Capítulo 5: Bestia que acecha, bestia que duerme.

Parecía un jaguar, deslizándose entre la espesura selvática de día y revelando su presencia solo a la luna. Tenia sus costumbres, solitario, iracundo, siempre buscando que devorar.

Su voz era siniestra y profunda, sus ojos eran color carmesí al igual que su aura, sus manos eran ásperas, manchadas la mayor parte del tiempo, con capacidad de aplastar rocas, tan fácil como cualquiera aplasta una galleta.

Así era la bestia que acecha.

Ryu temía y odiaba a la bestia, la que despertaba por momentos, esa que amenazaba con comerse su conciencia y corazón de un solo bocado. Por tal razón se entregaba totalmente a la luz de su arte, con la esperanza que siempre la mantendría dormida, pero las recientes pesadillas no hacían mas que acrecentar su temor.

- ¿Qué debería hacer? Preguntaba Ryu solemne y triste a la fría lapida de su maestro.

Se fue al dojo después de terminar su sepulcral monologo, escondido entre los misterios del bosque. Grande y agradable fue su sorpresa al encontrar a Ken parado frente a un gastado pergamino con los preceptos del Do, cargando una botellita de vino; un detalle que su maestro hubiera apreciado de estar con vida. Ken se desprendió de sus recuerdos cuando escucho deslizar la puerta, y con esa sonrisa tan amigable y tan pilla saludo a su amigo y hermano de puños. Ryu sonrió, aliviado de no tener que sobrellevar ese aniversario tan fatídico, solo.


Ruidosa y abarrotada, se encontraba una estación de metro. Esclavizados a sus horarios, gente de negocios, universitarios y obreros diversos, transitaban como hormigas locas, buscando el tren que los llevaría a sus destinos. Entre toda la muchedumbre, un hombre de negocios caminaba a paso ligero, aferrando un portafolio con una mano, mientras la otra la tenia ocupada en su celular. Tan absorto estaba en la llamada, que choco con alguien que andaba tan distraído como él. Una mochila casual cayó, al mismo tiempo que el portafolio, del cual el impacto de la caída, soltó varias papeletas que parecían lenguas blancas.

Apenados por el incidente, ambos se acurrucaron y empezaron a recoger el papeleo, mientras gastaban palabras de disculpas. El hombre de negocios que por cierto era bastante joven, levanto la mirada y con suma sorpresa ahogo una exclamación; había chocado con Sakura Kasugano, la chica de la que varios medios ensalzaban por su valentía.

El pobre muchacho reforzó sus disculpas. Sakura con una mueca de modestia e incomodidad, le reitero que había sido un accidente y que también tenía parte de culpa. El móvil volvió a sonar, cortando así una posible charla. Entonces a regañadientes el hombre se disculpo por ultima vez, no sin antes felicitarla por su acto de valor.

Sakura se quedo parada con la misma sonrisita modesta y pensó lo agobiante que seria la vida de ese muchacho, amarrado a horarios y compromisos.

El anuncio de los destinos el saco de la ensoñación, corrió hacia el tren y de un brinco logro meterse.

Los vagones estaban algo saturados debido a la hora, Sakura decidió salar temprano para que le alcanzara el tiempo, pero al ser una hora tan temprana y concurrida tuvo que soportar uno que otro empujón; no hubiera sido tan malo, de no haber tenido golpes y heridas que resentir. Por fortuna el vagón se vacío a la quinta parada, lo suficiente para poder encontrar asiento y descansar; a donde iba no era lugar para prisioneros laborales.

Sakura se reclino en el asiento y suspiro de comodidad, luego se dio una leve caricia en su hombro izquierdo, donde tenia una leve herida provocado por el aire afilado de la bala que disparo ese desgraciado.

– Cinco días.

Efectivamente. Cinco días habían pasado desde el incidente de la chatarrera, días en los que no había tenido tranquilidad, ya que el hecho no pasó desapercibido para los medios, quienes lo exageraron hasta lo imposible, al mismo tiempo que ridiculizaron a las autoridades por su actuar tan flojo; esto provoco una abrumadora persecución que Dan quiso aprovechar, sin embargo no funciono tan de maravilla; algunos periodistas acostumbrados a la seriedad de su profesión, se cansaron rápidamente de las payasadas de su "mentor".

Sakura estiro sus articulaciones de pura pereza.

– Pudieron haberme matado – Reflexiono.

Esas palabras también las dijeron sus padres, quienes pegaron grito al cielo como nunca lo habían hecho; ellos eran perfectamente conscientes y permisibles de la pasión que su hija profesaba por las artes marciales, pero enfrentarse a toda una pandilla, era mas de lo que podían callar, muy a pesar que una parte de ellos les enorgullecía tener una valiente heroína como hija. Sakura pensó en el infarto que les daría si se enteraran, que algunos torneos en los que participo, eran organizados por peores criminales. Entonces agradeció a los cielos por la suerte que tenia de haberse llevado una larguísima reprenda, en lugar de un castigo que le impediría realizar este viaje tan necesario.

Sakura iba a dos lugares: El primero era la mansión Kanzuki. Llevaba consigo una disculpa y dinero de su mesada y las comisiones de algunas peleas, el dinero serviría para al menos enderezar el golpe de la limosina. Varios encuentros habían tenido con Karin, sorpresivos en su mayoría, producto de la altanería y esa gana que ella sentía por mostrar su superioridad, pero esa pelea pudo haber tenido otro revés; gracias a Dios tenia finos reflejos de peleador. Ese Hadouken llevaba otra fuerza, otra intención; por lo tanto, su conciencia le exigía reparar su error, a sabiendas que Karin no la aceptaría sin intercambiar algunos golpes.

Finalmente llego, impaciente se bajó del tren y salió a toda prisa de la estación. A pesar de ser tan joven, Sakura podía jactarse de haber visitado muchas partes, entre ellos lugares peligrosos y agobiantes, sin embargo, pocas veces sentía la presión de la diferencia de clases; la zona a la que había llegado era en realidad solo para clases pudientes.

A Sakura poco o nada le importaba la opinión que tuvieran de ella, siempre y cuando estuviera contenta consigo misma, pero su vestimenta sencilla y su mochila que más parecía una bolsa, la hacían ver como un trotamundos en miniatura. Sakura se tragó la incomodad e intento ubicarse, la zona era una mescla entre barroco Europeo y tradicionalismo Nipón. Piedra de parte de lo Europeo y madera por parte del Nipón, materiales de los cuales estaban cimentadas todas sus estructuras. Frente a ella había una cuesta arriba y al final se alzaba una mansión; la mansión Kansuki.

El recorrido salió mas largo de lo que se veía a simple vista, se tardo media hora andando cuesta arriba. Sin embargo, no fue desagradable, pese a no poder comprar nada de las tiendas por el alto precio de sus productos y las miradas criticonas de algún engañado por su estatus social; pero bastaba con darle una miradita a esa zona inaccesible por su posición.

Llego a los pies de una gran puerta de barrotes, color dorado con una enorme letra "K" de carta, en medio, que resplandecía a la luz del sol.

– ¡Buenas!

Un portero salió de una pequeña caseta como un fantasma, haciendo que Sakura se sobresaltara. El hombre era de piel negra, labios pronunciados, ocultando su posible mirada amenazante tras unos lentes oscuros, enorme y musculoso que más parecía un matón de barrio que un portero.

– Buenos días, mi nombre es Sakura y he venido a ver a Karin.

El portero levanto una ceja, para el era inamisible tanta naturalidad, ya que normalmente los pocos visitantes, se dirigían a Karin como "la señorita".

– ¿Tiene una cita?

– No. Pero necesito hablar con ella, es importante.

El sujeto volvió a levantar la ceja, contrariado por tanta informalidad. Sakura noto de inmediato la reticencia del sujeto, y le aseguro casi suplicando que Karin la conocía. Entonces accedió, después de examinarla de pies a cabeza y descartarla como amenaza, le pidió que esperara, mientras el confirmaba la veracidad de sus palabras. El portero se esfumo tras la caseta, dejando a la muchacha al borde de la impaciencia.

Quince minutos después la puerta se abrió, el portero cambio un poco su dura actitud, dándole una bienvenida más cálida. Al nomas entrar, se encontró con un hombre mayor vestido de smoking, delgado, elegante, con el cabello pintado por la edad.

– Por aquí por favor.

Sakura titubeo un "gracias" y le tambaleo el paso antes de seguirlo. La joven camino detrás de su guía sin decir una palabra, incomoda por tanta etiqueta y formalidad. En su vida se había atrevido a visitar a Karin, después de todo su relación (si se le podía llamar así) era comparable con la de los perros y gatos, pelándose cada vez que se tenia la oportunidad. No obstante, había ocasiones en las que ambas sacaban a relucir algo mas que sus puños ¿podrían llamar a eso amistad?

Sakura tuvo que pasar por la entrada principal, adornada casi de la misma manera barroca- nipona, pero con más extravagancia y lujo. Después paso por una grande pero delicada fuente de una joven que vaciaba un cántaro, los rayos del sol que pegaban contra el agua, formaban un pequeño espectro colorido que encantaba la vista. Luego llego a un jardín con flores de diversas clases, este en especial mermo la tensión del recorrido, no solo por el encanto y la fragancia, sino porque recordó que Ryu le conto que, en uno de sus viajes había conocido un boxeador, refinado y caballeroso, que tenía fascinación por las rosas y flores exóticas.

Después del pequeño Tour, llegaron a una sección donde había una piscina de 50 metros, alrededor había mesas de campo de madera brillantes de puro barniz, abrazadas por la sombra de unas sombrillas color rojo intenso.

– Este sería un excelente club de natación – Pensó.

Unas gotas de agua en la cara hicieron que Sakura enfocara su atención a la piscina. Entonces vio una silueta bajo el agua, nadando rápido, como una verdadera sirena; era Karin en plena rutina de natación.

– Señorita la visita ha llegado – Anuncio el mayordomo con una reverencia.

Pero Karin no se detuvo a pesar de haberla escuchado. Ambos guardaron silencio, Sakura porque estaba en plan de disculpa y no estaba dispuesta a discutir antes de tiempo; y el mayordomo porque estaba acostumbrado a la malcriadeza de "la señorita".

Karin dio 3 vueltas más antes de dignarse en salir del agua, chasqueo los dedos para que uno de sus sirvientes le pasase una toalla, y con esa actitud tan suya decidió finalmente atender a la visita.

– Esto es una verdadera sorpresa, jamás hubiera pensado que tu pondrías un pie en esta casa – Dijo Karin mientras secaba su cabello.

– Yo tampoco – Pensó Sakura.

– ¿Dime que haces aquí? Fergus dijo que era importante.

Asumiendo que Fergus era el mayordomo, Sakura explico sin rodeos los motivos de su inesperada visita, Karin se limitó a escucharla, asintiendo a cada palabra, sonriendo de cuando en cuando. Al finalizar, Sakura saco de su mochila un sobre, que luego se lo ofreció a Karin. Pero ella lejos de recibirlo, se dio la vuelta y rio escandalosamente.

– Eso paso hace cinco días.

– He estado… ocupada.

– Me imagino, yo también lo estaría si tuviera que darles la cara a los medios, hiciste un espléndido trabajo con esos sujetos señorita.

Sakura frunció el seño al sentirse burlada. Karin no tenía ni idea del porque había tomado la decisión de enfrentar semejante lio, pero ¿Cómo podría entenderlo alguien tan materialista, que ve a los que le rodean como piezas de ajedrez?

Karin encogió los hombros y se dio la vuelta para mirar a Sakura detenidamente, noto que tenia el parpado derecho hinchado, un esparadrapo en su mejía izquierda y moretones en sus nudillos.

– Para que lo sepas, señorita. La limosina ya fue reparada, no necesito tu dinero para algo tan trivial, así que… ¿es todo lo que ibas a decirme?

– Si. Eso es todo. – Finalizo Sakura fríamente.

Entonces tomo su mochila, se dio la vuelta, dispuesta a marcharse, pero antes de dar un paso Karin observo que su equipaje no era para una simple visita de cortesía, entonces por simple curiosidad, le pregunto si tenía un destino adicional. Sakura no deseaba volver a ser el blanco de sus burlas, así que se limitó a responder:

– Por estos días ocurrió algo importante…

Entonces se fue, ofendida pero aliviada de que la visita no terminara en golpes. Karin se quedó mirándola hasta que la perdió de vista.

– Aun no te has recuperado ¿y vienes a mí por razones tan triviales? ¡Ridículo! pero que puedo esperar de gente de su clase.

Luego chasqueo los dedos para llamar a su mayordomo de confianza, tenia un par de mandados que pedirle.

La humillación hizo que Sakura olvidara el encanto de la zona y bajara de prisa, se decía a si misma lo tonta que había sido al pensar que Karin aceptaría de buena gana sus intenciones, deseaba irse, irse cuanto antes; por fortuna, al llegar a la estación, el metro que la llevaría a su siguiente objetivo se preparaba para salir, como si el destino mismo la estuviera esperando.

Sakura decidió olvidar el incidente y concentrarse en su segundo objetivo, aunque no sería tan fácil de encontrar, estaba segura que sería mucho más placentero si lo lograba: El dojo del maestro Gouken.

Sakura había estado a punto de visitarlo, pero jamás había tenido el placer. Gracias a un par de indicaciones que Ryu le dio (prácticamente sacado a cucharadas) sabia donde detenerse e iniciar a caminar. Se imaginaba un dojo sencillo, quizá en ruinas, ubicado en el secretismo de los bosques, rodeado de pura solemnidad marcial. Sin embargo, toda esta ilusión se opacaba por el objetivo, ya que esta búsqueda no era otro arranque fangirlero, sino algo más serio; necesitaba una palabra, una técnica, o cualquiera cosa, para contener lo que empezaba a surgir en su interior.

Llego a la estación en cuestión de tres horas, Sakura salió del mismo modo que la parada anterior; saltando de entusiasmo.

Después de caminar por una hora, llego a un pueblo que estaba bajo las faldas de un inmenso bosque, se sentía fresquito como caricia sobrenatural, era sencillo, tan sencillo que las frivolidades y el clasismo no existían ni siquiera en palabras, no transitaban demasiados vehículos, pero si bicicletas que escandalizaban con sus campanillas y fierros chillones.

Sakura deseo que los motivos de su visita fueran diferentes.

No tardó mucho en abandonar el pueblo y adentrarse en la espesura verde. Una paz tan distinta la rodeo, quizá por los santuarios que se encontró por allí, talvez por la fragancia de la naturaleza, o la sinfonía de aves e insectos en la distancia.

A medida que avanzaba, se preguntaba como debió ser el mundo de Ryu, se imaginaba algo tan hermético, dedicado totalmente a la ciencia de los puños, sin mirar o desear algo más, pero ¿Qué podría saber ella? Después de todo, pocos habían sido los momentos que había compartido con él, debido al ajetreo de las luchas; por lo tanto, desconocía muchas cosas, y el hecho que el fuera tan reservado no ayudaba mucho.

– Ryu San…

Las horas andando se gastaron tanto que le agarro la tarde, por fortuna la confusa andariega no fue en vano. Logro llegar a una cascada, ruidosa e imponente, Sakura brinco en un pie al recordar que Ryu le había dicho que esa cascada era un punto de referencia clave; el dojo debía estar cerca. Vio una senda terrosa a su izquierda; entonces empujada por un extraño sentir decidió seguirla.

Fue Excelente decisión.

Al final de dicho sendero se encontró con un graderío añejo y agrietado. Convencida de haber logrado su objetivo, Sakura subió dando brincos.

Sakura dejo caer su equipaje y extendió los brazos de júbilo al llegar a la cima, finalmente había dado con aquel santuario. Lo primero que hizo fue llamar a Ryu, pero al no tener respuesta decidió entrar.

En su vida había soñado poner un pie. El dojo era vetusto, pero no tan derruido como el de Dan; definitivamente alguien se encargaba de mantenerlo aun si era de manera periódica. Su imaginación se transportó a un hipotético pasado, donde aquel maestro del que apenas conocía el nombre, pulía a sus discípulos con tanta disciplina y amor. Aparte de mirar, sintió la necesidad de tocar, así como los arqueólogos palpan la historia. Un disparatado deseo cruzo por su mente, el querer haber nacido un poco antes, de conocer a ese maestro que Ryu tanto amaba y admiraba.

Sin embargo, no todo era color de rosa, entre la curiosidad e ilusión, también había tristeza y signos de violencias pasadas, más que todo en una parte del dojo donde los tablones de la pared y el piso estaban rajados, con unas manchas resecas, apenas perceptibles.

El sol de la tarde apenas era un hilito en el horizonte. Sakura decidió quedarse a esperar a Ryu, estaba segura que regresaría, él le había dicho que por estas fechas había ocurrido algo… importante.

Al encontrarse sola en una casa en medio del bosque fue comparada con el cuento de ricitos de oro y los tres ositos, donde la niña perdida abuso de la propiedad privada por necesidad y miedo a las amenazas del oscuro bosque. Sin embargo, no quería que Ryu la encontrara holgazaneado como el cuento antes citado, así que decido ejercitarse un poco, pero estaba cansada y sus heridas (aunque leves) empezaban a exigirle una pausa. Sakura se sentó en una esquina y se quedó dormida.


La luna estaba en pleno fulgor, el viento mecía con violencia las ramas de los árboles, hacia frio y las criaturas nocturnas pillaban de inquietud; el bosque entero lo estaba.

El aire frio que se coló por la ventana logro despertar a Sakura. Embriagada de sueño y tiritando de frio le refunfuño a la condición climática, sin embargo, la modorra se le quito de un solo al escuchar que algo pesado había caído.

Sakura había llegado por un sueño, para venir a caer en una pesadilla, donde parecía flotar en una dimensión de oscuridad, frio, miedo, totalmente sola; o al menos eso parecía. Sakura sentía la presencia de alguien, que merodeaba cabal un depredador.

Intentaba localizarlo con la mirada, pero solo veía las siluetas de los arboles mecerse con violencia y escuchaba crujidos aterradores. Sakura no quizo entregarse al pánico, así que intento levantarse y enfrentar al supuesto merodeador, pero al hacerlo sintió un dolor en el pecho. No era producto de su convalecencia, no sabía como nombrarlo, pero podía sentir "eso" regarse por todo su cuerpo.

La presencia del merodeador se sintió más fuerte. Entonces haciendo acopio de su fuerza de voluntad, se levanto y a paso lento decidió salir, temblando de dolor a cada paso. Semejante situación se volvió un triller, donde Sakura era la desgraciada protagonista, que desesperadamente intentaba salvar su vida.

Al salir, Sakura se preguntó si había sido buena idea, el clima estaba mas agresivo de lo que se percibía dentro del dojo, pero debía pelear y no destruir nada del dojo del cual sentía un respeto sacramental.

- ¡Muéstrate! ¡Sal y pelea!

Unas pringas de agua empezaron a acompañar al violento vendaval, haciendo que la visión se dificultara. Entonces sucedió… en uno de sus rápidos pasones de vista, pudo ver un par de luces que resplandecían como carbón encendido en toda la masa negra de los bosques. De inmediato, asumió que era el causante de ese mal rato, entonces sin miramientos se colocó en posición de ataque, se puso sus manos en garra, dispuesta a lanzar un Hadouken, sin embargo, la técnica se volvió irregular, alimentada de miedo e ira. Desgraciadamente la técnica no fue completada, el dolor de su pecho se había extendido a todo su cuerpo a niveles insoportables; todo se volvió oscuro de repente.


Cálidos haces de luz se posaban y alegraban todo el bosque, la niebla decencia amorosa tal cual caricia de madre. Un hombre mayor, se acercaba al dojo con paciente paso, embelesado con las bendiciones mañaneras. Era calvo, de cara dura, pero de ojos pequeños y dulces, casi escondidos por lo poblado de sus cejas negras, era fornido como si la edad no había logrado desinflarle los músculos. Al llegar al dojo todo el encantamiento se esfumo al ver a una muchacha tirada en el patio. Entonces mando al diablo la vejez y se acerco a toda prisa para socorrerla.

- Oye... Oye… ¿estás bien?

La voz de aquel hombre fue un jalón a la conciencia, Sakura abrió lentamente los ojos, al mismo tiempo que intentaba discernir el veloz palabrero, la imagen del casi anciano y los fastidiosos rayos de sol, la confundieron, se sobresaltó y se arrastró hacia atrás.

– Tranquila no te lastimare.

Respirando agitadamente y confundida se preguntaba como había ido a parar allí.

– Lo mismo me pregunto ¿te perdiste en el bosque? ¿eres alguna turista?

Sakura no estaba en condición de responder y en un intento de levantarse, quedo sembrada de un solo en el suelo, intentaba recomponer lo sucedido de la noche pasada, pero le dolía tanto la cabeza, que le costaba discernir si el incidente y su llegada al patio, habían sido producto de alguna pesadilla y un crónico sonambulismo.

- Ryu san…

- ¿Buscabas al joven Ryu?

- Si – Dijo levantando la mirada, prestándole atención por primera vez.

- El joven Ryu y el joven Ken vinieron hace tres días, y no sé hasta cuando regresaran.

Sakura quedo profundamente decepcionada al escucharlo, su viaje había sido totalmente en vano.

– ¿Eres alguna amiga de ellos?

Sakura no supo que responder, no era alumna de Ryu por mucho que lo deseara, tampoco podría considerarse una estrecha amiga de Ken, muy a pesar de que mas de alguna vez, el la había tratado como una hermanita pequeña.

– Solo… compañera de puños… Supongo.

Tambaleante y aun confundida, Sakura se levantó, traería sus cosas y se iría inmediatamente. El hombre quien tampoco entendía del todo la situación, puso su mano en el hombro de la chica y le hizo una pregunta inesperada e interesante.

– ¿Quieres dar tus respetos al antiguo maestro de este dojo?

Sorprendida por la extraña propuesta, abrió los ojos de par en par y asintió.

De inmediato ambos partieron a la tumba del maestro Gouken, que estaba a dos horas de camino.

La lapida fue tan fácil de identificar, era la única que se alzaba en una pequeña colina, pelona, árida, como un desierto en medio de lo inmenso verde. Ambos llegaron con el corazón solemne, pero Sakura fue la más afectada por el funesto ambiente, su personalidad radiante se había esfumado y transformado en una seriedad tan pulcra que podría rivalizar con la de Ryu. Al llegar a la tumba, vio una botella de vino semi vacía y un ramo de flores; la pobre muchacha quedo avergonzada. Primero porque no traía ninguna ofrenda, solo una oración fúnebre que le habían enseñado en la escuela. Segundo porque finalmente comprendió lo de "fecha importante" Ryu le había contado acerca de la muerte de su maestro, pero nunca le dijo ni la fecha exacta, ni le especifico las circunstancias, simplemente se limitaba a decirle, que le habían arrebatado a su maestro.

A Sakura solo se le ocurrió sonreír de amargura, ambos viajes habían sido un total fracaso; pero aun con los sinsabores de la decepción, pensó que lo mejor había sido no haberse encontrado, ya que, de estar presente, se hubiera convertido en un estorbo en ese aniversario tan fatídico y especial.

Sakura llego al pueblo mas rápido, gracias al misterioso hombre quien le enseño una ruta distinta. El señor aún estaba preocupado por el estado de la muchacha le sugirió descansar en un lugar más digno, pero Sakura amablemente se negó, le dijo que alguien la esperaba. Si bien era cierto que pasaría al hospital, era mas por decepción que se iba. Antes de partir y agradecerle, le pidió que, si por casualidad Ryu llegaba al dojo, no le dijera nada de su visita.

El viaje de vuelta a casa fue sencillo, nada de apretones de la multitud, desplantes por su posición social, ni sucesos sobrenaturales. Solamente un viaje de vuelta a Tokio.

Sakura paso por el hospital antes de irse a casa, tal como le dijo aquel señor, del cual no supo ni el nombre. El diagnostico favorable de su amiga, fue su única razón de sonreír entre tanto revés. Llego a casa en la tarde, sucia, trasnochada y arrastrando los pies.

Su peludo amigo le recibió tan jovial como siempre, zarandeando el rabo enérgicamente, Sakura aparto un pedacito de cariño para él, le acariciaba y abrazaba al tiempo que le revelaba que su viaje había sido un chasco.

Al anunciar su llegada nadie le contesto. Hubiera asumido que nadie estaba en casa, de no ser por la musiquita de 16 bits que se escuchaba por la sala; como era de esperarse encontró a Tsukishi entregado a sus videojuegos. Tsukishi a pesar de estar en plena faena, pudo ver a Sakura asomarse.

– Hermana haz vuelto, Mama salió de compras – Dijo sin despegar la vista de la pantalla.

Sakura rodo los ojos…

– Por cierto… – Dijo antes que su hermana se fuera a su habitación – Ayer vino una carta para ti, mama la puso en tu cama.

La curiosidad le restauro momentáneamente las fuerzas, subió de prisa, abrió la puerta de su habitación y al entrar vio una carta de sobre blanco, encima de su cama. Aventó su mochila y se zambulló en la cama. Antes de abrirla la miro revés y derecho, pero no tenía remitente, solo unos cuantos sellos y el nombre del destinatario; entonces incapaz de soportar el suspenso, abrió la carta. Grande fue su sorpresa al encontrar dólares americanos, un boleto de avión para Hong Kong y una pequeña nota que decía lo siguiente:

Señorita Sakura:

En mi gira de negocios tuve el placer de encontrarme con Ken Masters, un encuentro que me resulto gratificante, no solo por el asunto financiero, sino porque compartimos experiencias como luchadores. Desafortunadamente su tiempo era limitado, debido a un "asunto importante".

He de suponer que está involucrada con ese "asunto", por tal razón envió esta carta. Si en dado caso no encontrara a Ken Master, talvez le encontraría en Hong Kong, ya que el mismo me revelo que sería su siguiente destino, una vez terminado el "asunto".

Una vez resuelto todos los inconvenientes, estaré dispuesta a enfrentarle.

PD: No tengo necesidad ni interés en que se me devuelva el contenido de la carta.

Karin Kansuki.

Al finalizar la nota, Sakura se quedó sin palabras, la formalidad del escrito no era necesaria, solamente era altanería y exigencia de su alto linaje. No obstante, la intención era más que explicita. Karin sabía que algo empezaba en el interior de Sakura, quizá peligroso e incontenible.

Una vez resuelto el problema (tal como lo decía el escrito) ambas medirían sus fuerzas. Pero ahora era imperioso buscar una solución a ese sentir que dormitaba tal cual una bestia. Sakura dejo la carta en su cama, se paro frente a la ventana y con una reverencia, totalmente conmovida pudo decir:

– Gracias…


Notas de la autora:

Un capitulo un poco calmado pero necesario, después de lo agitado del anterior; necesitaba hacer una pausa.

Por si alguien pregunta, el asunto de la banda, ya está cerrado, talvez lo mencione y utilice de manera superficial en capítulos posteriores. En uno de los comentarios finales dije que solamente sería el detonante, ahora que ya está terminado podemos pasar a lo que realmente nos compete.

Una cosa que olvide mencionar en el capitulo anterior, es el asunto de Karin. Confieso abiertamente que ella no me caía nada bien; de hecho, Vega y ella estaban entre los personajes que más odiaba de la saga. Karin me hartaba en los juegos, y que decir de UDON comics, allí me caía mucho peor. Sin embargo, para mí fue sorpresivo y agradable el salto que dio en Street Figther 5, si bien siempre tiene esa personalidad tan clasista y altanera, además que su lucha por el mundo fue en venganza porque Shadaloo le jodio un satélite xDDD Debo reconocer que me agrado verla más madura y teniendo un excelente don de Mando.

Ahora… hablando de su relación con Sakura, me atrevo a decir que a pesar de su fiera rivalidad (tal como lo dije en el fic) tienen un grado de amistad y ¿porque no? se valoran e incluso puede que se apoyen. En este caso Karin se dio cuenta que algo andaba mal en Sakura, por lo que tomo cartas en el asunto, aun si es a su manera, aunque… (nadie te regala dinero y un boleto de avión xD)

Bueno eso es todo por el momento.