Switft
I´ll be waiting. Lenny Kravitz
Capítulo 12
Indirectas
Por norma general, me agradaba la presencia de mi hermano y Marley en el bar, pero a quien no estaba acostumbrada a recibir allí era a Finn. Y él lo sabía. Quizás por eso saludarnos fue lo suficientemente incomodo como para que los dos fuésemos conscientes de que quizás no había sido la mejor idea.
Era la primera vez que volvíamos a vernos tras el desencuentro que mantuvimos en la cafetería varios días atrás. En todo ese tiempo solo habíamos intercambiado un par de mensajes de texto y poco más.
—¿Qué tal estás? —me cuestionó con dudas tras ver como Brody y Marley volvían a retomar su posición en la barra tras saludarme.
— Bien. ¿Y tú?
—Bueno podría estar mejor —respondió sin dejar de mirarme—. Sé que no me esperabas aquí, pero tu hermano insistió en que viniese hoy porque teníais un concierto o algo así. ¿No es cierto?
—Sí, así es. Pero no es algo grande, solo es una chica que está viniendo a cantar algunos días. Nada profesional— le dije procurando no darle importancia. O mejor dicho, que no se me notase que para mi empezaba a ser algo importante.
—Bueno, está bien eso de que busquéis alternativas —dijo lazando una mirada al resto del bar—. Hay más gente de lo que había la última vez que estuve.
—Han cambiado mucho las cosas desde que viniste —me excuse rápidamente. Lo cierto es que mentí un poco al dejarle caer aquella intención de hacerle ver que el bar iba mejor, cuando no era cierto.
Por desgracia para mí y para suerte de Rachel, el bar solo se veía así de lleno cuando ella actuaba. Y con aquella noche, solo eran dos las veces que lo iba a hacer. Para colmo en aquel instante, tampoco había la gente esperada después del debut de la morena en mi bar. Un par de grupos de chicos, probablemente del equipo de básquet, y algunos clientes dispersos. Ese era el público de Rachel para aquella noche.
—Ya veo —respondió volviendo a mirarme—. Oye… ¿Te has hecho algo en el pelo?
—Sí, Quinn —interrumpía Marley—. ¿Qué te has hecho en el pelo?
—Nada, solo fui a cortarme un poco esta mañana —respondí con normalidad—. Necesitaba hacerlo.
—Estás muy bien —me sonrió.
—Cierto, estás muy guapa —intervino de nuevo Finn que no me quitaba ojo.
—Gracias. ¿Qué os pongo?
—Cerveza —mi hermano fue el primero en pedir—, y para Marley algo sin alcohol, —sonrió—. Hoy conduce ella.
—He tenido suerte esta noche —masculló con sarcasmo—. Nada de alcohol, pero, por favor, que sea algo más interesante que una gaseosa.
—Ok. Le pediré a Sam que te haga algún coctel sin alcohol. ¿Y a ti? ¿Qué te pongo? — me dirigí a Finn que seguía mirándome fijamente.
—Una cerveza estará bien —respondió con amabilidad.
Lo estaba haciendo. Finn volvía a utilizar su mejor técnica, la que nunca fallaba conmigo para conseguir suavizar mi carácter y hacerme sentir un poco más cómoda. Y, por ende, más amable con él.
Asentí a su petición y casi huyendo de aquel magnetismo con el que me eclipsaba mi chico, me dispuse a preparar las bebidas que me habían pedido. Justo cuando vi a Rachel abandonar el almacén y dirigirse hacia la esquina, hasta el improvisado escenario que tanto parecía gustarle. Yo la miré, eso era evidente, pero ella no lo hizo hacia mí. Simplemente avanzó entre la gente con la guitarra ya perfectamente preparada para la actuación.
No le di importancia, simplemente traté de asegurarme que ya estaba bien, que ese malestar que parecía aquejarla se había esfumado.
Lo cierto es que no pude comprobarlo directamente porque la gente me cortaba la visión que yo tenía desde la barra. Sin embargo, si lo iba a descubrir, y no me iba a hacer falta apartarme de mi zona de trabajo para ello.
Ni siquiera la vi llegar. Estaba inmersa en sacar las dos botellas de cerveza que me habían pedido mi hermano y Finn, cuando escuché su voz llamándome.
Lo sorpresa no fue ese detalle, la sorpresa para mí fue descubrirla tras la barra, justo al lado de Finn. No sé si perdí un poco la noción del tiempo o es que mi cerebro se detuvo en aquel instante, y no fui consciente de lo que sucedía. Lo único que me hizo reaccionar fue la insistencia de mi hermano porque le entregara de una vez la cerveza que ya permanecía en mis manos.
—Vamos Quinn, que tengo sed —insistió Brody.
—Dime Rachel —me acerqué a ella tras dejarle la botella a mi hermano.
—Quinn. ¿Tenéis botellas pequeñas de agua? —preguntó sin percatarse de la extraña mirada que Finn le lanzaba. Algo que yo si pude ver.
—Eh sí, claro. ¿Quieres una?
—Sí por favor, tengo la garganta un poco seca y voy a necesitarla mientras canto.
—Yo a ti te conozco —interrumpió Finn tras darle un primer sorbo a su cerveza y llamar la atención de Rachel. Y por supuesto la mía—. Tú eres la chica que canta junto a la lavandería de la calle Van Buren. ¿No es cierto?
—Eh sí, a menos que haya otra chica que lo haga cuando yo no estoy —respondió un tanto extrañada, casi como yo lo estaba.
Que Finn pudiese reconocer a Rachel era lo más extraño que me podía suceder en aquel día.
—No, estoy seguro de que eres tú —sonrió—. Yo trabajo cerca y te he visto varias veces allí.
—Vaya… Pues que bien —musitó un tanto confusa.
—¿Es ella la que va a cantar aquí? —esta vez Finn me preguntó directamente a mí, provocando mi repentina reacción tras verlos hablar. Rachel también me miró.
—Eh sí, ella es Rachel Berry —dije nerviosa—. Rachel él, él es Finn Hudson.
—¿Os conocéis? —respondió la morena un tanto sorprendida—. Encantada, es un placer conocer a los amigos de Quinn —sonrió al tiempo que le ofrecía la mano para saludarlo.
Finn la aceptó de buenas maneras y respondió a aquel saludo de igual forma.
—Para mí también es un placer —respondió él—, pero no soy su amigo, soy su novio.
Podría creer que todo había sido producto de mi imaginación, pero juro que en ese mismo instante vi como Rachel tensaba su mandíbula y conseguía mantener la sonrisa sin que se notase que era completamente forzada. Aunque yo si lo supe, porque yo ya conocía la verdadera sonrisa de Rachel. La sincera, la natural que conseguía hacerme sentir bien y que nada tenía que ver con aquella. No tuve más remedio que reaccionar, o quizás sí, pero en aquel instante simplemente hice lo que hice sin pensar.
—Mi ex novio —aclaré provocando la reacción de ambos. Aunque fueron reacciones dispares. La sonrisa volvía a relajarse en el rostro de Rachel, que ya soltaba la mano de Finn, y mi chico, o mi ex en ese caso, lo hizo lanzándome una entristecida e incómoda mirada.
Sabía que aquel simple detalle le había ofendido, y en el fondo me dolía que así fuese, pero haberme callado habría supuesto hacer creer a Rachel que le había mentido. Y no estaba dispuesta a que eso sucediera.
—Ella es Marley —añadí de nuevo tratando de suavizar la tensión, y aprovechando que tanto Brody como Marley, estaban pendientes de la conversación—. Mi cuñada y él… Bueno, a él creo que lo conoces —señalé a Brody, que al contrario que su chica, que no dudó en sonreírle con educación a Rachel, nos miraba completamente confuso.
—Hola —saludó Rachel sin moverse de su lugar, a lo que Brody le respondió con una media sonrisa de complicidad y poco más—. Me alegra volverte a ver —añadió sonriente—. Siento no poder charlar con vosotros, pero me espera el escenario —se excusó—. Ha sido un placer —añadió volviendo a mirar a Finn, que se limitó a sonreírle con educación.
Lo cierto es que las miradas, los gestos confusos tanto de Finn como de Brody consiguieron crear una tensión extraña entre todos, menos en Marley, que permanecía ajena a la situación que se vivía. Para ella, Rachel solo era una cantante que iba a actuar en el bar, pero para mi hermano y para Finn no. Para Brody era la chica que días atrás había visto tocando en mitad de la calle y que recibió 100 dólares de mi mano, tras ver cómo le robaban lo poco que había ganado. Y para Finn, al parecer también era una chica que solía ver tocando cerca de donde se encontraba su oficina, pero no era eso lo que le había extrañado de la situación, y yo lo sabía.
Era aquel pequeño detalle de dejarle claro que era mi ex y no mi novio lo que había hecho mella en él. Y que, a pesar de todo, también me estaba martirizando a mí.
Nunca creí que iba a ser capaz de negar algo así con tanta rotundidad solo por aquella chica. Nunca creí ser capaz de poner en esa situación a quien había sido mi novio durante diez años, y realmente me sentí mal por ello. Y ni siquiera sabia que lo peor estaba aún por llegar.
Tras ver como Rachel se alejaba con la botella de agua hacia la esquina, evité en todo momento volver a hablar con Finn, perjudicando con aquella decisión a mi hermano y a Marley, a quienes decidí abandonar para seguir con mi trabajo. Pero Rachel no me lo iba a poner fácil.
Empezó a tocar y todos los que estaban en el bar, miraban hacia ella. Todos menos Finn, que cabizbajo observaba su cerveza y permanecía ausente a lo que sucedía a su alrededor. Por un momento vi incluso tristeza en sus ojos, y eso conseguía que mi culpabilidad aumentase por momentos. Hasta que ya no pude soportarlo más y decidí esconderme. Porque eso era lo que estaba haciendo, esconderme.
Rachel ya empezaba la que era su segunda canción y los acordes me provocaron aquella reacción de salir huyendo.
Loving him is like
Driving a new Maserati down a dead-end street
Faster than the wind
Passionate as sin
Ending so suddenly
Por mi mente solo pasaban insultos hacía mí misma mientras introducía algunos de los vasos en el lavaplatos y trataba de ignorar a Finn. De nuevo Rachel volvía a cantar algo que me tocaba de lleno, y más en aquel instante. Y por lo que pude ver, Finn también sintió aquellas palabras de la morena como un canto a nuestra relación, tanto que desde que empezó clavó sus ojos en mí, tratando o quizás esperando alguna respuesta por mi parte.
Losing him was blue like I'd never known
Missing him was dark grey, all alone
Forgetting him was like trying to know somebody you never met
But loving him was red
No pude evitar mirarlo y fue lo peor que hice. Sentí que el corazón se me rompía al verlo allí, ignorando al resto y dedicando toda su atención sobre mí mientras la dulce voz de Rachel seguía inundando el bar, que permanecía completamente en silencio, escuchándola. Y fue entonces cuando dejé el poco valor que tenía y me escondí adentrándome en el almacén. Pero como era evidente, no iba a resultar tan sencillo para mí hacerlo y pasar desapercibida. No si Santana estaba en el mismo lugar.
Mi amiga no perdió detalle de lo que me sucedía en ningún momento, aunque yo no lo supe hasta que me detuvo en el mismo pasillo del almacén, sujetando mi brazo con determinación.
—¿Qué haces? —fue directa.
—Déjame Santana —respondí sin mirarla—. Necesito estar sola —supuse que mi rostro reflejaba todo el desconcierto y el malestar que me envolvía por aquella situación.
—Quinn. ¿Me explicas qué diablos te pasa? —insistió— ¿Has vuelto a discutir con él?
—No —murmuré buscando estabilidad en la pared. Sentía que me empezaba a asfixiar y necesitaba algún punto de apoyo por miedo a perder el equilibrio—. No he vuelto a discutir con él.
—¿Entonces?
—Me siento culpable —confesé—. Me siento mal por lo que le estoy haciendo con… —tuve que tomar aire de nuevo por miedo a un nuevo ataque de ansiedad— Con Rachel.
—Ok. Yo sabía que esto iba a terminar sucediendo. No sirves para pasártelo bien sin complicarte la vida.
—No necesito tus sermones ahora.
—Ok. Ok. Pero tienes que madurar en ese sentido, Quinn. Olvídate de ella. Piensa en ella como lo haces en Sam. Solo fue una noche, y no estás con Finn. No tienes porqué sentirte mal. No le has hecho daño a nadie, ni le has mentido…
—No me acosté con ella —interrumpí cerrando los ojos.
—¿Qué? ¿Cómo que no te has acostado con ella? Me dijiste que…
—Solo fue un beso —volví a mirarla—. Lo siento, siento haberte mentido, pero quería que te olvidaras de una vez de ese tema y pensé que era la mejor opción.
—No me lo puedo creer —me recriminó—. ¿Me engañas a mí? ¿A tu mejor amiga?
—Lo siento. ¿Vale? —volví a excusarme— Lo siento, sé que lo he hecho mal, pero no soportaba mas tantas bromas con ese asunto. Y por primera vez, vi la oportunidad de vengarme.
Estaba ofendida, o mejor dicho confusa, al menos eso era lo que reflejaba su gesto incrédulo durante aquellos segundos en los que se mantuvo en silencio tras mi explicación, mirándome sin saber qué decir o cómo actuar. Hasta que reaccionó.
—Ok, ya hablaremos de esto en otro momento, pero ahora tenemos otro asunto importante que solucionar. ¿Por qué me dices que te sientes culpable con él si no has hecho nada? ¿Un beso? ¿Qué es un beso? Nada, por amor de dios, Quinn, no eres una cría para sentirte culpable por un estúpido beso. Te recuerdo que te acuestas con Sam cada vez que te da la gana.
—Han sido dos besos —dije—, y te aseguro que no me sentía culpable por el primero, pero el segundo… No sé. No, no es lo mismo que con Sam —bajé la mirada. Lo cierto es que me daba vergüenza mirarla.
—¿Por qué no es lo mismo?
—Porque no. Porque con Sam… Sé lo que hay, sé lo que sucede entre nosotros y no me da miedo. Pero con ella…
—¿Te da miedo? — No respondí. Bajé de nuevo la mirada completamente avergonzada— Quinn, ¿me estás diciendo que, por dos besos con esa chica, te sientes culpable?
—Siento que lo estoy traicionando. A él, a Finn.
—¿Te gusta esa chica?
—Le gusto— aclaré—. Me ha dicho que le gusto.
—Ok. Pero por eso no debes sentirte mal. Que culpa tienes tú de…
—Y a mí me fascina gustarle— la interrumpí—. Me hace sentir bien y, no sé, no sé qué me pasa, pero no me gusta en absoluto sentirme así por alguien que no es Finn. Y hago cosas estúpidas, como llevarla a la montaña en mitad de la madrugada, solo para que tome un poco el aire. O… O le cuento anécdotas de mi hermano y mías, o que se yo… Dios. Estoy haciendo cosas sin sentido, y al final voy a terminar haciéndole daño a Finn, y a meterme en líos que…
—¿Te has enamorado de ella? —fue directa. Tanto que sentí como mi corazón se congelaba al escuchar pronunciar sus palabras— Quinn. ¿Te estás enamorando de esa chica? — insistió y yo logré reaccionar.
—¡No! —repliqué procurando sonar convincente— No, ni hablar. Yo amo a Finn. ¿Entiendes? Yo me voy a casar con él.
—¿Y por qué no vuelves con él? ¿No te das cuenta que cuanto más tiempo pasa, peor te encuentras?
—Estoy enfadada con él, no puedo perdonar lo que me hizo así, sin más Santana. Todo es más complejo de lo que crees y… ¡Oh mierda! —detuve mi confesión al escuchar de nuevo la voz de Rachel, que sonaba alta y clara con otra de las canciones que había elegido en su repertorio para aquella noche, y que yo conocía perfectamente. De hecho, era una de mis favoritas, aunque eso ella no lo sabía, o quizás sí. Mi paranoia con las casualidades entre esa chica, sus canciones y mi vida, era ya lo suficientemente importante como para creer que podía leer la mente.
—¿Qué sucede? —cuestionó confusa Santana.
—Escúchala. Escucha lo que canta —susurré guardando silencio para permitir que mi amiga pudiese ser testigo de mis temores.
He broke your heart
He took your soul
You're hurt inside
Because there's a hole
You need some time
To be alone
—¿Qué pasa con esa canción?
—Habla de Finn. Hace un momento estaba cantando esa canción que habla de cómo te sientes cuando rompes con alguien a quien amas, y ahora canta eso…
—Quinn. ¿Estás loca? Solo es una canción, no…
—Shh —la silencié completamente obsesionada con escuchar las siguientes estrofas.
As long as I'm living, I'll be waiting
As long as I'm breathing, I'll be there
Whenever you call me, I'll be waiting
Whenever you need me, I'll be there
—¿Lo ves?
—Quinn, solo es una canción de Lenny Kravitz. Creo.
—Siempre hace lo mismo —respondí—. Antes de salir me ha dicho que ella no utiliza su artillería conmigo porque me respeta, y no quiere hacerme sentir mal, pero luego canta canciones que me hacen pensar. Es como si las cantara solo para hacerme dudar.
—Pero… ¿Tú crees que ella va hacer eso sabiendo que ahí está Finn? Porque hace un momento he visto como les presentabas y sabe que él es tu novio. ¿No?
—Sabe que es él, pero le he remarcado que es mi ex justo cuando Finn le decía que era mi novio —aclaré—. Y te juro que he visto como sonreía con tranquilidad Santana. Esa chica está interesada en mí y…
—¿Y qué, Quinn? —se preocupó— Me acabas de decir que tú amas a Finn. ¿Por qué te preocupa tanto lo que esa chica sienta por ti?
—Ya te he dicho que me hace sentir especial, y saber que le gusto a ella y que a mí me gusta que le suceda eso, me hace sentir culpable por Finn. Y creo que no se lo merece. Siento, siento que le estoy mintiendo.
—Pues háblalo con ella. Deja de lamentarte y dile a esa chica que a pesar de que no estés con Finn, tienes intención de volver con él y casarte. Si es sensata, dejara de lanzarte todos esos mensajes subliminales con las canciones. Si es que es cierto que lo hace, claro está.
—Dios —volví a lamentarme—. Toda la culpa es tuya. Si no me hubieses llevado a ese estúpido bar con la estúpida apuesta, yo no habría hecho el estúpido.
—Pues por eso mismo, como yo te metí en este lío, ahora me haces caso y le cuentas todo a ella. Y que te dejé en paz si no quiere que todo acabe mal entre vosotras.
—Perdón.
Nos quedamos en silencio tras escuchar su voz de forma tan nítida y clara, que incluso creímos estás delirando. De hecho, en mi mente seguía sonando su voz mientras versionaba a Lenny Kravitz. Rachel se posicionaba en la entrada del pasillo y nos interrumpía sin que fuésemos conscientes de su presencia. Y por supuesto, sin saber si había escuchado toda la conversación.
—Disculpadme, pero tengo que ir al almacén —volvió a hablar tras nuestro silencio.
—¿Ya has terminado? —fue Santana quien reaccionó, y yo lo agradecí. Sentía una enorme presión en el pecho que apenas me dejaba respirar con normalidad.
—Sí, lo cierto es que no, no me encuentro muy bien y no puedo cantar más —se lamentó—. Necesito marcharme y descansar. Lo siento —volvía a disculparse al tiempo que avanzaba hacia nosotras y pasaba entre las dos, con la cabeza baja y el paso vacilante. Solo la vi detenerse un segundo al pasar junto a mí y dedicarme una fugaz mirada de soslayo que yo no acerté a descifrar.
Mi mente solo trataba de averiguar si Rachel había oído toda nuestra conversación, y desear que no hubiera sido así. Pero a Santana aquella extraña y ausente actitud de la morena le vino perfecta para que yo llevase a cabo lo que con tanta insistencia me pedía.
No tardó en abandonarme y seguirla hasta el almacén, y yo tuve que hacer lo mismo por miedo a que mi amiga actuase de una manera no adecuada. Conocía su carácter, y no era el más acertado para una situación comprometida. Y Rachel, al fin y al cabo, no tenía culpa de nada.
—¿Qué te sucede? —le preguntó tras ver como Rachel ya se colocaba una fina blusa que había dejado en el almacén, y hacia acopio de su pequeño bolso.
—No lo sé, me duele un poco el estómago —respondió desganada.
—Quinn, llévala a su hostal —ordenó Santana sorprendiéndonos a ambas. Yo la miré incrédula, pero Rachel se detuvo frente a ella.
—¿Qué? No, no es necesario.
—No te vas a ir sola si te encuentras mal —respondió mi amiga—. Vamos Quinn, coge el coche y llévala —me miró con toda la intención de hacerme entender que estaba dándome la oportunidad de quedarme a solas con Rachel, y aclarar el asunto que me martirizaba. Evidentemente yo sabía que es lo que pretendía, pero no estaba tan segura de ser capaz de hacerlo en ese instante. No sin haberlo preparado con antelación.
En eso si me parecía a mi padre y a mi hermano. Cada vez que tenía que hablar, tenía que prepararlo como si de un discurso se tratase y en aquel instante, no tenía claro ni lo que me estaba sucediendo.
—Yo, yo —tartamudeé. Realmente no tenía ni idea de si insistir, o posicionarme junto a Rachel para rechazar la idea.
—Tú nada —me recriminó—. Está enferma. No vamos a dejarla que se marche sola.
—Tiene razón —miré a Rachel. Su aspecto demostraba que no estaba en la mejor situación, ni siquiera de rechazar aquello.
—Pero estáis trabajando. No es necesario, además, está tu chico ahí fuera y querréis estar a…
—Te llevo —interrumpí tras escuchar las palabras mágicas. Que Rachel llamase a Finn "mi chico" después de haberle insistido que no lo era, me dejaba claro que algo había escuchado de la conversación, y si permitía que se marchase así, sin más, sería yo la que no conciliase el sueño aquella noche. No estaba por la labor de pasarlo mal, no aquel día en el que conseguí cambiar un poco mi estado anímico.
—No es necesario —respondió un tanto molesta—. Ya tomo un taxi.
—De aquí no sales si no es con ella en el coche —dijo Santana apartándose de nosotras, y saliendo del almacén como si nada. Su frase había sonado a sentencia, y cuando Santana López sentenciaba, nada ni nadie lo refutaba. Al menos nadie de quienes la conocíamos, porque Rachel no tenía nada que temerle a mi amiga.
Ella era probablemente más cabezota que Santana.
—¿Qué es todo esto? —me preguntó confusa.
—Está preocupada por ti —le dije desviando la mirada—. No quiere que te marches enferma y a solas.
—No hablo de eso, hablo de lo que estabais hablando de mí y de…
—¿Lo has escuchado? —la miré.
—He escuchado lo justo y necesario para saber que ésta no es mi guerra, y que no pienso meterme en batallas de celos
—¿Celos? ¿Qué dices de celos?
—Te he escuchado culparla a ella de la estúpida apuesta, y luego ella ha dicho que tenías que contarme la verdad, y pedirme que te dejara en paz si no quería que todo fuese mal entre nosotras —respondió casi sin respirar—. Está claro que me estás utilizando para darle celos a tu novio o lo que sea ese chico.
—¿¡Qué!? —estallé—. No, ni hablar.
—¿A no? Pues es eso lo que parece.
—No tiene nada que ver, te lo juro Rachel. Jamás te utilizaría para dar celos, ni a ti ni a nadie. No soy así.
—¿Entonces? ¿Qué tienes que hablar conmigo? ¿Desde cuándo te estoy acosando para que me pidas que te deje en paz? —volvía a recriminarme—. Siento lo del beso de antes, y ya te lo he dicho, no sé cómo sucedió, pero te aseguro que no volverá a pasar y… No es acoso como para que me pidas que te deje en paz. De hecho, no...Además, tú, tú me dijiste que estabas sola.
—Rachel —interrumpí de nuevo su monologo—. No tiene nada que ver con eso, es algo mío. Soy yo.
—¿Tú? —me miró confusa.
—Déjame que te lleve y te lo explico, por favor —supliqué y funcionó, como siempre funcionaba, de hecho.
Ya he dicho que suelo ser bastante convincente con una simple mirada, y Rachel ya empezaba a ser testigo de ello.
Tomó una gran bocanada de aire tras tocarse con la mano la parte trasera de su cadera con un leve gesto de dolor y asintió.
Quizás el malestar que parecía sentir no le daba mucha opción para seguir debatiéndome, y sin volver a dirigirme la mirada, alzó de nuevo la guitarra sobre su hombro y caminó hacia la salida del almacén.
Yo hice lo mismo tras recuperar mi bolso. A pesar de no haber recibido palabra alguna, sabía que no se iba a marchar de allí sin mí, ni siquiera cuando ya la veía salir al exterior. Pero yo me tuve que detener un instante antes de hacerlo también.
La presencia de Finn, Marley y Brody así me lo exigía.
—¿Te vas? —fue mi hermano el primero en interponerse en mi camino.
—Sí —respondí observando como Finn y Marley también se acercaban—. Rachel se encuentra mal y Santana me ha pedido que la lleve a su hostal. Está a unos minutos de aquí, pero no creemos que deba ir sola —me excusé.
—Oh, vaya. Pues espero que se mejore —dijo un tanto preocupado.
—Gracias por venir, Brody —dije segundos antes de abrazarlo—. Marley me alegra verte por aquí —miré a mi cuñada, a quien también abracé a modo de despedida.
—Ha sido divertido —respondió con una de sus increíbles sonrisas—. Tenemos que quedar e ir de compras.
—Claro. Llámame en cuanto tengas un hueco. ¿Ok?
Me guiñó un ojo, nada más. Eso era suficiente para hacerme ver que estaría lo haría, como lo había hecho otras muchas veces. Pero aquel guiño de ojos no me hizo sonreír. Ahora venía la peor parte.
Finn me esperaba impaciente, un tanto vacilante por si debía o no saludarme y yo no pude dejar que aquella sensación siguiese ocupándose de él.
—Finn —me acerqué con la intención de evitar que mi hermano pudiese oír demasiado—. Gracias por venir, me ha alegrado mucho verte.
—¿De veras? —susurró un tanto incrédulo.
—Sí —respondí con honestidad—. Te llamaré esta semana, quizás podamos cenar y… Bueno, vernos más.
—Eso estaría bien —me sonrió justo antes de abrazarme. Sabía que lo estaba deseando y no me sentí incomoda por como lo hizo—. Cuídate, y cuida a esa chica.
—Lo haré —susurré tras separarme de él y despedirme regalándole un intento de sonrisa tranquilizadora. Digo intento porque no era capaz de controlar mis emociones en aquel instante, y no supe si era eso lo que reflejaba mi rostro o, todo lo contrario.
Cuando salí, debió ser lo que intuía. Al menos la mirada de Rachel, que ya esperaba impaciente junto a mi coche, me dejó claro que yo no era la misma chica que ella había conocido.
—¿Nos vamos? —dije acercándome. Ni siquiera me respondió. Se limitó a bajar la mirada y volver a mostrar un gesto de dolor, que por lo que pude observar, procedía de su espalda o cadera— ¿Qué te duele? —pregunté tras sentarse en el asiento.
—No lo sé —musitó dejándose caer sobre el respaldo—, parece la barriga, pero me duele en la cadera también —se quejó—. No te preocupes ya, ya se me pasa.
—Ok —traté de no preocuparme y puse el motor en marcha, dispuesta a salir de allí lo antes posible, y al mismo tiempo, arrancar la explicación que debía darle.
El problema estaba en que no sabía cómo hacerlo. No tenía ni idea de qué decirle o no, de si confesarle que me gustaba sentirme así con su atención o no.
—¿Y bien? —fue ella la que inició lo que para mí iba a ser una verdadera tortura—¿Qué me tienes que explicar?
Tardé varios segundos en responder, justamente los que necesité para ordenar mi mente.
—Finn no es mi novio —solté sin pensar—, pero volverá a serlo.
—¿Eso es todo? —me dijo tras ver como volvía el silencio entre las dos.
—No, claro que no. Lo que te quiero decir es que él va a volver a ser mi novio algún día, no sé cuándo, pero lo será. Y yo siento que le estoy haciendo mal.
—¿Qué le haces mal? Espera Quinn, tú me dijiste que no tenías problemas en estar con otras personas, porque estabas sola. ¿Ahora te arrepientes de eso?
—No me arrepiento —respondí—. Rachel..—volví a tomar aire. Estaba tan confusa que incluso no era consciente de por dónde o cómo conducía. Mi cuerpo actuaba en modo automático— El problema es que tú —tragué saliva—, tú me gustas. ¿Vale? Y yo siento que ahora sí estoy mintiéndole. Porque con otras personas no había nada, solo pasar un rato y ya, pero ahora es distinto. Cuando, cuando os he visto juntos me he sentido el ser más despreciable del mundo. Primero por decirte a ti que no tenía nada con él, porque, aunque no tengo nada ahora, si lo voy a tener. Y pensarlo es igual que hacerlo. Es mentirte y a él, pues no, no puedo mirarle a los ojos y mentirle, no soy capaz de…
—¿Te gusto?
Por supuesto detuve mi extraña explicación tras escucharla preguntarme aquello. No puede evitar mirarla y fue entonces cuando vi como el brillo se apoderaba de su frente y me hacía indicar que el sudor comenzaba a brotar de ella.
—Eh es evidente. ¿No? —balbuceé volviendo la mirada hacia la carretera.
—No tenía ni idea, pensaba que todo esto, lo del beso y eso era por la curiosidad.
—Rachel —interrumpí—. Yo también pensaba que era por la curiosidad, pero eres, eres especial. No, no sé, no es que me atraigas sin remedio.
—No, no te entiendo, Quinn.
Su confusión era exactamente igual que la mía tras mi excusa. Básicamente porque yo tampoco comprendía lo que pretendía decirle con eso.
—Rachel, eres una persona especial, me gusta tu forma de vivir la vida y quizás eso ha hecho que te vea de una forma distinta a como vería a cualquier otra persona. Pero eso no significa que me haya enamorado de ti —aclaré—, es solo que me gustas y por eso mismo me siento mal—volví a mirarla—. Yo amo a Finn y volveré con él. Y no, no quiero que todo esto se me vaya de las manos. No quiero hacerte creer que entre tú y yo puede haber algo más que una simple atracción.
—Quinn —volvía a interrumpirme—. Entiendo que quieras explicarme todo con detalles, pero yo prefiero que las cosas siempre sean claras, sencillas y directas. Solo dime lo que quieres que haga y así lo haré.
—¿Lo que quiero que hagas? —cuestioné un tanto confusa.
—Tú también me gustas, eso ya lo sabes, pero yo no quiero estar en medio de ninguna relación. Así que dime lo que quieres que haga —susurró con dificultad—. Si no quieres que vuelva a ir al bar, no voy. Nos olvidamos de todo y te aseguro que no volveré a pasar por tu vida.
—No —respondí rápidamente. Que me sintiera mal por mentirles a ambos no significaba que quisiera que se apartasen de mi vida. Lo dicho, mi egoísmo es algo que siempre me acompañó y por supuesto, en aquel instante no iba a ser menos.
—¿No?
—Me caes bien y ya te he dicho que no estoy enamorada de ti, no supones un riesgo entre Finn y yo, porque yo tengo claro lo que siento por él —aclaré, o al menos lo intenté.
—¿Entonces? ¿Cuál es el problema? ¿Qué no quieres que vuelva a besarte? No te preocupes no lo haré.
—Eso y… bueno también, también tengo que pedirte que dejes de lanzarme indirectas.
—¿Indirectas? Lo siento Quinn, pero no soy de lanzar indirectas —me recriminó—. Yo las cosas las digo a la cara.
—¿Y las canciones? ¿Qué pasa con las canciones?
—Pues no sé. ¿De qué canciones hablas?
—Rachel, cada vez que cantas una canción y yo estoy presente, tiene algo que ver con mi vida y… Y me miras y me da la sensación que me la cantas a mí, y bueno, yo me pongo a pensar y creo que… Dios—balbuceé. Cada palabra que salía de mi boca me parecía una completa locura incluso para mí. Una paranoia tal y como me dijo Santana.
—Yo no sé cómo es tu vida —me dijo con apenas un hilo de voz—, yo solo canto, Quinn.
Su forma de hablar, aquel extraño deje en su voz y el bajo volumen que utilizaba me provocó la suficiente curiosidad como para apartar la vista de la carretera y mirarla.
Me aterroricé.
Pensaba que aquella actitud se debía al mal rato que estaba pasando por mi extraña confesión y peores excusas, pero no. Rachel no parecía lamentarse por eso sino, por otra cosa.
El sudor había invadido por completo su pálido rostro y el gesto de dolor que mostraba mientras aprisionaba con fuerzas su costado me asustó.
—¿Qué te pasa, Rachel? —le pregunté lanzándome hacia el arcén donde detuve el coche— ¿Qué te pasa?
No respondía. Rachel simplemente se retorcía de dolor y trataba de recuperar una respiración que aparecía dificultosa a tenor del movimiento de su pecho, y el temblor de sus manos—¡Rachel por dios, habla! —me solté el cinturón de seguridad para acercarme a ella y tratar de ayudarle en lo que quisiera que estuviera sucediéndole, pero la morena no respondía a mis gestos ni a mi histeria— ¿Qué te sucede, Rachel? —el nudo en mi garganta estuvo a punto de cortar mi pregunta, pero por suerte, en aquel momento recibí la única y más directa respuesta de aquella chica en forma de susurro.
—Llévame a un hospital, por favor.
