El bar del hotel recibía a sus huéspedes en un entorno tranquilo y agradable a la hora del café, en aquella calurosa tarde de finales de julio. Ciertamente, el clima en Nueva Orleans era húmedo y tropical, y la estancia fresca, repleta de sillones de mimbre y de mesitas de cristal, con grandes ventiladores de techo aportando frescura al ambiente, era la perfecta opción a barajar para pasar un rato agradable.
William Albert Andrew entró con paso enérgico por las puertas de cristal y enseguida el suave sonido de un saxo procedente del pequeño escenario de una de las esquinas del amplio bar, lo hizo sonreír ligeramente mientras se acercaba a la barra a pedir su consumición. Una vez tomó nota el camarero, William se dirigió a una de las mesitas cercanas a la terraza abierta, que daba acceso al hermoso patio interior repleto de flores que constituía el centro neurálgico del hotel, y tomando un periódico se sentó elegantemente, con las piernas cruzadas, disfrutando de su lectura y de la suave música que invadía la estancia.
- Will … ¿Albert? - La suave voz hizo que su corazón perdiera un latido antes de levantar lentamente sus ojos para encontrarse con la mirada de unos hermosos ojos esmeralda que conocía bien. -¿Qué … qué haces aquí?
Eso mismo se preguntaba él. ¿Qué demonios hacía Patty allí? ¡Candy! William sintió que la ira crecía en su interior. ¡Maldita sea, Candy! Respiró profundamente, intentando calmarse y dejó el periódico a un lado, levantándose lentamente del sillón. No pudo evitar que su corazón comenzara a latir más rápido, mientras observaba aquellos ojos, aquellos rasgos … su hermoso rostro tan sorprendido y turbado como el suyo, las tersas mejillas ruborizadas, dándole un aire encantador … y muy seductor. La ira de William se había evaporado tan rápidamente como había surgido. Hacía más de dos meses que no la veía, que no la tocaba … desde aquella noche … y los sentimientos afloraron abrasadores, desgarradores … tomándolo por sorpresa.
- Lo … lo mismo podría decir yo de ti, Patty … - Susurró con voz ronca. Vaya, debía calmarse.
- Yo … - William no pudo evitar caer rendido ante la belleza de la joven, ante su candidez, enfundada en aquel vestido blanco de tirantes, hasta la mitad de la rodilla, marcando sus curvas … aquellas curvas que él se sabía de memoria … - Albert … - Patty tenía el rostro enrojecido y los ojos bajos, a todas luces intentando recobrar la compostura. - Albert, te presento al Sr. Krantz, Luke Krantz, un amigo. Este es el Sr. Andrew, Luke … el tutor de Candy y un buen amigo.
Fue como si le hubieran echado un balde de agua fría en pleno rostro. Necesitó de todo su auto-control para no caer sentado por la impresión. Se agarró ligeramente al sillón de mimbre y sus celestes ojos se toparon con un joven del cual no se había percatado hasta ese momento. Un joven de cabello azabache y ojos oscuros, despiertos e inteligentes, rasgos cuadrados pero afables, que se movía con soltura y seguridad. A William le hubiera caído bien, en otras circunstancias. Su cerebro estaba embotado, no podía pensar con claridad. ¿Qué estaba haciendo él allí?
El joven sonreía cordial y alargó una mano.
- Es un placer conocerle, Sr. Andrew. Déjeme decirle que admiro su trabajo en las finanzas. No sabía que Patty le conocía, - rió jovial. - si no, le hubiera pedido que nos presentara mucho antes.
- Gra … gracias. - Albert le estrechó la mano y sus ojos volvieron a encontrarse con las suplicantes pupilas esmeralda, aunque ella bajó enseguida la mirada.
- Le presento a mi hermana, la señorita Clemence Krantz. - Albert se giró hacia una joven menuda, quien sonrió con timidez y bajó enseguida sus oscuros ojos almendrados. Se parecía a su hermano, el mismo cabello azabache, pero los rasgos eran más femeninos y suaves. Era una joven bastante atractiva, pero muy tímida y apocada. Se sucedieron las presentaciones de rigor y William, con caballerosidad, los invitó a sentarse a su mesa. - Gracias, Sr. Andrew, pero creo que voy a acompañar a Clem a dar un paseo por el patio, y les dejaremos que se pongan al día. - Sonrió a Patty y la besó en la mejilla. - Volveremos en un rato, querida.
Patty asintió sin apenas mirarle, el rostro encendido, y los jóvenes hermanos se marcharon, dejándolos a solas. Patty se sentó en el sillón frente a William, apretándose las temblorosas manos contra su regazo.
- ¿Qué demonios haces aquí, Patty? - No pudo evitar dejar traslucir la ira que sentía en su voz.
- ¿No te ha dicho nada Candy? - Ella parecía confundida. - Ni siquiera sabía que tú … - Calló de pronto y enrojeció aún más. Cogió su pequeño bolso y lo abrió, rebuscando en su interior. William pudo sentir el temblor de su manos, y la rabia que lo consumía cedió un poco. Sabía que Patty estaba sufriendo tanto como él … pero, ¿cómo era posible que hubiera venido con aquel hombre? Patty parecía que había encontrado lo que buscaba, porque sacó un pequeño sobre y se lo tendió a William, evitando sus ojos. - Vine por esto. - William tomó el sobre y leyó el contenido de la hoja que portaba en unos segundos. Apretó los puños. Maldita sea, Candy … - Me quedé muy confundida … ¿está bien, Candy?
- Claro que está bien … - William suspiró, pasándose las manos por el cabello. Al volver a centrarse en Patty la sorprendió observándole, pero enseguida volvió a desviar la mirada. - Patty … por favor, mírame. - Ella carraspeó y frunció el ceño.
- Yo … no puedo …
- Por favor … - Vio cómo Patty suspiraba y sus hermosos ojos esmeralda se llenaban de lágrimas no derramadas mientras las pupilas de ambos se fundían unas con otras. William sintió que su corazón se resquebrajaba.
- No pensé que te encontraría aquí … - Susurró ella con voz trémula, mientras se secaba rápidamente las comisuras de los ojos con un pañuelo. - Dios mío, debo reponerme … - Dijo como para sí misma.
El camarero los interrumpió, trayendo el servicio de café de William.
- Un té para la señorita, por favor.
- No, yo …
- Sí, te sentará bien. - Hizo un gesto al camarero, y este volvió a dejarlos solos. William la observaba fijamente con sus luminosos ojos. - Decidimos hacer este viaje para sorprender a Terry. Es aquí donde finaliza su gira, y como veía a Candy tan triste y apática, le propuse la idea. Ella se empeñó en hacerte partícipe. Quería que fuéramos a Jacksonville a buscarte …
- Pero tú no querías … - Susurró ella muy bajo, levantando la cabeza.
- No quería ponerte en dificultades con tu familia, Patricia … imagino que tienes obligaciones que atender. - Vio cómo ella volvía a secarse una solitaria lágrima que rodaba por su mejilla y respiraba profundamente. - ¿Me equivocaba?
- No … - Ella se echó ligeramente hacia atrás.
- Candy no piensa en las consecuencias de sus actos. - William parecía enfadado. - ¿Por eso has venido con él? - Ella asintió.
- Me preocupé mucho por Candy … no sabía qué pensar. No hubiera podido venir sola … mi padre no lo hubiera consentido.
- ¿Es algo oficial? - Patty sintió que le faltaba el aire.
- Mis padres quieren que me case con él …
- ¿Y tú? - Sus ojos se encontraron. Tantos sentimientos, un torrente de sentimientos no verbalizados fluía como un río embravecido entre ambos. Patty sabía que debía escapar de allí … o estallaría en llanto.
- Por favor, William … - Suplicó con la voz rota.
Él súbitamente pareció cobrar vida, levantándose rápidamente y haciendo un cortés saludo con la cabeza.
- Te pido disculpas por tener que marcharme tan rápidamente, - la voz de William era amable, como siempre,pero Patty sabía que estaba hirviendo por dentro - pero tengo un compromiso ineludible. Si ves a Candy, dile que nos encontraremos aquí en un par de horas, para ir al teatro. Que pases buena tarde, Patricia.
Y se marchó, dejándola allí sentada, con el corazón roto deshaciéndose en su pecho, intentando a duras penas contener los sollozos que pugnaban por salir de su garganta. ¿Cómo no se le ocurrió pensar que William también pudiera estar allí? ¿Y que diferencia hubiera habido?
Jamás le hubieran permitido viajar sola … ya no. Por eso tuvo que contarle a Luke que su amiga la necesitaba, tuvo que enseñarle la carta. Y él organizó todo en un abrir y cerrar de ojos. Fue sumamente encantador. Preparó el viaje, convenció a los O´Brien, llevó a su hermana con ellos de carabina para que no hubiera ningún tipo de comentario ni escándalo … y todo por ella.
Patty sabía de sobra que Luke estaba esperando el momento apropiado para pedir su mano en matrimonio. Ya le había confesado sus sentimientos. Quería que fuera su esposa. Y también lo querían sus padres, y los Krantz … y todo Jacksonville estaba esperando el anuncio del feliz acontecimiento. Y ella … ella solo podía sentir su cuerpo vibrar cuando tenía delante aquellos luminosos y hermosos ojos celeste que se habían marchado airados y cargados de sufrimiento hacía apenas un minuto. Ella solo podía sentir cuando los labios y manos de aquel Dios viviente la tocaban o simplemente la rozaban … ella solo estaba viva en presencia de aquel hermoso ángel rubio …
Se percató de que estaba llorando y procedió a secarse rápidamente las lágrimas, ya que el camarero se acercaba con el servicio de té. Una vez sola de nuevo, se echó el humeante líquido en la taza y se arregló un poco el cabello.
William … William … ¿qué podía hacer? ¿Escaparse a Chicago? ¿Dejarlo todo y fugarse juntos? Bien sabía que si hubiera sido por ella, ya estaría haciendo las maletas … pero no podía, ya no. Estaba atrapada. Sus padres habían tejido la tela de araña a su alrededor sin que apenas se diera cuenta. Desde que su madre le había dejado las cosas perfectamente claras … todo había ido rodado. Sabía que acabaría casándose con Luke, sabía que acabaría viviendo la vida que le habían asignado … y sabía que debería resignarse. El dolor y la impotencia que sentía eran terribles … la ahogaban. Pero debía sobreponerse, ya que Luke y su hermana llegarían enseguida.
Luke … su futuro esposo. Tal vez … tal vez si no hubiera existido William … Luke era un buen hombre, era divertido e inteligente … y no carecía de atractivo. Patty sabía que era un partido excelente, y que sería muy beneficioso para los O´Brien emparentarse con los Krantz. También sabía que Luke la amaba … y la deseaba. Desde aquel beso en el parque sus avances habían sido cada vez más osados … y Patty no sabía hasta qué punto iba a poder retenerlo. Luke buscaba intimidad cada vez que podía, buscaba sus labios … y últimamente había comenzado a aventurarse a acariciar sus senos … y ella no sabía cómo rechazarle. No sabía que argumentos esgrimir, qué hacer … ¿cómo iba a rechazarle si era bien sabido que iban a acabar convirtiéndose en marido y mujer?
- ¡Patty! - El grito la hizo pegar un respingo y salir bruscamente de su ensoñación.
Candy estaba delante de ella. Sus ojos verde azulados abiertos de par en par y una gran sonrisa iluminando su hermoso rostro. Era una visión rubia vestida de azul oscuro que acaparaba las miradas de admiración de todas las personas que poblaban el bar.
- Candy. - La joven de pelo color miel se levantó e intentó sonreír, mientras ambas amigas se abrazaban y Candy se sentaba a su lado.
- Oh, Patty, has venido. - Candy le cogió la mano y se la apretó con fuerza. - No estaba segura …
- ¿Cómo demonios no iba a venir, Candy?
- Estás molesta. - La rubia la miró compungida. - Lo siento … sé que la carta era un poco … alarmante …
- ¿Alarmante? Creía que te había pasado algo … y tuve que remover cielo y tierra para poder venir, Candy … para enterarme al llegar de que en realidad estabas perfectamente.
- Lo sé … y lo siento, pero sí que es importante.
- ¿Qué sucede?
- Patty … - Candy tragó con fuerza antes de continuar y miró fijamente a su amiga. - Aún no le he contado esto a nadie, pero … voy a pedirle a Terry que nos casemos aquí, en Nueva Orleans.
- ¿Qué? ¿Cómo? - Patty se atragantó con el té y Candy tuvo que darle unas palmaditas en la espalda.
- Voy a pedirle que nos casemos … los dos solos … con apenas dos testigos: Albert y tú. No necesito nada más, no quiero nada más. - Candy suspiró y se apoyó en el respaldo del sillón. - Estoy cansada, Patty … cansada de los Andrew, de la tía Elroy, de los Legan … de todos. No son mi familia. Mi única familia es Albert, y Annie, Archie y tú …
- Vaya … ¿quién es esta hermosa señorita? - La voz masculina las interrumpió en plena conversación y Patty se levantó, seguida de una sorprendida Candy que observaba a un sonriente joven de pelo oscuro.
- Candy … permíteme presentarte a Luke, Luke Krantz, el amigo de quien te hablé. - El joven se adelantó, mientras Candy le ofrecía la mano automáticamente, mientras la información penetraba en su cerebro y de pronto sonreía alegre.
- Oh, vaya … ¡qué sorpresa! Encantada de conocerle, Sr. Krantz.
- Luke, por favor. Y esta es mi hermana, Clemence.
Los jóvenes se sentaron alrededor de la mesa y pronto los cuatro se sumergieron en una agradable y fluida conversación. Tras la merienda, los hermanos Krantz y Patty ya habían sido invitados esa noche al teatro a ver la obra de Terry y posteriormente a cenar todos juntos.
- Pero Candy … - Patty parecía turbada y habló a su amiga en un susurro- Tal vez Terry y Albert quieran … tal vez no les parezca correcto …
- Pero, ¿qué estás diciendo Patty? Tonterías, estarán encantados. - Y entonces alzó la voz, dirigiéndose a los Krantz. - He oído que hay un local muy bueno de jazz y baile en la ciudad. Tal vez podamos acercarnos después de cenar …
Posteriormente, todos se dirigieron a sus respectivas habitaciones para asearse y prepararse para la velada. Candy acompañó a Patty a su habitación y se sentó en la cama a observar a su amiga revolotear por la estancia.
- ¿Cómo es que ha venido Luke contigo?
- ¿Y qué esperabas? - Patty no la miraba. Iba de un lado a otro preparando la ropa que iba a ponerse. - Mi padre no me hubiera dejado venir sola …
- Esto es serio, Patty … ¿verdad? - La joven se detuvo un momento y la miró. Candy sonreía, pero al observar el rostro de su amiga, su sonrisa se le congeló en el rostro. - Patty, ¿qué sucede?
- ¿Qué? Nada … - Ella sonrió. - Estoy algo cansada del viaje … sí, Candy … creo que es algo serio …
- ¿Le quieres?
- Sí … creo … creo que estoy enamorada … - Patty necesitó de todo su aplomo para mentir a su amiga, y así poder engañarse a sí misma. Candy palmoteó entusiasmada.
- ¡Eso es fantástico, Patty! Verás cuándo se entere Annie. - La joven asintió riendo y continuó su tarea, desapareciendo su sonrisa en cuanto su amiga ya no podía verle el rostro. - Es un joven encantador … verás cuando le conozca Albert. También va a alegrarse mucho …
- Sigue contándome esa decisión de casarte que has tomado de forma tan repentina … - La cortó Patty para cambiar de tema.
- No ha sido repentina, Patty. - Suspiraba la rubia. - Escucha … sé que va a parecerte una locura, pero … he encontrado mi destino. He vuelto a recuperar a Terry … y sé que no podría volver a ser la de antes … - Patty se paró a medio camino y se giró a observarla. - Ya no quiero demorarlo más … quiero ser su mujer. Quiero que estemos unidos … que ya nada pueda separarnos. Siempre hemos estado a expensas de las circunstancias, intentando estar juntos sin conseguirlo. No quiero que suceda más. No voy a plegarme a las decisiones que pudieran tomar los Andrew … evidentemente, me importa Albert, y espero que me comprenda. Pero no quiero nada de ellos … pueden quedarse todo lo que tienen. ¿Por qué tendría que poner mi futuro en sus manos?
- Tienes suerte …
- ¿Suerte? - Candy frunció el ceño.
- Me refiero a que eres valiente … - Patty se mordió el labio.
- No te creas, - sonrió su amiga - estoy aterrorizada … - Se levantó de la cama de un salto. - Vamos, Patty, no te demores o llegaremos tarde.
William tuvo que tensar la mandíbula y forzar una sonrisa cuando vio entrar a los Krantz en el bar del hotel, seguidos de Candy y Patty, para darse cuenta de que iban a compartir la velada con ellos. Había dado un largo paseo por la ciudad, disfrutando de su soledad para poder ordenar sus sentimientos y sopesar todo lo que estaba sucediendo. No quería perder a Patty. Cada vez que imaginaba la vida sin ella, se le desgarraba el corazón … pero por otro lado, no sabía qué hacer para solucionar aquella situación.
Ahora la observaba delante de él, hermosa, sonriente, aunque William sabía que estaba sufriendo tanto como él.
Se acercaron en varios taxis hasta el teatro y en cuanto Candy dijo su nombre, un empleado los condujo diligentemente a uno de los palcos mejor situados. Mientras entraban, un hombre bajito que se acercaba por el pasillo, abrió los ojos sorprendido al reparar en la figura de Candy, y se dirigió a ella sonriente.
- Srta. Andrew …
- Oh, Sr. Scott. - Sonrió la joven estrechando la mano del hombre.
- ¿Ya ha visto a Terrence?
- No, no he querido molestarle antes de la función. Después iremos a cenar.
- Estupendo.
- ¿Cómo se encuentra? - La joven lo miró inquisitivamente.
- En plenas facultades. - El hombre le guiñó un ojo. - Después de la función vaya al camerino. Daré orden de que la dejen pasar. Encantado de volver a verla.
Todos se instalaron en el palco que le habían asignado. Era un palco para unas diez personas, por lo que ellos, al ser apenas la mitad, podían sentarse donde gustaran. Un camarero se presentó en el recinto, informando de que sería su camarero privado durante la función y que podían pedir lo que desearan. William pidió champán para todos y el camarero se retiró a cumplir la orden. Los Krantz estaban fascinados.
- Vaya … esto sí que es venir al teatro a lo grande … - Sonreía Luke.
- Las ventajas de tener un prometido que resulta ser el actor principal. - Reía Candy.
- Oh, ¿de veras? - La joven Clemence la observaba maravillada, los ojos brillantes. - Qué romántico ...
- Mi hermana es una soñadora, Candy, - reía Luke - debes perdonarla …
El camarero volvió con las botellas de champán y procedió a llenar las copas.
- No es nada malo soñar … - Susurró William tomando un sorbo de su copa de champán. Era seco y estaba muy frío, por lo que le sentó bien y calmó algo el ardor de su pecho. La joven Krantz lo miró con adoración. Aquel hombre era el más apuesto que había visto en su vida. Parecía un ángel.
- Desde luego que no, - contestó Luke – pero a veces es bueno ser consciente de la realidad que nos rodea. - Tomó la mano de Patty, sentada a su lado. - ¿Y qué ventajas podría esperar la esposa de un banquero? - La joven enrojeció furiosamente y bajó la mirada ante la suave carcajada de Luke. Este le alargó una copa. - Toma, querida.
- Discúlpenme. Vuelvo enseguida. - Dijo William saliendo del palco.
Atravesó el pasillo a grandes zancadas y se detuvo bruscamente, apoyándose en la pared. Maldita sea, debía calmarse. No podía perder el control, o acabaría cometiendo una estupidez. Cómo por ejemplo, partirle la mandíbula a ese imbécil. Suspiró y meneó la cabeza. Debía volver.
- ¿William? ¿William Andrew? - Él se giró hacia la voz femenina que pronunciaba su nombre y abrió los ojos sorprendido.
- ¿Mara? - No podía creerlo. Hacía muchos años que no la veía: Mara Haugen.
Aquella joven aristócrata noruega con la que tuvo una relación en unas vacaciones en Escocia, cuando apenas contaban dieciocho años, ahora estaba allí, delante de él, en aquel teatro en Nueva Orleans. Apenas habían tenido contacto aquellos años, al margen de unas cuantas cartas aisladas … y un breve encuentro en Nueva York hacía unos cuatro años. Mara era apenas dos o tres años menor que él. Hermosa y seductora … la típica mujer que te estrujaba las entrañas y dejaba huella en tu corazón. Rubia, alta, piel de porcelana, insondables ojos verdes y curvas de infarto, amén de una total ausencia de amor por el cumplimiento de las normas sociales.
- No puedo creerlo, William … - Ella se acercaba a él con una sonrisa y él le correspondió con sinceridad, abrazándola ligeramente y besándola en la mejilla.
- ¿Qué haces aquí?
- Curar mis heridas. - Se echó a reír al ver la cara de William. - Estaba haciendo un pequeño viaje por Estados Unidos con un … amigo. - Se encogió graciosamente de hombros. - Pero ha encontrado mejor compañía. - Hizo un ademán con la mano. - En fin, él se lo pierde. Entonces me dije que en vez de lloriquear en la habitación del hotel, mejor sería que viniera a ver una buena obra de teatro, me han dicho que el actor principal es muy bueno … además de ser muy atractivo. - Le guiñó un ojo y William se echó a reír. - ¿Y qué me dices de ti?
- Precisamente ese hombre tan atractivo es un buen amigo mío, además del prometido de mi pupila, Candice.
- ¿De veras? - Mara se echó a reír. - Es el destino, William.
Él la observó con un brillo en la mirada. Mara era una fresca y dulce brisa, alguien sin complicaciones, sin prejuicios ni expectativas … justo lo que necesitaba en ese momento para conservar la cordura.
- ¿Te apetecería unirte a mi grupo?
- ¿Deduzco que estás aburrido? - Él soltó una carcajada.
- Tal vez …
- De acuerdo, me apunto.
William le ofreció el brazo y ella lo tomó, riendo.
- Además, podrás conocer a ese actor tan atractivo …
- Vaya, la noche promete …
Volvieron al palco cogidos del brazo, y al entrar, William hizo las presentaciones. Todos quedaron sobrecogidos por la belleza de la noruega.
- Por fin nos conocemos, Candice … William me ha hablado mucho de ti.
- Yo …. lo siento, pero … - Candy sonreía turbada.
- Sé que de mí no te ha dicho absolutamente nada. - Rió ella, y guiñó un ojo a William. - Pero no me ofendo. Simplemente, no puedo enfadarme con William. - Se encogió de hombros. - Demasiado guapo, ¿verdad queridas? - Dijo dirigiéndose a Clemence y Patty. Ambas jóvenes enrojecieron cohibidas.
- Y él es el Sr. Krantz …
- Luke … - Susurró él con una sonrisa, poniéndose en pie y mirando arrobado a la noruega.
- Encantada, Luke …
Tenía una voz profunda, aterciopelada. Sensual, pensó Patty. Es una mujer que siempre consigue lo que quiere. Los celos hicieron presa en ella. ¿De qué la conocía William? ¿Y por qué la había traído? Instintivamente supo que había tenido una relación con ella. Y ahora ahí tenía a Luke, babeando también … pero se percató de que aquello no le importaba.
- Me he encontrado con Mara en el pasillo, y no he podido evitar invitarla a unirse a nuestro grupo. - La miró sonriendo, y ella le correspondió. - Es una vieja amiga. Espero que no os importe. - Todos respondieron que no, con cortesía y educación, y William le tendió a Mara una copa de champán, mientras se sentaba a su lado.
Las luces comenzaron a encenderse y apagarse intermitentemente, dando la señal del comienzo de la obra, y el palco quedó a oscuras. Antes de volverse a mirar el escenario, Patty no pudo evitar observar a William hablar en susurros con aquella despampanante mujer, y sintió que una ira abrasadora atenazaba su garganta. Súbitamente, sus ojos se toparon con los celestes en la distancia, y apartó la vista turbada.
La función había sido un éxito, como siempre, y Terry había estado maravilloso. Ni rastro de las secuelas que el estado en que se encontraba aquella mañana hubieran podido dejar en él. Había sido pura energía. Candy se sentía orgullosa y extasiada ante la capacidad de su amado de interpretar en el escenario como lo hacía.
Ahora se encontraba recorriendo con rapidez los estrechos pasillos repletos de actividad que conducían a los camerinos de los actores. Un joven asistente la había dejado pasar y le había indicado el camino, pero Candy ya se hallaba perdida entre tanta curva y recoveco. Al final, desistió y se paró en seco, decidida a pedir ayuda.
Una joven pasaba a su lado con paso enérgico. Su rostro le resultaba ligeramente familiar, aunque Candy casi estaba segura que nunca la había visto. La joven llevaba el cabello húmedo, como si hubiera tomado una ducha, y parecía pensativa mientras recorría el pasillo sin fijarse en nada ni en nadie.
- Disculpe … ¡señorita!
- ¿Sí? - La joven se detuvo sorprendida y miró a Candy con la ceja arqueada.
- Creo que me he perdido … - Sonrió Candy a la desconocida. - ¿Podría decirme si sabe dónde se encuentra el camerino del Sr. Graham?
- ¿El Sr. Graham? - Candy pudo percibir que el cuerpo de la joven se tensaba automáticamente y la observaba con fijeza. - ¿Quién es usted?
- Yo … - Candy se sintió confusa ante el tono y la actitud de la joven, pero su buen carácter salió a la superficie y volvió a sonreír. - Bueno, él me está esperando …
- Ya … - La joven desconocida hizo un gesto despectivo. - No conozco a ningún Graham. - Soltó entre dientes, dejando a Candy estupefacta mientras continuaba su camino por el pasillo.
La rubia observó cómo se encontraba con otra joven que parecía esperarla y esta última le cuchicheaba enfadada.
- ¡Jo! ¿Qué demonios te pasa? - La otra se encogió de hombros sin volver la vista atrás. La segunda joven miró a Candy y le hizo un gesto en la distancia. - Vas bien, querida. Al final del pasillo, la puerta de la izquierda. - La saludo con un ademán y cogió a la otra joven por el brazo, perdiéndose ambas por la esquina del pasillo.
Candy, tras un momento de estupor, se encogió de hombros y continúo su camino, en la dirección que le habían indicado. Una vez ante la puerta que creía era la correcta, llamó con decisión, y una voz masculina la invitó a entrar. Y allí estaba, aún cambiándose de ropa frente al espejo, el dueño de su corazón. Él se giró ligeramente con una media sonrisa al reconocerla y Candy se acercó rápidamente y lo abrazó por la cintura.
- Has estado maravilloso … - Susurró en su espalda. Él se giro del todo y le acarició la mejilla.
- Gracias, amor. - La besó suavemente en los labios, mientras Candy le ayudaba a anudarse la corbata. - ¿Has venido con Albert?
- Sí … con Albert y con algunos más … - Terry frunció el ceño.
- ¿A qué te refieres? - La joven le relató la aparición de Patty con sus propios acompañantes, así como la recién descubierta amiga de Albert. - ¿Y dices que vamos a ir todos juntos a cenar? - Candy se mordió el labio para no reír ante el desconcierto y el disgusto de Terry, que el joven en modo alguno intentaba disimular.
- Eso es, querido. Iremos a cenar y después a bailar … y te comportarás como el distinguido y educado caballero que sé que eres. - Un brillo travieso cruzó los ojos azules mientras Candy observaba satisfecha el nudo de la corbata y procedía a abotonar los botones del chaleco de su prometido. Él la tomó por las nalgas alzándola hacia él. - ¡Terry!
- ¿De veras crees que soy un caballero? - La besó en el cuello y ella no pudo evitar reír.
- Basta, ahora no tenemos tiempo para esto …
- Siempre hay tiempo para esto … - Ella se apartó unos pasos.
- Nos esperan, Terry. - Él le hizo una mueca y terminó de ponerse la chaqueta.
- Está bien, Pecas, seré políticamente correcto durante unas horas, pero después … exigiré un pago por mi conducta. - Ella se echó a reír y se arregló levemente el peinado ante el espejo del tocador. - ¿Qué hace Patty aquí de todas formas?
- Yo le pedí que viniera
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Te lo explicaré más tarde. - Dijo Candy mirándole a los ojos.
El grupo los esperaba en la calle, y unas cuantas admiradoras se abalanzaron sobre ellos cuando Candy y Terry traspasaron las puertas acristaladas del teatro. El flash de una cámara cegó la vista de Candy por unos segundos, y apenas se dio cuenta de que Terry rápidamente se hacía cargo de la situación. Su asistente Higgins fue quien condujo a una desorientada Candy hacia el grupo que los esperaba, mientras Terry hacía caso a las admiradoras y se deshacía cortésmente de los reporteros, y también fue Higgins quien llamó a los taxis que llevarían a todos al restaurante elegido para disfrutar de la cena.
Hubo poco tiempo para las presentaciones en ese momento, y todos fueron conscientes de que debían actuar con rapidez y subir a los automóviles que los esperaban. Albert y su amiga Mara subieron al automóvil con Terry y Candy, y el resto se dirigió al segundo vehículo. Pronto se pusieron en camino, dejando atrás las preguntas de los reporteros y los flashes de las cámaras.
Llegaron al restaurante sin mayores contratiempos y pronto fueron acomodados en una sala privada, disfrutando de un excelente vino y de un selecto champán. Las conversaciones fluyeron ligeras y joviales. Mara se descubrió como una divertida e interesante compañera de mesa. Todos habían quedado conquistados, e incluso Terry la miraba con interés.
Pero entre las risas, las conversaciones y el champán, una persona se sentía la más desgraciada de la tierra. ¿Por qué? Se preguntaba Patty una y otra vez. ¿Quién entreteje los hilos del destino? ¿Por qué para algunos es tan simple como respirar y sin embargo para otros cada vez es más complicado? Allí estaba aquella mujer tan sexy … tan libre, culta, divertida … nacida con cuchara de plata entre la aristocracia. Patty suponía que tendría obligaciones, y sin embargo … allí estaba. Rondaría los veintisiete o veintiocho años, era soltera, nadie parecía obligarla a tomar decisiones que cambiarían su vida … acababa de confesar prácticamente que la había dejado tirada su amante, y sin embargo, a todos en la mesa parecía parecerles bien. Observó de reojo a Luke, que en ese momento reía ante un comentario de la noruega, y se preguntó qué pensaría si ella se comportara de ese modo. Y Candy … su querida amiga. Patty sabía lo que Candy había sufrido, y sin embargo, ahí estaba, a punto de mandar a todos al diablo y casarse con el amor de su vida.
Sintió que el champán revolvía su estómago y dejó la copa encima de la mesa. Y ella … por si no hubiera sido suficiente perder al primer amor de la manera más trágica, el destino volvía a burlarse de ella, atándola a una relación de por vida con un hombre que no deseaba.
- Disculpadme por favor … - Susurró, levantándose de la silla. Todos los ojos se posaron en ella.
- Patty, ¿te encuentras bien?
- Sí, sí … solo necesito un poco de aire … - Luke le tomó la mano, mirándola preocupado.
- Te acompañaré.
- No, por favor … - Intentó ella sonreír. - Sólo será un momento.
Salió al patio abierto del centro del restaurante y aspiró con fruición el aire nocturno. Ciertamente, en aquel clima tropical nunca hacía fresco, pero se estaba mejor que a la tarde. Se entretuvo mirando alrededor. Era un patio acogedor, semicircular, repleto de flores y de columnas de piedra, dándole un aire antiguo y retro a la vez. Comenzó a pasear lentamente por entre las columnas pero súbitamente se detuvo, oyendo pasos tras ella. En un primer momento, se asustó, pero enseguida se relajó. No sabía por qué, pero intuía de quién se trataba.
- No quería asustarte …
- No lo has hecho. - Se giró y se lo encontró de frente. Iluminado parcialmente por las luces indirectas del patio y la luz de la luna, parecía una visión surgida del bosque.
- ¿Te encuentras bien?
- Sí … ya estoy mejor. Deberías volver, William, por favor, no es prudente que nos encuentren aquí.
- ¿Por qué? ¿Hay algo malo en ello?
- No … - Resopló. - Ya sabes a qué me refiero.
- No, Patricia, no lo sé.
- Sí que lo sabes, maldita sea. - La ira, los nervios, la frustración, hicieron mella en ella y se dio la vuelta, tapándose la boca para ahogar un sollozo. - Por favor, márchate …
Pero él se acercó lentamente y la cogió por la cintura, acercándola a las sombras y pegándola a él. Patty ya sollozaba en su hombro, mientras él le acariciaba la espalda.
- Pero, ¿qué te han hecho? - Susurraba él en su pelo.
- Por favor … - Ella alzó la cabeza con el rostro bañado en lágrimas. - Ayúdame, William … no podré con esto. Hagámoslo lo menos doloroso posible … si no, yo no podré … - Él secó sus lágrimas con los pulgares.
- No te dejaré, Patty. Escucha, debí haberte hablado antes de todo esto, debí … - Ella sintió cómo él suspiraba, pero no podía distinguir bien su rostro, parcialmente oculto entre las sombras. - No voy a renunciar, no quiero renunciar. Quiero compartir mi vida contigo … - Ella comenzó a llorar amargamente.
- Oh, William … pero ya es tarde, ¿no comprendes?
- ¿Tarde? No, no es tarde …
De pronto ella calló y giró la cabeza hacia la entrada.
- William, debemos volver … - Él sabía que tenía razón. Tomó su rostro con las manos y la obligó a mirarle fijamente.
- Esta noche hablaremos.
- ¿Qué?
- Te hospedas en el Cheston, ¿verdad? ¿En que habitación?
- William …
- ¿En qué habitación, Patty?
- En la 72. - Y entonces, antes de siquiera poder reaccionar, William la besó.
Y fue como si una descarga eléctrica los recorriera a ambos de pies a cabeza. Patty se agarró a su cuello como si fuera una tabla salvavidas al tiempo que sus lenguas se entrelazaban, los corazones se disparaban y las respiraciones se aceleraban. Tuvieron que separarse antes de que las voces llegaran a ellos, y Patty se apretó las mejillas con las manos en un intento de recomponerse.
- Ve ahora, vamos … - Susurró William acariciándole los brazos, y ella se dio la vuelta y no supo cómo pudo llegar hasta la entrada del patio, ya que las rodillas le temblaban como flanes.
