Hace casi un año que publiqué algo de este fic. En esta ocasión les traigo mi punto de vista de Valka cuando decidió marcharse y dejar a Hiccup.

La verdad me cae mal ella, es decir, es notable que fue perdonada, pero no deja de ser percibida como una persona egoísta, o al menos lo veo así. La verdad es a pesar de ser uno de los principales de la saga, no se ahonda mucho en el personaje, por lo mismo trato de darle un enfoque y (no de justificar) procurar empatizar un poco con ella, por eso surgió la pregunta: ¿y si ella su quería regresar a Berk? Aquí mi versión de lo que pudo haber pasado, no altera la secuencia de hechos ocurridos.

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Dukke

El juguete con forma de dragón.

"Tu madre lo hizo para ti cuando eras sólo un bebé".

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Stoick no había dejado de buscarla, ella lo sabía. Sabía que su esposo la estaba buscando desde que ese dragón se la llevó.

Su sorpresa fue grande cuando el dragón no la lastimado, por el contrario, la llevó a una maravillosa cueva de hielo en el norte más lejano, la cual estaba repleta de dragones, incluso de especies que jamás había visto, empezando por el Dragón que ella nombró como Salvajibestia, el más enorme reptil escupe hielo que nunca había visto.

Se encariñó de inmediato con ellos, y de una forma misteriosa ellos le recibieron, pero ella era una humana, ella no debía estar allí, debía estar con su familia, en especial con su bebé que tenía casi un añito de edad.

-Los dragones no son malos. –estaba feliz por darse cuenta de esa creencia que siempre mantuvo, y ahora corroborarla en carne propia le hacía más que feliz.

-¿Me puedes llevar de regreso? –le pidió, no estaba segura de que el dragón entendiera sus palabras, pero confiaba en que entendiera el mensaje, y al parecer lo hizo, cuando éste se inclinó para que la mujer se montara en él.

Recorrió grandes distancias, horas y horas a una velocidad algo lenta porque no se acostumbraba a volar, aunque era maravilloso sentirse como dragón, le gustaba más sentirse como la esposa de su amor y la mamá de su hijo. No quería cambiarlos por nada.

Hasta que divisó las hermosas cumbres de Berk.

En otra época de su vida siempre había considerado escapar, Berk no era para ella. Lo sabía.

Muchos no la aceptaban como la jefa.

Otros la veían débil, incluso cuestionaban su capacidad para asesinar dragones.

-Por fin. –aunque antes de descender, guio al dragón hasta una cala en medio del bosque, para evitar que los vigías los detectaran.

Descendió emocionada por demostrarles a todos que los dragones eran buenos y que si no le habían hecho daño, no tenían por qué enfrentarlos a muerte.

La paz era posible, ella era una prueba de eso.

La noche era un manto entenebrecido que asustaría a cualquiera, pero a ella no le importaba, lo único que quería era llegar a su hogar, celebrar el momento de su regreso, y cambiar la vida de la isla también.

-Gracias, dragón. Yo me quedo aquí, tú regresa a tu hogar, o quédate, no te pasará nada; ya no habrá guerra con los dragones. –prometió segura de sus palabras.

Le acarició el hocico y ella empezó a caminar hacia atrás, emocionada por ver a su familia y amigos.

Corrió, escaló y siguió corriendo hasta llegar a la entrada de la aldea.

-¡Stoick! ¡Stoick! –jadeaba por tanto correr, rumbo a su casa.

Pero había demasiado silencio. No se veía ningún aldeano por allí.

-Quizá están en el Gran Salón. –mencionó para sí misma.

Subió las escaleras, pero aún no había nadie, sólo el fuego a medio apagar.

-En la Arena. –optó, corriendo hasta llegar.

Pero, hubiera preferido no ver lo que estaba ocurriendo. Todos en el pueblo estaban reunidos.

Vio a lo lejos a sus amigos, allí estaban los padres de la pequeña Astrid, su familia, incluso su padre. También estaba Stoick imponente como siempre, sin mencionar a Gobber que vigilaba con esmero la cuna de su bebé.

-Esta noche, es la última vez que permitimos que esas malditas bestias tomen algo que es nuestro. –gritó Stoick desde su lugar. Notó también que la silla a su lado estaba vacía.

El espectáculo era la cruel matanza de al menos cinco dragones de diferente clase.

-Esas bestias se llevaron a mi esposa, a su jefa. –el pueblo gritó enfurecido. –A la madre de mi hijo. Si por un momento Valka creyó que la paz era posible, ahora podemos ver que NO, QUE JAMÁS SERÁ ASÍ. No en este tiempo. Los dragones atacan, y nosotros los matamos. Nada hará que cambiemos de opinión. Nosotros somos vikingos, y si debemos morir en nombre de nuestra defensa, que así sea.

Al terminar de hablar, clavó una fuerte espada en el cuello del dragón que no hacía más que intentar zafarse de su dolor, pero era tarde, ese pesadilla monstruosa tenía su destino marcado, al igual que el resto.

Lloró, allí, escondida.

¿A eso había regresado?

¿A esa interminable guerra entre dos bandos?

No quería esa vida, y tampoco podía tolerar el ver cómo su hijo crecía y se convertía en un asesino de nobles criaturas, porque no podía negarlo, ese hermoso bebé fruto del amor de ella y de Stoick era un vikingo con su destino predeterminado, sería igual que el resto de ellos, y ella no podría hacer nada para evitarlo.

Todo Berk estaba en su lugar, excepto ella.

Ella no tendría en sus manos la sangre de criaturas que no le habían hecho nada.

Matar o morir no era una opción. Debía encontrar una tercera vía, y tal vez, era la que tenía, la vida le había dado el escape que ella ocupaba y la misma que Berk necesitaba; pero en su boba creencia de hacerlos cambiar de opinión, ella terminó por cambiar la suya.

Berk no podía cambiar.

Y ella no sería ese cambio.

Sollozo cuando vio que los dragones se desangraban en medio de la Arena.

Caminó de nuevo a la cala, tratando de pasar desapercibida, hasta que escuchó un par de voces cerca de ella.

Se escondió entre los barriles de pescado para que nadie la viera ni mucho menos reconociera, aun no estaba segura de quedarse.

-¿Le llevas la leche que pidió el jefe? –preguntó una de las voces, la reconoció como la de una mujer.

-Sí, para el bebé. También le hice unos pañales y me pidió que elaborara ropita. –informó mientras caminaban a lo que aparentaba ser el rumbo al Gran Salón. –Es una lástima que Valka haya sido devorada por dragones.

-Ni lo digas, fue una terrible noticia. El jefe no ha dejado de buscarla, se niega a aceptar la realidad. –lamentó sinceramente.

-Pues no es nada fácil. –agregó una tercera voz que tampoco reconoció. -Todos en Berk saben lo mucho que él amaba a Valka; a pesar de la peculiaridad de ella.

"¿Qué quería decir eso?" –fue lo que se preguntó la castaña.

-Eso sí, ¿cuántas veces no estuvo en peligro por no querer lastimar a un dragón? –se quejó una de ellas.

-No imagino lo que ella pasó, aunque tampoco podemos ignorar que ella de cierta forma se, cómo decirlo, "se lo buscó".

-Pues no era la vikinga modelo, ya ves lo que todos decían de ella. Era muy noble, amable y servicial, no hay duda alguna de eso, pero no era aguerrida, no era la jefa, ni el apoyo que Stoick necesitaba; me siento horrible por decir eso, pero… creo que algo bueno salió de todo esto.

-¡No digas eso! –exclamó la que llevaba los viáticos para el pequeño Hiccup. –Es tu jefa de quien hablamos.

-Era mi jefa. Siempre la respeté a pesar de no coincidir en su manera de actuar. Ese ideal de paz y cuentos no encajan en este mundo. Son los dragones o nosotros, no hay otra manera.

-Era su manera de ver las cosas. –insistió con voz dudosa.

-Y era una equivocada. –coincidió la otra mujer. –Por mucho respeto o cariño que le teníamos, simplemente no podíamos solapar la clase inadecuada de mujer que era. Stoick la amaba, no se cuestiona, pero ese amor nos nubló la vista a todos también, y nos puso en peligro en varias ocasiones… el último peligro fue a su hijo.

-El jefe y su hijo casi mueren esa noche, sólo porque Valka no pudo matar a un dragón.

-Duele mucho decirlo, y espero estar equivocada, pero creo que ellos, bueno, que todos estaremos mejor sin ella.

Las mujeres siguieron caminando y debatiendo sobre sus puntos de vista, ignorantes del corazón que acababa de fracturarse en diminutos pedazos.

Ella sabía que las mujeres decían la verdad. Una verdad que siempre supo pero que nunca quiso aceptar.

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Varias horas más tarde Stoick regresó a la su casa. Un hogar que había sido reparado después del incendio que sufrió días atrás, aunque sólo lo repararon por fuera, la fachada la mejor en toda la isla, sin embargo, por dentro, para él siempre de los siempres seguiría fracturado.

Con cuidado depositó a su hijito quien cayó dormido unos minutos antes en la cuna, misma que él y Valka tallaron juntos para él.

¿Cómo iba a criar a ese bebé sin ella?

¿Cómo iba a sobrellevar la educación de él?

Antes de que su llanto lo inundara de nuevo, parpadeó fuerte y se talló los ojos.

Sabía que no era malo llorar, pero también sabía que necesitaba de ayuda para atender a Hiccup.

-Valka, no sabes cuánto te extrañamos.

Atendió un par de cosas más en su hogar, en definitiva debía descansar. Ya buscaría otros lugares y más información acerca de ese lugar del que había escuchado, ese reino donde los dragones se escondían, él lo cerraría, ninguna bestia volvería a salir para dañar a quienes amaba.

Tomó un té que las curanderas de la isla le dejaron para dormir y se recostó en su cama, obviamente una cama que se sentiría vacía por el resto de sus días.

Finalmente se quedó dormido, ignorante de que la mujer que más amaba estaba allí, a su lado, desde un rincón oscuro, pasando desapercibida esperando a que él durmiera.

A ella se le partía el corazón. Pero ella era una cobarde, ya era hora de asumirlo.

Escapar en lugar de enfrentar la realidad era más sencillo para ella, claro; pero también era lo ideal para el resto.

Esas mujeres le hicieron enfrentarse a la verdad por la que tanto se esforzó.

Berk no iba a cambiar.

Las personas no tenían la capacidad de entender algo que no fuera como ellos.

Ella era la única que podía hacerlo, y desde la lejanía velaría por mantener lejos a los dragones y peligros que pudieran existir.

-Por bravo mar navegaré… -escuchó cantar a Stoick entre murmullos mientras dormía.

Valka sintió debilitarse. Era demasiado para ella, no debió regresar; debía irse cuanto antes.

En su cuello traía un collar, de él colgaba un hermoso medallón, aquel medallón con el que él le pidió matrimonio años atrás.

Lo dejó con sumo cuidado en una mesita que estaba al lado de su cama.

-Adiós, Stoick. Perdóname, pero yo no puedo seguir viviendo así. No puedo ponerte en peligro, ni a ti ni a nuestro hijo. Te amo, y siempre te amaré. –le besó los labios por última vez, para después dirigir su mirada al pequeño ser que dormía en la cunita.

-Oh, mi pequeño. –lo cargó y besó en su frente. Notó que tenía su barbilla con una fea herida, la cual recordó era el resultado de su incapacidad de matar, quizá el último error de ella. –Perdóname por no ser la mamá que mereces. Te prometo que nunca te voy a olvidar. Eres lo más importante para mí, por eso es que debo cuidarte, y ahora, la mejor manera de cuidarte es apartándome de ti.

El pequeño abrió los ojitos un poco, reconociendo ese calor y esa voz que le causaba seguridad. Balbuceó algo, haciendo reír un poco a Valka, quien lloraba por la decisión que había tomado.

Lo meció por última vez en sus brazos y después lo dejó en la cuna.

Notó que en uno de los muebles, estaba el juguete que ella le había tejido años.

-Lamento que esto sea lo único que tendrás de mí. –lo dejó a su lado, el bebé, de inmediato lo abrazó,a ferrandose a él y al dedo de su progenitora.

-Mama. –dijo el Hiccup, sabiendo quién era ella.

La castaña volvió a aguantar el llanto.

-Mi chiquitín. Tú y ese dragón me demostraron que la paz es posible. Eres prueba que dragones no son malos, sólo son las circunstancias. –musitó en realidad para sí. –Yo sé que estarás mejor sin mí. –soltó el agarre del pequeño. -Por favor nunca le temas a algo sólo porque no lo entiendes, porque todo puede cambiar. Aquello a lo que tememos, puede volverse nuestra mejor cualidad.

Se quedó a su lado hasta que terminó de dormirse.

-Te amo, Hiccup. –se despidió tras tomar una pequeña bolsa donde había puesto un par de utensilios personales.

No podía arriesgarse a que la vieran salir por la puerta, así que se fue por un pasadizo que llevaba a los túneles y catacumbas hasta el bosque.

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La luna estaba en el ápex, fue a la cala para ver si acaso seguía el dragón, si no estaba era una señal de que debía irse en barco.

Su sorpresa fue mayor cuando visualizó que efectivamente, allí permanecía lealmente.

-Aquí sigues, eh. ¿Sabías que volvería? –se acercó con cautela, acariciando el hocico, justo como había aprendido por sí misma.

El dragón se dejó consentir.

-¿Crees que me pueda ir contigo? Yo… éste no es mi lugar. –confesó. –Aquí las personas no tienen la capacidad de cambiar. Yo nací diferente a los demás, con un corazón singular. Creí que la paz era posible, pero lo único posible es más daño al tratar de conseguir algo utópico. Aquí dañaré a los que más amo. No puedo hacerles eso.

El dragón movió gentilmente la cabeza, tratando de entender.

Valka sólo abrazó al dragón.

Quizá su decisión no era la mejor. Un día lo iba a descubrir. Mientras tanto, haría lo que hacía mejor: ser ella misma; donde nadie la criticara, ni señalara, ni la hiciera sentir menos sólo por ser diferente.

Amaba a su esposo, pero le dejó el medallón para que la recordara, tal vez, algún día, Hiccup lo usaría para dárselo a su prometida… y ella no estaría al lado de su hijo.

El Stormcutter emprendió vuelo.

Ella dejó atrás los miedos a no ser lo suficientemente buena para su familia, ella había hecho un sacrificio mayor.

Brincaría nubes con ese dragón, tal vez eso amortiguaría ese dolor en su pecho. Descubriría lo que significa ser un dragón.

En cuanto a su hijo, su hermoso hijo, a él le dejó como recuerdo sólo ese pequeño muñeco de tela en forma de dragón.

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Notas de la autora:

Espero que les haya gustado.

Exploré un tema que no había tocado en estos seis años que tengo en el fandom.

Si soy muy sincera, Valka hizo mal en abandonar a su hijo y esposo, pero la perdonaron sin reclamarle nada, nos damos cuenta de la bondad de esos dos hombres.

Gracias por tu comentario PrincesadeLuzRenesmeeKinomoto

Gracias por leer

**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 19 de abril de 2020