ENTREGA
Era tarde, hacía algunas noches que lo habían transferido a una nueva habitación, retirando a la escolta que hacía de carceleros, posiblemente Dryden se hubiera convencido de que, en verdad, Folken estaba completamente comprometido con la causa para acabar con el Imperio, y era cierto.
El lugar era un verdadero desastre por el momento, había cajas y polvo por todas partes, aquella habitación que alguna vez había fungido como bodega, ahora era oficialmente su laboratorio y sus aposentos, todo a la vez.
Cuando Dryden le mostrara el lugar, Folken se había puesto rápidamente a trazar un par de planos, necesitaba un apoyo visual, no solo para asegurarse de aprovechar al máximo aquel espacio, también para indicar a la gente que le enviaran de apoyo, cómo debían arreglar las cosas, dónde acomodar los materiales que usaría.
Era sencillo, la parte de arriba sería su laboratorio particular, con un puente que le permitiera acceder a la máquina que construiría con los restos de la fortaleza, necesitaba hacer una máquina semejante a la Máquina del Destino de Dornkik, incluso mejor, aún si era más pequeña, eso era lo de menos. En la parte de abajo tendría el espacio habitable; una pequeña cama, un espacio donde asearse cuando fuera necesario, un escritorio y una mesa donde trazar planos y arreglar sus asuntos o simplemente leer un poco cuando no tuviera otra cosa que hacer con su tiempo, después de todo, su día contaba con 20 horas de corrido, a diferencia del resto que gozaba de 18 o 15 horas para hacer sus asuntos.
En aquel preciso momento acababa de darse un baño, no planeaba salir a los jardines, por lo cual, su elección de ropa había consistido en ropa cómoda con la cual pasar el tiempo, en verdad no esperaba recibir visitas. Había estado ocupado haciendo anotaciones aquí y allá cuando escuchó los llamados en su puerta.
Era tarde. La noche estaba bastante entrada, Eries estaba ahí, de pie frente a él con lo que parecía su ropa de dormir y una cartera gastada y pesada, mirándolo con una sonrisa pequeña, apenas perceptible, esperando en el frío pasillo.
-¿Eries?
Se sentía desconcertado, ¿qué hacía ahí a esas horas?
-¡Buenas Noches!
-¡Es toda una sorpresa verte aquí a esta hora!, ¿está todo bien? ¿necesitas algo?
-Todo bien, bueno, nada de que preocuparse.
Ella guardó silencio, mirando repentinamente al suelo , se notaba un poco incómoda.
-¡Pasa! -La invitó él- solo ignora el desorden, por favor, todavía estamos instalando algunas cosas.
La miró entrar a sus habitaciones, él simplemente cerró la puerta detrás de ella, guiándola por las escaleras para que bajara directamente, en lugar de continuar caminando por el puente inconcluso que estaban construyendo a pedido suyo. Estaba por ofrecerle algo, cuando recordó en que había estado trabajando, por lo cual se apresuró a adelantarla, caminando hasta la mesa que había adaptado como escritorio para guardar sus materiales y acomodar todo, por alguna razón, quería que al menos una pequeña parte de su nueva habitación se viera decente.
-¿Tienes todo lo que necesitas aquí? -Preguntó la princesa, mirándolo todo con interés- parece tan vacío…
-Estaré bien -La interrumpió-, necesito el espacio para el equipo.
-Así que, colocarás lo que rescaten del Fuerte Flotante, ¿justo aquí?
No pudo evitar sonreír, complacido al no tener que explicarle sus intenciones y regresando su atención al desorden reinante en su área de trabajo.
Cuando ya no tuvo nada más que ordenar, volvió a mirarla, ¿qué hacía ahí exactamente?
No es que su presencia le molestara, muy por el contrario, entre los agradables recuerdos que guardaba de ella sobre su visita a Fanelia y el apoyo que le había mostrado los últimos días, realmente podía afirmar que se sentía completamente a gusto en su presencia, sin embargo, el que estuviera ahí en sus habitaciones a aquellas horas de la noche eran algo curioso, estaba seguro de que no era una visita de negocios, ¿habría tenido problemas para dormir?
Recordó entonces las cartas que le había entregado, aquellas que le había escrito antes de renunciar por completo a volver a ver a la gente de su pasado, miró la cartera, ¿tendría que ver con las cartas?
Ella le sonrió, no una de esas sonrisas que intentaba contener todo el tiempo, sino una auténtica sonrisa, la misma que le mostrara años atrás, cuando se encontraban en el viejo bosque de Fanelia para leer algún libro. La miró quitarse la cartera de encima, ofreciéndosela, él simplemente la aceptó, sospechando que ahí habría algunos libros o algo similar.
-Tú me entregaste algo bastante especial hace poco, y yo, lo pensé mucho.
-¿El qué?
Ansiaba abrir la cartera, la curiosidad lo estaba matando, ¿serían libros? ¿mapas? ¿algún tesoro literario? Tuvo que volver a mirarla justo cuando recordó como comportarse, no era un chiquillo de 6 años para que su juicio se nublara tan rápido por la curiosidad de una sorpresa, aun si la curiosidad realmente parecía estarlo matando.
-No fuiste el único que estuvo escribiendo a alguien a quien no podía enviarle cartas.
Hubo un silencio, Folken lanzó una mirada repentina a la cartera, abriéndola lo suficiente para que la tenue luz de las lámparas pudiera iluminar su contenido. ¡Cartas! ¡Decenas de ellas! ¿Cuántas cartas habría ahí exactamente? ¿Cuántas le había escrito? ¿Por cuánto tiempo?
-Eries, ¿tú…?
La miró de nuevo, no solo era el asombro de encontrarse con aquel presente, estaba seguro de que ese era el testamento de algo más, haciéndolo sentir extraño, más allá del asombro y la curiosidad estaba el recuerdo de una pequeña despidiéndose de él desde una nave flotante, un cariño que creía sepultado y que temía, pudiera crecer y convertirse en algo más… si no estaba ya convirtiéndose en algo más sin su permiso.
-Te escribí a diario al principio, no podía dormir; luego comencé a escribirte cada vez que… tenía algún mal sueño, cada vez fueron menos, las últimas deben tener menos de una luna… en realidad.
Estaba completamente sonrojada, él estaba completamente asombrado, ¿le había seguido escribiendo incluso…?
-Comprendo que son demasiadas -Intentó disculparse la princesa- yo… no tienes que leerlas, puedes quemarlas, romperlas o…
-¡LAS LEERÉ!
Ambos parecían sorprendidos ahora.
Se apresuró a sacar un paquete lleno de cartas, observándolo con determinación y sacando cuentas, si disponía su poco tiempo libre para leer todo aquello, si las llevaba consigo incluso a las conferencias o cuando debía ir a supervisar el desmantelamiento de la fortaleza, estaba seguro de que podría leerlas todas en unos cuantos días, incluso con la incomodidad que suponía leer dentro de los carruajes.
-Me llevará un par de noches, pero puedes estar segura de que las leeré todas.
Era una promesa, y él había sido un samurai alguna vez, cumpliría con esta promesa sin importar nada más, si ella le había dedicado su tiempo por tantos años, si no lo había olvidado a pesar de todo, entonces él la correspondería.
-Gracias -Murmuró él sin poder evitarlo, tenía que admitir que aquel gesto lo había hecho sentirse feliz de algún modo.
Eries dio un paso, luego otro bajo su atenta mirada, no estaba seguro de como sentirse ante aquel acercamiento, ante el tacto de un dedo delgado y cálido sobre su rostro, incitándolo a algo más.
-¡Lamento tanto todo lo que has tenido que pasar desde…!
Él retiró cuidadosamente la mano que lo tocaba, besando con delicadeza el dorso, sin soltarla en ningún momento, usando su mano metálica para colocar descuidadamente la cartera con su contenido sobre su escritorio.
-No, no es compasión lo que busco, Eries; cuando escribí esas cartas, había tantas cosas cambiando a mi alrededor, estaba tan consumido por la desesperanza, tan sorprendido al notar que el mundo seguía su curso, intentaba obligarme a seguir adelante, a retribuir por la vida que se me había obligado a continuar… necesitaba alguien con quien hablar tan desesperadamente… sin nadie que pudiera entender…
-Comprendo qué sin ese pasado, no serías el hombre que eres hoy, tantos conocimientos, tantos avances… solo desearía que no hubieras tenido que dar tanto a cambio.
-Todo en esta vida tiene un costo, Eries; el conocimiento, la tecnología, el poder… incluso el amor.
Si era sincero, la deseaba, y al mismo tiempo deseaba que fuera feliz lejos de él. Eries no solo era atractiva, también era sumamente inteligente, sentirse atraído hacia ella ya era algo obvio, si le sumaba los recuerdos que tenía con ella, los recuerdos del heredero al trono de Fanelia… Su tren de ideas se detuvo de forma repentina, ante el contacto de una mano contra su mejilla. La miró a los ojos, había lágrimas intentando tomar forma en sus ojos, preocupándolo un poco.
-Lo sé… si al menos ALGO pudiera solo entregarse sin esperar retribución…
No estaba seguro de porqué, simplemente había acabado con la poca distancia entre ambos, besándola, como si algo en sus palabras lo hubieran hecho moverse al frente y seguir sus instintos.
Los labios de Eries eran suaves, más carnosos de lo que parecía, había un mínimo sabor a dulce en su boca, apenas insinuado. Tuvo que cortar el beso cuando sintió que su garra metálica era movida contra su voluntad, levantó la mirada, incrédulo y sorprendido, Eries simplemente comenzó a caminar hacia atrás sin soltarlo en ningún momento, él la siguió por mera inercia, un poco reticente al principio, completamente dócil a medio camino.
Cuando alcanzaron la pequeña y humilde cama en que acostumbraba a pasar sus noches desde hacía poco tiempo, ella comenzó a desatar las cintas frontales que mantenían cerrado su camisón sin despegar la mirada, parecía decidida, pasando sus manos por arriba hasta su propia espalda, tomando la tela del camisón para comenzar a tirar de ella hacia arriba. ¿Sería acaso que su mente le jugaba alguna treta? ¿estaba delirando? ¿Cuándo había sido la última vez que había dormido?... no, no era un sueño, no era una ilusión, Eries, su vieja amiga lectora, esa que por poco se convierte no solo en su hermana, sino además en su favorita, la mujer que le había permitido ingresar a Asturia para solicitar asilo en verdad estaba quitándose la ropa frente a él.
Había despertado a tiempo de su asombro, ella no estaba desnuda todavía, solo en ropa interior, no era demasiado tarde entonces para disuadirla.
-¡Eries, no…!
-Si me voy ahora, sé que lo lamentaré el resto de mis días… ¡no quiero más remordimientos!
-¿Estás segura?
Asintió.
La vio intentar despojarse de su playera interior, podía notar leves temblores en aquellas manos pequeñas y finas, seguramente su rostro lleno de convicción era solo una máscara que intentaba cubrir el nerviosismo.
Decidió intervenir, si no lograba disuadirla de actuar como la dama que era, al menos podría ayudarla a hacer las cosas de manera correcta.
-¿De verdad? ¿estás segura de esto, Eries?
Él la sostenía ahora, sus manos levemente cubiertas por los bordes de la fina tela interior, ella lo tomó del rostro con cariño, sus ojos brillando a causa de lágrimas intentando salir de nuevo.
-¡Por supuesto!
Ella volvió a besarlo, él correspondió con algo de timidez, no muy seguro que fuera correcto, sus manos recorriéndola desde la cadera, lentamente para desnudarla.
-¿Has hecho esto antes? -Preguntó él repentinamente preocupado ante lo obvio.
-No -Contestó la princesa con sinceridad.
-Yo sí -Suspiró él, completamente avergonzado y arrepentido por su pasado en Zaibach- me esforzaré porque lo disfrutes, si cambias de opinión…
-¡Folken!
La miró al escuchar su nombre, sus manos detenidas a la altura de sus senos, con la tela arrugada y levantada.
-Pararé en cuanto me lo pidas, tienes mi palabra.
Terminó de desnudar la parte de arriba del cuerpo de Eries, dejándola solo en bombachas, ella no tardó en comenzar a desnudarlo también, despojándolo lentamente de la camisa vieja que usaba cuando estaba a solas, trabajando o leyendo en aquella habitación.
Ahora estaba más nervioso, sus ojos no podían evitar recorrer el cuerpo de su invitada, su cuerpo había comenzado a reaccionar ante aquella visión. Eries ya no era una niña en ningún sentido, la imagen de la pequeña niña tímida, sentada bajo los enormes árboles de Fanelia con un libro entre las manos había quedado completamente relegada por la visión de Eries con sus curvas y su piel desnudas ante sus ojos.
La notó sonriendo divertida, sin hacer el más mínimo esfuerzo por disimular aquella sonrisa de modo alguno, al tiempo que comenzaba a desatar el nudo que mantenía su ropa interior en su lugar.
No pudo evitar sentir placer cuando las manos de Eries comenzaron a danzar con curiosidad por su piel, como comprobando cada uno de sus músculos, incluso la unión entre artefacto y cuerpo humano, mirándolo a los ojos apenas un par de segundos antes de abrazarse a él para besar las cicatrices alrededor de su grotesco hombro metálico.
Aquello le había supuesto alguna especie de alivio, ella le estaba dando la aceptación que ni siquiera él se había dado a sí mismo, a su cuerpo mutilado y reconstruido, como si fuera algo de lo que enorgullecerse y no la marca eterna de sus pecados.
No sabía que decir, simplemente paseó sus dedos humanos por entre los cabellos rubios de la mujer a su lado, deleitándose en la textura sedosa y el aroma floral que parecía emanar de aquella larga cabellera.
Se sentó entonces, sin quitarle los ojos de encima, intentando por todos los medios descifrar el sentir y pensar de aquella mujer, fuera de una infinita tristeza que parecía tatuada a pulso en sus ojos, no parecía que Eries dejara ver ninguna otra cosa.
-¿Hay algo que te gustaría intentar? -Preguntó el estrategos intentando parecer casual y no preocupado, su intención, realmente era satisfacer a aquella mujer, y eso era algo que nunca había intentado, a decir verdad.
-No tengo muchos conocimientos en… esta área… en realidad.
Estaba completamente sonrojada, hasta la base del cuello, su mirada había cambiado, dejando la tristeza a un lado y mostrando una inocencia que no le había visto en diez largos años.
-¿No muchos?
-En algún momento decidí que no tomaría marido alguno… no tenía caso ocupar mi tiempo en leer relatos románticos… o encuentros ilícitos, así que…
-Entiendo.
No estaba seguro de como sentirse, no solo sería el primero para ella, también tendría que guiarla.
Abrió las piernas, tomándola de ambas manos y guiándola hasta el espacio que había hecho para ella, retirándole la última prenda de ropa y el calzado, levantándose luego, besándola al tiempo que la recostaba en su cama, sentandose a un lado y pensando cual sería el mejor modo de complacer a una virgen.
-¿Folken?
-¿Mhh?
-Tal vez no debería preguntar… no ahora al menos, es solo que…
-Pregunta, estaré bien.
-¿Cuándo fue que, tú…?
-En Zaibach… después de que me dejaran salir a las calles… no es algo que me enorgullezca.
-¿Fue solo con una o…?
-Fueron varias… un par de mis superiores en Zaibach decían que era, parte de ser un hombre, se aseguraron de llevarme a un burdel al menos en tres ocasiones, pensaban que con eso dejaría de preocuparme por mi prótesis.
-¿Y funcionó?
-No, jamás volví a ir a uno, jamás volví a estar con nadie.
-¿Hasta hoy?
-Hasta hoy.
Se sentía más avergonzado ahora, no era una confesión agradable, habría podido mentirle al respecto, pero en verdad quería ser sincero con ella, tanto como le fuera posible.
-¿Dolerá?
-No lo sé, alguna vez escuché que, podría ser doloroso para las mujeres, y yo, no creo ser la persona adecuada para esto, si deseas marcharte, lo comprend…
-¡Folken!
Guardó silencio, parecía que la había molestado con eso último, era irremediable, su sinceridad a últimas fechas parecía herir a las personas, especialmente a las que le importaban.
-¿Por qué conmigo, Eries? Estoy seguro de que podrías convencer a alguien más, cualquiera estaría más que dispuesto a… estar contigo, saciar tu curiosidad y…
-No es curiosidad Folken.
Ella se sentó en la cama, tomándolo por ambos hombros, recorriéndole el cuerpo con la mirada, besándolo una vez más con algo que solo había sentido una vez, hacía poco tiempo, cuando usó a una de las gemelas para manipular a la joven de la Luna Fantasma y a Allen Schezar, la diferencia era que, esta vez realmente estaba disfrutando este beso.
-Si no es curiosidad, ¿qué es?
-¡Tú sabes que es!, además ya no soy una niña, ¡no comiences a tratarme como una justo ahora!
Podía verlo en sus ojos, esos sentimientos que ella había albergado por él años atrás seguían ahí… no, habían madurado, ¿Cuándo exactamente había pasado eso? Ella no lo conocía tan bien, ¿entonces?
-¿Podrías dejar de pensar tanto? -Recriminó ella, haciéndolo suspirar.
-No puedes pedirle al río que deje de correr hacia el mar, Eries.
-No, no puedo, pero puedo desviar su cauce a aguas menos tormentosas, ¿lo sabías?
No pudo evitar sonreírle, que estuviera abriéndose tanto con él tenía un efecto devastador en su mente y en su manera de llevar las cosas, la abrazó entonces, besándola él esta vez, paseando su mano humana por la piel de su espalda, seguida por la punta de sus garras. No quería cortarla, solo provocarle algunos escalofríos al jugar con diferentes temperaturas.
Rompió el beso para hacer un camino con su boca, recorrer su cuello y sus hombros, excitándose al escucharla susurrar su nombre con devoción, no pudo evitar bajar su garra a la cama, sabiendo de sobra que las sábanas y el colchón terminarían rotos ante la presión de su puño, dejando que su mano de carne se deleitara amasando y acariciando aquel cuerpo cálido a su disposición, escuchándola gemir levemente, justo antes de besarla de nuevo en los labios, acariciando su vientre, su pubis y más abajo, haciéndola brincar ante el más mínimo roce.
Ella rompió el beso esta vez, parecía completamente sorprendida, como si no supiera que hacer ahora.
-¿Continúo o te dejo regresar a tus aposentos?
-¡Quiero continuar!
No pudo evitar soltarle una sonrisa torcida, quitándose el calzado y el viejo pantalón que había estado utilizando, así como la ropa interior, manteniéndose sentado la mayor parte del proceso, observándola justo a tiempo para atraparla mirando directamente a su miembro erecto y listo para continuar, completamente sonrojada y con los ojos abiertos.
-En verdad, Eries, podemos detenernos y no voy a pensar mal de ti.
-No, no, en verdad quiero continuar, tienes que ser tú.
Ambos se miraron a los ojos, la mirada de la princesa se había suavizado notoriamente, podía leer con claridad un poco de miedo y bastante lujuria en esos ojos justo ahora, y si era completamente sincero, él sentía exactamente lo mismo en aquel momento.
-Muy bien, mi propuesta de detenernos sigue en pie, tómala en cuanto lo creas conveniente, ¿de acuerdo?
-Lo tendré en mente.
La besó una vez más, ejerciendo un poco de presión con su mano sobre el pecho de su visitante, recostándola y bajando de la cama apenas lo suficiente para poder besarle los senos, delinear su ombligo con la lengua y finalmente, posicionar su propio rostro entre los muslos de la rubia, observando atentamente el área cubierta de finos rizos dorados, prodigándole algunas caricias apenas insinuadas entre sus pliegues sin quitar los ojos de aquel rostro completamente sonrojado y febril.
-Eries, esto que voy a hacer, lo escuché de casualidad, por favor, hazme saber si te desagrada.
Ella simplemente asintió, mordiendo uno de sus dedos como si intentara contenerse de decir algo, podía percibir sus muslos tensos y un notable incremento en el aroma almizclado emanando de ella.
La miró una última vez, antes de cerrar los ojos y pasar su lengua por la misma zona por la que su dedo había estado jugando, detectando un sabor salado e interesante que no era para nada desagradable como había esperado, por si fuera poco, sus oídos habían alcanzado a escuchar un gemido a duras penas contenido por su compañera.
Súbitamente entusiasmado por aquel recibimiento, decidió dar una segunda caricia y luego una tercera, pronto su curiosidad innata lo llevó a probar diferentes tipos de toques, recompensado en cada ocasión por aquel sonido placentero, el cual era producido cada vez de forma más intensa.
Besar, lamer y succionar nunca le había parecido tan interesante como en ese preciso momento, de pronto, la física, la química y la manipulación del destino parecían temas completamente aburridos en comparación con el cuerpo de esta mujer, que no dejaba de premiar sus exploraciones con todo tipo de sonidos y contracciones interesantes, fluidos que no recordaba haber notado con las meretrices y un notorio incremento en la temperatura de la princesa.
No pudo evitar colocar dentro uno de sus dedos, repentinamente preocupado por el tamaño de aquella entrada. Apreciaba a Eries, no deseaba lastimarla de modo alguno, y aún cuando estaba lo suficientemente excitado como para desear introducir su miembro ahí, todavía tenía el suficiente autocontrol como para seguir haciendo algunos experimentos en los adentros de ella.
Era estrecha, cálida, podía sentirla moviéndose alrededor de su dedo, un vistazo a su rostro y la notó completamente sonrojada, con una mueca de deseo que no creyó vería nunca en ella.
Sonrió de nuevo, su querida amiga se notaba realmente complacida con sus atenciones, el hecho de que uno de sus dedos estuviera en su interior, moviéndose con curiosidad en diferentes direcciones no parecía molestarla de modo alguno.
Ingresó un segundo dedo, más largo que el anterior, sintiendo con la punta algo que le impedía seguir avanzando, una barrera de la que, estaba seguro, había escuchado hablar solo una vez, cuando su madre le había comentado brevemente lo que debería esperar en su noche de bodas.
Sonrió con amargura, pensar que los pocos y rudimentarios conocimientos que le habían dado para reclamar a Marlene, los estaba usando para reclamar a Eries sin haberse casado siquiera.
Sus pensamientos se vieron súbitamente interrumpidos, ella había comenzado a jadear, moviéndose ligeramente inquieta, él simplemente comenzó a bombear más rápido, alzándose sobre ella para reclamar uno de sus pezones con la boca sin dejar de mover sus dedos cada vez más rápido y fuerte, escuchándola gemir un poco más alto y largo que antes, sintiendo perfectamente una rápida sucesión de contracciones que no dejaban de apretujarle los dedos, contemplándola completamente maravillado ante aquel descubrimiento porque, si hacía memoria y era completamente sincero, por muy placentero que hubieran sido sus tres visitas al burdel, tenía que admitir que ninguna de las tres mujeres con que se había acostado habían tenido esa reacción.
Cuando ella se calmó, sacó sus dedos de su cálido interior, encontrándolos completamente húmedos, Eries parecía feliz, había un poco de sudor perlando su frente y una enorme sonrisa que le llegaba hasta los ojos.
Si resultaba que eso era todo, tendría que hacer algo consigo mismo en cuanto ella se fuera, las visiones que la princesa le acababa de obsequiar no lo dejarían descansar las tres o cuatro horas que acostumbraba a usar para dormir.
Suspiró con cansancio, completamente arrepentido de no haber metido su miembro en lugar de sus dedos en ella, sentándose en el borde de la cama, haciendo un esfuerzo por no tocarse frente a ella, sorprendiéndose al sentir un toque gentil en su espalda reclamando su atención.
-¿Todo bien? -Preguntó en un tono ligeramente burlón sin poder evitarlo.
-¡Si!, pero, tú no lo has disfrutado igual.
-Ha sido más educativo de lo que podría haber esperado.
-Más placentero de lo que había previsto.
Ella sonreía abiertamente, mirándolo completamente hambrienta justo antes de sentarse, doblando sus piernas bajo ella y sosteniéndose al frente con sus brazos, juntando sus senos de tal manera, que por primera vez podía clasificar a Eries como una mujer sensual, captando por completo su interés con aquel gesto.
-Si deseas irte ahora…
-No hasta devolverte el favor, dime que hacer.
Si era sincero, quería tirarla de nuevo contra la cama y reclamarla con fuerza, lo habría hecho si se hubiera tratado de una puta o de una mujer cualquiera, la cosa era que a esta mujer en específico no quería tratarla como un objeto… luego recordó sus alas, lo había sabido la noche que perdió su virginidad, cuando tuvo que pagarle todos sus ahorros a la mujer con que lo habían juntado para que no dijera ni una palabra de lo que había visto, con las otras dos había aprendido exactamente que hacer para quedar satisfecho sin que su secreto saliera de nuevo a la luz.
-¿Estás segura, Eries?
-¡Por favor! ¡permíteme complacerte esta vez! ¿qué debo hacer?
Esa mirada podía reconocerla con facilidad, era la misma que le dedicaba cuando se encontraban en medio de algún debate, cuando él explicaba algo sobre la maquinaria de Zaibach y la tenía tan cerca que podía notar el interés, el hambre de conocimiento que tanto había caracterizado a Eries a lo largo de su vida, la mirada que lo había obligado a regresar una y otra vez a su lado para leer juntos diez años atrás.
-En ese caso, ven aquí -Ella obedeció.
Él no tardó en besarla, acariciándola con lentitud, sintiendo las manos de ella explorando de nuevo su cuerpo, justo antes de que cortara el contacto, aceptando que en verdad la deseaba.
-Eries, voltéate ahora, déjame ver tu espalda.
Parecía ligeramente confundida, sin embargo, un aire travieso no tardó en apoderarse de ella, que había comenzado a jugar con su cabello para dejar tanta piel a la vista como fuera posible.
La abrazó, acunando sus senos por turnos con su mano humana, rodeándola con la garra metálica teniendo cuidado de tocarla lo menos posible, besándola en los hombros y en la espalda, notando pequeñas risas escapando de los labios de la princesa, así como ligeros temblores causados por los besos que le estaba dando.
Una vez satisfecho, comenzó a empujarla, guiando sus brazos para que los colocara sobre la cama, usándolos como soportes justo antes de posicionarse tras ella, usando sus dedos para verificar el camino que debía seguir ahora, maravillándose al encontrarla húmeda de nuevo, completamente lista para recibirlo.
-¡Eres tan hermosa! ¿cómo es que nadie insistió para tomarte como esposa?
-¿Eso qué importa ahora?
Se dejó ir dentro de ella, notando de nuevo la barrera que le impedía el paso completo, afianzándose de sus caderas y recargándose en ella lo suficiente para poder hablarle al oído, repentinamente preocupado por lo que tendría que hacer.
-Importa, porque no debería ser yo quien esté haciendo esto.
La escuchó quejarse, la sintió apretándolo con fuerza, ella jadeaba ahora.
La abrazó, moviendo sus cabellos con cuidado para despejar la piel de su espalda, besándola con lentitud en un intento por hacerla sentir bien, estaba seguro de que le había dolido aquella intromisión.
-Aun podemos…
-¡NO! -Jadeo ella- no, Folken, por favor…
Se mantuvo en la misma posición, deseando moverse sin poder hacerlo, acariciándola en los brazos, dejando besos por los lugares a su alcance, esperando sin saber bien qué. De pronto lo supo, ella había comenzado a moverse lenta y torpemente bajo él, volteando el rostro para mirarlo, él aprovechó para besarla de nuevo en los labios antes de comenzar a moverse despacio, atento a cualquier movimiento que ella hiciera, como si necesitara de su permiso para poder acelerar, sintiendo como aquel bombeo se iba volviendo cada vez más y más placentero.
En algún momento había comenzado a moverse como quería, fuerte y rápido, escuchándola gemir de placer, sosteniendo su cadera con la garra y manteniendo su mano humana sobre la espalda de ella para asegurarse de que no voltearía ni intentaría levantarse, sintiendo como alcanzaba el climax repentinamente, la sensación magnificándose al sentir su espalda abrirse con furia para develar sus alas, era como alcanzar el éxtasis dos veces de forma abrumadora, cualquiera podría entrar y matarlo y él no sedaría ni cuenta de lo que estaba pasando.
Cuando las sensaciones terminaron, guardó sus alas, acariciando la espalda de la mujer que lo había recibido, al mismo tiempo que salía de ella, apoyando una de sus piernas sobre la cama antes de acostarse, estaba completamente exhausto y sorprendido, si lo comparaba con las experiencias anteriores, la sensación jamás había sido tan sobrecogedora o fuerte.
Estaba analizando la situación, preguntándose la razón de aquello, cuando sintió claramente un peso sobre su prótesis, volteó su rostro abajo, encontrándose con una Eries cansada y somnolienta intentando encontrar una posición cómoda sobre los fierros que formaban su brazo.
La besó en la frente, atrayéndola con su otra mano para que se apoyara en su pecho, sintiendo una calma y una paz extraña solo con ese pequeño gesto, incapaz de separar su mano de aquel cuerpo ajeno.
-Espero no haberte lastimado demasiado -Intentó disculparse.
-Eso está olvidado -Contestó Eries, justo antes de bostezar- no recuerdo haber sentido nada como eso antes… ¿siempre se siente de ese modo?
Lo pensó un momento, estaba seguro de que ella había reaccionado diferente a los dedos y al miembro de él, su mente volvió a su análisis y comparativa, estaba seguro de que podría hacer toda una tesis y llevar una exhaustiva investigación si con eso lograba revelar dónde estaba el truco, dónde exactamente residía la diferencia diametral entre este encuentro y los anteriores.
-No lo sé en realidad, si te soy sincero, las veces anteriores no habían sido tan gratificantes como esta.
Ella se apretó más a él, podía sentirla depositando besos sobre la piel y el metal cercanos, de nuevo, tenía que admitir que nunca se había sentido de aquel modo, lo peor es que podría acostumbrarse a ello demasiado rápido.
-Folken.
Volteó a verla, deteniendo las caricias que su mano había estado haciendo sobre ella sin que lo notara, mirándola directo a los ojos ahora que ella se había erguido un poco, manteniendo el equilibrio sobre una de sus manos.
-No quisiera irme, pero, yo…
-Lo entiendo, créeme que lo entiendo, tampoco quisiera que te fueras, sin embargo, tu reputación depende de que puedas volver a tu habitación antes de que alguien nos descubra.
La miró sonriendo con tristeza, ¿quería que la detuviera?, ¿qué le rogara para que se quedara con él?, por más que deseara simplemente abrazarla y dormir, no podía hacerlo, estaba seguro de que el regente y el anterior Rey se encargarían de tener su cabeza en una charola si llegaban a enterarse de lo que acababa de suceder entre ambos.
Se levantó entonces, levantando la ropa cercana y colocándola en la cama, vistiéndose sin atreverse a mirarla hacer exactamente lo mismo que él.
Un poco después, estaría despidiéndose de ella en la puerta, observándola, mientras ella se internaba en la oscuridad del pasillo sin hacer ni un solo ruido con sus pasos.
Cuando volvió al área de descanso tomó la vieja bolsa que le había entregado hacía un rato, extrayendo todos los paquetes de sobres, observándolos con detenimiento, decidiéndose finalmente por la carta cuyo papel se notaba más vieja y marrón que el resto, si el sueño iba a tardar en llegar a él y saciar su curiosidad con el contenido de las cartas era suficiente para acallar sus dudas sobre si habría una próxima vez, entonces pasaría toda la noche en vela, leyendo las cartas que le había escrito una niña de trece, diez años atrás.
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Notas de la Autora:
Bueno, y arranca la parte "interesante" de este fabrica, ¿que les ha parecido?
Quedan dos capítulos más, prometo subirlos pronto.
SARABA
