La cena transcurrió sin contratiempos, fluida, relajada y agradable. Pronto los siete jóvenes, a pesar de sus diferencias, lograron establecer una especie de camaradería que los llevó a disfrutar de su compañía, al menos por unas horas. Apenas se percataron del paso del tiempo y de que, si querían continuar la diversión, debían comenzar a moverse hacia el local del cual habían estado hablando maravillas durante casi toda la velada: un nuevo local de música en vivo, alcohol y libertad. Sonaba demasiado bien para que pudiera ser real, sobre todo en aquellos tiempos, cuando la ley seca imponía sus normas con rigurosidad, y todo debía hacerse de forma clandestina.

- ¿Es cierto todo eso? - Preguntó William a Terry.

- Parece que lo es. - Arqueó una ceja el aludido, mientras encendía un cigarrillo y ofrecía su pitillera a Mara, quien era la única de las damas presentes que fumaba. - Mis compañeros ya han estado, y aunque no me han relatado todos los detalles, parece que el susodicho local hace honor a su fama. Estaban entusiasmados. Todo un paraíso para los amantes del jazz y del baile.

- Pues, ¿a qué estamos esperando? - Aprobó Mara con su sensual voz.

- ¿Crees prudente que … ? - Giró el rostro imperceptiblemente hacia las jóvenes amigas, que en aquel momento iban andando delante de ellos, agarradas del brazo y charlando. Terry entendió el gesto. - ¿Es … seguro?

- No llevaría a Candy allí si no lo fuera, lo sabes. - William asintió y tomó el cigarrillo que le ofrecía su amigo.

Tomaron sendos taxis hasta la ubicación orientativa que les habían indicado, pero los taxistas permanecieron mudos ante las preguntas de los jóvenes, y cuando se apearon de los coches cerca de unas oscuras callejuelas bastante alejadas del centro de la ciudad, no pudieron evitar alarmarse. Los tres hombres intentaron aparentar seguridad, ya que las jóvenes, a pesar de estar en compañía, no pudieron evitar dejar traslucir la preocupación en sus rostros. Incluso Mara parecía algo alarmada, mientras observaba las oscuras calles que se extendían ante ellos. Ciertamente, aquellos jóvenes ataviados con elegantes ropas eran un jugoso cebo para todo tipo de ladrones y camorristas.

- Quizá no fuera tan buena idea como habíamos pensado … - Susurró Luke mirando alrededor, y en un impulso se acercó a Patty y le pasó un brazo por los hombros.

- ¿Qué sucede? - Preguntó ella frunciendo el ceño.

- Nada, querida.

Candy se había acercado a Terry y William y su prometido la agarró de la mano.

- No sabéis con certeza si este es el lugar …

- Iremos despacio. - Contestó Terry bajo. - No te separes de mí. - La miró a los ojos muy serio. - Si sucede algo …

- Terry …

- Candy, si sucede algo, quiero que cojas a Patty y a las demás y os marchéis lo más rápido posible sin mirar atrás.

- No se me ocurriría … - Comenzó ella.

- Hablo en serio. Nosotros sabremos apañarnos.

- No me iré, Terry. - Candy lo miraba con la determinación pintada en su bello rostro. Entonces él se paró y le susurró al oído.

- Te irás, amor mío, porque si no me haces caso, cargaré en este momento tu preciosos trasero sobre los hombros como a una niña pequeña y cabezota y te llevaré al hotel. - Candy soltó un bufido airado, pero observando el rostro de Terry, no dijo nada más.

De pronto, unas voces y varias risas los hicieron pegar a todos un respingo e instintivamente se acercaron más unos a otros mientras avanzaban por una de las oscuras calles. Descubrieron que las voces provenían de otro grupo de jóvenes que marchaban con paso rápido y ágil por delante de ellos, aparentemente seguros de a dónde se dirigían. Eran varios chicos que llevaban a algunas jóvenes de la mano.

Entonces, en un impulso, Candy se soltó de la mano de Terry y casi echó a correr sobre sus altos tacones hacia el grupo de jóvenes cruzando la calle.

- ¡Candy! - Terry maldijo por lo bajo, saliendo tras ella, a lo que el resto también apuró el paso.

- ¡Disculpen! - Los jóvenes se giraron sorprendidos y se detuvieron, alguno de ellos silbando bajo al verla acercarse.

- ¡Hola!

- Hola, preciosidad …

Todos reían dándole a Candy la bienvenida.

- Mi grupo y yo estamos un poco perdidos … buscamos un local … el Tommy´s … - Los jóvenes se echaron a reír y saludaron al resto que se acercaba, viendo cómo Terry se ponía inmediatamente al lado de Candy y la cogía por la cintura.

- ¿Estáis seguros? - Preguntó una chica guiñando un ojo a Terry.

- ¿Está cerca de aquí? - Preguntó Mara.

- Lo está. - Contestó otro joven, observando a la noruega de pies a cabeza sin ocultar su admiración. - ¿Te atreves, preciosa?

- Venga, basta ya … - Otro joven se acercó y empujó al resto para que continuara. - Es al final de la calle. Disculpad a mis amigos … - Les guiñó un ojo. - Seguidnos si queréis.

- Gracias. - Candy le sonrió mientras el joven se giraba y se reunía con su grupo.

- ¿Qué demonios ha sido eso?

- Estás enfadado. - Susurró ella sonriendo y abrazando a Terry por la cintura. Terry tenía tensa la mandíbula.

- Te dije que tuvieras cuidado …

- Vamos, cariño, no ha pasado nada …

- Podía haber pasado …

- Oh, Albert … tú también no, por favor … - Meneó Candy la cabeza y rió, tirando de la mano de Terry y haciendo que los demás apretaran el paso. - Venga, vamos a divertirnos.

La puerta de Tommy's era un almacén que parecía abandonado a su suerte, al fondo de una calle desierta. El grupo de jóvenes al que habían seguido les hicieron gestos y entraron por la puerta, perdiéndose de vista. Todos observaron el portón algo nerviosos. Terry y William se miraron y como si de una señal se tratara, tocaron a la puerta. El corazón de Patty latía desbocado. No podía creer que se encontrara allí, en Nueva Orleans, a punto de entrar a un local donde se respiraba jazz por los cuatro costados. Notó el brazo de Luke sobre sus hombros y se sintió incómoda. Quería poder quitárselo de encima, pero sabía que no era apropiado. No era a Luke a quien deseaba tener al lado en aquel momento,y no pudo evitar observar la atractiva espalda de William, allí plantado ante la puerta, sus labios aún palpitando al recordar el beso que le había dado en el patio, hacia apenas un par de horas. Entonces vio cómo Mara se acercaba a él riendo y le susurraba algo al oído para a continuación agarrarse a su mano. Notó cómo sus mejillas despedían fuego y una ira insana subía por su garganta. Tuvo que respirar profundamente para calmarse.

- Querida … - Luke la observaba preocupado. - ¿Te encuentras bien? Tal vez deberíamos volver al hotel …

- ¿Qué? No, no, en absoluto. Quiero entrar. - Y en un impulso se adelantó unos pasos, obligando a Luke a soltarla.

Cuando ya pensaban que no iban a poder entrar, una pequeña trampilla se alzó súbitamente en medio de la puerta y un rostro de hombre con un cigarrillo a medio consumir en los labios los observó fijamente.

- Bienvenidos a Tommy´s si venís a divertiros, sin causar problemas y respetando las normas básicas de educación y decoro. - Terry tuvo ganas de echarse a reír al oír el pequeño discurso del hombre, pero se contuvo. - En caso contrario, os echaremos a patadas, ¿ha quedado claro?

- Por supuesto.

- ¿Quién os envía?

- ¿Qué? - Terry frunció el ceño sorprendido, y el hombre arqueó una ceja.

- Nos envía él. - Intervino William, sacando un billete de 100 dólares y extendiéndolo ante el hombre, quien sonrió de lado y alargó rápidamente los dedos para atrapar el billete y guardarlo.

- Excelente recomendación. Adelante.

Terry alzó una irónica ceja al observar a Albert, y este se encogió de hombros guiñándole un ojo.

Se oyó el chasquido de un cerrojo al abrirse, y los portones de madera chirriaron, abriéndose lentamente. Entonces accedieron a una pequeña sala, toscamente amueblada. El hombre que los había atendido se hallaba al lado de la puerta, observándolos divertido. Todos parpadearon confusos, adaptándose a la tenue iluminación.

- Circulen, - ordenó el hombre- no pueden quedarse aquí.

Los jóvenes se dirigieron a la puerta de enfrente, y Terry la abrió lentamente. De pronto, una algarabía de música y risas salió por la puerta y los envolvió, pillándolos por sorpresa. Fueron entrando uno a uno y todos se quedaron maravillados ante lo que veían sus ojos. El local era inmenso y estaba lleno de gente, bailando, riendo, bebiendo, fumando … había divanes por todos lados, pequeñas mesas, reservados, barras … la pista de baile … todo decorado e iluminado con lámparas tenues, altas, bajas … que a pesar de la grandeza del local, le daban un toque íntimo y seductor. Las mujeres iban con vestidos cortos, fumaban cigarrillos, enseñaban los hombros y los brazos … y ellos sin chaqueta, sin corbatas … muchos en chaleco … se respiraba una completa y absoluta libertad. La pista de baile era un loco frenesí de cuerpos moviéndose al son de la música que una orquesta tocaba a un lado del gran salón.

- Dios mío … - Susurró Mara, y no puedo evitar echarse a reír. A su lado, la joven Clemence observaba todo alucinada.

Candy miró a Patty y de pronto, ambas se echaron a reír. Hacía calor en el local, por lo que las jóvenes se quitaron los chales y bolsos y los hombres los sombreros y chaquetas, y los dejaron en un guardarropía que había apostado a un lado de la entrada, donde una joven se hizo cargo de todo.

Terry se despojó de la corbata también y se remangó las mangas de la camisa. Candy lo observaba admirada. Aún no podía creerse que aquel atractivo joven fuera a convertirse en su esposo. William y Luke decidieron hacer lo mismo. Y las jóvenes, quienes excepto Clemence, llevaban vestidos de tirantes, se acercaron a sus respectivas parejas y se prepararon para entrar al local.

- ¿A divertirse señoritas? - Les guiñó William un ojo a Mara y a Candy.

- Pues vamos allá. - Dijo Terry, apretando la mano de Candy y penetrando al interior.


-Mara-

Está siendo una noche de lo más interesante. Yo, que me había resignado a mi suerte, esperando una aburrida velada y una cena en solitario, no he podido creer lo que veía cuando ha aparecido William Andrew en aquel pasillo. Y sí, mi cuerpo se ha estremecido … ha revivido en cuanto le he puesto los ojos encima. William Andrew … está más guapo, si eso es posible. Hacía unos seis años que no le veía, desde aquel último encuentro en Nueva York, un encuentro … caliente y sexy. Sí, siempre ha sido así con William … caliente y sexy … sin complicaciones.

Pero ahora, caminando entre toda esta marabunta de gente que nos rodea, con su mano en mi cintura mandando descargas eléctricas por toda mi piel, observando de reojo sus perfectos rasgos y su hermosa sonrisa, no puedo evitar hacer callar a la pequeña vocecita que grita en mi cerebro que tal vez esta vez … esta vez no solo quiera algo caliente y sexy … aunque de todas formas, lo noto cambiado.

Llegamos a una de las barras del inmenso local y William me suelta, centrando su atención en su amigo actor y su pupila. Una jovencita preciosa. Pero me interesa mucho más su prometido … vaya hombre. Con mayúsculas. Giro la cabeza y veo cómo llegan hasta nosotros los otros tres que conforman el grupo. El tercer joven tampoco está nada mal, tengo que reconocer. No como estos dos especímenes, está claro, pero parece un joven agradable. Y su hermana … me muerdo el labio para no reír. ¿Habré sido yo así alguna vez? Me siento mayor a su lado. Tal vez, hace mucho tiempo …

- ¿Champán? - Parpadeo distraída. William está delante de mí, dedicándome su irresistible sonrisa. Sí, William, has cambiado … tus hermosos ojos están cargados de … ¿dolor? ¿culpa? ¿Qué es lo que esconde tu alma? Me sorprendo a mí misma sintiendo deseos de descubrirlo. ¡Basta Mara! ¿Qué demonios te pasa? - ¿Estás bien?

- Sí, sí, - tomo la copa de champán que me ofrece y sonrió, abarcando el local con la mano – menudo local, ¿no te parece? Creo que hay pocos como estos …

-Clemence-

Este lugar es increíble, verdaderamente increíble. Temo estar como una boba con la boca abierta observándolo todo. Ahora mismo no puedo por menos que agradecer a mi hermano el haberme traído aquí. He estado echando pestes prácticamente todo el viaje … pero ahora debería disculparme, porque ha merecido la pena. No me hizo ninguna gracia que me arrastrara en uno de sus viajecitos, y todo porque su amiguita necesitaba un favor. No me quejo de Patty, es una chica agradable … el único fallo es que no está enamorada de mi hermano. Y yo que siempre había creído que Luke era el inteligente de la familia …

Observo al grupo delante de mí. ¿Viviré yo alguna vez otra aventura así? ¿Viviré yo alguna vez un gran amor como el que está viviendo la amiga de Patty con ese increíble y atractivo actor? Y el otro … ¡vaya! Se está acercando con una copa de champán.

- Gracias … - No sé si me ha oído con toda esta algarabía de música y risas, pero me sonríe con esa deslumbrante sonrisa que hace que te tiemblen las piernas. ¿Sabrá él el efecto que causa en las mujeres? No me extraña que Patty esté perdidamente enamorada de él.

-Terry-

El local no está nada mal, debo reconocerlo. Tenía mis dudas, no voy a negarlo, y ha habido un momento ahí afuera en que he dudado en darme la vuelta y marcharnos al hotel. Pero sólo por ver su preciosa sonrisa merece la pena. Me paso un mano por el húmedo cabello y sonrió mientras me deleito observando cada detalle. Desde sus hermosas piernas calzadas con zapatos de salón de altos tacones, el vestido negro que moldea su perfecto cuerpo lanzando destellos sensuales por toda la habitación cuando se mueve con esa elegancia innata que posee y que ni siquiera sabe que posee, el precioso rostro, el cabello que me muero por acariciar ...me rió muy bajo y bebo un sorbo de agua.

No he querido seguir bebiendo y Albert se ha sorprendido. No voy a contarle a mi amigo ahora nada de lo sucedido, no es el momento, pero esta noche quiero mantener la cabeza fría. En cuanto sea oportuno, cogeré a Candy y nos largaremos de aquí. Hemos de hablar. Quiero que lea la carta del duque. Hemos de tomar decisiones … y el tiempo apremia.

Frunzo el ceñó y me froto la frente disimuladamente. Estoy cansado … son los estragos de la tremenda resaca que sufro, amén de que no he parado en toda la tarde. Sólo queda una función más … y se acabó.

- ¿Quieres que nos vayamos? - Su voz me sorprende y alzó la cabeza negando. - Estás cansado …

- ¿Quieres marcharte? - Veo cómo se muerde el labio y pone cara de inocente. Me echo a reír, no puedo evitarlo y en un impulso, muerdo ese labio que se me ofrece.

- Terry … - Se aparta ella suavemente, el rostro arrebolado, pero veo que al bajar la mirada, sonríe.

- No podemos irnos sin enseñar a toda esta gente cómo se baila, ¿no crees? - La tomo de la mano y me dirijo hacia la abarrotada pista de baile.

-William-

Candy y Terry se dirigen a la pista de baile. Observo que Mara me sonríe. Estoy haciendo grandes esfuerzos por aparentar que me estoy divirtiendo como nadie. ¡Maldita sea si lo único que deseo es marcharme! Estoy cansado, desilusionado, abatido … tendría mil calificativos que irían con mi estado de ánimo en este momento. Y lo lamento, porque en otras circunstancias me hubiera encantado el local. La banda que toca en el escenario es muy buena y ciertamente, lo tienen todo muy bien organizado.

Giro la cabeza y no puedo evitar observar cómo ella hace esfuerzos por ser agradable con su acompañante. Qué fácil sería … ¿realmente lo sería? Acercarme y llevármela a la pista de baile, envolverla entre mis brazos y perdernos el uno en el otro … ¡No sería nada fácil, imbécil!

Suspiro y bebo otro sorbo de la copa de champán. Creo que en breve voy a seguir los pasos de Terry y pasarme al agua. Noto que ya he superado mi límite …

- Debe ser algo importante cuando no puedes dejar de mirarla …

- ¿Qué? - Alzo la cabeza bruscamente sorprendido y me encuentro su sonrisa condescendiente. - ¿A qué te refieres?

- Vamos, William, te conozco. - Mara me aprieta la mano. - Llevaba un tiempo intentando descubrir en qué habías cambiado … y ahora lo sé. - Sonríe con cierta tristeza. - Estás enamorado.

- Mara …

- Lo que no puedo entender es, - ladea un poco la cabeza para observar a la pareja apostada un poco más allá. - qué demonios está haciendo ella con aquel sujeto, - me mira casi con ternura- y no está aquí contigo.

Cierro lo ojos un instante y meneo la cabeza. Es inútil inventar excusas ni decir insensateces. Es cierto, Mara me conoce.

- Es complicado … - Ella se echa a reír.

- Siempre es complicado, querido. - Me guiña un ojo. - Si no, no sería divertido.

- ¿Cómo lo sabes? ¿Has estado enamorada alguna vez? - Observo que sus ojos verdosos brillan por unos instantes y su rostro se tiñe de cierta dulzura, mientras me observa en silencio. Me pongo un poco nervioso, sin saber por qué.

- Tal vez … pero fue … complicado.

- ¿Y divertido? - Apunto yo alzando la copa de champán en un intento de parecer distendido.

- No, William, no fue divertido, te lo puedo asegurar. - Su bello rostro se ha puesto muy serio, y yo quiero morderme la lengua por estúpido. Alargo la mano y cojo la suya. Ella parpadea y gira la cabeza. Yo sigo su mirada para encontrarme con los ojos más verdes de la tierra. Los únicos capaces de hacerme temblar de verdad. Ojos que en aquel momento permanecen fijos en mi acompañante, como si ambas estuvieran manteniendo una larga conversación sin palabras. Entonces, veo que Luke toma a Patty de la mano y se la lleva a la pista de baile.

- ¿Qué ha sido eso?

- Eso, querido, - Mara se ríe suavemente y me acaricia la mejilla- se llaman celos. Que deduzco que es por lo que he sido invitada esta noche.

- ¿Qué? En absoluto, Mara, ¿qué estás diciendo? - Me siento ofendido. - Te he invitado por la amistad que nos une, y porque siempre disfruto en tu compañía, ya lo sabes.

- ¿Es ella? ¿Ves tu futuro en sus ojos, como dice la canción? - Me paso la mano por el rostro.

- No lo sé, Mara, estoy … estoy perdido … - Ella de pronto toma mi rostro entre sus manos y me da un suave beso en los labios. Al apartarse me mira fijamente con sus claros ojos.

- Si lo es, William, juega todas tus cartas, ¿entendido? Merece la pena.

- Yo …

- Ahora debo irme. -Me acaricia el mentón y se aleja hacia la salida.

- ¿Qué? ¡No! - Me doy la vuelta y la retengo por el brazo. - Mara, ¿por qué?

- Estoy cansada, William … - Se encoge de hombros. - Y aunque no lo creas y parezca que todo me es indiferente, mi aguante emocional tiene un límite. Esta tarde he protagonizado una discusión espantosa y … bueno, creo que necesito descansar.

- Te acompaño.

- No, William, de veras, no es necesario.

- Por supuesto que sí. - No voy a dejarla deambular sola por esas calles ni mucho menos. Veo a la joven Clemence a unos pasos de distancia y me dirijo hacia allí. - Srta. Krantz. - Ella pega un respingo y enseguida sonríe nerviosa.

- Sr. Andrew …

- Mi amiga, la Srta. Haugen no se encuentra bien y va a retirarse. Es mi deber acompañarla. ¿Podría decírselo a los demás?

- Por supuesto, Sr. Andrew.

- Gracias.

Y dando la vuelta, tomo a Mara del brazo y nos alejamos hacia la salida del local.

-Luke-

Por fin he conseguido tenerla entre mis brazos, aunque la noto rígida y nerviosa. Está distinta desde que hemos llegado a Nueva Orleans. Apenas he podido estar a solas con ella ni cinco minutos y cada vez que intento un acercamiento, huye como si tuviera la peste. No quiero hacerlo, pero he comenzado a preocuparme y a observar reacciones que tal vez sean fruto de mi ofuscada mente … ¿o no? No sé qué sucede con el tal Sr. Andrew … y no me gusta lo que percibo. Pero tampoco es prudente ni justo que diga nada, porque tanto Patty como él siempre se han comportado con absoluto decoro. Entonces … ¿qué es lo que sucede? ¿Habrá sucedido algo entre ellos? No, no lo creo. El tal Andrew es muy atractivo ...

Pero ahora está entre mis brazos. Noto su dulce perfume ascender por su piel hasta mi rostro, mi mejilla rozando suavemente su hermoso pelo … enfundada en ese vestido celeste, con esos flecos que danzan seductoramente alrededor de su cuerpo … cuerpo que, Dios mío, me muero por acariciar. Desde aquel profundo beso en el parque, apenas he podido avanzar en nuestra intimidad, y estoy deseando hacerlo, no voy a negarlo. Tal vez Patty se escandalice si me muestro demasiado apasionado antes de nuestra noche de bodas … pero no sería alarmante ni indecoroso. Sé que muchas parejas prometidas lo hacen … el caso es ir con cierto cuidado.

Noto que estoy acariciando su cintura y su cadera cada vez más rítmicamente.

- Luke … - Ella se aparta un poco y me mira con incertidumbre.

- ¿Sí?

- Nada. - Pero intenta mantener las distancias. No, no esta vez. La acercó más a mí. La pista está casi en penumbras y constato que no soy el único que aprovecha tal circunstancia, muchas parejas a nuestro alrededor están haciendo lo propio. Le beso la sien y percibo un estremecimiento. Eso me me aventuro a acariciar su espalda desnuda y a besar el lóbulo de su oreja, pero ella se aparta bruscamente. - Luke, por favor …

- ¿Qué sucede? - La miró confundido. Ya no entiendo estas reacciones. - ¿No deseas que te toque?

- No, yo … - Observó su turbación, cómo se sonroja y se muerde el labio, los ojos bajos.

- ¿Qué sucede, Patty?- La obligo a mirarme. - Puedes contármelo, ya lo sabes.

- Nada … es que … bueno, no estoy acostumbrada … - Sonrío, no puedo evitarlo. Está simplemente adorable. Dios, cómo deseo a esta mujer.

- Pues deberemos ir acostumbrándonos, ¿no crees? - Acaricio su nuca y me acerco a esos jugosos labios.

-Patty-

Y entonces me besa. Y ya no sé qué hacer. Noto su deseo, fuerte y profundo. Enseguida me abre la boca con su lengua en un beso lento, mientras explora mis labios y me acaricia la espalda. No puedo respirar. Noto que la angustia atenaza mi garganta. Dios mío, tengo que controlarlo, tengo que hacerlo … él me aprieta más contra su cuerpo mientras sigue besándome profundamente. Percibo su agitada respiración en mis labios y en un impulso me aparto, intentando que sea lo más suavemente posible. Él entonces besa mi mejilla, abrazándome contra él.

- Te deseo, Patty … - Oigo que susurra en mi oído.

- Luke, por favor, esto no es apropiado.

- Entonces vamos al hotel.

- ¿Qué? - Me aparto más para mirarlo fijamente al rostro, ofendida. Él sonríe con ternura.

- Querida, sabes que quiero que seas mi esposa. - Algo ve en mi rostro que hace que se nuble el suyo. - Patty, no sé qué demonios está sucediendo, pero empiezo a sospechar que tú no sientes lo mismo.

- No, no es eso … - Siento que me sonrojo violentamente. Dios mío, ¿cómo voy a salir de esta? - Luke, ni siquiera estamos aún prometidos … - Él parece relajarse visiblemente.

- Lo estaremos en cuanto volvamos a Jacksonville. Y después nos casaremos. - Me acaricia suavemente la mejilla y se acerca lentamente para susurrarme. - Pero yo no quiero esperar tanto, preciosa … quiero mostrarte lo mucho que …

- Luke, por favor. - No puedo hablar de esto con él, simplemente,no puedo. - ¿Qué estás insinuando? ¿He hecho algo como para inducirte a que pensarás en mí de ese modo?

- ¿Te he ofendido? - Parece sorprendido. - No era esa mi intención, puedes estar segura.

- ¿Podemos volver a la barra? - Y me alejo sin esperar respuesta.

Veo a Clemence en una esquina, algo turbada, hablando con un desconocido joven. Me acerco y los saludo.

- Oh, Patty. - Sonríe ella. - Te presento a Kyle Jhonson. - Él aludido sonríe.

- Estaba a punto de invitar a esta encantadora señorita a bailar.

Veo cómo el joven la toma de la mano y se dispone a dirigirse a la pista de baile, pero entonces miro alrededor y frunzo el ceño, reteniendo a Clemence del brazo.

- Espera, Clem, ¿dónde están los demás?

- Tu amiga creo que está bailando en la pista … y el Sr. Andrew se ha ido con su amiga al hotel. - Ella me saluda con la mano y se aleja riendo con el joven.

No sabe que acaba de clavarme un puñal en el corazón. Dios mío, William, no es posible … no, no puede ser … noto un nudo insoportable en la garganta y tengo que hacer un gran esfuerzo por reprimir las lágrimas que pugnan por salir sin control. Respiro profundamente para calmarme.

- Patty, aquí estás. - Luke me coge por la cintura y al observar mi rostro el suyo se tiñe de preocupación. - Oh, querida, ¿estás bien? Estás terriblemente pálida … - Yo niego con la cabeza. Claro que no estoy bien. - Lo siento, nena, de veras, perdóname, he sido muy grosero …

- ¿Podríamos volver al hotel? - Apenas puedo creer que haya sido capaz de proferir palabra.

- Claro que sí. - Entonces mira alrededor y frunce el ceño sorprendido, como yo unos segundos antes. - Pero, ¿dónde se han metido todos?

- Tu hermana y Candy están bailando … y creo que el resto se ha marchado … - Susurro.

-Candy-

Estoy excitada … y turbada, no puedo controlarme. Siempre es lo mismo con este hombre … este hombre que me excita, me tortura, me hacer perderme a mí misma … y sin embargo, no podría respirar si no fuera así. En cuanto me ha cogido en sus brazos parece como si el tiempo se hubiera detenido, las luces se ha apagado y una dulce música lenta y seductora ha invadido el local.

Pegada al cuerpo de Terry, sintiendo su mejilla contra la mía, sus manos en mi cintura y en mi espalda desnuda … he sentido como si sus dedos quemaran en cuanto han tocado la piel de mi espalda y el ya conocido calor abrasador ha surgido desde mi bajo vientre, expandiéndose por todo mi cuerpo. Noto los latidos de mi corazón retumbar contra su pecho … ¿podrá sentirlos él?

Terry me besa la oreja estremeciendo todo mi cuerpo. Una de sus manos desciende hasta mi nalga y mordisquea suavemente el lóbulo, haciéndome gemir.

- Terry … - Intento apartarme un poco.

- No te alarmes … - Veo cómo sonríe. - Nadie nos mira …

Y no me da tiempo a contestar, porque me besa, invadiendo mis labios, introduciendo su lengua suavemente, excitando cada fibra de mi ser, notando mi anhelo, mi inmediata respuesta y perdiéndose conmigo en ese encuentro, ajenos a todo lo demás. Necesitamos recuperar la cordura, pero antes de poder decir nada, es él quien se aparta ligeramente y suspira en mis palpitantes labios.

- Vámonos de aquí, amor. - Su voz es ronca … muy sexual. Siento calor. Pasa un dedo por mi labio inferior y sonríe con esa sonrisa única en el mundo.

- ¿Crees prudente que … ?

- Me da igual, nena, vámonos de aquí.

Y me dejo llevar, como si flotara. Sí, a mí también me da igual.

Pero en el camino nos topamos de frente con Luke.

- Oh, Candy, Terrence … venía a comunicaros que ya nos marchamos.

- Perfecto. - Contesta Terry casi sin mirarle. - Nosotros también.

- Voy a buscar a mi hermana … - Oigo que dice Luke, pero Terry ya me está alejando hacia la salida.

-Mara-

El taxi se detiene justo en la entrada a mi hotel e inexplicablemente, siento un vacío. Miro hacia William y veo cómo él se hace cargo de la cuenta y me ayuda a bajar del taxi. Estoy algo sorprendida, esto no lo esperaba. Nos quedamos parados delante del hotel y yo me acerco imperceptiblemente. Lo miro a los ojos. Mi corazón late más deprisa, no me reconozco a mí misma esta noche. ¡Es que él te gusta de verdad, boba! Me grita mi cerebro. Y tiene razón, por supuesto.

- No esperaba que siquiera te bajaras del taxi …

- ¿Por qué no? - Él parece sorprendido, pero sonríe. - Te dije que te acompañaría.

- Bueno, ya lo has hecho. - Hago un gesto hacia el hotel y le guiño un ojo. Él ríe suavemente, asintiendo. Me acercó coqueta acariciando su chaleco y por fin me lanzo. - ¿Quiéres subir, William? - Lo miro a los ojos, a esos preciosos ojos. - Algo caliente … y sexual, sin complicaciones, como siempre. - Sé que pocos hombres serían capaces de rechazarme, y también sé que, esta vez, él va a ser uno de ellos. Estoy desilusionada … triste, tal vez,pero no ofendida. Él me mira con dulzura, como sólo él sabe hacer, y me acaricia la mejilla.

- No puedo, Mara … - Yo asiento, respirando profundamente. - Pero me encantaría invitarte a una copa. Creo que te lo debo. - Yo me encojo de hombros y vuelvo a mi fase festiva, ocultando mis sentimientos. Me sale muy bien, lamentablemente, tengo mucha práctica.

- Será un placer.