Con ustedes la penúltima parte de esta mini saga "Las reliquias del jefe"
Aquí se explica el significado del "Krage" que es el medallón Burglar que tiene Astrid, el que según mi historia ella lo recibe el día de su boda y que perteneció a su madre. Este capítulo está ubicado mucho tiempo después, incluso de mi fic que aún no escribo ni sé cuándo pueda empezar a escribir o si escribiré algún día "Cómo Seguir a tu Corazón", espero no sea muy lioso, si tienen dudas, pueden preguntar todo lo que necesiten, además de una revelación y secreto que muy pocas personas conocían y que sólo una adivinó.
Advertencia 1: Se habla acerca de una violación.
Advertencia 2: Si no te gustan los spoilers de mi universo, te recomiendo NO leer este capítulo.
.
.
Las reliquias de un jefe
Parte III
El Krage: El corazón de una madre
.
.
Entró a la cabaña sigilosamente después de haber tenido su boda. La verdad es que ellos decidieron mantener todo en secreto y que sólo quedara entre ellos dos ese dulce momento en el que habían compartido todo el amor y la pasión que sentían el uno por el otro.
Sabía que Arvind estaba en casa de algunos de sus compañeros presumiendo las riquezas que según él le correspondían por agrado de los dioses, pero ahora estaba consiente que esas riquezas no venían de Asgard ni de otra deidad, sino de las mentiras que ella misma propició.
Sabía también que Liv ya estaba dormidita a esas altas horas de la noche, pero aun así decidió entrar a la habitación y acariciar su cabello rubio aunque fuera por pocos minutos y deleitarse con ella, quizá era lo único bueno de su "matrimonio" con Arvind.
-Dentro de poco vamos a irnos, Liv. –susurró mientras le daba un beso en su frente. La arropó, pues la noche pintaba para ser fría.
Nissa se encontraba muy feliz. Se había casado, y no sólo eso, había consumado no el matrimonio, sino el amor que le sentía a Mannet. Nada podría borrar eso.
Tenía una sonrisa que le acompañó todo el camino a casa, incluso tenía un fuerte palpitar regocijante que no le permitía calmarse. Seguía sintiendo el ardor de sus labios y todo el calor de su cuerpo junto al suyo. Sus extremidades le dolían, pero más que dolor era una agradable sensación de cansancio que experimentó después de entregarse a Mannet.
Pero pese a lo que su corazón le decía, tenía muy claro que debía seguir con su rutina, no podía permitir que nadie sospechara, o mejor dicho, no podía permitir que Arvind sospechara de más.
Respiró profundo, intentando pensar en otra cosa, pero la verdad es que le era muy difícil tratar de olvidar todos los besos y caricias con las que había sido tratada, pues la verdad es que la había acariciado como una de las cosas más delicadas que podía existir. Su cuerpo volvió a vibrar de una manera tan excitante que nunca imaginó.
Sin embargo, la mente le ganó a la partida y decidió que debía seguir así, al menos hasta la semana entrante donde volvería a ver a su esposo en la cala a la que acostumbraban.
Para Arvind, los meses siguientes no pasaron desapercibidos que Nissa ya ni lo podía ver. Mientras desviaba la mirada la veía sonreír, pero en cuanto se observaban, sus gestos se desfiguraban, cambiando de nuevo con ver a Liv.
Eso no le gustaba para nada, los pobladores le daban regalos y oro debido a la gran cantidad de creyentes acerca del estado de la valquiria, pero eso ya era historia vieja, lo cual había degradado un poco la efusividad o frecuencia con la que esos habitantes le daban presentes; la única opción que se le ocurría era realizar otra gran hazaña para volver a impactar a esos hombres y retomar su puesto como el más aclamado, además de cierto descubrimiento que había mantenido a la valquiria junto a él.
-Saldré a una excursión. –le mencionó abruptamente un día mientras aventaba su tarro para que la valquiria le pusiera más hidromiel.
Nissa dejó de tomar un té que se había preparado, a penas logrando controlar su efusividad por la noticia, inmediatamente brotó una idea y la posibilidad de aprovechar ese tiempo para salir.
-¿A…a dónde irás?
-¿Te importa en realidad?
-Es curiosidad, Arvind. –masculló, sirviendo de mala gana mientras ella se levantaba de su lugar en la mesa.
-No sé, a donde las corrientes nos lleven. –se puso de pie en eso, acercándose a la mujer quien empezaba a recoger los platos sucios de la cena. –Tardaré algunas semanas. –intentó seducirla vanamente. -Pero antes… puedes darme una despedida. Hace tiempo que no hacemos el…
La rubia se tensó, estaba algo mareada, apartándose de inmediato antes de que él siguiera susurrando en su oído.
-No es un buen momento. –se excusó fastidiada. –Cosas de mujeres.
El castaño se molestó.
-Al parecer ya no es un momento nunca. –se burló. –Eres mi esposa y tienes obligaciones conmigo. –la jaló del brazo. –Es hora de que me des un hijo.
-Tenemos a Liv.
-Quiero un hijo, un varón. Una mujer no sirve de mucho a menos que la venda a un hombre rico que sólo la use para abrirle las piernas.
Ese comentario aterró a la muchacha.
-Es tu hija, ¡No tienes idea de lo que dices!
-Claro que sí. Y tú debes tener idea de cuál es tú lugar. –cuando terminó de hablar le dio un golpe fortísimo en la mejilla. Provocando que ella cayera directo a suelo terroso de la carpa donde vivían.
-Suéltame. –le ordenó.
-Eres mi valquiria, mi esposa, MI mujer. Por mandato divino debes estar conmigo, así que abre las piernas y coopera, o sino a las malas será. –amenazó mientras se aflojaba las ropas de la rubia y de él mismo.
Nissa estaba a punto de llorar, pero no quería hacerlo pues si lo hacía él se daría cuenta de uno de sus dones, pero también estaba asustada y decepcionada de sí misma por obedecerle, no entendía por qué le obedecía si ella tenía bien claro que no le pertenecía a ese vil hombre.
De una forma incomprensible para ella, cedió. Dejó de luchar con ahínco y fue perdiendo fuerza, además, ella no podía ni debía hacer más esfuerzo del necesario.
-Más vale que te calles, o permitiré que otros hombres hagan esto mismo contigo y con tu hija. –amenazó con el cuchillo que tenía en la mano.
Esa fibra sensible de toda mujer fue tocada por Arvind.
A su hija la cuidaría.
Con uñas y dientes
Protegería y mataría de ser necesario.
-No, a ella… no. –alcanzó a susurrar con la poca voluntad que tenía.
Pero eso sólo hizo en Arvind despertar un deseo completamente irracional y le pegó tan fuerte que la noqueó.
Por más objeción que ella puso.
Por más golpes que ella dio.
Nada importó. No le importaron los gritos ni los reproches que ella expuso, ni tampoco todo el rechazo que trataba de menguar con cada golpe que le propinaba.
-Ese polvo que te puse en tu bebida sí que funcionó… -susurró mientras lograba su objetivo.
Esa noche él fue un cobarde porque la tomó por la fuerza.
.
.
.
.
.
.
.
La pequeña rubia estaba feliz mirando mientras su madre se terminaba de arreglar para la fiesta que esa noche habría en Berk.
Le gustaba ver su largo cabello y la trenza gruesa que se formaba mientras ella lo peinaba despacio.
Además la diadema única que la caracterizaba de las demás vikingas en la isla.
Se bajó de la cama matrimonial y fue hasta uno de los percheros donde jaló una capa, la capa de reina que le gustaba sentir por lo suave que era, misma con la que la abrigaron de pequeña.
-Aquí tienes mami. –la entregó a la dueña de tal prenda.
La mujer le sonrió con ternura, agachándose un poco. –Gracias Siri…
La niña sonrió feliz por ayudar a su progenitora a arreglarse para el evento que habría más tarde.
-¿Tú ya estás lista? –preguntó mientras ajustaba la capa y la caperuza a sus hombreras.
La pequeña asintió efusiva, sonriendo abiertamente.
-Abuelita Valka me ayudó. –informó orgullosa mientras mostraba el vestido que portaba además de las trenzas que se enroscaban en su cabello formando una mayor que caía grácilmente sobre su hombro.
Astrid sonrió por el amor que la niña le demostraba a la madre de Hiccup.
-Me alegra.
-Pero… -la niña puso gesto de apurada. –Quería pedirte algo.
-Sí, dime, hijita. –simpatizó la jarl de Berk al ponerse frente a ella.
-Pues, verás. Mi abuela me dijo que hoy es un día especial, que celebramos muchos años desde que Berk nació y desde que Bug Boglar regresó al mapa del archipiélago…
Astrid negó con su cabeza, sería difícil explicar eso de que la isla no nació de un huevo de dragón o gallina gigante como Tuffnut le dijo y que decía mal el nombre de la isla Bog Burglar.
-Y mi tíabuela Gylda dijo que tú usarás joyas de Berk porque eres la reina de Berk.
La jefa achicó la mirada tratando de comprender el punto al que su pequeña hija quería llegar.
-Así es.
-¿Me puedes prestar una?
Esa petición la sacó de ruta un poco.
-¿Una joya?
-Una de las reliquias que tú y mi papi tienen. –explicó con algo de temor, pero con ojitos soñadores. –Mami, quiero sentir que soy parte de Berk.
La jefa resopló enternecida por su hijita de seis años, la cargó y la puso sobre sus piernas.
-Mi princesa, claro que eres parte de Berk. Eres una heredera, una de los herederos a Berk y a Bog Burglar, en especial a Bog Burglar por ser mujer.
-Lo sé, pero… quería algo que fuera mío. Tú tienes tu medallón de Nadder y la pulsera, mi papá su hewie…
Astrid sonrió por lo observadora que era su hija y por escuchar las historias y leyendas que le antecedían.
-Un día recibirás tu reliquia, Siri, ya te lo he explicado. –la interrumpió. –Además no eres la única que recibirá una de las reliquias… -sonrió, acariciando su cabecita. –Algún día te daré mi Krage. Pero… mientras tanto puedes usar algo esta noche, siempre y cuando prometas cuidarlo.
La princesa de Berk sonrió, con ojos soñadores brincó de alegría abrazó a su madre por la cintura.
-Sí, sí, sí. Lo prometo. Cuidaré de cualquier reliquia, de la que sea que pueda usar.
Astrid la dejó sobre la cama y fue a su tocador donde tenía su alhajero, el mismo que recibió de los jefes de Escalofrío el día de su boda.
-Elige la que quieras.
Siriana se puso feliz y lo abrió con cuidado.
-¡Tienes muchas! –se asombró al notar que la cajita estaba repleta de collares, medallones, aretes, anillos y broches.
Los sacó todos y empezó a verlos uno por uno, pero los descartaba en seguida.
-¿Cuál es este? –preguntó Siri mientras mostraba el collar que acababa de elegir.
-Ese se llama "beskytte", es un amuleto que cuida a las que esperan un bebé. Lo usé cuando estaba embarazada.
-¿Te lo dio mi papá? –preguntó curiosa mientras lo hacía sonar.
-No, ese me lo dio la jefa de Kogeorns. La mamá de Akito. Lo he pasado a otras mujeres que van a ser mamás, pero terminaban por regresármelo nuevamente a mí. Cuando conozca a otra que vaya a tener un hijo se lo daré para que su bebé esté cuidado, también es como un amuleto que cuida a los niños mientras crecen.
Siri lo dejó en donde estaba, después tomó otro más.
-¿Qué me dices de éste?
Astrid sonrió con nostalgia. –Se llama "Alltid", significa siempre.
-Se parece a tu nombre y al de Altid. –señaló sonriente por ese descubrimiento.
-Sí, éste sí lo hizo tu padre y también la idea del nombre, aunque el nombre se lo pusimos después de que me lo dio… mucho después de hecho. Me lo regaló cuando me pidió que fuera su novia. –le contó superficialmente mientras la niña veía cómo lo luciría en ella, pero no estaba muy convenida.
-Debió ser romántico. –ensoñó la vivencia de sus padres.
La mujer sintió un recuerdo amargo porque aunque había sido muy romántico, ella lo regresó de una manera cruel debido a un chantaje que vivía. –Lo fue, cuando me lo dio.
Essen volvió a poner atención, hasta que hubo uno que pocas veces veía.
-¿Qué hay de éste?
La jefa sonrió feliz de que preguntara por ese medallón. –Siri… este collar me lo regaló tu papi como obsequio de compromiso. Lo hizo tu abuelo Stoick para tu abuelita Valka, él se lo dio a tu papá para que me lo regalara a mí.
-Es bonito. –lo admiró con ojitos soñadores.
-Sí.
La rubita en esta ocasión tomó el que más le gustaba, el que sólo veía en los momentos más importantes de Berk o cuando había visitas como el rey Bruce y la reina Amarani.
-¿Qué me dices de éste?
Un orgullo creciente se apoderó de las memorias de Astrid.
-Este collar tiene la cabeza de un dragón en un extremo y la cola en el otro. Se coloca así… -la rubia se lo puso alrededor de su cuello. Me lo regaló tu papá como… -no sabía si decirle que era el regalo de la mañana porque empezaría a preguntar sobre qué era el regalo de la mañana y esa era una plática que tendría para después mucho después. –Me lo dio como regalo de bodas. Es hecho de oro puro, y debajo de la cabeza dice esto…
La niña se fijó. –A…altid…sa…sa…sammen. Alltidsammen.
-Tu papá se lo escribió. –dijo Astrid, orgullosa.
La rubita puso cara de desagrado. –Papi no es bueno con los nombres, ¿verdad?
La jefa rio de buena gana. –No, es muy malo. Al principio le puso a Alltid 2.
-¿Y qué significa?
-… siempre juntos. –recordó el día en que se lo entregó en medio de todo Berk bajo la promesa de reconocerla como igual en el gobierno berkiano.
La niña estaba feliz de conocer la historia de sus padres, pero…
-Ninguno es para mí. –reclamó triste.
Algo que Astrid odiaba era que sus hijos estuvieran tristes, así que se quitó el Krage y se lo puso a su pequeña, aunque le dio dos vueltas debido a lo largo de la cadena.
-Este es tuyo. –reconoció indignada.
-Siri, todos son míos… por ahora. Pero algún día éste te pertenecerá a ti si así decides ser la jefa de Bog Burglar. Este medallón esconde un secreto.
-¿Cuál es el secreto? –habló en voz bajita.
La rubia le sonrió. –Ese lo tienes que descubrir tú.
-No se vale, dime por favor mami.
La rubia rio divertida por su hija. –Siri, yo no lo entendí por completo hasta que me convertí en mamá.
.
.
.
.
El resto de la semana fue un martirio para Nissa.
Arvind ya no la volvió a tocar, pero la amenazó con su regreso de la exploración, aunque descubrió unos polvos que él hizo, los cuales la obligaban a obedecer, claro que ese conocimiento la hizo enfurecer más porque detectó que era una de las razones por las que se quedaba con él, de cierta forma la tenía sometida y había desarrollado cierta dependencia con él. Y lo que era peor, algo que no se había imaginado ocurrió.
Ese día fue a la cala donde ella esperaba ver a Mannet.
-Viniste. –susurro él después de abrazarla.
-Sí. –susurró con la cabeza baja, sin voltear a verlo.
-¿Qué sucede?, pensé que vendríamos más veces a la semana, pero… –el muchacho siguió hablando pero le pareció extraño que ella no lo veía como acostumbraban. -¿Qué tienes?
-Nada.
-Nissa…
La muchacha volteó y lo encaró. Mannet por su parte logro ver por primera vez las marcas de los golpes, que ya estaban mucho más tenues.
-¿Qué te hizo? –preguntó rabioso.
La chica se mantuvo callada.
-Le permití que lo hiciera, me dio algo para obedecerlo…
Haddock estaba furioso. –Ahora mismo iré a matarlo.
-No está. –informó. –Se fue de exploración. Por eso pude venir.
Mannet se acercó a ella, preocupado y afligido.
-Nissa… tú eres mi mundo. –la tomó por los hombros, pero se percató que éstos le dolieron al hacerlo. -¿Qué más te hizo?
La valquiria se mordió el labio, tratando de reprimir el llanto.
-Niss, dímelo.
Tomó aire y volvió a sentir todos los golpes de él y sus manos ásperas por su cuerpo. Decirlo sólo haría verdadero ese trauma que vivió, que aunque era mayor, ella seguía siendo una mujer y por supuesto que le dolía esa mala experiencia.
-Me tomó por la fuerza. Él… él me violó.
Los ojos de Mannet se abrieron desorbitadamente tratando de acercarse a ella.
-¡No!, ¡No te acerques! A penas y soporto que tú me mires. –le reprochó, al borde de las lágrimas.
-Nissa… tú eres mi vida. Y te amo, sin importar qué. –le haló dulcemente.
-Ya no soy sólo tuya. –recordó con amargura. –Nunca lo fui.
-Tú corazón es mío, así como el mío es tuyo. A mí no me importa, pero no va a volver a verte de nuevo, no te tocará ni una vez más…
-Me golpeó muy fuerte y no pude defenderme bien. Pero, si no lo dejaba me dijo que le haría daño a Liv… fue tan extraño, y luego descubrí unos polvos que está haciendo con unas plantas que hay en la isla, esos te obligan a obedecer. –empezó a temblar. –Y tampoco podía ejercer demasiada presión en mi cuerpo porque…
-Eres muy fuerte, estoy seguro que le hubieras ganado.
La valquiria tomó aire, humedeció sus labios y lo encaró. Era hora de decir la verdad.
-Mannet… estoy embarazada.
.
.
.
.
Siri sólo veía el Krage, le daba varias vueltas y trataba de verlo desde varios ángulos.
-Si lo pones así parece una flor. –observó para que su madre lo viera. –Y si lo pones de esta otra forma parece un dragón.
Astrid asentía con la cabeza, la verdad es que esa niña era su máxima debilidad.
-Es antiguo, hijita. Ten cuidado con él.
La rubita lo soltó de inmediato, pero al hacerlo se cayó al suelo y se abrió.
Astrid la recriminó con la mirada y la pequeña se asustó mucho cuando lo recogió.
-¡Siriana! ¿Qué te acabo de decir?
La niña se lo entregó a su madre, temblorosa; aún más al notar que estaba abierto.
-Lo siento mucho. –habló con la voz entrecortada.
Astrid lo tomó de mala gana y trató de componerlo, pero las cosas eran pasajeras.
-Se rompió la bisagra, Siriana. –le regañó. –Le dirás a Gobber que lo arregle el día de mañana, ¿has entendido?
La niña asintió obediente. La jefa se culpó por ser tan exagerada por un objeto tenía cientos de años.
-Lo siento, mami.
La rubia mayor resopló y se agachó para estar a la altura de la niña.
-No importa, tiene compostura. Y aun así si no la tuviera no importaría. Lo que importa siempre es que tú estés bien. Sólo ten más cuidado a la próxima.
Siri abrazó a su progenitora, rodeó su cuello y le dio un beso. –Gracias mami. Te prometo que arreglaré ese Krage.
.
.
.
.
-¿Qué dices? –preguntó asombrado, incrédulo y lleno de un sentimiento que no supo descifrar.
La rubia se angustió. De seguro él la dejaría por mentirosa. –Estoy esperando un hijo, Mannet. Sé que tal vez no me crees, pero… yo no había estado con Arvind desde hacía meses, ni siquiera dormía con él. Este bebé es tuyo, te lo aseguro. Sé que es difícil de creer pero…
-Te creo, claro que te creo. –contesto interrumpiéndola. –Te creo cada palabra, Niss. Tendremos un hijo. –estaba sonriente, misma actitud que le contagió a su amado, pero después se aterró. –Tenemos que irnos, debemos irnos ya, antes de que Arvind regrese. Mi padre descubrió una isla al este, está lejos de aquí y podremos ir y empezar de nuevo. Arvind jamás te encontrará a ti ni a Liv.
El dolor que Nissa había sentido poco antes ya había pasado. No podía creer el amor que él le tenía, sin duda alguna era inmerecido.
-Mañana mismo nos iremos. Te lo prometo. –le besó las manos y después la abrazó, alzándola por los aires, disfrutando de esa nueva vida que empezaba a formarse dentro de la valquiria, una vida que había sido formada gracias a la pasión y al amor que ambos se profesaban.
-Sé que es difícil pero olvida lo que él te hizo. Tú eres mía, sólo mía. Pagará con creces el daño que te hizo… no le des la oportunidad de que te siga destruyendo ni que se aproveche de ti.
.
.
.
Siriana siguió observando el Krage mientras su madre terminaba de peinarse el flequillo nuevamente. Tomó las piezas y le llamó la atención una plaquita que sobresalía de una de las caras del medallón. Levantó con cuidado esa plaquita y de repente saltó un papelito que desdobló con cuidado.
-Pa… para… para Sir… Siriana. –la niña abrió los ojos y después siguió susurrando. –Es para mí.
Se fijó que su madre siguiera terminándose de arreglar antes de las fueran a buscar, y cautelosamente empezó a leer ese mensaje.
Astrid la vio como reflejo del espejo. Sabía que no se aguantaría la curiosidad, sonrió, total, ese mensaje era para su hija, ella misma lo había puesto justo como su madre le dejó ese mensaje tiempo atrás.
Cuando la niña dejó de leerlo lagrimeó un poco, eran palabras hermosas que sólo eran para ella.
-¿Te vas a ir, mami? –le preguntó con dolor mientras le jalaba el vestido. Astrid se agachó de nuevo y le dio un beso en la frente.
-No planeo hacerlo pronto, pero no sabemos los planes que el destino tiene para nosotros. Ese mensaje es para cuando yo no esté a tu lado. Sabes que perdí a mis papás cuando yo tenía tu edad, y sufrí mucho porque crecí sin ellos, por eso, dejé esas palabras para ti en caso de que tu padre o yo lleguemos a faltar. –le limpió una lagrimita de su mejilla.
-¿Ese es el secreto del Krage? ¿Representa el amor a los hijos?
Astrid le sonrió maternalmente. –Es el amor a la familia, Siri.
.
.
.
.
Varias horas después, Nissa ya había empacado lo suficiente. Tampoco quería evidenciar que no estaría allí. Guardó algunas pertenencias relevantes de ella y de Liv.
-¿A dónde vamos mamá? –le preguntó la rubiecita mientras ayudaba a su mamá a doblar unas cuantas cosas y empacaba su muñeca.
-Nos vamos a ir a otra isla. –le dijo apretando el nudo de la alforja.
-¿Allá no te van a pegar? –preguntó asustada. –Escuché cuando papi te pegó el otro día.
La valquiria se enojó consigo misma por no haber sido cuidadosa.
-Escucha Liv, tu papi es muy fuerte y agresivo. Te quiere mucho, nos quiere mucho, pero… él busca riquezas y gloria. Él decidió que prefiere eso y nosotros nos haremos a un lado para no estorbarle en lo que desea, ¿te parece?
La niña de seis años no estuvo muy convencida, pero ver la esperanza en los ojos de su mamá le hizo sentirse segura.
-Bueno… ¿cuándo nos vamos?
La mujer sonrió. –Mañana en la noche.
Aún no le diría a nadie acerca del embarazo hasta que estuvieran muy lejos.
.
.
.
.
El día tan esperado por Nissa llegó, fue a la cala con su hija. En otras ocasiones Liv había conocido a Mannet, pero sólo bajo la versión de ser un aldeano más y conocido de su madre, así que ya había algo de antecedentes de su parte.
Sin embargo pasaron muchas horas y no se sabía de Mannet. Nissa empezó a creer lo peor.
-Mami, ¿segura que aquí van a venir por nosotros? –preguntó adormilada, mientras se recargaba en las piernas de ella para apoyar su cabeza.
-Sí. Un amigo va a venir. Lo prometo.
Pero eso lo dijo más bien para ella. No podía creer que Mannet la dejara plantada.
Arropó a su niña y también a ella misma, tratando de mantenerse calientes. Sin embargo, en medio de la espera, la noche terminó y el amanecer despuntó por el horizonte.
Nissa aseguraba que algo le había pasado a su amado. Se reusaba a creer que le había jugado mal. No le bastó esperar, ella iría a buscarlo, pero tampoco podía dejar sola a Liv, ya la había descuidado mucho desde que empezó a frecuentarse con Mannet. Pero la incertidumbre de las últimas horas acabaría con ella.
Dejó a Liv recostada en la hierba y ella se puso de pie.
Tal vez si caminaba un poco se despejaría. Recordó que cuando ellos no podían verse se dejaban un mensaje en las ramas o algo, pero en esta ocasión no había nada.
Resopló y regresó con Liv pero por suerte escuchó detrás de ella unas pisadas pausadas.
Se giró de nuevo y vio a Mannet caminar cansadamente hacia ella.
Sonrió, de seguro había tenido un contratiempo.
-Me había preocupado. –susurró mientras se acercaba a él, sin embargo al hacerlo se dio cuenta que cargaba a un bebé.
La valquiria no entendió, en especial por la mirada culposa de él. –Es mi hijo.
Ese bebé era de un par de meses de nacido. Si sacaba cuentas y sumaba los posibles de nacido y el periodo de gestación de la madre, a lo mucho eran doce lunas, muchas menos de las que ellos tenían de verse con regularidad pues ellos ya se frecuentaban desde hacía más de medio año.
-Anoche hubo un incendio en mi isla. Un ataque de dragones. –trató de explicar. –Murió mi padre, mi madre, mi hermana y su esposo…
Nissa intentó empatizar con él. –Es el hijo de mi hermana, me pidió que lo adoptara.
Essen trató de soportar un llanto creciente.
-¿Cómo podrías abandonarlo?
Mannet empezó a llorar, pero trató de no hacerlo fuertemente para no despertar al bebé.
Nissa abrazó al vikingo que estaba demasiado afligido.
-Entiendo si quieres que aplacemos nuestro escape. –empatizó amablemente, pero Haddock negó.
-Te hice una promesa, además es importante irnos lo antes posible. –rectificó con un nudo en su garganta.
La mujer sonrió, su vida empezaba a cambiar.
-Niss, debo decirte algo.
La mujer atendió la seriedad del asunto.
-No te había dicho esto porque pensé que nunca pasaría pero… me nombraron jefe del clan Haddock. Mi padre murió y yo soy el siguiente en la línea. Soy el jefe de la expedición a la nueva isla, el líder de ella.
Era mucha información para ella. A unos pasos Liv dormía plácidamente, frente a su lugar estaba el hombre que le había robado el corazón y un bebé castañito que podía pasar perfectamente por hijo de él. Y ahora la información de que él sería el jefe de la tribu que empezaba a formarse.
-Tendré más responsabilidades, más comisiones, y si decides seguir conmigo todo ese trabajo será compartido…
Nissa no tenía que pensar nada. El amor que le tenía al hombre era más grande que cualquier miedo que le provocara una responsabilidad.
-Estoy contigo. –susurró con amor mientras le tomaba la mano.
Mannet conocía eso, estaba seguro del apoyo que tendría, pero necesitaba corroborarlo, y que ella lo hiciera sólo lo hizo inmensamente feliz. –Lo sé.
Se miraron con amor y con apoyo. Esa nueva etapa en sus vidas iniciaba.
Con cautela, Nissa tomó al bebé entre sus brazos.
-Su nombre es Erick. –dijo con ternura por ver a la rubia cargando al bebé.
-Hola Erick. Ahora soy parte de tu familia. Me aseguraré de que conozcas a tu mamá y a tu papá y trataré de ser el mejor de los apoyos para que puedas crecer fuerte y hábil en este mundo tan lleno de maldad. –le habló en susurros. –Te prometo que jamás haré distinción entre mis hijos y tú. Siempre podrás contar conmigo, pequeño. A partir de hoy tú eres mi hijo también.
Al terminar le besó la frente, quebrando por completo la última de las fibras de tenacidad en Mannet.
-Gracias mi lady. No me imagino un mundo sin ti. –le murmuró con voz entrecortada.
-Siempre juntos, Mannet. Siempre. No importa lo que pase ni lo que nos espere. Tú y nuestra familia siempre estarán primero que yo…
-Que nosotros. –estableció alegre mientras veía a Liv despertar, quien los veía curiosa. –Hay que irnos. Nuestra nueva vida nos espera.
.
.
.
-Entonces… ¿cada reliquia tiene un significado diferente?
La jefa asintió convencida. –Así es. El Hewie de tu papá es un recordatorio de que cada decisión que tome debe estar alineada con la mente a la altura del corazón. Es el amor al pueblo, a tu gente, algo que todos los jefes deben de conocer.
-¿Y tu arbad?
-Se llama "Armband". –corrigió graciosa. –Es el amor que un jefe debe tener a la esposa. La pulsera es una conexión entre el jefe, la jefa y Berk. Es un recordatorio para el jefe y la jefa que aunque estén separados, siempre habrá un lazo que los una; porque son un equipo que trabajan juntos para el bienestar de la isla.
-¿Y el Krage?
Astrid rodó los ojos, es historia la contaba casi todas las noches antes de que se fueran a dormir.
-Éste representa el amor a la familia, Siri. En mi caso es el amor que tengo como mamá, también a tu papa, pero de igual forma son parte de mi familia tu tíos, tu abuela, tu tíabuela Gylda… el Krage fue hecho de un corazón de oro, al igual que las demás reliquias porque esas clases de amor se representan diferente y al mismo tiempo se complementan. Sólo amando de diferentes maneras serás capaz de…
-De escuchar y seguir al corazón.
Las féminas se voltearon a la puerta en el momento que escucharon la voz de quien complementaba la idea con la que la niña había sido arrullada desde que nació.
-Mi amor… -susurró Astrid, poniéndose de pie para ir a besar la frente del varón que había interrumpido ese agradable momento.
.
.
.
.
El viaje a la nueva isla fue seguro. Un par de galeones y alrededor de ocho familias fueron los pioneros para aventurarse e iniciar desde cero.
Bajo el mandato de Mannet y su recién reconocida esposa Nissa, el clan Haddock, y otros grupos como los Jorgenson, Thorson, los exiliados cazadores de dragones apellidados Ingerman y otros más pisaron nuevos horizontes en ese inusual y extraño montículo de tierra.
Tras unas semanas de construcción, todo parecía marchar bien.
Liv se había acostumbrado rápidamente al nuevo estilo de vida, incluso adoraba ver a su madre feliz, y ella estaba muy contenta de tener a un hermano y a otro más en camino.
Ese día estaban en junta para hablar acerca de la construcción de un Gran Salón.
-Cada isla tiene uno. –opinó un hombre de los Jorgenson, barbudo.
-Sí, pero será mejor preparar primero las cabañas para que nuestra gente pueda descansar, además de una fortaleza, redadas de pesca e incluso un aserradero… -opinó otro hombre musculoso y rubio. –Cuando avancemos en esos proyectos empezaremos con el Gran Salón.
-Hoffer tiene razón. –opinó el jefe. –Empecemos con lo básico, establézcanse como clanes cada uno de ustedes y sus familias. Después podremos construir uno, además quiero ver los diferentes territorios de la isla para poder elegir el mejor lugar.
Los líderes de los clanes aceptaron esa propuesta.
.
.
.
-¿Ya estás listo amor? –preguntó la jefa después de besarlo.
-Sí mamá. –respondió orgulloso. –Y yo me peiné…
Siri se le quedó viendo feo. -¿Te peinaste con el gancho de Gobber?
El muchachito se le quedó viendo feo.
-No, enana. –le regaño mientras se acercaba a la niña para cargarla y hacerla volar por los aires. –Corrí así de fuerte y dejé que el viento me peinara.
-¡Ten cuidado Erick! –le regañó Astrid mientras paraba a los niños.
El muchachito dejó a su hermana, a quién se le movió la trenza después de tanto alboroto.
-Le tendré que peinar de nuevo. –se quejó Astrid. –Ya te he dicho que no la cargues así.
-Ay mami, no tiene nada de malo, es como si volara.
Volar.
Esa palabra hizo eco en Astrid. Le dolía que sus hijos no convivieran con los dragones de la misma forma que ella y su generación lo hizo en cierto momento.
-Mamá, acepta que sobreproteges más a Siri porque es tu heredera burglar. –se quejó el de doce años aproximadamente.
La jefa se molestó por esa rebeldía que empezaba a mostrar.
-Erick, no digas eso, no tienes idea de cómo te cuide de pequeño cómo te sigo cuidando desde que naciste. –le reprochó. –No hace falta que te diga lo muy especial que eres tú. Que lo son ustedes.
El pelirrojo se sintió incómodo por hacer ese comentario.
-Lo siento, ma. No fue mi intención. -bajó la cabeza.
-Además, no hace falta decir que tú y tu hermano le quebraron un brazo a Siri hace unos meses.
Otra presencia interrumpió.
-Mamá, Erick y yo no le rompimos el brazo, sólo se lo lastimó. –se quejó el niño castañito de unos 9 años de edad.
Astrid los miró derrotada, esos niños salieron con su terquedad Hofferson.
-Desde que Siri se nos cayó cuando era bebé ya no hemos podido jugar en paz con ella. –se quejó el menor.
-Aunque no culpo a mamá, siempre la regresamos con heridas por las caídas que nos damos.
-Es más divertido si te llevas cicatrices. –la última voz faltante en la familia apareció por la puerta de entrada.
-Papá. –expresaron alegres los niños y corrieron a abrazarlo.
Astrid no dijo nada, no hacía falta. Se comunicaban con la mirada.
-¿Ya están listos? –preguntó Hiccup mientras inspeccionaba a sus tres vástagos.
Los niños Haddock asintieron.
-¿Y tú mi lady?
-También, amor. ¿Ya nos vamos al Gran Salón? Debemos dar la bienvenida a los aldeanos. –dijo después de besarlo castamente.
-Sí, claro… pero, quería hablar con todos ustedes para darles algo.
Los niños se emocionaron por recibir los regalos, siempre que los juntaba era para que recibieran algún presente.
Astrid sonrió pues ya sabía de qué detalles hablaba Hiccup.
-Es un regalo para cada uno de ustedes, mis hijos, mis herederos. –explicó con orgullo mientras cada uno de ellos, con ayuda de Astrid, les daba un pequeña bolsita que contenía el obsequio.
-¡Es nuestro propio medallón! –gritaron emocionados los tres.
.
.
.
.
.
.
Notas de la autora:
Sé que el shock inicial puede ser complicado.
Pues como lo leen, los que se atrevieron a leer.
Ya había dicho que Siri es la hija de Hiccup y Astrid, pero nunca dije que era la única. Si no me creen, busquen en mis demás fics y hay pequeñísimos y casi imperceptibles guiños a los otros dos hijos, solo una persona se dio cuenta, no pondré su nombre, y a los demás que ya sabían de esto, gracias por guardar el secreto.
En fin, explicaré a grandes rasgos esta decisión. En CEATC Mivenn le dice a Astrid que tendrá un hijo, diciendo literalmente: "La guerra sería peor si Drago conociera la existencia de este bebé". Aparte ella misma comenta "que de la unión de ella e Hiccup Berk, Bog Burglar e incluso Luk Tuk dejaran de ser como son gracias a lo que nacerá del amor que usted y el jefe Hiccup se profesan. Tardará un tiempo en que reclamen lo que es suyo por herencia…"
Al final de ese fic Astrid está embarazada, sí, de un varón, de Erick, no de Siri como se los hice creer. Además que en el ritual que ella hace se da cuenta que es un varón.
En el epílogo de CEATC Erick aparece con su hermanito (niño del que aún no digo su nombre) junto a Gylda, la tía de Astrid, pidiendo jugar con Siri y Astrid dice "que le recuerda a su esposo" a él lo puse pelirrojo porque se parece a su abuelo Stoick, de hecho se llama Erick Stoick, como los padres de ellos.
Por si no lo notaron, en el fic de "Ella", Astrid dice que ya no tendrán más hijos, pues ya tenían a los otros dos, y menciono que Ruffnut está embarazada, si hubiese sido Siri, la gemela no podría estar embarazada de siete meses como lo digo porque ya tenía a Snotnutt, además recordemos que ella dice "Astrid, me está dando miedo", porque en su anterior parto ella estuvo inconsciente y no recuerda nada. Finalmente, en este fic, Heather llega a la habitación con Astrid e Hiccup que estaban conociendo a la bebé junto a otras "dos personitas que querían ver a los papis", o sea, los niños mientras Valka dice que "qué bonita familia"
Y el más reciente guiño que puse fue el fic de "Noches de Tormenta", durante ese fic Hiccup sale de noche durante una tormenta mientras Astrid se queda con Siri porque un tal niño "Erick" estaba en problemas juntos a los demás chicos, es decir, con su hermano y Snottnut que estaban en casa de los Jorgenson por esa noche (quizá por eso Astrid e Hiccup aprovecharon XD)…
Espero que ahora entiendan un poquito más mi mente y ese plan. Lamento si les arruiné la sorpresa, pero la verdad es que ya había bastante misterio con esos niños y quería (quiero) escribir más de ellos post Cómo Seguir a tu Corazón, aunque no sé cuándo o si lo voy a escribir pronto.
Hay mucho misterio acerca del regreso de Hiccup en CEATC, pronto se resolverá, y antes de que digan que ellos no estaban juntos en el epílogo, léanlo bien jejeje, dice que estaba de viaje, no desaparecido. XD
Tal vez se me olvide uno que otro guiño, pero de momento puse los más relevantes.
Interrumpí el capítulo porque estaba quedando muy largo, en el próximo se termina ahora sí.
Gracias por leer
**Amai do**
(algunos me dijeron que soy: la destructora de corazones)
-Escribe con el corazón-
Publicado: 13 de marzo de 2018
