Hola vikingos!
Es fic va dedicado a KatnissSakura, que se lo prometí hace un año y medio cuando fuimos a ver la película de Cómo Entrenar a tu Dragón 3, gracias por los buenos ratos que hemos pasado!
Como dato importante y curioso... Astrid representa a KatnissSakura y Heather a una servidora en una versión más cómica a la ocurrida, y con el final que me hubiera gustado, lo siento amiga, tenía que ponerlo.
Este fic está basado en nuestra experiencia durante la función, que lo disfruten.
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Nøkkel
-El llavero (y el chico de las palomitas)-
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En un complejo de entretenimiento, una chica de cabello ondulado salía corriendo de un Uber, pues llegaba tarde a la hora acordada.
-Oiga, en la aplicación decía que el viaje costaba 70 runas. –le reclamó cuando notó en la pantalla que el precio ascendía a casi el doble.
-Repórtelo en la sección de sugerencias y quejas. –aconsejó de mala gana, deseando irse, aceptando otro viaje en el celular.
La muchacha le sacó la lengua. –Abusivos. –masculló, poniéndole cero estrellitas en la calificación del servicio. -¿Por qué no me traje mi carro? –se lamentó por no saber manejar en esas zonas del área metropolitana.
Se bajó, le dio un golpe a la puerta "por accidente" e ingresó al cine. Buscó por todos lados a su acompañante pero no la visualizó por ningún lado, así que sacó de su celular para mandarle un mensaje.
"Voy llegando al cine, dónde estás?"
Volteó a todas partes y divisó a su amiga en una de las taquillas del cine, Heather resopló y fue a buscar a la rubia, quien ya venía de regreso.
-Hola. –la saludó, dándole un abrazo. -Lamento haber tardado en llegar, apenas y salí de mi trabajo y regresé al departamento a dejar los papeles que tramité hoy y de inmediato me vine para acá. ¿Hace mucho que llegaste?
La rubia le negó, restándole importancia.
-Un rato, aproveché para comprar los boletos de la función, la sala se estaba llenando. –mencionó Astrid mientras los guardaba, seguramente olvidaría dónde los había acomodado dentro de su bolsa.
-Ya veo, gracias, ¿cuánto te debo? –preguntó mientras sacaba su cartera para pagarle.
-Nada, Heather, tenía promoción por mi cumpleaños, así que fue 2x1. –le recordó con amabilidad.
La mencionada se sintió algo incómoda.
-Bueno, en ese caso yo invito la cena. –le guiñó el ojo, no se le hacía justo que su amiga pagara.
-Muy bien.
Caminaron un poco a otra área del complejo.
-¿Y la sala estaba muy llena? –preguntó mientras tomaban asiento en unos silloncitos, a la espera de que iniciara la función.
-Un poco, los asientos vacíos en la fila que quería estaban al lado del muchacho que compró sólo un boleto. –informó, buscándolo con la mirada en la fila de las palomitas.
Heather se acomodó. -¡Qué triste venir al cine solo! quizá quieras hacerle compañía. –le sugirió bromeando.
-Ay no empieces... aunque le vi un llavero que me gustó. –musitó en voz baja.
-¿Y de qué era el llavero? –preguntó interesada.
-De Dragon Ball. –confesó riéndose. –Una esfera del dragón.
Heather la miró con suspicacia, especialmente por el ligerísimo rubor que se formó en las mejillas de la chica.
-¿No tienes uno igual? –preguntó con extrañeza, conociendo los gustos de su amiga.
Astrid sólo levantó su juego de llaves, mostrando el llavero descrito.
La castaña se rio. –Lo ves… es el destino. Por algo elegiste la misma fila de asientos que él.
La ojiazul ni dijo nada más. Negó para sí misma, aunque viendo de reojo al castaño que jugaba con su llavero en la fila de la comida, lo cual consideró bastante tierno.
Las muchachas siguieron hablando entre ellas, principalmente de sus proyectos en puerta, pues ambas escribían para una página en internet, dándose opiniones y consejos en concreto para analizar otro punto de vista.
-Dentro de poco inicia la película, ¿quieres ir a comprar palomitas o algo? –preguntó Astrid.
-Sí, vengo de la maestría y tengo hambre. –comentó Heather, escuchando que le gruñían las tripas.
Se formaron rápidamente, agandallando el lugar para que otra persona no se pusiera, sintiéndose vencedoras por un minuto.
-¿Segura que viene solo? –preguntó Heather al notar al muchacho castaño de quién hablaron. –Está comprando un combo.
-No seas fisgona. –regañó. –Por lo que vi sólo compró un boleto.
Heather se encogió de hombros y se preparó para pasar a la ventanilla donde iban a comprar.
-Buenas tardes, ¿qué van a llevar? –preguntó el joven.
-Unas palomitas chicas y un agua. –mencionó la rubia, mientras veía si de casualidad había algún artículo promocional de la película que iban a ver "Cómo entrenar a tu dragón 3: el mundo oculto"
-Claro, ¿algo más?
-Unas papitas adobadas. –pidió Heather. –Y un agua también.
-¿Qué tiene de promocionales? –preguntó Astrid.
-De momento sólo este vaso. –el vendedor lo mostró, sacándolo del mostrador. Era un vaso tipo termo que tenía unos dragones.
-Ese ya lo tengo. –se quejó la rubia.
-Yo no, pero ya los compré en Cinemox. –Heather se encogió de hombros. –Me gusta más el combo con el muñeco de peluche.
Con rapidez las despacharon, para después dirigirse a la sala donde verían la película, la cual ya tenía fila para ingresar.
Sin embargo, pocos metros antes de llegar al lugar, un par de niños pasaron corriendo, chocando contra aquel muchacho castaño, provocando que la bandeja con el combo que había comprado se le cayera de las manos.
-Pobrecito. –musitó Heather mientras comía sus ricas papas sin intención de compartirlas.
La mamá de los niños los fulminó con la mirada. –Lo lamento mucho. –se disculpó a nombre de ellos.
-No se preocupe. –escuchó la voz del muchacho, recogiendo la bandeja para rescatar lo que quedaba comible.
Astrid igual sintió pena por él.
-Tuffnut, Ruffnut. Vengan a disculparse. –se escuchó la regañona voz de la mujer.
-Ofrécele tus palomitas. –la castaña le aconsejó, dándole un ligero codazo. –Anda…
La rubia se sonrojó de nuevo. –Ya déjame. Sólo es un llavero.
Heather rodó los ojos. –Astrid, si no le ofreces palomitas, no comerá en el cine. ¿No crees que un seguidor de Dragon Ball merece ver una película de dragones comiendo palomitas?
-No empieces. –Astrid rodó los ojos, jalándola. –Anda, ya entremos.
Las chicas ingresaron a la sala, se acomodaron en sus respectivos asientos y tomaron lugar.
-¿Quieres? –preguntó Heather, ofreciéndole a su amiga, quien probó una con gusto, haciendo el mismo gesto con sus palomitas.
-Ya va a empezar la media hora de comerciales. –bromeó Astrid mientras sacaban el celular para actualizar su estado en redes sociales. El mundo necesitaba saber que ella y su amiga estaban en el cine.
Tras un par de minutos en los que ellas siguieron platicando de sus vidas, la sala se fue llenando. Ingresó una mujer que al parecer traía mucha gripe y en los cinco minutos había tosido más de cuarenta veces, también ingresaron los niños molestos que le tiraron las palomitas y no dejaban de corretear y hacer ruidos.
-Tengo impulso de regañar niños. –comentó Heather, viéndolos de mala gana. –Eso me pasa por ser maestra.
Astrid también se impacientaba, trató de mirar a otro lado, hasta que vio que a un asiento suyo estaba el chico de quien se había fijado con el llavero de Dragon Ball.
-No te preocupes por no poder venir, disfrutaré solo la película. No hay problema.
Alcanzaron a escuchar.
-De seguro tiene novia. –musitó Astrid, riéndose por la vaga y molesta historia de pensar en él.
-Descuida, amigo. Entiendo. No te preocupes.
-¿Amigo? –cuestionó Heather. -¿Es gay?
La rubia la miró divertida. –No nos importa, y al parecer estaba hablando con su amigo.
La película dio inicio, las dos se emocionaron, eran grandes seguidoras de la saga y era importante ver esa película (aunque ya la habían visto el día del estreno… y una semana antes en una función 4D… y por los miles de spoilers que los fanáticos publicaron como locos por Facebook)
-Aww. –exclamaron las dos, emocionadas cuando apareció en el fondo de la pantalla el bonito logo de Dreamworks.
-¡Sí! –se escuchó la voz del misterioso muchacho al lado de ellas.
-Se emociona por el logo igual que nosotras. –exclamó Astrid, cediendo a los encantos de él.
De repente, una incómoda sombra interrumpió el momento del inicio de la película, pasando justo frente, hasta que se colocó al lado de ellas, de pie.
-Ya quítese señora. –mascullaron molestas por la intromisión de su sagrado momento, pero por otro lado, debido su vena chismosa, fue inevitable voltear.
-Disculpa… ¿eres el chico a quien mis hijos le tiraron las palomitas, verdad? –preguntó la señora tímida, pero opacando la escena de la película que ya había iniciado.
El castaño asintió con tímidez.
-Le dije que no se preocupara, ya pasó. –insistió el muchacho, queriendo ver el inicio de la película.
-Toma. Lamentamos mucho lo que ocurrió. –le hizo entrega de una charolita más pequeña con palomitas.
-Aww. –suspiraron las amigas al unísono.
-Caray, no tenía por qué molestarse. –el castaño se rascó la cabeza. –De veras.
La señora le sonrió. –Es lo mínimo que debemos hacer.
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La película había avanzado, era enternecedor las escenas, pero aún más las actitudes que el chico de al lado de Astrid expresaba por el desarrollo de la cinta.
Se reía, lloraba y hasta se emocionaba con las acciones de los personajes.
-¿No crees que huele raro? –preguntó Astrid.
-¿El chico de al lado? –cuestionó extrañada, pues el varón se veía decente.
-No, es decir no lo he olido. –se escudó. –Pero no sé, es un olor medio extraño.
La ojiverde intentó prestar atención a los comentarios de su amiga cuando entendió a lo que se refería. Olfatearon y al mismo tiempo giraron lentamente su cabeza hacia atrás para ver que una señora estaba cambiándole el pañal a su hijo llorón.
-Diuk. –expresaron las dos. Ninguna tenía fobia y desagrado a los bebés, sabían de sobra que hay cosas inevitables como que lloren o que ensucien el pañal, pero no era el lugar ideal para cambiarlo
Como si nada la señora metió el pañal en una bolsa de plástico y la dejó frente a su asiento, o sea, el de Heather.
-Genial, mi asiento ahora es el basurero. –se quejó. -¿Por qué la gente tiene que ser tan sucia?
Astrid se lamentó por esa acción, miró de reojo a su compañero de fila y vio que él también se tapaba la nariz.
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La película llegaba a su máximo punto de clímax. Para esto, las chicas ya estaban emocionadísimas.
-Dime, ¿qué vas a hacer al respecto?
-Probablemente algo estúpido. –musitaron las amigas y el muchacho castaño de al lado, demostrando ser fieles seguidores de la saga de dragones.
Sí, Astrid se emocionó más por ver que el muchacho era un fiel fan.
-Probablemente algo estúpido.
La castaña y la rubia se tomaron de las manos al emocionarse por la batalla que empezaba en la película, principalmente porque los personajes se lanzaban de un acantilado para echarse a volar.
-Quisiera hacer eso. –musitaron a la vez tanto la rubia como el castaño.
Ambos se voltearon a ver por un efímero momento. Astrid se movió, pero en eso su bolsa se cayó.
El castaño la tomó y se la pasó.
-Gracias. –mencionó, por suerte lo oscuro de la sala del cine evitó que se mostrara el rubor de su mejillas.
-No hay de qué. –expresó él, volviendo a poner atención en la batalla que se veía en la pantalla de cine.
-Al menos ya se hablaron. –bromeó Heather, viendo cómo su amiga empezaba a ruborizarse.
La película siguió mientras el final se acercaba, justo a la parte más triste: la separación de los dragones, aunque con ella, también venía lo más esperado para los fans de la saga, es decir, la boda de los protagonistas.
-Sí se casaron. –expresó el muchacho feliz, lo suficientemente audible para que fuera escuchado por Astrid.
"Se emociona igual que yo" –pensó mientras ponía un ojo en la película y otra en el castaño.
Finalmente las últimas palabras de la película llegaron, acabando con el momento de relax y alegría para las muchachas.
-Fue igual que las otras tres veces que la vimos, cada vez me gusta más. –mencionó Astrid.
-Sí. Valió la pena la espera de cinco años. –coincidió Heather, recogiendo la bandeja con la basura de las palomitas.
-¿Vamos al baño? –preguntó la castaña mientras bajaban las escaleras.
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Mientras ambas se veían en el espejo y lavaban las manos Astrid aprovechó para ver un poco por la puerta.
-¿Estás buscando al chico de las palomitas? –preguntó Heather, mientras se ponía labial.
-¿Cómo puedes saber lo que hago sin voltear a verme? –preguntó sorprendida.
Heather se encogió de hombros. –Soy maestra, tengo visión periférica.
La rubia se rio mucho debido al comentario.
-¿Lo buscas? –preguntó de nuevo, secándose las manos con un papel.
Hofferson le negó. –Ya pasó. Vayamos a comer mejor, vamos a los tacos, que me debes la comida.
Salieron del cine y caminaron por el estacionamiento hasta salir a la avenida. Eran más de las 10:00 pm y ese tramo en específico carecía de luz mercurial.
-Vayamos rápido. –opinó Astrid.
Heather Deranged le asintió y caminó a su lado. Cuando avanzaron un poco se dieron cuenta que frente a ellas venía tambaleándose un hombre con una botella de alguna bebida alcohólica y hasta les estaba murmurando cosas que no alcanzaban a percibirse.
Lo único que pensó Heather fue en sujetar bien su bolsa, mientras tanto, Astrid sacó su llavero.
-¿En serio? ¿Una esfera del dragón? –preguntó la castaña, extrañada de su amiga.
Astrid rodó los ojos, mostrando la realidad que acompañaba al dije del anime.
-Es una botellita de gas pimienta. –masculló mientras caminaban más rápido hasta llegar sanas y salvas a los grasientos tacos mexicanos.
Cuando atravesaron la oscura calle y llegaron al local suspiraron aliviadas.
-Guardaré esto. –la rubia echó el llavero decorativo a su bolso.
Había mucha gente, pero por suerte un mesero las pasó a una de las mesas para ser atendidas.
-Yo quiero una orden de tacos de carne asada. –pidió Astrid, saboreándoselos.
-Yo una igual. –coincidió la ojiverde. –Y dos refrescos.
-En seguida. –el mesero anotó lo que pedían y retiró las cartas de menú.
Al cabo de un rato sus platillos llegaron, mientras tanto hablaron de algunos de sus proyectos.
-¿Y para cuando publicas la de "La Maldición que nos une"? –preguntó Heather echándole más guarniciones a su típico platillo mexicano.
-No lo sé, tengo el prólogo y la idea.
-A mí me gustó mucho, y gracias por decirme casi toda la historia. Pues empieza con él, publícalo y luego ve la reacción de los demás y con base a las expectativas vas siguiendo. O bien, espera más a que tengas la idea más estructurada.
Astrid le sonrió mientras le daba un sorbo a su refresco.
Un par de segundos pasaron y ella dio un manotazo a la mesa.
-¿Por qué me preguntaste si estaba buscando al chico de las palomitas? –preguntó con curiosidad.
-No fue mi intención hacerte sentir mal. –se disculpó la castaña. –Es sólo que me parece tuvieron un inicio bonito.
-Ni si quiera sé su nombre. –Astrid desvió la mirada.
-No lo preguntaste. No te diré nada por no hacerlo, porque sabes que también soy bastante tímida, pero creo que era una historia que merece ser contada, pero más que nada, un momento que merecías vivir.
-Tal vez tiene novia.
-Tal vez no. –contradijo la castaña. –Tal vez el destino los unió para ver la película, sentarlos en la misma fila. Tal vez por algo se le cayeron las palomitas.
-Tal vez por algo tenemos el mismo llavero. –ironizó.
-Exacto. –aceptó Heather. La rubia no esperaba esa afrenta. -Pero tal vez también sólo fue eso. Lo único que digo es que las oportunidades no se presentan todos los días, y si no se aprovechan cuando aparecen ya no son oportunidades, son imposiciones que establecen el rumbo de tu vida. Una vida diferente a la que estábamos destinados quizá. A veces las dejamos pasar por miedo o inseguridad, pero creo que perdemos más por no intentar que intentando lo que tanto miedo nos da. –expresó con sinceridad.
-Creo que sí. –coincidió. –Siempre sacas tu vena de escritora. –le sonrió.
-Es un don que se me da. –mencionó, levantándose de la mesa ues ambas ya habían terminado de cenar.
-Si lo vuelvo a ver, aprovecharé la oportunidad.
Terminaron de hablar y se dirigieron de nueva cuenta al estacionamiento del cine.
-Si quieres te llevo a tu casa. –ofreció Astrid.
-Ay, no te preocupes. –agradeció la castaña. –Llamo para que pasen por mí. –mencionó la chica, sacando su celular.
-Anda, insisto.
La castaña aceptó. –Bueno, sirve que te doy algo que te traje de mi último viaje. –mencionó.
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Tras hablar durante el camino sobre otras cosas, llegaron a la casa de Heather.
-Espera aquí.
Astrid aceptó mientras sacaba su celular para ver algunas notificaciones.
Heather salió de nuevo. –Aquí está. –le entregó un collar plateado que tenía colgando una piedra.
-Como en tu historia de "La guerra de los elementos". –comentó Heather desde la ventanilla del carro de su amiga.
-Vaya, está muy bonito. Gracias Heather. –mencionó Astrid, con emoción.
-De nada, lo vi y recordé tu historia. Hablame cuando llegues, ¿sí? Espero que salgamos pronto, sólo deja que pase lo de mi maestría.
-Claro, sigue la película de "Abominable" –recordó.
-Es cierto, aunque puede ser que para esas fechas te hayas reencontrado con ese chico.
-¿El de las palomitas?
-O puede ser otro. Quien sabe, todos los días puede cambiar tu vida. –Heather le guiño un ojo. –Bye.
-Bye. –se despidió y tomó de nuevo el rumbo a su hogar.
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Iba por la avenida que pasaba por el cine nuevamente, hasta que no alcanzó a frenar a tiempo en un semaforno, con el impulso su bolso se cayó del asiento el copiloto donde lo lelvaba.
-Maldición. –masculló mientras lo volvía a poner en su lugar, sin embargo, antes de cerrarlo se percató de algo importante, dentro de su bolso había dos llaveros iguales.
Fue cuando recordó que el chico le había pasado su bolsa cuando también se le cayó en el cine, quizá habían caído sus llaves allí.
-Sí que la vida cambia. –opinó la rubia, retomando el viaje al cine de nueva cuenta para dejar el llavero en las cosas perdidas, quizá el muchacho iría por ellas otro día.
Cuando entró al estacionamiento quedaban pocos carros, pero hubo uno negro que le llamó la atención, porque estaba allí un muchacho que estaba recargado.
-No puede ser. –se sorprendió. –Creo que debo cumplir la promesa que le hice a Heather. –opinó la muchacha, estacionándose a unos espacios de allí.
-¿Ocupas ayuda? –preguntó cuando se acercó a él.
-Hola, eh, es que perdí las llaves de mi auto. –se encogió de hombros el muchacho.
-¿Tienes copias? ¿Llamaste a alguien?
-Mi celular está sin batería. –expresó frustrado. –Dejé el cargador adentro de mi carro, así que fui al cine a ver si estaban mis llaves allí, entre a la sala de nuevo, pero lo único que me encontré fue un pañal sucio. –recordó con desagrado.
La rubia lo miró encantada, cerca era más tierno.
-¿De casualidad son estas? –mostró el llavero con la esfera del dragón.
Al ojiverde le brillaron los ojos.
-¡Sí! Gracias. –el muchacho las tomó como si se trataran de un tesoro.
-¿Cómo sabías que eran mías?
Astrid se ruborizó también. –Es que en la fila de las palomitas vi que tenías uno igual al mío. –Hofferson mostró su llavero con el colgante de una esfera del dragón.
-Pues gracias por notarlo, ¿cuánto te debo?
-No, claro que no. No hace falta. –aclaró Astrid de inmediato. –Venía a dejarlas en cosas perdidas, no tienes que pagar nada.
El castaño se acercó. –Pues gracias otra vez, me ahorraste que le pagara un Uber a mi amigo para que me trajera las copias del carro.
-De nada. –suspiró. –Soy Astrid Hofferson.
El castaño estrechó su mano.
-Soy Hiccup. Hiccup Haddock.
Al ver esa mirada verde, ella entendió unas palabras que su amiga le había dicho, la vida cambiaba todos los días, y Astrid debía cambiar con ella también.
-Déjame invitarte una ida al cine como agradecimiento.
Fin
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Notas de la autora:
Espero que les haya gustado, como dije, el final no fue el mismo, pero en mi mente, mi amiga encontró al amor de su vida esa noche.
Gracias por leer
**Amai do**
-Escribe con el corazón
Quédate en casa
Publicado: 18 de mayo de 2020
