Historias de Tierra C
Herida en el Viento
Pobre Sirius, nos ha dejado y sin saber que los chicos han marchado para enfrentar a Nidia Norton, mientras tanto veo a tres amigos míos convalecientes y noqueados cuando yo tengo en mis manos un bastón cargado de energía que según el "solo usar en el momento" ¿Pero cuál momento ¿Y de qué cámara le hablaba a Gwen?
El demonio Esperanto viajaba a gran velocidad hacia el Palacio Imperial donde Arquezan y su recuperado invitado John Egbert la estaban esperando, listos para enfrentarle aun cuando las posibilidades de ganarle eran nulas. La emperatriz, su invitado y los hermanos de la Orden del Martillo destinados a protegerle se sorprendieron cuando en una explosión que destruyó parte del techo salió Nidia con una mirada desafiante hacia Texray.
-Saludos "majestad". –dijo Nidia de manera sarcástica.
-Veo que tome tu llegada muy a la ligera. –respondió Arquezan.
-Con que ¿Tú fuiste quien derroto a Lord English?
-Así es, y tú serás la siguiente.
-Que risa, que risa, ¿Tú piensas ganarme con insignificante poder que tienes? Los padres de tus amigos no pudieron ni hacerme cosquillas y piensas ganarme ¿Por qué no huyes con tu debilucho amigo?
-No señor, te enfrentare y eso hare, no te tengo miedo.
-De acuerdo, te fundiré esa corona en la cabeza y luego la hare brocheta con la del Príncipe.
-¿El Príncipe? –pregunto un confundido John.
Ambos tomaron posiciones para pelear, Nidia por tener alas tenia ventaja pero Arquezan sabia pelear con demonios de su tipo y supo moverse a contracorriente, mientras John lograba derribarla gracias a "la cosa del viento", el demonio se enfurecía pues le evitaban cada vez que intentaba golpear así que saco su espada sierra y al intentar darle el tajo mortal a la emperatriz esta saco una variante de cierto legendario martillo aunque no era martillo, si no el "Mandoble de Millyhoo", igual de colorida como poderosa mientras John sacaba el propiamente dicho "Martillo de Guerra de Zillyhoo" y ambos lograban hacerle daño a Nidia que ya había derrotado a los guardias imperiales sin siquiera sudar. El demonio miraba como los guardianes de Arquezan yacían en el suelo tras ser derribados sin problema mientras sus oponentes no parecían cansarse pero ella tenía poderes psíquicos que por desgracia no afectaba a un par de personalidades que ya se habían hecho inmunes a ellos, los golpes de espadas y martillo retumbaban en el espacio de la sala del trono, pronto el lugar se derrumbó y aquellos oponentes salieron para continuar la batalla al aire libre.
-Ustedes sí que son duros.
-Te dije que podía con los de tu calaña.
-Muy bien, pero esto apenas comienza, además es un dos contra uno, así que… ¡bye Egbert!
De un golpe de onda psíquica Nidia había mandado lejos a Egbert para pelear más a gusto solo con Arquezan pero ni siquiera así ella parecía afectada, al contrario era una cosa menos por qué preocuparse decía ella. De un solo se teleporto frente a John y para tenerlo permanentemente fuera de la pelea le enterró su espada en el pecho y con el correr de los dientes de sierra destrozo sus costillas casi cortándole el corazón dejándolo mal herido, acto seguido se volvió a teleportar frente a Arquezan ahora sin ningún estorbo en su camino, podían volver a sus asuntos.
Mientras tanto viajando en una nave "confiscada" a la madre de Tavros a toda velocidad venían los acólitos (y amigos de Arquezan) acudiendo en su ayuda a pesar de las múltiples advertencias de Sirius y mías, al llegar de una manera estrepitosa cerca del palacio empezaron a buscar en medio de la destrucción la ubicación de su amiga hasta que llegan a la cámara del trono donde empezó la pelea, los guerreros destinados a proteger a su amiga habían caído mientras al fondo sobre el trono se encontraba un muy mal herido John que estaba perdiendo más sangre a cada segundo, su destrozado hijo corrió hacia él, lo abrazo y lo miro adolorido.
-¡Papá! ¿Qué fue lo que te paso? –le pregunto un preocupado Harry al pobre John.
-Nada nada… solo… solo es una herida. –decía Egbert mientras tosía un poco de sangre.
-¡¿Fue Nidia cierto?!
-Si hijo, y Arquezan esta con ella.
-¡Oh no, la emperatriz! –grito alarmado Lyckos.
-Cálmate hombre, la chica que nunca te dirá que te ama va a estar bien. –le dijo un sarcástico Aramus.
-Mira mejor cállate Aramus ¿Cómo diablos puede ser tu hermano Merily? –diciendo Trisha en tono regañón.
-¡A callar todos! –grito Arceli. –Señor Egbert no podemos dejarle aquí, podría morir, hay que llevarlo al "Apothecarion" de la Orden.
-Yo lo hare. –dijo Harry.
-Pero hombre te necesitamos, tú tienes la Espada del Tiempo, la única cosa con la cual podemos derrotarla.
-Pero es mi padre, no, no puedo dejarlo aquí, tengo que llevarlo, además ¿Cómo le explicare esto a mi madre? No pienso hacer eso, lo llevare al monasterio y luego regreso con ustedes.
-Harry piensa carajo, no te puedes ir por favor.
-Arci por favor déjame ir, por favor, les prometo regresar cuanto antes a ayudarles lo juro.
-Bueno… solo… solo no te tardes, y date prisa. –le dijo Arceli un poco desconfiada del asunto.
Mientras Harry se llevaba a su padre a las instalaciones médicas de la Orden del Martillo el resto del grupo corría hacia la batalla de Arquezan y Nidia, que a su paso dejaba ruinas del palacio por doquier, ambas parecían no cansarse a pesar de las heridas, Arceli temía por ella misma y por los chicos de la Orden pues era cuestión de tiempo para que Harry volviera de llevar a su padre y con esa espada detenerla. Entre tanto a pesar de las condiciones de igualdad en el combate pronto Nidia empezó a aprovechar el cansancio de Arquezan y con varios tajos que hacían trizas sus ropajes reales pronto un rasguño de los dientes de sierra de la espada le hicieron daño en el abdomen a Arquezan dejándola débil.
-Vaya "su imperial majestad", me dejo callada con su demostración.
-Te dije que podía contigo.
-Mas no podrás vencerme, ¿lista para poner fin a tu reinado y a tu vida?
Con Arquezan quedando de rodillas aguantando el dolor y su oponente bajando a tierra para cortarle la cabeza de un espadazo pronto un objeto la golpeo con tanta fuerza que la mando contra una pared del ya derruido palacio, era un martillo, el martillo de los Thulle, los chicos habían llegado.
-¿Estas bien Arky? –le pregunto Arceli a Arquezan.
-Sí, estoy bien vieja amiga.
-Déjame adivinar, más "ovejas al matadero". –dijo Nidia.
-Y en cuanto a ti malnacida créeme, tenemos mucho de qué hablar… mucho.
