No tardaron mucho en poder prepararlo todo para volver a la mansión Andrew. Albert había logrado persuadir a los Brighton de que Annie ya se encontraba mejor, y se retiraron a su hogar con la promesa de regresar al día siguiente temprano. Archie insistía en volver a su casa, pero Albert no quiso ni oír hablar de ello, y así, los cuatro por fin, pudieron montarse en el coche y dejar por unas horas aquel lugar de tristes recuerdos.
El silencio reinaba en el automóvil, los cuatro jóvenes agotados y abrumados por las circunstancias. Albert llamó a la casa para que les prepararan algo para comer y cada uno se sumió en su propio mundo interior hasta que el coche enfiló la avenida de entrada a la mansión Andrew, y vieron cómo Watters los esperaba pacientemente.
En cuanto descendieron del vehículo, Archie entró con pasos lentos y cansados al interior.
- Albert. - Candy le tomó la mano. - Sé que tal vez no sea el momento, pero … - Se mordió el labio. - … quisiera ir a ver a Terry. Mañana se marcha y …
- Claro que sí, querida, faltaba más, no te preocupes. - Sonrió Albert con rostro apagado. - Yo me ocuparé de Archie. He de hablar con él.
- ¿Estás seguro?
- Claro que sí.
- Yo me quedaré con ellos, Candy, tranquila. - Intervino Patty, tocándole el brazo. Los ojos esmeralda se cruzaron un momento con los celestes, y Albert sonrió suavemente.
- Disculpe que la interrumpa, Srta. Candy. - Watters se había acercado a ellos. - Ha recibido usted hace apenas una hora un mensaje, que creo es importante. Un joven visiblemente alterado apareció en la puerta queriendo verla, y se disgustó sobremanera al enterarse de que aún estaba en el hospital.
- ¿Un joven? - Candy sintió que su corazón se disparaba al tiempo que agarraba al mayordomo del brazo, los ojos verde-azulados abiertos de par en par.
- Sí, señorita. Se presentó como Sr. Graham. - El mayordomo parecía cohibido. - Me entregó el mensaje y se marchó a toda prisa. - Dijo mientras le entregaba el papel.
Candy lo tomó, intentando que sus dedos no temblaran. De pronto se había puesto muy nerviosa, sin saber por qué.
Amor,
Ojalá hubiera podido verte una vez más. Me han dicho que aún estás en el hospital y me temo que el tiempo se me echa encima y debo partir. Esta tarde he recibido una amarga noticia: la compañía parte en el tren nocturno a las 22:30 horas. He hablado con Nat, y como ya temíamos, no me ha concedido la excedencia planteada. Al menos, debo estar un mes más en la gira. Continuamente te tengo presente, mi vida, sabes que te amo. Te escribiré en cuanto llegue a destino.
Terry
Candy estrujó el papel entre los dedos con el ceño fruncido.
- ¿Qué sucede Candy?
Ella abrió los ojos, tragando con fuerza he intentando que no se le notara la angustia en la voz.
- Terry debe partir en el tren nocturno. ¿Qué hora es?
Albert consultó su reloj de bolsillo.
- Casi las diez. - Sus ojos se encontraron con los de Candy. - ¿A qué hora sale el tren?
- A las diez y media. - Susurró ella.
- Pues vete, ¿a qué esperas?
- ¿Qué?
- Corre a la estación, Candy. - Albert la tomó por los hombros. - Ve a despedirte.
- Pero … ya no hay tiempo …
- Siempre hay tiempo. ¡Andy! - Llamó Albert por encima del hombro. - Lleva a Candy lo más rápido posible a la estación de tren.
- Sí, señor.
El joven chófer corrió hacia el coche, poniéndolo en marcha. Candy negaba con la cabeza, aunque había cierta luz de esperanza en su mirada.
- Albert ...
- Candy, escucha. Inténtalo, ¿de acuerdo? ¡Corre! Ve a ver a Terry. Aunque sólo sea un minuto …
Pero ella ya se alejaba sonriente hacia el vehículo, agitando la mano.
- ¡Gracias Albert!
La estación bullía de actividad, a pesar de ser ya el último tren que partía ese día y de lo avanzado de la hora. El tren nocturno dejaba Chicago con el cartel de completo. Los pasajeros abarrotaban el andén con sus maletas y su agitación. El silbato de los revisores, los maquinistas, los ayudantes de equipaje … se respiraba un ambiente de febril expectación. La compañía de teatro había llegado hacía apenas media hora, y Nat se paseaba histérico a todo lo largo del andén, dando órdenes, instando a sus chicos a subir las maletas, a ir acomodándose en sus respectivos compartimentos, y a ayudarlo con los billetes y el papeleo.
Terry observaba la escena parado a cierta distancia, con Higgins a su alrededor, organizándolo todo como siempre, mientras él disfrutaba de su cigarrillo. Veía cómo sus compañeros se afanaban con su equipaje y comenzaban a subir al tren en busca de sus asientos, echando miradas furtivas a su compañero, allí parado en una esquina del andén. Sabía lo que pensaban de él, sabía que lo tomaban por un excéntrico, un prepotente, tal vez un ególatra … nadie, excepto él, tenía un asistente personal que se ocupara de sus asuntos. Aunque ya estaba acostumbrado a todo aquello … y sinceramente, le daba lo mismo. Nunca se había preocupado de lo que los demás pudieran pensar de él, y eso había sido un detonante continuo en su carrera respecto de la prensa y de la gente con la que pudiera trabajar. Su carácter sobrio, su hermetismo respecto a su vida privada, era ya algo inherente a él en las notas de prensa.
- ¡Terrence! - La voz de Nat lo sacó de su ensimismamiento. - Salimos en diez minutos, ¿lo sabes?
- Sí. - Terry le hizo un gesto con la mano. - Mi equipaje ya está en el tren. - Higgins había subido al compartimento y estaba acondicionándolo todo. Su sardónica media sonrisa coronó sus labios mientras observaba cómo Nat subía al tren. Tal vez fuera cierto, tal vez fuera un excéntrico … pero le gustaba viajar con comodidad. Y podía permitirse tener un asistente que satisficiera sus deseos. Su sueldo era correcto, aunque no tan elevado como cuando estaba en la Stratford, pero de momento, cumplía sus expectativas. Terry sabía que sus compañeros no cobraban el mismo sueldo que él, aunque claro, cada uno percibía lo que le correspondía respecto de su papel en la compañía. Y a pesar de todo ello, él tenía dinero. Había acumulado una buena cantidad en el transcurso de aquellos años y podía decirse que vivía cómodamente.
- ¿A qué estás esperando? - La cabeza de Nat asomó por la ventanilla fulminándolo con la mirada.
- Ya voy. - Susurró Terry.
Sí, ¿a qué estaba esperando? Inconscientemente, sus ojos azules se dirigieron a la entrada de la estación, por encima de las muchas cabezas de los pasajeros que transitaban por el andén. Quiso reírse de sí mismo. Era ridículo, imposible. Meneó la cabeza y se dirigió lentamente al tren. Cuando su mano se cerró alrededor de la manilla para tomar impulso y subir, oyó su nombre. Giró bruscamente la cabeza frunciendo el ceño, mientras sus ojos ansiosos buscaban frenéticamente entre la multitud.
- ¡Terry! - Estaba cerca. Se soltó y comenzó a moverse. - ¡Terry! - ¿Dónde estaba?
Y súbitamente la tuvo delante. Su hermoso rostro sonriente, arrebolado por la carrera, sus rubios rizos parcialmente escondidos en un coqueto sombrerito verde a juego con el abrigo. Terry contuvo la respiración, mientras ella se echaba a sus brazos.
- Creí no llegar a tiempo … - Susurró en su oído, pero él no la dejó terminar, girando el rostro y besándola de lleno en la boca. Notó su sabor, su jadeo agitado, su trémula lengua adaptándose a la suya, apartando al mundo entero, envolviéndolo en su abrazo, en su propio mundo …
Las manos de Terry apretaron su cintura, acercándola más a él. Pegada a su pecho, pegada a su boca, suspirando, jadeando …
- Terry … - Susurró, apartándose un poco. Debían ser conscientes de dónde se hallaban.
- Oh, nena … - Él la besó en la mejilla y en la sien, la voz ronca. - Creí que no vendrías … - Ella se apartó un poco más para poder ver su rostro.
- Nos veremos pronto, amor mío … - Susurró ella acariciándole el mentón. El silbato de salida del tren los sobresaltó, haciendo que Terry la soltara. Tomó su mano.
- Te escribiré … te amo … - Susurró casi apenas moviendo los labios, pero ella le entendió a la perfección, asintiendo, con un nudo en la garganta.
- ¡Pasajeros al tren! - Gritaba el revisor, colgado del estribo de una de las puertas de la máquina, tocando el silbato. ¡El tren se movía!
En un impulso él tomó su rostro entre las manos, dándole un rápido beso, y en un ágil salto se encaramó al tren, volviendo a tomar su mano. Candy comenzó a andar por el andén, resistiéndose a soltar la mano masculina. Terry le decía algo, pero era imposible oír nada entre toda la algarabía de voces y sonidos del tren que los rodeaban. Sólo podía asentir, tragando para disipar el nudo que se le había formado en la garganta.
Al final, soltó su mano, y sintió un pinchazo en el corazón. Los ojos de ambos se encontraron, mirándose fijamente, a través de la distancia que cada vez se hacía más grande, diciéndose sin palabras todo lo que acumulaban en su alma.
La escena la transportó al pasado … a aquella tarde en que llegó tarde a la estación, aquella tarde en que echó a correr por la ladera como una loca para poder verle aunque fuera solo un instante. Pero esa vez era distinto. Esa vez él volvería junto a ella, esa vez volverían a estar juntos.
Tragó con fuerza y suspiró profundamente mientras veía cómo él tren se alejaba lentamente, cómo Terry se alejaba cada vez más, allí plantado, el cabello castaño agitado por el viento, sin apartar la mirada de ella, hasta que la oscuridad se lo tragó, no sin antes llevarse dos dedos a los labios y lanzarle un beso.
Ambos se quedaron quietos observando cómo Candy echaba a correr hacia el automóvil y se metía en el interior, perdiéndose el coche rápidamente en la oscuridad con un acelerón.
De pronto, estaban solos. Giraron la cabeza al unísono y sus ojos se encontraron. A Patty le dolió el corazón. William … tan triste, siempre llevando el peso de todo y todos sobre tus hombros … Sabía que él sólo mostraba ese rostro con ella, sólo se relajaba lo suficiente cuando estaba con ella … y ese hecho la conmovió profundamente. Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas y en un impulso, alzó la mano y acarició la mejilla masculina. Vio cómo el suspiraba y cerraba los ojos un instante.
- ¿Cómo estás? - Susurró ella.
- Creo que hablo por todos al afirmar que ha sido un día de mierda. - Ella asintió y tragó con fuerza.
Fue Watters quien ajeno a la escena que se desarrollaba, los interrumpió.
- Señor William …
Patty bajó la mano rápidamente, pero él la atrapó entre las suyas y entrelazó los dedos con los de ella, a lo que Patty sintió que su rostro se encendía como una antorcha. Sólo esperaba que el buen hombre no se percatara de su turbación.
- ¿Sí, Watters?
- El señor Archibald insiste en querer marcharse a su casa, señor, lo he dejado en la biblioteca, pero … - El mayordomo parecía turbado. William suspiró cansado.
- Está bien, no te preocupes. Voy enseguida.
Watters se retiró al interior de la mansión y Patty se giró hacia él.
- ¿Qué sucede, William?
- Archie no está bien … debo hablar con él e intentar entender qué está pasando.
- Bueno … es obvio, ¿no? Acaba de sufrir una pérdida horrible …
- Sí … - William la observó con sus celestes ojos cargados de tristeza y Patty deseó abrazarlo. - Pero hay algo más.
- ¿A qué te refieres?
- No lo sé, querida … - Intentó sonreír. - … lo único que sé es que Archie está sufriendo mucho, y no sólo por lo sucedido hoy, que ya es espantoso. - Patty lo observaba con sorpresa.
- ¿Quieres que me quede contigo? ¿Quieres que te ayude? - Él negó con la cabeza y sonrió con dulzura. Su mirada era indescifrable. Patty oía el atronador latido de su corazón, pero al mismo tiempo se sentía perdida, asustada, sobrepasada por la vorágine de sentimientos que la inundaban. William debió percibir algo, porque le apretó la mano y la soltó suavemente.
- Debo irme ahora. - Patty asintió.
Mientras veía cómo William entraba en la mansión, sintió congoja en el corazón. Lo amaba. ¿Sabría él cuánto lo amaba?
Cuando entró a la biblioteca encontró a Archie en el ventanal de acceso a la terraza, apoyado en el marco de la puerta, mirando la oscuridad que se extendía más allá. Giró la cabeza al oír el ruido de la puerta.
- Albert.
- ¿Quieres una copa? - Le preguntó el aludido, dirigiéndose a la mesa de bebidas.
- Coñac. - Contestó Archie con voz cascada.
Albert preparó las bebidas y se dirigió a los butacones frente a la chimenea, que estaba encendida, depositando las copas en la mesita. Se sentó en una de ellas y esperó a que Archie se reuniera con él. Al poco tiempo, su sobrino se sentó en la butaca de enfrente suspirando y dando un gran trago a su copa de coñac.
- ¿Whisky? - Preguntó, señalando la copa de Albert y enarcando una ceja.
- Es excelente. ¿Quieres probarlo? - Él joven negó con la cabeza, alzando un poco su propia copa.
Sólo el crepitar de las llamas rompía la quietud de la estancia. Tal vez fuera el momento de las confidencias.
- ¿Cómo estás? - Albert observaba subrepticiamente al joven. - Lamento mucho todo lo sucedido, Archie, lo siento de veras.
- Lo sé. - Archie se pasó las manos por el cabello. - Sé lo que quieres, Albert, sé que quieres que te cuente … realmente, ¿qué quieres que te cuente?
- Sólo lo que tú desees. Yo no voy a juzgarte, Archibald, no estoy aquí para eso. Has sufrido una pérdida espantosa, que sólo puedo imaginar. Y tal y como te dije en el hospital, creo que Annie y tú unidos podréis hacer frente a esto y superarlo.
- Ya te dije que todo se ha perdido, Albert … - Archie bebió otro trago.
- ¿Por qué? ¿A qué te refieres? Sois jóvenes, Archie, y …
- No … - Lo interrumpió Archie alzando una mano. Se echó hacia atrás y bebió otro gran sorbo de licor. Albert sintió una honda tristeza al ver su mirada perdida. - Amo a mi esposa, Albert, no hay más mujeres, no van por ahí las cosas …
- Archie, escucha …
- Quiero contártelo todo. Necesito hacerlo. - Albert asintió. - Sí, amo a mi esposa, pero … - Archie frunció el ceño. ¿Cómo explicar todo aquello? Era un tema tan delicado, tan íntimo … pero lo estaba consumiendo, necesitaba sacárselo del pecho. - Annie y yo desde el principio hemos tenido … problemas. Problemas … sexuales. - Albert se echó hacia atrás, intentando disimular su sorpresa, mientras bebía un trago de su copa. Archie continuaba hablando en voz baja, mirando hacia la oscuridad del exterior. - Sé que las jóvenes son instruidas acerca de … bueno, acerca de la noche de bodas, las relaciones maritales … puedo entender que al principio sea difícil, tanto para la mujer como para nosotros … yo … yo también estaba asustado. - Albert vio cómo Archie enrojecía levemente. Sabía el tremendo esfuerzo que su sobrino estaba haciendo al contarle aquello. Archie estaba desnudando su corazón ante él. - No voy a hacerme el mojigato, Albert, y decir que no había tenido ya ciertas … experiencias. Muchos de nosotros las hemos tenido. Pero ella era mi esposa, la mujer que amaba … fui tierno, fui delicado, paciente … y fue un infierno. Annie se tomó la experiencia como algo … no sé, algo sucio. Se puso histérica. No pude tocarla en semanas. - Suspiró profundamente y se secó las pequeñas lágrimas que habían escapado de sus ojos.
- ¿Por qué no pedisteis ayuda? Sé que hay profesionales …
- Lo hicimos, Albert. Fuimos a un terapeuta. Y no nos ayudó en nada. Annie se cerraba en banda, no quería hablar del tema … ella … creo que ella piensa que eso es lo normal … que les sucede a todas las parejas … - Se pasó las manos por el rostro. - Como podrás suponer, la relación se fue deteriorando. Cada uno intentamos superarlo como pudimos … al final fue ella quien decidió que consumáramos el matrimonio … fue horrible.
- ¿Qué sucedió?
- Todo iba bien al principio … pero cuando la tocaba más … bueno, más íntimamente, ella se ponía rígida, tensa … me pedía que terminara enseguida, lloraba … - A Archie también le rodaban lágrimas por las mejillas en ese momento.
De pronto, unos golpes en la puerta hicieron que ambos pegaran un respingo y se levantaran al unísono de sus asientos, al tiempo que Archie se secaba el rostro rápidamente. La rubia cabeza de Candy asomó por la puerta y los miró levemente sorprendida, con una trémula sonrisa.
- Bert, Archie … - Se acercó a ellos. - Creía que ya estaríais acostados … - Observó los ojos enrojecidos de su primo y se le partió el corazón, mientras lo abrazaba con cariño. - Oh, Archie, querido … - Él la besó en la frente y sonrió.
- No te preocupes, ya estoy mejor …
- Sí … - Albert la besó en la mejilla. - Estamos tomando una copa, enseguida nos retiraremos. ¿Todo bien? - La miró inquisitivamente y ella sonrió asintiendo, brillantes sus ojos aguamarina. - ¿Has cenado?
- No, acabo de llegar.
- Mary ha dejado un tentempié en la cocina.
- ¡Muy bien! ¿Ya se ha retirado Patty? - Albert se encogió de hombros.
- Tal vez esté picando algo.
- Vale. - Besó a ambos en la mejilla y se dirigió a la puerta. - No os quedéis mucho, debéis descansar.
- Sí, tranquila. ¡Candy! ¿Podrías decirle a Watters que nos traiga algún alimento?
- Claro.
La joven salió de la estancia dejándolos solos de nuevo. Archie volvió a sentarse despacio. Agitó su copa vacía y Albert trajo las botellas, volviendo a llenar las copas de ambos.
- ¿A dónde fue Candy? - Albert alzó una ceja y Archie rió con sorna. - Vamos, Albert. No estoy sordo, ni ciego.
- Fue a la estación, a despedir a Terry.
- Así que al final, Grandchester se ha marchado de nuevo …
- Sí … pero esta vez estoy seguro de que volverá. - Los ojos de ambos hombres se encontraron y Archie asintió, suspirando.
- Supongo que estaba equivocado … ya es algo habitual en mi vida.
- No te culpes también por eso. Actuaste por amor fraternal … querías proteger a alguien a quien amas …
- Tal vez …
Fueros interrumpidos nuevamente por Watters, portador de una bandeja con comida que depositó en la mesita junto a las copas, saliendo rápidamente de la estancia.
- Come algo, Archibald.
- No, gracias. - Volvió a beber un gran trago de coñac.
- Bebe todo lo que quieras, emborráchate. Tal vez acabemos los dos borrachos, ¿quién sabe? Pero come algo, por favor, hará que el alcohol te siente mejor. - Archie rió con ironía.
- Está bien. - Picoteó algo de la bandeja y lo regó con otro gran trago. Sus ojos comenzaban a tornarse vidriosos. - Esto está mejor … - Dijo con voz pastosa. - Ya me está haciendo efecto. Necesito estar muy borracho para seguir hablando de mi querida esposa …
- Archie … - Él alzó una mano.
- Lo siento … la costumbre. - Frunció el ceño. - Pero es cierto. La situación llegó a un punto en que necesité estar totalmente borracho para poder … yacer con ella. La primera vez no pude. La veía allí, asustada, llorando … tuve que emborracharme. Apartar mis sentimientos, centrarme en el deseo … - Las lágrimas rodaban por el rostro de Archie. - Ella sólo susurraba hazlo ya, hazlo ya … fue espantoso. - Sollozó.
Albert dejó que se desahogara. Él también tenía un nudo en la garganta. Aquella situación lo había descolocado totalmente, estaba perdido.
- Creía que Annie te amaba, Archie, todos creíamos que estabais enamorados, que ...
- No creo que ese fuera el problema, Albert. - Lo cortó Archie. - Creo que ella me quiere … o al menos, me quería, a su manera. Su problema es … diferente.
- Sigo pensando que Annie necesitaría ayuda profesional … ¿crees que ella ha podido hablar con alguien de …? - Archie negaba con la cabeza.
- Imposible. Ella ni siquiera quiere oír hablar del tema.
- Necesita tratar el problema … es necesario, ya no solo por vuestro matrimonio, sino por su propio bienestar personal … y mental.
- Supongo … - Archie volvió a beber. Ya estaba bastante ebrio.
- Tienes miedo de cómo pueda afectarla la pérdida del bebé …
- Por supuesto … para ella va a ser … bueno, no sé si podrá superarlo.
- Deduzco que Annie está muy inestable, anímicamente, psicológicamente … - Pero Archie no le escuchaba, parecía perdido en sus pensamientos. - ¿Archie?
- Lo intentamos tres veces. Sólo tres veces, desde que nos casamos. Fue un infierno. Yo debía estar totalmente borracho, y ella … bueno, ella … lloraba, sollozaba … sé que al final le hice daño … pero Annie sólo deseaba terminar cuanto antes … - Se secó los ojos. - Fue horrible. La última vez me juré a mi mismo que no volvería a hacerlo. No podía soportarlo. Y entonces … entonces me dijo que estaba embarazada. Ya no volví a tocarla … dormimos en habitaciones separadas. - Albert sentía una gran tristeza.
- ¿Habéis hablado de todo esto alguna vez? - El joven asintió.
- Pero al final, siempre acabábamos discutiendo … diciendo cosas que ninguno de los dos sentimos de verdad. - Archie lo miró fijamente. - Es cierto que ha estado muy nerviosa en esta última etapa. Hemos discutido … - Se le escapó un sollozo. - Si yo no la hubiera presionado, si no hubiéramos discutido tanto …
- Eh, eh … - Albert se levantó rápidamente y se arrodilló frente a Archie, poniendo las manos sobre sus hombros y haciendo que lo mirara. - Cálmate. Cálmate y escúchame, por favor. Creo que comienzo a entender un poco todo el asunto … es cierto que la situación es insostenible, cierto que tal vez no ha sido el mejor entorno para el embarazo de Annie … pero no debes cargar tú solo con la culpa, Archie. Bastante culpa y desgracia tenéis ya ambos. Ahora debéis mirar hacia el futuro. Hay que buscar soluciones, necesitáis ayuda …
- No comprendes, Albert. Annie me echará la culpa de la pérdida de nuestro hijo. Si nuestro matrimonio ya estaba en la cuerda floja, ahora está definitivamente muerto …
- ¡Archie, escucha! No adelantes acontecimientos. Debes luchar … ¿amas a Annie? - El joven asintió. - Entonces está todo muy claro.
Era ya tarde, más de medianoche, si no estaba equivocada. No podía dormir, había estado dando vueltas en el lecho sin poder conciliar el sueño. Su mente y su corazón estaban en esa biblioteca donde sabía que William estaba teniendo una profunda conversación con Archie. ¿Habían estado ciegos? ¿O realmente Annie y Archie habían disimulado o sobreactuado tan excelentemente, que ni siquiera sus amigas habían podido descubrir que sufrían?
Patty estaba sinceramente sorprendida y entristecida con la situación. Creía firmemente en el matrimonio de su amiga, en que ambos se profesaban un amor que había superado la adolescencia … y de pronto, descubría que no era así. ¿Qué había sucedido? ¿Por qué Annie había estado sufriendo en silencio? ¿Lo sabría Candy? No había tenido ocasión de verla después de su regreso desde la estación, ya que Patty se había retirado temprano a sus aposentos. Aunque no le había servido de mucho. Continuó dando vueltas por la estancia, poniéndose cada vez más nerviosa y acalorada, y entonces se desprendió de la bata en un solo movimiento, quedando solo el fino salto de cama entre su piel y el fresco aire nocturno de la terraza. Aspiró profundamente, llenándose los pulmones e intentando relajarse.
Al girarse de nuevo hacia la habitación, se llevó la mano a la garganta sofocando un grito. William se hallaba en el marco de la puerta de la terraza, observándola. Él alzó las manos al ver el pánico en su rostro y susurro con dulzura.
- Tranquila, Patty, soy yo … discúlpame por favor, no debería haber entrado así, y mucho menos estar aquí … - Ella se abrazó a sí misma, mientras su desbocado corazón iba calmándose, para entrar en otro estado. Primero incredulidad, segundo exaltación, agitación … excitación. - Vas a enfriarte. - Puntualizó William muy bajo, y entonces fue plenamente consciente de que apenas llevaba un salto de cama sobre su cuerpo, que no dejaba lugar a la imaginación.
Pasó al lado de William como una exhalación, su piel ardiendo, evitando mirarlo. ¿Qué demonios hacía allí? Casi sin pensar, se acercó a la chimenea y revolvió los rescoldos, buscando prender la llama de nuevo.
- Deja que lo haga yo. - Su voz sonó tan cerca que no pudo evitar sobresaltarse. Pero William pasó ante ella, dedicándose a la chimenea. Su paso era vacilante, sus movimientos más lentos de lo habitual. Patty creyó percibir un ligero olor a … ¿alcohol?
- William … ¿estás bien? - Se acercó lentamente a él, arrodillado ante la chimenea.
- Sí … - Giró un poco la cabeza y sonrió con una disculpa en el rostro. - … aunque creo que me he excedido un poco con el whisky … - Y era cierto. Patty lo percibía ahora más claramente. Lo notaba en su rostro,en su voz …
- ¿Qué ha pasado? - Las llamas prendieron por fin, iluminando ténuemente la estancia y el rostro de William. Oh, qué hermoso era … aún así, los ojos vidriosos y el rostro apagado por el alcohol. - ¿Has hablado con Archie?
- Hemos hablado … hemos llorado … - William se irguió y se apoyó con torpeza en el alfeizar de la chimenea. - ...y hemos bebido mucho. - Su rostro se llenó de tristeza. - Entonces … entonces lo he dejado en su habitación y he pensado … - Rió. - … ahora parece ridículo … pero quería tanto hablar contigo …
- Bueno... pues aquí estoy. - Ella se situó frente a él, pero de pronto, él perdió equilibrio y se tambaleó hacia atrás, a lo que Patty tuvo que agarrarlo del chaleco y atraerlo hacia sí, al final cayendo ambos en una de las butacas, con Patty en las rodillas de William. - Dios mío …
- ¿Estás bien? - Sus rostros habían quedado muy cerca. William tenía sus hermosos ojos nublados, el aliento viciado … pero a ella no le importaba en ese momento. Sabía que él no solía excederse así, intuía que algo había sucedido, aunque aquel no era el momento adecuado para averiguarlo. - Lamento todo esto … no … no puedo …
- Ssssh, está bien. - Ella le puso un dedo en los labios. - ¿Crees … te ves capaz de caminar? - Él observaba su rostro, respirando con fuerza.
- Quiero besarte …
- William … - Sintió que un calor abrasador subía desde su bajo vientre por el abdomen hasta sus senos. Respiraba agitadamente, como si hubiera estado corriendo. Su pecho subía y bajaba, uno de los tirantes del salto de cama había descendido por su hombro revelando mayor curva del seno, y la piel le ardía como si el sol la hubiera quemado. Pero no era el sol, eran aquellos ojos los que hacían que ardiera su piel … - William …
Él se irguió un poco, tomándola por la cintura suavemente y acercando su rostro al de ella. La unión de sus labios fue lenta, suave … William respiraba en su boca, recorriendo las comisuras y besando cada parte, la barbilla, la mejilla … Patty suspiraba embriagada … ¿qué demonios estaba haciendo?
Cuando volvió a sus labios, abrió lentamente con su lengua la boca de ella, y Patty sintió una descarga eléctrica. Respondió tímidamente a su demanda, sintiendo la lengua de William entre agitados jadeos, sus lentos avances ahora más atrevidos, mordisqueando suavemente la carne de sus labios … en algún momento del beso, había rodeado el cuello de William con sus brazos, pero no lo recordaba, sentía las manos masculinas apretar suavemente sus nalgas a través de la fina tela de seda … sabía que estaba preparada, estaba preparada para entregarse a él … pero no, no quería que fuera así su primera vez. Quería a un William consciente, seguro de sus actos …
Se apartó un poco, sin percatarse de que el tirante había descendido del todo, revelando parcialmente un turgente pecho. Vio cómo se dilataban de deseo los ojos de William y cómo de pronto, su rostro sufrió un brusco cambio.
- Oh, Dios mío, Dios mío … ¿pero qué estoy haciendo? - Se llevó las manos al rostro. - Patty, perdóname, por favor …
- Eh, está bien … - Ella intentó que quitará las manos de su rostro, mientras se percataba de su desnudez y se cubría, alzándose de sus rodillas e instando a que se moviera. Pero él no podía moverse.
- Estoy completamente ebrio, Patty... - Su rostro expresaba tal desolación que casi hasta resultaba cómico. Patty sintió ganas de reír, pero se mordió el labio.
- De acuerdo … ¿serías capaz de llegar hasta la cama?
- ¿Qué? - William había alzado la voz, abriendo los ojos como platos y Patty ya no pudo evitar echarse a reír, ante el asombro de él. - ¿Qué estás diciendo?
- Perdona … - Patty se secó los ojos y lo miró jovial. - Escucha, William. Sé que en este momento por obvias circunstancias eres incapaz de pensar con claridad, y por Dios que no te estoy culpando, de veras. Pero deberás dejar que yo me ocupe de la situación. - Él intentó decir algo pero Patty alzó una mano. - Voy a ayudarte a levantarte. Tendrás que poner algo de tu parte, ¿de acuerdo? Caminaremos hasta el lecho y te tumbarás. ¿O prefieres que despierte a Watters y le diga que venga a mi habitación a buscarte? - William soltó un bufido y se tapó los ojos con la mano. - Lo que pensaba. Vamos allá.
Patty lo agarró por las manos y no sin grandes esfuerzos consiguió ponerle en pie. William se apoyó en ella, ambos tambaleándose, mientras continuaba balbuceando disculpas, hasta que por fin lograron llegar hasta la cama y Patty lo dejó que cayera encima. Resoplando, observo al hombre que definitivamente amaba, allí tumbado, entrando en un sopor etílico, y lo único que pudo sentir fue felicidad. Cualquiera en su sano juicio estaría terriblemente enfadada por la situación en la que la había colocado William, pero lo cierto era que estaba contenta de tenerlo allí, a pesar de su condición. Y pensar que iba a dormir junto a él en su cama las próximas horas, aunque William estuviera desmayado a su lado, hacía que el corazón se le saltara en el pecho.
- Tengo que desnudarte, William. - Susurró, aunque él ya no la escuchaba.
Lentamente y con cuidado, procedió a desatarle el chaleco y la camisa, quitándoselos por los brazos, mientras William gemía y balbuceaba de vez en cuando.
- Patricia … estoy mareado ...
- Sí, William … - Él tenía los ojos cerrados, parecía sumergido en su sopor, en un sueño agitado. Enrojeció hasta las orejas cuando tuvo que desabrochar sus pantalones y más aún, cuando descubrió su erección. Patty se mordió el labio y apartó la mirada, mientras le quitaba los pantalones y los zapatos y calcetines. William se revolvió y se acomodó en el lecho, abrazándose a las almohadas. Patty suspiró e intentó relajar la tensión de sus músculos.
Todo había cambiado, aquella noche todo había cambiado, lo sabía.
- Te amo, William. - Susurró a la oscuridad, observando su cuerpo dormido. Debían enfrentarse a la situación, porque de lo contrario, Patty sabía que ambos iban a sufrir.
Se introdujo en el lecho, intentado no molestarle, pero súbitamente él se movió, pasando un brazo por la cintura de ella y atrayéndola hacia sí. Patty se quedó rígida, conteniendo el aliento ante el desorientado rostro de William, que la observaba con ojos entrecerrados y ciegos.
- Estoy soñando … - Oyó Patty que decía contra su cuello. - Mi hermosa Patricia …
Y antes de que ella pudiera reaccionar, volvió a besarla. Esta vez de lleno, plenamente, casi con brusquedad, pero sin hacerle daño. Patty gimió en sus labios, mientras él le mordía el lóbulo de la oreja, el cuello, el aliento de William quemándole la piel … sentía su erección en sus muslos, pegado a ella, sentía sus dedos en sus pechos, masajeándolos, bajando los tirantes del salto de cama y pellizcando sus erectos pezones … Patty soltó un pequeño grito y se mordió el labio. No, debía detenerlo. No debía ser así, no así …
- William … ¡William! - Él parpadeó confuso, echándose hacia atrás.
- ¿Qué …? - Abrió los ojos con dificultad, tumbado boca arriba. Estaba sudoroso, desorientado … Patty comenzó a preocuparse. Le acarició el rostro suavemente y él la miró, sin verla realmente.
- ¿Quieres agua? ¿Necesitas algo? - Pero comenzaba a adormecerse de nuevo regularizándose su respiración y Patty se tranquilizó, acariciando lentamente su cuello y su cabello húmedo de sudor, con ternura, observando cómo poco a poco William entraba en un sueño profundo, más tranquilo. - Oh, mi amor … - Meneó Patty la cabeza. - ¿Qué voy a hacer contigo?
