Terrence Graham volvió a la pista de baile con el único y firme próposito de llegar hasta la salida y escabullirse lo más lejos posible de la fiesta. ¡Cobarde! Le gritaba su cerebro. ¡Sinverguenza!

A medida que sus pasos lo alejaban más y más de ella, su explosión de ira se iba convirtiendo en vergüenza y absoluta desazón. ¿Cómo había sido capaz de hablarle así? Aunque fuera cierto … aunque todo lo acontecido con aquel joven fuera cierto … él no tenía ningún derecho a exigirle nada.

Debía disculparse … apretó los puños y aceleró levemente el paso. Debía disculparse por tantas cosas, debía explicarle, debía hacerle entender … pero no allí, no en aquel momento. Sabía que si volvía sobre sus pasos y la volvía a tener delante, un millón de estupideces volverían a salir por su boca … y ya no cabría solución posible.

- ¡Terrence! - El aludido ya había llegado casi a la puerta principal cuando Albert le dio alcance, tomándolo por el brazo. Un vistazo al rostro del joven y Albert sintió que su corazón se acongojaba. ¿Qué demonios había sucedido? - ¿Te marchabas?

- Debo irme, Albert, lo lamento. - La voz de Terry sonaba ronca y cascada y el joven estaba haciendo un gran esfuerzo por controlar sus sentimientos.

- ¿Dónde está Candy?

- La he dejado en la terraza. - Terry señalo la dirección y se giró para continuar su camino, pero Albert lo retuvo.

- No, espera un segundo. ¡Patty! - Llamó a la joven que se encontraba cerca de allí. Ella se acercó con el ceño fruncido. - ¿Podrías ir a buscar a Candy? - Le señaló la terraza y ella asintió, alejándose presurosa. - Ven a mi despacho.

- Ya te he dicho que debo irme, Albert. - Terry lo taladraba con sus ojos azules. - Es lo mejor en este momento.

- De acuerdo. - Albert alzó las manos. - Pero antes, toma una copa conmigo en mi despacho, por favor. Y después podrás hacer lo que quieras. - Terry apretó los labios. - Me lo debes … y lo sabes.

El despacho de Albert se encontraba en una de las alas de la mansión, bastante alejado del bullicio de la fiesta, por lo que apenas se escuchaba ningún ruido procedente de ella. El ambiente era cálido, tranquilo, e invitaba al descanso y a la confidencia.

Terry se dejó caer abatido en uno de los butacones apostados frente a la chimenea, aún encendida,y Albert lo hizo frente a él, alargándole una copa de coñac que había preparado nada más entrar. Terry la aceptó sin una palabra y sacó su pitillera, alzando una ceja interrogativa.

- Claro, adelante, puedes fumar aquí. - Observó cómo Terry encendía un cigarrillo y se recostó en el butacón. - ¿Y bien? ¿Por qué no me cuentas qué ha sucedido? Te sentirás mejor. Y no me digas que ha sido por lo que ha dicho mi querido sobrino …

- No, no … - Terry meneó la cabeza y se restregó los ojos antes de clavar la mirada en Albert. - Debiste contármelo, Albert, debiste decírmelo y así yo me hubiera retirado y la hubiera dejado en paz …

- ¿Qué? ¿De qué demonios hablas, Terry?

- Hablo de Jason McDonahue.

- Jason … - Súbitamente la comprensión se fue apoderando del semblante de Albert. - Oh, comprendo …

- ¿Comprendes? - Terry soltó una ácida carcajada y bebió un sorbo de coñac.

- Comprendo la irracionalidad de tu actitud.

- Sí, tienes razón, de hecho, ni siquiera voy a discutir eso. - Terry alzó las manos. - He sido un canalla, y no merecería siquiera que Candy volviera a mirarme a la cara.

- Pero, ¿qué le has dicho? - A grandes trazos, Terry le relató la escena, omitiendo deliberadamente el detalle del beso.

- ¿Por qué no me dijiste que Candy iba a comprometerse?

- ¿Comprometerse? ¿De dónde has sacado esa idea? - Albert lo observaba verdaderamente sorprendido. - Bien es cierto que ha salido varias veces con Jason … que de hecho es un gran tipo, pero de ahí a comprometerse … estoy seguro de que eso es algo que no entra en los planes de Candy.

- Vamos, Albert. Todo el salón, e imagino que todo Chicago, hablando esta noche de la pareja de moda, haciendo apuestas de si el chico iba a atreverse o no a pedir su mano …

- ¿En serio, Terrence? - Albert soltó una carcajada, sobresaltando a su amigo. - ¿Desde cuando haces caso de las habladurías? Quien y tú … atrapado por rumores sin sentido, en vez de cerciorarte, de preguntar … ¿consideras a Candy el tipo de mujer que pudiera jugar con los sentimientos de nadie? - Terry negó con la cabeza, mientras un insoportable nudo se posaba en su garganta. ¿Se podía ser más estúpido?

- Soy un pobre imbécil … - Susurró con la voz rota.

- Sí, un pobre imbécil enamorado … y celoso. Ahora mismo lo que veo es al muchacho de colegio, Terry, al adolescente malhumorado y rabioso … no al hombre seguro de sí mismo en el que creía que te habías convertido. - Terry se tapó los ojos con las manos.

- Es que me descontrolo estando con ella, Albert … es cierto que la amo, y este amor me consume … saca lo peor de mí …

- Y también lo mejor, ¿no es cierto? - Terry alzó la cabeza y sus ojos se encontraron.

- Tal vez ya sea tarde ..

- ¿Estarías aquí ahora si creyeras que ya es tarde, Terry?

- ¿Candy?

Patty caminaba a través de la terraza, sorteando grupos de gente que en ese momento se hallaban disfrutando plenamente de la fiesta, entre risas y champán. Y yo buscando a la persona por la que se ha montado todo esto … que se halla no se sabe dónde …

- ¡Srta. O´Brien! - Se giró sorprendida para encontrarse de frente con Jason McDonahue. Suspiró interiormente e intentó sonreír. Lo cierto es que era un joven muy agradable y considerado. Patty lo sentía por él. - Discúlpeme, pero … ¿ha visto a Candy? La he dejado un momento para ir a saludar a unos conocidos y ahora no la encuentro por ninguna parte. - Patty intentó que su voz sonara lo más normal posible.

- No, lo siento, Sr. MacDonahue, hace tiempo que no la veo. - Le sonrió. - Le diré que la está buscando. Disculpe … - Se giró lentamente para alejarse pero él la retuvo.

- ¿Va hacia el parque? - Parecía preocupado. - Creo que no debería ir sola, los caminos están oscuros y …

- Oh, no se preocupe por mí. Conozco esta casa como la palma de mi mano.

- Aún así …

- He de ir a buscar a un amigo. -Patty le sonrió. - Estaré bien.

- Oh, comprendo …

Lamentaba tener que mentir al joven, pero no se le ocurría otro modo. Era tan galante que hubiera insistido en acompañarla, e imaginaba que para Candy hubiera sido un tanto violento que apareciera con él. No sabía qué había sucedido, pero por la cara que tenía Terry suponía que habían discutido.

Bajó lentamente los peldaños de piedra de acceso al pequeño bosque de los Andrew mirando alrededor. Todo estaba precioso: los caminos iluminados con farolillos y velas, el romanticismo respirándose en todos lados … Observó a varias parejas paseando por los alrededores o sentadas muy juntas en los diferentes bancos.

Se apretó las manos mientras caminaba y suspiró profundamente. El amor … ¿volvería ella alguna vez a sentir tan apasionado sentimiento? La muerte de Stear la había desgarrado … hasta el punto de que apenas había tenido citas en aquellos años. Sabía que había salido huyendo a Florida … pero no había podido evitarlo. Tal vez fuera hora de dar un giro a su vida … a Stear no le hubiera gustado verla así.

De pronto localizó a su amiga sentada en un banco al pie de un árbol y se dirigió hacia allí.

- ¿Candy? - Observó como ella se secaba las mejillas rápidamente y se giraba con una sonrisa en el rostro. Patty se sentó a su lado. - ¿Qué haces aquí? ¿Estás bien?

- Claro que sí. Necesitaba respirar un poco de aire fresco … ¿volvemos a la fiesta?

- Oh, Candy … - Patty le cogió la mano. - Hemos visto a Terrence … sabemos que ha sucedido algo …

- ¿Sabemos?

- Albert se lo ha llevado a su despacho y me ha pedido que viniera a buscarte. - Candy se llevó una temblorosa mano a la mejilla y volvió a secarse las lágrimas que habían vuelto a desbordarse por sus ojos.

- Patty … realmente, no sé qué ha pasado … - Susurró, conteniendo un sollozo. - Tantos recuerdos, tantos sentimientos … ni siquiera hemos hablado de nosotros … no sé si habrá o podría haber un nosotros, la verdad …

- Bueno … creo que lo que es innegable para todos es que ambos seguís sintiendo mucho por el otro, Candy …

- Tal vez … - Candy estaba haciendo grandes esfuerzos por contener las lágrimas y Patty la abrazó.

- ¿Qué ha pasado? ¿Habéis discutido? - Candy le contó brevemente lo sucedido y Patty le apretó el brazo. - Oh, Candy, está claro que Terrence estaba celoso …

- ¿Celoso? Pero, ¿qué motivos y con qué derecho puede reclamarme algún tipo de explicación? Creo que no he hecho nada como para que se pusiera así … si vieras cómo me miraba, Patty … - Candy volvió a sollozar.

- ¿Y tú qué quieres? - La joven rubia cuadró los hombros intentando recomponerse, y suspiró profundamente.

- No voy a mentirme más a mí misma … sé que lo amo. Le quiero … y quiero estar con él … pero quiero una relación limpia, basada en la confianza, sin secretos, sin … - Calló un segundo. - Soy consciente de que debemos hablar de muchas cosas … Terry también lo desea. Pero ahora …

- Ahora es momento de tranquilizarse y recapacitar. - Patty la ayudó a ponerse en pie. - Estoy segura de que Terry también lo hará y lograréis llegar a un entendimiento.

- ¿Tú crees?

- Claro. Pero … - La observó y sacó un pañuelo, limpiándole suavemente los ojos. - Jason te estaba buscando, ¿sabes?

- Oh … - Candy asintió.- Creo que eso es algo que también debo solucionar …tarde o temprano.

La fiesta continuaba implacable, ajena a todo lo que sucedía a su alrededor. Las dos amigas regresaron y Candy tuvo que seguir atendiendo a sus invitados, mientras Patty la observaba con tristeza y empatía.

El matrimonio Cornwell se unió a ella y anunciaron que se retiraban.

- Lamento lo sucedido esta noche, Patty … - Archie parecía compungido. Observó a Candy hablar con un grupo de personas a varios pasos de ellos y suspiró con tristeza. - ¿Nos disculparás con Candy?

- Estoy cansada … y Archie creo que ya ha tenido suficiente por hoy. - Annie abrazó a su amiga.

- Claro, no os preocupéis …

- ¿Y Grandchester?

- Archie … - Annie lo miró con fijeza.

- Ya se ha retirado, Archie, tranquilo.

- Mejor así …

El matrimonio se retiró y Patty pudo ver cómo Jason se acercaba a la joven rubia.

- Te he buscado por todas partes, Candy … ya estaba comenzando a preocuparme. No sabía que fuera tan aburrido como para que me abandonaras sin siquiera despedirte. - Ella rió.

- Lo siento, Jason, pero esta noche está siendo agotadora …

- La presión de la anfitriona …

- Eso … y la edad. - Ambos rieron.

- Pues olvida todo y vamos a enseñarles lo que es bailar de verdad. - Ella le apretó el brazo y meneó la cabeza.

- Te lo agradezco, Jason, pero … es cierto que estoy agotada. Tengo una horrible jaqueca que estoy intentando disimular … aunque a ti te lo cuento porque eres de confianza. - Le guiñó un ojo y Jason sintió que se derretía su corazón. Aquella preciosa e increíble mujer lo tenía totalmente atrapado, sabía que estaba perdida y completamente enamorado, y no sabía de dónde iba a sacar las fuerzas necesarias para pedirle que se convirtiera en su compañera de vida.

- ¿Podré verte mañana? - Susurró él. Sus ojos se habían comenzado a centrar en sus labios y Jason sabía que se adentraba en terreno peligroso. Carraspeó y desvió la vista.

- Lo lamento, pero estoy algo ocupada en el hospital … - Los ojos aguamarina se habían oscurecido.

- Claro … - Él intentó que no se notara su decepción. - Tal vez la semana que viene.

La joven se despidió de Jason y de Patty y se dirigió con paso firme a buscar a Albert. Ya no podía más, era cierto que estaba agotada, tanto física como psíquicamente. Lo único que deseaba era apoyar su dolorida cabeza en una fresca almohada. Había decidido en última instancia marcharse a su apartamento. En el estado en que se encontraban sus sentimientos, deseaba estar completamente sola para poder analizarlos de manera sosegada, y qué mejor lugar que su apartamento para hacerlo.

Esperaba que Terry ya no se encontrara en compañía de Albert, ya que aún no estaba preparada para enfrentarlo, se seguía sintiendo muy vulnerable. Aunque dudaba que estuviera. Conocía a Terry, al menos, al Terry de antaño y a su complicado carácter. Seguramente ya se habría marchado hacía tiempo.

De pronto localizó a Albert hablando con un numeroso grupo en una de las esquinas del gran salón y se dirigió a su encuentro con paso firme. Tras los saludos y la mínima conversación cortés que requería la situación, logró llevarse a Albert unos minutos en un aparte.

- Supongo que Terry ya se ha marchado, ¿verdad? - Albert la miraba con la ternura implícita en sus claros ojos azules.

- Así es. ¿Estás bien?

- Sí, no te preocupes. - Intentó ella sonreír.

- Hablaremos mañana de todo esto. Y no es una pregunta. - Ella le apretó la mano.

- ¿Qué dirías si te pidiera una cosa?

- Diría que raramente puedo negarte nada. - Arqueó él una ceja intrigado.

- ¿Te importa si me marcho a mi apartamento? Sé que te dije que hoy me quedaría en la mansión, pero … - Frunció el ceño. - … necesito estar sola esta noche.

- No me importa. - Albert le acarició la mejilla. - A cambio de que mañana comamos juntos … tú y yo.

- ¿Es una cita? - Sonrió ella.

- No le quepa duda, señorita. - Candy lo abrazó con afecto.

- Gracias, Albert.

- Descansa, pequeña. George te llevará a casa.

Tardó más de lo esperado en poder abandonar la fiesta. Tuvo que despedirse de varias personas que querían hablar con ella y dar las explicaciones oportunas de por qué abandonaba su propia fiesta de cumpleaños. Lo cierto es que tampoco era mentir demasiado el alegar que no se encontraba nada bien. De hecho, era cierto. La cabeza le iba a estallar … y también el corazón.

Terry había vuelto a su vida y había alterado en unas horas todo su mundo. No comprendía su actitud... su enfado, sus celos … basados en un sin sentido, o al menos eso creía. ¿Es que no podía Terry confiar en ella? ¿Es que no se había dado cuenta de lo que sentía por él? Entonces intentó ponerse en su lugar, como siempre hacía con todo el mundo, algo inherente a su buen carácter. Imaginó aquella fría noche en New York hacía algunos años, recordo cómo se le desgarró el corazón al tener que dejarlo en brazos de otra mujer … recordó todas las noches que había imaginado que él se encontraba en los brazos de ella … ¿celos, Terry? Quiso reírse de sí misma.

Entonces se percató de que el coche se detenía frente a su edificio de apartamentos y George abría la portezuela, ayudándola a descender. Ella se lo agradeció con una triste sonrisa.

- ¿Se encuentra bien, Srta. Candy?

- Sí, George, no te preocupes.

Entoces George la acompañó hasta la entrada de su edificio de apartamentos y se despidió, observando cómo Candy entraba hacia la zona de la portería. Aquella había sido la única condición que Albert había impuesto para dejarla vivir sola en un apartamento: que el edificio dispusiera de portero y de seguridad, custodiado por un par de vigilantes nocturnos. Así, al menos, Candy estaría segura, y Albert estaría más tranquilo. Saludó a John, el portero de noche, con la cabeza, mientras pasaba de largo hacia las escaleras.

- ¡Srta. Andrew! – La llamó él.

- ¿Sí?

Al pararse y darse la vuelta para mirarlo, se percató de que al lado de la garita de John esperaba un hombre alto al que ella reconoció en el acto. Fue como si le hubieran dado un golpe en el estómago. Terrence Grandchester la observaba fijamente con sus ojos zafiro traspasándole el alma. Oh, Terry … ¿cómo es posible? Sintió que el corazón ganaba la batalla a la razón. No podía mirar aquellos ojos, aquel rostro que sufría sin remedio, y no sentir que lo único que deseaba era estrecharlo entre sus brazos. A pesar de lo que había sucedido, Candy sabía que no podía dejarlo marchar en aquel momento.

- Srta. Andrew, este caballero pregunta por usted. Le estaba diciendo que no se encontraba en casa, pero … - Candy no podía apartar la mirada de aquellos ojos que la tenían atrapada. Sin despegar los labios, una corriente de sensaciones se abría paso entre ellos, diciendo más de lo que podían, tal vez más de lo que deberían ...

- Está bien, John, no te preocupes. – Oyó su propia voz como si se tratara de otra persona. Terry se acercaba lentamente a ella, con gesto inseguro, nervioso … algo que sabía que sólo ella podía percibir en él.

- ¿Podríamos hablar? - Su ronca voz inundó sus sentidos y sintió un cosquilleo en la piel y un nudo en la garganta.

- Srta. Andrew … - El portero parecía preocupado. – Tal vez el caballero debería volver por la mañana …

No, no podía, no podía marcharse en aquel momento. Candy tragó con fuerza … era una locura, pero …

- La Sra. Adams está arriba, John, no debes preocuparte por mí. El caballero y yo nos conocemos hace tiempo y debemos tratar un asunto importante que no puede esperar a mañana. – Candy sonrió al hombre y este al final, desistió. Echó una última mirada a Terry a la que este respondió con su aire arrogante acostumbrado, y finalmente, volvió a su garita. - ¿Subimos?

- ¿A tu apartamento? – Terry era el sorprendido en ese instante.

- Claro. Allí podremos hablar con más tranquilidad.

- De acuerdo.