Este one-shot se desarrolla durante el episodio "En graves apuros" el del submarinodestrozador; la verdad siempre me dio curiosidad porqué Heather dejó de aparecer en el resto del episodio y aquí está una posible alternativa.
*Este fic lo compartí superficialmente por Facebook en mi página Amai do, los invito a darle like si así lo desean.
Personajes principales: Heather
Parejas: OC, Hiccstrid (mención)
Clasificación: K+
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Horn
El cuerno de ayuda
**La ayuda siempre vendrá si tocas ese cuerno**
Mientras Hiccup y los demás fueron a tratar de reubicar al Submaridestrozador, Heather cumplió con la encomienda de su líder: ayudar a los auxiliares a conseguir más provisiones. Por breves momentos le ayudaron los gemelos, pero Haddock los necesitó en el mar para llevar el galeón por el estrecho de Balder.
Gustosamente fue con el "equipo A" a buscar más víveres, pero escaseaban en toda la isla, por lo que fueron a islas allegadas, aunque era poca la recolección. Ella tuvo la idea de ir a la Orilla del Dragón, pues allí había más frutos, pero el tiempo escaseaba y no alcanzaban a realizar los viajes necesarios, además en aquella isla sólo había suficiente para las seis personas que vivían allá, no habían sembrado en grandes cantidades.
Faltaban platas medicinales, granos, fruta, tela… si seguían sin esas rutas de abastecimiento empezaría a haber epidemias.
Se hizo lo que se pudo, incluso más, pero lamentablemente no era suficiente para la necesidad de Berk. La isla estaba a punto de empezar a agonizar, pero se mantenía con esperanza, algo que realmente animaba a la castaña.
Había repartido un poco de papas y una que otra fruta, en especial a los ancianos y a los niños, pero sabía que no iba a ser suficiente con calmar el hambre de una porción diaria.
Berk necesitaba ayuda, mucha ayuda; así que haría lo que le fuera posible por la aldea que le abrió las puertas en más de una ocasión.
-Gracias por colaborar. –escuchó una rasposa voz detrás de ella, mientras limpiaba una vasija con restos de grasa.
Se volteó de inmediato para reconocer que era el padre de Hiccup. Ahora que recordaba nunca había tenido una plática con él.
Observó al líder. Fuerte, serio, valiente… si buscara una sola palabra para describirlo en definitiva no podría limitarlo.
-Jefe... no es nada. -simplificó al reconocer que Stocik se había dirigido a ella. –No tiene que agradecer, lo hago con gusto.
-Creo que no habíamos hablado. Con tantas cosas. –musitó mientras ayudaba a cargar la canasta que la berserker llevaba consigo.
-Lo sé, soy yo quien debe agradecer por darme alojamiento y ayudarme... siempre que lo he necesitado. –sonrió de manera sincera, dejando de lado su tarea.
-Eres amiga de mi hijo, además que eres una berserker, tus padres y yo hicimos una promesa, siempre habrá un hooligan para un desquiciado. –se rio al recordar ciertas anécdotas de su juventud, pero la castaña pareció incomodarse por recordar sus orígenes.
-No soy desquiciada. –se quejó un poco.
-Pues tu apellido no dice eso. Eres Heather Deranged, berserker. –se encogió de hombros mientras visualizaba el cielo, esperando que pronto apareciera su hijo con buenas noticias.
-Sólo de nacimiento. -expresó confundida.
Stoick ya no quiso seguir perturbándola, la pobre muchacha debía descubrir por sí sola su historia. Ella era igual a su madre biológica y con la amabilidad de Oswald. Le iba a animar un poco, sin embargo la chica recordó algo importante.
-Creo que nunca le agradecí por este regalo. -señaló el cuerno que estaba en una silla junto a sus demás pertenencias.
El jefe lo miró y lo sostuvo con nostalgia, el regalo le traía agridulces recuerdos.
-Lo mandé a nombre de Berk, pero fue mi esposa quien lo talló. Fue idea de ella poner este emblema en el cuerno. Éste era de una ocasión en la tuvimos problemas, mi esposa tocó ese cuerno y nadie apareció para ayudarla, hasta que vino un berserker. A veces hay problemas y creemos que estamos solos, pero al regresar este cuerno a uno de los suyos, sentimos que compartíamos la idea de que supieras que pasara lo que pasara, cada vez que sonaras este cuerno, la ayuda vendrá hacia ti, inevitablemente.
La mano paternal de Stoick le palpó la espalda y le hizo sentir segura. Admiró a ese hombre, no podía creer que estaba frente un problema de su isla y aun así le brindaba consuelo por la muerte de sus progenitores.
-Es lindo saber que no estaré sola. Y aunque me he sentido así, dentro llevo a las personas que me quieren. –se animó. –Gracias, jefe.
-De nada, linda. Me recuerdas a tus padres. Ojala... pudieras recordarlos. –le levantó la barbilla.
-Sí... yo también espero eso, ¿cómo eran?
Stoick se humedeció los labios.
-Oswald, tu padre, el jefe amable y temerario. Veía por su pueblo y calmó mucha sed de sangre para el resto de la isla. Siempre ayudaba y era un gran ejemplo. Encarceló a todos los delincuentes de Berserk, aunque Dagur los liberó cuando llegó al trono.
La castaña sonrió por conocer un poco más de ellos, aunque también le hizo recordar la locura de Dagur.
-Y Emma, tu madre. Hermosa mujer, cabello negro y ojos marrones. Se parece mucho a ti y a tu hermana Karena. Apoyaba a tu padre en todo, lástima que falleció en ese naufragio.
-¿El mismo en el que yo me perdí? –preguntó culposa.
-Sí. –bajó la mirada al confesar. –Tu padre te buscó como loco, algunos de mi isla apoyamos la búsqueda, pero no había rastro de ti. Creímos que te habías ahogado al igual que tu madre, es sólo que de Emma si encontraron el cuerpo… ahora sabemos que alguien te encontró y te cuidó, y supongo que fueron buenos contigo.
-No, no eran buenos. –dijo con una sonrisa. –Eran excelentes.
El jefe sonrió por la vida feliz que vivió ella, esperando que pronto encontrara la paz que tanto merecía.
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La tormenta los atrapó en alta mar después de zarpar de Berk. Los botes salvavidas fueron puestos en lugar para que los tripulantes de la fragata estuvieran a salvo, principalmente la familia real de Berserk.
-Daggy, cuida a Karena y Heather, yo iré por tu mamá. –le ordenó el robusto hombre mientras los colocaba en el bote.
Las princesas sólo lloraban ante los estruendosos relámpagos y el torrencial, fue cuando el inocente niño de unos siete años notó que el agua estaba entrando por un hoyo en la barca.
El instinto protector de hermano mayor, y la firme convicción de obedecer lo que le pidió su padre fue lo que lo motivó a cambiarse de bote.
Por suerte uno estaba contiguo y logró colocar a Karena primero y después en sus brazos a Heather, pero no podía, así que optó por trasladarse primeramente para después girarse y cargar a la pequeña, sin embargo cuando él cambió de posición el amarre del barco ya no siguió sujetando y la indefensa bebé de unos dos años de edad, empezó alejándose sobre la madera.
-¡Heather! –le advirtió Karena, señalando a su hermanita.
El heredero notó su error y aunque trató de mover sus manos para acercarse al bote, ya era tarde, el bote se había retirado de la visión de ellos.
-¿Heather? –preguntó triste Karena.
-¡Heather!
Su hermana menor se había alejado por completo.
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-¡Heather! –gritaron repetidamente todos los sobrevivientes de aquel naufragio.
Por su parte, la pequeña castaña sólo podía llorar, la lluvia le empapaba la carita, confundiéndose con sus desoladas lágrimas que llegaban hasta formar parte del mar.
-¡Papi! ¡Mami! –gritó pidiendo ayuda, con lo poco que podía hablar y recordar.
Se abrazó a la bolsa que cargaba y recordó algo que le ayudó cuando jugaba a las escondidas con sus hermanos.
"Sopla esto" –recordó las palabras dulces de su padre. –Sopla fuerte y alguien irá a ayudarte.
Hipando tomó aire y sopló ese cuerno que llevaba consigo, pero no apareció nadie. Siguió soplando y soplando, pero al contrario, el agua sólo llenaba la canoa a cada segundo.
La niña que llevaba dos graciosas trenzas perdió sus fuerzas, sujetando ese cuerno y abrazando su bolso fue quedando inconsciente.
Horas más tarde, lejos en otro punto lejano, la luz del sol volvió a iluminar el mar y con ella, la silueta de ese pequeño bote que golpeó contra la cubierta de un galeón nómada.
-¡Mamá! –gritó un pequeño quien se distraía viendo los hermosos colores del amanecer con su catalejo. –Hay una sirena en ese bote.
La mencionada se rio por la imaginación de su pequeño al colocar una tina de agua en la cubierta.
-Eret, las sirenas no existen… -y eso era cierto, pero fue cuando notó que no era una sirena, sino una niña dormida y temblando de frío. -¡Eret! ¡Ayúdame a rescatar a esta pequeña! –llamó a su esposo que ajustaba las velas.
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Abrió sus ojos, y se levantó asustada. Se talló los parpados y trató de bajar de la cama pero se detuvo.
-Tranquila, no pasa nada. –escuchó la voz animada de un niño. -¡Qué bueno que despertaste! Pensé que estabas muerta. –informó como si nada, mientras comía lo que parecía una manzana. -¿Quieres? –ofreció.
Heather negó asustada.
-¿Dónde está papi? ¿Mami?
El castaño se rascó la cabeza.
-Mmm, la verdad no sé. Me llamo Eret, Eretson, hijo de Eret como puedes ver. –insistió ofreciendo la manzana mordida.
-¿Dónde estoy? –preguntó a punto de llorar.
El niño pasaba la mordida de la manzana cuando alguien más entró al pequeño camarote que compartían.
-Estás a salvo, pequeña. –se acercó la mujer a la castaña. –Me llamo Mildren Eretson. Él es mi hijo Eret, ¿cómo te llamas tú?
La amabilidad de la mujer le hizo confiar un poco. –Me llamo Heather.
-¿Heather qué? –preguntó impaciente el chiquillo, pero su madre le dio una mirada regañada.
-Hijo, ve por tu padre. –ordenó.
-Sí mi reina. –acató el niño, alegremente.
Una vez solas, la mujer se acercó a la de ojos verdes.
-Heather, ¿recuerdas qué te pasó?
La castaña negó, la verdad no recordaba, esa memoria había sido bloqueada, empezó a sollozar un poco, así que la dulce mujer le abrazó y la consoló, ese día, ella tuvo una nueva mamá, una nueva familia, una nueva isla a la cual pertenecer; la ayuda había llegado, no como la pequeña Heather Deranged imaginó, pero a fin de cuentas sí lo hizo… quizá ese cuerno si cumplió su propósito.
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Al cabo de unas horas, ya al atardecer, Heather se alejó a un farallón retirado de la isla, esperando visualizar en el horizonte a sus amigos quienes volvieran exitosos de esa misión, pero conforme pasaba el tiempo esa esperanza se hacía más lenta y tardada.
Sacó su cuerno, recordado que la ayuda siempre vendría.
Lo tocó con fuerza y rogó que alguien lo escuchara para que alguien viniera a socorrer a los hooligans, tal vez no se trataba de pedir ayuda, sino de tener esperanza en que esa ayuda llegaría.
Cuando notó a sus amigos regresar sonrientes, supo que había funcionado.
No fue la única ocasión que pidió ayuda por medio de ese cuerno. Un par de meses después ella se aventuró a buscar a los suyos nuevamente, encontrándolos en un islote pequeño, se reencontró con sus padres adoptivos y vivió feliz con parte de su familia, pues su hermano Eret había escapado cuando le propusieron ser el líder de la flota, pero eso era otra historia…
Sin embargo la tranquilidad de Heather se vio ofuscada por su hermano biológico, Dagur, quien asaltó la flota de su tribu, los Bog Burglars, y en esa ocasión ella había perdido toda esperanza, incluso llegó a creer que habían muerto, y aunque su padre adoptivo si lo hizo, años después se reencontró con su madre, y volvió a ser la familia que tantas veces había perdido.
En ese antiguo cuerno vikingo, el emblema era de Berk, el cuerno de un berserker, pero la ayuda podía venir de cualquier lado, sólo había que tener esperanza que llegaría.
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Notas de la autora:
Desempolvando viejas historias que nunca vieron la luz.
Gracias por sus lecturas y reviews.
Publicado: 30 de mayo de 2019
