Capítulo 6: Impulso.

Ryu no conoció la rebeldía, ni siquiera en sus años de adolescente donde las hormonas alborotan los deseos y nublan el juicio. Las contadísimas veces en las que Ryu fue regañado, había sido culpa de Ken, quien lo arrastraba deliberadamente a un buen número de "aventurillas" o cuando Ryu se veía obligado a servir de tapadera.

Sin embargo, aun con esa obediencia tan compenetrada, Ryu era un guerrero y llegaría el momento en que desearía abandonar el nido. Gouken lo sabía, sabía que no debía ni podía frenar su vuelo. Cuando llego el momento no hubo dramas, ni agobiantes interrogatorios, simplemente un abrazo, bendiciones y sonrisas satisfactorias. Ryu dejo el dojo apenas se asomó a la adultez.


¡Es inaudito! ¡Solo a ti se te ocurre! – Exclamo el padre de Sakura cuando ella le dijo que iría a Hong Kong sola.

– Además, si no va el maestro Hibiki, ¿quién velara por ti?

Sakura se tragó una carcajada ¿En serio su padre veía en Dan alguien responsable? ¿Alguien capaz de cuidarla, cuando normalmente eran Blanka o ella quienes terminaban socorriéndolo?

– ¡Pero papá…!

– ¡He dado mi última palabra! Suerte has tenido que te dejáramos ir a ese viaje "tan importante" del que por cierto, dijiste que regresarías ayer.

Sakura estaba que prendía en furia, su padre no entendía la urgencia, debía irse, antes de que fuera demasiado tarde. Entonces en un ataque de enardecida rebeldía se dio la vuelta y asevero que iría, así fuera sin su consentimiento. Por primera vez, el señor Kasugano experimento la fiereza de su desacato, la falta de costumbre hizo que en un autoritario arrebato, tomara la mano de su hija, para que lo mirara directamente a los ojos, pero antes de terminar la acción, Sakura le aparto la mano con violento ademan; fue la gota que derramo el vaso. A punto estaba de imponer un castigo, cuando Sakura volteo repentinamente y asesto un golpe tan tremendo, que el pobre hombre salió despedido y fue a caer en el módulo donde estaba el televisor y los videojuegos de su hermano. Su madre quien también estaba presente e intentaba mediar la situación fue a socorrer a su marido, para darse cuenta a los pocos minutos que nada podía hacerse.

– ¡¿Qué has hecho?! ¡¿Qué has hecho?! – Exclamaba entre histéricas lágrimas.

Pero no hubo respuesta, la desafortunada madre también recibió todo el peso de su furia.

Tsukishi quien había oído el griterío desde la segunda planta, bajo a paso de liebre, solo para encontrar a su hermana en medio de una fatal escena. Aterrado, el muchacho se paralizo, incapaz de articular palabra. Sakura apretó los dientes y los puños y se abalanzó sobre el asustadizo muchacho.


Sakura ahogo un grito y se dio de bruces contra el asiento delantero del avión. En un solo momento susurro un par de palabras soeces, mientras intentaba mermar el dolor del golpe con sus propias caricias. Después de calmar su respiración, secarse la frente empapada y salir del desconcierto de su pesadilla, miro al lado suyo a su compañero de vuelo. Un cuarentón regordete que le colgaba un hilito de baba en la comisura derecha, roncando perenne y profundo. El jocoso cuadro le saco unas ganas de reírse que eran más de alivio que de gracia.

– ¿Como pude soñar algo así? jamás… jamás me lo hubiera perdonado.

Sakura se cuestionó una y otra vez como semejante barbarie se alojaba en su mente, cuando en realidad no hubo necesidad de acalorarse. La familia Kasugano rayaba el arquetipo de familia civilizada y feliz, donde la violencia no encajaba en el método, incluso en los momentos de mayor tensión a duras penas se elevaba el tono. Sin embargo, esto no era sinónimo de flojera o indisciplina, ya que mamá y papá sabían establecer las reglas de manera inteligente y castigar de ser necesario.

Se le había concedido permiso.

Sin embargo, no fue sencillo, pasaron algunas cosas antes de encontrarse a varios metros de altura, con destino a Hong Kong. Primero tuvo que gastar esas horas donde la familia convergía sin prisas, ni apretados compromisos; normalmente la hora de cenar. Sakura se dio la tarea de convencer y elaborar estratagemas con un cuidado sin precedentes, para convencer a sus progenitores que se habían vuelto sordos repentinamente. Suerte que el boleto estaba programado en un plazo cuatro días, sin contar el día en que recibió la carta; gracias a Dios Karin preveo algún revés. Tanta fue la insistencia de Sakura que sus padres empezaba a derretir su autoritaria frialdad, no obstante, una nueva pandeada salió a relucir. Dan debía acompañarla y debía ser él, quien validara sus palabras. Tal condición la contrario, no entendía que clase de embrujo poseía para enganchar a sus padres de ese modo; quizás el hecho de que hasta la fecha había fungido exitosamente como promotor, o tal vez esa manera de ser, tan jocosa inspiraba confianza, aunque para algunos ese carisma no era más que idiotez. Sakura fácilmente podía ir a pedirle ayuda en alguna coartada, pero temía que "su mentor" se le pegara como un chicle y que se tomara la responsabilidad demasiado en serio; esta vez, era imperioso realizar este viaje sin acompañantes e intermediarios.

Paralelamente al asunto de sus padres, estaba "eso" al que decidió llamarlo "impulso". En una de esas, estuvo a punto de írsele la mano con Blanka en uno de esos sparrings en los que normalmente había diversión de por medio. Ese día, Blanka ejecuto un Rolling attack que Sakura no pudo esquivar, la pobre muchacha voló y se dio contra la pared. Apenado, Blanka corrió a socorrerla, pero al ofrecer su mano, Sakura lo jalo violentamente haciéndole perder el equilibrio, desequilibrio que aprovecho para patearle la tibia. Cuando Blanka estaba en el suelo, Sakura se levanto de repente, se abalanzo sobre su compañero y con su mano derecha le agarro el macizo cuello apretándolo con tremenda fuerza, mientras su mano izquierda se alzaba, lista para propinar la golpiza. La intervención de Dan, y los inocentes ojos de Jimmy que parecían los de un lastimero animal a punto de ser sacrificado, le regreso la conciencia e inmediatamente le libero. De un brinco Blanka se fue a un rincón, asustado y dolido por el traicionero actuar de quien consideraba una dulce amiga. Cuando Sakura volvió a sus cabales, le suplico que le perdonara; Por suerte Jimmy no conocía de rencores.
Este nuevo "impulso" la obligo a prometerse a no alzar los puños a menos que fuera altamente necesario, además de dejarla temerosa que algún día sería incapaz de controlar ese hervor de su sangre, y que terminaría manchándose las manos y el alma de puros pecados; debía encontrar a Ryu cuanto antes. Entonces ideas de fuga empezaron a rondarle la cabeza, después de todo, un castigo severo a las quinientas no caía mal si era por una buena causa ¿verdad? ¡Ay que falta hacia Kei en esos momentos! Para inventarse alguna coartada.

Al terminar ese entreno, no quiso regresar a casa temprano a quebrarse la cabeza con palabras correctas, así que se desvió al puente, donde estaba ese rio raquítico hambriento de lluvia, a practicar en soledad, a esa hora escogida donde la reflexión emergía al mismo tiempo que el anochecer. Ese puente era un paso obligatorio para algunos transeúntes, pero jamás prestaban atención a lo que había bajo este, para la gente solo era un terreno peludo de hierba, llena de charquitos y piedras redondas. Para ella era eso también hasta el incidente de Kei; ahora le parecía un lugar esplendido. Se entrego totalmente a las formas de su arte, lanzando patadas y puños al aire, contra esos bravos oponentes que dibujaba en su imaginación. El destino quiso que el señor Kasugano obligadamente tomara esa ruta, debido a un desfile que bloqueo su ruta habitual; un grito le hizo mirar abajo del puente, grande fue su sorpresa al encontrar a su hija en plena faena. A punto estuvo de llamarla, pero al ver la seriedad, la concentración y la elegancia con la que combatía al aire, se contuvo. Ya había visto a Sakura hacer ejercicio, pero nunca la había visto así; pero la cúspide del asombro llego cuando Sakura se elevo al hacer ese Shoryuken, torpe para los expertos, pero asombroso para los mortales. Entonces esbozo una sonrisa de orgullo antes de seguir su camino.

Sakura llego a casa una hora después de que llegara su padre, con la cabeza seca de palabras. La hora de la cena fue silenciosa, interrumpido por el sorbo de la sopa y el masticar de los alimentos; no hubo palabras, pero si miradas y expresiones faciales que expresaban tensión y los deseos de sacarla. Sakura subió a su habitación después de lavar su traste, se acostó en su cama a planear la fuga. No paso demasiado tiempo maquinando cuando su padre entro y se sentó en el filo de la cama. Sakura se levantó, segura que escucharía un modorro discurso de las consecuencias de su viaje sin compañía; sorprendentemente no fue así, su padre se quitó unos lentes cuadrados que siempre utilizaba, repaso su mano por su alborotada cabellera, respiro profundo y al final de todo ese preámbulo gestual, solto aquellas palabras que Sakura tanto deseaba escuchar.

– Puedes ir.

Sakura le miro sorprendida, quiso brincar de alegría y saber el motivo de tal cambio, pero tuvo que reprimirse por miedo de arruinarlo todo. Su padre leyó la inquietud de su hija y sonrió lo mas dulce que le permitió la paternidad.

– Cuando nos enteramos de lo que habías hecho en la chatarrera, sentimos que el corazón se nos salió del pecho, fue peligroso e imprudente lo que hiciste.

– Lo siento – Dijo Sakura bajando la mirada.

– Luego volviste a partir, dejándonos otra vez con el buda en la boca. ¿Pero sabes? Estas cosas pasan, llega un momento en que los hijos tienen claros sus objetivos y saben el camino que deben tomar, creo que tu lo tienes claro ¿no es así?

Sakura asintió.

– Creo que necesitaba ver más allá, que detrás de esa repartición de golpes se esconde algo mas especial, por lo tanto, como padre no deseo ser una piedra en tu camino, ahora ve y cuídate mucho.

El señor Kasugano estaba a punto de levantarse e irse, cuando de repente sintió la fuerza del abrazo de su hija, quien lloraba de emoción. Mientras esto ocurría, su madre observaba la conmovedora escena desde el rabillo de la puerta.

Así es como ocurrió en realidad, en lugar de ese horrido final alternativo que le mostro su pesadilla.
Al volver a la realidad Sakura se fijo que, en la ventana tapada, había un hilito de luz, curiosa, levanto la cortina para quedar embelesada al ver como el sol se dejaba ver entre un cumulo de nubes, la gama de dorados y escarlatas del ocaso provocaba una hipnosis dulce; nunca algo tan cotidiano le había parecido tan bello, quizá por la cercanía y ese deseo de atravesar sólidos para sentir su calor. El reflejo del atardecer le pego en la cara a su compañero de asiento, quien apretó los ojos, ronco como un cerdito antes de despertarse y mirar hacia la ventana.

– Hermoso ¿No lo cree? Esto es lo más cerca que puedo estar del sol, nunca me pierdo su transición pese a estar en pleno vuelo profundamente dormido; el sol siempre es sinónimo de esperanza.

– Si - Dijo Sakura embelesada – Es simplemente hermoso.


Eran como las 18:00 horas cuando la aeronave se asomó entre el firmamento color purpura. En el interior, las aeromozas instruían en normas de seguridad en diversos idiomas, mientras los pilotos se comunicaban con la torre de control, para conocer el estado de la pista y las condiciones de aterrizaje; todo estaba en orden. La nave empezó a descender, las llantas chillaron al tocar tierra firme y rápidamente perdió velocidad hasta llegar a cero. Antes de bajar, unas ultimas palabras de rutina fueron dichas, para finalizar con una bienvenida a Chek Lap Kok, el principal aeropuerto de Hong Kong. Una sensación de alegría y libertad rodeo a Sakura cuando abrieron la puerta, por primera vez en su vida se lanzaba totalmente sola contra el mundo.

Una vez en el aeropuerto ordeno los asuntos de equipaje y migración. Mientras estaba en esas, no dejaba de admirar la conglomeración cultural que iba y venía, escuchar esos diversos idiomas, (muchos desconocidos) y encantarse por las escenas de encuentros y despedidas que variaban entre las risas y el llanto, incluso las emociones neutras en el caso de las esperas.

Cuando las diligencias se completaron, salió del aeropuerto; tomo el primer taxi que vio y le pidió al conductor que le llevara a la dirección que Karin le había indicado en la carta.

Para el conductor, no era muy común tener pasajeros solitarios tan jóvenes en esa zona; así que, no espero demasiado para exteriorizar su curiosidad e intentar sacar platica. Sakura fue sincera pero cortante: estaba en busca de una solución.

El taxista pudo haberla llevado sin escalas a donde Ken se encontraba, desafortunadamente la ruta se truncó al encontrarse con un agudo congestionamiento.

– Estamos en plena hora pico – refunfuño el conductor – Pero parece ser, que hoy es de esos días que es más pesado de lo normal.

Sakura apenas le contesto, semejante cosmopolita asiática la tenía encantada e incrédula por esta libertad tan amplia y nueva, entonces deseos de aventura empezaban a carcomerle por dentro, y nublarle la urgencia del asunto. Al final decidió bajarse en pleno congestionamiento, no sin antes pagar el pasaje; después de todo, además de ser peleador, Ken era hombre de mundo y esas horas de seguro andaría por alguna reunión de alta sociedad.
No tenía idea en qué lugar se había quedado, y tampoco importaba, quería disfrutar el hecho de que no tenía que adaptarse a la ruta de terceros.
El ambiente oriental con sus rascacielos relucientes e imponentes, variedad comercial y sus grandes cartelones prendidos de neón, no eran demasiado diferentes de su tierra natal, pero su condición de turista la hacia apreciarlo con diferente óptica. Paso por calles, un parque, hasta por un cine donde la función principal era "la furia del dragón volador" protagonizado por ese actor que aquella chica tanto deseaba enfrentar.

Aun en su alegría liberal, Sakura procuro andarse por zonas comunes, y accesibles económicamente hablando; ya era imprudente haberse saltado la urgencia para venir y gastarse deliberadamente el dinero en tonterías. Llego a una zona donde había varios bazares, repletos y coloridos, donde se exhibían prendas y souvenirs, el griterío de los precios, ofertas y regateos confundían el oído y el olor a comida hacia agua la boca; fueron esos suculentos olores y el rugir de su estómago que le obligaron a detenerse y comprar un bocadillo ligero.

Este tipo de puestos, se caracterizaban por servir variedad de platillos orientales y a veces licores; esto era propenso a que algunos se encantaran con la variedad y no supieran medir sus límites.

Cuatro grandulones y de vulgares modos se emborrachaban. Al juzgar por sus vestimentas polvosas, gruesas, camisas desmangadas y zapatones tan anchos como ladrillo, uno podía pensar que eran empleados de construcción. Sus temas de conversación, no pasaban de lo zorras que podrían ser las mujeres y lo "sagaz" que se debe ser a la hora de "complacerlas". Tales temas incomodaban a la demás clientela que volteaban a verlos con disgusto; pero con cuidado, ya que ese tipo de sujetos y mas aun en estado de ebriedad podrían estallar a la más mínima provocación.

Estas patanadas no le eran indiferentes a Sakura, quien miraba de cuando en cuando por encima de su tazón de ramen, tenía ganas de cerrarles el pico de un solo puñetazo, pero no podía permitir que "su impulso" se le saliera de control.

Desafortunadamente uno de los sujetos, noto el repudio que provocaba en Sakura, se levantó y se acercó dónde estaba ella, se sentó en la banca que estaba frente a ella y, la miro de arriba a bajo por un rato, antes de preguntarle porque se atrevía a mirarlo con semejante desdén. Sakura se maldijo a si misma por haberlo provocado, desvió la mirada para evitar agrandar el problema y porque su aliento alcoholizado le provocaba nauseas.

El dueño del kiosko temiendo una pelea, tomo el teléfono para llamar a la policía; por suerte, antes de marcar el primer digito, uno de los sujetos intervino y aun en su borrachera, le insistió en no perder el tiempo con una pobre muchachita.

– ¡Ah! Todas las mujeres son unas putas. – Refunfuño mientras era jalado por su compañero.

Los sujetos se fueron al poco rato para alivio de Sakura. Tal situación fue como estar atrapada en una caverna, frente a las feroces y malolientes fauces de algún animal; que suerte tuvo esta vez.

Sakura se apresuro a terminar su improvisada cena y buscar un taxi, ya eran pasaditas las 21:00 horas y no deseaba tentar mas a la suerte. Al llegar a la parada, apenas levanto la mano cuando un taxi le hizo parada. Esta vez el conductor no era un cuarentón parlanchín, sino un joven que quizá le rebasaba un par de añitos. Las únicas palabras que cruzo el conductor con ella fueron cuando le pregunto su destino. El recorrido fue silencioso y placentero hasta que un loco les rebaso con tal violencia, que se llevo el espejo retrovisor derecho y golpeo el parachoque superficialmente, pero de tal forma que el chofer perdió el control, a su vez, conductores aledaños también se vieron afectados, provocando un accidente múltiple.

Todo paso tan rápido y los afectados tardaron unos minutos en entender la situación, Sakura estaba aferrada al asiento como un gato asustado, con el pelo alborotado y el corazón a punto de salírsele del pecho.

El conductor salió del taxi y vio el espejo roto y el golpe del parachoques, la callada pinta fue mandada al demonio y transformada en una mescla de preocupación e ira, entonces se olvido de su pasajera y fue a reclamar a los responsables quienes vitoreaban como gorilas locos. Sakura que quedo un poquito más, agradeciéndole a cuanta deidad se le vino a la mente el hecho que aún seguía en el plano terrenal.

Al salir, vio que 5 vehículos se involucraron en el accidente, entre ellos una lujosa limosina. Por fortuna no hubo heridos, pero sí averías materiales, enojo y palabras soeces. Sakura escucho un golpe seco a la distancia y vio como el joven conductor caía de espaldas contra el suelo; sin pensarlo, Sakura corrió y vio como el pobre muchacho era rodeado por cuatro hombres; los responsables del accidente.

Tal injusticia colmo su paciencia, entonces, impulsivamente olvido el hecho de que no debía meterse en líos y se plantó frente a los tipos.

– ¡¿Después de todo lo que han hecho no piensan responsabilizarse?!

Pronto la valentía se le desinflo, al reconocer a los responsables; eran los mismos cuatro escandalosos del puesto de comida y para empeorar la situación, el sujeto que la había molestado apenas unos minutos antes, la reconoció de inmediato. Este se trono los dedos y sonrió; ahora tenía razones de sobra para darle una paliza.

Ya no había opciones, Sakura debía levantar los puños…

Pero antes que la pelea iniciara, el borracho sintió que le tocaron el hombro.

– ¿Sabes amigo? Deberías escuchar a la señorita, debes responsabilizarte de tus actos.

– ¡No te metas en lo que no te importa! – Dijo el borracho al mismo tiempo que aventó un gancho al darse la vuelta.

Sakura quedo contrariada, tanto que no vio lo ridículamente rápido que el lugar del accidente se transformó en un escenario de pelea callejera, los afectados y los transeúntes formaron un circulo para "disfrutar" el repentino espectáculo. Sakura quien había quedado fuera, quiso saber quién le había ahorrado la molestia, abriéndose paso entre el gentío.

Cinco minutos duro la pelea aproximadamente, y para su desgracia tuvo que conformarse con el sonido de los golpes estrellarse y el vitoreo de la multitud. Cuando logro finalmente abrirse paso vio la espalda de un hombre de smoking negro, sacudiéndose las mangas y recomponiéndose el cabello y alrededor suyo, estaban los borrachos trasero arriba quejándose de dolor; impresionada por la rapidez de aquel extraño, quiso acercarse, pero antes de dar el primer paso el vencedor le hablo:

– Parece ser que Hong Kong no te ha tratado bien, pero no te preocupes Sakura, no siempre es así.

Sakura ahogo una exclamación ¿cómo diablos este hombre sabia su nombre? Por fortuna la incógnita no duro, el caballero revelo su identidad al voltearse, dejando ver esa expresión pilla y confianzuda tan inherente de su personalidad.

– ¡Ken! ¡no puedo creer que seas tú! – Exclamo Sakura de felicidad.

– Esperaba que nos encontráramos en "diferentes circunstancias" pero no importa, salgamos de aquí, antes que venga la policía, y me haga perder el tiempo con declaraciones inútiles.

Amigablemente Ken invito a la muchacha a su limosina, luego le ordeno a su chofer un hombrecillo mayor, pero muy experimentado sacarlos inmediatamente de allí. Pero Antes de irse, Sakura miro tras de sí, al joven taxista que aún seguía sentado en el pavimento maldiciendo su suerte y resintiendo el inminente despido que le esperaba por el espejo roto y el doblón del parachoques; conmovida, la joven se acercó, le pago el pasaje y le dejo un poco más de dinero para que al menos pudiera reponer el espejo retrovisor; sorprendido por este gesto, agradeció a su pasajera con una reverencia.


Resulta que, a pesar del golpecito en la parte trasera, Ken no tenía intenciones de hacer reclamos, pero al ver por la ventana a Sakura plantarse valientemente frente a los sujetos, decidió salir y… ahorrarle la molestia.

Sakura sonrió y rodo los ojos, definitivamente a la casualidad le gustaba divertirse a sus anchas.

– Bueno… – Dijo Ken – Esperaba que vinieras más temprano.

Sakura se rasco la cabeza antes de preguntarse como sabía que vendría a visitarlo, Ken leyó su expresión y se apresuro a contestar que fue Karin quien le llamo y le pidió de favor que atendiese lo que Sakura tenía que decir, reiterándole que, a pesar de sus ocupaciones, no sería ninguna molestia hacerlo; avergonzada, la pobre muchacha llevo una de sus manos a su rostro.

– Lo siento, no pretendía causarte tantas molestias, además admitiré que me siento vigilada.

– No te preocupes, no es ninguna molestia, además no estas siendo vigilada ni nada por el estilo, lo que suceda de aquí en adelante, será totalmente de acuerdo a nuestras decisiones – Contesto Ken con una carcajada.

Sakura enrareció su sonrisa, al no saber distinguir si las acciones de su rival eran por genuina preocupación o simplemente no deseaba impedimentos en su "revancha"; definitivamente Karin era toda una caja de sorpresas.

Treinta minutos duro el recorrido, recorrido que no se sintió debido a las amenas charlas y la camaradería de Ken; talvez no se estaba tratando nada del asunto que la había obligado a viajar tan lejos, pero con Ken Master la perdida de tiempo no existe.

El chofe estaciono el larguirucho vehículo e inmediatamente les abrió la puerta. Al salir, Ken despacho al conductor y luego se llevo a su invitada, salieron del extenso estacionamiento y luego llegaron a una enorme y elegante recepción, con enormes lámparas colgantes de color blanco tan intenso que parecían que varios soles iluminaban cada centímetro, el piso relucía como un espejo, había alfombras rojas y azules de terciopelo. Ni siquiera en los mejores salones de Shadaloo vio tanta elegancia.

La pobre muchacha hubiera quedado deslumbrada para siempre, de no ser porque Ken le llamo; avergonzada, Sakura se apresuró a resguardarse en su presencia, ya que, pese a que la opinión de los demás le importaba un bledo, esta vez sí que se sentía fuera de lugar, más aún cuando un botones se ofreció para cargar su equipaje.

– Eres mi invitada Sakura, nadie tiene que decirte nada, además si algo me gusta de este hotel, es el trato imparcial que tienen con sus clientes.

Sakura se limito a asentir, Ken le había leído el pensamiento otra vez…

Ambos fueron escoltados por el botones a la habitación numero 78; una de las mejores que podía ofrecer el hotel. Al llegar, el botones dejo su equipaje y reitero que estaba totalmente a su disposición. Sakura volvió a admirarse, al ver tanta amplitud, pureza y elegancia.

– Ponte cómoda, regresare en un momento – Dijo Ken, antes de desaparecer en una de las sub habitaciones que había.

Sakura suspiro, movió el cuello en círculos quitándose todo el estrés del día, vio unos sillones en medio del gran salón y se dejó caer allí. La comodidad llego al instante con la preocupaciones, ¿cómo le explicaría a Ken el problema, sin que lo interpretara como una tontería adolescente? ¿O un pretexto más para encontrar a Ryu?

Karin se había tomado demasiadas precauciones para que esta empresa tuviera éxito, ojalá que una de esas le haya dado al menos un indicio.

– ¡Oh Estas aquí! Nos alegra que finalmente puedas visitarnos, Ken vendrá dentro de un momento, ten un poco de paciencia.

Sakura levanto la mirada, y quedo deslumbrada ante la dueña de esa dulce voz. Una mujer bella, de cabello rubio ondulado, ojos que brillaban por su expresión amable y azul intenso, de complexión tan delicada que parecía una diosa.

Sakura se levanto y saludo lo mas cortés que pudo, provocando una delicada risita en la misteriosa dama.

– Me temo que han hablado mucho sobre nosotras, pero no hemos tenido el placer, Sakura mi nombre es Eliza.

Sakura deshizo las frías formalidades y sonrió amigablemente; ella era la novia de Ken.

– Bueno… – Dijo Eliza sonrojada y juntando las manos sobre su pecho, dejando a la vista un reluciente anillo – Pronto seremos más que eso.

– Me alegra por ustedes ¡Felicidades!

Cuando Ken regreso, sonrió al ver lo bien que se cayeron al instante, luego se sentó a la par de su prometida y le pregunto a Sakura el motivo de su viaje; Pero Sakura no pudo responder, su mente se remolineo en una caótica indecisión, entre no saber como empezar, no verse demasiado frágil ante el problema, o simplemente no decirle nada por miedo a interrumpirle su bella rutina con su prometida; varios minutos paso en silencio, hasta que la única salida o mejor dicho excusa que se le ocurrió, fue decirle que debía irse a buscar un lugar para dormir. Ken estaba confundido por el repentino cambio, pero antes de decir algo, sintió el apretón de la mano de Eliza, dándole a entender sin palabras y negando con la cabeza, que tuviera paciencia y la dejara descansar.

– Bueno… Creo que ha sido un día largo para nosotros ¿Qué te parece si hablamos mañana?

– Me parece bien.

Luego Ken le arrojo unas llaves que Sakura atrapo en pleno aire.

– Esta suite es bastante amplia, posee cuatro sub habitaciones, en una de esa pasaras la noche.

Sorprendida, pero apenada, admitió que no tenia ni siquiera la mitad para ayudarle a cubrir los gastos de alojamiento; Ken guiño el ojo y amablemente le respondió:

– Después de lo que paso ¿crees que iba a dejarte botada a estas horas de la noche? Ya te lo dije eres mi invitada.

Agradecida por el inesperado detalle, hizo una reverencia, deseo las buenas noches y se fue a dormir, maldiciéndose por la indecisión que la ataco tan de repente.


Aun entre el lujo y la seguridad, no hay forma de detener el embate de las pesadillas, en medio de la oscuridad una atormentada Sakura se retorcía entre las sabanas de seda, sudando helado, balbuceando incoherencias. De pronto como un chispazo de vida Sakura se levanta, aparta las molestas sabanas y sale de la habitación como un autómata. La sala que hace un par de horas relucía, ahora parecía tan fantasmal. Sakura mira atentamente los alrededores, alerta, nerviosa, ¿enfurecida? pero ¿de qué? Continúo abriéndose paso y llego a otra parte de la suite donde había una piscina y más adelante un balcón. Sentía que su ser encandecía, pero no por culpa de la temperatura del ambiente, sino por sensaciones ajenas a su control. Entonces la muchacha se detiene de súbito y dirige su mirar hacia los balcones ¡finalmente lo encontró! ¡eso estaba allí! Entonces apretó los dientes con tal fuerza que rechinaron, con sus diminutas manos simulo las garras de un dragón e inmediatamente una pequeña bola luminosa se materializo, pero antes de lanzarla hacia "eso" escucho un ruido que le despertó de golpe y la esfera que tenia entre manos le exploto.

Ken corrió al escuchar que algo había reventado, cuando llego a la escena quedo anonadado al encontrar a su invitada con las manos lastimadas y totalmente inconsciente. Entonces no necesito mas explicaciones, del porque ella se había atrevido a aventurarse tanto.


Notas de la autora:

¡Uf! Finalmente, el capítulo 6 está aquí, después de varios meses de ausencia xDDD

Las razones de siempre, ocupaciones y demás situaciones limitando mi tiempo, tanto que a veces la inspiración se pierde entre tanta cosa.

Bien… Debo confesar que aparte de lo que acabo de decir, este capítulo fue muy difícil, ya que estaba sumamente indecisa de lo que quería mostrar, y por ende sufrió una gran cantidad de cambios. Originalmente iba a ser mucho mas movido con peleas y todo eso, pero me di cuenta que estaba cayendo de nuevo en el asunto de peleas con delincuentes, y aunque es posible que lo retome, va a ser mas un recurso para acentuar determinadas situaciones y no algo vital en la trama que sigue; eso ya lo tratamos en capítulos anteriores. Así que, me centre en como el problema (que es más que obvio) de Sakura está avanzando.

Lamento también lo lento del capítulo, y que las "peleas" que hubieron fueron terriblemente breves y flojas, esto es algo impropio de mi persona, siempre trato de ser lo más específica y clara posible, pero como dije, necesito abordar esto de manera progresiva. Desde ya, una doble disculpa porque es probable que el siguiente capítulo también sea así.

Hubo muchas referencias y un par de menciones implícitas. Respecto a las referencias, los más observadores o mejor dicho los que vivos "algo por allí" entenderán de que hablo, siendo el número de habitación la referencia más marcada.

Creo que este capítulo será el último del año. Sinceramente no creo tener ni el tiempo ni la inspiración para el capítulo 7, ni siquiera por su segundo año de aniversario que es el 24 de diciembre. Por lo tanto, pese a que es demasiado pronto les deseo una feliz navidad y prospero año nuevo y agradecer a las personas que están leyendo este fic. Espero lo estén disfrutando tanto como yo lo hago escribiendo.

Saludos cordiales y que Dios les bendiga.