Disclaimer: Dragon Ball y sus personajes pertenecen a Akira Toriyama.


-La fuente de la juventud-


Enfrente de un escaparate gigante, Videl miraba con recelo una prenda de vestir que le había llamado bastante la atención. Sin embargo, a pesar de que le había gustado, se encontraba muy insegura sobre si comprársela o no. Después de todo, ya no era una chica como antiguamente y ni siquiera en sus años de adolescente se había vestido de esa forma.

Pero, extrañamente, ese día, aquella minifalda parecía llamarla. Era de color negro, bastante ceñida y, sobre todo, muy corta.

Pan, justo a su lado en el pasillo del centro comercial, la miraba con hastío. Videl murmuraba palabras inentendibles entre dientes y tenía sus ojos azules clavados en una de las prendas expuestas en el escaparate. Se notaba que estaba pensando intensamente porque tenía el ceño ligeramente fruncido, pero de una forma completamente distinta a la que ponía cuando estaba enfadada. La chica sintió una suerte de escalofrío; su padre podría ser un semiextraterrestre con fuerza sobrehumana, pero la que daba miedo de verdad cuando se enfadaba, sin duda alguna, era su madre.

Aquella mañana de sábado, Pan le había pedido a Videl que fueran al centro comercial que acababan de inaugurar en la ciudad. Era muy grande, tenía numerosísimas tiendas y ropa de todas clases. Videl no se lo pensó demasiado y aceptó enseguida.

—Mamá —llamó la chica a su madre, pero esta ni se inmutó porque todavía seguía con la vista fija en la falda—. ¡Mamá!

—¿Qué? —preguntó Videl sobresaltada, mirando repentinamente a Pan.

—¿Vas a entrar a probarte la falda esa que tanto miras o no?

Videl volvió a mirar la prenda. ¿Tenía edad para vestirse de esa forma? ¡Si esa falda se la podría poner perfectamente su hija! Además, ¿qué pensaría Gohan de que empezara a vestirse de ese modo tan de repente?

—No creo…

—¿Por qué no? Si se nota que te gusta mucho —insistió mientras veía a Videl hacer esta vez una mueca de inseguridad extraña con la boca—. ¡Venga, vamos!

La mujer de ojos azules sintió entonces a su hija empujándola por la espalda para que entraran a la tienda y no pudo resistirse por la fuerza que tenía. ¡Malditos genes saiyajin!

Pan se encargó de todo; pidió la falda del escaparate a la dependienta, acompañó a su madre a los probadores y casi tuvo que introducirla dentro del pequeño receptáculo a la fuerza.

Videl, dentro del probador, decidió que se la probaría y nada más. Así tendría a Pan callada un buen rato; sabía lo insistente y cabezona que podía llegar a ser si se lo proponía. Después de todo, tenía exactamente el mismo carácter que ella.

Se desabrochó los pantalones y se los quitó mientras se miraba al espejo. Después, se colocó la falda. Al ver su reflejo, se sintió muy insegura. De repente, los años cayeron sobre ella como una pesada losa y pensó que era una estupidez probarse siquiera algo como aquella minifalda.

Dio varias vueltas sobre sí misma, mirando la longitud de la tela en el espejo y tirando ligeramente de ella hacia abajo para ocultar la piel expuesta de sus piernas.

—Mamá, ¿has acabado ya?

Videl no contestó y, ante el silencio de su madre, Pan asomó la cabeza a través de la cortina del probador para verla.

La miró de arriba abajo con fijeza y la mujer, nerviosa, pensó que su hija estaría resaltando en su mente lo ridícula que era por probarse ese tipo de ropa a su edad.

—¡Te queda muy bien! —exclamó la adolescente con brillo en sus ojos—. Venga, nos la llevamos.

—¿Qué dices? Que no, que no. Que es muy corta. No tengo edad para estas cosas.

—Pero ¿qué dices, mamá? ¿Acaso hay edad para vestirse? Además, tienes unas piernas preciosas —le dijo mientras entraba totalmente a la pequeña estancia y le señalaba esa parte de su cuerpo.

—Es que, no sé…

—¡Nos la llevamos! —afirmó Pan decidida mientras chocaba el puño contra la palma de su mano.

Después, cuando Videl se quitó la falda y salió del probador, la arrastró a la caja y finalmente acabó cediendo, pagándola y llevándosela a casa.

Todo el camino de regreso fue pensando qué pensaría Gohan al verla con una prenda así. Supuso que nunca le diría sus verdaderas impresiones, pues era una persona demasiado cándida, a la que no le gustaba en absoluto herir a los demás y estaba segura de que en más de una ocasión había reprimido sus verdaderos pensamientos para no dañarla.

Cuando las dos entraron al salón, Gohan estaba sentado en un sillón leyendo un libro. Alzó la mirada hacia las mujeres de su vida y después sonrió. Dejó el libro en una mesa cercana y les habló.

—¿Qué tal ha ido? ¿Habéis comprado muchas cosas?

Videl compuso un gesto serio y Pan fue directa a su habitación, recogió algunas cosas y volvió a la sala para despedirse de sus padres.

—Me voy a casa de Bra —informó rápidamente y después le dio un beso breve tanto a Videl como a Gohan—. Mamá se ha comprado una falda preciosa, dile que te la enseñe —dijo la chica dirigiéndose a su padre antes de irse definitivamente.

La mujer de ojos azules se quedó mirando fijamente la bolsa que contenía la minifalda, la cual descansaba sobre el sofá.

—¿Te has comprado otra falda?

Gohan no pudo reprimir el asombro en su voz, pues su esposa usaba esa prenda en raras ocasiones. La había visto con faldas o vestidos, sí, pero para congresos importantes relacionados con su trabajo o para reuniones familiares y de amigos, nunca para ponérselos de forma regular. Incluso últimamente había optado por llevar puesta una falda vaquera, pero no pensaba que fuese a decidir comprarse otra más.

Ante aquella pregunta, Videl lo fulminó con la mirada. Gohan tragó saliva intensamente; no sabía qué había hecho o dicho, pero algo en el brillo furioso del azul de los ojos de Videl le indicó que se estaba metiendo en terreno peligroso.

—¿Hay algún problema? —espetó la mujer con molestia.

—No, no —aclaró Gohan rápidamente para no causar ningún malentendido—. Es solo que me sorprende porque no sueles usar ese tipo de ropa.

Videl se adentró en la habitación matrimonial, llevándose consigo la bolsa de forma furiosa. La arrojó sin cuidado a la cama y empezó a mirarse al espejo. Hacía algunos años que se había dejado crecer el pelo en un vano intento —según ella— de parecer más joven. Usualmente, lo llevaba recogido en una trenza, pero en ese momento decidió soltárselo mientras miraba su reflejo. Además de todo eso, también había cambiado su forma de vestir; solía ponerse en los últimos tiempos y de forma algo esporádica una falda vaquera que se compró también alentada por Pan, aunque esta era más larga y siempre solía recubrirse las piernas con medias u otro tipo de prenda.

—Claro, te sorprende que use esta ropa porque me ves vieja —reprochó Videl, yendo de nuevo hasta donde se encontraba su esposo, quien compuso la cara de asombro y duda más grande que jamás había puesto—. Yo no tengo la culpa de que seas un alienígena que luce monstruosamente joven y que está igual que hace quince años. Lo único que has hecho ha sido ponerte esas estúpidas gafas que solo te hacen ver más intelectual y más sexy que antes. Y yo mientras aquí envejeciendo sin parar. ¿Qué vamos a hacer cuando pasen los años y parezca tu madre?

—Videl —comenzó a hablar Gohan nervioso, sabiendo que dijera lo que dijese, le iba a molestar a Videl—, no eres vieja. Si apenas tienes más de treinta años.

—¡Ese es el problema! Yo parezco una mujer de mi edad, pero ¿tú te has visto? Estás igual que cuando te conocí a los dieciocho. Y yo que soy idiota pues quiero aparentar una edad que no tengo comprándome esa minifalda.

Gohan resopló. En cierto modo, podría llegar a ser normal que Videl se sintiera así, porque era cierto que sus células saiyajin le proporcionaban una juventud inusual, pero él siempre la vería como la más hermosa de todas y se propuso a sí mismo que se lo demostraría en ese mismo instante.

Se levantó y la abrazó para que la molestia se fuera. Y ella enseguida correspondió al gesto, sabiendo que nunca le haría falta otra cosa que no fuesen los brazos de Gohan para calmarse y dejar sus inseguridades y miedos atrás.

—Vamos, ponte la minifalda y me la enseñas. Seguro que te queda muy bien.

Videl se separó de él y le sonrió, encaminándose a la habitación, pero su recorrido se cortó de raíz cuando su esposo volvió a hablarle.

—Videl, ponte solo la falda. Sin nada más.

La mujer se giró brevemente y, al ver un destello de lujuria en los ojos negros de Gohan, se sonrojó. Hacía mucho tiempo que no se sentía así, pues en temas sexuales siempre había sido muy segura, pero al ver a Gohan tan resuelto y decidido, no pudo evitar sonrojarse como una adolescente, a pesar de que habían compartido la intimidad en una infinidad de ocasiones.

—¿Qué?

—Lo que has oído. Ponte la falda solamente y ahora me llamas.

Videl, con cierto nerviosismo, le hizo caso. Se desnudó completamente mientras se miraba al espejo y se puso la falda, que realmente era cortísima.

Le dio la sensación de que no se sentía así desde su primera vez juntos, en la que sin duda alguna él estaba mucho más nervioso y con la incertidumbre de dañarla carcomiéndole el alma. Por eso, fue Videl la que tuvo que llevar las riendas de la situación y también lo hizo las veces posteriores. Con el tiempo, Gohan fue soltándose un poco al principio y después cada vez más, pero nunca lo había visto como ese día.

Como Gohan no escuchó a su esposa llamándolo, se adentró a la habitación y la vio mirándose en el espejo. Su piel solo era recubierta por la pequeña prenda. Sus pechos, que nunca habían sido demasiado grandes, estaban a la vista y se moría por acariciarlos, pero debía, quería, empezar de otro modo.

Videl, al percatarse de su presencia, respingó ligeramente y empezó a observar con detenimiento cada paso que daba.

Primero, el semisaiyajin se acercó por su parte trasera hasta que su pecho dio con la espalda de Videl. La acorraló contra el mueble que había justo debajo del espejo y la miró a los ojos a través de su propio reflejo.

Comenzó acariciándole suavemente el pelo. Siempre le había gustado que lo llevara largo y, en cuanto tenía la mínima oportunidad, se lo soltaba de la trenza que acostumbraba a hacerse.

Se acercó hasta que la distancia entre sus cuerpos se redujo a la nada, colocando bien sus caderas, juntas, como dos piezas de un puzle que encajan a la perfección, y Videl soltó un suspiro placentero.

—Si pudieras tan solo verte con mis ojos, sabrías que eres la mujer más perfecta del mundo —le susurró amorosamente y después le apartó el pelo hacia un lado y empezó a besarle la piel pálida de su cuello—. No eres vieja, Videl; eres preciosa.

Videl sintió un calor sofocante colándose por todo su cuerpo mientras Gohan le besaba el cuello, el hombro y el lóbulo de la oreja. Se sentía como en una especie de paraíso placentero del que sabía que obtendría mucho más muy pronto.

El semisaiyajin volvió a mirarla a través del reflejo. Jadeaba ligeramente, el sonrojo de sus mejillas no se iba y podía notar sus músculos contraídos por la expectación de lo que iba a suceder entre ellos de forma inminente.

Subió lentamente la mano por el vientre de Videl mientras notaba la piel de aquella zona erizándose por completo hasta que llegó a uno de sus senos y comenzó a acariciar con una lentitud casi dolorosa su pezón sonrosado. Ella se estremeció bajo su toque y se mordió el labio inferior.

—Gohan… —gimió con dificultad, con el aire faltándole claramente.

Se colocó de nuevo contra ella y Videl pudo notar su creciente erección contra sus glúteos. Entonces, sintió a su esposo colando la mano por debajo de la falda —cosa que tenía muy fácil por la longitud de la tela— y llegando a los segundos hasta su intimidad.

Introdujo dos dedos entre los pliegues, presionando después en el punto principal de placer de la mujer, lo que la hizo gemir abiertamente. Los sonidos no hacían más que deleitar y motivar a Gohan a seguir; así que eso hizo.

Continuó moviendo sus dedos con la destreza adquirida por la experiencia de los años, mientras la sentía retorcerse con cada movimiento y apoyar la cabeza en su hombro.

Toda la escena estaba siendo captada por el reflejo y, por tanto, por Gohan también, haciendo que su excitación se incrementara sin control.

Entonces, la sintió temblando más de lo normal y la vio mordiéndose el labio inferior con ahínco. Segundos más tarde, su cuerpo se aflojó un poco por la intensidad del orgasmo.

Gohan le dio la vuelta con cuidado y la sostuvo entre sus brazos para conducirla a la cama mientras le enroscaba las piernas en su cintura y comenzaba a besarle los labios con vehemencia. Al dar tan solo dos pasos, tiró de la falda y la rasgó por completo, rompiéndola en el proceso.

—¡Eh, la has roto! —reclamó Videl separándose por unos segundos de sus labios.

—No pasa nada, ya te comprarás otra.

La soltó en la cama con cuidado y el colchón se hundió ligeramente. Viéndola ahí, desnuda, con las piernas entreabiertas y preparada para recibirlo, la ropa comenzó a molestarle, casi a quemarle sobre la piel.

Se la quitó con una rapidez asombrosa y se posicionó sobre el cuerpo de Videl. La siguió besando de forma pasional, viajando de sus labios hasta su cuello, hasta su clavícula y, finalmente, llegando a sus pechos para besarlos, lamerlos e incluso mordisquearlos levemente.

Videl, mientras tanto, era un puro concierto de gemidos. No recordaba ver tan motivado a Gohan en la cama desde hacía muchísimo tiempo, pero eso le gustaba y le resultaba tremendamente excitante.

Después de besarla durante minutos completos, los cuales nunca supo si le parecieron horas o segundos, se introdujo en su piel, haciendo que ambos soltaran un quejido desquiciado.

Empezó a moverse con ímpetu y sintió a Videl mover sus caderas de la misma forma. La mujer lo sujetó del cuello aproximándolo a ella para interceptar su boca y morderle los labios. Colocó sus piernas alrededor de la cintura de Gohan para profundizar mucho más la unión, para que los cuerpos, completamente enredados, no tuvieran ni un centímetro de separación.

Los alientos ardientes de ambos calentaban sus rostros sin cesar, haciendo que sus pieles, ligeramente perladas por el sudor, también incrementaran su temperatura.

Repentinamente, Videl, haciendo uso de su antigua fuerza de justiciera, se dio la vuelta sobre el colchón y, siendo ayudada por Gohan, se posicionó encima para llevar el ritmo de aquel vaivén continuo de cuerpos.

Los movimientos frenéticos continuaron sin cesar hasta que Gohan se incorporó para sentarse, le sujetó la cintura para moverla más rápido y escondió el rostro entre los senos de Videl para seguir besándolos.

Llegaron a aquel punto de no retorno del placer más absoluto, soltando ambos un gemido largo hacia el techo de la habitación.

Después, se abrazaron, fundiéndose casi en la piel del otro, sin separar la unión de sus cuerpos —que era absolutamente la misma que la de sus almas— aún.

Cuando Videl se recuperó un poco, le dio un beso en los labios y le acarició la frente con la suya, en un gesto repleto de amor y agradecimiento.

Podía ser algo insegura respecto a su apariencia de vez en cuando, podía sentir el peso de los años sobre sus hombros, pero, sin duda alguna, Gohan siempre apartaba esos tormentosos pensamientos de su mente.

Eso era lo que más le gustaba de él; que pasara lo que pasase, siempre estaba ahí dispuesto a apoyarla en todo.

Se tumbaron los dos de lado, mirándose directamente a los ojos, y el semisaiyajin comenzó a acariciarle el brazo pausadamente.

—Te quiero —susurró ella con verdad.

—Yo también.


El sábado de la semana siguiente, Pan y Videl fueron de nuevo de compras. En esta ocasión, a la mujer de mirada clara le fue mucho más fácil elegir la ropa que le gustaba, mientras su hija, complacida, la ayudaba y también escogía varios atuendos para ella misma.

Al llegar a casa, Pan se fue enseguida de nuevo, justo como había sucedido la semana anterior. Gohan leía un libro tranquilamente en el salón y Videl fue hacia su habitación a cambiarse.

Salió y se quedó mirando a Gohan sin parpadear para que se percatara de su presencia, algo que él no tardó demasiado en hacer.

La vio apoyada en el marco de la puerta, con el pelo suelto y con su piel completamente desnuda, solo tapada en la parte inferior de su cuerpo con una minifalda.

Se levantó con la velocidad propia de un saiyajin y empezó a quitarse la corbata que ese día se había puesto.

—Creo que las minifaldas se han convertido en mi prenda de vestir favorita.


FIN


Nota de la autora:

Ufffff, creo que hace un poco de calor aquí, ¿no?

Bueno, en primer lugar, muchas gracias a la página de Facebook de Fanfics de Gohan y Videl en español por organizar este concurso. Es la primera vez que participo y me lo he pasado muy bien. Es cierto que me he sentido un poco agobiada por el hecho de tener una fecha de entrega, pero bueno, eso lo hace más emocionante.

Además, me tocaron cosas facilitas: una minifalda y Gohan y Videl de Dragon Ball GT. Hay otros que tendrán que lidiar con cosas más complejas. En cualquier caso, os deseo mucha suerte a todos los que participéis en el concurso.

Respecto al fic, bueno, imagino que en algún punto de su vida, Videl sentirá algo de pesar al ver que ella va envejeciendo y Gohan se queda exactamente igual y, básicamente, eso quería transmitir.

En fin, muchas gracias por leer. Espero que os haya gustado.

¡Hasta la próxima!