TE AMO
-Si lo deseas, podríamos tomar la cena juntos esta noche.
Había ojeras disimuladas con maquillaje en el rostro de Eries, estaba seguro de que había dormido mal, él tampoco había dormido si era sincero, la hora estaba cada vez más cercana, que ella hubiera tomado todo tan mal lo lastimaba, no deseaba dejarla sola o desamparada, deseaba que fuera feliz a su manera, por ambos. Que Eries lo hubiera buscado a media tarde para conversar y tomar el té lo había preocupado más de lo que se había preocupado por la desaparición de Van unos días atrás, invitarla a cenar para mantenerla distraída era lo único que se le había ocurrido.
-¿En verdad? -Sonrió ella.
-Mhm -Asintió él- encontré algunos libros interesantes que podría interesarte debatir esta noche.
La notó riendo de nuevo, estaba seguro de que ella no tardaría en darse cuenta de que le estaba dando una coartada para bajar con todo el mundo sabiendo que estaría allí y nadie preocupándose por lo que podría pasar más allá de dos mentes brillantes debatiendo literatura, política y cosas que, en realidad, no eran relevantes.
-Avisaré al servicio entonces, un poco de civilizada frivolidad intelectual podría ayudarme a acallar los nervios tras la partida de las últimas tropas.
Él simplemente asintió, orgulloso y feliz de que ella lo hubiera comprendido todo tan rápido, aguantar el impulso de sonreírle era difícil, debía hacerlo, había un par de guardias patrullando y a punto de abandonar el pasillo, no debían levantar sospechas.
-Hasta esta noche entonces, Folken.
-Hasta esta noche.
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Se había sentido nervioso el resto del día, no solo se había apresurado a hacer tantos ajustes como pudo a su pequeña réplica de la Maquina del Destino, también había solicitado ayuda para movilizar su cama bajo el puente y colocar algunas cortinas que ayudaran a disimular esa parte de su habitación, para su sorpresa, junto con las cortinas habían bajado algunas mucamas que, estaba seguro, había visto en más de una ocasión detrás de Eries.
Las observó intrigado un momento antes de darse cuenta de que estaban limpiando el polvo, colocando una alfombra sencilla de buena calidad, así como un mantel en la mesa que habían despejado y algunos candelabros en los muros ahora despejados. No tenía idea de quien había pensado que Eries necesitaba todos esos lujos para una simple cena, pero estaba agradecido, un cambio en el ambiente podría ayudarla a relajarse.
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El servicio del comedor era bastante puntual, un cocinero junto con dos ayudantes había llegado al menos media hora antes de lo que esperaba para comentarle el menú que se había preparado, preguntarle que tipo de vino deseaba que se sirviera y si tenía alguna petición en particular, la requisición de un té adecuado para debatir con la consejera de la corona y su actitud desinteresada hicieron el truco.
Eries había llegado, delante de ella venía un muchacho que le abrió la puerta y que se dedicó a bajar las cosas necesarias para la cena, detrás de Eries entró una joven con el juego de té y algunas otras cosas en una canasta.
La cena fue más divertida de lo que imaginaba, cada uno haciendo lo imposible por no sonreír abiertamente, discutiendo algunos temas de sus últimas ponencias, luego haciendo algunos comentarios sobre los viajes que habían hecho el año anterior por cuestiones políticas o mercantiles con tonos monótonos. Aquello era, en realidad, como hacer una travesura, desempeñar bien los papeles a mano debería darles libertad el resto de la noche.
El chico del servicio retiró ahora el plato de Folken, ofreciéndole un poco de vino, lo rechazó al cubrir su copa con la mano.
-Haciendo a un lado esta conversación sobre exquisiteces exóticas -Soltó Eries sus ojos brillando como diez años atrás, durante las pocas veces que se habían puesto de acuerdo con antelación para encontrarse en el bosque y leer algún tratado sobre astronomía- ¿qué libros son estos que ha encontrado y por los cuales estoy aquí esta noche?
-Bueno, son una verdadera joya de la literatura antigua, si me lo permite, nada menos que unos volúmenes en perfecto estado sobre los tratados comerciales con las tierras al otro lado de las grandes aguas.
-¿Se refiere acaso a "Cartas y bitácora de un cruce, de Adollus Acampa de Salanea"?
-Efectivamente, sabía qué si alguien tendría el intelecto y la sensatez para encontrar esta lectura increíblemente apasionante, sería usted.
Se abría mofado de buen grado del evidente martirio en los rostros de los jovencitos del servicio de haber podido, la velocidad que los pasos del mozo habían tomado para salir de ahí con la vajilla, los restos de comida y la botella de vino a medio vaciar solo podía rivalizar con la palidez adquirida por la mucama que se había tenido que quedar para servir el té.
-¡Me halaga, Lord Folken! ¿le gustaría ser usted quien comience con la disertación literaria del tratado comercial oculto entre las líneas de las cartas, o me dejaría a mí ese honor?
-¡Oh, por favor! las damas primero, ¡insisto!
Podía verla sonriendo en un intento enorme por contener la risa, de buena gana habría seguido con aquella fachada luego de sorprender a la mucama bostezando justo antes de intentar servir el té si Eries no hubiera intervenido.
-Camil, querida, te noto cansada, realmente odiaría que derramaras té sobre nuestro invitado de palacio en tan honroso momento, deja las cosas y ve a descansar, puedo encargarme del servicio yo misma.
-Princesa, está, ¿está segura? Los nobles no deberían…
-Querida, soy perfectamente capaz de servir el té en medio de una fina conversación como esta y dejar el servicio en algún área cercana a las cocinas, ¡insisto!
La joven titubeó un momento, miró a Folken como pidiendo permiso, él simplemente jugó su parte, poniendo el rostro que acostumbraba a usar cuando Dilandau lo tenía completamente exasperado con sus idioteces, guardando silencio y haciendo algunos ademanes con su mano humana para que la criada saliera de ahí lo antes posible.
-Gracias, ¡muchas gracias princesa! -Exclamó la joven de no más de dieciséis años, visiblemente aliviada, antes de depositar el servicio en una mesita cercana, limpiar sus manos en el delantal con algo de nerviosismo y salir en tiempo récord.
La puerta se cerró, los pasos de la única persona en el pasillo resonaron apenas un par de segundos, hasta ese momento, las únicas dos personas en la habitación comenzaron a reír a carcajadas, como dos chiquillos saliéndose con la suya durante una descarada travesura.
-¿En serio Eries? ¿"Cartas y bitácora de un cruce, de Adollus Acampa de Salanea"?
-No pude pensar en un título más antiguo y aburrido que ese -Se defendió la mujer entre risas abiertas y divertidas, cubriendo su rostro en un intento por mantener la compostura.
-¡Odié estudiarlo cuando era joven! -Comentó él entre risas- mi tutor de historia debía darme alguno que otro azote cada vez que me quedaba dormido durante alguna disertación sobre los tratados comerciales.
-Si te soy sincera, el mío tenía el mal hábito de atar mi cabello a la silla, los tirones me despertaban apenas comenzaba a cabecear.
Ambos rieron de nuevo, esta vez con menos ímpetu que momentos atrás.
-¿Te parece si hacemos algo más, entretenido, que discutir esas absurdas y aburridas disertaciones sobre intercambiar basura por más basura, querida?
Ambos se pusieron en pie, sosteniéndose de los bordes de la mesa ahora desnuda, conforme se acercaban lentamente el uno al otro sin quitarse los ojos de encima.
-¿Algo más entretenido? ¿qué propones exactamente, mh?
Había medio paso entre ambos, él la veía de arriba abajo sabiendo a la perfección lo que aquella ropa escondía, maravillándose ante la perspectiva de quitarle otra cosa que no fuera su ropa de dormir al menos por una vez, despegando su mano de la mesa para pasear sus dedos por el brazo de ella, todavía unido a la superficie de madera donde el servicio se hallaba completamente olvidado, provocando escalofríos en su compañera.
-¿Tú qué crees? -Dijo Folken en un tono decididamente juguetón-, no sé tú, pero la idea de perderme en tu aroma, fundirme contigo en un solo ser y un solo sentimiento a esta hora no ha dejado de darme vueltas desde que nos encontramos más temprano, por la tarde.
Y era cierto, además de la idea de levantarle el ánimo, la idea de estar juntos desde más temprano de lo usual no había parado de dar vueltas en su mente.
Ella sonrió, besándolo apenas un momento antes de comenzar a desvestirlo, sembrando besos en cada pedazo de piel que quedaba a la vista.
Él la correspondió sintiéndose repentinamente excitado ante la perspectiva de que los demás sabían que estaban juntos sin que le dieran la más mínima importancia, creyendo por completo algo que no era.
-Eries, querida, ¿podrías darte vuelta por favor?
Ella giró para él, que no tardó en hacer su cabello a un lado, depositando algunos besos en su cuello antes de comenzar a pasear sus manos por los hombros de ella y afanarse en soltar el corset y posteriormente el vestido que la tenían presa. De haber estado realmente casados, habría aprovechado el filo de su garra para cortar aquel embrollo de cordones sin reparo alguno, la realidad de que ella estaría en problemas si llegaba a su habitación con los cordones en mal estado resultaban desilusionantes… hasta ahí llegaba la fantasía, o eso había pensado.
La despojó de sus ropas lentamente, casi con reverencia, esforzándose por completo en tocarla solo con roces, al menos, hasta que la tuvo en ropa interior y no pudo resistirse más, colando su mano izquierda para hacer contacto con sus senos, acunándolos, amasándolos despacio, besando su cuello y delineando una de sus orejas con la lengua, deleitándose al oírla debatirse entre risas y gemidos de placer.
-¿Decidiste ser malévolo el día de hoy? -Preguntó ella, visiblemente divertida.
-Mhm, pensé que un poco de dulce tortura te ayudaría a disfrutar más del acto en sí.
La besó un poco más, rompiéndole la camisola y las bombachas sin poder contenerse, escuchándola reír completamente sorprendida.
-¡FOLKEN! -Volvió a reír la princesa, volteando a verlo con los pedazos de su ropa en las manos- ¡tendrás que conseguirme ropa nueva!
-¿En serio? ¿no será muy sospechoso si te mando repentinamente un conjunto de ropa interior?
Parecía completamente feliz, riendo sin poder detenerse, al menos, hasta que logró colgarse de su cuello, terminando de quitarle de encima su uniforme militar, la túnica verde y los pantalones negros que había debajo, la notó riendo aún más luego de hacer verdaderos esfuerzos por romper la camisola que él usaba como ropa interior sin lograrlo.
-¿Se puede saber que intentas hacerme ahora, querida?
-Quiero que estemos a mano, claro que, mis manos no parecen adecuadas para cumplir con la tarea requerida.
Intentó aguantar la risa, dejando salir un sonido extraño y nasal que terminó con una sonora carcajada, no tuvo más opción que usar su garra para hacer algunos cortes aquí y allá en su camisola nueva, antes de besar ambas manos de su mujer y colocarlas sobre la camisola una vez más.
-Apuesto a que ahora podrías hacerla pedazos.
La sonrisa de la rubia realmente le había llegado hasta los ojos, por un segundo, la idea de que aquella mujer jamás en su vida se había divertido tanto hizo aparición, luego la certeza de que, de hecho, él tampoco se había divertido tanto en años, lo hizo sonreír aún más, obligándolo a concentrarse en ver como su ropa quedaba completamente inservible.
-¡Estamos a mano ahora, Folken querido!
-¿Y eso te hace feliz?
-No realmente, hay algo que podría hacerme bastante feliz justo ahora… ¿dónde ha quedado tu cama?
Casi había olvidado los cambios en el mobiliario.
Tomó a Eries de la mano, obligándola a soltar los jirones de tela blanca para guiarla bajo el puente, levantando apenas una de las cortinas y luego accionando algunos artefactos que había colocado ahí para asegurarse de tener luz.
Pudo escuchar perfectamente el momento en que Eries perdía el aliento, volteó complacido, abrazándola sin dejar de observar el montón de pequeñas luces prendiendo y apagando en lo que ahora era el techo, las columnas de madera y algunas partes de la cama. De haber podido, seguramente habría conseguido algunas de esas flores pequeñas que le gustaban a la mujer a su lado, simplemente para ver que cara ponía al encontrar pétalos y un ramo en medio del lecho… era una lástima que esa parte del plan no estuviera para nada al alcance.
-¡Esto es hermoso Folken!
-No tanto como tú, querida.
Ella lo miraba ahora completamente sonrojada, no pudo evitar besarla, tomándola por las piernas para cargarla, apoyando las manos en las nalgas de Eries para poder caminar, sintiendo como ella lo abrazaba ahora con pies y manos.
-¿Hay algo que te gustaría intentar?
La miraba completamente embelesado, seguro de que no había forma de que se viera más hermosa o tentadora que en ese momento, con una sonrisa tímida y un sonrojo cruzándole el rostro y nada más.
-Acuéstate, querido, me has consentido demasiado por un día, creo que es mi turno.
Sonrió de lado sin poder evitarlo, era raro verla tratando de guiar las cosas, usualmente era él quien tenía que dedicarse al juego previo.
-¡Cómo mi princesa desee!
La escuchó reír de nuevo, luego cerró los ojos ante el contacto de los labios de ella con su cuerpo.
Podía sentirla desplazándose por el lecho, sus dedos recorriendo tanto de él como tuviera al alcance, sus labios ocupados en besarlo y probarlo una y otra vez en sus zonas favoritas. La sintió sembrar algunos besos en la cicatriz de su hombro, relajándolo un poco, justo antes de escuchar su cama quejarse y luego el ligero rebote característico de un peso abandonando el colchón. Abrió los ojos entonces.
-¿Eries?
-No te muevas aún.
Estaba visiblemente sonrojada, casi como la primera noche que habían compartido sus cuerpos, también parecía un poco indecisa, de pie al lado de la cama, observándolo de manera tímida.
-¡Ven, querida!, dime que deseas y te complaceré con ello, ¿qué tienes en mente?
La notó sonrojándose aún más, sorprendiéndolo, estaba seguro de que ella se sentía avergonzada por los pensamientos que estaba teniendo.
-Leí… el libro que tomé de tu habitación… hay algo que, yo…
-Juro que no voy a morderte, a menos que eso sea lo que deseas, dime que necesitas, querida.
Eries no dejaba de lanzarle algunas miradas de soslayo, encogiéndose poco a poco, cruzando ambos brazos sobre su pecho. Él no pudo evitar incorporarse un poco, repentinamente curioso ante su reacción.
La tomó de las manos, atrayéndola para poder besarla con una vehemencia tal, que ella no pudo seguir eludiendo hablar.
-¿Podrías usar tu boca, Folken?
-¿Dónde?
Ella dudó un momento, justo antes de acomodarse en una posición que no habían utilizado antes. Folken hizo memoria, estaba seguro de que había leído el libro mencionado varias veces, observando con detenimiento los dibujos. Su mente no tardó demasiado en detenerse en una posición en específico, la única en realidad que podría explicarle lo que ella deseaba, sacándole otra sonrisa y excitándolo más.
-Sigo sin comprender como pudieron apodarte princesa de hielo.
-Quizás si hiciera esto con otros además de contigo, Folken querido…
-Preferiría que no… no mientras yo pueda hacerme cargo de tus necesidades, ahora, ven aquí, no creo que desees que use mi boca para hablar justo ahora.
La escuchó riendo de nuevo, luego el silencio se apoderó de la habitación al igual que él se apoderaba de las piernas y caderas de su amante, acomodando mejor la almohada bajo su cabeza para alcanzar aquel sexo tentador con más facilidad, sintiendo como su hombría era consentida por Eries, tímidamente al principio, enloqueciéndolo poco a poco conforme la princesa sobre él comenzaba a tomar más confianza en lo que hacía.
Cuando ya no pudo esperar más tiempo, justo después de darle una pequeña mordida traviesa en el interior de un muslo, Folken tomó a Eries con fuerza, rodando para cambiar de posiciones y poder voltear al otro lado, besándola en el cuello y los hombros, colocándose entre sus piernas para penetrarla con facilidad, maravillándose de lo fácil que había ingresado, deleitándose en los gemidos de la rubia conforme aceleraba el paso.
-¡Oh, Folken! ¡No pares! ¡por favor! ¡no pares!
Alentado por aquellas palabras, continuó incrementando la velocidad, embistiéndola salvajemente, enloquecido al sentir las manos de Eries aferrándose de su espalda, recorriéndolo lentamente y ayudándolo a mantener el ritmo de vez en cuando, dándole ligeros apretones que le ponían difícil aguantar.
En algún momento, la princesa había enredado sus piernas alrededor de su cintura, abrazándose a él con fuerza, dejándose llevar por los movimientos que él había estado ejecutando. Simplemente no pudo resistirse, dolor y éxtasis mezclados con una súbita explosión de plumas negras y la mujer bajo él abrazándolo con tanta fuerza, que era imposible distinguir donde empezaba uno y terminaba el otro.
Folken se movió con más lentitud un par de veces, completamente perdido en las ondas placenteras que lo recorrían ahora, sosteniéndose muy a duras penas para no dejarse caer encima de Eries.
-Parece que alguien disfrutó con esto enormemente.
Se rio con algo de cansancio, que Eries se burlara de él solo ocurría en aquella habitación, por lo general en situaciones como esa, en que ninguno de los dos portaba ropa.
Se recostó un poco, sosteniendo su peso con el brazo metálico y cruzando el humano sobre el vientre de Eries, bajando lo suficiente para descansar su cabeza justo ahí, mirándola sonreírle divertida.
-No he logrado complacerte a ti.
-Si lo has hecho.
-No es verdad Eries, conozco tu cuerpo mejor que tú, lamento haberte dejado atrás.
Había una chispa curiosa en los ojos de su mujer, quien no dejaba de verlo con algo similar a la admiración. Suspiró resignado al darse cuenta de la razón, sus alas no solo seguían visibles, había estado estirándolas lentamente, moviéndolas perezosamente para dejarlas descansar.
-A veces pienso que estás más enamorada de mis alas que de mí -Bromeó justo antes de guardar sus alas de nuevo.
-Si ese fuera el caso, podría compartir una cama con tu hermano también.
-Je, no puedo siquiera imaginarte con él.
-Posiblemente porque no tengo nada en común con él… y todo en común contigo.
Se alzó apenas lo suficiente para besarla en los labios, un beso dulce cargado de afecto, dejándole caer buena parte de su peso al sentirla estirar las piernas para ayudarlo a salir y envolviéndolo entre sus brazos, claro mensaje de que no lo dejaría alejarse de ella tan pronto.
-Si al menos la vida hubiera sido distinta, te habría tomado a ti por esposa, te habría llevado a recorrer toda Gaea, habría estudiado y debatido contigo toda idea diferente e interesante que se nos hubiera pasado enfrente.
-Entonces no habrías tenido tiempo para hacerme el amor cada noche.
-¿En serio crees que no habría sacado tiempo para hacer esto contigo cada noche?
-En serio creo que lo hacemos cada noche porque tenemos el tiempo contado.
-Mhh, tienes algo de razón, querida, te hago el amor tantas veces como puedo cada noche porque tenemos el tiempo contado, si no fuera así, podría amarte una vez y luego relajarme entre tus brazos con la promesa de ver tu rostro al día siguiente apenas despertar.
-¿En serio quieres que crea que súbitamente tienes una enorme necesidad de hacer esto cada noche? ¿con la cantidad de años que pasaste célibe?
-Tengo una enorme necesidad de ti, confío en ti, te amo y no termino de encontrarte sumamente interesante.
Ella estaba riendo, seguramente apenada y alagada al mismo tiempo, haciéndolo sonreír también.
-¿Me harías el amor incluso embarazada?
-Te hago el amor incluso en tus días prohibidos, querida, solo una advertencia médica o una preocupación extraordinaria me persuadirían de no hacerlo.
-¿Me harías el amor aunque mi cuerpo se llenara de arrugas? ¿aún si mi cuerpo se deformara por la edad y todo lo que te gusta de él colgara fofo y sin forma?
No pudo evitar reírse, su mente trabajando en retratar a una Eries de edad avanzada, con los cabellos blancos, algunos rollitos en su vientre, su espalda y sus muslos, los senos caídos y un derrier menos firme.
-Sería un estudio interesante explorar el sexo durante la senectud, no creo que podría complacerte tantas veces o tan seguido…
-¡FOLKEN FANEL! ¿ME ESTÁS IMAGINANDO ACASO?
Una carcajada salió de su boca sin permiso, era hilarante verla indignada por una pequeñez como aquella, incluso lo había soltado y hecho a un lado para ponerse en pie, sin que él pudiera evitarlo a causa de la risa, la cual había incrementado al sentirla dándole una nalgada sin advertencia previa.
La tomó de la mano con el brazo derecho, olvidando por un momento que ese no era realmente su brazo y jalándola de vuelta al lecho, escuchándola reír cuando comenzó a hacerle algunas cosquillas con la mano izquierda, acallándola luego con besos húmedos y un par de dedos humanos explorando de nuevo las profundidades de su cuerpo, el tiempo suficiente para escucharla gimiendo y jadeando sin poder cubrirlo.
Se puso en pie entonces, tomándola de las piernas para colocarlas sobre sus hombros antes de acomodarse y empezar de nuevo, entrando y saliendo de ella con tanta lentitud como le era posible.
Las risas habían sido reemplazadas por pequeños gemidos cortos, casi suspiros a ritmo de vals. Le besó una de las piernas sin soltar sus muslos, deslizando su mano izquierda hasta la zona donde ambos cuerpos convergían, buscando a tientas hasta encontrar el nódulo que había estado buscando, manipulándolo con cuidado, completamente atento a los sonidos que ella producía, a su respiración, al incremento de temperatura en su interior, acelerando poco a poco al notar aquel par de bellos ojos cada vez más febriles, saliendo de ella y penetrándola con los dedos más y más rápido para asegurarse de que ella lograra llegar a la cima, volviendo a entrar en cuando la sintió convulsionando con fuerza desde dentro y gimiendo de esa forma tan particular.
No quería terminar aún, decidió que era el mejor momento para investigar una vez más la naturaleza de aquel cuerpo femenino, rozándola despacio con su garra metálica, observando atentamente la piel reaccionando ante el paso del frío metal, amasando y pellizcando con la mano izquierda justo antes de bajar las piernas de ellas para dejarla descansar, bombeando todavía despacio al tiempo que la besaba, mordisqueándole los labios y delineándolos con la lengua, separándose solo para trazar un camino de besos hasta la base del cuello de Eries donde se dedicó a morder suavemente intercalando con besos, teniendo buen cuidado de no dejarle marca alguna y regocijándose ante la lujuriosa sinfonía con que ella lo estaba premiando.
Eries no tardó en llegar al climax una segunda vez, salió de nuevo de ella, intentando contenerse para penetrarla de nuevo con sus dedos, succionando sus senos despacio y en círculos para luego jugar con el par de cumbres rosadas esperándolo completamente erectas por la excitación.
Cuando la sintió llegar una tercera vez no pudo aguantarse más, poniéndose de nuevo en pie, apoyando una de sus piernas en la cama y jalándola para reclamarla una última vez con total desesperación, disfrutaba verla reaccionando a sus caricias, pero sus reacciones eran demasiado excitantes para dejarlo proseguir con sus jugueteos.
La tomó de la cintura y uno de sus muslos, arrastrándola hasta la orilla de la cama para desahogarse con más necesidad que la que había sentido antes, dejando salir sus propios gemidos cavernosos y animalescos ante la fricción y el placer inmenso que estaba experimentando, sintiéndola contraerse con fuerza a su alrededor y acabando con él en ese preciso instante, la sensación de su semilla saliendo sin control alguno dentro de ella había resultado tan embriagante, que había sido completamente incapaz de sentir su espalda abriéndose o sus alas saliendo una vez más. Minutos después, su mente etiquetaría aquella experiencia como algo letal, teniendo la completa certeza de que jamás en toda su vida volvería a experimentar un clímax como ese.
-Folken -Murmuró Eries, liberándolo de su abrazo para sentarse a su lado, abrazándolo- ¡te amo tanto!
Sonrió completamente exhausto, envolviéndola entre sus brazos y sus alas, besándola en la frente húmeda de sudor, tratando de respirar con calma para acallar a su corazón bombeando con fuerza y rapidez en sus oídos.
-También te amo, Eries, no tienes idea de cuanto te amo.
Comenzó a besarla en uno de sus hombros al notarla divagando, estaba seguro de que ella estaba igual de cansada que él, pero por alguna razón, sentía una angustia inquietante justo ahora, como si fuera a llegar tarde a una cita importante si no se apresuraba.
-Eries, mi querida Eries, es hora de que vayas a descansar, éste ha sido un día extraño para todos, debes estar cansada.
-Pensaba que, tal vez, podría pasar la noche aquí, contigo, abrazados y compartiendo el calor, tienes que admitir que esta es una habitación más fría que las otras.
-Me encantaría Eries, sin embargo… estoy seguro de que alguien bajará a buscar esos trastes de té antes de lo que esperamos, mi intención no era exponerte.
La dejó alejarse para contemplarlo sin atreverse a soltar el abrazo de sus alas, sonriéndole con afecto y sintiendo una súbita tristeza ante la perspectiva de su partida.
-Tienes razón, ha sido agradable estar juntos como…
-¿Cómo marido y mujer? ¿Con todo el mundo sabiendo que estabas conmigo compartiendo alimentos y con nadie sospechando nuestras verdaderas intenciones.
Ella le sonrió, asintiendo y depositando un beso en su boca, un beso casto a diferencia de los otros que habían compartido aquella noche.
-Ha sido una ilusión realmente embriagadora, tanto que no quisiera deshacerla.
-Lo sé querida, pero es hora, vamos, realmente odiaría escuchar a algún idiota refiriéndose a ti de mala manera.
Un beso más y plegó sus alas, guardándolas de nuevo antes de levantarse para recoger toda la ropa en el suelo.
Se vistieron mutuamente, no había manera de ocultar las sonrisas de satisfacción de sus rostros, no esa noche, no luego de lo que había pasado.
Folken derramó todo el té en el área que le habían designado para el baño justo después de meter la ropa interior que habían roto en una pequeña caldera, entreteniéndose en enjuagar y secar las tazas y la tetera para asegurarse de que no habría evidencia de lo que habían hecho, colocando todo cuidadosamente en la charola donde había llegado aquel servicio, misma que se ofreció a subir en un intento de consentir a su amante un poco más.
-Toma, te escoltaría arriba a las cocinas y luego a tus aposentos para asegurarme de que llegues sana y salva, lamentablemente, me quedan un par de ajustes que hacerle a ese trasto de al fondo.
Ella tomó la bandeja, permitiéndole abrir la puerta para dejarla pasar, atrapándola de nuevo en un abrazo, presa de un súbito aguijonazo de ansiedad, necesitaba sentirla, olerla, saborearla una última vez.
-Buenas noches Folken -Dijo ella, depositando un beso en su mejilla con una sonrisa juguetona en el rostro.
-Buenas noches a ti también, Eries
La había tomado de la barbilla, guiándola de vuelta a sus labios, un beso corto, suave, que le hacía pensar en confesiones y despedidas que no se atrevía a hacerle.
-Te amo, mi querida Eries.
Notó ese brillo especial en los ojos de su mujer, haciéndolo sonreír al darse cuenta del efecto que causaban esas dos palabras en ella.
-También te amo, Folken.
-Hasta mañana.
-Hasta mañana.
No pudo cerrar la puerta tras ella, no habría podido hacerlo aun si Millerna, Dryden, Van y el mismísimo Rey Aston en persona hubieran estado observándolo todo en el pasillo, quería grabarse su imagen a fuego en la mente, quería estudiar sus movimientos regios y estilizados una última vez, como si con eso pudiera sacarse aquella aterradora sensación de que esa era, en realidad, la última vez que la veía.
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El amanecer estaba muy cerca, había terminado de hacerle los últimos ajustes a la máquina y había logrado ver finalmente un camino que los llevara al destino que deseaba, el costo sería muy alto, pero al menos le daría algún valor a su muerte temprana.
Llevaba un rato sentado, escribiendo y reescribiendo una última carta, quemando las que no le satisfacían y dejándolas arder en una charola cercana. Justo estaba terminando de escribir algo especialmente para Eries cuando escuchó unos pasos junto a su puerta, seguidos del gemido de los goznes al abrirse.
Era Hitomi, estaba seguro.
Su hora había llegado, engañaría a Hitomi, se enfrentaría al Emperador y cuando reclamara la muerte de aquel villano egoísta y estúpido, liberaría a Gaea, a su hermano y a su hermosa Eries para que pudieran encontrar su propio destino, su propia felicidad.
F I N
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Notas de la Autora:¿Habían notado en la serie que cuando Hitomi llega a hablar con él, Folken está escribiendo algo? además de eso, la reacción de Hitomi luego de verlo morir parece confirmarle algo. Cuando estuve escribiendo Eries y volví a ver la serie, no pude evitar pensar que Folken sabía que iba a morir y que estaba bien con eso, por otro lado, ¿qué podría ser tan importante para estar escribiendo justo antes de enfrentarse a un destino del cual, estaba seguro, no iba a volver?
Realmente espero que hayan disfrutado con este pequeño fanfic, un saludo a todos y si no han leído Eries, pero quieren saber que ocurre después, adelante, tal vez les guste el final y el inesperado futuro que la máquina del destino le dejó a la segunda princesa de Asturia.
SARABA
