Capítulo llevado a cabo después de los sucesos de la primera temporada de "Cómo Escuchar a tu Corazón", después de la segunda batalla contra Drago; y la escena final se ubica al final de dicho fic, también.

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Las reliquias de un jefe

El Alltid

-Siempre-

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Era su segundo aniversario.

Dos años tan llenos de emociones de todo tipo. ¿Había problemas? ¡Claro!, los problemas eran parte de la vida, pero tenían algo más seguro: su amor.

Sin embargo, Hiccup y Astrid no podían festejar a lo grande, principalmente porque les habían mandado llamar a una junta de jefes, la cual se llevaría a cabo por primera vez en la Isla Berserk para celebrar el primer año con un nuevo regimiento, la reina Karena Deranged.

Heather los acompañó, pues seguía siendo una heredera al trono, aunque prefería que no le dieran un trato especial.

Los tratados de las rutas de comercio, el intercambio y trueques, una que otra alianza… la cumbre fue llevada a cabo sin problemas, donde se demostró la capacidad y buen mandato de la reina.

Después de la cena Hiccup y Astrid esperaban marcharse a Berk.

-Eres una excelente anfitriona, Karena. –reconoció Hiccup. –Cuenta con nosotros para cualquier cosa, te debemos mucho.

-Yo soy quien debe más. –corrigió ella después de beber de su tarro de hidromiel. –Ustedes me cambiaron, cambiaron al archipiélago entero.

-Poco a poco cambiaremos el mundo, entonces. –bromeó Astrid para después mirar a su esposo, insistente. –Supongo que es hora de irnos.

-¿No se quedan aquí? Tenemos habitaciones extra; les daré la mejor de la fortaleza. –prometió, deseando pasar más tiempo con sus amigos.

Los esposos se miraron, algo incómodos, tampoco querían ser descorteces, pero realmente tenían otros planes.

-La verdad es que su aniversario, Valka y Gylda les prepararon una cena familiar. –interrumpió Heather, acompañando a su hermana mientras les guiñaba un ojo a sus amigos.

-Es cierto, casi lo olvido. –se disculpó. –Espero que puedan celebrar lo que resta del día.

Los jefes de Berk sonrieron. –Gracias, majestad.

Tras despedirse de algunos jefes Astrid y Hiccup montaron sus respectivos dragones y se marcharon a su hogar. Heather decidió quedarse un par de días allí en la isla, justo como les había comentado previamente a la feliz pareja.

Durante el vuelo iban hablando de cosas triviales, en su mayoría asuntos de la isla y burlándose de uno que otro jefe que fingía ser muy poderoso, hasta que Astrid observó detenidamente la posición de las estrellas, notando algo importante.

-Hiccup. –lo llamó, pero el hombre se hizo el desentendido. –Berk está hacia allá. –señaló la otra dirección.

-Lo sé mi lady. –hizo una voz juguetona. –Tomaríamos ese rumbo si fuéramos a Berk.

-¿A no?

-Nop. –sonrió socarronamente, mientras Toothless se reía de ellos.

-¿Y la cena que mi tía y tu mamá prepararon?

Hiccup negó cada palabra que decía, dando a entender que no había cena.

-Le conté a Heather mi plan, ella dijo eso porque se lo pedí para no levantar sospechas, justo después de que ella me dijo que se quedaría con Karena unos días.

-¿Entonces a dónde me llevas?

Hiccup le sonrió cariñoso, a pesar de la poca luz que había debido a la noche, ella lo vislumbró.

-Quiero mostrarte un lugar que descubrí.

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Vivir en esa nueva isla era todo un tándem de sentimientos donde la curiosidad y la responsabilidad jugaban papeles importantes por igual.

Mannet era el primer jefe de territorio que permitió establecerse en una isla que reclamaron como suya.

La comida era insípida. Llovía varios meses y granizaba los demás, pero era un hogar, era su hogar y eran felices así; en especial porque tenían la oportunidad de empezar a escribir las historias que ellos mismos forjarían para las futuras generaciones y en cuanto a la familia del jefe no se podía pedir nada más, se mostraban felices y eran un claro ejemplo para los clanes de la isla.

En Berk, así le habían llamado a esa isla, o montículo de tierra como Mannet le llamaba, todo era más placentero.

Los meses pasaron hasta que la valquiria tuvo aproximadamente seis lunas de gestación con el heredero, por más que quisiera negar Nissa seguía con su espíritu aventurero. Adoraba convivir con la naturaleza y ese gusto se lo compartió a su hija también, o tal vez sólo lo heredó. Lo que hubiese sido, la valquiria por fin era inmensamente feliz en su nueva vida y como toda amante de la naturaleza tenía que explorar el resto de la isla, hasta que llegó a un lugar escondido del resto de ella.

-Una cala. –suspiró en cuanto notó que la pequeña laguna y la cascada brindaba un toque único a todo el lugar. Una gran cascada, una increíble vista y el aire fresco se sentía a la perfección. Era un lugar dentro del bosque de Berk que fácilmente podía nombrar y elegir como su paraje de tranquilidad.

Ella amaba los lugares así, le encantaban en realidad, así que se acercó y la nostalgia se apoderó de ella al recordar todas las creaciones en las que colaboró junto a sus amigas.

Se recostó un momento y sintió las pataditas de ese bebé. Se alegró de sentirlo y le emocionó la idea de tenerlo pronto. Sin embargo, escuchó unos ruidos en el lago, de seguro eran peces o un animal que bebía agua, pero no fue así, en su lugar vio unos grandes y poderosos…

-Dragones. –expresó asustada y maravillada al mismo tiempo por ver a tan asombrosas criaturas. Los conocía a la perfección, era dos Nadders.

Los observó y algo se le hizo familiar, en especial cuando se cubrieron con sus alas y después tomaron forma de una persona.

-No puede ser… -susurró asombrada. -¡Tamsin! ¡Medsky!

La que gritó salió del escondite, emocionada.

-¡Nissa! –la reconocieron a la perfección.

Las mencionadas se alegraron al notar que era ni más ni menos la misma amiga que tenían años sin ver. Como hermanas se abrazaron y de inmediato se pusieron al corriente, platicándose lo ocurrido en esos años.

-¡Cuánto tiempo!

La de los ojos grises la miró, con sólo tocarla percibió mucho más de ella de lo que Nissa hubiese querido.

-Tienes una hija, eres feliz ahora y… estás embarazada. –musitó tratando de encontrar más respuestas.

Se pusieron al día en tan solo unos minutos, reencontrándose con su antigua amistad, esperando que en esta ocasión la vida les permitiera seguir juntas.

-Es increíble, ¿en serio nunca sentiste que ese no era el dueño de tu corazón? –preguntó la pelirroja.

Nissa negó avergonzada tras hablar por varias horas y contarles todo lo que pasó. –No, pero me alegra haber encontrado a Mannet, él no sólo es amor de mi vida, es el padre de mi segundo hijo. A propósito… -se dirigió a Tamsin. –Sé que posees el don de la profecía y del futuro… ¿podrías decirme qué ves para mi familia? ¿Para mis hijos? –preguntó emocionada, por fin después de tanta plática.

La castaña sonrió y colocó su mano sobre el vientre de ella. –Será un honor.

Se concentró y trató de ver si tenía una señal del futuro.

-Es un varón. –musitó alegre.

Nissa se puso feliz, habían acordado que Erick sería el futuro jefe de Berk, pero también el bebé que ella esperaba era considerado una promesa para el pueblo.

Pero Tamsin tocó con más desesperación el vientre de ella.

-¿Sucede algo? –preguntó la pelirroja Medsky, la del don las cualidades y la sabiduría.

La castaña apartó su mano bruscamente.

-¿Tam? ¿qué le pasará a mi hijo? –preguntó aterrada, poniéndose de pie.

La valquiria también lo hizo, alterada.

-Nissa… no vi claramente, pero logré percibir que… -cerró los ojos para concentrarse. –Tendrás varios hijos, juntos. –Nissa sonrió al pensar en su familia. –Serán reyes respetados y amados… serán felices.

La rubia sonrió feliz, esa era la familia que deseaba, ella sabía que con el corazón de Mannet y la fuerza de ella sus hijos llegarían lejos.

-Pero también veo otra cosa…

Essen prestó atención ante la seriedad de la valquiria.

-Veo que alguien desea hacerles daño. –informó preocupada.

-¿Qué viste?

-Veo sangre. –confesó aturdida. –Veo joyas de oro y… la pluma de la predicción. –trató de recordar, no muy segura de lo que veía.

-¿Qué tiene que ver mi pluma? –preguntó Medsky, sujetándola fuertemente, la cual colgaba de su pecho.

Tamsin no podía describir lo que veía.

-La tiene alguien, alguien cercano a Liv.

-¿Qué hay de ella? –preguntó con preocupación, sujetándose fuertemente el vientre, pues a pesar de todo, tenía sangre de Arvind y podía caer en la locura.

Tamsin ya no pudo recordar. –Es todo lo que pude ver, se hará más clara con el paso del tiempo, así me sucede a veces. –trató de motivarla, pero Nissa no se quedó conforme.

-¿Quién nos quiere hacer daño? –volvió a preguntar.

-Aun no es claro, en cuanto lo descubra te lo diré. Lo que sí sé es que Medsky les dará un don. –confesó de nuevo, mirando a la pelirroja.

-¿Yo?

Tam asintió. –El don de la virtud.

La mencionada sonrió. –Había pensado en ese, creo que me lo acabas de confirmar. –meditó un poco, hasta que tuvo una idea. -¿Alguien más sabe de este lugar?

Nissa negó. –Hasta el momento sólo yo. Pensaba traer a Mannet y a Liv.

Medsky sonrió. –Entonces aquí será. Recuerda que doy dones personales, pero cuando se trata de familias consagro los espacios que frecuenten para que continuamente se llenen de esos dones.

La valquiria extendió sus brazos de su ser salió una especie de luz.

-"Todo aquel que tenga sentimientos puros y que encuentre esta cala desarrollará el don de la virtud: la disposición de hacer el bien a los demás de manera desinteresada, de ser íntegro y permitirse ser feliz".

Años después en esa misma cala varias personas se enamoraron e incluso un dragón ignoró sus instintos asesinos para brindar oportunidad de convivir con los humanos.

Otra ventaja es que la bendición empezaba a partir de allí y no aplicaba a los que ya estaban, entre ellos, porque oculto detrás de varias capas de arbustos, estaba un hombre que había ennegrecido su corazón.

-Perdí una valquiria… pero encontré tres. –murmuró receloso y lleno de avaricia al verlas platicar amenamente. –Tendré mi venganza.

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Astrid no tardó en reconocer el lugar.

-Bog Burglar. –susurró cuando se acercaron a la playa para descender.

Le llenaba de nostalgia estar allí. Una parte de ella añoraba la isla de su madre, donde ella nació y por lo poco que conocía de los sobrevivientes era un verdadero hogar, pero también sabía que la vida allí era casi imposible, pues el volcán erupcionaba continuamente y las zonas fértiles del lugar eran bastante escasas y se quemaban con facilidad.

-¿Qué hacemos aquí? –preguntó curiosa.

Hiccup le puso a Toothless la cola de manera manual para que pudiera volar con Stormfly y tuvieran una noche libre.

-Estaremos aquí, no se alejen, ¿de acuerdo? –pidió el jefe de Berk como si le advirtiera a sus hijos. –Los llamaremos si necesitamos de ustedes.

Los dragones se dejaron acariciar un poco para después jugar con las pocas gaviotas que había allí en la playa mientras el atardecer se iba apagando en el horizonte.

-¿Qué planeas, chico dragón? –preguntó, alzando una ceja.

Hiccup le tomó la mano y tomó una antorcha que había encendido mientras Astrid se despedía de su Nadder.

-Quiero que vayamos a una cascada que encontré hace unos días.

La rubia se dejó guiar por el castaño, atravesaron algo de vegetación, vieron un extraño pozo de agua potable y un misterioso vado que los llevó a una cala donde había una pequeña cascada.

-Después de ti.

La entrada no se veía en lo absoluto.

-¿Quieres que nos bañemos? –preguntó coqueta al notar que no había nada.

El castaño sonrió apenado. –No es la intención… por ahora, aunque no me molestaría. -le abrazó de la cintura. –Realmente quiero que veas eso. –señaló un hundimiento en la pared rocosa, justo del tamaño de su emblema que la jefa permitía que colgara en su pecho.

-Estaba platicando con Eret y él me comentó que Bog Burglar era atacada repetidamente.

-Lo sé.

-Por eso es que los burglars escondían sus tesoros de manera que sólo los jefes podían saber en dónde estaban. Me dijo que ellos marcaban sus guaridas o lugares secretos para dejar un recordatorio de dónde habían estado.

Astrid pareció entender a lo que se refería Hiccup, y más cuando recordó las historias que su madre le narraba acerca de una pequeña niña que se escondía por toda la isla.

-Es el único que he encontrado hasta hoy, quizá hay más, pero… ¿qué te parece descubrirlo?

-¿Es mi regalo de aniversario?

Hiccup se encogió de hombros.

-Hace un año me dijiste que deseabas ayudar a los Burglars, conocer tu herencia es una forma de empezar, ¿no lo crees?, hemos esperado lo suficiente.

Astrid le asintió, tomó la mano de Hiccup y en seguida tomó su medallón, colocándolo sobre la hendidura.

-Siento que… ya he estado aquí. –esa extraña sensación le invadió.

-Lo más seguro es que tus padres te trajeron cuando eras pequeña. –opinó el castaño, animándola.

Cuando giró el emblema el piso se movió un poco y después aparecieron frente a ellos unos escalones que les dirigían hacia abajo.

-¿Me acompañas? –preguntó Astrid, emocionada y nostálgica.

-Siempre.

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Lamentablemente quien deseaba hacerles daño era Arvind.

Durante esos meses buscó desesperado cualquier indicio de oro, quería más tesoros, y su sorpresa fue demasiada cuando notó que la isla a la que había llegado, también llegó su esposa con su hija acompañada de otro vikingo quien ocasionalmente vivió en el antiguo pueblo en el que vivían.

Por eso se dedicó a espiarlos, nadie le quitaría lo que era suyo por derecho.

Y lamentablemente lo consiguió. Con engaños raptó a su hija y la condujo a su antiguo hogar, aunque no fue lo único que se llevó. Hizo de las suyas y logró conseguir la pluma de la predicción con él, quitándosela a una de las valquirias.

Cuando ellas se dieron cuenta de lo que ocurría. Nissa y Mannet fueron de inmediato al lugar donde Arvind estaba por medio de las visiones de Tamsin.

Al llegar, irónicamente la valquiria observó que él esperaba en el lago donde Mannet y Nissa se conocieron.

-¿Segura que están allí? –preguntó Medsky.

Tamsin solo asintió, preocupada.

Los padres ansiosos fueron hasta el lugar donde vieron que la niña estaba al lado del lago, durmiendo.

-Liv, Liv, despierta mi amor. –Nissa se agachó a ella, intentándola mover para que reaccionara.

-Está drogada. –se escuchó una burlona voz detrás de ellos. –Lo mismo que le ponen a los animales antes de sacrificarlos.

Las valquirias y Mannet se pusieron en posición de enfrentarlo.

-Más te vale alejarte de ellas. –advirtió el vikingo, caminando hacia él. –Desde que te atreviste a tocar a Nissa tengo ganas de rebanarte la garganta, hoy por fin podré hacerlo.

La valquiria no podía poner mucha atención porque estaba al pendiente de su hija.

-Regrésame mi pluma, no eres digno de tocarla. –se adelantó Medsky, la Norna.

Arvind sólo se carcajeó de buena gana.

-¡Claro que sí! –bromeó sin avergonzarse de nada. –Es más… ya la utilicé.

Esa confesión alteró a las dos deidades. El poder de la pluma era capaz de transformar el destino de cualquiera, y lo peor en este caso, era inalterable.

- No juegues con los misterios que no conoces. –le reclamó Tamsin, empezando a tener visiones; pero sin compartirlas en ese momento.

-Claro que conozco las leyendas de la pluma de la predicción. –se burló mientras se acercaba a una roca. –Yo la usé para sellar el destino de ustedes.

Mannet se detuvo, escuchando lo que el navegante iba a decir.

-Escribí que ninguno de ustedes cuatro me pueden hacer daño. –señaló la piedra donde escribió eso, las valquirias intentaron acercarse pero el poder de la pluma las mantenía alejadas.

-Es cierto, no puedo acercarme. –murmuró Tam.

-También escribí que Liv no despertará hasta que uno de los dos muera. –les dijo con felicidad.

-Arvind, por favor, es tu hija. –casi rogaba Nissa, atemorizada de no volver a ver a alguno de ellos juntos.

-Déjalas en paz, desquítate conmigo. –pidió Mannet, tratando de protegerlas, pero eso sólo avivó la sensación de poder del varón enemigo.

El vikingo se sintió feliz, raramente.

-Es más, estoy inspirado. –prosiguió, acercándose a la piedra. –¿Qué más puedo negarles a ustedes?

Mannet intentaba acercarse y golpearlos, pero con cada oportunidad fallaba terriblemente.

-Si Mannet vuelve a considerar a Liv como parte de su familia, ella morirá, así que no puede acercarse nunca más a ella.

-¡No! –gritaron los enamorados y las valquirias, pero ya era tarde. La pluma había sido usada y el destino había sido sellado, demostrando las palabras que emitieron cierto brillo y después se quedaron soldadas en la superficie del elemento.

Mannet no podría estar cerca de Liv nuevamente, le causaría dolor a la pequeña y a ellos también.

-Eres un infeliz. Mannet la ha tratado mejor que tú, él es el padre de Liv. –le reclamó Nissa, empezaba a ver que su vida se desmoronaba, mientras que Arvind sólo disfrutaba el momento.

-¿Qué otra cosa te puedo poner? –miró con astucia al jefe. –Mannet Hewie… te daré donde más te duele, ni tú ni tú descendencia podrán vivir felices al lado de la mujer que amen, la felicidad no será para toda su vida, sólo les daré el máximo de las alegrías y después la mayor de las tristezas al separarlos.

-¡Basta! –gritó impotente, sin acercarse. Ellos se sujetaban de las manos, pero temblaban por dentro.

-¡No sabes lo que haces! –Tamsin estaba furiosa por verlo jugar así.

-Claro que lo sé, y no sólo eso… tú y tu descendencia perderán a sus hijos de manera dolorosa, sufrirás lo que sufrí al perder a Liv.

-¡No! Arvind basta. –rogó Nissa, pero de nuevo era tarde, el destino estaba sellado y fue cuando empezó a sentir un fuerte calambre dentro de ella. La maldición arrojada causaba efecto.

-¡No te saldrás con la tuya! –sentenció Medsky, molesta porque usaban sus poderes para el mal, cuando le fueron dados para bendecir.

-Ya lo estoy haciendo. –se mofó. –Es más, se me ocurre una última cosa; ustedes nunca volverán a estar juntos, porque ahora digo que…–empezó a escribir en la piedra del río. –Sus almas no se van a reencontrar cuando mueran.

-¡No! –gritó Nissa, pero era tarde, ya había escrito todo.

-Eso significa que tal vez uno vaya al Valhalla y el otro… pues, Niflheim. –se mofó orgulloso de sus logros. –Estos son sus últimos momentos juntos, disfrútenlos.

Mannet se iba a abalanzar contra él, pero por las predicciones escritas no podía.

-Lo que me falta decidir es… quién de los dos morirá. –al decir eso, Arvind lanzó una navaja, rozando el brazo del Haddock.

-¡Mannet! –gritó la rubia, corriendo hacia él, pero en eso Arvind la sujetó y posteriormente aventó a la rubia contra el césped, pero ésta se levantó de inmediato para auxiliar a su esposo, sujetándose el vientre con pesadez.

Ambos estaban con dolor por lo que no podían moverse con agilidad acostumbrada para más placer de Arvind.

-Miren nada más… aquí están los enamorados del archipiélago. Ahora mi problema aquí es que no sé a quién de los dos matar primero. –comentó señalándolos con su espada, la cual desenvainó. –O a quién dejar vivo para que sufra. Por un lado, puedo matarte a ti, Nissa. –apuntó nuevamente a la rubia, quien se retorcía de dolor por los calambres que habían empezado en su avanzado embarazo. –Con tu muerte, Mannet caería en una depresión no podría dirigir la isla. Porque no sólo hablamos de ti, sino que también, junto contigo, se muere ese bastardo que crece en tu vientre. –masculló con desprecio apuntándola con mayor decisión.

-Él no es ningún bastardo… -replicó con agitada voz.

Por más fuerza que Nissa tuviera, debía admitir que esos dolores comenzaban a lastimarla mucho. Yacía recargada junto a Mannet, quien se quitó la navaja del brazo, sin importante que sangrara. Las valquirias no podía moverse por las palabras a las que habían sido sujetas y al pacto que habían hecho: no lastimar a ningún mortal a menos que fuera una orden, haciéndolas sentir más impotentes. La rubia se sujetó su vientre con ambas manos, tratando de transmitirle algo de fuerza y resistencia a su bebé innato.

-Tu rencor es hacia mí… no le hagas nada a ella. –suplicó el jefe de Berk, tratando de abrazar a su amada. –Ni a Liv, ni a mi hijo…

Arvind sonrió con malicia, tomando la daga que estaba tirada.

-Así me gusta… que supliques, porque ella es mía. Si te mato a ti, Nissa sufrirá de un dolor horrible, y ni hablar del pobre huerfanito que quede, aunque en este caso tu sobrino también perderá a la poca familia que le queda.

-No le hagas nada a él. –pidió Nissa. –Yo te traicioné… fui yo quien fue infiel, yo… yo tengo la culpa. –diría cualquier cosa con tal de salir librados de eso.

-¡Exacto! Tú me traicionaste, tú eres la mujerzuela de la historia.

-Niss, no digas nada… como quiera me va a matar a mí. –dijo el castaño, poniéndose de pie, después de besarle la frente.

-Tiene razón, Nissa; como quiera lo voy a matar. –sinceró, tomando impulso en su brazo, para después guiar el golpe directo al pecho del jefe.

Con esa imagen en sus pupilas azules llenas de lágrimas, la rubia casi caía desmayada. No podía anteponerse por su hija a quien amaba, pero tampoco quería perder al amor de su vida, perder a cualquiera de ellos sería como si también la hubiesen matado a ella.

-Despídete de tu concubina barata y de tu bastardo, después sigues tú. –amenazó, pero ni siquiera le dio tiempo de reaccionar cuando el avaricioso enterró la daga en el vientre de la chica.

-¡No! –gritó Mannet, interponiendo su brazo, logrando que de perdido la incisión no fuera tan profunda, pero no logrando evitarla.

Arvind sonrió y se carcajeó audiblemente.

-Te dije que ese bastardo no nacería.

Nissa se sujetó donde fue enterrado el filo, aunque se trató de calmar al notar que no fue tan profundo.

-¡Nissa! –gritaron las amigas.

Ambos se comunicaron una última vez con la mirada. Dentro de ellos sabían que era la última vez que podrían estar juntos.

Mannet apretó sus nudillos hasta que salió sangre de sus puños, tomó la daga que había sido brazo.

-Esto no se va a quedar así. –comentó con furia dándole un golpe que lo desestabilizó.

Arvind reaccionó y respondió con otro golpe, haciendo que cayeran, pero Mannet se encimó al vikingo y con sus propios puños lo empezó a golpear, sorprendiendo todos por tanta fuerza, y más por ir en contra de lo establecido por la pluma de la predicción.

-Esto es por haber forzado a Nissa a casarse. –expresó, escupiéndole en la cara, mientras lo golpeaba sin detenerse. –Esto por ser un pésimo padre para Liv. -otro golpe. –Por separar a Nissa de mi lado, por hacerla sufrir, por violar de ella. –a cada palabra le daba un golpe y Arvind quedaba más rendido, pero también se acumulaba más dolor. –Y éste… es por todo lo demás.

Se desestabilizaron los dos, cayendo cansados mientras Nissa veía agotada la escena de los golpes.

-Niss, tranquila. –aconsejó Tamsin, pues la visión que tuvo le hizo ver que perdería a ese bebé.

-Tengo que salvar a Liv, y a Mannet… esto es mi culpa. –murmuró, poniéndose de pie.

Los vikingos se volvieron a levantarse. Mannet a penas y se mantenía de pie. Con tanto golpe no podía ver, lo cual hizo que Arvind tomara ventaja.

-Esto es por robarme mi fortuna. –le dijo escupiendo sangre. Apretó la empuñadura de la daga y la guio directo al cuello de él.

La valquiria no dudó ni un segundo y trató de detenerlo, pero la adrenalina que corría por sus venas no fue suficiente para pararlo, aunque logró que no le diera a su amor, la filosa arma fue incrustada en la mujer rubia justo en el centro de su pecho.

Nissa cayó de espaldas, sujetándose el pecho, tratando d sacar la navaja.

Arvind no salió de la impresión, aterrado de lo que había hecho. Había matado a una valquiria.

-No, no, no… ella no debía ser, debías ser tú. –le reclamó a Mannet, quien gateó hasta estar al lado de ella, sujetando su cabeza, mirándola a los ojos.

El hombre tiró la pluma y como cualquier rata trató de huir al notar que su hija, empezaba a despertar, la profecía se había cumplido.

Mannet ya lo encontraría tarde o temprano, eso no se iba a quedar así.

-No mi valquiria… tú no.

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Cuando Astrid y Hiccup ingresaron por medio de los escalones, vislumbraron la entrada de la cueva.

-Es como el santuario de "Las Aladas" –susurró Astrid apreciando el derredor, tocando las paredes por su superficie.

-Y como el de "Los defensores del Ala" –dijo emocionado, recordando el interior del volcán.

Siguieron analizando esa especie de Santuario donde había muchas joyas y monedas de oro.

-Vaya… no sabía que Bog Burglar era tan rico. –expresó Hiccup, anonadado.

-Sabía que lo era, pero no este grado, no así. –musitó asombrada. -¿Qué debemos hacer con este oro?

-Eso depende de ti, es tuyo. Es tu herencia. –Hiccup se encogió de hombros.

-No dice mi nombre.

Hiccup señaló la pared que estaba detrás de la rubia.

"Para nuestra hija, Astrid. Este tesoro no se compara al amor que te tenemos. Eres la siguiente jefa, y una jefa escucha a su pueblo, pero primero a su propio corazón. Te amamos, tus padres… Bertha y Erick"

Las lágrimas no tardaron en llegar para la heredera.

-No puedo creerlo.

Se acercó a la pared y trató de leer con más calma, procurando palpar con sus dedos la escritura que parecía ser la de su madre, hasta llegar a la parte en donde estaban las marcas de las huellas de manos.

-¿Qué es esto? –preguntó al ver que en la pared de al lado había muchas marcas de manos distribuidas, con los nombres debajo de ellas.

Hiccup se acercó, abrazándola por detrás, apoyando su barbilla sobre el hombro de ella. –Cada isla tiene una tradición, una manera de marcar la siguiente generación, en la que los jefes son recordados.

-¿En serio?

-Sí, en Berk se colocan los escudos de los jefes junto a las fotos del jefe y su hijo mayor, como el de mi papá y el mío, supongo que aquí era esto… colocar las palmas de sus manos con los pigmentos.

Astrid no dijo nada, estaba feliz de notar que había una larga tradición que le antecedía, desde una tal Liv Essen hasta la última, Bertha Essen.

-Faltas tú. –le susurró sin despegarse de ella.

Asintió tímida. –Quiero poner mi mano junto a la de mi madre y la de mi abuela.

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La escena era trágica.

-No, no mi amor… no me hagas esto. Resiste. –pidió Mannet, presionando el pecho de ella del que no dejaba de borbotar sangre.

-Lo… lo… sie…siento. –alcanzó a decir. –Te… te amo.

Las deidades se acercaron, pero ninguna de ellas tenía el don de sanar heridas.

-Por favor... cuiden a mi hija. –rogó, tomándoles de las manos. –Rompan esas… esas maldiciones que… Arvind nos arrojó.

-Haremos lo que se pueda, pero por favor, amiga. Resiste, tus hijos te necesitan. –pidió Medsky.

Pero nada daba resultado, nada lo daría.

Nissa batallaba en respirar, la sangre le salía poco a poco por la boca, haciéndola toser.

-No, mi amor… íbamos a ser felices, íbamos a tener más hijos y criar a los que ya tenemos, no me hagas esto.

-Mami. –se acercó Liv con ayuda de Tamsin, pues ella aún tenía un poco de problemas en despertar.

Nissa empezó a sollozar. -Mi niña, mi princesa… -trató de hablar lo más claro. –Mis amigas te van a cuidar. Ellas te enseñarán todo lo que debes saber para ser una mujer fuerte, valiente y amorosa.

-Como tú. –la niña manchó sus manos de sangre al abrazarla.

Todos estaban con un nudo en la garganta.

-Mejor de lo que soy. Por favor, nunca hagas nada que no desees. Sigue a tu corazón y serás feliz, ¿me entiendes?

La pequeña rubia asintió efusivamente, abrazándola, pero con un dolor en el pecho por estar cerca de Mannet.

La valquiria moribunda se empezó quitar con dificultad su medallón, aunque su esposo le ayudó al final.

-Lleva este Krage, y mi amor, el amor… el… amor que te tengo lo tendrás cerca de ti… siempre estaré contigo.

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Hiccup llevaba tinta de calamar en su alforja, así que no fue problema que Astrid la tomara para colocar su marca y su nombre.

-Ya había venido aquí. –susurró mientras limpiaba el excedente de sus manos y recordó ese día en compañía de sus progenitores. –Mis padres me trajeron cuando tenía unos cuatro años, yo creo.

Hiccup estaba feliz de ver a su lady así de curiosa y nostálgica, hasta que los dos se toparon con una inscripción más antigua en la pared continua, acercaron las fogatas y trataron de leerlas.

-Cuando vine mi madre me contó una historia. Era acerca de una valquiria y un vikingo que se amaron, pero que se separaron por culpa de otra persona… no lo recuerdo bien. –comentó pausadamente, tratando de recordar. –Y esta profecía los unirá de nuevo. Es una leyenda burglar.

Hiccup se quedó un poco curioso, pues esa historia era similar a la que su padre le contó.

-Y la hija de la valquiria fue la primera jefa de Bog Burglar. –concluyó Hiccup, acercándose a Astrid.

La rubia lo miró curiosa.

-¿Sabías la leyenda?

El jefe negó con seguridad. –Esa me la narró mi padre cuando era niño… te la conté cuando te di esta pulsera. –le señaló, tomándole la mano.

Los jefes se miraron incrédulos, no sabían hasta donde los había llevado el destino.

Astrid recordó algo importante de ella y palpó el muro rocoso hasta que detectó lo que buscaba, un pequeño orificio, igual al de su emblema.

-Hiccup, alúmbrame.

El castaño acercó la antorcha y vio cómo Astrid colocaba su medallón en la posición correcta.

-¿Qué haces? –le preguntó al notar que también se quitaba su pulsera, y la colocaba alrededor del hueco.

-Mira… son los objetos de la leyenda, la que nos han contado toda nuestra vida. –le susurró feliz, señalando las dos reliquias que grácilmente eran apreciadas por ellos dos.

Hiccup seguía absorto por lo que atestiguaba.

-Pensé que eran leyendas, cuentos… -el muchacho dejó la antorcha sobre un soporte. -¿Fueron reales?

-Eso parece. –susurró, impactada.

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El último aliento de la valquiria fue dedicado para él. Sus últimas palabras fueron de amor, un amor que trascendería más allá del tiempo y de la muerte. Por otro lado no podía consolar a la pobre de Liv porque le causaría un fuerte dolor en el pecho.

Arvind había hecho su trabajo, logró separar esa familia y todas las demás que fueran posibles en un futuro.

La rubita lloraba desconsoladamente, siendo abrazada por las valquirias.

Mientras que Mannet no podía reprimir su llanto. Porque con ella había perdido también al hijo que con tanta ilusión esperaban.

-Maldito Arvind. –espetó con odio, deseando encontrarlo y matarlo por su propia mano.

La norna pelirroja se acercó un poco, afligida también.

-Lo lamento mucho.

El castaño ni podía hablar.

-Debe haber una manera de revivirla. –pidió. –No puedo perderla, no así. Usen la pluma.

Medsky negó con tristeza.

Arvind se dejó caer al suelo, sentándose a un lado de las rocas donde había forjado su destino.

-No la volveré a ver. –trató de asimilar. –Ni en esta vida ni en la otra.

Tamsin se acercó y dejó momentáneamente a Liv.

-Lo volverán hacer. Volverán a coincidir un día. En esta misma isla. Lo he visto.

Eso le dio una esperanza al vikingo.

-¿Cómo?

La valquiria se encogió de hombros y señaló la pluma de la valquiria.

Medsky pareció entender, tomando su posesión entre sus dedos para escribir.

-No puedo cambiar la profecía, pero sí puedo ampliarla, especificar. –ideó mientras pensaba en la posibilidad de ayudar al gran amor de su amiga.

Leyó las profecías que el maldito escribió y trató de completarlas.

-Lamentablemente lo que él dejó no puedo cambiarlo. Pero haré que no sea tanto sufrimiento. –prometió mientras realizaba una nueva predicción.

Mannet se sentía ido, como si ya no estuviera allí. No veía su vida sin ella. No quería una vida sin su amor.

Por un momento se permitió ser egoísta. Pensó en él y su maltrecho corazón. No le importo la isla, ni el pueblo que lo necesitaba, ni su sobrino.

No le importó nada, sólo la cabeza que reposaba en sus piernas tiernamente.

Dejó que Medsky hiciera lo que fuera, nada remediaría su dolor. Así que simplemente acarició el bello rostro y limpió con docilidad las manchas de sangre seca que había. Aún estaba tibia, le fue inevitable besarla, quizá el último beso que podía darle, y de repente, como si de un milagro se tratara, ella empezó a brillar.

-¿Qué… qué pasa?

Medsky se acercó a los dos. –Es lo más que pude hacer. Su alma no llegará aún al Valhalla, estará atrapada, en una especie de sueño hasta que ella y tú se vuelvan a encontrar.

-¿Cómo? –Mannet no entendía nada.

-Es complicado. –confesó mientras veía a la norna consolar a Liv. –Dividí su corazón, su alma. Será difícil de explicar, pero debes entender que ella tenía un don, usé ese don para amortiguar el daño.

El vikingo escuchó atento, aun sin comprender.

-Su dolor se está convirtiendo en oro. El máximo de los precios. Su corazón se convierte en algo valioso para que lo cuides. Su corazón es tuyo. –le tocó el hombro, tratando de ayudarlo.

Conocía esa referencia, Nissa la había dicho miles de veces. Pero Medsky no estaba completamente segura.

-No sólo es mío. Ella me dijo que su corazón estaba dividido… entre su gente en la isla, a sus hijos, a mí. –sinceró mientras veía su pecho brillar cada vez más.

La valquiria comprendió a la perfección.

-Entonces este corazón se irá con quien corresponda.

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A cada paso que daban descubrían algo nuevo.

-Me has dado un gran aniversario… una aventura. –le agradeció Astrid sin dejar de ver una pequeña porción de la pared donde estaban las iniciales de Erick y Bertha. –No sólo descubrí algo de mi pasado, sino que también empiezo a creer en la historia de la valquiria.

-¿Crees que se refieran a nosotros? –preguntó Hiccup, apoyando su mentón en el hombro d la rubia mientras le abrazaba por la cintura.

-Pues allí está mi collar y la pulsera que me diste… ¿no era el que estaba hecho de un corazón de oro?

-Sí, eso cuenta la leyenda, toques literarios. –se rio un poco. –Pero es maravilloso creer que estábamos destinados desde hace tiempo.

-Exacto, algo así como que a los dioses vieron que nos amamos tanto que nos les dio otro remedio más que juntarnos.

Finalmente, Astrid dirigió su mirada a una parte de la pared, encima de donde habían sido colocadas las piezas de joyería donde el polvo y varias capas de tierra habían tapado unas cosas.

-Hiccup, ¿alcanzas a leer lo que dice allí?

Prestaron atención, leyendo una inscripción que años atrás los padres de Astrid habían leído con devoción, misma que unas valquirias plasmaron en esa cueva, sellando el destino de dos enamorados.

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Cuando la historia se repita

La valquiria y el vikingo

Volverán a estar juntos

Cuando la belleza divina y el orgullo se unan

Y se junten las tres reliquias

la bendición de los dioses recaerá en ellos,

en su descendencia y en sus islas.

El vikingo recuperará a su hija

Y ella será complemento del nuevo corazón

Ese día, los corazones serán escuchados

Y los corazones podrán descansar juntos

Mannet no estaba muy conforme.

-Eso no rima. –se quejó.

Las valquirias se miraron entre ellas. –Es una profecía, no tiene que rimar. –defendió Tamsin.

El castaño se encogió de hombros. -¿Funcionará?

-Claro que sí. –Tam aseguró. –Lo vi. Un heredero de tu sangre y una heredera de Liv serán quienes reúnan las tres reliquias. Cuando el corazón vuelva a estar unido el alma de Nissa y la tuya podrán reencontrarse.

-¿Cuánto falta? –preguntó, impaciente.

-Lamentablemente mucho. Quizá cientos de años. –agregó Medsly, dando los últimos detalles a la pared donde Mannet había colocado los orificios para empotrar la joyería que hizo gracias al corazón de su amada.

-¿Porqué no unir las piezas ahora?

Tamsin brindó una sonrisa comprensiva.

-Podríamos hacerlo, pero no se unirían sus almas, Mannet. Las maldiciones que Arvind arrojó a ustedes deben cumplirse en su totalidad, sólo así se romperá la sentencia. –explicó. –El dolor de Nissa se convirtió en oro puro, el más puro que puedas conocer. Pero para que su espíritu pueda reencontrarse con el tuyo, se deben de romper las maldiciones que le fueron arrojadas a tu familia. Las tres piezas representan tu corazón y el de ella. Aspectos diferentes del amor y del deber. Esto le correspondía sólo a Nissa y aunque compartía esto contigo, no es suficiente para vencer las profecías.

-Estoy condenado a mi futura familia, además… no pienso enamorarme de nadie, ¿cómo se supone que un heredero mío vencerá esto?

-Un heredero es alguien que comparte tu sangre, ese heredero es un Haddock, tu sobrino, tu hijo adoptivo, de él vendrá el heredero que romperá la maldición, tornándola en bendición. –tranquilizó la de la visión futura. –Así como una heredera de Liv. Se unirán nuevamente.

Esa información le dio a cierta paz que necesitaba, ahora sólo esperaría a que esa profecía se cumpliera, cuando dos enamorados los pudieran salvar para vivir y disfrutar de su amor.

-¿Cuándo será eso?

-Cuando la historia se repita de nuevo. Cuando dos personas sepan escuchar a sus corazones, igual que lo hicieron ustedes al enamorarse y amarse a pesar de todo. –mencionó la pelirroja.

-Y te prometo que toda la felicidad que ustedes se perdieron será recibida por ellos, la bendición de nosotras. –finalizó, asegurando el futuro de su legado.

Mannet creó firmemente en las visiones y bendiciones que la valquiria y la norna le brindaron. A lo lejos miró a Liv, que ni consolarse podía porque le causaría un dolor físico más grande.

-Cuiden de Liv, que sea feliz… -pidió como última voluntad. –Y cuiden a mi legado.

-Lo haremos; también debes saber que ese heredero vengará la muerte de Nissa, él acabará con el poder de Arvind, el acabará con el nombre Grisly.

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Muchos años después, durante el desenlace de una guerra. La despedida era inevitable. Los dragones debían irse porque corrían peligro. Un peligro mucho mayor al de Drago, un grupo de cazadores que eran de lo peor.

Lo más triste es que Toothless no podía volar sin Hiccup, y el jinete había sido encomendado para buscar un lugar seguro para los dragones.

La decisión de los jefes de Berk había cambiado la historia del mundo, tendrían que separarse, aunque eso sólo significara destruir su futuro como familia.

Así que esa última noche juntos, la disfrutaron y gozaron como nunca, amándose hasta el límite que les fuera permitido, hasta que cayeron dormidos, agotados por la batalla y por la carga emocional.

Hasta que en medio de la recamara de Hiccup y Astrid aparecieron las dos deidades que los habían observado desde que dos reliquias se unieron.

-¿Ya están juntos? –preguntó Medsky, emocionada, al borde del llanto.

-Sí. –aseguró Tamsin. –Por fin, después de 400 años, Nissa puede ser libre y reencontrarse con Mannet.

La pelirroja se acercó y cuidadosamente tomó el hewie que ahora reposaba en el cuello de la rubia. Lo abrió con cautela y de él salió un brillo rojo y otro más color azul, dirigiéndose a los cuerpos semidesnudos de los jefes, tapados con unas cuantas prendas nada más.

-Mannet, Nissa… despierten.

Al escuchar el llamado, abrieron los ojos, sintiendo un dolor de cabeza.

-¿Qué… qué pasó? –preguntó Nissa, haciendo uso del cuerpo de Astrid.

Mannet, quien sabía un poco más de lo que sucedía tomó las manos de la valquiria y la besó con desesperación.

-¡Por fin! –celebró el vikingo, ante la mirada confundida de la rubia. –Te he esperado tanto. –mencionó doloroso.

Las valquirias seguían siendo testigos de todo lo que ocurría.

-Nissa…

Las tres se reconocieron y se abrazaron.

-No… no entiendo.

Entre los tres explicaron lo que había sucedido, el dolor de ella y el de Mannet tras la terrible muerte de ella. También de la vida de Liv y el legado que inició en una isla.

-Me hiciste tanta falta, Nissa. –susurró, acunando su rostro entre sus manos.

-Tú a mí, pero al parecer Hiccup y Astrid rompieron todas las maldiciones que nos fueron arrojadas.

-Exacto, el amor de ellos fue más fuerte que todo el mal al que fueron condenados. –aseguró Tamsin, pues esta era la visión que había visto hace tanto.

-Ahora ellos serán bendecidos y serán felices.

Nissa se llevó una mano al vientre. –Ya lo son, tendrán un hijo. –informó al sentir una vida dentro de ella.

-El hijo que no pudimos conocer. –recordó Mannet con dolor. –Ellos lo tendrán.

Es noche se rompió una condena a la que habían sido egoístamente arrojados. Sus almas por fin se reencontraron para ser parte una de la otra.

Las valquirias bendijeron a Hiccup y Astrid, sería difícil que fueran felices en un futuro próximo, pero al fin y al cabo lo lograrían escuchando la voz de sus corazones, a pesar de que por el momento tuvieran que separarse.

-Siempre serán Nissa y Mannet, ¿verdad? –cuestionó el vikingo, conmovido por poder abrazar a su valquiria una vez más.

La rubia le besó los labios una última vez tomando otro collar que reposaba en la mesita al lado de la cama, al voltearlo notó una bella inscripción. –Igual que ellos, Alltid. Siempre.

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Notas de la autora:

Medio confuso jeje, pero con este fic termina la mini saga de "las reliquias de un jefe", espero que les haya gustado y/o interesado las ideas acerca de cómo se originaron la pulsera y los dos medallones que uso en mis sagas.

Gracias por leer

**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 27 de octubre de 2018