Ranma ½ y sus personajes no me pertenecen son la creación de Rumiko Takahashi. Escribo esto por diversión y sin ningún fin de lucro.

Saludos a todos y bienvenidos a esta pequeña historia.

Agradezco sus mensajes, créanme que tomo muy en cuenta sus opiniones, no soy, ni me considero una profesional, escribo por diversión y me gusta compartir lo que hago.

Sigo trabajando en la transcripción de los capítulos de Pequeña Kunoichi, pero tomando en cuenta dos opiniones en particular, estoy poniendo más empeño en que la historia avance más rápido y pronto subiré el siguiente capítulo.

Nos leemos pronto!

-*-*-*-* Abrigo -*-*-*-*

Ranma la miraba con fastidio sentado en medio de la sala, llevaba más de una hora yendo y viniendo, escogiendo lo que metería en su mochila de viaje; había planeado por semanas esa salida con sus amigas en un balneario de aguas termales.

Al chico no le parecía bien que su prometida pasara todo un fin de semana fuera de casa, pero omitió dar su opinión cuando la hija menor de Soun le había solicitado permiso a su padre, temiendo que lo mal interpretaran; no quería que nadie lo fastidiaran con sus comentarios de costumbre.

El invierno estaba por terminar y pronto tendrían que regresar a la rutina escolar, las chicas querían aprovechar ese tiempo antes de regresar y concluir último año en la escuela Furinkam, graduarse e ir a la universidad o donde el destino las llevara.

A pesar de estar encerrados, el frió se impregnaba hasta los huesos aún dentro de la casa, los miembros de la familia llevaban puesta ropa abrigadora, pero para Akane que no podía esconder su emoción, parecía que no le afectaba; estaría tres días a solas con sus mejores amigas, alejada del encierro invernal acostumbrado, de los problemas con las otras prometidas, del viejo libidinoso de Happosai, del acoso de Kuno y de otras situaciones incomodas que prefería ni siquiera pensar.

El chico, mareado de ver a la peliazul en su trajineo por toda la casa, prefirió levantarse e ir a la habitación que compartía con su padre, trató inútilmente de leer un manga, su mente no estaba para eso, no se podía concentrar porque solo pensaba en los diferentes escenarios en los que su querida, linda e inocente prometida podía conocer a algún otro chico mejor que él… no! nunca! eso no podía pasar, porque él era el mejor; pero su prometida era tan boba en cuestiones de relaciones, que seguramente ni siquiera podría identificar segundas intenciones de algún patán que quisiera enamorarla.

De solo pensarlo le hervía la sangre! Akane tenía la culpa! Sí, ella!... siempre tan amable y considerada con los demás! Tenía ese aire tan angelical en su personalidad que ponía de cabeza a cualquiera: a Kuno, Ryoga y a todos los demás idiotas de la escuela. Era tan molesto tener que aguantar sus intentos de agradarle a la chica y sus comentarios sobre lo afortunado que era por ser su prometido.

Sentado en su futon, en medio de la habitación, sostenía la revista entre sus manos, su mirada estaba perdida y la cara tensa, mientras hacía muecas refunfuñando entre pensamientos.

Akane había tocado a su puerta, él tan metido en su enfado no la escuchó, así que tomando la iniciativa entro sintiendo un escalofrío en el cuerpo por el frío que se sentía en la habitación.

-Ranma? –al escuchar su nombre y viéndose sorprendido trató en vano aparentar que leía.

-que quieres Akane no ves que estoy ocupado? Ella alzó una ceja inquisitiva, era evidente que algo se traía, pero ella no le daría gusto de entrar en bronca y de que le quitara el buen humor.

-solo quería pedirte prestado tu impermeable, tal vez llueva en el viaje y quiero estar prevenida.- El chico se levantó sin prisa, algo entumecido por el frío de la habitación, se frotó un poco las manos y trató de calentarlas con su aliento antes de abrir el armario y buscar lo que le había pedido su prometida.

Akane siguió con detenimiento sus movimientos y se percató de que a pesar de llevar un suéter su cuerpo no había entrado en calor del todo; Ranma sacó el impermeable y giró para entregárselo, pero antes de tomarlo de sus manos la chica se quitó la bufanda amarilla que llevaba puesta y se la puso a él alrededor del cuello sorprendiéndolo.

-gracias –ella tomó la prenda de sus manos y salió de la habitación.

El chico la vio salir y cerrar la puerta, se había quedado inmóvil sintiendo el calor de la prenda en su cuello, el calor de ella… y su aroma, la prenda estaba tibia por el calor de su cuerpo y olía a ella.

Esa boba marimacho jugaba con él y lo grave de la situación era que ni siquiera se daba cuenta.

/

Pasaron las horas, Akane terminó de empacar justo a tiempo para la cena, la familia se reunió como de costumbre y después de terminar de comer, la chica se fue a descansar para el viaje que haría al día siguiente por la mañana.

Ranma no hizo amago de quitarse la prenda que le había dado la chica, la llevó puesta antes, durante y después de la cena, hasta que llegó la hora de dormir, solo entonces se desprendió de ella para doblarla y colocarla debajo de su almohada para tenerla cerca de él.

En la madrugada antes del amanecer, la temperatura había descendido aún más y en la televisión, habían pronosticado probabilidad de caída nieve; la familia entera se levantó para desayunar y despedir a Akane, ellos se quedarían en casa resguardándose del frío mientras que a Ranma le habían asignado la tarea de acompañarla hasta la estación y asegurarse de que llegara con bien.

Durante el trayecto el pelinegro no pronunció palabra, miraba el horizonte pensativo y evitaba mirar a la chica. Ella lo veía de reojo de vez en cuando, pero no se atrevía a interrumpir sus pensamientos.

Al llegar a la estación pequeños copos de nieve comenzaron a caer, faltaba más de media hora para que saliera el tren y aún no llegaban sus amigas; después de un cuarto de hora de espera Akane comenzó a sentir más frío, se abrazaba a sí misma, daba pequeños saltos en su lugar, frotaba sus brazos y manos tratando de entrar en calor inútilmente.

Ranma desabrochó su abrigo y se desprendió de él; se acercó a la chica que miraba a la entrada de la estación esperando que llegaran sus amigas, cuando sintió que algo tibio envolvía su cuerpo abrigándola y transmitiéndole una agradable sensación.

En al acto Akane giro a verlo sin saber bien que hacer; pero él la obligó a ponerse el abrigo, abrochándole uno a uno los botones y colocándole el gorro sobre la cabeza.

-Debiste traer algo que te abrigara mejor – al tenerlo frente a ella, pudo darse cuenta de que llevaba puesta la bufanda que le había dado un día antes.

-no pensé que se sintiera tanto frío… gracias, pero creo que deberías usarla tú, de seguro seguirá nevando y cuando llegue el tren…

-yo estoy bien Akane, no lo necesito.

-pero…

-nada!, yo me he entrenado para aguantar cualquier tipo de clima, en cambio tú seguro te enfermas. –la chica no recibió muy bien su comentario, pero no tuvo tiempo de protestar porque en ese instante entraban al andén sus amigas, gritando y saludando desde lejos.

Yuca y Sayuri habían llegado juntas, armando un alboroto, corrían por el pasillo con sus maletas al hombro, desbordando la emoción que les causaba el viaje; saludaron a Ranma y se abalanzaron a Akane en un abrazo.

Ranma permaneció estoico, observando la escena que no duró mucho debido a que el encargado de la estación anunció el abordaje, las chicas tomaron sus cosas, Yuka y Sayuri se despidieron y corrieron rumbo a la puerta del vagón. Akane en cambio, se había tomado unos minutos para despedirse del chico que la acompañaba.

-Bueno… ya me voy, gracias por acompañarme- el chico solo asintió con la mirada sin pronunciar palabra.

La vio alejarse y subir al tren, siguió sus pasos dentro del animal de metal hasta que se ubicó en su asiento junto a sus amigas y no se marchó hasta que emprendieron el viaje.

Hizo el camino de regreso sin prisa, la nieve seguía cayendo, llevaba las manos dentro de los bolsillos del pantalón y cubría su rostro con la bufanda que la peliazul le había dado para mantener el calor.

Sin duda Akane le inyectaba alegría a la casa, porque desde el momento que partió se sentía triste y más fría que de costumbre; durante su ausencia el chico no se desprendió ni un instante de la prenda amarilla, con ella la sentía cerca y más abrigado.

La primera noche, recordaba el momento en la estación en el que le había puesto su abrigo para cobijara y no sintiera tanto frío, ahora lo recordaba con la esperanza de que la chica experimentara las mismas emociones que él en su ausencia.

Los días pasaron más lentos de lo que esperaba, pero por fin había llegado la hora de que ella volviera; se levantó temprano pero sin prisa, desayunó, entrenó e hizo su rutina como de costumbre; sabía que le pedirían a él que fuera a la estación y la acompañara de vuelta; cuando llegó el momento de ir por ella, él trató de no mostrarse ansioso.

Ya en la calle, y al sentirse libre del escrutinio de la familia, corrió lo más rápido que pudo para llegar a la estación, quería estar antes de que el tren llegara y verla bajar con esa sonrisa que la caracterizaba.

Esperó más de lo que había calculado por un retraso debido al clima, pero cuando llegó el tren y vio a las tres jóvenes bajar su preocupación desapareció, solo quería ver y cerciorarse que la chica que había esperado se encontraba bien y que había regresado en una pieza.

Avanzó a su encuentro y fue entonces que notó que la sonrisa que tanto esperaba ver había desaparecido de su rostro; por su expresión parecía que Akane no la había pasado muy bien, algo debió de haber pasado en el viaje que le robó la sonrisa.

Las tres jovencitas lo saludaron, Akane a penas y miró, llevaba puesto su abrigo y sujetaba con ambas manos su maleta, el chico se acercó y la tomó para dirigirse a la salida; esperaron a que sus amigas abordaran un taxi, pero antes de despedirse Sayuri se acercó a él para hablarle al oído mientras Yuca distraía a Akane.

-Ranma, cuida a Akane si? –su inquietud se incrementó al escuchar aquello, su instinto no le había fallado.

-por qué? Le ocurrió algo en el viaje que deba saber?

-solo que tal vez se esté resfriando, sabes? Solo estuvo con nosotras una vez en las termas y el resto del tiempo se la pasó encerrada y no se quitaba el abrigo.

-el abrigo? –al escuchar eso, un calor interno lo invadió y no pudo disimular una sincera sonrisa. – descuida, yo me encargo.

-gracias! – las chicas abordaron su transporte, mientras que Ranma y Akane emprendían su viaje de regreso.

-se divirtieron?

-eh? Si, fue muy divertido… y en casa como están todos?

-bien! Ya sabes, cada quien en lo suyo.

-ahhh

-hizo mucho frío en el balneario?

-eh?... pues… si, algo.

-entonces, creo que fue buena idea que te llevaras mi abrigo no? –Akane evitó míralo, se puso tan nerviosa que no pudo disimular su sonrojo.

-sí, fue buena idea – él se percató de su reacción y sonreía satisfecho… tal parecía que esa chica testaruda si lo había extrañado.

-que bueno que ya estés de vuelta Akane –ella lo miró a los ojos, sus palabras habían sonado tan sinceras que apenas lo creía.

Él se acercó más a ella, le colocó el gorro de abrigo y la tomó de la mano.

-vamos a casa! –ella observó por un segundo sus manos entrelazadas, antes de responder con esa sonrisa que él tanto deseaba volver a ver.

-vamos a casa!

Fin!

Gracias por leer, espero lo hayan disfrutado. Espero sus comentarios!