y luego volvió a ponerse pensativo. ¿Qué había sido eso? ¿Habían estado a punto de...? No, no creía que... Pero sus ojos habían visto algo que su mente no creía. ¿Podría ser cierto? Se arrimó a Luffy y luego de contemplarlo por unos momentos, se decidió a hablar.

Mugiwara-ya - Lo llamó, el morocho solo lo miró sin dejar de caminar - ¿Qué estaban haciendo antes de que lleguemos?

¿Antes de que lleguen? - Preguntó pensativo, y recordó toda la pelea que habían tenido - Nos enfrentamos a unos perros gigates y... -

Yo no digo eso, Mugiwara-ya, me refiero a ¿Qué estaba haciento tú y Nami-ya? - Insistió, no sabía por que pero la curiosidad de saber si su mente tenía razón o no lo estaba matando

¿Nami? ¿De qué estás hablando Torao? - Preguntó un tanto confundido

Que tú y... Nada no importa - Pusó los ojos en blanco en el momento que llegó a la conclusión de que sería en vano intentar preguntarle a Luffy, quizás en algún momento tendría la oportunidad de hablar con Nami al respecto

Luffy sonrió y se adelanto hacía donde se encontraban dos de sus actuales nakama. Chopper estaba en su Walk Point, o sea siendo un reno común y corriente, y llevaba a Nami sobre su espalda, cargandola, tal y como si fuese un caballo (Para darles la idea). Luffy se acercó y comenzó a reírse con poco disimulo, como siempre, cosa que tanto Nami como Chopper notaron.

¿Qué sucede, Luffy? - Preguntó el médico de la tripulación

Estoy esperando para subirme también- Sonrió y luego soltó una carcajada

¡No soy un caballo, solo cargo a Nami por que esta cansada de lo que acaba de pasar! - Exclamó mientras suspiraba ¡Su capitán si que era imposible! Él no era como el camello de Arabasta, no era el montacargas

Entiendo, lo siento, lo siento - Dijo con su típico tono, que era similar a no tener un gramo de culpa - Pero aun así... - Luffy se llevó una mano a la barbilla e inclinó su cabeza 45° pensativamente

¿Qué sucede, Luffy? - Esta vez, la que preguntó fue la pelinaranja, quien ya de por si estaba cansada por los sucesos del día y de esa misma noche

Estaba pensando... - Ambos quedaron boquiabiertos ¿Luffy? ¿Pensando? En seguida Nami se sintió mal por esa sorpresa y quizo apaciguar su culpa, incentibandolo a hablar

¿Sí? - Preguntó lo más dulce que su cansancio le permitió

Que yo, también, quiero ser el caballo - Soltó una carcajada

¿Cómo que "YO, TAMBIÉN"? - Exclamó Chopper furioso

El morocho estiró sus brazos y tomó a la mujer por la cintura, la embolvió en sus largas extremidades y la atrajo hacía su espalda. Soltó un grito ahogado, odiaba su cuando se ponía de esa manera caprichosa y odiaba aun más cuando la embolvía de esa manera tan horrorosa. Cuando la sentó incómodamente en su espalda estuvo a punto de caerse, pero Luffy atinó a colocar sus manos debajo de ella para que no caíga y la acomodó para que el reflejo de Nami fuera agarrarse de los hombros, cosa que hizo.

¿Pero qué haces? - Preguntó ella cuando el morocho comenzó a correr en círculos - ¡Basta! ¡Luffy! ¡Me mareo! - Comenzó a gritar al notar que él no iba a detenerse

El capitán siguió moviendose, corriendo en circulos, de aquí para allá, y cuando menos se lo esperaron, salió corriendo po un largo pasillo del laberinto, mientras imitaba a un caballo. Nami comenzó a gritar, la velocidad de Luffy era impresionante y a pesar de tenerla en su espalda, el morocho parecía no sentir el peso extra que ella le generaba. Se alejaron de Chopper y Law, quienes segundos después, desidieron seguirles el rato, hasta una zona del laberinto donde tres caminos se abrían ante sus ojos. Luffy se detuvo, intentando prosesar que camino debían tomar, y en cuanto a Nami, quien yacía exshusta y ahora, gracias al morocho, mareada, se límito a suspirar.

Nami...

Se escuchó una voz que retumbo en el pasillo. En un principio, les costó reconocer a ambos que la voz que hacía eco en las paredes del laberinto llamaba a Nami, pero al poco tiempo se dieron cuenta de que ese susurró era el nombre de la navegante de la tripulación de los sombrero de paja. Luffy comenzó a mirar las tres entradas, como seguro de que provenía de alguna de ellas, y la pelinaranja agudizó su oído para averguar quien era que decía su nombre. ¡Maldición...! Si tan solo lo tuviera más cerca...

Inesperadamente Luffy corrió por el pasillo de enmedio, que los llevó a una especie de claro cuadraro de unos diez metros de largo. Se detuvieron cuando divisaron una mujer allí de pie.

¿Quién eres? - Preguntó serio el morocho

En ese momento, la extraña mujer que parecía tener un traje de marine, levantó la mirada, y la navegante quedó helada al reconocer a la persona que yacía frente a sus ojos. No. No podía ser. Ella... ella no estaba viva. ¡La había visto morir delante de sus ojos!

Franky giró y volvió a girar. ¿Dónde se encontraba? Estaba completamente perdido e incluso, comenzó a dudar si en verdad, todos los Mugiwara se encontraban allí dentro, pero... ¿Por qué sería el único en estar en ese laberinto? No tenía sentido.

Quizás por que soy Suuuper - Se auto consoló

Pero aun así, todo aquello era extraño. Había provado romper las paredes de diferentes maneras y no había podido ni siquiera hacer un rasguño ¿Por qué? ¿De qué estaban hechas aquellas pareces? No tenía sentido, a simple visto parecían plantas, incluso al tacto parecían ser una larga enrededera, pero a la hora de quemar, cortar, disparar... no había hecho ni un rasguño. ¡Maldición! Si no podía atraver el laberinto a su manera, debería buscar otra manera de salir... Pensó en cual sería la correcta, y luego de unos momentos, recordó una vieja frase de Iceburg en la cual decía que todo laberinto tenía su salida en el centro.

Bingo - Sonrió

¡Debía diriguirse al centro a como de lugar! Y aunque no fuese una manera tan Super de salir de allí, sabía que era la única, y que si el resto de la tripulación se encontraba allí dentro, intenrarían hacer lo mismo.

Comenzó a correr buscando el centro del laberinto, sin embargo, al poco tiempo se recotó sobre el yuyo. ¡Maldición! ¿Cómo iba a encontrar el centro del laberinto en un lugar tan grande, que nisiquiera podía escuchar las voces de sus nakama?

Por aquí - Escuchó en el momento que vio un hombre aparecer por su derecha

Sí, un hombre apareció por su derecha como si fuese... ¿Humo? De golpe, recuerdos de Punk Hazard azotaron su mente, ese tipo era el vice almirante que se había enfrentando a Luffy y los demás, antes de ingresar al Grand Line. Contempló que el hombre, quien tenía dos enormes cigarros en su boca, lo contempló igual de confundido que él. Y de repente, detrás de él apareció esa joven que siempre estaba con él.

¡¿Tú?! - Alcanzó a gritar Franky

A kilómetros, o quizás metros, Robin se hecho a correr a través de un pasillo angosto que había aparecido delate de sus ojos. Sin enternder del todo la razón, Zoro la siguió, enfocando su mayor esfuerzo en seguirla y no perderse.

Oi, Robin - Alcanzó a pronunciar - ¿Qué es lo que sucede? ¿Qué demónios escuchaste? ¡Maldición! - Soltó a ver que la mujer no aflojaba el paso

De repente, como si sus deseos fueran escuchados por un Dios que no creía, la mujer de largos cabellos oscuros y ojos color mar, se detuvo. Su expresión seguía fría y distante, no quería perder un segundo más, necesita reunirse con Luffy y con el resto de la tripulación, urgentemente.

Vamos, espadachín-san, debemos encontrar a Luffy, ahora - Sus palabras sonaron secas

¿De qué hablás? ¿Me puede decir cual fue la maldita conversación que lograste escuchar? - Dijo ya, frustradoo ¿Qué acaso no se iba a enterar de nada? ¿No le iba a contar nada hasta que estuvieran con el resto?

Inesperadamente, la mujer lo tomó de una mano, entrelasando sus dedos con los del hombre para trasmitirle su confianza y no perderlo, y se largó a correr. Lo comenzó a arrastrar por los caminos del laberinto, dejando al peliverde aún más confundido que antes.

Escucha, este laberinto... - Comenzó

Pero algo repentino, los hizo frenar abruptamente. Delante de ellos apareció una joven, una jovencita de no más de 13 años, quien observaba con una mirada intansa la situación. Sus cabellos oscuros y cortos reboloteban con una pequeña brisa que se formo proveniente de quien sabe donde, y su pequeña sonrisa hizo caer al espadachín en la cuenta de se trataba.

Ku... - Abrió los ojos como platos. No, era imposible - ¿Kuina? -

Zoro... - Murmuró la niña sin quitarle los ojos de encima - A pasado mucho tiempo ¿Verdad? -

Pero... no puedes ser tú - Cambio su mirada a una helada, restandole importancia a toda aquella situación, sin embargo, su cuerpo seguía tenso, como si en realidad estuviera viendo a su amiga muerta... Pero era que... ¡La estaba viendo! ¡Estaba ahí de frente!

¿Yo? Zoro... - Comenzó nuevamente, y esa voz identica hizo que se le héle la sangre - Déjame llevarte a un lugar... Vén - Le hizo señas con las manos para que avanzara hacía ella y cuando estuvo por hacerlo, Robin, quien todavía estaba sujetada a su mano, jaló para que no se le acercára - Veo que no eres del todo libre... - Murmuró mientras frucía el ceño - Anda, liberate de ella y vén conmigo -

Nuevamente el peliverde intentó avanzar, pero la mujer, agíl y calculadora lo detuvo para que no cometiera un error que lo podía llevar al final de su vida y su sueño.

¿Qué haces? - Preguntó frustado al notar que la arqueóloga no lo iba a soltar

¡Espadachín-san! ¡No la escuches... ella...! - Comenzó a exclamar con un ligero aire de preocupación

Vamos, rápido - Presionó la pequeña mientras que una sonrisa surgió de sus labios - Vén -

Oi, mujer, sueltame - Por alguna razón el corazón de Zoro olvidó que aquella niña había muerto tiempo atrás, y por una vez en su vida, quería caminar a la par de ella, sin competencias ni estupidos desafíos y ahora... ahora que tenía esa oportunidad... Robin...

¡Zoro! - Gritó ya cansada - ¿Qué no te das cuenta que ella no existe? - Lo empujó violentamente contra los arbusto para que el hombre no tuviera otra visión que no fuera la de su rostro preocupado - Este laberinto esta creado por un usuario, él escucha nuestos más grandes deseos y penas y de alguna manera, las hace realidad - Soltó

¿De qué estás hablando? - Ya furioso comenzó a revolcarse para poder liberarse de aquella mujer - Anda, suéltame ya, debo ir con... -

Veinte Fleur - 20 brazos más aparecieron en la pared alrededor de Zoro, formando su forma, lo tomaron como pudieron y lo aprosionaron con más fuerza hacía la pared - Escucha... - Insistió, pero sabía que la fuerza de aquel hombre superaba la suya y que en cualquier momento perdería contra su poder de voluntad - Lo siento -

La morocha se arrimó a él. Era la única manera de hacerlo caer en la realidad de lo que sucedía, debía anular los sentimientos que habían surgido cuando había divisado a ese antigúo reflejo de su pasado. Se acercó a su rostro y luego de dudarlo dos veces, apoyó sus delicados labios sobre los fríos del espadachín. Y lo besó, él abrió los ojos como platos y se la quedó contemplando mientras que la arqueóloga concretaba su beso.

¿Qué les ha parecido? El final fue inesperado hasta para mí, se me ocurrió en mis noches de insomnio... Sí... me dormí a eso de las dos y media y me desperte a las siete... ¡Dios! No se como he escrito un fic con coerencia, si ven alguna confusión... Es culpa mía.

Pero bueno... más allá de eso... Espero que mis lectores fanático de ZoRo esten conformes y recuerden que pronto subiré el próximo capítulo de este fic.

Hasta la próxima !