Satanick solo quería que hablara, solo eso. Quería que su juguete, su cucaracha hablara. Su amado odiado.

El solo quería que volviera a llorar, que le regalase sus bellas palabras, que respirada... que lo sacara de su maldición, aquella maldición que no le permitía amarlo. Esa maldición que el le puso por haber ido a el.

No sabia como, pero cada persona con la que Ivlis conviviera, terminaría por darle tormento y sufrimiento.

Pero, ya no era tiempo de perder la cordura.

El seguiría adelante, el debería.

No sabía cuanto tiempo había pasado admirando la belleza de su juguete, no sabia como seguir adelante, mucho menos contarle a Licorice y a Poemi que sucedió con su padre.

El simplemente quería que hablara.

- ¿Donde esta mami? Bolsa de basura - Decía un tierno Licorice. Y una Poemi detrás de él tratando de esconderse del diablo morado.

- Oh... Licorice, mi querido y amado hijo, Licorice... - Satanick abrazo a su hijo, con lágrimas saliendo de sus ojos, y una verdadera melancolía que parecía desprender por su presencia. Por primero vez, su hijo no lo daño, físicamente, ni psicológicamente. El pequeño niño no hizo nada.

Su padre no sabía como contarle la muerte de su mami.