Hola ¿Cómo han estado lectores? Bueno... para los que leen mis otros fics, ya sabrán que he vuelto. He tenido ciertos problemas con los parciales y finales en mi universidad, he estado estudiando mucho para poder aprobarlos y es por eso que no he estado mucho por aquí. Pero sepan que he regresado.
Quería agradecerles los comentarios a Luffy Ketchum, a Kaoru likes One Piece, a solitario 196 y a nico robin piscis 16. Sé que ha pasado tiempo pero amé releerlos en estos días.
Cuando Nami divisó que su hermana era la que la tenía arrestada y que encima le estaba apuntando con una pistola al cuello, se le heló la sangre. Ahora entendía que era lo que sentía Luffy al ver a su hermano mayor, con la diferencia de que un pasado tormentoso revivía. Nojiko, o mejor dicho, la imitación de Nojiko la jaló hacía arriba y la obligó a ponerse de pie. Contempló una vez más a su querido capitán. Y se molestó con ella misma por no poder hacer nada al respecto.
Bajó la cabeza logrando que sus cabellos anaranjados cayeran, formando una cortina de color. Cerró sus ojos con fuerza. Era la segunda vez. Hacía dos años, no había podido hacer nada para aliviar el dolor de su perdida y ahora... ahora sucedía lo mismo. Luffy estaba reviviendo aquel sufrimiento, aquella pérdida irreparable que lo había perturbado hasta llevarlo casi a la muerte. Y otra vez, ella tenía que esperar, hacerse aun lado, verlo desde lejos sabiendo que podía hacer cualquier cosa pero no que a la vez no podía.
Respiró profundamente y se dijo a si misma que no iba a dejar que aquel hombre siguiera sufriendo. No después de todo lo que había hecho por ella, por cada uno de ellos. Había ayudado a cada uno de sus nakamas cuando lo habían necesitado. Y eso era algo que no podía olvidar. Nunca olvidaría Arlong Park siendo destruida, nunca olvidaría cuando esa gran edificación que tanto la había torturado por ocho años se caía abajo y de entre sus escombros, Luffy aparecía victorioso. Esos recuerdos eran muy fuertes, ese día, al fin, había logrado concretar su libertad. Toda su isla había sido liberada y con ella sus ataduras hacia todas esas personas. Y gracias a él, ella había podido empezar a cumplir su sueño, su meta.
Contó hasta cinco. Sí, eso haría. 1...2...3...4...5... Y automáticamente forcejeó con su captora y salió disparada hacía la escena delante de sus ojos. Esquivó al falso Ace y se aproximó hacía su capitán. Tomó su rostro con ambas manos y lo arrimó al suyo. Lo miró a los ojos y supo leer el dolor de su mirada.
- Él no es real, Luffy - Murmuró seria intentando que su tono de voz lo tranquilizara - Tu sabes mejor que nadie que él no es tu hermano - Apoyó su frente contra la de él - El jamás te diría eso, él jamás te lastimaría, Luffy. Lo sabes ¿Verdad? -
No hubo respuesta y eso la desesperó. Tenía que hacerlo entrar en razón antes que la imitación de su hermana volviera y se la llevara a quien sabía donde. Desvió la mirada por encima de su hombro y supo que sus sospechas eran ciertas. Aquella mujer se encontraba caminando hacía ella con un paso lento y el arma descansando al costado de su cuerpo. Cierto temor comenzó a trepar por la espalda de la pelinaranja. ¡Maldición! Tenía que hacer entrar a Luffy en razón antes de...
Sintió como la mano de su hermana la tomaba de los hombros. Ya era tarde. No había nada más que hacer. Acercó el rostro del morocho al suyo y le dio un pequeño beso en sus labios. Cuando la copia la arrancó de su lado, sintió un profundo vacío. No había encontrado otra manera de lograr sacarlo del trance. Sintió que Nojiko la tomaba de los cabellos y la arrastraba hacía dentro del castillo.
Fue llevada hacía el interior de aquella estructura de piedra y fue dejada delante de aquel tipo que había conocido en ese extraño mundo paralelo. Lo observó la mirada afilada. ¿Quién demonios se creía reviviendo el pasado de los demás y lastimándolos psicológicamente? No lo podía tolerar. Su hermana ató sus brazos hacía arriba con una cadena que colgaba del techo, tal y como si fuese una basura. Eso le molestaba. Intentó jalar hacía abajo, pero no podía. Sus muñecas comenzaban a ponerse rojas. Soltó un grito de dolor.
- Parece que volvemos a encontrarnos - Comentó Curler con la mirada seria
- ¡Déjame en paz! ¿Qué es lo que quieres? - Exclamó cuando se rindió. Dejó sus brazos quietos, no había forma de liberarse.
- Te dije lo que iba a pasar, pero no dejaste que te corteje - Respondió mientras levantaba sus manos - Así que pasemos al acto siguiente - Pasó una mano por el cuerpo de la mujer sin tocarla y, repentinamente, un vestido blanco apareció - La boda -
- ¡¿Qué hiciste?! - Gritó cuando notó que llevaba puesto un hermoso vestido de seda, tal y como un casamiento - ¿Cómo puedes hacer eso? ¿Eres un usuario? -
- ¿Usuario? - Soltó una grotesca carcajada que la perturbó - Claro que no, esto es mejor que ser un maldito usuario - Le enseñó la cara externa de sus manos con cierta soberbia - Solo observa -
En el dedo anular de cada mano, Curler poseía dos extraños anillos. El anillo de la derecha era blanco con un grueso hilo negro que decoraba todo el anillo en forma espiralada, mientras que el anillo de la izquierda era negro con su espiral blanco. Extrañada, la navegante frunció el ceño. ¿Qué tenían que ver aquellos horribles anillos con todo lo que estaba pasando?
- Hace 800 años, durante los 100 años vacíos, un mago de un importante reino lleno de orgullo y poder, creó estos dos anillos - Los ojos de Nami se abrieron como platos - Uno lee el corazón - Enseñó el blanco - El otro recrea la realidad - Mostró el negro - El mago se lo entregó a una de las familias más poderosas e influyentes de aquel reino para que los use con sabiduría - Cerró sus manos con fuerza, formando dos puños - Pero lo que aquel hombre no sabía era que su mejor amigo, lo traicionaría. El traidor sería parte de lo que luego destruiría a aquellos ciudadanos - Murmuró con cierta empatía en su voz - Simplemente lo mató, quería esto con todo su corazón, tanto que hasta se atrevió a clavar un cuchillo en el pecho de su mejor amigo - Volteó, dándole la espaldas a Nami - Afortunadamente, no encontró los anillos. Éstos ya habían sido robados por alguien más... - Sonrió demoníacamente - Y fueron pasados de generación en generación -
Contempló a Nami fijamente y luego se acercó a ella. Demasiado para su gusto.
- Las otras mujeres no han podido ser lo que yo quería, darme lo que yo anhelaba - Susurró en su oído - Pero sabes lo que dicen ¿Verdad? La décima cuarta es la vencida -
- ¡Aléjate de mí! - Furiosa por lo que le acaba de decir, aprovechó las cadenas para colgarse y partearle el pecho con fuerza - ¡Eres un desquiciado! -
- Lo bueno de ti es que eres una pirata, nadie se preocupará por tu ausencia - Sonrió cuando se enderezó. Distinguió que la mujer desviaba su mirada hacía la entrada del castillo donde sus amigos se encontraban luchando con copias que él mismo se había encargado de crear - Él no vendrá a salvarte - La respiración de la pelinaranja se detuvo y clavó sus ojos color chocolates en aquel rubio - ¿Crees que no se lo que sientes por él? Puedo leer tu corazón - Estiró sus brazos - Y también puedo leer los de él y créeme, no es correspondido -
No supo que le dolió más. Si esa última oración o el hecho de que ya lo supiese desde hacía mucho tiempo. La respiración de la mujer se volvió tranquila y su mirada apaciguada. Necesitaba encontrar la forma de salir de allí lo antes posible.
- ¿Qué hay de los marines que tenías en aquella casa? - Preguntó intentando ganar tiempo
- ¿Los marines? Ah, hablas de el vice almirante y la mujer que lo acompañaba - Hizo chasquear sus dedos y una pared desapareció dejando ver a Smoker y a Tashigi en las mismas condiciones que ella - Digamos que están... -
- ¡Déjanos salir! - Exclamó la joven marine
Smoker lo miró con la mirada amenazante. Había oído un rumor acerca de aquellos anillos pertenecientes a los 100 años pero... Jamás creyó que algo semejante fuese real. Era algo un tanto descabellado por lo que la historia lo dejó pensativo.
- Bueno... Continuemos con esto -
Curler volvió a posar sus sentidos en la joven pelinaranja. Estiró su brazo, la tomó del frágil cuello y apretó levemente. Se arrimó a su cuerpo, generándole cierto rechazo a la mujer y cuando arrimó su boca a la de ella. Sintió que todo se estaba por acabar.
" Gear Third "
Esas palabras fueron música para sus oídos. Escuchó la piedra crujir y repentinamente, el gigante puño de su capitán ingresó entre los escombros, rompiendo el adoquín que sostenía aquel lugar. El suelo tembló debajo de sus pies.
La estructura de piedra se vino abajo. Todo el edificio cayó debido al tamaño del puño de Luffy. Nami corrió debajo de una piedra a fin de protegerse. Logró llegar justo en el momento que miles de cascotes caían del cielo. Y salió, solamente, cuando el sismo se detuvo.
- Luffy... - Murmuró
Escarbó entre las piedras, desesperada. Necesitaba encontrar a Luffy lo antes posible. Sacó piedras pequeñas, las que su fuerza le permitió, y las más grandes, las empujó con el peso de su cuerpo. Las cadenas se habían descolgado y ahora se encontraban en el piso, pero ellas no le impidieron hacer su labor. Divisó la remera roja de su capitán y su corazón se arrugó.
- ¡Luffy! - Gritó - ¡Luffy, por favor! -
Sacó todas las piedras del cuerpo de su capitán y sus ojos se abrieron como platos al notar que se encontraba inconsciente.
Bueno, hasta aquí he llego. Espero que les haya gustado y pronto estaré actualizando tanto este como el resto de mis fics.
¡Nos leemos pronto! ¡Feliz Año!
