Me gusta el viento, el aire fresco, llenar mis pulmones hasta el máximo de capacidad y expulsar el aire con fuerza. Es algo que siempre he hecho, desde niña, incluso cuando corría hasta no poder más por la colina de Pony y aspiraba con fuerza justo cuando me detenía, para después caer rodando por la hierba a carcajadas. Y ahora lo hago una y otra vez, aquí, en este pequeño habitáculo que separa los compartimentos de este tren que me acerca más y más a la persona que ocupa mis pensamientos ya casi en su totalidad.
No puedo por más que alegrarme de que Albert me empujara a salir en su busca. ¿Estaba asustada? Sí, lo estaba … y lo estás. Me grita mi cerebro, y quiero reírme de mi misma. Parece mentira, Candy, ¿cuando te has vuelto tan cobarde? Pero no es cobardía, es … no sé, ¿miedo al rechazo? ¿Miedo a que de pronto Terry descubra que no soy lo que él espera? En apenas dos días, nos reencontramos de tal forma que unimos nuestros corazones y almas de un modo indescriptible. Y nos faltó tiempo … tiempo para estar juntos, para disfrutar del hecho de volver a estar unidos por fin … y estos dos meses y medio han sido un mar de dudas, anhelos y desespero.
Me froto los brazos con energía y levanto la cabeza. Mi vestido de tirantes es algo ligero para combatir el fresco de la noche y observo cómo mi piel se estremece. Imposible pensar en dormir. Albert ha tenido una buena idea sugiriendo que tomáramos el tren nocturno en la última etapa del viaje a Nueva Orleans, pero yo sé que no podré pegar ojo. A medida que me acercó más y más a él, mi corazón salta en el pecho y me falta la respiración. Los sueños son cada vez más perturbadores y despierto con el cuerpo dolorido de deseo y turbación. Pero también de inseguridades y dudas. Sé que me ama, qué duda cabe … y para mí él es lo más importante, el motor que me mueve en este momento y a partir de aquí … entonces, ¿es factible que tenga este tipo de sentimientos?
Aunque no puedo evitar sonreír al recordar su apuesto rostro. Me lo sé de memoria, no puedo evitarlo. Tuve toda una noche para rememorar cada curva, cada gesto … ¿qué hará cuando me vea? Me estremezco sólo de pensar en volver a estar entre sus brazos. ¿Y después … ? Frunzo el ceño. Después … después debemos hablar de muchas cosas …
Me he embarcado a ciegas en esta aventura. Espero que sus hermosos ojos se iluminen y me miren cómo sólo él sabe hacerlo. Llegaremos la víspera de la primera actuación de la compañía en la ciudad, y espero que Terry ya se encuentre allí.
Aprieto con fuerza las manos contra la barandilla de hierro, observando cómo se ponen blancos mis nudillos. Estos últimos días he pensado mucho … y he tomado una determinación. Creo que una importante decisión. Espero que Albert pueda comprenderlo. Levanto la vista hacia la creciente claridad del amanecer. Han sido días de toma de decisiones, días duros y complicados, pero también ciertamente liberadores, o eso espero al menos.
Aún recuerdo el encuentro que protagonicé hará una semana. Un doloroso encuentro, una pérdida lamentable, el adiós a una bonita amistad … y aún me duele, no puedo evitarlo … pero por desgracia, supongo que era algo inevitable.
-escena retrospectiva-
- ¡Señorita Candy! ¡Señorita Candy!
Sarah, la joven doméstica que ayudaba a Candy con su aseo personal y se ocupaba de sus necesidades cuando la rubia se encontraba en la mansión Andrew, corría escaleras arriba apresurada tras la aludida al haberla visto pasar como una exhalación con su traje de montar y el dorado cabello suelto y flotando a su espalda.
- ¿Sarah? ¿Qué pasa? - Candy se había detenido bruscamente, haciendo que la muchacha chocara contra ella en la escalera, y la retuvo por el brazo para que no cayera, sonriendo, las mejillas encendidas tras la cabalgata y los ojos brillantes.
- Oh, señorita …. - La jovencita parecía turbada. - Lo siento, pero la están esperando en la biblioteca …
- ¿Esperando? - La joven rubia frunció el ceño.- ¿Quién?
- El señor Donahue. - El hermoso rostro sufrió un brusco cambio.
- Maldita sea … - Susurró entre dientes.
- Lo siento, señorita …
- No te preocupes, Sarah, no es culpa tuya … - Candy sonrió agridulce y le apretó el brazo. - De hecho, lo es mía. - Soltó un bufido. - Debí haber solucionado esto hace tiempo. - Cuadró los hombros e hizo una mueca de resignación. - Está bien. Voy ahora mismo.
Dio media vuelta disponiéndose a descender de nuevo las escaleras, pero la joven doméstica la retuvo por el brazo horrorizada.
- Pero, ¡señorita! ¿No va a subir a cambiarse? - Candy se miró sus ropas de montar algo sorprendida y se alzó de hombros graciosamente.
- ¿Por qué? Me encanta el traje … - Le guiñó un ojo bajando rápidamente las escaleras ante la estupefacta mirada de Sarah.
Al llegar a las puertas de la biblioteca, suspiró profundamente intentando calmarse. Jason llevaba mucho tiempo deseando verla, y ella ciertamente lo había estado evitando a toda costa. No era justa, sabía que no lo era … él merecía una explicación. Pero lo cierto es que odiaba hacerle daño … y sabía que irremediablemente iba a hacérselo. Jason iba a sufrir … iba a sufrir mucho. Y Candy le tenía afecto. Se pasó los dedos ligeramente por el abultado cabello rizado e intentó componer una amable sonrisa, abriendo suavemente la puerta.
- ¡Candy! - El rostro del joven se iluminó como el sol al verla aparecer, y ella sintió un pinchazo en el corazón. - ¿Cómo estás? - Él se había acercado a ella, cogiéndola de la mano y observando su rostro con visible adoración. - Disculpa mi atrevimiento por presentarme de esta forma … sin avisar … pero es que he de confesar que ya no podía estar más sin verte … - Pareció turbado un segundo, pero enseguida se recompuso, sonriendo.
- No te preocupes, Jason … - Notó la mano del joven en su cintura y se tensó inevitablemente. Él lo percibió y la retiró, el rostro enrojecido.
Se acercaron al ventanal, abierto de par en par a los hermosos jardines, y Candy le invitó a sentarse.
- ¿Te apetece que tomemos el café en la terraza? - Señaló la mesa de bebidas. - ¿O prefieres algo más fuerte?
- De hecho … - El joven se acercó a ella mirándola casi con fijeza y se arrodilló a su lado para ponerse a su altura. Candy pudo percibir lo tenso y nervioso que estaba. - … creo que ya he superado mi límite. - Y era cierto. Candy pudo percibir un ligero olor a alcohol en su aliento. Maldita sea … aquello iba a ser complicado. - No sabes lo que he deseado volver a ver este hermoso rostro …
- Jason … - Candy se echó ligeramente hacia atrás, turbada.
- Lo sé, lo sé … discúlpame, por favor, pero es que … - Se separó un poco y Candy vio cómo aspiraba profundamente. - Candy … no voy a atosigarte con preguntas sobre el por qué de este alejamiento, este tormento al que me has tenido sometido … - La joven abrió la boca para contestar, pero él alzó una mano y meneó la cabeza suavemente. - No, por favor, no me interrumpas … o ya no podré continuar. Candy … - La miró a los ojos. - Creo que ya no es ningún secreto el hecho de que estoy profundamente enamorado de ti. De hecho … - Intentó sonreír. - … eres lo que prácticamente ocupa mis pensamientos y no me deja dormir por la noche. - La joven se revolvió en el sillón inquieta y sintió cómo se sonrojaban sus mejillas. - Ya llevamos un tiempo … juntos. - Sus ojos se iluminaron con cierta esperanza. - Compartimos gustos y aficiones, nos entendemos … tal vez … tal vez tú no sientas lo mismo que yo … o al menos con la misma intensidad … pero sé que sientes algo … - Cogió suavemente su mano. - Dedicaré mi vida a hacerte feliz, Candy Andrew. Cada momento, cada decisión … sólo irá encaminada a tu felicidad … - Candy intentó retirar lentamente su mano, pero él se la apretó ligeramente. - Sé que puedo hacerte muy feliz … cásate conmigo, Candy, hazme el honor de ser mi esposa.
- Jason … - La joven sentía el escozor de las lágrimas y retiró su mano. Apenas podía mirarlo a los ojos. Inmediatamente vio el miedo y la desilusión en la mirada masculina, que él intentaba a duras penas disimular. Qué fácil hubiera sido, todo tan sencillo … con Jason hubiera sido tan fácil como respirar. Él la hubiera hecho feliz … tal vez hubiera logrado hacerle olvidar … pero no, imposible. Su amor era demasiado grande, demasiado profundo como para alterarse con el tiempo … - No puedo casarme contigo.
- ¿Por qué?
- Porque … - La joven tragó con fuerza. - … estoy enamorada de otra persona. - Ya estaba. Candy pudo apreciar cómo Jason hacía un gesto de dolor, como si ella le hubiera clavado un puñal en el corazón.
- Y desde … - Carraspeó, la voz ronca. - Bueno, ¿desde cuándo tienes esos … esos sentimientos? Y esa persona … - Le costaba pronunciar las palabras. - ¿Tiene los mismos sentimientos por ti?
- Sí … - Jason se había puesto en pie, acercándose al ventanal.
- ¿Cuándo pensabas comunicármelo? ¿Cuando recibiera la invitación de boda? - La ira había dado paso a la tristeza, y Candy no podía culparlo.
- Las cosas han sucedido de pronto … es decir …
- ¿De pronto? - El joven se giró a observarla con el ceño fruncido. - Llevamos casi un año saliendo juntos, Candy … por llamarlo de ese modo. Nos ha visto juntos toda la ciudad. Creo que mi comportamiento ha sido en todo momento el que se espera de un caballero. No soy un tonto. Y como te he dicho antes, sé que no sientes lo mismo que yo. Pero esperaba .. - Calló de pronto y apretó los puños. - ¿Desde cuándo te ves con esa persona?
- No es lo que piensas, Jason. - Candy intentó acercarse, pero él se echó hacia atrás, y la joven desistió. Tenía un gran nudo en la garganta. - Esta persona ha aparecido de pronto en mi vida. Es alguien a quien amé en el pasado … y con quien me he dado cuenta de que quiero compartir mi futuro. Nada supe hasta hace unas semanas … por favor no pienses que he jugado con tus sentimientos, porque no es así.
- Pero … - El joven la miraba confundido. - ..pero … ¿hace unas semanas? Creo … - Candy volvió a notar cierta esperanza en su voz y frunció el ceño. - Pero querida … - Se acercó lentamente a ella. - Creo que estás confundida. Sí … eso debe ser.
- No, Jason …
- Dejaré que te calmes, ¿de acuerdo? Que recapacites. - El joven intentó sonreír. - No te presionaré. Es normal que estés confundida. De pronto aparece esta persona, y … pero bueno, sé que eres una joven muy sensata. Vendré el sábado y saldremos a cenar para hablar a solas …
- No, Jason.
- Claro que sí, querida …
- ¡Jason! - Candy alzó la voz. - No quiero hacerte más daño, de veras. Quiero que sepas que no he jugado contigo … y tenías razón, quizá no estuviera enamorada de ti, pero te tengo en gran estima. Aunque lo nuestro es imposible, ¿comprendes? Amo a otro hombre … profundamente. Y lamento todo esto, pero ya no veo otro modo de decírtelo. Este hombre de mi pasado apareció de nuevo en mi vida y … voy a casarme con él, Jason. Desde el instante en que sucedió debí decírtelo … pero no quería hacerte daño. Lo lamento.
Vio cómo el rostro del joven se llenaba de profundo sufrimiento. Vio cómo se pasaba las manos por el cabello y cómo le temblaban las manos. Ella misma estaba conteniendo las lágrimas a duras penas.
- Debo irme … - Susurró el joven, y acto seguido abandonó la estancia.
-fin de escena retrospectiva-
Vaya, estoy llorando. Procedo a secarme las dos lágrimas que ruedan por mis mejillas y suspiro. Es duro recordarlo. Es doloroso. Sé que no volveré a verle … y si lo hago, sé que no volverá a dirigirme la palabra. Pero, ¿qué podía hacer? Soy la estúpida de siempre: pensando que tal vez pudiéramos seguir siendo amigos. Meneo la cabeza. Oh, Candy, nunca cambiarás. Pero duele … siempre duele decir adiós a alguien que te importa.
De pronto veo a Albert caminar por el pasillo hacia donde me encuentro y eso distrae mi atención. Observo su querido rostro sonreír al reconocerme y hacerme un gesto con la mano mientras se acerca. Al final no he podido convencerle de ir a Jacksonville a por Patty. Se ha mostrado inflexible y algo crispado, y no puedo entenderlo. Diría que incluso se ha molestado conmigo por insistir. Pero como siempre, su sonrisa lo ha suavizado todo y no he podido sonsacarle el por qué de dicha actitud. Pero sé que algo sucede, algo que no quiere contarme. De todas formas, no le he hecho caso, por supuesto, ¿por quien me toma?Espero que en cuanto lea mi carta, Patty se ponga en marcha hacia Nueva Orleans. Tengo algo en mente … tal vez una locura … y necesito a mi amiga a mi lado, ahora que Annie está lejos.
- ¿Qué haces aquí escondida? ¿Estás bien? - Se acerca y me pasa un brazo por los hombros, admirando el paisaje que se extiende ante nosotros. El tren va a velocidad moderada por lo que se pueden apreciar los extensos pastos que nos rodean. La luz del alba ya corona los picos de las montañas y pronto se extenderá a nuestro alrededor, dando la bienvenida a un nuevo día. - Estás helada. - Susurra Albert y antes de poder protestar, ya se ha quitado la chaqueta y me la pasa por los hombros. Sonrío sin poder evitarlo.
- Gracias, Bert.
- ¿No puedes dormir? - Niego con la cabeza y me aprieto más la chaqueta contra el cuerpo. - ¿Nerviosa?- Me giro para mirarle. Veo que Albert frunce el ceño al observar mi rostro más detenidamente. - ¿Qué sucede? ¿Has estado llorando? - Suelto un pequeño bufido.
- Me he estado acordando de ciertas cosas … - Me encojo de hombros. - Ya sabes cómo soy … - Él enarca una ceja. - Jason …
- Oh, ya veo. - Me estrecha suavemente contra él. - Era algo inevitable, querida.
- Lo sé …
- Ahora tienes otros asuntos que tratar.
- También lo sé. - Nos miramos y de pronto nos echamos a reír. No sé si son nervios o expectación ante lo que nos espera.
Me río y la estrecho contra mí observando su traviesa sonrisa. Me alegro de haberla empujado a este viaje. Sé que lo necesitaba. Últimamente la alegre, vivaz y enérgica joven que amo había desaparecido. Sumida en su trabajo, encerrada entre sus recuerdos … llena de tristeza y melancolía … no podía ser.
A pesar de no haber tratado el tema con ella, sé que está asustada … no conozco todos los detalles del reencuentro de la pareja, y creo que tampoco necesito saberlo, pero no hay que estar ciego para darse cuenta de que su grado de compromiso ha sido enorme. Y como siempre, el destino no ha sido justo con ellos, así que es el momento.
- Sabes que he reservado habitaciones en el mismo hotel de la compañía, ¿verdad?- Arqueo una ceja esperando su reacción, que no se hace esperar. Sus preciosos ojos aguamarina se abren brevemente, iluminando su rostro, y enseguida sonríe con esa sonrisa deslumbrante que te alegra el corazón. - Intuyo que he tenido una idea excelente, como siempre … y estoy esperando tu eterno agradecimiento.- Ella suelta una carcajada, pegándome en el hombro y volviendo sus hermosos ojos al paisaje. - Vamos, querida, cuéntame …
- ¿Qué quieres que te cuente? - Ella se encoge de hombros graciosamente. Me recuesto ligeramente en la barandilla para poder observar mejor su rostro. Ella me mira de reojo y menea la cabeza, mordiéndose el labio.
- Todo …
- ¿Todo? - Ríe.
- ¿Qué te preocupa? - Entonces observo cómo se nubla su rostro ligeramente y frunce el ceño, volviendo a morderse el labio.
- No puedo ocultarte nada, ¿verdad?
- Sabes que siempre te ha sido difícil conmigo … - Ella asiente.
- Supongo que estoy algo … asustada. Tampoco es esa la palabra, no sé … - Se encoge de hombros. - … estoy a la expectativa. No pensé que se me iba a hacer tan dura la separación, Albert. Y ahora … bueno, han pasado dos meses y … - Suelta un bufido y se apoya en la barandilla. - Supongo que estoy nerviosa, eso es todo.
- Sabes que tu reacción es absolutamente normal, ¿verdad?
- Tal vez … - Parece abatida, y no puedo culparla. Sé de sobra como se siente.
Aunque no puedo decírselo … y no puedo consolarla, o al menos acompañarla en este viaje interior. Si ella supiera lo perdido que me siento yo mismo … sé que se ha sorprendido cuando me he mostrado inflexible con el hecho de no ir a buscar a Patty a Jacksonville. No puedo, no ahora. Creo que necesitamos espacio, un inciso en nuestra relación … tanto ella como yo. Necesito solucionar algunas cosas. He enviado a George a Washington con un propósito concreto. Espero que todo vaya según lo previsto.
Alargo una mano y tomo la pequeña y suave mano femenina entre las mías. Ella sonríe girando el rostro, y nuestros ojos se encuentran. Algo hay en el fondo de esos hermosos ojos verde-azulados. Una pequeña luz titilante, un brillo indescifrable.
- Albert … sabes lo mucho que te agradezco todo lo que has hecho por mí estos años, ¿verdad? - Frunzo el ceño y mi corazón se acelera automáticamente.
- Candy, ahora comienzo a estar verdaderamente preocupado … ¿qué sucede?
- No quiero que sigas teniendo problemas por mi culpa con los Andrew, y sé que …
- ¡Oh, Candy, por favor! - La corto. No quiero que vuelva otra vez a lo mismo. Ella alza una mano.
- Déjame terminar, Albert, por favor, necesito decir esto. - Ahora estoy verdaderamente alarmado, pero callo y asiento. - Siempre me dices que tengo una familia … que los Andrew son mi familia … y he intentado en estos años estar a la altura de las circunstancias, lo sabes. He intentado cambiar …
- Nadie te ha pedido que cambies, Candy, al contrario …
- Lo sé, lo sé, Albert … pero dentro de mis … limitaciones, por así decirlo, he intentado crecer en todos los aspectos. Sé que has tenido que discutir, batallar y pelear por mí y por mi conducta continuamente … y te quiero más por eso. - Mi corazón late fuerte en las sienes mientras la veo suspirar, sus piel sonrosada iluminándose con las primeras luces del alba. - Pero realmente … mi única familia eres tú … y Archie, Annie, Patty … y por supuesto la Srta. Pony y la hermana María … y sois vosotros quienes me importáis. No la tía Elroy, ni los Legan, ni los Capshow de Washington, ni los Warren de Boston …
- Comprendo … - Ella niega suavemente.
- No, Albert … quiero decir que respeto y respetaré tu opinión … pero en lo que respecta a mi relación con Terry … - Veo cómo suspira profundamente. - … en última instancia, si los Andrew consideran un problema que …
- No sucederá nada. - La corto yo. Realmente tengo ganas de sonreír: ahí está, ahí está la rebelde niña y la enérgica joven … y ahí está la gran mujer en la que se ha convertido.
- Si sucediera, Bert … - Nuestros ojos se encuentran. - … ante todo, antepondré mis sentimientos. Él es el hombre de mi vida … y voy a luchar por mi futuro.
El tren continúa su inexorable camino hacia su destino, dejando a su paso hermosos y profundos valles y colinas verdosas, pero para mí es como si viera el negro camino al infierno, lo mismo me da. Mis pensamientos vuelan lejos de aquí, retorciéndose y complicándose a medida que les doy vueltas y más vueltas en mi mente, y no puedo evitarlo.
Estamos a medio camino de Dallas, donde nos quedan un par de representaciones y después, seguimos a Nueva Orleans, el punto final de la gira. Pero los ánimos ya están decayendo entre los compañeros, bien por la nostalgia, bien por el cansancio, bien por el motivo que sea. Se intuye en el ambiente, y el silencio y el mal humor oprimen a todos con cada embate de tren.
Yo también estoy agotado, qué duda cabe, tanto física como psicológicamente. Echo la cabeza hacia atrás y entrecierro los ojos, encendiendo un nuevo cigarrillo. Debo reconocer que últimamente estoy fumando demasiado. Y no voy a disculparlo, ya que en estos momentos, lejos de Candy y con mi cabeza repleta de pensamientos poco agradables, es lo único que me apetece hacer. Río en cuanto lo pienso. Se que mi diosa de ojos verdes no estaría de acuerdo conmigo. Casi puedo verla delante de mi, su precioso rostro enfurruñado pidiéndome que no fume. Dios … no sé lo que daría por verme en esa situación en este mismo instante.
Me incorporo un poco e intento alejar esas imágenes, si no, sé que terminaré sufriendo y más enfadado aún conmigo mismo y con todos. Comienza a hacer calor. A medida que nos acercamos a destino, la humedad se hace protagonista, calando los huesos y haciendo desear esconderse en algún sitio fresco donde poder respirar. Me duele la cabeza. Afortunadamente, mi compartimento es exclusivamente para uso personal, y no debo compartirlo con nadie. Uno de los privilegios de los que disfruto, y ¿por qué no?. De todas formas, no deseo compañía. Ni siquiera de Nat. Es más, desde ese encuentro inesperado con el secretario de mi querido y amado padre hacía ya varias noches, Nat apenas me ha comentado nada que no esté relacionado con el trabajo, y no le culpo, es más, se lo agradezco.
Aprieto los puños nada más recordar el incidente. La ira me consume, no puedo evitarlo. Ni siquiera soy capaz de procesar coherente y razonadamente lo sucedido. Estoy … perdido, sí, tal vez sea esa la palabra. En este momento … estoy perdido.
-escena retrospectiva-
Nat observaba a uno y a otro hombre con incredulidad, mientras Terry intentaba calmar su desbocado corazón y no perder la compostura.
- ¿Podría dedicarme unos minutos, milord? No lo retendré demasiado. - Al observar la tensa mandíbula del joven, Nat intervino.
- No va a ser posible. Tenemos que ir a ver al anfitrión de la fiesta …
- El Sr. Abbot no supondrá problema. Dígale que el señor … Graham … - Parecía costarle pronunciar el nombre - … se encuentra en compañía del Sr. Worthington.
- Pero … - Nat alzó una ceja en dirección a Terry, ya que no se atrevía a interpelar al interesado. Por lo poco que conocía a su actor principal, sabía que estaba a punto de explotar. Los ojos, como dos ardientes zafiros, parecían querer desintegrar a aquel británico resabiado que parecía estar relamiéndose de gusto por alguna razón totalmente desconocida para el director. Y, ¿por qué se dirigía a Terrence con aquel título? ¿Lord? ¿Milord?
- Está bien, Nat, no te preocupes. - La profunda voz de Terry se oyó a través del tenso silencio reinante en la terraza e hizo dar a Nat un respingo. Terry ni siquiera giró la cabeza.
El hombre contuvo el aliento y se dio la vuelta, abandonando rápidamente la terraza. Terry se giró hacia la barandilla, dejando la copa de champán en el borde y encendiendo otro cigarrillo. Oyó los amortiguados pasos del secretario acercarse a él y situarse a su lado.
- No tengo toda la noche, Sr. Worthington. - Su voz sonó alterada, cargada de ira contenida, y maldijo por lo bajo. Debía controlarse. Pero su interlocutor no dio muestras de ninguna emoción.
- Desde luego, Milord.
- Le pido que deje de llamarme así. - Terry se volvió a mirarlo, crispado.
- Disculpe … la costumbre. - El hombre inclinó la cabeza y sonrió cortés. - Seré lo más breve posible. Tal como he dicho, estoy aquí por orden de Su Gracia. Hubiera venido él en persona, pero desgraciadamente, su delicado estado de salud le impide realizar un viaje tan largo. - Terry no dio muestras de ninguna reacción. Su rostro estaba impasible, alterado únicamente por la tensa mandíbula, aunque su corazón latía con fuerza.
- He de suponer que me encuentro en esta estúpida fiesta únicamente por deseo de … Su Gracia. - Terry casi escupió el nombre, pero el hombre guardó la compostura.
- Efectivamente, Milord … disculpe, Sr. Graham. A estas alturas ya debe haber supuesto que Su Gracia es uno de los patrocinadores de la gira.
¡Maldita sea! Otra vez en sus redes … ¿cómo era posible que no se hubiera percatado de ello?
- Vaya al grano, Sr. Worthington. - Fue la seca respuesta de Terry. No veía el momento de alejarse de allí.
- Por supuesto, señor. Su Gracia me ha ordenado encarecidamente que le entregue esta carta en persona y que me asegure de que procede a su lectura. - Mientras hablaba, el hombre había sacado la misiva del bolsillo con elegante gesto. Terry abrió los ojos un momento dejando entrever su sorpresa, y de pronto, soltó una amarga carcajada.
- Esto es increíble. - Meneó la cabeza, mientras tiraba el cigarrillo y se aflojaba un poco la pajarita, pasándose una mano por el castaño cabello, revolviéndolo, para a continuación caer los mechones en atractivo desorden por su rostro. Se acercó un poco al hombre que tenía frente a él y lo escrutó fijamente. - Sr. Worthington, yo tampoco voy a andarme con rodeos. Hace ocho años dejé Inglaterra con apenas una armónica en el bolsillo y la cabeza repleta de sueños, sin volver la vista atrás, sin importarme lo más mínimo mis diecisiete años anteriores. Y como ya habrá supuesto, continúo en la misma tesitura. No me interesa en absoluto lo que Su Gracia, la mismísima Reina o quien sea quiera decirme. ¿Me he explicado con claridad? - El secretario permaneció impasible, apenas una sonrisa cortés coronando sus labios.
- Con claridad meridiana, Sr. Graham. Pero esto también estaba previsto.
- ¿De veras? ¿Y qué hará cuando rompa en su cara la dichosa carta en mil pedazos? - La grave y baja voz de Terry resonó como lava ardiente entre ambos.
- Continuaré intentando cumplir el mandato de mi señor duque de todas las maneras posibles …
- ¿Y qué maneras son esas?
- Intentaré que escuche las palabras de Su Gracia, Milord, es un asunto de suma importancia.
- ¿Qué palabra de me importa una mierda no ha entendido? - Terry se había alejado unos pasos con los puños apretados, cogiendo la copa de champán y vaciándola de un trago.
- Lea la carta, por favor, es lo único que le pide …
- ¿Lo único que me pide? - Le cortó Terry, la voz cargada de rabia contenida. - ¿Qué derecho tiene a pedirme nada?
De pronto, un grupo entró en la terraza y el hombre bajó los ojos, acercándose con cautela al joven plantado junto a la barandilla de piedra.
- Son asuntos importantes, Milord … y esta vez no me disculparé por llamarlo de esa forma. - Los ojos de ambos se encontraron y el secretario continuó en voz baja. - No entraré en discusiones sobre lo que debería o no debería ser … vengo con una misión, un objetivo … y estoy ante un importante miembro de la nobleza británica. - Alargó el sobre hacia él. - Tome una decisión, Milord.
Terry quería gritar en ese instante. Quería gritarle a aquel hombre en plena cara que no necesitaba volver a dejar entrar aquel capítulo en su vida, aquel padre, aquellos sentimientos, aquellos recuerdos … no podía, ¡no quería, maldita sea! Tragó con fuerza, los puños apretados y respiró profundamente para calmarse. Los ardientes zafiros se fijaron en el sobre tendido ante él, y en un impulso, casi arrancó la misiva de manos de su interlocutor y se giró rápidamente, abandonando a grandes zancadas la terraza.
- Nos veremos en Nueva Orleans, Milord … - Fue lo último que escuchó.
-fin de escena retrospectiva-
Y aquí estoy. Con esta rabia insana consumiendo mi alma desde aquella noche. ¿Por qué demonios cogí la maldita carta? Ni siquiera la he abierto. Ni siquiera quiero hacerlo … ¿no? Inconscientemente giro los ojos hacia la cartera de documentos depositada en una de las bandejas del compartimento. ¡No, maldita sea!
Me levanto con rapidez y estiro un poco las piernas. Ya no soy ningún niño, y sin embargo, me siento de nuevo como aquel adolescente dolido y desilusionado que abandonó una mañana su país, sin nada más que sus sueños. ¿Qué capacidad tiene este hombre autoritario y pétreo de inmiscuirse de nuevo en mi ordenada vida y hacer que me vuelva a sentir como un niño? No puedo evitar que mil imágenes infantiles sepultadas en lo más hondo de mis recuerdos intenten abrirse paso a codazos en mi mente, alterando mi ánimo.
Me paso las manos por el rostro, cansado. Sobre todo es rabia, pura rabia lo que siento … y no voy a consentirlo, no, no debo. Tengo que enfrentarme a mis demonios, tengo que volver a tomar el control.
¿Qué significa esto? No lo entiendo. Tengo en la mano la carta más extraña que he recibido en mi vida … y sobre todo me sorprende el remitente. ¿Qué debo hacer?
Oigo que llaman a la puerta. Es Mandy.
- Adelante. - La joven doméstica entra acalorada. Seguro que ha subido corriendo las escaleras.
- Señorita, su madre me manda a buscarla. El Sr. Krantz ya ha llegado.
- ¿Ya? - ¿Luke ya ha llegado? Pero si no debía venir hasta … inconscientemente miró el reloj de encima de mi tocador. ¡Vaya! Se me ha hecho tarde. - De acuerdo, Mandy, bajaré enseguida.
La joven se despide y vuelvo a quedarme sola, en la quietud de mi habitación. Hace calor … y debo comenzar a prepararme. Me paso la mano por la frente sudorosa y respiro para calmarme. He de reconocer que no siento deseos de salir esta tarde … y no es por Luke, que es encantador, sino que … ¡basta Patty! Levanto la cabeza y cuadro los hombros. Veo la hoja de papel encima del tocador y vuelvo a releerla.
Querida Patty:
¿Cómo estás? Escucha, sé que todo esto te va a parecer de los más extraño, pero sabes que no te lo pediría si no fuera muy importante, extremadamente importante.
Debes venir a Nueva Orleans, Patty, el 20 de julio. Reserva habitación en el Hotel Cheston, ¿de acuerdo?
Te lo contaré todo en cuanto nos veamos. Sé que te estoy pidiendo demasiado, querida … y lo siento, pero te necesito allí.
Espero verte. ¡Te quiero!
Candice.
Y eso era todo. ¿Qué habrá pasado? ¿Estará bien Candy? No puedo evitar estar preocupada, muy preocupada. ¿Y cómo pretende que vaya a Nueva Orleans? ¿A Nueva Orleans? ¿Por qué a Nueva Orleans?
Otra vez la puerta y doy un respingo. Abren sin esperar respuesta y me levanto rápidamente de la butaca. Es mi madre.
- Patricia. - Me mira con reproche, acercándose a mí. - ¿Qué sucede? ¿Todavía estás así? Luke ya lleva un tiempo esperando … tu padre no está muy contento.
- Enseguida estoy lista. - Me apresuro al baño y comienzo a acicalarme apresuradamente. Mi madre me observa desde el vano de la puerta. Giro un poco la cabeza y sonrío. - Mamá, no es necesario que me esperes …
- ¿Te encuentras bien, querida?
- Claro que sí. - Mi voz suena más alto de lo normal e intento calmarme.
- ¿Cómo van las cosas entre Luke y tú?
- ¿Qué? ¿A qué te refieres?
- Oh, vamos, Patty … - Mi madre se acerca por detrás con una pícara sonrisa en su rostro y me pone las manos en los hombros. Nuestros ojos se encuentran a través del espejo.
- Mamá, apenas hace unas semanas que nos conocemos … - Termino de arreglarme el cabello y me giro.
- Unas semanas suele ser suficiente …
- ¡Mamá! -La miró exasperada y vuelvo a la habitación, tomando el vestido del perchero y procediendo a vestirme. Enseguida noto las manos de mi madre ayudándome con los corchetes.
- Querida … - Me coloca suavemente el tirante del vestido en su sitio y me mira a los ojos, acariciándome la mejilla. - Sabes que nunca he intentado presionarte … cuando sucedió lo de Stear …
- Mamá …
- Querida, por favor … cuando sucedió lo de Stear, te dejamos tu espacio, te dejamos que liberaras tu dolor … eras tan joven y fue una pérdida tan grande … pero tu padre y yo creemos que ya es momento de que vuelvas a tomar las riendas de tu vida, Patricia. Ese es uno de los motivos por los que nos hemos venido a Jacksonville … y tal vez sea el momento de que rompas las cadenas con esa familia …
- ¿Qué? - Instintivamente me echo hacia atrás y la observo confundida.
- Creo que no es nada sano que vayas una y otra vez a verlos … no hace más que recordarte viejas heridas. Siempre vuelves peor de lo que te has marchado …
- Eso son tonterías, madre. - Intentó ir hacia el tocador, pero ella me retiene por los hombros y me obliga a mirarla.
- No son tonterías.
- ¿Estás diciendo que debo dejar de ver a mis amigas?
- No, claro que no … podrían venir a visitarte. Sabes que estaríamos encantados, pero …
- ¿Pero?
- Debes comenzar a centrarte en tu futuro.
- ¿Mi futuro? - Mi madre suelta un suspiro exasperado y yo siento que mis latidos aumentan el ritmo.
- Luke Krantz. - Me echo a reír, no puedo evitarlo. Pero entonces, el rostro de mi madre sufre un brusco cambio y me toma por el rostro con fuerza, mirándome con fijeza. El pánico se apodera de mí. - No estoy bromeando, querida. Te voy a desvelar nuestro pequeño secreto, y quiero que te quede muy claro: Luke Krantz es un joven prometedor, encantador, apuesto y con dinero. El candidato perfecto para la hija de Mingus O´Brien. El candidato perfecto que tus padres, los mismos padres que te hemos amado, alimentado y proporcionado todas las comodidades y la mejor educación posible, hemos elegido para ti. - Parpadeo confusa y asustada.
- ¿Qué … ? ¿Qué significa esto, madre?
- Significa que vas a terminar de vestirte ahora mismo, vas a bajar al salón con la mejor sonrisa en tu adorable rostro, y vas a hacer que Luke Krantz no pueda mirar a ninguna otra mujer por el resto de su vida, ¿ha quedado claro?
Tengo la boca seca y estoy ligeramente mareada. No puedo creerlo, simplemente no puedo. Siento que las lágrimas afloran a mis ojos mientras mi madre libera bruscamente mi rostro, se da la vuelta y abandona la habitación sin mirar atrás. Entonces las lágrimas ruedan sin control por mis mejillas y debo apoyarme en el tocador.
¿Es posible? ¿Es posible que me encuentre en esta situación? ¿Y qué esperaba, maldita sea? Algo así iba a suceder, tarde o temprano. Pero yo … yo esperaba no tener que pasar por esto … esperaba que mis padres me dejaran elegir, me dejaran a mi voluntad … Pero ya tengo 23 años … y la maldita sociedad tiene sus propias normas.
Se me escapa un sollozo y me tapo la boca con fuerza para mitigarlo. Oh, William … ¿qué voy a hacer?
Luke es un buen hombre, es cierto, encantador, divertido, apuesto … tal vez no a la deslumbrante manera de William, pero resulta muy atractivo con su cabello negro y sus chispeantes ojos oscuros. ¿Podría hacerlo? ¿Podría casarme con un hombre que no fuera William? Y al final … y al final sucederá …
No sé cómo he podido bajar sonriendo al salón, saludar a Luke y a mis padres y coger el brazo que me ofrece Luke para a continuación salir a pasear por los jardines del centro.
Escucho a Luke contar anécdotas divertidas y reír, mientras yo sólo puedo asentir y aspirar suavemente el aire cálido.
- ¿Estás segura, Patty?
- ¿Qué? - Giro la cabeza sorprendida para observar a mi interlocutor, quien tiene una ceja arqueada y parece divertido.
- Acabo de preguntarte si quieres que vayamos a mi apartamento a hacer el amor, y me has dicho que sí.
- ¿Qué? - Noto cómo me ruborizo salvajemente y lo miro boquiabierta, mientras él suelta una carcajada.
- Por fin he logrado llamar tu atención. - De pronto me toma suavemente por la cintura y me atrae hacia él. Nuestros rostros quedan muy cerca, él observando lentamente mis rasgos con una tierna sonrisa.
- Soy paciente, Pat … y sabes que también soy claro y directo. Me gustas, creo que ya te habrás dado cuenta. Eres inteligente, divertida y preciosa. Pero también aprecio tus opiniones y tus juicios. Si no fuera así, ya estaría con cualquiera de esa muñecas de cera que llenan la ciudad, diciendo a todo que sí y riendo como bobas. - No puedo evitar sonreír ante el comentario. Es cierto, a Luke no le va nada estar con una joven así. - Vaya, por fin una sonrisa sincera. - Me acaricia suavemente la mejilla e inexplicablemente me ruborizo. No estoy molesta, al contrario, pero estoy nerviosa. - ¿Puedo besarte? - ¿Qué? Noto que mi rostro arde. ¿Y qué le contesto?
Pero Luke no me da tiempo a reaccionar. Toma mi rostro entre sus manos y sin apenas darme cuenta de lo que sucede noto sus labios en los míos, frescos, suaves … mi primera reacción es separarme, alejarlo de mí … pero … demasiadas dudas pesan en mi corazón, demasiadas obligaciones … una de las manos de Luke desciende hasta mi cintura, apretándome contra él y la otra se posa en mi cuello, dirigiendo el beso. Súbitamente noto su lengua entre mis labios, su respiración agitada … ¡no! No puedo hacer esto … pero no me aparto. Siento deseos de llorar y al mismo tiempo, me gusta lo que me hace. ¿Es posible?
El beso se hace más profundo … me encuentro respondiendo inconscientemente. Oigo nuestras respiraciones, nuestras lenguas encontrarse una y otra vez … mi mente vaga sin control a aquella noche … aquellas sensaciones … aquellos ojos azules … ¡no!
Me separo casi con brusquedad y ambos intentamos recobrar el equilibrio. Luke me retiene por la cintura, su respiración agitada. Nuestros ojos se encuentran y él sonríe.
- Oh, Patty … llevaba semanas deseando hacer esto … - Ante mi turbación, parece compungido. - Oh, discúlpame … ¿te he ofendido? - Meneo la cabeza y bajo los ojos, pero él me alza la barbilla suavemente. Su mirada es dulce, tierna. - ¿Estás bien? ¿Qué sucede, preciosa? - La palabra hace aflorar nuevos recuerdos. Lo mismo me llamó William aquella noche … trago con fuerza. No debo llorar.
- Estoy preocupada, eso es todo.
- ¿Por qué? - Me encuentro observando sus oscuros ojos. Son de un tono muy oscuro, parecen casi negros … pero son enigmáticos, hermosos … en ese momento dejan traslucir sus sentimientos. Sentimientos por mí. Profundos sentimientos.
Tomo aire y comienzo a hablar.
